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Full text of "Arquitectura civil española de los siglos I al XVIII.."

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ARQUITECTURA CIVIL ESPAÑOLA 
DE LOS SIGLOS I AL XVIII 


VICENTE LAMPEREZ Y ROMEA 

ARQUITECTO 

DIRECTOR DE LA ESCUELA SUPERIOR DE ARQUITECTURA DE MADRID; 

ACADÉMICO NUMERARIO DE LAS REALES DE LA HISTORIA Y DE BELLAS 
ARTES DE SAN FERNANDO; ARQUITECTO DEL MINISTERIO DE INSTRUCCION 
PUBLICA Y BELLAS ARTES; VOCAL DE LA JUNTA SUPERIOR DE EXCAVA- 
CIONES Y ANTIGÜEDADES; MIEMBRO CORRESPONDIENTE DE LA SOCIÉTÉ 
FRAN^AISE D'ARCHÉOLOGIE Y DE LA HISPANIC SOCIETY OE AMERICA, ETC. 

ARQUITECTURA CIVIL 
ESPAÑOLA 

DE LOS SIGLOS I AL XVIIl 

TOMO SEGUNDO 

ARQUITECTURA PÚBLICA 

CON 370 GRABADOS 



M C M X X 1 1 

E D I T O R. 1 A L ’ 8 A T U R -N I N O C A L 1. E I A ” 5. A. 
Casa Fu^JD^DA cl aSjo 187b 


M /\ L> R ID 


PROPIEDAD 

DERECHOS RESERVADOS PARA TODOS LOS PAISES 


COPYRIGHT 1922 BY 

EDITORIAL «SATURNINO CALLEJA^, S. A. 
TALLERES GRAFICOS «ALDUSv S. A. 


(; N K i\ A 1 . 1 í) A 1) i: s 


La Arquitectura Civil Pública es la destinada a la colectividad^ 
jiara la satisfacción de sus necesidades sociales : administración, bene- 
ficencia, enseñanza, recreo, etc. etc. Ifs, por tanto, la organización 
social la base del edificio público. 

Tuvo Roma un espíritu evidentemente gubernamental; el Estado 
lo llenaba o inspiraba todo. La organización fué una en cada aspecto de 
la vida ; municipal, administrativo, jurídico, edílico, recreativo, etc., etc- 
Y por ende, el tipo del edificio público surgió también uno y definitivo 
para cada destino : el pretorio, la basílica, el foro, el teatro, el anfiteatro, 
las termas, etc., etc. La grandeza de Roma supo darles suntuosidad 
y magnificencia, y no ya en los que por sí admiten los más altos vuelos 
de la verdadera Arquitectura, sino aun aquellos ipie no alcanzan otra 
categoría que la de la ingeniería puramente utilitaria. Por todo ello 
puede decirse, con verdad, que en la Roma Imperial la arcpiitectura 
característica es la pública. 

bin los siglos medioevales ocurre lo contrario. La organización social 
es un caos del que van surgiendo lentamente algunas instituciones in- 
fantiles, compenetradas unas veces, contradictorias otras, en lucha casi 
siempre. Necesítase llegar al siglo XIV y aun más, al final del XV, j^iara 
que vaya destacándose, en la nebulosa, un plan de organización social, 
con el Municipio, la Diputación, el Justiciazgo, la Hermandad, el Consulado 
de mar, el Gremio y otras instituciones, absortibas si se (|uierc, realengas 
y absolutistas en muchos casos, ]iero ya definidas. Y como el edificio 
público es el alojamiento privativo de cada institución, vemos en la Edad 
Media, a la Arquitectura pública, seguir una marcha exactamente paralela. 


En efecto, liasta el tránsito del siglo XIV al XV la Arquitectura Civil 
Pública no existe: el edificio público consfruido cid Jioc para un organismo 
colectivo, es excepcional. Las instituciones se guarecen en locales de oca- 
sión, mezclándose en ellos tan confusamente como confundidos andan sus 
modos de funcionar. Así, el Municijúo se reúne en una torre de la muralla, 
o en el claustro de una Catedral, (pie a su vez aloja a los mercaderes 
]iara sus tratos; la mezípiita da asilo a los escolares para sus estudios; 
la Justicia tiene tribunal en el sabin de un castillo, donde horas después 
habrá scilci para banquetes y fiestas; la hospitalidad se presta en los 
claustros de un monasterio o en las naves de una iglesia; las Cortes se 
reúnen en las estancias de un jialacio privado o en la Sala capitular de 
un cenobio... 

Xo faltan del todo, ciertamente, algunos edificios con especial destino 
y con disposición propia (ejemplos, acaso únicos, son las Atarazanas y 
los Baños públicos); pero en general no hay arquitectura destinada a 
los servicios del común, (jue buscan de prestado el amparo de una de las 
dos instituciones basamentales de la Edad Media: las monásticas y las 
militares. 

Así las cosas, mediado el siglo XV surge ya el edificio público paralela- 
mente al afianzamiento de las instituciones, por esa c])oca ocurrido : 
Casas Municipales y de Diputación, Colegios y Lhiiversidades, Cárceles 
Reales y de Hermandad, Lonjas y Consulados, Hospitales... Mas })or 
razón natural e inherente a todo período de formación , el edificio público 
no nace con disposiciones propias y características de su destino, sino 
supeditado en absoluto a los tipos consagrados, y para otros usos nacidos- 
Y así, es curiosísimo notar c]ue casi todos los edificios públicos levantados 
en la segunda mitad del siglo XV responden, no importa su destino, 
a uno de estos tres tipos: la iglesia, la torre militar, el palacio. 

Al finalizar a(piella centuria, y mejor aún, al comenzar la siguiente, 
lfs])aña alcanzó la centralización y unificación del Poder, perseguida por 
los Reyes Católicos desde los albores de su reinado. A la organización 
realenga, y a la desaparición del estado de guerra, responde otra uni- 
ficación del edificio })úblico. Elévanse muchos, }:>ero casi todos según 
un mismo ¡)lan, esencialmente civil y urbano: el del palacio. Mas no hay 
que oh'idar cpie, }>ara gloria de la Arípiitectnra Esjiañola, se inician tam- 
bién, aunque sea tímidamente, los tipos disjiositivos, especiales a un de- 


terminado destino, en las Lonjas en forma de salón, y en los Hospitales 
cruciformes. 

Corresponde, no obstante, a la Arquitectura contemporánea, la franca 
implantación, el estudio y desarrollo del principio de las disposiciones 
especiales. Los adelantos científicos en materia de óptica, acústica, 
higiene, economía, etc., etc., y las exigencias de las necesidades sociales 
que las modernas civilizaciones han impuesto, dieron j)or resultado el 
conocimiento de principios a cuya satisfacción hubo de aplicarse la Ar- 
quitectura. Y surgieron disposiciones es{)eciales, (jue si no pueden tomarse 
como definitivas (ni aun con la relatividad (]ue el concej)to tiene en todo 
lo humano) marcan una orientación (jue ya ]io será nunca abandonada, 
lü Hospital «por pabellones», la Central ferroviaria de enorme nave, 
el Parlamento con único o doble salón, la Prisión celular, ])anóctica o 
no; la Bolsa de diáfano hall, la Universidad seccionada, j)or Facultades; 
la Ifscuela h'roebel, la Ciudad jardín, el Teatro puramente ój^tico y acús- 
tico... todos estos edificios, y muchos más, tienen hoy disposiciones v carac- 
teres privativos, (pie desconoció totalmente la Edad Media, ignorante, 
por lo tanto, de la verdadera esencia de la Arquitectura Pública. 


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C. L A G 1 U 1) A I) 



I. — Dakoca (Zaragoza). Murallas. 

l'üt. de X. 


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I “.—CIVILIZACION ROMANA 


(S ir. LOS I AL IV) 


Las ciudades hispano-romanas tuvieron distintos orígenes; unas 
estuvieron fundadas por los romanos, como César Augusta (Zaragoza); 
otras no fueron sino modificaciones o reformas de las ya existentes, 
indígenas o colonias de fenicios, griegos o carfagineses, como Am])urias, 
de la que dice Plinio que era ciudad doble, mitad de los indígenas y mitad 
de los griegos b 

Desde el jiimto de vista de su categoría social, a(piellas ciudades se 
dividían en: colonias, constituidas generalmente por soldados \Tteranos, 
que tenían las leyes y derechos de los ciudadanos romanos, de las que 
algunas (ej. León; fueron primitivamente simples campamentos; iniini- 
cipios, con leyes y magistrados propios y con los mismos derechos que 
los ciudadanos del Lacio; libres, con leyes privativas; aliadas, ejue gozaban 
de tratos especiales, y estipendiarlas, sujetas a jvigar un tributo. 

Del estudio de los libros de Pomponio Mela- y de Plinio ^ 
se deduce que en LApaña había muchas ciudades: 175 en la Bética y 
1/9 en la Tarraconense, a las que estaban sometidos muchísimos poblados. 
Ignoramos su mayor o menor importancia monumental. Ausonio^ 
sólo cita a Mcrida entre las grandes ciudades del mundo; Pomponio 
Mela menciona a esa colonia entre las notables de la Lusitania, a Astigi 
('Ecija), Ilísjialis y Córdoba, en la Bética, y a Cesaraugusta, Pallantia 
y Numantia, en la Tarraconense; y Plinio trata de la capitalidad de 
Cades, Astigi, Córdoba e llíspalis, en la Bética, y de Cartago, Tarragona, 
Cesarangnsta, Chuna, Astiirica (jAstorga), Lucios v Braga, en la Tarra- 
conense. 

Fácilmente se aprecia la escasa veracidad de tales referencias, jwr 
cuanto faltan en ellas las citas especiales de ciudades, cuyos restos de- 
muestran (jne fueron suntuosas, como Itálica, Tolctmn, y tantas otras; 

1 Pumo; Historia... cit. ui el I. IL, libro IIP ]>ág. 153. 

- Pomponio 1\Iel.\; Compendio... cit. en el l.P>., lilno 11. caj). t i. 

^ Punió — C f. 

■* .\usoNio: Ordo... cit. en el I. IL 


7 


17 


V. Lampérez y Romea 



ll\RCELONA. Plano de la Ciudad antigua. 

Plano de X. 


y en cambio hay particulares menciones ele algunas, como Nmnantia, 
cuyos restos, hoy desenterrados, muestran la mayor pobreza. 

No puede se- 
ñalarse una for- 
ma determinada 
de trazado ge- 
neral de las ciu- 
dades hisjiano- 
romanas, a ]ic- 
sar de los pla- 
nos tecjricos de 
\'lTKUBIO. - - 
Fueron la topo- 
grafía y las con- 
diciones sociales 
las epie inpiusie- 
ron siempre la 
disposición de 
las ciudades. En 

general se obser\’a tendencia a los perímetros regulares, cuadrados o 
rectangulares. Ampurias lo tuvo cuadrado; Barcelona, rectangular cha- 
flanado; Tarragona, Mérida e Tfálica, irregular; Numancia, irregularísi- 
mo, y Augustó- 


briga (Talayera 
la Vieja) presen- 
taba rara forma 
semicircular. 
Todas estaban 
amuralladas y 
torreadas, y en 
sus recintos se 
abrían cuatro 
puertas, en los 
medios de los 
lados opuestos. 

Correspon - 
dían estas puer- 
tas a dos grandes 



-León. ly.ANo de la Ciudad. 

Plano de Diaz-Jiwéiii' 


calles que atra- 
vesaban las ciudades según los ejes, llamadas Decumanus y Cardus; 
en su cruce se establecía el foro o plaza pública. Tas demás ca- 
lles, rectas siempre, se trazaban según el sistema cuadricular, bien 


Arquitectura civil española 


completamente a escuadra, o bien siguiendo los talvcrs de las colinas, 
como en Itálica^ Niimancia presenta im ejemplo curioso: el de un tra- 
zado celtíbero, rectificado y mejorado por otro romano. 

Todas estas condiciones teóricas sólo se observan en casos excej)- 
cionales; por ejemplo en León, que fué el campamento de la VII Legión, 
convertida, antes de Trajano, en ciudad oficial permanente. La jdanta 
era un rectángulo perfecto de 570 X 380 metros de laclo. Las murallas 
del perímetro se conservan en parte. 

Conocemos algunos datos de la urbanización de las calles en nuestras 
ciudades romanas. Las de Itálica estaban embaldosadas con piedras 
de la clase llamada litográficaL en Numancia se han descubierto las 
piedras pasaderas en los encuentros de las calles, para poder atravesarlas 
sin mojarse los pies, permitiendo al par el paso de los carros en 
Ampurias había calles porticadasq bajo las de Sagunto y de Itálica 
hubo cloacas; en las de Numancia regueras para recoger las aguas 
pluviales, que se vaciaban en las cisternas de las casas 

La plaza pública principal era el foro, lugar donde se aglomeraban los 
edificios de uso general: templos, basílicas, j)retorios, etc., etc. De los foros 
hispano-romanos no hay sino noticias de restos encontrados y desa|)are- 
cidos. Ce.\n Bermijdf:z cita el foro de comercio de Córdoba, con una 
basílica''; los investigadores tarraconenses' alaban la magnificencia 
del de Tarragona, (pie fué rectangular, rodeado de grandes edificios, de 
los (pie (piedan restos de Iióveda, hoy soterradas; Cornide describió 
el de Augustóbriga (Talavera la Vieja); y del de Termes se ha desen- 
terrado, no há mucho, el emplazamiento®. 

Noticias algo más circunstanciadas, y algunas gráficas, tenemos del 
foro del Municipio Florentino Iliberritano (Granada). Las excavaciones 
hechas en 1624 y entre 1754 y 1758, donde está la Alcazaba vieja, pusieron 
al descubierto una porción imjiortante de lo (pie indiscutiblemente fiié 
el foro de Iliberri. Todo volvió a cubrirse y desapareció, pero (picdaron 
documentos y {danos ({ue lo describen. Lra una extensión solada con 
grandes ¡liezas de mármol, obstruida hacia Oriente ¡lor un alto del terreno 
(pie se salvaba j:>or una escalinata entre dos muros, {irecedida ]ior un 
{laso, decorado con {ledestales que sostmderon columnas y {alastras. 
Cortaban el foro unas gradas, con nn muro, ({ue sustiaiti') columnas de 

^ Ríos (I).), m. s. cit. en el I. R. 

- Ríos — ct. 

® Memoria cit. en el I. IR 

‘ PuiG Y ('.ui.CF.ALCil : L’ Arquitectura... cit. en el I. R>. 

Memoria cf. 

Ck.ín R>ermúI)EZ (J.); Sumario... cit. en el I. R. 

' Albiñan.-v, ARjreka, etc., etc. Obs. cits. en el 1. H. 

® Ro.maxoxes (Conde de) o 1>. cit. en el I. IR 


2» 


19 


ÁVILA DE LOS CABALLEROS. \’lSTA GENERAL. 


V, 


Lampérez y 


Romea 



20 



Arquitectura civil española 

caliza basta, estucadas; quizá era el pórtico de una basílica o templo. 
Entre las tierras aparecieron muchos fragmentos de columnas, cornisas 
y molduras. En una losa se decía, con caracteres del siglo II: Eori 
EX Basílica... Baedis ex Borxbus; en otra se hacía constar que un Sergio 
Persio, donaba el foro y tres basílicas adornadas a su costa con capillas, 
techos y postes (?)b 

Aparte de los edificios acumulados en los foros, hermoseaban las 
ciudades hisjiano-romanas (a lo menos las principales) otros muchos, 
públicos y privados, has fachadas de aquéllos, ricas de Arquitecturas, 
darían a las calles y plazas severa monumentahdad. Y las de las casas, 
de un solo jiiso en general, con escasos huecos y sencillas ornamentaciones 
de estucos y pinturas, imprimirían a las poblaciones un sello de lumino- 
sidad y alegría, al que contribuiría en España, como en la Metrópoli, 
la vida ciudadana realizada en la vía pública más que en el interior de 
los edificios. 


y 3 


CI VI LI ZAC I ON CRI SHAN A 


J.A ALXA EDAD MEDIA (SIDLOS V Al. XI) l.A BAJA EDAD iJEDIA Y EL PKIN- 

CIIMO DIv LA MODERNA (SIGLO XII, A LA I'KIMICKA MIXAD DEL XVI) 

La civilización romana dejó cierto número de ciudades constituidas 
que, por sus condiciones de vitalidad, perduraron a través de los desas- 
tres e invasiones bárbaras y mahometanas. Toledo, Zaragoza, Sevilla... 
Otras i^erecieron, aun- 
que dejando algunos 
restos, Itálica,Chmia... 

Otras más desapare- 
cieron en absoluto, sin 
que de ellas quede ni 
recuerdo. 

Los visigodos vivie- 
ron en las ciudades ro- 
manas conservadas, en- 
grandeciendo o trans- 
formando algunas : 

Toledo, Mérida, Se- 



.\vii A i)K ros CABALri:K()S. Plano dk la Liudad. 

Plano de Cocllo. 


góbriga... 


Y aun fundaron algunas. 


como Rccó])olis, en la actual 


Alcarria, y Victoriano (Vitoria . 


^ (líj.MEZ Moreno (M.anuel); Monumentos ronunios... cit. en el 
cit. en el I. B. 


B. (iyanada.. 


21 


V. Lampérez y Romea 


Ln el siglo IX comienza, con la reconcjnista cristiana, la constitución 
de los núcleos urbanos, humildísimos al principio, amplios después. 
Su formación, si en algunos casos fné de una vez, digámoslo así, respon- 
diendo a una necesidad militar fcomo Avila en el siglo XI), en la mayoría 
de los casos se debió a la aglomeración panlatina y ]>rogresiva de viviendas 
al amparo de un castillo o de un mo- 
nasterio, hasta constituir un hurgo, 
como Burgos en el siglo IX y Santia- 


-Madrig.'VL de las Altas Torres (Ávila). 
Plano de la Villa. 

Plano de Cocllo. 



6. — Briviesca (Burgos). 
Plano de la Ciudad. 

Plano de Cocllo. 



go en el X, o jior el acogimiento de los dispersos campesinos a unos 
fueros o privilegios, como Avilés en el XI. 

En las ciudades formadas de una vez, cujio el trazado según el plano 
representativo de nn jiensamicnto completo. El antecedente estaba en 
ciertas urbes romanas: en León, por ejemjilo, de perímetro rectangular 
perfecto; en Lugo, cuadrado con los ángulos redondeados. Imitación 
de estas simetrías fueron Santiago de Compostela, planeada con un área 
rectangular sobre la base de la Basílica del Apóstol y de los monasterios 
de su servicio B Avila, de forma análoga; Briviesca, cuadrada; y la 
que es más nofable y rara. Madrigal de las Altas Torres í Avila', cuya 
muralla constituye una exacta circunferencia de 340 metros de radio. 

Las villas y ciudades formadas por el sistema de aglomeración jiaula- 
tina no resjionden a un plan regular. La base solía ser un castillo en una 
eminencia; a la falda se van levanfando casas; cuando son ya un núcleo 
ini])ortanfe, desciende desde la fortaleza una muralla que abraza el caserío 
con todas las sinuosidades topográficas: ejemplos son Málaga, Peñafiel 
y tanfas otras. Casos hay en los que la aglomeración de viviendas se 


’ López Ferreiro; cit. en el I. B., tomo II, l'áfí. 33 


O ") 


Arquitectura civil española 


hace alrededor del castillo por zonas concéntricas : Vitoria es uno, intere- 
santísimo. Hay, finalmente, otras ciudades en las que el crecimiento 
es irregular en tiempo y en extensión, como se ve en Toledo. 



8. — PEÑAFirr (\'.\ll.\dolid). \asx.v c.hnek.a.1,. 

Fot. Barroso. 


Siglos guerreros, la necesidad militar exigía la urbanización dentro 
de murallas. Los arrabales extramuros eran de privilegio realengo: 



().- 1 lOST.M.RlCH (GkkoXA). RecINTO EORTIFK'Al )Ü. 

Dibuja dcl íiisl. de Est. Catalams. 


«Casas- -dicen las Ordenanzas de l'oledo-- elévenlas fazer <pie sean todas 
dentro de las cercas de los mnrf)s; e fuera de la cerca, que se-aii a merced 


V. Lampérez y Romea 


del Rey e a su mandato»^ Consentido nn arrabal, lo ocupaba gente 
baja y allegadiza, que permanecía indefensa, pues necesitábase que el 
barrio hubiese alcanzado gran desarrollo para que el Rey o la ciudad 
otorgase permiso para 
murarlo. 

El Fuero de Salamanca- 
expresa bien esto : el Em- 
perador Alfonso VII man- 
dó hacer las murallas de 
la ciudad, y cuando estu- 
vieron concluidas, ordenó 
las del arrabal. El de An- 
tequeruela, en Toledo, es 
un ejemj)lo subsistente de 
un caso análogo. 

Si consideramos ahora las ciudades en su urbanización interna, vere- 
mos que la base (castillo o santuario ), razón de su existencia, forma como 
una acrópolis, ocupada ]:>or los edificios de imj)ortancia ciudadana en 

agriqoación monu- 
mental : así Barce- 
lona, con la Cate- 
dral, el Palacio de 
los Obispos, las Ca- 
sas de la Generali- 
dad y del Municipio. 

A su pie distri- 
buíanse las demás 
agrupaciones. Fue- 
ron éstas unas de 
las características 
de la vida social en 
la Edad Media. Las 
había de muy dis- 
tintas clases y orí- 
genes, sobre las 
bases de la religión, 
las nacionalidades, 
los oficios y los estados sociales. El Edrisi, famoso viajero árabe del 
siglo XII, nos cuenta'"* que Segovia estaba constituida, a poco de ser 

^ Ordenanzas de Toledo, cit. en el I. B., tít. XIV, cap. III. 

2 Fuero de Salamanca, cit. en el I. B. CLXXIII. 

** El Eprisi: cit. en el I. B.- Traducción de Saavedr.c. 



II.- \"rroRiA. Plano de la Ciudad. 

Plano de Cocllo. 



10. — í\Ionte-Rev (Orense). 


Plano de Coello. 


^4 


Arquitectura civil española 


repoblada por D. Ramón de Borgoña en 1088, «})or nna aglomeración 
de aldeas»^. Los documentos mozarábigos de Toledo dicen cjne la 
ciudad, en el siglo XII, la formaban cuatro partes distintas: la Almedina 
o ciudad primitiva, el arrabal de Santiago, el de los labradores y el 
de los judíos ó 

En la mayoría de las ciudades se señalaban netamente las juderías 
y las morerías, cuyo origen es muy sabido. Desde antiguo su aislamiento 
estaba legislado por múltiples disposiciones, la última de las cuales pres- 
cribe ® «... que tengan sus juderías y morerías distintas e ajtartadas 
sobre sí, e non moren a vueltas con los cristianos, ni ayan barrios con 
ellos»; añadiendo la obligación de que las sinagogas y meztpñtas estén 
dentro de los resjíectivos barrios. Tenían murallas con una sola puerta, 
colocada precisamente en el lado ojtnesto a la ciudad, según sabemos 
de las morerías de Burgos*, Valencia’ y Murcia'*, y de las juderías de 
Toledo^ y Sevilla®. 

También constituían barrios a})arte y cercados, las mancebías, de las 
cuales hay algunas descripciones gráficas e interesantísimas desde el ])unto 
de vista de estos estudios y de los sociales de la época". 

Ciertas agrupaciones mercantiles también se instalaban en barrios 
especiales cercados: las alcanas judías y las alcaiccrias moras, cuyas 
condiciones no hay jwr (pié decir a([uí, pues serán detalladas en el capítulo 
de Edificios Comerciales. 

Noya en barrios murados, sino en esjieciales, se agrupaban los menestra- 
les. El Ordenamiento dado por el Rey Santo a raíz de la toma de Sevilla, 

* Quizá se refiriese a «parrof|uias» o aglomeración de casas alrededor de una iglesia 
propia, de las que Segovia tuvo más de treinta. 

“ Amador de los Ríos (Rodrigo). Cit. en el 1 . B. 

® Cortes de Toledo de 14 S 0 . Ley X. (Vid. Collccción de Códigos...) 

Salv.á (Anselmo): Historia... cit. cu el I. B., pág. 223. 

•’ Llórente (Teodoro); Valencia... cit. cu el I. IL 

•* B.xouero (A.); Los profesores... cit. en el I. IL 

’ La Crónica de Ay/VLA dice cpie el Maestre de Santiago no la pudo tomar «porque 
estaba cercada y avia mucha gente dentro». 

® Ballesteros (A.): Sevilla... cit. en el I. B. 

He aquí la descripción de la de Valencia, hecha por el caballero Lalainc., qne la 
visitó el 8 de octubre de 1502. La dejo en el idioma original, por varias consideraciones: 

«Aprés le souper furent les deux gentilshomes menes par aulcuns gcntilshomes de \'ille 
véoir le lien des filies publicques, lequel lien est grandt comme une petite villc, et lermé 
tout a l’entour de murs et de une seule porte. lít devant la jxnle y est ordonuet ung 
gibet pour les malfaicteurs qui palvoient entre dedens. A la jiorte ung borne a ce ordoimé 
oste les batons des veillans entre dedens, et leur dit. s’ils luy voelent baillier Icur argent 
se ils en ont, qu’il leur en rendrá au widier (a) bon comjite, sans jierte. Kt dhu'cnlure, 
s’ils en ont et ne le bailleut se on leur robe la nnict, le portier vien est rcsjMindant. 

Irn ce lien sont trois ou quatre rúes plaines de petites maisons oú en chescunc á filies 
bien gorgiases vestises de velour et de satin, et sont de deux á trois cens filies. Liles ont 
leurs maisoncelles tendues et acoustrées de bon linge. í.e taiix ordone est (iiiatre derniers 

(a) .\ leur sortie. 


25 


V. Lampérez y Romea 


lo establece terminantemente. «Mandó y establecer — dice su hijo el Sabio 
— calles et mas departidas..., cada una sobre si de cada menester et de 
cada oficio» b Eran tales agrupaciones una necesidad de defensa co- 
lectiva, y las hizo más apretadas la organización social obrera, desde el 
siglo XI lE Por ella, y por mandato Real, nacieron y se desarrollaron esos 
barrios y calles de Platerías, Zapaterías, Boneteros, Cuchilleros, Bor- 
dadores, etc., que hubo en todas las ciudades, y cuyos nombres aun 
leemos. Duraron los aislamientos mercantiles hasta el siglo XVI. Eelipe II 
- ¡(juiéu lo dijera! — dió la libertad a los menestrales, permitiéndoles 
habitar donde les conviniese, sin sujetarse a imposiciones de lugar. Pedía 
Valladolid, a raíz del incendio de la Plaza Mayor, que los comerciantes 
e industriales se agrupasen en ella, ocu])ando los nuevos edificios. El 
Rey, por cédula de lo de octubre de 1561, dispuso lo contrario, ordenando 
que no se obligase a ningún oficial de oficio alguno a que por fuerza 
hubiese de morar en ellos-. Y así terminaron los barrios menestrales. 

Los de naciones tenían su fundamento en la unión de aquellas gentes 
extranjeras que vinieron a guerrear o a comerciar con los esjjañoles. 
Llámaseles en los documentos, genérica y comúnmente, //aoícos o frangimos ; 
pero los había de diversos j)aíses. El Fuero de Salamanca menciona siete 
naturas, sin contar los gallegos ’b En Sevilla hubo genoveses; en Toro, 
perigordianos; en Pamjdona, tolosanos; etc. En cuanto a los españoles, 
también formaron en muchas ciudades barrios especiales, como el de 
Serranos, en Valencia, })oblado por los monfañeses de Teruel, y el de Cata- 
lanes, en Sevilla, autorizado en 1284 por Sancho el Bravo"*. 

Einahnente, citaremos los barrios o agrupaciones nobiliarios. Cáceres 
nos da un ejemplo de la unión de casas hidalgas en lo alto de la ciudad: 
las de los Ovando, Golfines, Torre álayoral, Santa Marta y otras más. 
Avila, ])or el contrario, lo es de distribución perimetral. La ciudad de 
«los caballeros» se vió, a poco de poblada jior Raimundo de Borgoña, 
bajo el dominio de los «serranos». Confióles el yerno de Alfonso VI 

(le leurs monnaye (.[uels á ik3us valent Ting gros (en Castillc ne payent que lili malvidis (b) 
elont .se prendí le X®. dernier, come des aultres dioses cy-aprés declarées, et ne pnet-on 
plus demander pour la nuict. Tavernes et cabarés y sont. On ne puet, pour la cbaleur, 
si bien véoir ce bien, de jour, que os faict de nuict au soir; car elles sont lors assises á leur 
huys la belle lampe pendante emjirés d’elles, pour les mieulx veoir á l’aise. II y a deux 
medicins onb arnés et gagies á la ville pour checune sepmaine visiter les tilles, á scavoir se 
elles ont aulcunes maladies. poeques (c) ou aultres secretes, pour les taire wndier du lieu. 
S’il en y a aulcune malade de la ville, les .signeurs d’icelle ont ordonet bien pour les metres 
á leurs despens, et les toraines sont renvoyées oñ elles voelent aller. J’ay ce escrit. pour 
ce (]ue je n’ay ouy parler de mettre telle pólice en .si vil lieu.» 

' Crónica general, cit. en el I. B., cap. MCXXIX, pág. 770. 

- Echkv.vkri: cit. en el I. B. 

^ Fuero de Salamanca, cit. en el I. B. 

* ('aumany. Memorias... cit. en el 1 . B., tomo 11 , XXII, pág. 45. 

(1)) Maravedís. (c) t’ustulcs de petite vérole. 


26 


Arquitectura civil española 


la guarda de las puertas y murallas, 
por lo que fincaron allí, haciendo 
perenne el oficio de guardianes. Y así 
aparece el palacio de un «caballero» 
fras cada pnerfa o porfillo del muro, 
a él adosado, o sobre él montado : 
el de los Aguilas, en la de San Vi- 
cente ; el de los Velas, en la de 
Santa Teresa; el de los Dávilas, en 
la del Rastro... 

Debiera esj^erarse que barrios 
y familias, agrupados por conve- 
niencia y cercados por los mismos 
peligros, vivirían en paz y amistad, 
ayudándose fraternalmente. IMuy 
por el contrario, atpiella subdivisión 
intramuros originó luchas y rencillas 
calles V })lazas: eclesiásticos contra 
viejos contra los lindos, en Toledo; 1: 
Oñacinos v Gamboinos, en todas 1 



13.— Fuenterk.-\bí.\ (Guipúzco.\). 

I'N.X C;\LI.E. 

l'ot. de X. 



12 .- Fuentekk.sbí.\ ((jUIPÚZCO.X). 
Un.\ c.u.le. 

Fot. de X. 

(pie ensangrentaron con frecuencia 
seglares, en Compostela; cristianos 
hinópiez y Manzanos, en Salamanca; 
as ciudades vascas; «parroquianos» 
de los tres barrios, en Pamjilona... 

Y ]:>rucba lo extenso del mal el (jue 
Fueros y Ordenamientos abundan en 
prohil)iciones y penalidades para 
los (pie le\xintasen banderías, y por 
ellas ocurriesen luchas, homicidios 

V desaguisados. 

La distribución de calles y plazas 
no respondía a trazados regulares; 
subían, bajaban, se entrecruzaban sin 
que presidiese ningún jiensamiento 
])laniniétrico ni altimétrico. líldesor- 
(k'ii se agra\ aba con el de las casas, 
situadas a cajiricho, sin que bastasen 
medidas ( iicaminadas a «enderezar» 
las calles, como dicen \airias Orde- 
nanzas'. Por eso son más dignas de 
cita dos excepciones: la de l)ii\úes- 
ca (en P)urgos), cuyas calles estaban 
trazadas en cuadrícula exacta, y la^ 

'^Ordeminzas de (ir imada cita(las,rCXXX\’l 1 L 
-Ordenanzas de San Schaslidii citadas. 




V. Lampérez y Romea 



de Vitoria, en elij)ses concéntricas y líneas radiales, según nn sistema 
que podemos tomar como nn avance del que hoy se recomienda en la 
moderna urbanización, facilitador de las circulaciones centrífuga y 
centríj^eta. Alguna otra ciudad ofrecía cierta base regular: Barcelona, 
la espina de las ramblas, pie forzado topográfico; León, las dos vías 
en cruz, prosecución de las deciimcniis y cardns del plan romano. 

Las calles eran estrechas 
por tradición mahometana, 
por necesidades defensivas, 
por escasez de terreno, 
falto por el ahogo de las 
murallas, y por lo inne- 
cesario de grandes anchu- 
ras, ])iiesto que la circu- 
lación rodada era reducidí- 
sima, porque, como es 
sabido, los coches no circu- 
laron en España hasta qne 
los trajo, en 1497, Marga- 
rita de Austria. 

Aumentaban la estre- 
chura y lobreguez de calles y 
callejas varias abusivas 
costumbres en la construc- 
ción de las casas. Como 
el terreno escaseaba, para 
ganarlo, los pisos avanza- 
ban unos sobre otros hacia 
la vía pública, los mira- 
dores salían atrevidos, y 
en algunas regiones las 
escaleras trej)aban por el 
exterior de las fachadas. 
Las costumbres sociales 
consentían el tránsito de 
nn edificio a otro por encima de las calles, por puentes o sobradosL 
y, en fin, por tradición artística, los aleros con grandes voladizos 
ensombrecían las calles. Con todo lo cual estaban «inny húmedas, 

' Iñi Valencia liabía calles totalmente cubiertas con bóvedas y cla'‘aboyas, para sn 
ilnminación. El objeto era proenrar sombra y íresenra en clima cálido. No cabe dndar que 
tal disposición era cosa de moros, pues en Oriente, las calles de los fomiacs están así dis- 
puestas. Véase sobre esto las curiosas noticias (jue da el Sr. S.ánchiz Sivek.v en el bbro 
cit. en el J. K. 


14. — Toledo. Una calle encubierta. 

Fot. Chwcria. 


28 


Arquitectura civil española 



lodosas y sucias» d Fueros y Ordenanzas trataron de cortar abusos y 
rutinas, prohibiendo los balcones y ajimeces, que estrechaban y afeaban 
las calles 2, los voladizos de los ])isos y todo cuanto saliese fuera del 
«haz de la propia pared» ’b limitando el vuelo de las «alas» de los 
tejados, que no habían de ]:>asar de un tercio del ancho de la calle, para 
que quedase otro tercio para el ingreso de la luz y del aire^; reduciendo 
el saliente de las esca- 


leras exteriores a «dos 
codos» y disponiendo 
que la «cubierta» o puente 
que cruzase una calle 
había de estar tan alta 
«que pueda pasar so ella 
el caballero con sus armas, 
e que non le embargue» 

¡ Singular y gráfico sistema 
métrico ! ¿No es un com- 
pleto «cuadro de época»? 

Ensanche en tanta estre- 
chez, pulmones ¡)ara tanto 
ahogo, fueron las plazas, 
h'ormábansc muchas ])or 
la caj)richosa confluencia 
de varias calles; las más 
importantes eran amplias, 
e inmensa alguna, como la 
de Medina del Campo, apta 
para contener aquel mundo 
de mercaderes que dié) fama 
europea a las ferias de la 
ciudad castellana, lén gene- 
ral, las plazas tenían área 15. — lormo. I^na cau.k. 

y perímetro mny irregn- 

lares. Sn destino |)rimordial era el de mercado ]>ara mía especial clase di‘ 
tráfico; y así había Plaza déla Paja en Madrid, de las (iallinas y de la 
bruta en Valencia, de la Azabachería en Santiago, de las Caballerías 

^ Ordemuiziis de Toledo citadas, XXIII. 

Ordenanzas de (rranada citadas. (( XXX\ III, - 1 )is]K.)sici()iu's <U' los Rcyi's ( a- 
tólicos relativas a (.ádiz, (iranada y Murcia. 

® Ordenanzas de Oranada, de Toledo, etc. 

Ordenanzas de Toledo (tít. Xl\’, caji. XXV), de Sevilla, etc. 

Ordenanzas de .San .Schaslián citadas. 

Ordenanzas de Toledo, tít. XIV, caj). XX\'I. 


29 



V. Lampérez y Romea 


en Toledo, etc. Una de ellas, la mayor, constituía el foro de la ciiidaci, 
cuya importancia la expresa bien esta consideración del Ordenamiento de 
Zaragoza ^ : «One es la plaza e lugar mas noble e conveniente de toda 
la... ciudat, e endo todas las gentes assi de aquella como forasteros 
continuamente ocorren o están». Poblábanlas, en efecto, los traficantes, 
aposentados en los tajones o puestos. Entre ellos circulaban gentes de 
la más varia calidad: ])aseantes y comjH'adores, curiosos y juglares; y 
abriéndose ]>aso con im])erio, el almotarife y los pesadores, ¡)ara mora- 
lizar los tratos y establecer orden en las funciones. En grupos más dis- 
tantes se estacionaban los albanies, los pedreros, los carpinteros y los 
terreros, en espera de contratos j)ara trabajar «de sol a sol», a jornal o a 
destajo, con los alarifes o con los «señores de obra» que los demandasen -. 

lEen hacían las Orde- 
nanzas en lamentarse de 
la suciedad de las calles. 
De antiguo, las costum- 
bres, sobrado incultas, ha- 
cían frecuentes los más 
sucios actos. El Fuero de 
Teruel })ena, al que desde 
la ventana o puerta de 
su casa arroje sobre el 
transeúnte aguas inmun- 
das o «desahogos», (|ue el 
Fuero nombra naturalis- 

,r, -luRREi.A.^UN'A (Madrid). I'd.íza Mayor, tamente»; y el de Zorita 

Fot. de X. establece penalidad, no 

ya sólo para el ciudadano 

que satisfaciere en la calle ciertas necesidades fisiológicas, sino para el desen- 
fadado que escogía la puerta del vecino para ejecutarlash Legislar sobre tan 
grandes suciedades denota lo consuetudinario, digámoslo así, de ellas. 
Pero, ¿es que no había alcantarillas, letrinas ni barrenderos? El citado 
lOtero turolense trata de las letrinas y las Ordenanzas de Toledo^ de 
los albañales; de ambos se deduce que éstos iban por las calles al 
descubierto, y c]ue aquéllas eran focos pestilentes. En Barcelona, desde 

^ Ordenanzas de Zaragoza, cit. (1301) ]'áy 578. 

“ Título y. ley 1 (le D. Jinn I. en Segovia {Colección de Códigos... cit.). 

En Jtarcelona se e.stacionaban en las Ramillas los obreros que (lemaiK.laban trabajo. 

(Cakriíras y Candi, ob. cit. en el I. B., pág. 380). 

^ Fuero de Teruel, citado. 282. 

^ Fuero de Zorita, citado. 

Fuero, cit. 420. 

'' Ordenanzas, cit. tit. CXXtTII. 

~ 30 — 



16, — Türrei.aguna (Madrid). Pl.vza .Mayor. 

Fot. de X. 


Arquitectura civil española 

el siglo XII, utilizaron las rieras como cloacas, cubriéndolas con bóve- 
das de piedra; y en 1364 se hizo lo mismo con la Rambla (tan 
ampliamente, que por ella podía transitar un hombre a caballo) y otras 
que sorbían las aguas llovedizas b Las hubo en Tortosa, puesto que el 
Código de las costumbres establece la obligación vecinal de limjnarlas. 
En Madrid cita una, en San Pedro, el Fuero de 1202 b Los Reyes 
Católicos ordenaron su construcción en Toledo ® y en Granada *. VA alcanta- 
rillado era, sin embargo, muy raro en España, aun en pleno siglo XVII b 

La suciedad doméstica se 
acrecía con la urbana, pues las 
calles servían de basureros : 
el estiércol, las pieles de ani- 
males, los gatos, perros y aves 
muertos se echaban en ellas '3 
y el lodo y la humedad 
tenían domicilio perpetuo. 

Guicciardini, en 1512, decía 
que las mejores calles rebosa- 
ban de inmundicias^ Nava- 
GERO, en 1525, encontró a 
Valladolid «muy fangoso», y, 
según otro viajero, Guadala- 
jara «era muy sucia». Peores 
aún eran las calles de las 
juderías y morerías. «Non 
fablo de ellas — dice J uan 
DE AviÑé»N — de las de Sevilla, 
ca son sucias y corrujEas en 
cuarto grado»*'. 

Con todo lo cual el trán- 
sito por las calles era harto 
molesto; y, a más, corríase 
el peligro de que, sobre la 
cabeza del viandante, los albanies que rej^araban los tejados echasen los 

1 Capmany, tomo II, jiág. iq. — C amiíkas y Candi j>. 302. P>akrf.ykos, cit. ¡x>i- 
Capm.vny. 

“ \'id. el Fjtero citado. 

3 Clemencín: Elogio, cit. en el I. B. 

■* Ordenanza citada, folio II If Yuelto. 

Luis Xúñez (cit. jior Capmany, tomo III, ¡lág. 3(18). 

® Ordenanzas de Zaragoza, pág, 466, Enero de Madrid, pág, 41. 

' Ctuicciardini, cit, en el I. IL 

* Xayagero, cit. en el I. P>. 

■' Citado por Ballesteros en su Sevilla en el siglo XI í, pág. 221, nota. 



17. — C.vcERES. Pla/,a Mayor. 

Fot. de X. 


31 



V. Lampérez y Romea 


cascotes, j)revia una voz, frecuentemente retrasada \ o el disgusto de 
recibir uno de acjuellos «bautismos» nada purificadores, que ya vimos 
penados en el Fuero de Teruel, cpie continuaban a principios del siglo 
XVI, y de los (pie no había modo de librarse, «porque venían de lo 
alto súbitamente v sin aviso» q según cuenta donosamente Laurent 
Vital, como ocurrido en Valladolid, en 1517, al abad D’Aumont, con- 
fesor de Carlos V. 

V todavía hacíase más dificultoso el tránsito por las calles (sobre 
todo ])ara los jinetes) la frecuencia con (pie las cadenas cerraban las 
bocas, jiara impedir el paso de caballerías unas veces -q jiara no estorbar 

en sus delibera - 
ciones a Concejos 
o Diputaciones^ 
otras, y para pre- 
venir motines, 
otras. 

En realidad, 
las autoridades 
])onían cuanto la 
época daba de sí 
para higienizarlas 
ciudades. Desde 
luego, en todos 
los Fueros y Orde- 
nanzas citados, se 
penan los desaho- 
gos que mentados 
(piedan. Se obli- 
gaba también a 
que cada vecino 

limpiase y barriese «su pertenencia», o sea lo de delante de su casa®. 
Por su parte, algunos Concejos limjiiaban, barrían y hasta regaban las 
calles y ])lazas ; en 13 arcelona, en 1397, había encargados de regar la Plaza de 

' Ordenanzas de Toledo, tít. XVI 11. 

- El cronista del primer viaje de Carlos V a IXpaña dice que dos veces al día los 
vecinos de Valladolid vertían ciertas vasijas jior las ventanas a la calle, sin más aviso, 
acaso, (jiie una voz. «No es oro de (Ininea — dice — lo <jne cae sobre la catieza... Y si el 
jraciente se cjiiejalia, recilda otra rociada de insultos del vecino, muy extrañado de tanta 
]iiilcritnd.» (Vid. la Relation de Laurent Vital, Premier voyage... cit. en el I. TI.) 

® Durante las ferias de IMedina del Canqio, ])or ejemplo. 

^ En Valencia la calle de «los hierros de la ciudad». Se llamaba así por las cadenas 
que la cerraban mientras celeln aban sesión los Jurados. (Vid. Fr.vmoyeres, ob. cit. en el 
1. I’)., jiáe;. 48 .) 

® Ordenanzas de Toledo, tít. XLIX. 



Arquitectura civil española 

San Jaime y de recoger las l^asiiras y animales muertos, ])ara lo que 
contaban con un asno, y más tarde con un carretón con las armas de la 
ciudad'; y servicios análogos había en Zaragoza, en 1442, por ordena- 
miento de Alfonso V‘b y en Granada, en el siglo XVI". Y fné factor muy 
importante del saneamiento el empedrado de calles y plazas. 

Las Ordenanzas de Zaragoza^ disponen cpie los «emjtedramientos 
estén planos», señal de (pie los había al comenzar el siglo XV. Poco 
después, ya son obligatorios. El malogrado Príncipe Don Juan mandó 
«empedrar de piedra menuda» la ciudad de Salamanca ’ñ Sus padres, 
los Reyes Católicos, dieron, a ])artir de 1494, varios Ordenamientos para 
pavimentar las calles de Medina del Camjio, Sevilla y Santiago", y a 
23 de diciembre de 1502, otro referente a Toledo, estableciendo <pie el 
empedrado se cos- 
tease por partes 
entre los vecinos, 
iglesias y monas- 
terios, cargándo- 
se la ciudad con 
el de las plazas 
y lugares ])ñbli- 
cos L En el siglo 
X\T ya había 
muchas pobla- 
ciones pa\ámen- 
tadas : Alcalá de 
Henares tenía 
enlosado, según 
los viajeros tan- 
tas veces nom- 
brados; Se\álla, 

baldosas de barro, al decir de Mokgado", v en Barcelona era notable 
la pavimentación, por estar las calles tan bien calzadas que nunca se 
veía en ellas barro, «jioripie había caños (pie fácilmente sorbían las aguas»", 
lo cpie prueba la instalación de encintados, bordillos e imbornales. 

' r.\RRER.\s Y ('.VNDI. ob. cit. en el I. ]>., jiág. 3S4. 

- Ordenanzas de Zaragoza, cit. 

" Ordenanzas. 8 íolio \’1I. 

^ bás;. 424. 

" \ ILI,.\R y Marí.vs: Historia, cit. en el 1 . B.. toinrj 1 , lib. II. cap. \'I. 

" ('le.menxíx : Elogio... cit. en el I. B. 

‘ Ordenanzas de Toledo, tít. I,X\’l. 

® Historia cit. 

" r,\PMAXY. ob. cit. 



3 


33 


V. Lampérez y Romea 


No se estaba tan bien de otro servicio municipal: el alumbrado pú- 
blico. Aunque en la Córdoba musulmana lo había desde el siglo X, 
las ciudades cristianas no la imitaron. Sólo en casos excepcionales lo 
tenían: residencias de Reyes, fiestas, etc., etc., o en otros no tan alegres; 
uno en Barcelona, donde una disposición de 1392 obligaba a los 
vecinos a mantener luces encendidas en las ventanas de sus casas, 
cuando había motines y asonadas’. Aparte de estas ocasiones, la oscuri- 
dad era completa. En ciudad tan importante como Valencia, y en época 
tan avanzada como 1598, habiéndose concluido ya de noche una fiesta 
dada en el Salón de la Diputación, los diputados tuvieron que dar a los 
concurrentes sendas antorchas «para alumbrarse para ir a su casa»-. 

Del aspecto general de 
las ciudades españolas con 
relación al caserío, algo 
puede deducirse de los do- 
cumentos de información. 

En las aldeas y pobla- 
ciones pequeñas, la humil- 
dad de las casas, muy 
lógica y natural, era grande. 
El Fuero de Zorita Tsiglo 
XIII) nos da la prueba de 
ello, y al par, de los inten- 
tos de mejora, mandando 
que todo el que tuviese 
casa cubierta de paja «cu- 
bra la de teias». 

En ciudades de más 
importancia, que poco a 
poco iban siendo recon- 
quistadas, las edificaciones 
eran de esf ilo mahometano ; 
lentamente, las nuevas construcciones se levantaban en estilo gótico 
(.siglo XIII al XV), «Isabel» )siglo XVI, comienzos) o «Renacimiento» 
(siglo XVI 1. Gráfica y claramente muestra la dualidad de estilos en las 
ciudades del siglo XIII una miniatura de las Cantigas del rey Sabio 
Dentro de una muralla, cuya puerta es de arquitectura mahometana, 
se elevan los edificios, de los que en todos los de la derecha, los piñones, 
pináculos y ventanas alargadas indican ser de estilo gótico, y los de la 

’ Carreras y Candi: cit. en el I. B., ¡)ág. 384. 

2 Martínez Aloy (José): La Casa... cit. en el I. B., pág. 100. 

^ Códice tlel Escorial, folio 177 v. 



34 


Arquitectura civil española 

izquierda, con cupulines, aleros, horizontales, y arcos lobulados, son 
mahometanos. 

El caserío se diferenciaba mucho de unas a otras ciudades. Guicciar- 
DiNi cuenta que, fuera de algunas, las demás tenían los edificios de tierra 
casi todos. SoBiESKi atribuye tal aspecto a la falta de altura. Nava- 
GERO dice que las casas de Toledo, con pocos y pequeños huecos, y su 
estructura de cantos, ladrillo y tierra, carecían de apariencia; y Morcado 
señala como novedad en Sevilla «el labrar las casas a la calle» con muchas 
ventanas, rejas y celosías, pues antes se hacían «sin curar de lo exterior» 
Por excepción en este coro de vituperios, destacan las alabanzas de 
Navagero a las casas de Zaragoza, «que eran muy hermosas», y más aún 
las de Barcelona, buenas y cómo- 
das, hechas de piedra, según 
Benjamín DE Tudela, Fernando 
Paulo, Marineo Sículo, Gaspar 
Barrearos y otros escritores de 
los siglos XIII al XVI “. Y, por 
mi parte, he de añadir que los 
hermosos edificios medioevales 
que a nosotros llegaron en Sala- 
manca, Toledo, Cáceres, Santilla- 
na, Valencia, Sevilla, etc., atenúan 
mucho los despectivos juicios de 
aquellos viajeros. 

Lo que era general y digno 
de observarse, era el carácter 
mudo y cerrado de la mayoría 
de las fachadas. La necesidad 
de la defensa a que obligaban los 
tiempos, las tradiciones moriscas 
de la vida doméstica y los rigores 21. - Ronda (Mála(;a). Capii.i.a kn un.\ calli 
délos climas meridional o septen- Pot. de x. 

trional de España, son motivos 

que lo explican. ¿Qué más? La desconfianza dictaba disjiosicioncs cons- 
tructivas curiosísimas. He aquí unas: «Non debe fazerse ninguna puerta de 
su casa delante puerta de su vecino... Ni otrosí en la tiendas ni las alfon 
degas... non se deben hacer las jiuertas fronteras, ca es gran descnbrición»-'^. 

Compensación a esta tristeza eran las muchas capillitas e imágenes 
colocadas en muros y escpñnazos, objeto de consejas y leyendas devotas; 

' Historia cit. 

“ Gapji.vny, los cita. 

^ Ordenanzas de Toledo, tít. XIV, cap. XXXIV. 



3 * 


~ 35 


V. Lampérez y Romea 


notas piadosas y pintorescas, cpie, subsistentes a través de los siglos, 
aun se ven en nuestras viejas ciudades. 

Pondré a(pií ahora, a título de curiosidad, ciertas disposiciones que 
son esbozo de las modenvds, Ordenanzas Municipales en materia de cons- 
trucción. 

Los Fueros de Sepíilveda y Cuenca contienen reglas sobre la altura 
de las casas, ([ue ])odían ser tan altas «como le })logiera al dueño»: sobre 
la obligación, para aminorar los incendios, de (jue todas las casas se cubrie- 
sen con tejas, y varias, sobre las ]>aredes mancomunadas. En el programa 
del Hospital Real de Santiago se establece cpie «las chimeneas se hagan 
sobre ])ared maciza en (pie no tocpie madera ninguna por mor del fuego», 
para evitar los inceu(.lios, y de (pie las aguas sobrantes de las fuentes 
desagüen necesariamente en las letrinas, jiara su limpieza. Sobre media- 
nerías legislaron \os Fueros de Burgos en el siglo Xíllh Citadas cpiedan 
las diversas disjiosiciones sobre salederos de fachada, vuelos de aleros, 
alfiira de jiasos enfre casas, salientes de escaleras v otras análogas. 
Las Ordenanzas de Oviedo, de 1287, prohíben situar en el interior de la 
ciudad las fábricas de curtidos-, lo (pie es nn jirecedente de lo cpie 
en las actuales Ordenanzas se legisla sobre «establecimientos incómodos, 
insalubres y peligrosos». Los Reyes Católicos extendieron y generalizaron 
las jirescripciones sobre la edificación. Son los ordenamientos sobre altura 
de las casas y su aseo en Medina del Campo, sobre portales y subterrá- 
neos en Madrid, sobre balcones y ajimenes en Cádiz, Granada v Murcia, 
y otros innchos sobre ensanche de plazas en Toledo y Murcia, v sobre 
policía urbana en toda Ifspaña. 

La necesidad de la Ucencia de construcción, como ivapiisito previo 
para levantar una casa, ya regía en Barcelona en el siglo XfV, mediante 
el pago de un impuesto destinado a mejoras en la ciudad^. También 
a])arece constituida, ]^or lo menos desde los principios del XVI, la 
operación de marcar la alineación oficial, que hoy se llama tira de cuerdas, 
y entonces, de cordel, midiéndose ])or ella la superficie a aprojúar o ex- 
})iT>piar. Consta todo esto en los documentos relativos a la construcción 
de la Casa de Cisneros, en Madrid, en 1537 L 

Idnahnente, es curiosísima la noticia de que en Barcelona, en el siglo 
XVI, existía la práctica de dar un })remio a la mejor casa cpie se hubiese 
construido, cpie reputamos tan moderna. El Concejo, en 1518, dió agua a 
j)erpetnidad a Mosén Gralla, y piedra gratuitamente a un propietario 

^ Véase la colección titulada Fueros de Burgos, del Sr. Martínez Marina (Real 
.'tcademia de la Historia). 

- Vigíe; Colección... cit. en el I. B. 

Carreras y Candi: oh. cit. en el 1 . B., pág. 378. 

Ayuntamiento de (Madrid: La Casa... cit en el I. B. Acuerdos, etc., etc. 

— 36 — 


Arquitectura civil española 

llamado Liiqués, como estímulo y premio por las hermosas casas que 
habían levantado^. 

Para cnnqdimentar Ordenamientos y leyes, para proyectar y dirigir 
las obras de los Concejos, y para vigilar las de los particulares, tenían 
estas corporaciones «maestros», «obreros», «guardas», «veedores», «fieles» 
y otros empleados, cuyo conocimiento es interesante, por cuanto cons- 
tituye el antecedente de los modernos Arquitectos municipales y de los 
Cuerpos de Seguridad, de Policía ITrbana y de Bomberos. 

He a(]uí algunas noticias sobre los «Arquitectos muuici}mles». La más 
antigua que poseo es del siglo XHl: en Burgos había un moro (pie era 
«veedor» del Concejo en materia de obras De la centuria décima- 
cuarta conocemos nn documento terminante. A 26 de febrero de 1385, 
el moro Ibrahim Allabar, de Zaragoza, jiercibe del Mayordomo Don 
Beltrán de Tndela la asignacicjn de 100 sueldos jacpieses, firmando el 
recibo como «maesfro cpie so de la obra del juient mayor... e de las ofras 
de la cindaf»^. 

Referentes al mismo siglo conocemos también otros técnicos muni- 
cipales. Ifn Zaragoza las jiarrocpiias elegían por insaculacicin «obreros de 
muros (fe la ciudad» y «veedores de puenfes y carreras». Los jirimeros 
estaban obligados a visitar muros, talladas y barbacanas , jirojioniendo 
y ejecutando los reparos que fueran menesfer; los segundos inspeccio- 
naban puentes y caminos, y cuidaban de «su adobo» é Algunos años 
des])ués se refundieron en los «veedores de muros y calles», (]iie debían 
ser hombres de infeligencia y jiráctica en obras. Lsfaban a su cargo la 
insjiección y vigilancia de calles y casas, y denuncia de infracciones 
([e VásOrdenanzas en lo relafivo a enqiedrados, desagües, minas, voladizos 
y rafles (desplomes) de edificios h 

Del siglo XV y comienzos del XVI sabemos más detalles de los téc- 
nicos concejiles. Ifn Madrid, en 1537, actuaba como alarife de la villa 
un Miguel de Hita, y como tal, hacía la lira de cordel citada en páginas 
anteriores^ lín Barcelona conocemos la existencia de maestros en- 
cargados de las murallas, dependi(‘ntes de la «junta de Mnrs y Valls»L 
Ln Zaragoza había dos «Comendadores de la juiente» ((pie era de madera) 
a quienes estaba encomendado su rejiaro*. Las Ordenanzas de 'Foledo, 
Sevilla y (iranada (aipiéllas especialmente) contienen datos jirecisos. 

1 C.\KRKR.\S Y r.VNDi; cit. l'll vl I. B., ¡Klg. 748. 

- S.CLV.t; ol). cit. en el l.lt., ]¡ág. 222. 

^ Ordenanzas de Zaragoza, cit. en el 1 . B., j)ág. 2f)4. Alharán clel Archivo de Protocolos. 

* Ordenanzas de Zaragoza, cit. en el I. B., j)ágs. 22(j y 262. 

Id. id. pág. 424. 

« .Vyun'iamiexto de .Madrid, La Casa... cit. en el 1 . B., pág. 13. 

‘ Capmany: cit. en el I. 

* Murillo (hR. Diegcj de); Excelencias... cit. en el 1 . B. 


37 


V. Lampérez y Romea 


El Ayuntamiento nombraba cierto número de alarifes por cada oficio 
de la construcción; carpinteros, albañiles, yeseros y pedreros (canteros). 

Los actuales «Jefes de Fontanería» tienen sus antecedentes en un 
«guarda de las fuentes», que tenía el Concejo de Barcelona en el siglo XVI, 
y que estaba encargado de cuanto se refería a conducción y distribución 
de las aguas en la ciudad. Se les exigía que fuesen «maestros de casas», 
título que creemos equivalente a nuestros «maestros de obras» b 

Algunos Concejos no tenían «maestros permanentes», sino puramente 
ocasionales. Las Ordenanzas de San Sebastián^ establecen que para 
inspeccionar si las casas se edificaban segúir lo mandado, dictaminasen 
«los maestros canteros que por el Regimiento sean diputados». El Concejo 
de Granada autorizaba al Alcalde para que nombrara un «obrero» por 
tiempo de dos años, que tuviese cargo de lo referente a obras públicas, 
sin que pudiese ser reelegido hasta pasar otros dos años 3. 

A varios de los técnicos municijiales citados se les exigía condiciones 
especiales: temor a Dios y al Rey; ser leales, mansos y de buenas pala- 
bras; saber de Geometría; hacer engenios y otras «sutilezas», y tener 
conocimientos para juzgar los ¡deitos^. Nada sobraba, pues los 
cargos de los alarifes del Concejo eran múltiples y difíciles. Habían 
de «catar» los muros de la ciudad; impedir que a ellos se adosasen edi- 
ficios ni estiércol; construir y manejar «los engenios livianos», o sea la 
maquinaria auxiliar de las obras, y «los engenios» militares para combatir 
villas y castillos®; juzgar los pleitos sobre el uso de aguas; medir los 
vuelos de miradores, saledizos y aleros; dirimir las contiendas sobre media- 
nerías; vigilar las particiones de bienes inmuebles, «partiéndolos como 
mejor lo entendieren , si partidles fuesen, o «almodeándolos», o sea ven- 
diéndolos en pública subasta, si no lo fuesen; juzgar sobre las «tachas» 
de los solares y edificios en venta ; visitar las propiedades del Rey para 
que se «labren yrej)aren» bien; examinar a los artífices que lo solicitasen; 
resolver las cuestiones entre los «señores de obras» y los destajistas; 
inspeccionar los mercados, las tiendas y las posadas y mil cargos más. 
Entre estos últimos cometidos extraordinarios, los hay curiosísimos. 
He aquí uno. «Si algún home huviese querella de su vecino, e digere que 
le faze ruydo en su casa o cu cimento de su pared, deve venir hi el Alarife 
por mandado del Alcalde, e tomar una escudilla bien llena de arena, que 
non sea mojada, e ponella orilla de la pared de dentro en la casa; e fagan 

^ Carreras y Candi, ob. cit. en el I. B., pág. 396. — Dase aquí una noticia curiosa: 
el que era «guarda de fuentes» en 1560, llamado Francisco Socias, escribió un tratado de 
Hiilráulica, titulado «JJibre de les fonts», con figuras del mayor interés. 

- Echegaray (C.). cit. en el I. B., pág. 342. 

® Ordenanzas de Granada, cit. en el I. B., folio III. 

4 Id. id. Tif. XIV cap. II. 

® Ordenanzas de Toledo, fif. XIV, XVIII, LXXXVI y CXXVIII. 

- 38 - 


Arquitectura civil española 


de fuera el ruydo, assi como solían, e si por ventura alguna cosa se derribare 
del arena que estava en la escudilla, deve ser vedado el ruydo»i . 

No eran, pues, empleos descansados los de alarifes concejiles en el 
siglo XV, puesto que reunían en sí funciones que hoy se subdividen entre 
los Arquitectos municipales, los particulares, los forenses y los del Estado 
y los Inspectores de Policía Urbana. 

Como curiosidad, citaré los nombres de algunos de esos antiguos 
técnicos municipales de los siglos XV y XVI. El moro Ibrahim Allabar, 
de Zaragoza, queda arriba nombrado. Juan Fuello era maestro de obras 
de la ciudad de Valencia, a principios de aquella centuria-. Otro, Juan 
Montano, fué en la misma población maestro de la villa, en 1518 
Miguel Hita ejercía de alarife de Madrid, en 1537 según se ha dicho 
así como Erancisco Socias, «guarda de fuentes» de Barcelona, en 1560. 
Posteriormente los datos abundan, y no hay por qué citarlos. 

Quiero, sin embargo, consignar uno, por lo notable. El insigne cronista 
de Aragón Jerónimo de Zurita era, en 1561, «veedor de muros y calles» 
en Zaragoza, con la misión de que las calles «se limpien y reedifiquen» 
y de que sean derribadas las casas que amenacen ruina É Como se ve, 
ejercía un cargo mixto de Inspector de Policía Urbana y maestro de 
obras municipal, que se aviene medianamente con la altísima categoría 
del eximio historiador. 

Cuerpos auxiliares de estos funcionarios técnicos, encargados de los 
servicios de policía, los encontramos determinadamente constituidos 
en algunas ciudades en los siglos XIV y XV. Conocemos dos Cuerpos 
distintos. El de Guardas de la ciudad de Zaragoza estaba formado por 
tres jefes y treinta individuos, cuyo signo exterior de autoridad era una 
vara con las armas Reales ; su cometido era análogo al del actual Cuerpo 
de Seguridad •*. El de veedores de muros y calles, además de las funciones 
ya mencionadas, reunía las de policía urbana, incluso la del barrido de 
las calles, para el (jue contaba con personal auxiliare De este servicio 
se les eliminó por Alfonso V, el cual dispuso, en 1442, cpie lo ejecutasen 
hombres designados al efecto, con caballerías jiara el acarreo de basuras 
Barcelona ya tenía servicio análogo desde 1397'’. En Granada también 
lo había, con un jefe que se llamaba «fiel de la limpieza»'". 

' Ordenanzas de Toledo, tít. XIV', cap. XXXIIl. 

- Tkamoyeres (L.): Los artesonados... cit. en el. l.P). 

^ Dokmer cit. en el I. K., pág. 327. 

■' Ayunt.vmiento de M.xdrid - La Casa, cit. en el I. B. 

Ordenanzas de Zaragoza, cit. Tr.amoyeres (L.) Los artesonados... cit. en el I. B. 

" Ordenanzas de Zaragoza, cit. 

’ Ordenanzas de Zaragoza, cit. 

« í(l. í(l. 

" C.\RRERAS Y C.VNDI (J.): cit. en el I. B., pág. 384. 

Ordenanzas de Granada, cit. folio Vll. 


39 


V. Lampérez y Romea 


Igualmente ejercían cargos de policía urbana los almotacenes, aunque 
su misión propia era el contraste de pesas 3" medidas y el mantenimiento 
del orden y la moralidad en los tratos contratos. Las Ordenanzas les 
encomiendan, en efecto, cargos que con la construcción se relacionan. 
Ya el Fuero de Zorita les hace responsables de los fraudes que cometan 
los tejeros «et los que fazen adriellos»h Las Ordenanzas de Zaragoza 
tratan de un «almudacaf» especial, llamado del «algeur»- 'o sea del 
yeso), encargado de velar por la calidad de este material, capitalísimo 
en la anpiitectura aragonesa A(piel F itero, el de Teruel, y varias Orde- 
nanzas de las tantas veces mentadas, establecen la inspección de medidas 
en tejas y ladrillos con arreglo a un patrón oficial de hierro, (pie se guardaba 
en el Ayuntamieufo'b y también sobre la cochura de los productos 
cerámicos, mandando ejue, «si antes del anno ])or crudez fallescieren, 
el que los faze péchelos». 

Otros funcionarios técihco-municijiales son los bomberos. Los hicieron 
precisos a([uellos terribles incendios, ya relatados, que consumían fre- 
cuente y rápidamente las ciudades medioe\'ales, ayudados jior el apiña- 
miento de las casas, el material leñoso y los tejados de jiaja, tau pru- 
dentemente prohibidos ]ior los Fueros de Zonta v de Teruel. En el 
siglo XV aparece va con cierta constitución lo que llamamos hoy «Cuerpo 
de Bomberos». En \hilladolid, en el Regimiento de 1497, se asigna sa- 
lario a los «moros obligados al fuego»; y j)or una Real cédula de 1515 
se sabe cpie eran carj)interos del barrio de Santa María, (pie, a cambio 
de una retribución y algunos jirivilegios, se obligaban a asistir a los fuegos 
«en oyendo las campanas»-'. Las Ordenanzas de Toledo nombran a los 
«oficiales del fuegm>. Eran veinte carpinteros albañiles, con cuatro 
jefes llamados «cuadrilleros», ipie mandaban en sus res]iectivas cuadrillas; 
estaban obligados a poner remedio a los incendios cpie hubiese en la ciudad. 
No se dice (pie fueran miidéjares; es jirobable, dada la importancia que 
tenían en los ramos de la construcción. 

En su valor y destreza personales habrían de fiar principalmente los 
bomberos del siglo XV v del XVI, pues los medios materiales eran muy 
escasos. J.os de Toledo llevaban cada uno un agiiatocho (bomba )C 


' l'itevo citado. ]>á¿. 351. 

“ Ordemmzas citadas, ])ág. 235. 

^ Jais tejas liabían de tener dos palmos de largas por un dedo de gruesas [Fuero 
de Teruel), dos palmos por uno y medio en la cabeza y «palmo y mano» abajo, y de grueso 
«el artejo del pulgar» [Fuero de Zorita). Ims ladrillos, ])almo y medio de largo por un 
palmo de ancho y dos dedos de grueso [Fueros de Zorita y de Teruel). Los precios los tija 
en 15 sueldos el millar de ladrillos el Fuero de Teruel, y las Ordenanzas de Toledo en 782 
maravedíes los de froga (coustrucciiíu), y en 950 «los de suelo» (baldosas). 

' ;\r,APiTO Y Revilla: Fl primer Cuerpo... cit. en el I. It. 

.'\guatocho : bomlra [Diccionario de la Real .leadeniia Fspa ñola)- 


40 


Arquitectura civil española 


im azadón, un hacha una palanca de hierro; los de Valladolid, herradas 
de enero, jeringas (bombas de manol, escaleras y algunos otros «aparejos» 
que no nombra la Real cédula de Felipe II de 1561’, en la que se esta- 
blece también que hubiese j^ersonas que velasen de noche el cuidado del 
material, lo que supone ya un bien organizado servicio de incendios. 
En Oviedo, el Concejo tomaba, en 1571, el acuerdo de enviar a Bilbao 
un encargado de ad([uirir «jeringas gruesas y buenas, j^ara que con ellas 
haya prej:)aro para algún inzendio o j^eligro de fuego»-. Sin duda 
la villa vizcaína era especialidad en esos artefactos, cuyo nombre tan 
mal suena hoy a nuestros jauleros oídos. 


4° . - C 1 VI LIZACIÓn MAHOAf ETANA 

(SIC.LíJS VIH AL X\') 

Xo poseemos tanta co}:>ia de datos como en la ci\álización cristiana, 
para jroder tratar el tema. Xo obstante, j)or los j)ocos (jne a nosotros 
llegaron, dedúcese (pie es ajilicable a las ciudades hisjiano-mahometanas 
casi todo lo dicho al tratar (.le las cristianas, relativo a amurallanhento, 
aglomeración de viviendas, sejiaración de clases jior liarrios, etc., etc. 
Algunas noticias más y algunos datos jiarticulares jnieden agregarse. 

Por un emjiadronamiento hecho jior el califa Alhakem (siglo IX) 
se sabe (jne había en frsjiaña seis ciudades de grande inqiorfancia, 
capitales; 80 de segunda categoría; 300 de tercera, y muchos jmeblos, 
castillos y torres^. 

Capital del califato era Córdoba, (pie tenía 200.000 casas, grandes 
jialacios y jardines, 600 mez(|uitas, y qoo baños. En el siglo XII, cuando 
la visitó El Edkisi, estaba ya en decadencia, y sin embargo, su imjior- 
tancia era enorme. Ese viajero da cuenta de su constitución ; tiene, dice, 
cinco ciudades, rodeada cada una de murallas (pie las separan de las 
otras. Igual constitución, de grandes núcleos amurallados, tenía Toledo 
en el siglo XII, según hemos visto, seguramente heredada de los tiemjios 
mahometanos. 

Córdoba tenía las calles empedradas ‘, alumbrado jiúblico desde 
los tiemjios de Abderrhanian III y y canalización jiara conducir las 

1 -\g.\pito, artículo cit. cu el 1. 1>. 

- ^AGIL, Colección Ilistórico-Diplomática. cit. cu el 1. H., jiág. 447. 

^ Alt.cmir.v (It.VF.VEL). Historia... cit. cu el I. H. 

^ Alt.cmira, ct. 

•’ Ribera (Jui i.án'), liihliófilos... cit. cu el I. IL, ¡)ág. 23. 


41 


V. Lampérez y Romea 


aguas. Poseía, dice El Edrisi, «edificios para todas las profesiones», 
cuya noticia, de tomarse al pie de la letra, indica la existencia de un 
gran número de edificios para los servicios de la administración (diván), 
del comercio y de la industria, de los que ni rastro ni datos quedan. 

Otras ciudades hispano-mahometanas merecieron también grandes 
alabanzas de los viajeros. Zaragoza (que cuando la visitó El Edrisi 
conservaría todavía todo el aspecto musulmán, por lo reciente de la re- 
conquista) «tenía las calles anchas y los edificios muy hermosos: rodeá- 
banla jardines y vergeles, y era llamada Medina Albaida (la ciudad blanca), 
porque la mayor parte de las casas estaban revestidas de yeso o cal». 

Sevilla era importantísima, pero tortuosa y laberíntica más que 
ninguna otra ciudad. Su carácter era comercial principalmente, y, por 
ende, marinero. Por eso se distinguía en tener grandes plazas de mercado 
(zocos), muchas tiendas y bazares, atarazanas (astillero) y una población 
abigarrada y cosmopolita h 

No parece haber tenido Valencia tanta importancia urbana: domi- 
naba en ella el aspecto agrícola. Todos los elogios de los viajeros se re- 
fieren a sus huertas y jardines. «Es un jardín-ciudad, — dice uno-, — pero 
si un criticón se informa bien, encuentra que sus afueras son todo flores, 
todo belleza; su interior, una charca de suciedades.» 

Volviendo por pasiva la subdivisión por razas de las ciudades cristianas, 
en las mahometanas encontramos también las Juderías y los barrios 
de los Muzárabes, como la Axarquía, en Córdoba, y el de los Rabatines 
en Valencia, y la Arrixaca, en Murcia®. Caso curioso, singularísimo, 
que no debe pasarse en silencio, es el de Lucena, contado por El Edrisi : 
«Lucena es la villa de los judíos; habitan todo el interior de la villa, y 
los musulmanes viven en los arrabales; no les dejan penetrar en ella, 
y tienen guardas para impedir sus ataques.» 

La disposición de las calles y las casas era, como dicho queda, de 
trazados estrechos y tortuosos : por eso, sin duda, hace constar El Edrisi, 
como excepción, las de Zaragoza, «que eran anchas». Nada de monu- 
mental tendrían las fachadas: fueron, por costumbre oriental, lisas, 
sencillísimas, sin más que los huecos indispensables. En la descripción de 
Sevilla en el siglo XVI, ya mentada, se dice que los moros construían 
sus casas «sin curar de lo exterior». Y no sólo las casas privadas, sino los 
edificios públicos: el Moristán (hospital) de Granada no tomaba luces de 
las fachadas, como veremos en su lugar. 

1 ItALLESTEROS, cf. 

® ltEN-jAKACii,de Elvira.Cit.por T. Llórente, Valencia, cit.en el I.B., tomo I, pág.482. 

® Este barrio, que estalra murado, pasó a ser el ele los mudejares, después de la recon- 
quista de la ciudad. (Baquf.ro : Artislas, cit. en el L B.) 


42 


Arquitectura civil española 


Las ciudades, subdivididas en pequeñas parcelas, según queda dicho 
al tratar de lo reducido de las casas mahometanas, ofrecían una aglomera- 
ción y apretamiento extraordinarios. Noticia de ello tenemos en la dis- 
posición de los Reyes Católicos, mandando derribar muchos barrios 
moros en Granada para hacer calles derechas y casas grandes «al modo 
de las de España», según dice un viajero del siglo XVI. Y ejemplos 
nos los dan aún tantos barrios de Sevilla, de Córdoba y otras ciudades, 
que conservan la urbanización mahometana. 

Los grandes palacios, siempre provistos de jardines, huertas y pensiles, 
y los numerosos zocos o plazas de mercado, servirían de pulmones a las 
apelmazadas ciudades mahometanas de España. Y las higienizaría tam- 
bién la abundancia de las aguas: elemento sin el cual el musulmán no 
comprende la vida. A este tenor es interesante seguir el viaje de El 
Edrisi: por cima de la importancia de los edificios, de la prosperidad de 
las industrias y del adelantamiento de los países que describe, está la 
dotación de aguas: tal ciudad, las tiene abundantes; en tal otra, pro- 
ceden de alumbramiento; en ésta no tienen sino las de lluvia, recogidas 
en algibes... Y esto sírvele como dato imj^ortantísimo para deducir las 
condiciones de la ciudad, sus comodidades y medios de vida. 


5 ° .- -CIVILIZACION MODERNA 

(SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI AI. XVII) 

Anda en todos los numerosos libros que sobre el siglo XVII se han 
escrito, el cuadro del aspecto misérrimo, del abandono y suciedad, del 
olvido de todo arte y belleza, que caracterizaba las ciudades esjiañolas. 
Viajeros que relatan lo cjue vieron (y lo (]ue imaginaron), escritores que 
satirizaron usos y costumbres. Concejos y Corregidores (pie legislaron 
para encauzar desafueros, son los pintores de aquel negro cuadro. Sin 
valerme de sus colores, aumpie sí de sus ])inceles, [ántaré el mío; la 
comparación entre ambos vendrá luego. 

Madrid, la capital de la Monaripu'a de los Austrias, había ascendido 
al rango repentinamente, y, como todo lo imjirovisado, andaba sin orden, 
ni concierto, ni belleza. Enera de algunas calles (Atocha, Mayor, Alcalá, 
Fuencarral) y una plaza (la Mayor), todas eran mezquinas, feísimas, 
jiobladas de casas a la malicia'^ (de un solo piso), o de enormes caserones 

^ Rs muy sabido que, para evitar el derecho del Rey a disjiouer del piso ju’incijral, 
se hicieron con uno solo: de donde les vino el nombre. 

— ' 


Plano parcial okt Maiirid AN iK.ro. iHanv >h 


V 


Lampérez y Romea 



44 



Arquitectura civil española 


y conventos, en los cyie sólo las pintadas tenían valor arquitectónico, 
como se dijo en otro lugar. El jtlano-perspectiva de Texeira (Amberes, 
1656;, da exactamente esta impresión. Tratando de estas calles, dice 
ÍMad. D’Aullxoy’ que no las había peor empedradas en todo el 
mundo-, y que en el verano cegaba el jwlvo y en el invierno el lodo 
lo manchaba todo, hasta a los que iban en los coches. De esto último 
habla también Camilo Borghese, además de mentar cpie las calles olían 
muy mal, porque los vecinos sacaban a ellas «ciertos utensilios», por la 
carencia de retretes. A mayor abundamiento, considerábase todo rincón 
en calle, plaza o portal, como lugar propio para determinados desahogos, 
sin que bastase a impedirlo el acuerdo de los Corregidores de ]')oner en 
ellos una cruz, para que el signo cristiano continúese el desafuero. 

La abundancia de polvo o barro afeaba también otras ciudades, 
entre ellas la de Valencia, según el Abate de Vayrac'^. Y de otras 
muchas ciudades dice Vieears * que, ojirimidas por murallas ruinosas, 
tenían edificios pobrísimos, pa\úmentos enfangados, calles «fantásticas», 
y miseria y suciedad. Alguna otra presentaba sus princijiales monumentos 
abandonados y sin concluir, por lo cpie salió el refrán: «Salamanca, medio 
puente 3^ media ]daza, media iglesia y media casa, lo mejor (jue tiene 
Esjiaña.» 

Confirman todo esto las feroces alusiones y sátiras de las novelas 
y comedias de las más insignes jilumas esjiañolas, en el más glorioso 
siglo de su literatura; y remachan el clavo las pragmáticas y corregi- 
mientos como el de la Cruz, citado, el de la limpieza y barrido de las calles, 
de 1659, el del alumbrado por los \'ecinos en los balcones de las casas, 
de 1677, y tantos más, tan pronto dados como incumplidos. Me aqui, 
pues, el verso del cuadro: ^’eamos el re\’erso. 

Esos mismos autores (casi todos extranjeros^ (|ue así describen las 
ciudades españolas del siglo X\T 1 , enumeran tales adelantos urbanos 
v tales bellezas en muchas de ellas, que es cosa de jiensar cpie no son 
artículos de fe, ni estados generales, atpiellos negros cuadros. Veamos 
a Mad. D’Aulxoy, la novelesca \úajera cpie tan mal halda de áladrid, 
alabar la anchura, longitud y regularidad de sus calles, y la comodidad 
3’ hermosura de muchas casas; la linqiieza, enqiedrado v dimensiones 
de las calles de San Sebastián, v las cuidadas casas e iglesias; las grandes 
calles con árboles a los lados, regadas jior arrovos de aguas \ú\xis, en 

* cit. en el I. B. 

- Iin 1622 era clamor ])úblico que los coches desempedraban las callos de la Corte, 
por lo cual sus dueños, y no los ])eatones, debían pagarlo (M. s. de la B. X. cit. en la j)á- 
gina 112 del libro Cuadros viejos, de Juno Monre.m,, cit. en el I. B. 

^ Citado por Judkrí.xs. ob. cit. en el 1 . B. 

‘ id. id. 


45 


23- — Salamanca. Pl.ívza y Ayuntamiento. Fot . Ciavcmí . 


V. Lampcrez y Romea 



46 


Arquitectura Civil española 



47 


24. — Gerona. Una calle. Fot. Mas. 


V. Lampérez y Romea 


Vitoria; la jirofiisión de puentes y estatuas en las plazas de Burgos. 
Veamos a Núñez, Méndez Silva, Alvarez, Sobieski, Colmenares, 



25.- Un pueblo pe ('astilla. Fut. Moya. 


Vayrac, Villars y otros, citar los magníficos edificios de Barcelona. 
Santiago, Zaragoza, Valencia, \Mlladolid, IMurcia, (manada, Sevilla, 



2().--ia<iEG() (Cókpoba). Una calle. 

Fot. do X. 


T.ojay otras ciudades; así como las calles o plazas de Santiago, Barcelona, 
Valencia y Murcia; el arco de Castellón ; el enlosado y alcantarillado de 


48 


Arquitectura civil española 

Barcelona; ios embovedamientos (ríos cubiertos) de Granada; eí aspecto 
encantador de San Sebastián; la general riqueza de Sevilla; el regado 
de las calles de Madrid; los })uentes de Sevilla y Tortosa; la magnificencia 
de la plaza Mayor de Valladolid, «con casas de cuatro pisos, todas iguales, 
con balcones de hierro dorado»... 

Echemos ahora una ojeada a los edificios del siglo XVII, que aun, 
felizmente, bordean muchas calles y plazas españolas, y veremos que, 
en medio de las frialdades de la Escuela «herreriana», en los comienzos 
de la centuria, y de los desenfrenos imaginativos de la «churrigueresca», 
en la segunda mitad, los había con monumentalidad sobrada para no 
hacer vulgares, mezquinas y «arruinadas» del todo, como quiere Villars, 
las ciudades de España. 



27. - Ronda 


(M.vlaga). Iglksia de .Santa Cecilia y euente 
DE LOS OCHO caños. 


Fot. Reyes. 


Comparemos ahora ambos cuadros, y resultará (pie sin negar lo os- 
curo de aquel, ni su veracidad, algo atenúan y disfuman las tintas los 
rientes detalles de éste. A" no estará de más decir cpie tanqioco eran 
todo rosas en la mayoría de las ciudades eurojieas di* aípicl tiempo’, 
con lo (jue se demostrará cpic también en ellas cocían habas... si bien 
las calderadas de lfs])aña eran de regular tamaño. 

Cd siglo XVII 1 puso, en el asjiecto y urbanizaci(')n de las jirincipalcs 
ciudades es})añolas, ese sello de regularidad, orden y monumentalidad, 

’ Vé mse las notas, cuerdamente ¡niestas por el antor, en las páginas del lil>ro de 
JUDERÍ.vs cit. en el I. H. 


4 


49 


\NA DEL .Mar (Santander). Plaza. Fot. G. Lomas. 


V. Lampérez y Romea 



50 



Arquitectura civil española 

aunque con el pecado de frialdad académica, que es característico de los 
días de Squilache, Campillo, Ensenada, Floridablanca, Campo- 
manes, ArANDA y JOVELLANOS. 

Está muy cerca de nosotros, y vivíamos aún en gran parte de sus 
obras, para necesitar acudir, como para el siglo XVII, a citas de viajeros 
o a sátiras de comediantes. 

Conocidas son de todos las Ordenanzas de Sabattini sobre empe- 
drados, conducción y salidas de aguas, retretes y barridos de Madrid; 
las tentativas del alumbrado público de Madrid, en 1706, logrado en 
1754, y ya de modo oficial en 1765; las de igual servicio en Barcelona, en 
1752; la prohibición, en 1745, de echar a la calle, por las ventanas, las 
aguas sucias; la Ordenanza del barrido y regado de las calles en Pamplona, 
en 1772; la creación de los serenos (que ya funcionaban en Valencia) 
de Madrid, en 1798...’. 

Y recordemos que aun constituyen lo mejor de muchas ciudades 
españolas los grandes trabajos de urbanización arquitectónica de Sabat- 
TiNi, Rodríguez, Villanueva, Lemaur y otros muchos arquitectos, 
y los suntuosos edificios públicos de toda especie, que hermosearon las 
ciudades españolas y les dieron aires de monumentalidad, hasta entonces 
desconocida. Y surgió lo (pie rara vez se había conocido en España; 
el monumento público; arcos de triunfo, fuentes decorativas, estatuas 
y obeliscos. 

^ Véase el curioso artículo publicado por el Sr. 1). Domingo Blanco, sobre el aluin- 
brado y los serenos de Madrid, en El Imparcial del 20 de septiemlrre de 1918. 







I). EDIFICIOS DE 
ADIMINISTRACIÓN 
Y GOBIERNO 


29. — ÜN CASTILLO (Zaragoza). 
Casa Consistorial. 


Fot. de X. 


á 


i". -CIVILIZACION ROMANA 


(SIGLOS J AL IV) 


La constitución política, administrativa, jiidiciaria y económica de 
la España romana fné complicadísima. Legaciones o gobiernos^ cuestorías, 
asambleas regionales o mnnicipales, prefectorias, diócesis, conventos jiiri- 
dicos, pretorias... A tan numerosas funciones debieron corresponder 
necesariamente edificios públicos donde se ejerciesen; y, en efecto, cono- 
cemos los nombres de algunos: curias (salas de reunión de las asambleas), 
pretorios (edificios de gobernación), erarios (tesoros públicos), cucstorias 
(oficinas de Hacienda), cárceles... Ni en España, ni fuera de ella, queda 
en integridad ninguno de estos edificios. Vitrubio trata someramente de 
algunos de ellos: «los erarios, cárceles y curias deben estar cerca del foro», 
dice, ])ero no detalla su dis])osición arquitectónica b 

Cea Bermúdez cita los restos del Tribunal del Convento jurídico 
de Córdoba. Ambrosio de Morales, y desjniés Cornide, suponen <pie un 
pórtico, cuyos restos se conservaban en Cabeza de Griego (Cuenca'l, eran 
del pretorio o de la curia. Ríos da noticias de restos informes que dice 
eran del pretorio de Itálica; y en Tarragona se supone que esc fué el des- 
tino del llamado Palacio de x\ugusto. Todavía es más escueta la cita de 
la cárcel romana de Córdoba, hecha, sin más ])ormenorcs, j)or Ambrosio 
DE Morales y Cea Bermúdez. 

Es muy reciente el descubrimiento y estudio de un edificio que, de 
ser acertada la atribución de su erudito investigador-, fné el Pretorio 
de Arcóbriga (hoy Monreal de Ariza, Soria;. Ifn la más elevada meseta 
de la que fué población ibérica, y luego mansión 24 en la vía de Emérita 
•Vugusta a César Augusta, se descubren minas de edificios, dentro de 
un recinto amurallado: el arce romano. Por este enqdazamiento, y poi' 
la importancia de los restos del más ])rincij)al, créese que es el Pretorio. 

^ En las reconstituciones vitrnl)ianas de los comentaristas se dibnjan, agrupadas, 
basílicas, enrias, erarios y cárceles, lo cual es puramente imaginativo. De la distribución 
parcial nada suponen. 

- El Marqués de Cerr.vlbo. Véase El Alto Jalón, cit. en el I. B. 


55 


V. Lampérez y Romea 


Son las j)artes bajas de los muros de un edificio; tiene como base un 
patio con pórtico de columnas {imfylitvütni), al que se penetra por un pa- 
sillo o portal iprothyrnni). A los lados de éste se hallan la cocina y horno 
del pan; alrededor del p^atio, el tahulariurn, el triclininm, y las cuhicidcE. 
Desde ese patio se baja, por una escalinata porticada, a una meseta; 
a los lados hay dos estancias, acaso viviendas de esclavos. Enfrente 
de este edificio principal hay otro, que se supone el cuartel de la guardia 
pretoria cohors). Los muros del j)alacio-pretorio conservan restos de 
pintura de estilo pompeyano, con guirnaldas de flores y frutas, figuras, etc. ; 
y entre las ruinas se encontraron trozos de capiteles, cornisas y frisos, 
todo de estilo clásico del siglo II de nuestra Era. Con ser imj^ortantísimos 
estos restos, no nos dan un tipo aiajuitectónico propio del edificio oficial; 
son un caso más del palacio romano privado. 

Todavía es más reciente la clasificación, como restos de una curia, 
basílica o pretorio, de lo que como templo fué siempre considerado, 
en Talavera la Vieja íCáceresjh Son un basamiento rectangular, en 
uno de cuyos lados menores se alzan seis columnas, formando un pór- 
tico tretrástilo de un estilo corintio capriclioso, sustentantes de un en- 
tablamento incompleto (arquitrabe y cornisa', y en el tramo central, 
sobre aquél, un arco de medio punto. Por carecer de escalinata en el 
frente, y por los signos de haber habido detrás del pórtico una sala rectan- 
gular, el Sr. Mélida desecha la atribución a un templo, y supone el 
edificio curia, basílica o ju'etorio. Entiende también que es de la época 
de Trajano «o posterior», v creo que en esto último anda más acertado, 
pues los adornos de estuco con que aun lo vió PoNZ, lo caprichoso del 
estilo corintio de los capiteles, el barbarismo de la composición del en- 
tablamento (sin friso; y el arco sobre él, indican una obra de baja época. 

La importancia de este resto, dado que se comprobase su destino 
civil, está en que nos da un tipo dispositivo de un edificio gubernamental 
hispano-romano : un salón rectangular, cou un pórtico de columnas sola- 
mente en el frente. 


1 Mélida (J), Momunciüos romanos... cit. en el 1 . B. 



30. — Barcelona. Palacio de la Generalidad. 
Detalle de la f.tciiada a la calle del Obispí). 

Fot. Mas. 


2". y 3°.— CIVILIZACION CRISTIANA. LA ALTA EDAD MEDIA 

(SIGI.n V Al. XI) 

LA BAJA EDAD MEDIA V EL PRINCIPIO DE LA MODERNA 

(siGí.o XI r A ]. \ ]>rim1':ka mitad di;l xvj) 

(lENEKAi.iDADiíS. Sería pretencioso y estaría fuera de lugar hacer a([uí 
grandes estudios sobre la función gubernativa de Esjiaña a travT'S de las 
edades históricas. Por lo que a la Media se refiere, no están muy definidas 
ni separadas las funciones legislatiwis y ejccntivas en sus aspectos econó- 
mico, administrativo y judicial, y mucho menos aun en el anjuitectónico. 


57 


V. Lampérez y Romea 


carentes, las más de las veces, de edificios propios, o confundidos varios 
en uno mismo. Sin embargo, ante la conveniencia de establecer una 
agrupación para el estudio, puede hacerse la siguiente: Gobernación 
GENERAL XORTES ), ADMINISTRACION REGIONAL, MUNICIPAL Y DE JUSTICIA. 


GOBF.RNACION GENERAL 

(CORTES) 

La Institución. — Eueron las Cortes, durante la Edad Media, asambleas 
en las tjue los rej)resentantes del país, en unión del Rey, hacían las leyes 
y dictaban las reglas para su ejecución. Nacidas, según quieren algunos, 
de los Concilios Toledanos, o alboreando tímidamente antes del siglo XII, 
son ya, con Alfonso VIII de Castilla y Pedro III de Aragón, organismos 
de vida propia y constituida. Al frente aparece el Rey, y a su lado los 
poderes de la nación, agrupados por brazos, como entonces se les llamaba: 
Nobleza, Clero, Estado llano'^. 

Convocábalas el Rey cuando y donde quería, sin plazo obligatorio, 
pues los intentos de jieriodicidad fija, como los de Pedro III de Aragón 
en 1283, aceptando la reunión «cada año una vegada», o los de Alfonso XI, 
prometiendo celebraciones bianuales, no tuvieron efectividad. De las 
deliberaciones de los brazos salía una peticiófi o escrito, al Rey dirigida ; 
si éste la aprobaba, quedaba constituido el ordenamiento o ley obligatoria. 

lín la Corona de Aragón cada Estado de los que la formaban celebraba 
sus Cortes separadamente; pero en ocasiones solemnes constituíanse 
en una sola, llamada Cortes 'universales, según instituyó Pedro IV. 

Los Edificios. — No tuvieron las Cortes lugar constante de reunión: 
era el Rey el que lo fijaba, sin limitaciones, a lo que jiarece, en Castilla 
y León; con la de tener que ser en población del Estado correspondiente 
y no menor de 400 «fuegos» (casas), en Cataluña’. Consecuencia de 
tales circunstancias fué la carencia de un edificio projáo destinado a 
esas asambleas. Una Catedral, una Iglesia, la Sala capitular de un Mo- 
nasterio, el Salón de un Castillo o Palacio, eran locales donde se cele- 
braban, cambiando de ciudad de una a otra vez. En Castilla y León, 
la libertad de elegir el local era absoluta. En Cataluña, a lo que parece, 
había una excej)ción, j)or demás curiosa. Las sesiones no podían tenerse 
en el Palacio o Cámara del Rey, a no ser en caso de enfermedad de éste'C 
La excej)ción indica el temor de jiosibles cohibiciones morales o materiales 
del Rey sobre las decisiones de los brazos. 

1 En Aragón hay otro brazo, el de los caballeros, clase intermedia entre los nobles 
V los cindadanos del estado llano. 

“ Blancas (J), Comentarios... cit. en el E IL, pág. 343. 

Cap.manv, ol). cit. en el 1 . H. II, Apéndices, pág. 12. 


58 - 


Arquitectura civil española 


Poseemos bastantes noticias sobre locales donde se reunieron las 
Cortes españolas: bastará citar algunos, como ejemplos de su variedad. 
El esbozo de ellas, los Concilios Toledanos, se tuvieron en la Basílica 
Regia de Santa María y en los Pretorios de las de Santa Leocadia y de 
San Pedro y San Pablo b Las de León, de 1020, se reunieron en la Sede 
de Santa María, en los Palacios de Galiana, las de Toledo de Alfonso VI; 
en el Alcázar de Segovia, las de 1256; en la Iglesia de Predicadores, las 
de Zaragoza de 1283 ; en el Castillo de Monzón, las Universales de Pedro III ; 
en el claustro de la Catedral, las de Zaragoza de 1367; en el Monas- 
terio de San Pablo, las de Palencia de 1391 ; en el Alcázar, las de Toledo 
de 1402; en el Palacio de la Diputación General, todas las de Zaragoza 
del siglo XV ; en el Convento de Santo Domingo, las de Valencia de la 
misma centuria; en el Palacio del Marqués de Santa Cruz, las de Toro 
de 1505; en las casas del Marc|ués de Astorga, donde posaban los Reyes, 
las de Valladolid de 1506; y para no citar más, en la Qnadra de S. M. 
en el Real Palacio, las de Madrid de 1563. 

En esos edificios utilizábase para las asambleas una nave o salón, 
donde se colocaban el solio y los bancos. Era aquél una alta tribuna, elevada 
por muchas gradas; en la cumbre - se sentaba el Rey: en gradas inferiores 
el Príncipe heredero, más abajo (en Aragón > el Justicia; algunas veces, el 
Camarlengo con el estoque Real. Los bancos se destinaban a los brazos-, 
en los de la derecha del Rey, el Eclesiástico en los de la izquierda, el 
Noble-, en los transversos, cara al Monarca, el estado llano. A pesar de 
estar todo j)refijado, las cuestiones de etiqueta surgían en todas las Cortes, 
llegando a ser famosas las sostenidas entre los Procuradores de Toledo 
y de Burgos, reproducidas a cada nueva reunión 

El solio y la estancia en donde se reunían las Cortes paramentábanse 
suntuosamente con tejidos de oro, tapices, alfombras y alfamares, y se 
amueblaban con ricas siellas, escannos y bancos; de todo nos da curiosas 
noticias Alfonso X en su «Estoria de Espanna»*, refiriéndose a las de 
Toledo en tiempos de Alfonso VI, y Bl.-vncas, reseñando la sesión de las 
de Zaragoza en 1398 b 


^ MucIkj han disc\iti<lo l(js ernditos para desentrañar <pié cosa eran esos Pretorios, 
desde el P. Flórez [España Sagrada, t. IV, cap. VIII), qne supone que cerca de las ci- 
tadas Iglesias «había algún salón edificado a ])ropósito para tener Concilios». La mayoría 
de los autores creen en la existencia de nn edilicio privativo o jior lo menos adaptado 
a las reuniones. No íaltan, sin eml)arg<n las creencias de que el Pretorio signiíica el 
Concilio mismo, y (]ue se tenía en las Iglesias nombradas. 

^ Hl.vncas, oh. cit. en el I. P>. 

® Ln las Cortes de (Madrid de 1563, el Rey Feli])e II en persona tnvo que desasir 
a los Procuradores de esas ciudades, que, sin respeto a nada, habían llegado a las manos. 

^ Págs.615 y Gió de la edición «Nueva Biblioteca de .Autores Españoles», cit. en el I. B. 

“ Ob. cit. en el I. B. 


59 


V. Lampérez y Romea 


ADMINISTRACION GENERAL 

Las Instituciones. — Como las Cortes no actuaban constantemente, 
ni siquiera con periodicidad regular y preestablecida, era necesario que 
en los interregnos quedaran constituidas Juntas o Autoridades perma- 
nentes, encargadas de ejecutar los Ordenamientos o acuerdos de las Cortes. 

lín Castilla y León no existieron esas instituciones ejecutivas: 
los Municipios y algunos funcionarios esjieciales llenaron esos fines. 

En los Estados de la Corona de Aragón, esas comisiones ejecutivas 
tomaron carácter de Institución, con jiropia y verdadera importancia. 
Son las Diputaciones llamadas también Gcncratidades. Aparecen en em- 
brión, en el siglo XIII, en Cataluña, aunque hasta el XIV, con Pedro IV, 
no quedan constituidas en su integridad característica. El XV y el XVI 
son sus épocas doradas. Su organización, aunque algo distinta en los 
tres Estados tCatalnña, Aragón y Valencia)’, puede sintetizarse así: Al 
disolverse las Cortes, dejaban nombrados dos, tres n ocho de sus represen- 
tantes- por cada brazo de los que las constituían. A ellos se agregaban 
varios funcionarios : claveros, contadores n oidores de cuentas, abogados, 
asesores y síndicos. La esfera de acción de las Diputaciones era pura- 
mente económica y administrativa; su funcionamiento era permanente 
y separado j)ara cada Estado. 

El Señorío de Vizcaya tuvo un régimen especialísimo. Dicen los 
historiadores regionales que en los comienzos hubo un gobierno patriarcal, 
allá en el siglo VII. Por entonces lo constituían un presidente y cinco 
merinos asesorados por los parientes más ancianos, reunidos bajo el 
famosísimo árbol de Guernica. Dos siglos después aparece el primer Señor 
de Vizcaya, Lope Fortnn rPaim Znria). La constitución y reconocimiento 
de este legendario gobierno es de los días de Alfonso VHI, que concedió 
el Señorío a D. Diego López de Haro, y estableció las franquicias del 
país, constituyendo los fueros, código regional, reconocido y jurado por 
los Reyes de Castilla. La institución foral aparece después constituida 
por siete personas: el Corregidor, dos Diputados generales, dos Alcaldes 
de Hermandad, el Prestamero Mayor, y el Tesorero Real. Las Juntas 
se celebraban ])revia llamada con cinco bocinas, tocadas en los cinco 
más altos montes de Vizcaya. Del lugar de la reunión se tratará después. 

Los Edificios. — El carácter de permanencia de las instituciones ad- 
ministrativas regionales, y la importancia y complexidad de algunas 
de ellas, hacen que, por modo contrario al de las Cortes, tengan lugares 

’ En Mallorca, la Diputación estuvo muy contundida coji el Municipio. 

“ En esto del número se varió con los tiempos y los Estados. 


6o 


Arquitectura civil española 

de reunión propios y fijos, y, ])or lo tanto, una manifestación arquitec- 
tónica, especial y privativa. No sucede esto por igual, lógicamente, en 
la Diputación de Aragón y en las Juntas Dorales de Vizcaya ; por eso 
deben estudiarse sus edificios por separado. 

CORONA DE ARAGON 

Las Diputaciones o Generalidades reuniéronse, al igual que las Cortes, 
en locales prestados; en el Monasterio de San Francisco, en Barcelona, 
durante el siglo XIV, las de Cataluña; en el de igual advocación, en 
Zaragoza, las de Aragón. No mucho después ya tienen edificio propio, 
aunque modesto: una casa particular en la Judería de Barcelona; la 
casa del puente, cerca del Ebro, en Zaragoza. No bastando tan humildes 
residencias a la importancia corporativa, surgió al pensamiento de hacer 
casa propia y suntuosa, como lo consignaba la de Cataluña en sus acuerdos 



de 141Ó, y lo ejecutaba a ])Oco. La de x^ragón la tenía ya terminada en 
1450 ; la de Valencia no la comienza liasta 1510. 'I'ales son los orígenes de 
los Palacios de las Dijuitaciones. 

Consérvanse, afortunadamente, dos de ellos: el de Barcelona y el de 
VAlencia. Del de Zaragoza, sólo liav noticias. 

Palacio de la Diputación de Cataluña, en Barcelona. Llegado a 
nosotros en casi completa integridad , y recientemente restaurado y 
vuelto a un destino c[ue alguna semejanza tiene con el primitivo ;el 
de albergar a la Di])utación ]U'ovincial), es este Palacio un monumento 
capital en nuestra Aiapiitectura Pública. Como estilo histórico, pertem'ce 
al gótico catalán ; como tipo^ al de ])alacio civil, sobre la base dispositiva 
de un patio central (pie, por contener la escalera, ofrece una nota 
característica regional. 


61 



V. Lampérez y Romea 


En la Judería de Barcelona, en el mismo sitio donde hoy se levan- 
ta el Palacio, tuvo la Diputación su casa propia, con fachada a la calle 
de San Honorato, de la cual una parte se conserva, con ventanas góticas, 
del tipo catalán. La casa se componía de dos cuerpos, separados por 
un patio, y detrás un huerto, con tapia a la calle del Obispo. En 1415 
comenzáronse ciertas obras de reforma, que no consiguieron el desiderátum 
de los diputados, puesto que, uu año después, expresan su voluntad de 
tener un edificio suntuoso. Y así, por una reforma en la tapia del Huerto, 



32. — Barcelona. Palacio de la Generalidad. Patio. 


dándole la magnífica decoración que hoy tiene, comienzan las obras que 
van convirtiendo paulatinamente la vieja casa de la Judería, eu magní- 
fico Palacio. 

El conjunto del edificio actual se compone de tres partes: i^. El 
núcleo gótico, comprendiendo el patio de ingreso por la calle del Obispo, 
el otro principal, y las galerías y crujías circundantes; fechas: 1415-1432. 
2^. El jiatio de los naranjos, con los salones y crujías iumediatas hasta 
la calle de Sau Severo, en las cjiie hay obras góticas y de Renacimiento; 
es de 1514-1570. 3a. El edificio de la Plaza de San Jaime, de estilo del 
«Renacimiento» clásico, comenzado en 1596 y concluido en el siglo XVH. 

El núcleo principal gótico, lo más interesante del edificio, comenzado 
en 1415 con el muro de cerramiento del antiguo Huerto, luego patio 
de ingreso, ]>or los maestros March Gafont y Naliot de Lafon, y el escultor 


62 



Arquitectura civil española 


Pere Johan, continuaba en 1420 en el vestíbulo abierto entre los dos 
patios; el grande con tres galerías y la famosa escalera (1425). Algo pos- 
terior en fecha debe ser la otra galería y la Capilla, acordada levantaren 1432. 

Es importante estudiar las dependencias de este Palacio, pues nos 
dan el programa de las necesidades de la Generalidad en el promedio 
del siglo XV. En la planta baja estaban las habitaciones de tres dependien- 



33. - l>ARCELON.\. Palacio de i.a (iEneralidad. Patio. 

tes (porteros y ser\dck)res) ; en la princi])al, la cámara (salón) del Consejo 
Mayor, la de los Oidores, el archivo de Comjites, y la Ca])illa (como 
sabemos, ésta no faltaba jamás en ningún edificio ])úblico de la Edad 
Media). 

Como arfe, este grupo gótico es de grande y positiva imj)ortancia. 
La fachada a la calle de San Honorato, que es la de la primitiva casa, 
tiene ventanas con delgadas columnas. Lo demás es de ese arte gótico 
catalán del siglo XV, suntuoso en el ornato, aunque sobrio en su rej>arto. 
Son justamente famosos en la historia de la Anpútectura esjxifiola : el 
patio, la escalera y el medallón de San Jorge, sobre la puerta de la calle 
del Obispo. Por contraste de estilo, la Ca])illa jxuece obra de escuela 
castellana, por la jirofusión de tracerías en las jiortadas, y por la bó\-eda 
interior, pues la estrella de nervios y las tracerías dc‘ los ])leim'ntos son 


— Ó3 



V. Lampérez y Romea 


del tipo que inspiró tantas obras análogas en Castilla y en Andalucía, 
en la segunda mitad del siglo XV, y que no se ve en Cataluña. 

El segundo grnj)o de construcciones que rodean el patio de los naranjos 
tiene galerías de arcos góticos sobre columnas del «Renacimiento», diversas 
cámaras (la Dorada, la del Consistorio nuevo y otras). En todo ello se ve 
la huella del «Renacimiento», todavía jugoso y arbitrario. No así en 
la fachada a la calle de San Jenaro, fría y seca. 

lín cuanto al cuerpo de la ]>laza de San Jaime, obra de maestre Blay, 
sosamente clásica, no exige grandes análisis, a pesar de los elogios 
que mereció a los escritores del siglo XVD. 

Palacio de la Diputación de Aragón, en Zaragoza. Nada queda de 
este monumento, arruinado por los franceses, como tantos otros de la 
ciudad, cuando los memorables «Sitios», el 28 de Enero de i8og. En 
diversos autores se encuentran noticias interesantes sobre lo que fué-. 

Ocu])aba un gran espacio junto a la puerta del Ángel, a la entrada 
de la ciudad, j)or la parte del puente sobre el Ebro, donde hoy está el 
Seminario. Se construyó en el Prelaciado de D. Dalmacio Mur (1431-1458 :-, 
comenzándose en 1437; en 1447 las obras iban muy adelantadas, y aunque 
se dice que estaban concluidas en 1450, hay noticias de artistas que tra- 
bajaban aún en 1482. En 1587 sufrió una restauración considerable. 

Conocemos los nombres de varios maestros constructores y escultores. 
Al comenzar las obras era su administrador 1 ). Ramón de Mur, rico 
zaragozano; en 1447 era obrero Juan de Salabert, y figuran como artistas 
(Mahoma Rafacon e Ibrahim de Ceuta, moros; entre 1482 y 1484 aparecen 
como maestros (ni Morlanes, Domingo de Orruzola y Pedro Gombau. 

La celebrada pintura «Vista de Zaragoza», de Velázquez y de Mazo, 
que guarda el Museo del Prado, representa el edificio como un alto para- 
lepípedo, cubierto con tejas esmaltadas blancas y verdes. Indícase así 
una influencia mudéjar; y, en efecto, de este estilo y del gótico era el 
monumento. De sus dependencias sabemos algo: había salas, estrados, 
un retrete, la casa del Notario, el salón de Cortes, la sala de Audiencia, 
la de Justicia y la Cajúlla. El salón de Cortes, el más importante, tenía 
de largo 292 ])almos (58 metros próximamente) 52 de ancho (10) y 56 
de alto (ii j, lo que da uii enorme local. Dokmer lo describe: la techumbre 
era suntuosa, con trece tirantes moldurados y dorados con cabezales 
(canes) terminados por cartelas, todas variadas, y contra-cabezales 

^ La P> líl ografía de ese palacio es muiiero‘:a. El libro más moderno, completo y 
docrniK litado, es el de los Sres. Euig y Cai).-\f.\lcii (José) y IMiket yS.\xs (J), El raían, 
cit. en el I. B. 

“ Bormek. Blancas, Zurita, obs. cit. en el I. B. 

Bonz, Viaje, tomo XV, pág. 73: cojtia a Dormer. 

Qu adrado — Aragón. 

Serrano Sanz (Manuel) — Gil Morlatanes... cit. en el I. B. 


— 64 


Arquitectura civil española 


terminados por cabezas, grifos, sátiros y leones. El artesonado tenía 
laberintos de varios colores. Se aj)oyaba en nn friso y cornisa de piedra, 



34. -Zaragüz.v. Palacio m: la Diputación de Arac.ón. 
Detalle conservado en el .Ayuntamiento de Zar.ygoza. 

Fot. de X. 


con recuadros. En los cuatro ángulos había grandes tarjetones sostenidos 
por «mncliachos» con las armas del Reino (el árbol de Sobrarbe, las cuatro 



35.— Zara(,oza. Pal.vcio de la Diputación Dr: .Aragón. 
Detalle consiirvado en el Ayuntamiento de Zaragoza. 

l'üt. de X. 


cabezas de Moro de Alcoraz, las barras de Cataluña, la cruz de .Ainsa). 
l'.n el testero había im nicho «jilatercsco» con nn San jorge a caballo, 
obra de MorlanesC hhi las paredes se veían los retratos de los Reyes 


— 65 - - 


^ Ponz dice que era de .Ancheta. 


V. Lampérez y Romea 



de Aragón, que, cuando 
Dormer escribía, alcan- 
zaban desde Garci- Jiménez 
hasta Carlos II. 

La sala de Justicia 
tenía retratos de estos 
magistrados, y la de Au- 
diencias, en el piso bajo, 
cuadros de batallas. Servía 
de Capilla, indispensable 
en estos edificios, la antigua 
Iglesia de San Juan del 
Puente. 

Restos únicos del edi- 
ficio aragonés son unos 
relieves heráldicos con las 
armas de Aragón, tenidas 
por ángeles, con recuadros 
de hojas, todo de estilo 
gótico florido. Salvados de 
la ruina, estuvieron en el 
portal de la casa Ayunta- 
miento ; ignoro donde están 
ahora. 

La Casa de la Diputación, en Valencia. Es el segundo de los edificios 
de adminisfración regional que nos quedan, si no tan artístico como el 
de Barcelona, monumental e interesante. 

Al ser nombrada la Generalidad de Valencia, en las Cortes de 1418, 
se reunió en la 
sala de la cofra- 
día de San Jaime ; 
más tarde en ca- 
sas alquiladas , 
hasta que en 1422 
compró la del 
notario Despá, si- 
tuada donde hoy 
el Palacio. Con 
otras contiguas, 
y grandes refor- 
mas (1481), cons- 
tituyóse un edi- 



Plano de G. Aloy. 


36. — \'alenxi.\. 

Salón de Cortes en l.\ Diputación. 

Fot. García. 


66 


Arquitectura civil española 



íicio propio para la Generalidad. Las Cortes de Monzón, de 1510, 
autorizaron una casi completa reedificación. El auge y riqueza 
del instituto y el deseo de ennoblecer el edificio con una torre señorial, 
animaron a los diputados a comprar terrenos contiguos y a comenzar, en 
1518, la construcción del torreón, concluido, tras mil vicisitudes, en 1579- 

Claramente se ve, 
por la historia y por 
el estilo, que el monu- 
mento se compone de 
dos partes : una, la casa 
baja, de dos pisos con 
fachada y sendas en- 
tradas por las calles de 
Caballeros y de Ma- 
nises, obrada entre 
1481-1510 y en estilo 
gótico ; otra, el torreón 
con tres fachadas, ele- 
vadas entre 1518-1579 
en estilo gótico en la 
planta baja y <d^enaci- 
miento» en las altas. 

Aparecen como maes- 
tros de aquella parte 
Pedro Coinpte eu lo 
más antiguo, y Juan 
Montano,} uanCabrera 
y Juan P)as en lo más 
moderno (1510); y en 
el torreón, Gaspar Gre- 
gori, autor de todo lo 
del «Renacimiento». 

Del exterior ]:>oco 
queda. Reformada ir- 
respetuosamente en el 38. 

pasado siglo al adaj)- 
tarla a su nuevo des- 
tino de Audiencia, la fachada a la calle de Caballeros es insignificante. 
La opuesta deja adivinar rjiie tuvo puerta de medio ])unto con enormes 
dovelas y ventanas góticas, cuadrangulares, muy bellas, hhi los otros 
pisos, los documentos y algún resto hacen siq)oner que tiu'o en el piso 
princi]:>al altas ventanas con delgadas columnas, del ti]io catalán, v otro 


\’.\LKN'C1.\. r.VLACIO DE L.\ DIPUTACION 
(AH ( j R A A l' D I E N C I A ) . 


. 5 * 


- 67 - 


V. Lampérez y Romea 


piso, con arquerías, del tipo aragonés. La disposición de este cuerpo es 
sencillísima: conjunto rectangular; tres crujías paralelas, la central de 
las cuales está en su mayor parte ocupada por el patio; escalera en 
éste, según el tipo del país. Los elementos de este cuerpo son todos de 
estilo gótico regional, especialmente en la escalera, obra de Pedro 
Compte ' hacia 1482), que eu la Lonja de la Seda se había de inmortalizar. 
Se ven en todo este cuerpo reminiscencias del Palacio de la Generalidad 
en Barcelona. 

Con el otro cuerpo (el torreón) se completó la j)lanta, que quedó 
distribuida de este modo: en la planta baja cocheras, caballerizas, bodega 
y almacenes; en el entresuelo escril^anía, archivo y una sala de juntas, 
y al otro lado ( torreón) dos salas de reunión y la gran sala dorada ( 1535) 
para las Juntas es])eciales, y la sala pecpieña para las de invierno; en el 
piso principal, en el cuerpo viejo, las habitaciones del escribano, una 
sala de elecciones, juramentos, etc., etc.; la antecapilla y la capilla; y 
en el torreón, la grande y magnífica sala, joya del Palacio, donde, desde 
1577, se celebraron las sesiones de la Generalidad. 

Exteriormente, el torreón es un soberbio edificio de 30 metros de al- 
tura. Abajo, veutanas góticas lo armonizan con el viejo Palacio. Al 
continuarse la obra 0111573, venció el «Renacimiento», que fné haciéndose 
más clásico a medida que subía la construcción, hasta rematar, con la cor- 
nisa, ático, pirámides y bolas, completamente lierreriano. Interiormente, 
es núcleo el soberbio salón de sesiones, uno de los más suntuosos de 
Esjiaña. Pertenece al «Renacimiento» y al tipo aragonés, caracterizado 
por la galería superior (reflejo de las exteriores) de los que tenemos otros 
ejemplos en la sala del trono de la Alfajería y en la escalera de la Real 
Maestranza, ambas de Zaragozab Un zócalo de azidejcría toledana 
(Tala verana probablemente), decora la parte baja. 

Comj)letan los muros notabilísimas junturas murales que rej)resentau 
«La Generalidad», el Estamento eclesiástico, el Militar, el Real, Escudos 
de Valencia, de las villas y ciudades de clase y de las villas y ciudades 
de 2°-. clase. Los jxusonajes allí agruj^ados son retratos de tamaño natural 
de los ]:>ersonajes de la éj)oca que ocuj)aban los cargos, con los trajes e 
insignias resj)ectivos y característicos. La obra, al óleo, fné hecha, desde 
I5qi, })or Juan Sariñena, Vicente Requeña, Erancisco Posso (saboyano), 
Vicente Mestre, Luis Mata, Sebastián Zasclia y acaso algún otro j^intor. 
.Alternan las jiinturas con las guarniciones de los huecos, de ricos már- 
moles y bronces, cerrados j)or artísticas hojas. Ihia hilera general de cane- 
cillos de madera tallada sostienen volado j^iso, sobre el que se levanta 
una aiapicría, de arcos de medio j)unto, sobre columnillas abalaustradas, 

1 Vid. el tomo 1. 


68 


Arquitectura civil española 


dividida en grupos, por otras de más relieve y altura; carga luego uu 
cornisón sobre el que se lanza el artesonado, de grandes casetones 
cuadrados, con sendos otros esquinados dentro. La talla más profusa 
y varia lo cuaja todo ricpn'simamente, aunque sin desfigurar ni borrar 
las líneas arquitectónicas. Esta soberbia obra de carjtintería, (jne nunca 
llegó a dorarse, es de la mano de tres artistas : Liinés Linares, (|ue la comenzó 
en 1540, Pedro Martín Linares y (iasjiar Gregori, que la terminaron en 1566. 



3f). — X’.VLEN'ci.v. Palacio de la Diputación (ahora .Audiencia). 

Techo del Gran Salón. p . y 

Los fastos de la Sala de la (leneralidad Valenciana están llenos de 
hechos notables, pues no sólo sirvió jiara su uso jH'ivativo, sino jiara come- 
dias y saraos, fiestas y recejiciones' . 

\M Z C A Y A 

La casa foral en (Tuernica. A mía institución tan jiatriarcal y elemen- 
talísima como la Junta foral de Vizcaya, corresjiondía una manifestación 
arquitectónica no menos sencilla: bajo i'l árbol sagrado de (luernica, una 
tosca silla de jiiedra jiara que se sentara el Señor, desjHiés de haber jurado 
los hueros en la inmediata ermita de la Antigua. 

^ Martínez Aloy (José)- La casa... cit. en el 1. H. 


— 69 — 



V. Lampérez y Romea 


Reedificada ésta en 1410, por Gonzalo Moro, segundo Corregidor 
de Vizcaya, sirvió desde entonces de local jiara las Juntas generales, 
cuando el mal tiempo impedía que tuvieran lugar bajo el árbol. He 
aquí confundidos una vez más el edificio civil y el religioso. 

iMnchísimos años debió permanecer así el edificio, si vale la palabra, 
de la administración regional vizcaína, pues hasta el siglo XVII no se 
tienen noticias de modificaciones: en 1665, la de disponer siete asientos 
de piedra, con respaldo, alrededor del primiti\'o del Señor, para el Corre- 
gidor, los Dij)utados, los Alcaldes, el Prestamero y el Tesorero; en 1686, 
la ampliación de la sacristía de la iglesia jíivadera, j)ara guardar el archivo, 
contenido en dos arcas. Nnevo y centenario lapso de tiempo pasó, hasta 
que, en 1824, fue acordada la edificación de la actual Casa de Juntas de 
Gncrnica, de la que se hablará en el período siguiente^. 


ADMINISTRACION MUNICIPAL 

La Institución. La organizacióiV municipal española alborea en el 
siglo Xh En los dos siguientes, la preponderancia del brazo popular sube 
considerablemente, favorecida por los Reyes, como medio de contrarrestar 
el influjo de la nobleza. Al principio, el Concejo lo forman todos los cabeza 
de familia, los cuales nombran los alcaldes uno por el Rey, otro por la 
Iglesia y dos por el pueblo ^), los jueces, los jurados y los portiellos. En el 
siglo XII y en el siguiente, la organización municipal aparece completa, con 
el concejo abierto y el concejo cerrado. Componen aquél todos los vecinos 
aforados, reunidos «a campana tañida»^, los cuales nombran por elección 
las }>ersonas que han de ejercer los cargos concejiles del «concejo cerrado», 
constituido por los funcionarios que representan a todo el brazo })opular, 
en los diversos oficios de Juez, Alcaldes foreros, jurados de las collaciones 
o parroquias, escribanos, mayordomos, depositarios, correctores, almo- 
tacenes y otros subalternos (andadores, sayones)... Esta constitución 
fué muy variable en los distintos reinos de España, y en Cataluña especial- 
mente. 

Eueron estos siglos XII y XIII los brillantes de la institución concejil. 
Llegaron a tener los municipios autonomía, derecho de petición al Rey, 
de imposición de tributos, de batir moneda, de crear milicias propias 
y de legislarse por fueros privativos. 

1 Zameza [lívG'Emo)— Monumento... cit. en el I. B. 

^ B1 Sr. Seijas Lozano, en el Discurso, cit. en el I. B., dice que en un documento 
del año 941 se trata del «Concejo de Burgos». Más de una duda ha suscitado la cita. 

^ León. 1188. 

... que por medio de la campana se allegue e recoja el pueblo... «j)ara oir las cartas e 
mandamientos reales e de sus gobernadores...» Quincuagésimas de F. DE Oviedo, pág. 108. 


70 


Arquitectura civil española 

Tamaña importancia no convenía ni a los Reyes ni a los nobles. 
Alfonso XI cercena o suprime el Concejo, creando el Regimiento , con 
oficios de regidores y procuradores nombrados por la Corona, con lo cual 
los nobles sustituyen a los jurados populares, y el nombre de Ayuntamiento , 
por ellos creado, sustituye al de Concejo. Con Enrique III y Juan II 
vienen los regidores perpetuos con heredamiento personal; con los Reyes 
Católicos, la organización municipal, como todas las de España, se hace 
hijuela de la Corona, con Ayuntamientos perpetuos, carentes de las facultades 
populares. Poco después, la rota de Villalar no dejó más que una sombra 
de aquella constitución libérrima municipal del siglo XII. 

Los Edificios. El domicilio social, como hoy diríamos, de los Con- 
cejos, Regimientos y Ayuntamientos, comenzó siendo muy humilde o 
de prestado, como en tantas otras instituciones medioevales. Conviene 
consignar algunas noticias. 

\i\F Itero Viejo de Castilla dice (jue el Concejo se reunía en las iglesias; 
«... E cuando quisiere tornar... venga a la Iglesia c diga en Conccio...»^. 
El Filero de Alcalá pena al que «forzare la porta» del corral donde se 
juntaba el Concejo. El de Burgos se reunía, en el siglo XII, en el Palacio 
de los Reyes en San Llórente, en la catedral románica, y en una torre de 
la muralla llamada de Santa María; y en los sucesivos, en una de las ca- 
pillas o en los claustros de la catedral gótica, y alguna vez en el mercado 
de maderas-. En Huesca, en el siglo XII, las sesiones concejiles se 
tenían en las «Casas de la Caridad»^. En ÍMnrcia, desde el siglo XIII 
hasta el XVI II, la casa municipal fué el palacio musnlmán Dar-ax- 
Xarife *. En Sevilla, la reunión concejil fué en las gradas de la mez- 
quita, ya bendecida; y más adelante compartió con el cabildo catedra- 
licio la casa en que éste celebraba sus juntas ñ En Barcelona, en el 
siglo XII, el Concejo akpñlaba casas particnlares jiara sns oficinas y 
menesteres C y en Madrid, en el XV, se reunía el Ayuntamiento en un 
salón, situado sobre el jxjrtico de la iglesia del Salvador ^ 

Iglesias, corrales, mercados, gradas, torres y otros locales, daban 
inapropiado o pobre albergue a los Concejos®. Pensando en el remedio, 
comenzaron en el siglo XIV las grandes ciudades a iiretender alojamiento 

^ Fuero ]'iejo de Castilla, cap. XVI, tit. V, lil)ro I. 

- Salvá (Anselmo): Cosas... cit. en el 1 . B. 

® Ordenanzas municipales de Huesca (Revista de Huesca, t. T, 1903). 

.\MAnoR DE LOS RÍOS (R.): Murcia... cit. en el 1. B., pág. 331. 

■’ Gestoso y Pérez (J); Sevilla... 

® Piferrer (J); Cataluña... cit. en el I. B. 

■ POLENTINOS (Conde de): Datos... cit. en el I. B. 

® Sería excepción de esto la Casa Ayuntamiento propia de Santiago de Compostela, 
en el siglo XII, si es cierta la atribución del Comité organizador de la exposición de Arte 
retrospectivo de 1909, que dal)a, por ser de aquel edificio, algunos fragmentos románicos. 


71 


V. Lampérez y Romea 


propio i)ara sus Ayuntamienios, bien habilitando alguna torre de la mu- 
ralla, como en Burgos, al comenzar aquella centuria, o bien construyendo 
edificio ad hoc, como en Valladolid, en 1338b y en Barcelona en 1369. 
No obstante, el estado material de los Ayuntamientos debía ser lamen- 
table, puesto ([ue los Reyes Católicos se vieron en la precisión de mandar, 
en el Ordenamiento 106 de las Cortes de Toledo de 1480, que todas las 
ciudades y villas donde los Concejos no tuviesen edificios propios, proce- 
diesen a su construcción en el término de dos años’. Comienza aquí la 
verdadera época de las edificaciones munici]iales españolas. 

Conserva Esjíaña algunas casas municij)ales de importancia arqui- 
tectónica; las pertenecientes a los siglos XIV y XVI son de \mo de estos 
dos tipos, completamente distintos: la torre v el palacio. 


LA TORRE CONCEJIL 

Frecuentísimo fué en las ciudades amuralladas servirse de las más am- 
plias torres del recinto para diversos usos urbanos: domicilio municipal, 

su destino, puesto 
(¡ue Alfonso XI 
mandó que los al- 
caldes juzguen en 
el mercado de ma- 
deras «mientras se 
acababa la torre»*. 
Aquellas primeras 
torres conser- 
varían, pues, su as- 
¡)ecto militar, sin 
(¡ueel destino civil, 
mal acoplado y en 
servidumbre, apa- 
reciese por parte 
alguna. 

Ejemplo de ellas, muy modestos, existen aún en algunos pueblos, sobre 
todo en los costeros de Cataluña. Lix¡)uesta la comarca a los ataques de 
los corsarios turcos o moros, conservaron las torres defensivas durante 

^ Ag.U’ito y Revilla (Juan); Las casas... cit. en el 1. B. 

^ Santayana (Lorenzo ue) : Gohienw... cit. en el 1. B. Colección de Cortes de 
Castilla, cit. en el I. IL 

* Salvá; Cosas... cit en el 1. P>. 


cárceles, casa de 
moneda, etc., etc. 
La utilización co- 
mo domicilio mu- 
nicipal debió ha- 
cerse al principio 
sin adaptaciones 
de ningún género. 
Así, en Burgos se 
celebraban las re- 
uniones en la torre 
de Santa María, 
desde tiempo in- 
memorial, y hasta 
1322 no se hicieron 
en ella obras para 




GTSÍÍWÍ 


40. — Canet ue Mar (Barcelona). 
Torre Consistorial. 

Fot. Doméncch. 


72 


Arquitectura civil española 


mucho tiempo, 3’ en una de ellas reuníase el Concejo. Its ejemplo típico 
la de Canet de Mar (Barcelona). Se compone de un solo cner]>o cilindrico, 
de sillarejo. Hacia el mar, ])imto del posible atacpie, la torre es comj)leta- 
mente cerrada; por el lado ojniesto estaba la j)uerta, frampieada por dos 
torretas cilindricas, unidas por un ])aso amatacanado, (pie servía para 
defender la entrada. La coronaban matacanes }' almenas (algunas sub- 
sistentes). Una de las dos torretas aloja una escalerilla (pie sube a los 
dos pisos que contiene el edificio. He a(pií toda la «Casa Concejil» de 
Canet de Mar. Sn época de construcciíhi jiarecc ser el siglo XV. 

Las adaptaciones de las forres de las murallas al destino municijial, 
con la transformaciém de recintos interiores v la adici(')n de locales (ca- 
pillas, salas, campanarios, 
etc.), debieron ser nume- 
rosas. No poseemos, sin em- 
bargo, (|ue sepa, más 
(pie una, jiero en conijien- 
sación, es completa y mo- 
numental. Ls la torre de 
Santa María en Burgos. 

Líí torre de Santa María 
en Burgos. — l£n el monm 
mentó burgalés se unen la 
torre militar, el palacio 
municipal y el monumento 
conmemorativo de las glorias 
ciudadanas. Sn categoría 
excepcional, dentro de la 
Arquitectura española, le 
hacen merecedor de un 
anijdio análisis b 

Como ([ueda dicho, el 
o burgalés, desjiués 
de reunirse en distintos 
locales, habilité) la torre de 
Santa María, (jue era una 
de las puertas de la 
muralla, frente al puente de ese nombre. Las Ordenanzas de 1337 y 1345 
tratan del «a\mntaniiento» en dicha torre; al final del siglo XV, el sitio 
de reuniones mnnicijiales debía ser ya, jior modo jiermaneiite, en la 
torre, jmesto ([ue se hizo caj)illa especial en ella. Lástima grande es (jue 

^ Salv.c; Cosas... cit. en el T. B. (ui, (Isidro) — Memorias... cit. en el. I. B. 
ht arco de Santa María de Burgos (Diario 31 mayo 



r 



41. Bckí.os. .\kc() dk Sania María. 

Fot. (idilio. 


— 73 



Burgos. Arco de Santa Marí.\. Planta primera. 43. — Burgos. Arco de Santa María. Planta secunda. 

Planos de Lampérc. 


V. Lampérez y Romea 






74 


Arquitectura civil española 

no poseamos una descripción de cómo fué esa torre del siglo XV, y de 
su conversión y habilitación para casa municipal b 

En actas del Concejo, de 1535, consta que se trató de hacer una por- 
tada monumental o arco de triunfo, como por entonces habíase puesto 
de moda. Hubo discusiones sobre si debiera hacerse aislado en la entrada 
del puente, o adosado a la torre; prevaleció lo último. Reina gran con- 
fusión sobre los autores del monumento: en 1536 se trata de que hagan 
un modelo maestre Felipe ( Viguerny) ( ?) y el canónigo Castro, y así 
debió suceder, pues el 23 de marzo de ese año se aprueba el comienzo 
de la obra. Al poco 
tiempo, en 13 de 
mayo, se contrata 
a maese Felipe, a 
Andino y maestros 
de cantería. En 1537 
las actas llaman 
«maestros de la 
obra» a los famosos 
Colonia (Francisco) 
yVallejo. Tres años 
después se concluía 
la obra, aunque has- 
ta 1553 no se aca- 
baron las estatuas, 
que son de la mano 
de maese Ochoa. 

Con ser impor- 
tante el conocimien- 
to de los artistas, 
es más para nuestro 
tema el notar (pie 
el acuerdo concejil 
de 1535 no fué ha- 
cer una nueva tone, sino una portada mominicntal. Es inqiortantísimo 
porque confirma lo ([ue el monumento dice, a saber: (pie el núcleo funda- 
mental de la construcción (pie admiramos es la torre de la muralla del 
siglo XIV, y que lo hecho en el XVI fué sólo una reforma de 
su frente. 



44.^ 


-P)URGOS. Arco de S.\nta .Marí.\. Planta te recia. 

Plano de Lampéyez. 


^ En 1372 se liiz(j un pliego de condiciones jiiara la construcción de varios trozos de 
muralla; loque en él se refiere a la torre de Santa María es, en mi concepto, a nn revellín 
o cuerpo avanzado delante de ella, y no a la torre misma. Pd curioso documento ])uede 
verse en Salv.\: Cosas de la Meja Burgos, citado en el I. P>. 


— 75 




V. Lampérez y Romea 


El hoy llamado «Arco de Santa María» constituye un cuerpo cuadrangu- 
lar a modo de edificio torreado, (}ue cala en la parte baja un ancho in- 
greso a la ciudad. Como «puerta de ella», merece una descripción especia- 
lísima, cpie tendrá caláda en las ])áginas de este libro dedicadas a esa 
clase de monumentos. Basta acpú decir que tiene dos fachadas: una 
suntuosísima, cpie forma aípiella portada monumental ; otra muy modesta, 
hacia el interior. Entre ambas, y en ])lanta baja, queda un gran espacio 
cuadrado, (pie sirve de jiaso o entrada. A ambos lados, sendas puerte- 
cillas comunican con el interior de la torre, jior estrechas v empinadas 
escaleras. 

Ascendiendo jior ellas, desjinés dc' un recodo, llégase en primer tér- 
mino a dos cubos, lugares desde los cuales las milicias concejiles podían 
defender el puente. Contienen también unas escalerillas por las cpie se 
asciende a unos cubos siqieriores, ciegos y sin salida. Continuando la 
subida })or las escaleras rectas, se llega al piso noble de la torre comunal. 
No está hoy en su antigua integridad, })ero permite ^'er el conjunto de 
lo que fué una casa municipal del siglo XVI. 

hd centro lo ocupa un gran salón, lugar de reunión de las colaciones 
o parroquias, y de fiestas y recepciones. En dos de sus lados hay galerías; 
(piizá estaban en ellas las oficinas del Concejo. En un ángulo, una puerta 
abre a la sala del Ayuntamiento i Cámara de poridad;, exagonal abajo, 
octógona en la techumbre, cpie es de madera, ochavada, de alfarje mudéjar, 
con limas mohamares (dobles), ahnizate (techillo) con lazo de a ocho, 
y mozárabe Á'acimo de estalactitas i en el centro : todo pintado con ador- 
nos de estilo «Renacimiento», h'rente al sitio del Regidor se abre una ven- 
tana apaisada, con reja, por la cual los regidores oían la misa del Espíritu 
Santo, dicha en una capilla adjunta, cuadrada, cubierta con cupulita de 
ocho lados, toda pintada en aquel estilo. Se comunica con una sacristía 
contigua, con bóveda de nervios. Indudablemente estuvo cerrada por 
el lado en que hoy continúa el recinto inmediato, que por su oscuridad, 
aislamiento, embovedamiento y fortaleza, muestra haber servido de 
archivo y tesoro municipales. 

Sólo falta en este insigne monumento, para rehacer lo cpie fué una 
casa concejil del siglo XVI, con todos sus servicios la cubierta del 
salón central, sustituida hoy por otra modernísima y nada bella. 

Como detalles dignos de mención, deben citarse las pinturas del arco 
de ingreso en la ciudad, hechas en 1600 por Pedro R. de Camargo y 


Falta el de la cárcel, según era común en la época; pero el Ayuntamiento se opuso 
siempre a que la liubie.se en esta torre, comprometiéndose a hacerla en otra de las de la 
muralla. Salva: Cosas... cit. en el I. B. 


— 76 


Arquitectura civil española 

las representativas de Reyes y personas bnrgaleses (pie adornan la Cámara 
de poridad, obra del mismo pintor Camargo, en 1556 c 

Obra mixta de los siglos XIV, XV y XVI es, en mi conce]:»to, la torre 
de Santa María. Creo que el con jiuito es aquella torre qne en 1322 se «estaba 
acabando», y que en 1372 está ya concluida. A esta vieja construcción 
pertenece indudablemente el muro posterior con el cadahalso. Lo qne no 
puede afirmarse con análoga seguridad es en lo (]ue consistió la obra de 
1533 y hasta qué punto y en qué cantidad modificó lo antiguo. Acaso 
filé principalmente nn rcfrcntado o construcción de nn cnerjio avanzado, 
y modificación del paso o ingreso de la ciudad, jines la amplitud del 
salón que lo forma es inusitada en las puertas de la Edad Media 'C 

Respecto a la Cámara de paridad, es tenida por tradición como la 
sala concejil desde el siglo XVI-"*, mas no creo qne pueda afirmarse. 
La techumbre bien puede ser de esa época, rejiintada en el XVI, jiero 
tampoco es inverosímil de este siglo. De él son indudablemente la ca])illa 
y la sacristía. En resumen, (pie la torre del siglo XIV, ya adajitada a 
casa concejil, fué modificada, en cantidad cpie no se ]>ned(‘ deslindar, 
en el XVI. 

PALACIO MUNICIPAL 

Es la más espléndida forma del domicilio concejil y la más digna 
y propia, libre de la servidumbre militar de la torre. No necesitóse, jiara 
llegar a esta indejiendencia, el qne el siglo XVI trajese la jiaz y sosiego a 
la vida ciudadana; ya antes de tan feliz época, Parcelona sabía elevar 
esjiléndido palacio a sn instifnción mmhcijial, y muchas ciudades y 
pueblos, casas propias, aiimine modestas, donde alojarlas. 

Hay qne señalar este ])rimer ]>aso, el de la casa municipal, anterior 
a los grandes palacios, en las citidades importantes, y contemporánea 
en las poblaciones que no se jiodían ])ernñtir grandes edificios. No hay, 
pues, prioridad cronológica en general, enfre ambos tipos, como no lo 
hay entre éstos y el de la torre: es cuestión de categoría social. 

La casas municipales solían ser como las otras jirivailas de la éjioca ; 
a lo más, tienen una sala mayor, y alguna decoración, algo en fin, indicador 
y privativo del destino. E.jcnqilo de ello nos ])resentan algunas casas 
municipales góticas ipie aun se conservan en las jirovincias, como las de 
Cati, 1 rignerosySan Mateo, en Castellón de la Plana ; la de lOiia, en 1 Inesca, 
poco diferentes de las. casas bnrgcsas; y análogo caso presentan los curiosos 

^ Las yeserías mndéjares qne hay en el salón, y st' creyeron sn decoración, jierlcne- 
cieron al castillo, segñn ])arece. 

Muchos de estos pnntos se aclararían si no ínese ])orqnc la torre está cercada 
lateralmente con .sendas casas. 

^ Lo dice la moderna inscripción sobre la pnerta colocada. 


77 


V. Lampérez y Romea 


datos que poseemos sobre la antigua casa municipal de Sevilla, que más 
adelante se dirán. Ejemplar excepcional es el que un autor ^ señala 
como existente en Puente de San Miguel (Santander ) : un pequeño edificio 
conteniendo una sola sala; le precede un pórtico con dos columnas. 
Diríase el esbozo elementalísimo del palacio concejil con disposición 
propia. 

Vengamos ya al verdadero palacio. Al principio tiene disposición 
y estructura apenas distintas de los de una residencia señorial privada; 
el de Barcelona lo demuestra. Luego adquiere una disposición en cierto 
modo privativa, dentro del tij)0, y de ello son curiosos el Ayuntamiento 
viejo de Jerez de la Frontera y el de Toledo. Son locales obligados: el 
s^[(m de Ayuntamiento (juntas); la capilla contigua, con amplia comuni- 
cación; la sala de juicios, y algunas oficinas subalternas. En cuanto a 
lo externo, las fachadas no demuestran ningún rasgo especial y caracterís- 
tico, pues reproducen los modelos regionales y contemporáneos del palacio 
urbano. Hay alguna cuya fecha parece ser el siglo XIII, aunque son del 
XV y del XVI las más de las conservadas. Por su estilo pueden agruparse en 
las ojivales, «platerescas» y herrerianas. Estas se enlazan con el muy 
numeroso del siglo XVII, que pertenecen ya al período siguiente. Anotaré 
los principales ejemplares de aquellos grupos. 

GRUPO GOTICO 

Ayuntamiento de Lérida. Se le conoce de antiguo con el nombre 
de La PaheríaG Sólo la fachada nos habla de otros tiempos, pues lo 
demás, profundamente reformado, ningún mérito tiene. Muestra aquélla 
ser del final del siglo XII, y de estilo románico-gótico, muy regional. En 
la planta baja tiene huecos de arco rebajado, sencillos, coronando la 
puerta los escudos de Cataluña y de la ciudad. El piso de encima se abre 
con cinco grupos de ventanas de tres vanos, con cohmmillas de bellísimos 
capiteles románicos y arcos de medio punto, en archivolta decorada. 
Una cornisa con canecillos remataba la fachada, pues los dos pisos 
que cargan encima son modernos. Lo antiguo es muy típico. 

El interior, con patio y escalera y distintas dependencias, no conserva 
nada notable. 

Ayuntamiento de Barcelona. El régimen municipal de la capital cata- 
lana filé uno de los más completos de España. Existente de muy antiguo, 
Don Jaime I, en 1265, lo reorganizó, constituyéndolo con 4 Concelleres y 
100 Procuradores. En el siglo XV se altera varias veces el número, pero 

^ Rucabado (L.): Ilustraciones... cit. en el I. B. 

“ Los Pahers eran los cuatro funcionarios que ejercían el poder ejccutir’o, dentro 
del Concejo. 


- 78 - 


Arquitectura civil española 




queda la composición socil 
del Concejo, en el que en- 
traban ciudadanos, artistas, 
mercaderes y menestralesb 
Aquel Concejo de los Ciento 
quedó siempre como la más 
patente expresión de la 
ciudad. 

Las reuniones concejiles 
se celebraban, en el siglo 
XIIT, en las gradas del pa- 
lacio Real, y después en 
los Conventos de Santa 
Catalina (de Dominicos) y 
de San Francisco. La deci- 
sión de liacer palacio numi- 
cij)al propio, es del siglo 
XIV ; en 1369 se conq:»ra- 
ban casas para derribarlas 
y construir; en 1373 estaba 
en disjíosición de celebrar- 
Fot. Mas. se en su salón la primera 
J unta del Consej o de Ciento, 
según los datos consignados en la lápida conmemorativa; jiero, como 
en todos los grandes monumentos, las obras duraron mucho, y se sabe de 
las muy importantes que se 
ejecutaban en 1550, 1577, 1596 
y 1628 2. 

Adicionado con una fachada 
clásica (ahora la jirincipal del 
edificio) y mil veces reformado en 
el interior, no conserva hoy el 
conjunto medioeval, cjue lo haría 
digno compañero del Palacio de 
la (Generalidad. 

La base distributiva sería el 
patio, con escalera al descu- 
bierto y galenas de aicos a])un- 40. -Lérida. Casa Consistorial. Detalle, 

tados, que copió el desconocido Fot. Ma<. 


45. — Lérida. Casa Consistorial 


^ Capmany; Régimen... cit. en el I. IL - Tomo II, pág. (>7. 

“ Vcl. PuiG Y C ADAF.ALCH (J); El Pillan... cit. en el 1 . IL, págs. 65 y 66. — t id. 
Ayuntament... L’ Hotel... cit. en el 1. H. 


— 79 


V. Lampérez y Romea 



dibiijaute autor de] docuniento de 1 790, conservado en nn archivo inodernoh 
Como locales importantes se citan y conocen el salón de Ciento, el del Tren- 
tenario, la capilla y otro patio con jardín. Id salón de Ciento es nna her- 
mosa estancia, de arcpiitectnra gótica, típicamente catalana. Tiene ])lanta rec- 
tangular. Ligeros haces de cohmmillas adosadas a los muros sostienen gran- 
des arcos transver- 
sales, que, a sn vez, 
sustentan nn techo de 
vigas policromadas. 
Ventanas circulares, 
en nnlado,lcdanhiz’C 
La puerta de entrada 
ostenta al interior 
nna portada de ex- 
traña arcpiitectnra 
gótico - renacimiento - 
barroco, con colum- 
nas helicoidales, arco 
de medio punto, y 
coronación de nn es- 
cudo condal con abi- 
garrado lombreqnín. 
El raro contraste que 
ofrece con las formas 
del salón, se exjdica 
al saber (jne no se 
hizo para tal sitio: 
perteneció al delTren- 
tenario, para donde 
la labraron en 1559. 

Se abría éste en 
el patio principal, y 
era de ]>rincipios del 
siglo XV ; mas fue re- 
formado a mitad del 
jireceder de nna galería en estilo 


47- 


15.\RCKL0X.\. C.\SA COXSISTOKI.M . S.\L(jx DE ('lENTO 

Fot. Mas 


siguiente 


también 


laciéndolo 
«Renacimiento». 

De la capilla nada queda; era contenqioránea, y estaba contigua al 
salón del Trentenario. 


1 Ke]>ro(luci(lo en la jiág. 28 <lel íolleto L'Itoicl... antes citado. 

“ l’rimitivaniente este .salón era más corto. En 1860 se le añadieron dos tramos. 


80 


Arquitectura civil española 


Por el exterior consérvase, felizmente, la fachada del Palacio mimi- 
cipai. Es ima espléndida muestra de la arquitectura civil del siglo XIV. 
Tiene un lienzo general, entre dos cuerpos salientes fimo rehecho mo- 
dernamente). Con la asimetría característica del arte ojival, la puerta 
está en un lado; tiene gran arco adovelado, con archivolta decorada 
con escudos y una estatua del Angel de la Guarda, bajo lujoso doselete. 
Dos ventanas en el piso bajo, y otras dos grandes con tracerías magníficas, 
en el principal, se desta- 
can en el liso muro. Arriba 
corona la fachada una 
cornisa de ar(]uitos, con 
gárgolas y antepecho ca- 
lado. 

Conócenselos nombres 
de algunos de ios artistas 
de los que hicieron el pa- 
lacio municipal barcelonés. 

En 1330 fue contratista 
del portal el maestro 
Aman Banpies (que en 
algunos libros ajiarece con- 
fundido con otro Aman 
Parques, que, en 1339, 
liacía la galería y la ca- 
pilla); Pedro Elobet es, 
probablemente, el arqui- 
tecto del salón de Ciento; 

0111400, el escultor 1 ohan 
Jordi (Jorge) (ya conoci- 
do por sus obras en el jia- 
lacio de la Generalidad'' 
ejecutaba el escudo de la 
puerta y el ángel (esto no 
es muy seguro), y se ci- 
tan los nombres de bas- 
tantes de los escultores, jiintores y vidrieros que colalioraron en la obra. 

La Casa M iniicipal de Valencia. Aunque es monumento desjiarecido fen 
1852) se le dedica acpií una mención ])or tenerse de él interesantes noticias'. 

l'Tié edificado al comenzar el siglo X\h En 1423 sufrió un incendio, 
que exigió reformas y anqiliaciones. Ocnjiaba un rectángulo en los hoy 

' Principalmente en los trabajo., de los Sres. Z.vcariís y Trasoyeres, cits. en el I. B. 

— 81 — 



48.- Marceeon.v. (.'asa Consistori.ve. PaC1L\1)A. 

Fot. Mas. 


V. Lampérez y Romea 



jardines entre la Audiencia y la Catedral. Alrededor del patio (en el que 
probablemente estaría la escalera) se agrupaban las dependencias prin- 
cipales, que eran: antesala, sala del Concejo o de los Ángeles (donde se 
reunían en pleno las dos j)artes del Concejo, consejeros de los oficios 
y consejeros de las parroquias), sala del Concejo secreto (para asuntos 
reservados), salón «dorado» (destinado exclusivamente a los jurados), 
capilla (en comunicación con la sala del Concejo secreto), racionalato 
(oficina económica) y otras dej)endencias. 

Por la fecha de la ejecución, y por 
los fragmentos que se conservan, se 
sabe que era un monumento de estilo 
gótico florido, de gran importancia. 
El autor principal parece haber sido 
el maestro de la ciudad, Juan de Po- 
yo, con la colaboración de otros ar- 
tistas, muchos de los cuales se nombran 
en el trabajo del Sr. Tramo veres. 

Piezas capitales eran los artesona- 
dos, especialmente el de la «sala do- 
rada», cuyos elementos se conser vanC 
Ambos pertenecían al sistema de 
vigas maestras y viguetas transver- 
sales : aquéllas sobre dobles canes, 

con talla de profetas, figuras fantásti- 
cas, ángeles ; éstos decorados con bellísi- 
mos relieves de flora, heráldica, etc., etc. 
todo brillantemente pintado y dorado. 

Era, pues, un magnífico ejemplar 
de palacio municipal, por lo completo 
de su disposición y por la hermosura 
de su arte. 

Las Casas Consistoriales Altas 
de Baeza ( Jaén). Adosado a la Cate- 
dral, abandonado, negro y mohoso, se alza aún este interesante 
edificio, cpie albergó el Concejo de Baeza. Consta de un solo cuerpo, 
alargado, con un amago de torre en el extremo. La fachada principal, 
sencillísima en la planta baja, se adorna en la superior con dos ventanas 
de lujosa guarnición gótica decadente, dos escudos de la ciudad y uno 
mayor de los Reyes Católicos, cpie campea en moldeado recuadro. 
Algunos años pasaron indudablemente desde que esa parte se hizo hasta 


49. — Valencia. Detalle de la 

.\N'JTGUA Casa Consistorial. 

Fot. Tramoyeves. 


^ Depositados en la torre de Serranos, en espera de adecnatla colocación. 

— 82 — 


Arquitectura civi! española 

que se terminó el cuerpo extremo, porque éste ostenta valientemente, 
sobre el muro, el escudo del águila bicéfala del Emperador, a más de otro 
particular de los Bailes de Cabrera, y, en la fachada lateral, un bello 
hueco del «Renacimiento». Por cuyos elementos, resulta ser un curioso 
ejemplar de transición verdadera entre los dos estilos que se disjmtaron 
V se sucedieron en el primer cuarto del siglo XVI C 

Como en tantos otros monumentos, es él quien a sí mismo se fecha, 
pues la historia no dice nada. Un historiador de las cosas de Baeza- 
dice que fué construido a mediados del siglo XVI (lo cual es a todas 
luces erróneo, pues el estilo gótico y el escudo de los Reyes Católicos 



50. ~ (j.\ÉN). Antigua Casa Consistokiat. ^ ^ ^ 

' Fot. Ontcta. 

prueban un comienzo de mayor antigüedad), y que se hizo para Casa 
Municipal, en cuyo oficio permaneció hasta 1835, en que el Ayimtamicuto 
fué a otra casa del IMercado. Hoy, la Alta no tiene uso determinado. 

En el interior, casi toda la planta principal la ocupa un gran salón, 
en cuyo fondo hay una capillita, para la Misa del Espíritu Santo, segihi 
dice aquel autor. 

GKUi’O i)]':l renacimiento 

Las Casas Consistoriales de Sevilla. Reuníase el Concejo sevillano, al 
comenzar el siglo XV (1438), en el Corral de los Olmos (con cuyo nombre 

^ Del interior nada puedo decir, pues me fué vedada su entrada. 

“ Cózar; ob. cit. en el I. B. 


6* 


- 83 - 


V. Lampérez y Romea 


se designan aún en Sevilla las casas de vecinos). Y por si no fuera 
bastante humilde ese domicilio, lo achicaba la convivencia con el Cabildo 
eclesiástico, cpie se reservaba para sus juntas la parte inferior, dejando a 
la Ciudad la superior de la casa. Debía ser ésta del tipo morisco; tenía 
portal con arcos de yesería y techos pintados, sala de cabildo, con adornos 
de ataurique, ajimezes y lumbre (claraboya) en el techo: poyo corrido de 
ladrillo y azulejería y muros pintados con escudos e imágenes de la 
Virgen, y, en fin, capilla b 

En el año 1527, siendo Asistente el Marqués de Montemayor Don 
Juan de Silva y Rivera, se ordenó la construcción de una nueva y digna 



si.--Sk VILLA. Casa Consistori.vl. 

bot. Lduyeut. 


Casa Consistorial que sustituyese a la humilde del Corral de los Olmos. 
Eué el autor de la traza el insigne Diego de Riaño, que dirigió las obras 
hasta 1534, en que falleció. Píabía tenido como aparejadores a Arnao y 
a Juan Sánchez. Este fué su sucesor hasta que se terminaron, en 1564, 
})or lo menos en el exterior, pues en el interior aun se trabajaba en 1573. 
hhi todos estos años aparecen unidos a Riaño y Sánchez muchos de los 
artistas que se hicieron célebres en éste y en otros monumentos sevillanos, 
entre los (]ue sobresalen los de los hermanos Gainza, sin que falten apelli- 
dos indicativos de diversos países: Juan Vizcaíno, Tomás Erancés, 
Ricardo Copin, lAdro de Pámanes (montañés seguramente), Gaspar de 
horca, líamete, Jaciues, Juan Elamenco, y otros. 

1 (irsToso (J): Sevilla... cit. en el I. B. 


84 - 




PLANTA BAJA 


Arquitectura civil española 









O 






ci 

m 


- 85 - 


-Sevilla. Casa Consistorial. Planta. 


V. Lampérez y Romea 



Monumento justamente famoso es el Concejo de Sevilla; cífrase eu 
él una de las mayores glorias del «plateresco» español. La descripción 
de sus fachadas, que anda en tantos libros, no será necesaria en éste, 
teniendo a la vista su reproducción fotográfica. Con sentar una vez más 
que en ellas volcaron sus fantasías y su pretendido clasicismo los artis- 
tas del primer «Renacimiento» español, quedará hecha su crítica, puesto 

que aquel concepto 
envuelve el de un con- 
junto sin racionalidad 
estructural y puramente 
decorativo, y el de un 
cincel inagotable de in- 
ventiva, maestro de la 
labra, insuperable de 
elegancia y de buen 
gusto. 

No estuvieron los 
autores del monumento 
sevillano a igual altura 
en cuanto a la ciencia- 
arte de la disposición 
interior. Incompleta ha 
llegado a nosotros la 
Casa Municipal, por lo 
que no es fácil for- 
marse idea de cuál fue- 
ra el plan dispositivo 
originario. Que era más 
amplio, se deduce de un 
mandamiento de la ciu- 
dad, en 1534, en que se 
dice : «que se quite algo 
de la traza que está 
hedía» b Acaso de la 

5',.- -SiiViUA. (ASA ( ONSISTORIAL. Detalle ^ i - 1 

^ mutilación resulto el 

plan que a nosotros 

lia llegado, verdaderamente infeliz, pues más que plan meditado, so- 
bre la base de los salones del Cabildo, es una agregación de locales 
lie la que los más importantes tienen entradas sinuosas y luces insu- 


ficientes. 


^ fiESTOSO: Sevilla... cit. en el I. ]>., pág. 142. nota. 


86 



Arquitectura civil española 


Posee dos plantas; en la baja, nn vestíbulo con pilastras y hermosas 
bóvedas rebajadas de crucería, todo de traza semi-gótica y scmi-«Rena- 
cimiento». Al frente, una escalera viciosamente adosada a la fachada; 
por debajo de ella, y en nn recodo, se entra a la sala de verano del Ca- 
bildo, mal iluminada, aunque suntuosamente vestida en los muros con 
guadameciles y tapices, y techada con bóveda de casetones, con figuras 
de Reyes. En esta planta, en un ala adosada, está el paso (juc conducía 



54. SlVII.LA. ('AS.\ ('ONSISTORIAI.. 1 )ú^'l■: I )A I )E LA KSC.M.IiKA 

Fot. .-1. Go¡K(Í/c~. 


al convento de San Francisco, y un local de oficinas del juzgado de «fieles 
ejecutores». En aquél estaba la capilla j)ropia del Concejo, obligada c-n 
estos edificios; a ella se bajaba por una escalerilla de caracol. 

La escalera, (pie cubre la más bella ciqiulita de Esjiaña, conduce 
a la planta |)rinci))al, en donde hay el salón de iiu’ic'rno dc'l Cabildo, 
con magnífico artesonado (U“ casetones octógonos, decorado \' estofado, 
y otras salas accesorias. En i^()/ se hizo un gran balcthi v’olado sobre 
la fachada ])rinci]ial; fue (Eauolido en iSfiq. Servía d(' trilnma para los 
usos muñid jiales, y de ]>aso a dos salones. 


- 87 - 


V. Lampérez y Romea 




El palacio con- 
sistorial sevillano 
reúne todas las de- 
pendencias qne los 
servicios de la época 
pedían, pero aglo- 
meradas, oprimidas, 
mal dispuestas, fal- 
tas del desahogo de 
que debió gozar un 
Ayuntamiento tan 
fastuoso como el 
de Sevilla en el si- 
glo XVI. 

Esta Casa Con- 

55.— Sevii,l.\. ( As.\CoNsisTORTAr. EÓVE1 )A DEL VESTÍ BULO. si«torial ciitra 611 cl 

Fot. A. González. .“ , , ’ , 

ti po del palacio, pero 

ciertamente por modo forzado tal es su falta de adaptación al fin y 
al tipo. En cambio, sobrepasa a ;os más famosos monumentos por la pro- 
fusión v belleza de la vestidura. 

Ayuntamiento Viejo de Jerez 
de la Frontera (Cádiz). Es un 
hermoso monumento en ese gran 
estilo «plateresco» español, cuan- 
do abandonando el vicio de 
la inadaptación del ornato, que 
caracterizó la jirimera época, 
tendía a la grandeza con el do- 
minio de las líneas arc[uitec- 
tónicas sobre los detalles escul- 
turales. 

Ea historia del edificio la re- 
lata una inscripción de la facha- 
da : se hizo en 1575, reinando 
Eelij^e II y siendo Corregidor 
Don Pedro de Herrera. Los 
maestros fueron : Andrés de 

Ribera, Diego Martín de Oliva 
y Bartohmié Sánchez. 

Consta de una sola planta, 
compuesta de un pórtico y 56.— Sevilla. C.vsa Consistorial. Vestíbulo. 

dos salones rectangulares, uno i'ot. a. González. 


Arquitectura civil española 



57. — Jerez de la Frontera (Cádiz). 

Casas Consistoriales antiguas. Planta. 

Ci'oi/iiis de Lawpércz. 



de los cuales (el 
de detrás) suscita 
la idea de ser aca- 
so algo posterior 
a aquella fecha 
de construcción. 

La estructura es 
sencilla ; el pór- 
tico tiene techo 
plano, sobre arca- 
das V columnas 
de estilo «sevi- 
llano», con pedes- 
tal ; los salones, 
bóvedas de me- 
dio cañón muy rebajadas con casetones, y en ellos grutescos. 

La fachada ostenta, como motivo principal, un grande y rico Orden co- 
rintio, de columnas pareadas, en cuyos intercolumnios campea la puerta, 
adintelada, y sendas ventanas. L^na cartela, sobre aquélla, muéstralos da- 
tos ya citados de 
la fundación. 
Frontones y es- 
tatuas migíiel- 
angdcscas deco- 
ran ricamente 
los macizos. 

La Casa Con- 
sistorial íicH lícs- 
ca. La insu- 
ficiencia y falta 
de decoro de 
acpiella casa de 
la Caridad en la 
<pie, mediando 
el siglo X\ó se- 


58. — Jerez de la Frontera (Cádiz). guía icunién- 

Casas Consistoriales antigu.vs. i - nttnuí . (lose el Concejo 


oscense, debie- 


ron impulsarle a construir jialacio propio. Ln 1577 se hizo contrato con 
el maestro Áliguel de Allué, como director de las obras, para edificarla'; 


^ .Vrco (Ric.vroo del): Alguma ; indicaciones ... ril. en el I. P>. 


— 89 — 


V. Lampérez y Romea 


al año siguiente se concluyó, puesto que en el vestíbulo hay esa fecha 
grabada en unas cartelas. La fachada que hoy existe no es la primitiva, 
demolida por ruinosa y sustituida por la actual, desde i6io a 1612, 
por planos de Zapata y de Abadía, arquitectos de Zaragoza b 

Este edificio, que acaso parezca vulgar al espectador, es, sin embargo, 
notable por más de un concepto, j)or poseer algún local especialísimo 
y por lo típico de su arquitectura. Es ésta «Renacimiento», no al modo 



59. — Huesca. Cas.v Consistorial. 

Fot. Mas. [Colee. Iiist. de Est. Catalanes.) 


ornamental «plateresco» castellano o andaluz, sino al especial aragonés, 
típico del país, simplicísimo y severo. 

La fachada, totalmente de ladrillo, con grandes huecos rectangulares 
y puerta apilastrada, está rematada con hermosa galería abierta, con 
columnas que sostienen un magnífico alero de madera. La flanquean dos 
torres, con las arquerías típicas de la arquitectura civil aragonesa. 

En el interior encuéntrase, ante todo, un amjdísimo vestíbulo que 
cubre hermoso tedio de vigas, sobre zapatas talladas. Sirvió este local 
de sala de l'ribunal, como se detallará en el capítulo dedicado a los edi- 
ficios de Administración de justicia. 

’ .\rco (Ricardo del): Algunas indicaciones... cit. en el I. B. 


90 


Arquitectura civil española 


Separa el vestíbulo de la escalera 
una hermosa arquería de estilo «Re- 
nacimiento», del que también es 
aquélla, con bustos, medallones y 
adornos, trabajados por Miguel de 
Urbines^. 

Los demás locales son los obli- 
gados: salón de reuniones concejiles, 
oficinas, capilla, gran balcón, etc., etc. 

Otros ejemplares. Sería enumera- 
ción larga la de otras Casas Con- 
sistoriales notables de la primera mi- 
tad del siglo XVI, que aun existen, 
algunas en pueblos de pequeña im- 
portancia. Sirvan de ejemplo las 
ilustraciones que acompañan. 



Oo. — SiGÜENZA ((iUAUAI, AJARA). 
Casa Consistorial. Fot. c. de Poicutínos. 


(*■ 

! 

r 



Ci. Boltana (Huesca). Casa Consistori.u.. 

l'oi. Mas. (Colee, del Iii.sl. de Id. Ciifiilaiies.) 


h.xigen mención especial, unas, ])or constituir un tijio aparte del pa- 
laciano descrito. Son las fjue tienen la fachada constituida por un pórtico 

^ Arco (Bigardo del): Algunas indicaciones... ril. en el I. l’>. 


91 


V. L ampérez y Romea 



en la planta ba- 
ja, y una gale- 
ría abierta en la 
principal. Es la 
franca expresión 
ele las necesida- 
des municipa- 
les : el pórtico 

para los ciuda- 
danos, donde a 
cubierto pueden 
reunirse, leer los 
edictos y esperar 
las decisiones; y 
la galería como 
balcón concejil, 

desde donde el Ayuntamiento se muestra al pueblo, ya en sus fun- 
ciones propias, o ya utilizándolo como miradero para presenciar en 
Corporación las fiestas ]:>iiblicas. 


i ) 2 . — Takazona (Zaragoza). 


Casa Consistorial. 

Fot. Navarro. 



6j.— C iudad Rodrigo (Salamanca). Casa Consistorial. 

Fot. Thomns. 


Los eiem])lares de este tijio son muchos, y pertenecen en general a 
poblaciones ])C(pieñas; pero no faltan tampoco algunos de verdadera 
importancia ai([uitectónica, como el de Ciudad Rodrigo, de disposición 
singular (en ángulo entrante) y bello conjunto del «Renacimiento». 


9 - 



Arquitectura civil española 


ADMINISTRACION DE JUSTICIA 

Tas Instituciones. Fuera necesario la erudición de un especialista 
en la materia para dar, siquiera no fuese más que en extracto, una idea 
de las múltiples y caóticas instituciones de Injusticia medioeval. Bastará 
decir que cada entidad tenía su juvisdicción -. los Reyes, los Señores, 
los Abades, los Prelados, los Municipios y los Gremios las tenían especiales, 
y, a las veces, saltan las unas sobre las otras, con exenciones que alcan- 
zan hasta la jurisdicción directa de los Papas. Tos Códigos abundan 
no menos, desde los fundamentales y tradicionales, como el Fuero 
Juzgo y las Partidas, hasta las Cartas, Ordenaciones y Paramentos de 
cada ciudad. 

Tos encargados de aplicarlos son numerosos, comenzando j)or el 
sayón, simple emjdeado subalterno encargado de los más Immildes oficios, 
siguiendo por aquella innumerable e inacabable serie de servidores, bayles, 
jueces de municijños, de mayorazgos, iiupñsidores de juicios, alcaides, 
escribanos, fieles ejecutores... y acabando por el Justicia de Aragón, 
personaje al parigual del Rey en muchos casos. 

Y en fin, los ])roccdimientos de enjuiciar, sentenciar y penar, abarcan 
ancho campo en el que se pierde la investigación necesariamente sinté- 
tica que puede aquí hacerse. 

En este verdadero caos, y jiara nuestro asunto, l)astará distinguir 
los dos actos de la administración de Justicia; el Juicio y la Penalidad . 
A ellos corresponden en el as]>ecto arquitectónico, dos edificios: el Tri- 
bunal y la Cárcel. 

Tos Edificios. El Tribunal. No tuvo la administración de Justicia 
española, hasta el final de la Edad IMedia, edificios especiales y a fal 
uso exclusivamente destinados. Son el salón de un castillo, monasterio 
o palacio, el pórtico o el claustro de una iglesia, la casa ]iarticular de un 
magistrado, y, a veces, el canqio abierto, los locales donde se aloja el 
Tribunal. Los intentos para dotar a la Justicia de domicilio projiio son 
antiguos, aunque infructuosos casi siempre; así, tenemos noticias (annque 
inseguras respecto a la época s de (pie en la Cárcel Real de Toledo había 
locales ad lioc para los juiciosC ])cro también sabemos (|ue en Burgos (y 
seguramente en todas ]>artes) los jueces celebraban los juicios en sus 
casas, contra lo cual ])rotestaron los ciudadanos, obteniendo de Alfonso N, 
al prohibir tal abuso (1275), (jue se considerase, como /xP^c/o de la Justicia, 
la torre o casa concejil-. Más terminante fué el mandato de Alfonso XI 
(1322) para que se construyeran locales comunales propios jiara la 

^ Pisa (ir): Descripción... cit. en el I. I^>., pág. 370. 

2 S.ALV.í (A); Cosas... cit. en el I. H., pág. 155. 


93 


V. Lampérez y Romea 


Justicia; pero resultando infructuosa, acabóse, en tiempo de Enrique III, 
por llevarla al edificio amparo y refugio de todas las instituciones: a la 
Catedral, en las galerías de los claustróse Es preciso llegar a los días de 
los Reyes Católicos para encontrar algún edificio completo, aunque 
modesto, con locales propios destinados a la administración de Justicia^; 
y más definitivamente al promedio del siglo XVI, para ver un Palacio 
de Justicia monumental, al tomar forma las Cancillerías de Valladolid 
y de Granada. 

Caso rudimentario, arquitectónicamente considerado, de Tribunal, 
es aquella silla de piedra, donde el Señor de Vizcaya administraba las 
insticias del Señorío, al aire libre, bajo el árbol de Guernica. La tradición 
remonta al patriarcal solio nada menos que al siglo IX 

No debió ser más complicado, si existió en realidad, el Tribunal de 
los famosos Jueces de Castilla Ñuño Rasura y Laín Calvo. Un monumento 
del siglo XVI lo conmemora, con intentos de ser reproducción del Tri- 
bunal del IX. En el pórtico de la iglesia del Bisjueces (Burgos) hay un 
})oyo de piedra, donde se asientan dos estatuas, representativas de los 
Jueces castellanos, en el sitio donde administraban justicia^. 

Mucho más moderno, pero semejante al anterior en el lugar, es el 
tribunal del siglo XIV, en el pórtico de la Catedral de León. En la fachada 
principal, delanteras a las tres hermosas puertas, hay sendas arcadas que 
forman un porche muy avanzado, sostenido por seis pilares. A más 
de las tres arcadas principales, hay dos intermedias, menores. En una 
de ellas, se alza un rollo donde se lee: locus apellationis ■, detrás, en el 
tímpano del fondo, se muestra en bajo relieve un Rey (acaso Salomón), 
sentado en silla curul, con la espada de la Ley en la mano. El conjunto 
forma como un solio cubierto con dosel. Tal es el edificio donde se celebra- 
ban los juicios de apelación en la ciudad leonesa, en los siglos XIV y XV. 

Completaré las noticias de estos tribunales a cielo abierto, con la de 
dos, todavía más elementales. En Burgos, en tiempos de Alfonso XI, 
las autoridades judiciales se reunían en el mercado de maderas (que 
era una plaza ])ública), por no estar acabada la torre de Santa María, 
destinada a Casa Concejil®. 

En Valencia actuaba, y subsiste aún, el Tribunal de las aguas. Com- 
poníase de un sindico por cada nna de las siete acequias de la vega, y 
se reunía todos los jueves, para fallar, por ])rocedimiento puramente 
oral, todos los litigios sobre riegos de la huerta. Su origen, como el de 


1 Salvá (A): Cosas... cit. en el I. B., pág. 157. 

2 La Cárcel de la Hermandad de Toledo. 

® Zameza (G): La Antigua... cit. en el 1. B. 

^ Salvá (A): Historia... cit. en el I. B., tomo I, pág. 81. 
® Salvá (A): Cosas... cit. en el I. B. 


94 


Arquitectura civil española 


otros análogos de la civilización musnlmana, es oriental, y en España 
se remonta al Califato de Córdoba. Desde el siglo XIV, el tribunal se 
reúne delante de la puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia; 
hasta el XVIII, sn arquitectura se reducía a unos bancos de piedra, 
dentro de un cerco con verja de hierro, pavimentado con losas. Hoy, 
ni eso: unos vulgares asientos, allí transportados cada jueves. Aun 
así, es curiosísima la supervivencia de este pretorio al aire libre C 

Vengamos ya a los locales, propiamente dichos, de administración 
de Justicia. Hay memoria de muchos, y a mayor abundamiento existe 
alguno. 

En el palacio de la Diputación de Aragón, en Zaragoza, del que 
ya se ha tratado, hubo una «Sala de Justicia» donde se reunían los Magistra- 
dos, y también los inquisidores (inspectores, diríamos hoy) de los fallos 
dictados, una vez al año. La «Sala», obra del siglo XV, desapareció 
con el Palacio, en i8og. 

Por las noticias que tenemos de las cárceles Reales de Toledo y 
Sevilla, y de la Hermandad Vieja de aquella ciudad, y por la aun 
existente de la Hermandad Nueva de la misma, sabemos cjue había 
salas de tribunal en esos edificios, reuniéndose así, en uno mismo, el 
tribunal y la cárcel. Eran, en la cárcel Real de Toledo, una de sus casas 
«donde se hace la audiencia de las cansas criminales»-; en la de Sevilla, 
la sala de «visitas» E en la de la Hermandad Vieja de Toledo, la sala 
principal, donde «residía» el Juzgado en la de la Nueva, el salón 
de que luego me ocuparé. En todos ellos, el tribunal aj)arece como un 
accesorio de la cárcel. 

Modesto, pero bello ejemplar de un edificio pro]:>io de administración 
de justicia, se conserva en Ibiza (Islas Baleares): La Curia. Pertenece 
al siglo VE El interior, compuesto de tres piezas, es muy sencillo; la 
fachada se hace notar por el bellísimo hueco de tres arcjuillos conoj)iales 
recuadrados por una moldura. Arriba hay un escudo regional y una ins- 
cripción del siglo XVIII, conmemorativa del Gobernador José Ponce 
de León, que en 1703 mandaba en la isla a nombre de Eelipe V. La curia 
de Ibiza es edificio único de su destino, en sn clase, en Esjxiña. 

Interesantísimo por demás, y quizá único también, es el local (pie 
sirvió de sala de Justicia, en la casa del Ayuntamiento de Huesca, y (pie 
queda mentado en páginas anteriores, lés el gran vestíbulo o jiortal, 
amplísimo, cubierto con rico techo de vigas, sobre zapatas talladas. 
l:.n él avanza la escalera: en sn caja abierta por una hermosa arcpiería 

1 Borrull (J): Tratado... cit. en el I. P>. 

- Pisa; Ob. cit. en el I. F). 

® Chaves (Cristóbal de): Relación, cit. en el I. P>. 

^ Pisa: Üb. cit. en el I. B. 


— 95 


V. Lampércz y Romea 



de estilo «Renacimiento», se ven aún los sitiales del Justicia, del Prior 
de los jurados y de éstos. Allí, sentados, aplicaban las leyes; y para recor- 
darles sus deberes, si preciso fuere, púsose esta sentencia en una cartela 
de la arquería: Quien quiera administrar justicia, cierre los ojos al odio 
y a la amicicia. Hace suntuoso fondo al tribunal oscense el bello a nte 
pecho de la escalera. La fecha de 1578 aparece en otra cartela. 

La Chancillería de Granada. Es el tipo del edificio en que se unen el 
tritmnal y la cárcel, estando aquél no como accesorio, sino como palacio 
principal, con monumentalidad adecuada. 


C4. -Huesca. Casa Consistoriai,. Vicstíbulo v Tribunal. 

Fot. de X. 

Ilu 1505, la Chancillería, que había estado en Ciudad léeal, instalábase, 
por orden dada cinco años antes por los Reyes Católicos, en la xClcazaba 
de Granada. Como es lógico, la adaptación debió resultar deficientísima; 
por lo cual, el Emperador decretó el traslado, en 1526, a una casa del 
Obispo de Burgos. Al mediar el siglo, tenía, por fin, edificio propio. 
La construcción general debió hacerse hacia 1540, y probablemente por 
la dirección de Diego de Siloe; la escalera principal lleva fecha de 1578, 
y debe ser obra de Juan de la Vega; la fachada aun es posterior, de 1587, 
y del mismo maestro C 

1 CrÓMEz Moreno (M): Guía. cit. en el I. H., pág. 401. 


— 96 — 



Arquitectura civil española 


El edificio forma dos partes distintas, aunque unidas: la Chancillería, 
que ocupa el gran cuerpo delantero, y la Cárcel, otro posterior, que con 
aquél forma, en planta, un ángulo obtuso. Es el primero un monumental 
edificio del tipo palaciano, cuadrangular, con gran patio central, con 
galerías y escalera claustral, vestíbulo abierto al patio por grandes arcos 
y crujías en el perímetro, donde se alojan las oficinas y salones. Diestra- 



()5. — (ÍKAN.'VDA. La ChANCILLHKÍ a. l'Ot- l-aurcul. 


mente enlazado con él por una crujía triangular, está el edificio de la cárcel, 
cuya base son dos patios, o, mejor, uno j^artido j)or una galería; dos 
torres angulares con calabozos y grandes naves laterales que fueron a])osen- 
tos de j:»resos v locales de la administración carcelaria. Una escalera esjte- 
cial unía el servicio de ambas instituciones: el Tribunal y la lUnitenciaría. 

La fachada, algo jiosterior en fecha al interior, es más seca de estilo 
y de líneas. Dos cuerj^os la flampiean, con machos almohadillados: 
un gran motivo central, ])ortada y balcón, con columnas pareadas, fron- 
tones ])artidos, cartelas y estatuas. En los entre])años hay puertas, ven- 
tanas y balcones, de igual orden cpie ac[uellos huecos. Todo es como la 


97 


V. Lampérez y Romea 


época daba de sí: clásico, jugoso en el piso bajo, y más seco conforme 
se eleva. El conjunto, severo, es un poco desarmónico. 

Le vence en belleza el patio, de doble piso, con arcos de medio punto 
el inferior, adintelado el superior; dórico aquél, y jónico éste: todo gran- 
dioso y artístico. La escalera, algo posterior, como queda dicho, es ma- 
jestuosa, aparentemente ligera, por lo atrevido de la bóveda que la sustenta, 
y suntuosa, por los ricos ventanales y la encasetonada techumbre, en 
la que las pechinas con mocávahes dan la nota tradicional morisca. El 
vestíbulo, abierto y señorial, contribuye al artístico conjunto. 

Los patios y fachadas de la cárcel son de la misma época fmitad 

del XVI) y del 
mismo orden, pe- 
ro más sencillos, 
modestos y oscu- 
ros. 

Casa de Corre- 
gidores y Cárcel 
de Baeza (Jaén). 
«Esta obra se hizo 
por mand ato de 
los ilustres seño- 
res de Baeza, 
siendo corregidor 
della el muy ilus- 
tre señor don 
Juan de Borja, 
año de i559>>. Así 
dice una inscrip- 
ción en la facha- 
da del edificio. 

Tiene éste he- 
churas que más 
convinieran a un 

lujoso palacio «])lateresco» que al severo local de la Justicia y al triste 
de los condenados. Sobreponiéndose al destino, y faltando al carácter, 
el Arte derrochó allí sus galas en escultura y tallas. 

Dos j)isos tiene la fachada: en el bajo, sencillo, se abren dos lujosas 
])uertas y dos ventanas. En el principal, grandes balcones tienen la com- 
])osicié)n de un arco central y dos adintelados laterales, tan cara a Palladio 
y a sus imitadores en España. La corona, un magnífico alero de madera, 
riquísimamente tallado, con imaginación inagotable. Y no es menor 
la de todos los relieves, escudos, cartelas, arcos 3^ jambas de puertas. 



66. — t)AEZA ( ¡AÉN). Antigua Casa de Corregidores. Planta. 

Plano de X. 


98 - 


Arquitectura civil española 



frisos, ventanas y balcones. A los lados de la puerta resaltan dos figuras 
de la Caridad 3^ de la Justicia, (pie no dejan duda del primitivo destino del 
edificio ; y lo afianzan las inscripciones bíblicas, que en sendas cartelas dicen : 
«Beatus qui intelligit super egenum et pauperem in die mala». «In medio 
justicise misericordiae recordaberis : misericordia superexaltat juditium». 

No es hoy Corregimiento ni Cárcel el hermoso edificio; el cambio de 
su destino por el de Ayuntamiento, con las modificaciones consiguientes, 
impide analizar la disposición interior que tuvo, con relación a sn objeto. 
Un hermoso vestíbulo conduce a una escalera imperial; dos patios sirven 
los diversos loca- 
les; los de pri- 
sión estuvieron 
en el lado de la 
izcpiierda. 

¿ Qué artista 
labró la hermosa 
fachada? Si no 
fué Andrés de 
Vanda-elvira, de 
su escuela era, y 
de los sobresa- 
lientes. 

Casa de la Co- 
fradía de los Caba- 
lleros liijosd algos 
de Bacza {llamada 
generalmente «ca- 
sa del pópulo»). 

Junto al doble 
arco de ingreso 
a Baeza, por la 
carretera de J aén, 

se alza este pequeño y lindo edificio. La fachada ])iinci])a 
tiene dos plantas, con huecos rectangulares, entre columnas (las de 
piso bajo; y guarniciones de rej^isas, columnas abalaustradas, frontones 
medallas con cabezas «a lo heroico», y tres escudos; en el centro, el Rea 
o Imperial de hlsj)aña, con el águila bicéfala, y el Toisón de oro; a ki 
izquierda, el de la ciudad, ya la derecha, uno lambre(|uinado, (pu'cs, segur 
parece el de los Guevara. Remata la tachada una cornisa con cam's \ 
dentículos. El edificio, rectangular, tiene otros trentes insigniticantes 
trátase, como se ve, de una jicípieña edificación de estilo «Renaci- 
miento», en su manera «plateresca» y de tedia comprendida c‘n el segunde 


It.MiZA (Jaén). Antigua Casa de Cokkeí.idokes y ('Akcel 
(HOY Casa Ayuntaimiento). 

I'ot. Oi neta. 


7 * 


— 99 


V. Lampérez y Romea 



cuarto del siglo XVI ^ Si esto es claro e indubitable, no lo es lo mismo 
el objeto para el que fué construido. Por Casa Consistorial le tuvieron 
algunos autores. Mas, demostrado que a poco de 1414 se hizo con aquel 
destiuo la de la plaza de la Catedral de que ya se trató, y que sirvió 
hasta 1835, hay que buscarle otro origen. Y no parece descaminada la 
opinión del historiador local citado, que dice que el monumento en 
cuestión se levantó para Casa de la Cofradía de los «Caballeros hijos- 
dalgos descendientes de los Infanzones ganadores de Baeza», en los tiempos 

del Gobernador de la diócesis 
I). Gabriel de Guevara-. 

Dado tan singular des- 
tino, ¿ en qué sección de las 
que comprende el cuadro de 
la Arquitectura civil pública, 
cabe la «Casa del Pópulo», 
de Baeza? Netamente, en 
ninguna. Vaya en la de 
los Edificios de Administra- 
ción, con todas las salve- 
dades. 


68. — Baeza ( J aén ) . Antigua Casa de C orregidores 
Y C.4rcei. (hoy Casa Ayuntamiento). Detalle. 

Fot. Orueta. 

Entre ellos se abren una de las puertas 


El Archivo de Pleitos del 
Distrito de Burgos. Edificio 
singular en España, que si 
lio fué Tribunal de Justicia 
a sus funciones hace relación 
en el «Archivo» de Covarru- 
bias. Hízose en el reinado 
de Eelipe III para depósito 
de todos los pleitos «feneci- 
dos», del distrito de Burgos; 
hoy es Casa del Ayunta- 
miento. Es un edificio de 
planta rectangular y masa 
paralepípeda, cuya unidad 
de conjunto alteran sola- 
mente ocho contrafuertes, 
de la villa y ventanas con 


guarnición y verjas, de un «plateresco» retrasado, pero muy bello; como 


^ El Sr. Cozar, en sus Noticias... cit. en el E B., ilice que las partes de este edificio 
son de la época romana, y proceden de las ruinas de Cástulo. Hay giave error en ello. 
- Vid. Lampérez (V): La Casa, cit. en el E B. 


100 


Arquitectura civil española 

lo es el escudo de España, que campea bizarramente en lo alto del 
muro exterior. Grandes salones ocupan las dos plantas superiores. Es, 
en suma, un interesante y estimable monumento, por su destino, por su 
singularidad y por su arquitectura, pródiga de belleza y de carácter. 

Las Cárceles. Los procedimientos penales de la Edad Media se 
fundaban, principalmente, en el pago de multas, de que los Fueros y 
Cartas nos dan abundantes noticias, o en las penas corporales: desore- 
jamiento, mancamiento, despeñadura, horca, degollación, coción en calde- 
ras, etc., etc... No sería, pues, muy numerosa la población penal, y las 
cárceles, como edificios, no tendrían mucha importancia. Existieron, 
sin embargo, como es lógico. 



(>g. — Baeza (Jaén). 


C ASA 


DE i.A Cofradía de Cahali.eros 
V Arco del Pópulo. 


Hijosdalgos 

Fo/. Oinctn. 


Lo eran, desde luego, todos los calabozos particulares, que en castillos, 
torres, palacios y monasterios, respondían a las también ])articulares 
jurisdicciones de señores, abades y corj)oraciones. De ellos me ocupé 
en las páginas dedicadas a la Arquitectura palaciana, y allí también 
quedó citada la disposición de las Partidas, relativa a la e.xclusiva que 
el Rey se reservaba de «mandar facer cárcel»'. 

Reales, por este privilegio, o municipales, ]>or cc'sión, fueron las cár- 
celes medioevales. En el caso más frecuente se destinaba para ellas \mo 
de los torreones de la muralla, unida a la casa del Concejo, (jue, según 


^ Partida 7“. Título XXIV, ley XV. 


loi 


V. Latnpérez y Romea 


hemos visto, estaba también en él. Del hecho nos da clara noticia el 
referente a Burgos, en el siglo XV. En 1431, el merino Pedro Carrillo 
j)idió sitio para meter los presos en la Torre de Santa María, «porque 
las torres estaban llenas», a lo que el regidor Pedro Siiárez se negó, «porque 
dicha torre era la mejor de la ciudad» b y en ella estaba, como hemos 
visto, la casa del Ayuntamiento. 

Aun sin entrar en las torres, la anexión de la cárcel a la casa concejil 
era común y corriente; en los siglos XV y XVI, nos da de ello ejemplo 
la de Valencia, hasta que fué destruida por un incendio en 15852; y en el 
XVII, el j)royecto de la de úladrid, hecho en 1640 por Juan Gómez de Mora, 
en el que se incluyó la nueva prisión, en las crujías posteriores 

Tas cárceles Reales tuvieron edificios hechos ex profeso: hay noticias 
de la casa-fuerte para j^resos, que mandó hacer en Olite, en 1410, el Rey de 

Navarra; y más detalladas, 
de las de Toledo y Sevilla, 
en el siglo XVI, como luego 
se verá. Aparte de ellas, las 
hubo privativas de corpora- 
ciones y entidades: así, en 
Sevilla, tenían cárceles la 
Audiencia, la Hermandad, 
el Arzobispado y la Contra- 
tación ; en Toledo, la Her- 
mandad; en Valencia, ei 
Consulado; en Salamanca, 
la Universidad... Los edi 
ficios eran de muy varia 
clase: conocemos el espe- 
cial de la Hermandad 
de Toledo, que, aunque 
alterado, se conserva ; existe la torre de la cárcel consular de Valencia ; 
la citada de Salamanca estuvo hasta el siglo XVII en casas alquiladas, 
a pesar de ciertas tendencias a levantarla projiia^. 

Creadas en el siglo XV las Chancillerías y levantados sus edificios, 
se hicieron al par sus cárceles, a ellos adosadas. La de Granada existe, 
como queda dicho; la de Valladolid fcTVO edificio-tribunal perdió toda 
su importancia) la tiene adyacente, reconstruida. 

’ Salvá (A.): Cosas... cit en el I. B., pág. 185. 

2 Véanse las obras de Li.okente 3^ de Salielas, qne se citarán en la descripción de 
la Tíure de Serranos. 

2 PoLENTiNOS (Conde de): Datos históricos... cit. en el I. B. 

'* Huarte-Echenique (Amalio); ob. cit. en el I. B. 



70.- COVARKUBIAS (BURGOS). ARCHIVO DE LA 

Audiencia de Burgos (hoy Casa Consistorial). 

Fot. Morera. 


102 


Arquitectura civil española 


Ji C 





-I. — Valencia. 'foRRE de Serr.anos. Planta. 

Plar.o de Mora 


La Cárcel de la Torre 
de Serranos en Valen- 
cia. Una cárcel monu- 
mental, c}ue reunía a 
esta circunstancia la 
ele ])resentar el tipo de 
la prisión en un cas- 
tillo, arriba citado co- 
mo característico de 
la Edad Media, fné la 
hoy lim})ia, restaurada 
y cuidada puerta de 
Serranos. Cierto es 
que sólo per accidens 
tuvo este destino, y 
no en fecha anterior 
al final del siglo XVI ; 


aun así, el edificio en sí, 
y las exactas memorias que 
tenemos sobre su adapta- 
ción a cárcel, permiten 
incluirlo como ejemplar de 
edificio penitenciario. 

Como ya se ha dicho, 
la prisión valenciana estaba 
en los bajos de la Casa de 
la ciudad, hasta que el in- 
cendio de 1586 la destruyó. 
Habilitóse para sustituirla, 
la torre de Serranos^ por 
el pronto sólo albergó 
«caballeros y gentes hon- 
radas»; después, a toda 
clase. 

Era en 1392 cuando el 
Consejo general de Muros 
y Valladares comenzó a 
rehacer el Portal de Serra- 
nos de la vieja muralla. 



72.-- t'.U-ENCiA. Puerta de Serranos (interic)R). 

Fol. Mas. 


1 Así llamada porque en los barrios a que daba entrada la ])uerta vivieron, desde 
la reconquista de la ciudad, las gentes de las tierras aragonesas. (Vid. Llórente, ob. ci- 
tada en el I. B., j)ág. 531.) 


— 1 03 — 


V. Lampérez y Romea 


^eccco^ 



73. — Valencia. Torre de Serranos. Sección por A-B. 

Plano de Mora. 


— 104 — 



Arquitectura civil española 



" 105 — 




V. Lampérez y Romea 


bajo la dirección del maestro cantero Pedro Balagiier. Había hecho preci- 
samente im viaje para estudiar puertas y torres, y la admiración de la 
Puerta Real del Monasterio de Poblet^ inspiróle la de Serranos. En 1398, 
la obra estaba concluida. El conjunto del monumento consta de dos 
torres poligonales unidas hacia el exterior de la ciudad j)or un lienzo 
de muro ornamentado con una tracería ciega, y hacia el interor con una 
plataforma para la defensa del puente y rastrillo, y comunicación entre 
ambas torres. Tienen éstas tres pisos, de locales abovedados, con cru- 
cerías. Adarves amatacanados y almenados circundan hacia el exterior 
torres y muros. La obra es de estilo gótico, bellísimo y severo. No es 
éste el lugar de hacer un análisis de sus condiciones militares, que pueden 
verse en estudios especialistas-. 

Las Torres de Serranos, utilizadas como cárcel en 1586, continuaron 
con este destino hasta 1888. No mucho antes las visitó un ilustre sociólogo, 
que, al describirlas'^, nos dejó un gráfico de lo que fuera una prisión 
en el siglo XVI, sin duda retrotraible a doscientos años, a plena Edad 
Media. Utilizando los recintos (pie Pedro Balaguer dispusiera para estan- 
cia de tropas y abastecimiento de pertrechos, las escalerillas de acceso 
y el espacio abierto que entre ambas torres contiene la escalera de subida 
a adarves y azoteas, habilitáronse calabozos, iglesia, dependencia y patio ( ?;, 
todo tan apretado, angosto, empinado y oscuro, que semejaba «el soca- 
vamiento del troglodita». La luz no entraba sino derivada por estrechas 
ventanas abiertas en recios muros, tupidas de hierros. El espacio entre 
torres contenía locutorios; encima «la campana», y más arriba la prisión 
llamada «de los chicos», por lo baja de techo. La torre de la izquierda 
contenia, en sus tres primeros pisos, «elCubo», «La Comuna», «los calabozos», 
«la Saleta» y «San Vicente». La Comuna eran las letrinas; el Cubo el ver- 
dadero modelo de la mazmorra. «Por sus tres rejas inferiores, — dice 
Salillas, — entramadas de gruesos barrotes, el aire y la luz luchan 
por abrirse paso y no pueden vencer la oscuridad... ni mucho menos 
la neblina miasmática que evaporan los cuerpos hacinados. Los hombres 
])arecen sombras, y se revelan más por el resuello cpie por el bulto.» 
Lu cuanto a «los calabozos», eran seis in pace por su estrechez y oscuridad. 

Servía de lugar de esparcimiento y aeración, a modo de patio, el 
espacio entre ambas torres. En la escalera en él contenida se empinaban 
los presos en ansia de luz y de aire: «contraposición de la escala mística 
del sueño de Jacob». 


Levantada entre 1367 y 1377 por Pedro IV el Ceremonio.so. 

2 Dorda: Las torres... cit. en el I. B. — González Sim.ancas (M): Z-n PnfrÁ?, citada 
en el 1 . B. 

3 Salillas (R); La vida... cit. en el I. B., pág. 350. Tramoyekes (L) : Las cárceles, citada 
en el 1 . B. 

— 106 — 


Arquitectura civil española 


Las demás dependencias de la cárcel (rastrillo, oficinas, botiquín, 
capilla de reos, departamento del alcaide y otras salas de presos) que no 
cupieron en las Torres, fueron alojadas en im edificio contiguo. 

Tal filé la cárcel «modelo del siglo XIV»; tan horrible, que el Presidente 
de la Audiencia informaba en 1880 que «era albergue de fieras, más 
bien que de seres humanos». ¿ Dónde queda acpiella piadosa ley de Alfonso 
EL Sabio, que prohíbe los malos tratos a los presos, «ca la cárcel debe 
ser para guardar los presos, e nom para fazerles enemiga nin otro mal, 
nin darle pena en ella»?^ 

Las Cárceles de la Hermandad en Toledo. Fueron las Hermandades 
viejas unas milicias municipales, formadas en principio para contener 
los desmanes de aquellos Colmeneros, gentes aventureras que, «no sa- 
biendo otra cosa cpie hacer»-, se dedicaban a toda clase de fechorías 
en Sierra Morena. Fundáronlas los jmeblos de Toledo, Ciudad Real y 
Talavera, y fueron ordenadas por Fernando III en 1220. Después las 
Hermandades se extendieron a milicias concejiles, si creadas con aquel 
objeto u otro análogo, bien jironto utilizadas con diversos fines y en varia- 
das ocasiones. Más tarde, los Reyes Católicos, volviendo los ojos a la 
primitiva institución, la extendieron a todo el reino, creando otra Herman- 
dad a su imagen, en 1476. Aparte de las trojias de a pie y de a caballo, 
necesarias para la guarda de los campos y caminos, había un Tribunal, 
formado por un diputado por cada provincia, el cual juzgaba ]>or pro- 
cedimientos sumarios y ejecutivos^. 

Local para estos juicios, y cárcel para aijuellas penalidades, es el 
edificio que aun se conserva en Toledo (aumpie con otro destino), y cuya 
fachadita han popularizado pintores y fotéigrafos. 

Lhia esquina a dos callejones: por el lateral, la fachada es insignifi- 
cante; la del frente es estrecha. Sobre su liso muro se encuentra toda 
la composición arquitectónica. Lina puerta rectangular, y más arriba 
una ventana, son los huecos; los encuadran, abajo, dos columnas con 
capiteles de hojas y un dintel, flanqueado jior dos ménsulas que sostienen 
sendos leones. Siguen las líneas verticales de las columnas, con otras 
dos de menor diámetro, que se unen con un arco apuntado y una inq)osta 
horizontal. Dos heraldos rematan las columnas en el muro; a los lados 
de estos elementos arquitectónicos cam])ean dos escudos de Fsjiaña, 
uno de los Reyes Católicos y otro ile los Austrias (este último sobrejniesto 
en jiosterior época;, el yugo y el haz de flechas y dos figuras de cuadrilleros. 
La fachada se corona j)or un voladísimo alero de madera. La conqio- 

^ T\v'tida 73. Título XXIV, ley XI. 

Deselot (I). Bern.vrdo); Crónica... cit. eu el 1 . IL. pá;. (>27. 

® Las Ordenanzas fueron reco])ilaclas en 1845 (Memorias de la Real Academia de 
la Historia, t. IV). 


107 


V. Lampérez y Romea 


sicióli de esta portada, si parece gótico decadente por los detalles, es 
miidéjar por la composición, caracterizada por el encuadramiento de los 
dos huecos, por las altas líneas verticales, coronadas por un elemento 
horizontal, y las voladas ménsulas sosteniendo leoncetes: es el tipo de 
tantas obras de arte mahometano o mudéjar en Toledo y Sevilla, de los 
siglos XIV y XV. 

El edificio tiene, con una planta muy irregular, limitada por las dos 
calles, y varias casas, una parcial de sótanos, y otras dos, baja y prin- 
cipal, también éstas parcial- 
mente. A través de las 
modificaciones y adapta- 
ciones modernas, creo 
descubrir en su distribu- 
ción el sistema completo 
penitenciario. La planta 
baja contiene elzaguán,que 
sería el cuerpo de guardia 
de los cuadrilleros ; a la 
derecha, una sala, acaso 
oficina del Tribunal; al 
fondo un segundo vestí- 
bulo, con la escalera a la 
diestra y diversos locales 
a la izquierda (acaso habi- 
tación de los sayones), y al 
fondo el rastrillo o puertas 
donde empezaban las pri- 
siones, y más al fondo, 
un patio. Flanquean éste, 
en tres de sus lados, sendas 
75. -Toledo. Cárcel DE L.\ Hekmandaií. Fachada. crujías; las laterales de- 

l'o!. Moreno. bieron ser estancias de los 
presos menos peligrosos, 
o cuartel de los cuadrilleros, con cuadras para la milicia 
montada; la del fondo contiene la capilla. Este patio sería 
lugar de esj^arcimiento de presos y soldados. Traspuesto el rastrillo 
se entra en una estancia que debió ser locutorio, en el cual los presos 
veían a los jueces y familias j)or la ventana p, y los oficios divinos 
]X)r la n. De ese vestíbulo y locutorio se desciende por una escalera 
a la })lanta semi-subterránea. En ella, un patinejo sirve de centro 
a la penitenciaria-, cuatro calabozos subterráneos rectangulares, 
abovedados, siu más huecos que las puertas de entrada. Guardada la 

— 108 — 





Arquitectura civil española 



76. — Toledo. Cárcel de la Hermandad. Planta de sótanos. 


Plano de Lauipcrez. 


— 109 — 


V. Lampérez y Romea 



77. — Toledo. Cárcel de la Hermandad. Planta baja. 

Plano de Lampérez. 


I 10 


Arquitectura 


española 


civil 



— III — 


OLEDO. Cárcel de la Hermandad. Planta principal. P/ni/o de Lampérez. 


V. Lampérez y Romea 


escalera y el rastrillo, la fuga era imposible. Debían ser los calabozos de 
los malhechores de peor casta y más peligrosos. En casos de aglomeración, 
pudieron contener hasta cuarenta presos. 

Por la escalera principal se asciende al salón del Tribunal, donde se 
celebraban aquellos juicios sumarísimos que tan temida hicieron la Santa 
Hermandad. Es una gran estancia rectangular, techada con una armadura 
mudéjar chaflanada, poco lujosa, con faldetas, cuadrales, almizate y 
cinco pares de tirantes. Hoy las paredes están desnudas de tapices y 
muebles; sólo tienen, en la del testero, dos pinturas interesantísimas que 
representan dos cuadrilleros de la Hermandad, con sus uniformes típicos 
y originarios. 

Tal es este curiosísimo, acaso único, edificio subsistente de la Edad 
Media es])añola,en el que se unen el conjunto de Tribunal y Penitenciaría b 

La Cárcel Real de Toledo. Estaba en la parroquia de San Román b 
En 1575 filé reedificada y mejorada, y no mucho después se le agregó 
otra casa principal para Audiencia y prisión de gente «más honrada». 
El sistema distributivo era el común: un patio con corredores y crujías 
alrededor. En la planta baja había un local de oficinas, cerca de la entrada, 
provista de un postigo «con buena guardia», aposentos de presos, se- 
parados los de los hombres de los de las mujeres, y capilla donde se decía 
la misa, que oían los presos desde el patio y desde los corredores. En 
la otra planta estaban otros aposentos más «desenfadados» (cómodos, 
para gentes de más calidad «y menores delitos», y otros, por el contrario, 
«fuertes y temerosos», para los incorregibles. Enera de éstos, la demás 
población jienal andaba libre por patios, galerías y aposentos, hasta la 
noche, que se les ponía bajo llave. Del aspecto de la prisión dan idea 
estas palabras del Dr. Pisa: «Pero ved la chusma de tantos presos, tan 
asquerosos y desarrapados, y algunos en vivas carnes, su hedor y con- 
fusión y vocerío, no parece sino un retrato del infierno.» Lo de la moralidad 
del sistema penintenciario jiuede juzgarse por el dato que se lee en las 
Ordenanzas de Toledo: «El Alcaide de la cárcel tenía en ella bodega y 
taberna de su propiedad.» 

La Cárcel Real de Sevilla, gloriosa por haber estado en ella Cer- 
vantes, nos es conocida por la detallada descrijición de Cristóbal de 
Chaves, glosada modernamente por dos autores^. Era un edificio 
situado en la calle de las Sierpes) con tres pisos, capaz para 1.800 presos 

1 Mucho después de escrito esto se han pulilicado, en la revista Toledo, unos artícu- 
los sobre La Santa Herniandad. (Vid. Páramo (A.), cit. en el I. P.) 

^ Pisa (J.): Descripción... cit. en el I. B., pág. 370. 

3 Chaves (Cristóbal); Relación... Gallardo, Zarzo del Valle y Rayón: Biblio- 
teca... cit. en el I. B. 

Salillas (R.) : La vida... La cárcel... cú. en el I. B. Navarro Ledesma (F.): El Inge- 
nioso, cit. en el 1 . B. 


I 12 


Arquitectura civil española 


entre hombres y mujeres, pues admitía los dos sexos. Tenía patio central 
rodeado de galerías. Desde la entrada, un largo zaguán, con el rastrillo, 
conducía al patio y escalera. En la planta baja había salas de filiación, 
de jueces y magistrados, de vistas, y para comedor de los presos de po- 
sición. Dentro, en el ]:>atio, catorce calabozos de pvefeyeiicia, que eran 
habitaciones que un preso alquilaba a otro, en calidad de huésped; en 
otra galeria estaban ( detalle curioso) cuatro tabernas y bodegones, dos 



79. — M.\rtos (J.mín). L.v ('.\kcei.. 

Fot. FspüSü. 


tiendas de verduras, fruta, }^a])el, tinta, aceite, etc., etc., y \mrias «tablas 
de juego» (!!!) álás al interior se f)lía la cloaca, grande como un cstampie, 
muy honda, con columnas y bordes con escalones de j)iedra. En otra 
parte de este ])iso, otro patio era núcleo del de])artamento dt' las mujeres. 

hm la ])lanta principal estaban los aposentos fuertes: la (lalera \'ieja 
y la nueva, donde se aglomeraba la j)oblación penal más temible. 

l'm el ])iso segundf) \'i\áa el Alcaide, que, como no tenía sueldo, S(' lu- 
craba alquilando habitaciones a los ])resos ])udientes y distinguidos. 
Estaban, además, las habitaciones del ca])ellán mayor, los senácios 


S 


V. Lampérez y Romea 


administrativos del Patronato que, por caridad, asistía a los presos pobres; 
la enfermería, v otros aposentos de presos menos temibles. 

Había también en la cárcel talleres establecidos por un particular, 
y una capilla, en el patio y en alto, donde se decía misa diaria. 

Como se ve, esta famosa cárcel contenía en esbozo todo el programa 
penitenciario: dependencias administrativas, judiciales, penitenciarias, 
sanitarias, religiosas, y de trabajo. i\Ias ¡en ([ué confusión y estado! 
Guien de ello quiera formarse idea, lea los autores citados, en los que, 
con rasgos del más crudo naturalismo, se describe aquella vida penal, 
('orno el Estado no subvenía a las necesidades de los empleados ni 
de los presos, cada cual se las ingeniaba como podía : el alcaide, alqui- 
lando los aposentos de su casa a los pudientes C los porteros, cobrando 
las salidas de los presos, y hasta su pernocte fuera de la cárcel, 
y las entradas de amigos y «amigas», y las de comidas y bebidas; 
los comerciantes, vendiendo en los bodegones y tiendas del patio; los 
presos matones, alquilando aposentos, o cobrando el barato en las «tablas 
de juego», o el derecho a los camastros, ¡o el asiento en la 
cloaca! y, al final, los presos pobres y pusilánimes, andando ham- 
brientos, hediondos y «en vivas carnes», sin más amparo que la 
caridad del Patronato. 

La Cárcel de Marios (Jaén), hqemjilo de acjuella inadaptación al 
destino, (pie he señalado al tratar de la Casa de Corregidores de Baeza, 
es también la cárcel de Marios, notable por la monumental portada. 
Es obra de la segunda mitad del siglo XVI, pero de estilo todavía 
«Renacimiento», aunque ampuloso. Tiene un «orden» dórico, de columnas 
emj^otradas, divididas en tambores, alternativamente lisos y «rústicos», 
dintel almohadillado y frontón partido por un círculo, cpie encierra un, 
escudo de armas. A los lados hay sendas estatuas alegóricas. Completan 
la monumentalidad unas cartelas (pie flanquean la jiortada, con guar- 
nición de molduras y remates ornamentales. Hay en todo ello im recuerdo 
del gran arte de Machuca. 

Nada puedo decir en orden a la disposición interior del edificio, pues 
no he podido visitarlo, ni adquirir datos. 

Otras construcciones auxiliares de Administración y Gobierno. Trataré, 
en primer lugar, de las destinadas al cumplimiento de las penas cor- 
porales, horcas y picotas. No por su triste destino dejan de tener cierta 
importancia arquitectónica. 

1 Tales alquileres, y otros semejantes, eran costumbres admitidas en la época. 
Carreras y Candil... (cit en el I. IT, jn'ig. 377) da a conocer el privilegio que obtuvo 
en Barcelona, en 1437, un tal Figucras, para ahpiilar camas a los presos que no qneiían 
dormir sobre la paja, en el suelo. 

— I14 — 


Arquitectura civil española 


La horca. Había en ciertas poblaciones horcas permanentes, si- 
tuadas en puntos muy piiblicos y pasajeros, en las que se ajusticiaba 
a los reos, dejando pendientes sus cadáveres para que el horror de su 
vista sirviese de escarmiento. No conozco noticia alguna que autorice 
a suponerlas con la monumentalidad (?) que tenían en el extranjero: la de 
Montfaucon, por ejemplo, descrita por ViOLLET-LE-I)ucb La Crónica 
de Don Alvaro de Luna cita*'^ <d.a casa de la torca» en Toledo; denomi- 
nación que no define bien qué sería esa «casa», aunque parece significar 
construcción de alguna importancia. Más sencilla era la de Sevilla a me- 
diados del siglo XV, cuya composición conocemos. De muy antiguo, 
escribe Morcado ' h hay... la horca que dicen de Tablada, que está 
formada en cuadrángulo de cuatro vigas atravesadas sobre cuatro pilares, 
cuyo aparato se cercó cou un muro bajo de piedra, por un santo varón, 
Pedro Martínez de la Caridad, para librar a los cadáveres de toda clase 
de profanaciones h Acaso tuviese igual composición arquitectónica (! !) 
la horca de Valencia, que estuvo situada en la plaza del Mercado, precisa- 
mente por lo concurrido del lugar, hasta cpie en la ])rimera mitad del 
siglo XV íué trasladada a las afueras, a petición de los vecinos, nada 
conformes con el horrendo espectáculo ■>. 

La picota. Era un j^oste donde se exj)onían los reos a la vergüenza 
pública, o se les castigaba, y hasta (en casos) se les ahorcaba; y también 
en ellas se colgaban los restos de los descuartizados, para saludable es- 
carmiento. Las Partidas del Rey Sabio citan la picota como el lugar 
donde los delincuentes eran puestos jiara su deshonra y castigo con 
azotes, mutilaciones y exposición al sol, untados de miel ú Las Or- 
denanzas de Darbastro mandan: «De aquel cpie dirá mal de Dios... 

esté todo el día ligado a la estaca» L Abundan, en fin, los doenmentos 
medioevales que contienen citas de la jncota. 

Como forma arquitectónica, se adivina (pie en su origen sería nn 
árbol o ])alo hincado en el snclo. líl nombre de estaca, de acjiiellas Or- 
denanzas, lo declara. Por cuestión de perdurabilidad, se harían luego 
de piedra, con los elementos naturales y necesarios: un basamento 
para la colocación del reo, encima un cilindro, cohunna o jiilar, al que 
estaban sujetas las cadenas, argollas y garfios. IVr razón de juris- 
dicción se añadiría el escudo del que ejercía la justicia; jior la de arte, 
algún remate. Así es la picota de iMendoza (Alai’a), cpie debe mencionarse 

^ IHctionnairc («Fanrches»), cit. en el I. P>. 

- Pág. 206. 

^ Morc.ido, cf. 

■* Rodríguez M.\rín (F): El Loaysa... cit. en el I. P>., pág. 205. 

•’ Llórente, cf. tumo I, })ág. 630. 

^ Partida 7a., ley 4^. 

' Paño (M); Ordenanzas... cit. en el I. P>., pág. 527. 

— 115 — 


8 » 


V. Lampérez y Romea 


])or ser acaso la única que subsiste. Sobre un basamento en gradería 
se levanta un cilindro de piedra^ rematado ])or una pirámide; lateral- 
mente tiene escudos con castillos y leones; en la parte baja penden ca- 
denas con grillos. Parece obra del siglo XV. Las noticias de alguna 
otra dan análoga composición: la de Valladolid^ era un pilar rematado 
por un león cpie o]:>rimía entre sus garras la cabeza de un moro. 



8o. — ^I endoz.v (Ál.\v.\). La L'icota. 

Fot. du X. 


Se ha escrito que, para el uso de la picota, se utilizó el rollo, con lo 
fpie se trata de unificarlos. Entiendo ([ue en ello hay error. El rollo es 
cosa distinta, en origen y destino, de la picota, auncpie haya habido ocasio- 
nes en que aquél hiciese el oficio de ésta-. El rollo es un hito, o mojón, 
indicador de jurisdicción realenga, señorial, abacial o municipal, o de 
límite territorial, y, en ciertos casos, reúne, con alguno de estos oficios, 
el de monumento conmemorativo. En aquellos sentidos, su descripción 
(jueda ]')ara ser tratada en las j^áginas de este libro destinadas a las 
obras de utilidad pública. 


' Sul)Mstió hasta 1841. Ouadrado: Valhidolid. cit. en el I. B. 

- Citaré, como prueba, la írasc de ’l IKSO DE MoLix.v: «Eir la jccota del rcdlo»; la del 
Dicihlo Cojudo, sobre el rollo de Ecija: oárbol berroqueño. que suele llevar hombr^:^ como 
iluta.», y otras. Vid. BjERNALDo de Ouirós: Lo Picota, cit. en el 1 . B. 

— 116 — 


Arquitectura civil española 


4° .—CIVILIZACION MAHOMETANA 
(sk;los \ni ai. xv) 

Escasísimas son las noticias qne tenemos sobre estos edificios miisnl- 
manes españoles, y, desde luego, ninguno subsistente. 

De los de administración, sabemos que había tantas oficinas como 
servicios, constituyendo lo que en conjunto se llama diván entre los turcos. 
El edificio que las contenía se llamaba según Conde, que dice' 

que la de Sevilla era la casa del Senado, donde se reunían los Consejeros, 
V donde se llevaban las cuentas de las rentas públicas. Y añade - que 
Agud mudó la aduana a Córdoba; es decir, el gobierno; a lo que parece 
correspondería nn edificio que reunía todos los de la gobernación y ad- 
ministración públicas. 

Representativo de la Superior, es el mcxiiai\ salón de los palacios 
de los sultanes, donde tenían sus Consejos, con el hagih o jmimer ministro 
y los demás jtersonajes de la Corte h 

Conocemos, aunque sólo de nombre, las «Casas del Tesoro público», 
en Granada^. 

De los edificios donde se administraba la Justicia, algo más, aunque 
no mucho, se sabe. En general, no parece ([ue tenían locales hechos 
expresamente con ese objeto; los tribunales actuaban en sitios determi- 
nados de otros edificios. El mexuar era, al par que salón del Consejo, 
tribunal donde el sultán, o en su defecto el cadí ( juez') mayor, oía a los 
litigantes; así sucedía en Granada. 

En otras partes, o para distintos tribunales, el lugar era una puerta 
de un palacio: en el Real de Córdoba juzgaba el zabalmedina o juez de 
lo criminal y en la Jndiciaria de Granada el cadí de la ciudad 'c Tam- 
bién las aljamas eran sitios tribunaheios : en las de Córdoba, es seguro, 
por el relato de un liistoriador árabe y en la de Valencia, debe su])oncrse, 
para el musulmán tribunal «de las aguas», ]uies por tradición signe reunién- 
dose en la puerta de la Catedral. 

Como noticia singular, hay la de que en el Zacatín de Granada 
había una casa de jiisíicia. Era, pues, un edificio pri\aiti\’o de la Justicia'', 
algo como nuestras Audiencias. 

^ ( onde: líistoyia... cit. en el I. B., páy 2f). 

- ('onde: Historia, pág. 32. 

^ \’éase lo dicho en la (lescrij)ción (U“ la .Mhanihra (tomo I). 

'* r.vsPAR Y Remiro (M): De Granada... cit. en i'l 1 . B. 

Altamira: Historia... cit. en el I. B. 

(léiMEz Moreno: Guía... cit. en el I. B. 

' J. Riber.v: Discurso de recepción in la ]t. A. ]{., cit. m el I. V>.. jiág. 22. 

® (lÓMEZ (Moreno: Guia... cit en el I B. 

— 117 — 


V. Lampérez y Romea 


Y como noticia complementaria del asunto, hay la de que las aljamas 
judías tenían un concejo o corporación gubernativo, que se reunía en 
edificios agregados a las Sinagogas. Así se supone la de Samuel Le vi 
en Toledo h 

De edificios ])enitenciarios hispano-mahometanos sabemos que hubo 
uno, con alta categoría, en Zahara. Dozy, tratando de Almanzor, escribe 
que en 978 prendió al visir Hicham y le encerró en la «prisión del Estado», 
en aquella localidad b 


5 ° C I VI L I ZACIÓN :\IOI )ERN A 
(SECrUNOA :\HTAr) del siglo XVI al XVI IT) 

El medio social. Por sobrado conocido, no será preciso pintar el 
cuadro de desgobierno, pobreza, calamidades y desastres de la España 
del siglo XVn. Llevan la carga de la administración pública los Consejos 
de Castilla y de Indias, y más de veinte Juntas creadas por Eelipe IV, 
como forma efectiva, pero en realidad ilusoria, de nn gobierno que estaba 
en las manos de favoritos, virreyes y gobernadores. Y entre las decisiones 
de Eelipe III, los placeres del IV, las siq)ersticiones de Carlos II, y las 
ineptitudes de los Lerma, Olivares, Uceda y \Ylenzuela, la administración 
y la justicia fueron de tumbo en tumbo hasta caer en el más horrendo 
desconcierto. 

También es cosa muy sabida el renacimiento de todas las funciones 
])úbbcas en el siglo XVIII. Ejioca fué de lucha entre las ideas tradicionales 
y las nuevas corrientes. Púsose mano por los Eloridablanca, los Campo- 
manes, los Aranda y los Jovellanos, en todos los órdenes de la Hacienda, 
de la Administración y de la Justicia. Quizás pecaron por exceso, por 
la multiplicidad de las reformas, que alcanzaron desde el uso de las capas 
y sombreros basta el sagrado de la conciencia jnávada. Aquella Junta 
de Estado (con razón tildada de gobierno absorbente de S. d/.), las Cámaras 
de Castilla y de Indias, las Salas de Corte, las Audiencias de Justicia... 
cubrieron con su comjibcada red todo el ]>aís. Jamás hubo en España 
más instituciones administrativas y justicieras. 

Los Edificios, díala circunstancia era, en verdad, aquel desconcierto 
administrati\'0 del siglo XVII para el desarrollo de la Arquitectura guber- 
nativa. Y así es la escasez de edificios de Administación y Gobierno. Al 
notar el bccbo, se ocurre la pregunta: ¿dónde se alojaban los innumerables 

' Amador de los Ríos (Rodrigo): Toledo... cit en el I. B., pá°. 265. 

- Dozy (R): Investigaciones... cit. tn el 1 . B., tomo II, ])á». 296. 

— iiS — 


Arquitectura civil española 


empleados que necesariamente exigirían los Consejos y las veinte Juntas 
creadas por Felipe IV? No estaban los tiempos para gastos; cuando 
no se pagaban las soldadas de los españoles que peleaban en Flandes, 
Portugal, y Cataluña; cuando se fundía la plata de las iglesias para 
obtener algunos metales amonedados; cuando España se despoblaba 
por la miseria, pocos edificios gubernativos podían levantarse. No 
sé si explicará también el hecho el tipo del gobierno de la época, esencial- 
mente personal, como se ha dicho. Porque el «favorito» y el virrey, 
lógico era que tuvieran sus oficinas en sus propios palacios, por comodidad 
y por otros fines menos lícitos. Norma y pauta de ello es lo que sucedía 



8i.--AIeI)IN.\ del r.AMPO (V,\LL.\DOLU)). C.\S.\ CoNSISTORI.U.. 

Fot. de X. 


en el Alcázar viejo de Madrid. Fn los patios })rinci]^ales tenían sus «salas» 
los Consejos de Castillaq y en las partes bajas, en grandes espacios 
abovedados f nombrados covachuelas), estaban las oficinas-. 

Fn esta escasez de edificios gubernamentales es excej:)ción el grupo 
de las Casas de Ayuntamiento, numeroso, y, lo (jue es más im])ortante, 
típico. Haré algunas observaciones de él, sin jn'ctensiones monográficas. 

Comienza, en el tránsito del siglo XVI al XVII, j)or unos edificios 
de fachada torreada, de as]>ecto severo y de estilo herreriano. Las casas de 
Falencia de Alcántara (Badajoz) y de Medina del Campo (áhdladolid) 
son buenos ejemplos de esa arquitectura municipal; y la de Toledo 

^ (jONZÁlez de Avil.\ ((jIl) : Teatro... cit. en el I. li., libro tercero.' 

- Aulnov (Mad. d’): ]'iaje... cit. en el I. It. 

— II9 — 



V. Lampérez y Romea 



■ l'iilii’i 


"7 


S’. — Tolkdo. Casa Ayuntamiexto. Planta. 


Plano de X. 


lo es de la transición 
de ella a la del grnpo 
siguiente, de que se 
tratará. En cnanto a 
la disposición, sírveme 
ésta como ejemplo, 
pues comenzada hacia 
1575 ¡por ]:>lanos de 
Juan de Herrera) y 
no concluida hasta 
1618 ' por contrato 

con Manuel Teoto- 
COPULI!, ocupa neta- 
mente el j^eríodo de 
esta manifestación 
arcpiitectónica - mnni- 
cipal, de la (jue es, ade- 
más, muy caracterís- 
tica. lín im ])iso 
semi-snbterráneo esta- 



S3. — Toledo, ('as.v ,\vrxTAMiEXTO. 

Fot. Lanitiit. 


1 20 





Arquitectura civil española 



84.- -Segovia. Casa CoNSiSTnRiAi.. 



ban las oficinas de los escribanos; el bajo lo ocn]'>an el \'estíbnlo, 
la escalera, y un gran salón de sesiones, de verano, arn])liainente 
abierto sobre una terraza; el j)rinci])al, la escalera, nnos saloncillos v el 

salón de sesiones de in- 


váerno, a enyos j:)ies está la 
obligada capilla, para la 
misa del Esj:>íritn-Santo. 
Como se ve, la esencia de 
la casa mnnici])al de la 
Edad Media no lia variado ; 
la envoltura es la distinta. 


De a([nella herreriana 
(pie se ha mencionado, pá- 
sase insensiblemente a las 
del gnpio de pleno siglo 
XVI 1 . Signe en ella el 
tij )0 palaciano, torreado; 
am'manse algo las lachadas 
con algún orden de cohnm 
lias V entablamentos, \’ 
})óncse el sello del estilo 
«Casa de Austria» en los 
cha])iteles empizarrados , 
cuyo origen llanienco se 


85. — Logroño. Anik.uo .\yux t.wif.nto. 

Foi. A. Mui-n. 


historió en las páginas des- 
tinadas a los «Calacios». 


1 2 1 






V. Lampérez y Romea 


Si la de Toledo, con su basamento digno de su autor, Herrera, y sus 
torres enchapiteladas, es, como se ha dicho, buen ejemplar transitorio, 
las Casas de Ayuntamiento de Madrid (las tres), Astorga, Segovia, 
Valladolid (la antigua, ya derruida ), León ( la de la plaza Mayor), y varias 
más, expresan bien la importancia del grupo. 

La principal de Madrid fué, por razón de su cortcsanismo, la más 
grande y lujosa. La proyectó, en 1640, el arquitecto Juan Gómez de 
Mora, construyéndola hasta su muerte (1648; h y sucediéndole José 



o ^ 

' ■ ■ I ' ' ' ' I 


20 




r7 


S6. — (M.\m<ii). C.\s.v Consistorial. Planta. 

Planto dcl Iiist. Geug. y Estad. 


DE ViLLARREAL, y, desde 1670, Teodoro Ardemans. El programa dado a 
(’jÓmez de Mor.a fue el de un edificio que contuviese el salón de sesiones, 
habitaciones jtara el Corregidor, dependencias y contaduría, y capilla; 
un balcón para (¡ue la reina presenciase las procesiones; y, contiguo, 
una nueva cárcel. El proyecto de Gcimez de Mora (cuyo plano se conserva') 
era, en conjunto, el que hoy subsiste: un edificio cuadrangular, con jtatio 
central y escalera al fondo, torreado al exterior, con chapiteles enijiiza- 
rrados. Todo ello de estilo herreriano. Van, a la cuenta de las modifi- 

1 No aparece comprobado que sea de Alonso Carbonell, como escribió Schubert 
(obra cit. en el 1. H.). 


12 2 



Arquitectura civil española 



87. — Madrid. Casa Consistorial. Fot . Lament . 


V. Lampérez y Romea 



Plano del Inst . Geog . y Estad . 



89.— Madrid. ( .u-íchl de Corte (hoy Ministerio de Estado). 

Fachada principal. Lacoste . 


124 


Arquitectura civil española 


caciones de Ardemans, las portadas barrocas y los escudos de las torres, 

V a la reforma hecha en 1787 por 1 ). Juan de Villanueva, el gran 
balcón y columnata del frente a la calle Mayor. Después se han efectuado 
grandes obras que lo han modernizado’. 

El edificio es un buen ejemplar del esfilo «Casa de Austria». El patio 
(en su modo primitivo), con detalles barrocos; la escalera, más severa; 
la capilla, con buenos frescos de I’alomino; los salones, con fípicos techos 
«Eelipe IV», V el exterior, que siluetean muv airosamente las flechas 
empizarradas, forman un conjunto muy característico y «madrileño». 
Insuficiente a todas luces para las necesidades modernas, debe consen^arse 
como tíj)ico. 

En la administración de Justicia no faltarían edificios de alguna 
importancia en esta época. Ea Incjuisición, tan ])repotente en ella, los 
tendría en toda España; pero ignoro su entidad. En áladrid, el Consejo 

V Tribunal del Santo Oficio estaba en uno grande, al comienzo de la 
calle de Premostenses (hoy Isabel la Catéáica). 

El más interesante, sin disputa, de todos los edificios de administración 
de Justicia del siglo XVII existentes aún en Es})aña, es la Cárcel de Corte, 
en Madrid. 

Edificio el más bello de los madrileños, en el estilo «Casa de Austria», 
álzase en la plaza de Santa Cruz, ociq^ando manzana completa. Cons- 
truyóse para «Sala de Alcaldes de Casa y Corte», teniendo en edificio 
aparte, pero contiguo, la cárcel ]>ara nobles y sujetos de tlistinción, su- 
jetos a proceso, álás tarde fué Audiencia; hoy Ministerio de Estado. 

Ea fachada, severa, tiene admirable silueta, <]ue acentúan las dos 
torres laterales con chajáteles empizarrados-, y la peineta o ático 
de la portada. Eos muros lisos ])ermitcn campeen los grandes y severos 
huecos de sus dos ]'»isos, y destacarse el cuerpo central, comjniesto de tres 
puertas y tres balcones, entre columnas de orden dórico, y un valiente 
ático, con monnmental escudo Real de Es])aña. Más digno de estima v 
estudio todavía es el interior. Dos patios, con galerías de dos ])isos, 
de arcadas, dejan en medio la escalera, de nn sólo tiro, (|ue, rodeada así 
de aquellas aiapierías, tiene una ligereza y diafanidad notables. Eos 
detalles de los patios, barrocos, no son loastantes a descomponer las 
líneas arquitectónicas. 

Hizo el edificio el ar(]uitecto italiano Juan B. ('kescenci, agraciado 
en Icspaña con el título de mar([ués; autor, como nadie ignora, del Panteón 
Real del Ifscorial y de r>tras obras donde a})unta el barroípusmo. Esta 
de la Cárcel de Corte es la mejor de sus conce])CÍones. 

’ PoLEXTixos (('): Las casas dcl AvaiiUiiuicnlo... cit. en d I. H. 

- tuvo otro central robre la ercalcra. rci;tin imicrtra d plano (fie;. 22) ele Tiíxeik.a. 

— m; -- 


V. Lampérez y Romea 


En una cartela sobre la puerta lateral izcjuiercla, dice: «Reinando la 
majestad de Felipe IV, año 1634, con acuerdo del Consejo, se fabricó 
esta Cárcel de Corte, ])ara comodidad y seguridad de los presos». En 
otra inscripción simétrica se cuenta la reforma y adaptación del edificio 
a Ministerio de Estado, en la Regencia de María Cristina, el año 1901. 



f)0 . — Cabildo (Ayuntamiento) Viejo de Granada. 

Fot. Laiircnt. 


Como a])imtado queda, el siglo XVIII fué época de grandes edifica- 
ciones, de destinos gubernamentales y administrativos. Hasta mediar 
el siglo, la velocidad adquirida en el anterior por el estilo barroco produjo, 
por lógica consecuencia, el que todos los edificios perteneciesen a esa 
forma de arte, con las variantes naturales de la región y del autor. La 
implantación de la censura académica cambió por completo el tipo 


126 


Arquitectura civil española 


monumental. Creada en 1744 la Real Academia de Nobles Artes de San 
Fernando, e impuesto oficialmente el examen por el alto cuerpo consultivo 
de los proyectos de cuantos edificios trataban de erigir las Cor])oraciones, 
e imperante el neo-clasicismo italianizante, ¿qué ha de extrañar que todos 
los monumentos oficiales es])añoles del siglo XVIII respondan a un mismo 
tipo arquitectónico y dispositivo, con uniformidad desesperante? fratese 
de una Aduana, o de una Casa de Ayuntamiento, el edificio será cuadran- 
gular, con patio central; fachada de planta baja (almohadillada general- 



91.-- Palma de Mallorca ( 1 P-\leakes). Casa Consistorial. 

I'ol. Lacosic. 


mente); ])órtico o gran balcón con (irdenes clásicos; cornisa y ático. 
Como se ve, es el tipo idéntico (jxitrón, pudiéramos decir) al del ])alacio 
privado, cpie ya reseñé en el tomo I. 

Al finalizar el siglo, el ti])o decae, como todos los órdenes de la vida 
nacional. Nuevas ordenanzas de la construcción 
vienen a amanerar más y más la monumentalidad oficial española ; el 
tipo se adocena y empecpieñece. Los (irdenes en j'iortadas y balcones se 
hacen raros, y queda sólo la fachada con huecos rectangulares, con guarda- 
polvos rectos o en frontón, v, en los interiores, jiatios sin ]:>órticos, vulgares 
e insignificantes. 

— 127 — 


^’EKGAKA (('rUIPÚZCOA). CaSA CONSISTORIAL. -Col. Resines. 


V. Lampérez y Romea 



12S 



Arquitectura civil española 


En la imposibilidad de incluir en estas páginas la reseña de todos los 
edificios administrativos de esta época, se citan sólo los ejemplares más 
interesantes, ya por su importancia arquitectónica, ya por marcar tipos. 

En el grupo (el más numeroso de los administrativos) de las casas 
de Ayuntamiento, pertenecen al estilo «churrigueresco» muchas. Comen- 
zadas algunas en el siglo XVII, alcanzan el primer cuarto del siguiente. 
Entran en todas las modalidades de aquella manera en España. Pam- 
plona, Granada, Alicante, Salamanca, Palma de Mallorca las tiene 
notables: y lo es, muy especialmente, el grupo de las Vascongadas. 

El Cabildo viejo de Granada ocupa el lugar de la Madraza (Universidad) 
mahometana, y de unas casas del hijo de Muley Hazem. En ellas se ins- 
taló, al comenzar el siglo XVI, el Concejo granadino. Entre 1722 y 1729, 
el edificio sufrió nna completa reconstrucción, quedando como hoy lo 



93. — Santiago de Composiela (Coruña). Casa Consistorial. Planta. 

Plano de X. 


vemos. En 1851 fné abandonado de su destino por insuficiencia de lo- 
cales. De lo mahometano, queda en el interior una cuadra con cornisa de 
mocárabes, que tuvo artesonado, perdido en un incendio. De lo primitivo, 
ya cristiano, hay la antigua Sala de Cabildos, con sol^erbio alfarje, con 
tirantes, pintado todo con adornos «jilaterescos» (1513). La fachada, obra 
del siglo XVIII, es de estilo barroco, muy pintoresca y animada, }>or 
los grandes balcones guarnecidos con esbeltas ménsulas ajñlastradas 
y caprichosísimo entablamicnto. En una esquina, un escudo de los Reyes 
Católicos; es un resto de la fachada del principio del siglo XVI. 

En Palma de jMallorca, el Ayuntamiento acometió, al jirincipio del 
siglo XVII, la construcción de sn casa, cuya fachada y ])arte de lo interior 
no se terminaba hasta 1680. A([uélla (comenzada en 1649), tiene autor 
conocido, lo que es de lamentar, jmes reúne méritos para ser alabada. 
Es obra de un barroco bastante severo: la planta baja (de nna bella 

— 129 — 


9 




V. Lampérez y Romea 


disposición de huecos) tiene, como motivo característico, la tribuna muni- 
cipal, y, además, dos puertas; todo, guarnecido de caprichosas pilastras 
y curvos frontones partidos. En la planta principal corre un balcón 
con gran hueco central, y seis menores, guarnecidos en el mismo estilo 
que los inferiores. l\Iás severa es la parte superior, añadida al primer 
proyecto, en 1666. Y, en cambio, excede a cuanto haya en su género el 
voladísimo alero, obra admirable de Gabriel Torres (T68oj (tomo I, 
fig. 152). En el interior, el zaguán se hace notar por un buen artesonado; 
lo demás no sobresale. 

La gran Plaza Mayor de Salamanca ostenta, como motivo central 
de uno de sus lados, la Casa del Concejo. Proyectóla, al par que la ])laza 
(1720-1733), el arquitecto D. Andrés García de Quiñones, concluyén- 
dola NieOL.áS CriURRIGUERA, J UAN DE LaRA y GERÓNIMO CiARCÍA DE 
Guiñones. Según el modelo conservado, iba a ser torreada, lo que la 
daba buena silueta. Quedóse sin torres; y sólo la peineta del centro 
anima un poco su seca terminación. Dichos la localidad, la fecha y los 
autores, dicho queda también el estilo; el más característico de Churri- 
GUERA. Cinco grandes arcadas calan la planta baja. Dos cuerpos laterales, 
flaiK[ueados por columnas, proporcionan un cuadro a la composición, que 
fuera acertadísima a volar más y a tener el remate de las torres. Rompen 
el uno dos filas de balcones, entre pilastras; todo caprichosamente orna- 
mentado. Y menos mal que la cornisa y la balaustrada, horizontales 
y severas, encalman un tanto la composición. No carece, sin embargo, 
deciertos méritos esta fachada ; y, desde luego, armoniza felizmente con el 
conjunto de la monumental ])laza. El interiores insignificante (fig. 23). 

La Casa Consistorial de Alicante, torreada, peca de monótona en 
el conjunto, tanto como de movida en los detalles. La de Pamplona 
es una barrocpiísima concepción, poco recomendable, por sus detalles 
des])roj)orcionados y pretenciosos. La de Lugo tiene dignidad. 

El grupo de las Casas Consistoriales de las Provincias Vascongadas 
(Guipúzcoa especialmente;, en el siglo XVII, tiene dos manifestaciones. 
Es la ])rimera la de las Casas de estilo barroco afrancesado («Luis XV, 
español»), por una predilección cpie, si tiene una poderosa razón geográfica, 
})or la proximidad a Erancia, pugna con la enemiga que esta nación y la 
comarca vascongada se tuvieron desde el siglo XVII, con frecuentes gue- 
rras y cuestiones. Caracterízanse por la planta baja porticaday los grandes 
balcones con preciosos herrajes. La disposición interior es del tipo aglo- 
merado (sin patio), muy sencilla y poco extensa. Hay buenos ejem- 
])lares en luí Bastida (Alava), Libar (Guipúzcoa), úñate (Guipúzcoa)... 

lui otra manifestación de la arquitectura concejil en las Vascon- 
gadas es la general española, en la segunda mitad del siglo XVHI, 
bajo el dominio del estilo neo-clásico, que alcanza el XIX. 


130 


Arquitectura civil española 


Todas las de este tipo (y son numerosas: Barcelona, Vitoria, San 
Sebastián, Murcia, Santiago, Cádiz, Burgos...) responden a casi iguales 
principios de composición: basamento almohadillado, cuerpo central 
con un Orden gigante, cuerpos laterales con huecos de guardapolvo 
plano. La más esplendorosa, y, por tal, algo variada de tipo, es la 
de Santiago de Compostela, construida por el arzobispo Rajoy y Losada, 



94. — Madrid. 

.Antigua Casa de Postas o de Correos 
(HOY .Ministerio de la (íodern.aciün). 

l'ot. Laifreiit. 


para Consistorio y Seminario, y terminada en 1772. Sn extensa fachada 
(84 metros) amplía las características del tijio, arriba dichas, con sendos 
cuerpos de Ordenes gigantes a los lados, y gran ático con balaustrada. 

Lna mención, no más, merece la antigua Casa de Postas o de Correos 
de Madrid dioy Ministerio de la Gobernación ; ; poco feliz obra del francés 
Jaiaie Marquet (1768), ni neo-clásica del todo, ni «Luis XV» definida; 
ecléctica y fría. 


— 131 — 


< 3 * 


V. Lampérez y Romea 


Por lo que tienen de edificios civiles, no obstante su destino militar, 
deben tener cabida en estas páginas algunos cuarteles construidos en el 
siglo XVIII. 

Inmenso y suntuoso es el de Guardias de Corps en Madrid, levantado 
por el anpiitecto Pedro Rivera, por encargo de Felipe V. Una cartela 
de la portada dice la fecha: 1720. Incendiado y modificado varias veces, 
no da hoy muestras de lo que fué: pero su barrocpiísima arquitectura 

se encuentra aún en ciertos ele- 
mentos (unos ojos de buey, bas- 
tante graciosos), entre los que 
sobresale la citada puerta. Entre 
las muchas lucubraciones del 
gran arquitecto madrileño, es 
ésta la más incorrecta y peor 
com])uesta. Pero es digna de 
estudio la composición, tratada 
a lo heroico y a lo rústico: unas 
pilastras rococó, trofeos mili- 
tares, paños, escudos y palmas; 
toda en piedra granítica, labrada 
en un cincel duro y sumario. 

El cuartel de Bibatambin, en 
Granada, se levantó (entre 
1752-1764) sobre el castillo 
arábigo de ese nombre, al que 
corresponde aún el basamento 
del torreón que tiene a la de- 
recha la fachada. Es ésta del 
más caprichoso barroquismo, 
polícromo y movido. El cuerpo 
central, con columnas salomóni- 
cas en los dos pisos, remata en 
un íeotriunfo de Carlos III com- 
puesto de su busto, al que hacen 
guardia de honor ¡dos leones con sables! Los huecos, de guar- 
nición almohadillada en la planta baja, y de pilastras y frontón 

{)artido en la ])rincipal, destacan en un muro cuajado irracional- 
mente de cuadrados salientes, y coronado de un friso, con trofeos de 
guerra. Hacen más grotesca la fachada unas estatuas de grana- 
deros, en sendas hornacinas. Y, sin embargo, esta fachada carac- 
teriza un género de obras que j)udiera llamarse teatral, muy 
propio de esta é])oca. 



05- - )\Iai)KI1). (.'u.vrtel ijel Conde-Detque. 

PoRI AD.C. 

/•()/. Lainpei'ce. 


— I — 


Arquitectura civil española 


Sálese, en realidad, del cuadro cronológico en que este libro se encierra, 
un edificio administrativo; la Casa de Jimias Generales de las Provincias 
V ascongades en Gucrnica (Vizcaya). No obstante, tiene sitio en sus pá- 
ginas, por ser un ejemplar singularísimo entre los españoles. 



f)6. — (iUKRNICA (\"IZC.\YA). Iñ. ÁRliOL Y LA CaSA DK j UNTAS. 

Fot. de X. 


Fue obra del arquitecto 1). Antonio Echevarría, y duró de 
1824 a 1833. 

Producto del amaneramiento clasicista, imperante a la sazón en 
cuanto a la forma artística, es, sin embargo, iradicionalista y i'special en 
lo que toca a la disposición. Conserv'ósc la iglesia jnradera, como salón 
de reuniones, y res])etóse igualmente la idea de aquellas asambleas pa- 
triarcales, celebradas al aire libre en los siete pétreos asientos, «só el árbol 
sagrado^). Id local de juntas es la misma ca])illa de Nuestra Señora de la 


T 'V 

* JJ 


V. Lampérez y Romea 


Antigua: salón elíptico, con altar, inmediato al cual están los asientos 
para los Padres de la Provincia..., y alrededor bancos y tribunas para 
el público. Inmediato, un salón para archivo, rectangular. Fuera, delante 
del viejo árbol, y cobijado por sus ramas, el afán de la época de vestir 
en clásico todas las necesidades sociales convirtió en un pórtico octóstilo, 
de Orden corintio, en el que se alojan las siete sillas tradicionales, aquel 
campo libre donde se celebraran las Juntas en los lejanos días de los 
sucesores de Juan Zuria. Dos tribunas para los secretarios, una mesa 
de jas])e para depositar los poderes de los diputados, y un retoño del 
roble sagrado, completan este curiosísimo edificio, único en el mundo, 
cnyo penetrante calor de tradicionalismo hace olvidar la fría mani- 
festación arquitectónica h 

1 Vid. ZxVmeza: ol). cit. en el I. B, 


E. EDIFI OIOS 
DE ENSEÑANZA 



97. - l>URGos. Colegio 1'eSan Nicolás 
(AHORA Instituto.) 


Fot. '[’adillo. 



í 




j 


1°.— CIVILIZACION ROMANA 

(SIGLOS I AT. IV) 

La instrucción romana en España se dividió en ]:>rimaria, secundaria 
(artes vel disciplinen ¡iberalis) y profesional. 

Conocemos los lugares donde estuvieron algunos de los edificios 
destinados a la enseñanza: por ejemplo, el Campo de la Victoria, en 
Córdoba, donde, según Ceán Bermúdez, estaban las escuelas griegas y 
latinas; y el Palacio de los Reyes de Aragón (boy Instituto), eu Huesca, 
donde Sertorio fundó los estudios (LTniversidad) para hijos de familias 
nobles españolas. 

De la schola (escuela de primera enseñanza) nada sabemos en punto 
a local, distribución, etc., como tampoco de los aiiditorhim (cátedras 
particulares) ni de los pedagogiiim (colegios). Por analogía, ¿ 
deducir que algunos de estos locales se asemejaban a la schola de las 
termas de Itálica, estancia cuadrada, con gradería, y un nicho para el 
profesor en nno de los lados? 


2°. y 3°.— CIVILIZACION CRISTIANA: LA ALTA EDAD MEDIA 

(SIGI.OS V AL XI) 

LA BAJA EDAD MEDIA Y EL PRINCIPIO DE LA MODERNA 

(SIGLO XII A LA I>KIMEIL\ :MITAD DIIL SIGLO X\'I) 


GKNEKAI.IDADES 

h.n los tiempos en que los visigodos dominaron en Esj:)aña, la 
enseñanza seglar romana desa])areció, quedando sólo la religiosa. 
Primaria o secundaria, servida estaba ])or eclesiásticos, y al amparo 
de iglesias y monasterios se daban. He acpií algunos datos (jue lo 
prueban. El cuarto Concilio toledano '633) mandó establecer escuelas 
unidas a las iglesias. Paulo Emekitense escribió sobre la escuela primaria 
de Caulina, cerca de Mcrida. San Isidoro cita los estudios siqx'iiores 


137 


V. Lampérez y Romea 



qS. 'I'OLIÍDO. C()IF(,IO HE 1)0^’C^LLAS. PoRTADA. 


- I3S - 


Fot. Clavcyia. 



Arquitectura civil española 

que se daban en los seminarios eclesiásticos, también mencionados en el 
IV Concilio de Toledo'. 

Tras un lapso de tiempo del que nada sabemos, reaparecen en el siglo X 
las enseñanzas, con el mismo carácter eclesiástico. En las iglesias mo- 
zárabes de Córdoba ])erduraban las escuelas de tradición visigoda-. 
Gonzalo de Berceo nos dice que las lecciones de cantar o leer las daban 
los clérigos en las iglesias. Y, en lo relativo a estudios superiores, sabemos 
ya de escuelas catedralicias o monacales, algunas de las cuales alcanzaron 
fama europea, como la del Monasterio de Rij)oll, la de la Seo de Vich, 
dotada de cátedras de Física y Matemáticas y la de la Catedral com- 
postelana, de gran renombre al finalizar el siglo XI En el XII ya 
tenían los Cabildos el cargo de capiscol o uiacstrescncla-. prueba de las 
enseñanzas catedralicias. 

Aparece en la gran centuria décimotercera la enseñanza, como 
función del Estado o de los Reyes que lo representan. «Estudio es 
Ayuntamiento de maestros é de escolares, (pie fecho en algún lugar 
con voluntad é entendimiento de aprender los saberes.» Así dice 
Alfonso X en las Partidas. Define luego que hay dos clases de Es- 
tudios : el estudio general, cuyo establecimiento corres])ondc a los Baj')as, 
Emperadores y Reyes, y en el (pie los maestros de Artes v de Decretos, 
y los señores de Beyes, enseñan a muchos escolares allí reunidos, y el estudio 
particular, establecido por Prelados y Concejos, en el que el maestro, «apar- 
tadamente», enseña a unos jiocos escolares. Queda, pues, bien definido, jior 
las Partidas, las dos formas de establecimientos de Instrucción cpie se 
comprendían en el siglo XIII ; los Estudios generales (cpie luego se llamaron 
Universidades j y los Estudios particulares (los Colegios). Yen su esencia, 
ambas siguieron hasta morir, con tantas otras cosas tradicionales, en los 
comienzos del siglo XIX. 


TAS UXI TERSIDADES Y TOS COEEGIOS 

Las Instituciones. Cuenta España, para gloria de su Arcpñtectura, 
con copiosa serie de magníficos edificios de enseñanza, de los siglos 
XIV al XVII, en contraste con la escasez (pie de ellos hay en otros países, 
branda principalmcnteh Son Universidades y Colegios. 

' PÉREZ Pujol; ob. cit. en d I. P. 

- (Menéxdez y Pel.-wo: Historia de los Heterodoxos, cit. <'n el I.IL, tomo 2o, ¡)á'j. So. 

■* En ella se edneó, en el siglo X, el inonjc francés Geii)ert, <tes))ués Papa Silvestre II, 
y el geóinetro y arquitecto Gerbert. (Vid. PuiG Y ('adaf.vch : Id Arquitectura , cit. en el 
I. IL. tomo II, ¡)ág. 64.) 

■' Filé famoso discípulo de ella el gran Galmíx’z. 

Confesada j>or Mr. Enlart, en su Maiuiel d' Archcologie Francaisc, cit. en el I. IL 


'39 


V. Lampérez y Romea 


Aquellas «escuelas monásticas» o catedralicias de los siglos IX al XII 
no son sino los albores de los «estudios generales», cuna a su vez de las 
Universidades. El más «antiguo estudio general», constituido ya por sí 
mismo, conforme con lo que algún tiempo después legislan las Partidas, 
parece ser el de Falencia, fundado por Alfonso VIII en 1208b El Arzo- 
bispo I). Rodrigo Ximenez de Rada cuenta cómo el Rey trajo de 
b'rancia e Italia maestros de todas las facultades, para que (dice luego 
Alfonso X' no faltara en su reino «enseñamiento de Sapiencia» b 
El estudio de Falencia, falto de recursos para sostener los crecidos gastos 
(jue tanta sabiduría exigía, murió mucho antes del siglo XIII. 

Dos grandes y gloriosos «Estudios Generales» sostuvieron, principal- 
mente, la cultura cristiano-española de la Edad Media: el de Salamanca, 
para Castilla, y el de Eérida, para Cataluña. 

Eos «Estudios Generales» o Universidad de Salamanca, rival en 
tiempos de las de Oxford, Farís y Bolonia, tiene, como institución, historia 
bien conocida. Fundóla Alfonso IX de Eeón, hacia 1215, y la privilegiaron 
Fernando III , en 1248, y Alfonso X, en 1254. decaída en los siglos XIV 
y XV, recobró todo su poderío con los Reyes Católicos. No sería per- 
tinente hablar a(]uí de la organización de estudios, costumbres escolares, 
etc., etc. ’b 

Eos «Estudios Generales» o Universidad de Eérida se fundaron en 
1300, por el Rey D. Jaime II b Con ser brillante su historia, no fué 
larga, pues en el siglo XV di\ádióse en las Universidades de Barcelona, 
Huesca y Zaragoza, para morir en 1717, con la unificación de todas 
las aragonesas, en Cervera. 

Aparte de otros «Estudios Generales» de menor importancia (Baeza, 
Valladolid, Osuna, Orihuela), exige mención solamente el de la ETni- 
versidad de Alcalá de Henares, rival de todas, concebida por el Cardenal 
Cisneros en 1498, e inaugurada en 1508. De lo que fuera este famoso centro 
de enseñanza, que abarcó cuanto las instituciones de su clase dieran de 
sí en España, dan fe los datos constitutivos: un colegio mayor y siete 
menores, aparte de los demás núcleos, de que se tratará más adelante. 

Antecesores a veces de los «Estudios Generales», como en Falencia, 
en el siglo XIII ; hijos los más, como en Salamanca, Valladolid y Alcalá, 
en los siglos XV y XVI ; rivales algunos, como en Salamanca y Oñate, 
fueron los Colegios: aquellos «Estudios particulares» que las Partidas 
definen; fundaciones de Frelados o Concejos, destinados a pocos alumnos. 

^ La Fuente: Historia de las Universidades, cit. en el I. B. 

- lístoria de Espamiia, pág. b8(> de la edición cit. en el I. B. 

® La bibliografía de este asunto es copiosa. Véase, entre otros trabajos, el de Bo- 
nilla San Martín, cit. en el I. B. 

Rumo Y Lluch: Documents, cit. en el I. B. 


140 


Arquitectura civil española 

El más antiguo Colegio de historia conocida parece ser «La Asunta» 
de Lérida, fundado al finalizar el siglo XIV por el Arcediano D. Domingo 
PoNzC Sigue el llamado, por antonomasia. Colegio Viejo (o de San 
Bartolomé) de Salamanca, que comenzó a actuar en el 1417. En el siglo XVI 
la fundación de Colegios degenera en monomanía. Salamanca llegó a 
contar los tres llamados mayores (Cuenca: 1500 ; Oviedo: 1517; 
Lonseca: 1521), y veinte menores. Y en Valladolid, Santiago, Valencia, 
Burgos y Sevilla, los hubo espléndidos de recursos y de edificios. 

Aunque no se pretende hacer aquí la Historia de la Instrucción 
Pública española, no pueden omitirse, para el objeto de este libro, algunas 
otras noticias de instituciones de enseñanza. 

La de ^Medicina se dió en la Universidad de Salamanca, en la que 
Alfonso X puso dos cátedras de Lísica; y en la de Valladolid y Lérida, 
en el siglo XIV. Ln Barcelona, un particular, el Dr. Antonio Amiguet, 
estableció en 1490 una escuela privada de Cirujía'C Dos años antes 
los Reyes Católicos habían fundado un verdadero Estudio de Medicina 
en el Hospital de Xuestra Señora de Gracia de Zaragoza, con licencia para 
la disección de cadáveres'*. Medio siglo después, en Valencia se estableció 
otro, con prácticas de anatomía y de botánica^. 

Como ])i'ivativas de España y curiosas, vayan algunas citas de varios 
centros especiales de enseñanza. Colegio de lenguas orientales, para misio- 
neros, en Mi ramar (Mallorca), fundado ])or Raimundo Llull en 1275 'V 
Escuelas de árabe y hebreo, para cristianos, en Murcia, del que eran 
maestros los frailes dominicos, en 1272 : otro análogo en Estella (Xavarra) ; 
de latín y de arábigo (acaso de ciencias y artes) en Sevilla, fundado j)or 
Alfonso X en 1254; enseñanza de sordo-mudos, por el P. Ponce de 
León, en el ^Monasterio de Oña (^^Bnrgos), el primero del mundo al mediar 
el siglo XVI; y los Colegios especiales para moriscos, fundados por el 
Emperador, en Tortosa (1544) y en Valencia (1545). 


Los Edificios. En los tiempos visigodos la enseñanza primaria se 
daba en los atrios de las basílicas parro( [niales o catedrales. La su[)erior 
de adultos tenía como locales, al decir de algunos autores, edificios 
es]iecialmcnte construidos cu los monasterios, conqniestos de salas, liiblio- 
tecas y escritorios, no faltando los <|ue tenían gabinetes de ciencias**. 

* La Fuente: Oh. cit. en el I. IL 
“ B.vlaguer y Oroni: Ob. cit. en el I. IL 

** La Fuente: Ob. cit. en el I. IL 
•* Llórente: Ob. cit. en el l.B. 

** Menéndez y Bel.cyo: Ob. cit. en el I. B., tomo 111, pá';. 260. 

® PÉREZ Pujol: Ob. cit. en el 1. B. 


— 141 — 


V. Lampérez y Romea 


Tanta comodidad feneció en los primeros siglos de la Reconquista, 
En ellos, los «estudios» no tuvieron local propio : los claustros, las capillas 
y las naves de las iglesias eran los lugares donde se daban las enseñanzas ; 
y tan compenetrados estaban los elementos docentes con los locales 
eclesiásticos, que claustro se llamó (y aun se llama - el conjunto de maes- 
tros, tomando el continente por el contenido. En el siglo XIII, un a de 
las alas del claustro de la Catedral de Salamanca servía de escuela 
eclesiástica; para las licenciaturas de la Universidad, la capilla de Santa 
Bárbara, y j)ara los doctorados, las naves. En el «Estudio General» de 
Eérida, a los comienzos del siglo XIV, la escuela de los legistas tenía 
las cátedras en la Iglesia de Santa María b y el de Valladolid las daba 
en el claustro de Santa ÍMaría, y los doctorados en sus capillas de San 
Elorente, San Juan y Santo Tomás C 

Otras veces se aprovecharon edificios de clase diversa para alojar 
los esfudios: así, para los de Valencia, se compraban casas en 1373, en 
la parroquia de San Bartolomé^; y los de Barcelona esfuvieron en la 
calle de la Boira, desde 1450 hasta 1559, en que se concluyó la «Casa de 
la Rambla»'; los de Huesca se establecían en el siglo XIV, en parte 
del Palacio Real y los estudios de anatomía en Salamanca se llevaban 
a la ermita de San Nicolás, en las afueras, sin duda por el horror que las 
disecciones de cadáveres humanos j)roducía en aquellos siglos. 

Ta necesidad de edificios propios para los «Esfudios» había sido recono- 
cida ya en las Partidas ", puesto que se legisla que las escuelas deben 
establecerse en villas que tengan «buen aire et fermosas salidas», y situarse 
en lugar apartado de la población, cerca unas de otras, y con bastante 
ani]:)htud dentro de cada edificio para que los maestros «no se embar- 
guen» oyendo los unos lo que leen los otros. Se ve, pues, un programa 
arquitectónico, sintético: emplazamiento fuera de poblado; diversos 
edificios para las respectivas enseñanzas; anchura y desahogo en cada 
escuela. Sin embargo de preveerse la necesidad del edificio propio, fué 
común y continuo el aprovechamiento de los ajenos, como cpieda apuntado. 
Al fin surgió el «Esfudio» construido ad-lioc, en el primer tercio del siglo XV. 

Para explicarnos la disposición arquitectónica de las Universidades 
y Colegios, hay que penetrarse del programa que el sistema de enseñanza 
de la época exigía. No era éste otro cpre el de la lectura del libro de texto, 
concertado ]:>or el profesor; las enseñanzas experimentales estaban en 

' Estatutos citados j)or La Fuknte. 

- Agapito y Revilla: El edificio. — Oh. cit. en el L B. 

^ Llórente: Valencia, cit. en el I. B. 

* Calman y: Oh. cit. en el. I. B. 

P. Huesca: Oh. cit. en el. I. B. 

® Segunda, título XXXI. 


142 


Arquitectura civil española 


mantillas^ Nada, pues, de laboratorios, anfiteatros y talleres: tantas 
salas como lectorías hubiese; pórticos y galerías para la esj^era y esparci- 
miento de los escolares; las oficinas de rectores, lectores y bedeles; la 
capilla indispensable en todo edificio medioeval. Y, en efecto, en este 
programa, y con la consabida vinificación, está fundado el tipo de todas 
las Universidades y Colegios de la época: el repetido de la casa romana, 
sobre la base del patio central con galerías circundantes. 

El detalle de la disposición es éste: un vestíbulo de entrada, desde la 
calle al patio; a uno de los lados del vestíbulo, la caj^illa (ejemplo el Colegio 
de Santa Cruz en Valladolid', cjue algunas veces alcanza categoría de 
iglesia (Colegio del Arzobispo Fonseca en Salamanca); si el edificio 
no tiene más que un piso (Escuelas menores de Salamanca), no hay esca- 
lera: si tiene dos, es claustral, a uu lado del j^atio (Colegio de San Gregorio 
en Valladolid); al otro, el teatro o salón de actos (Universidad de Alcalá); 
las cátedras y oficinas, alrededor de las galerías del patio, y en ellas 
un estacionario o tienda de «libros de texto» (más tarde una biblioteca ), 
obligatoria según todos los estatutos. En los Colegios particulares, cuando 
tuvieron edificios propios-, el programa es el mismo, con las adiciones 
inherentes a las becas o internado: dormitorios, refectorios, cocinas, 
bodegas, etc., etc., y habitaciones de prece])tores y fámulos. 

La estructura era de muros recios cou huecos largos v estrechos 
(luiiversidad de Salamanca) ; techos de grandes vigas (Ifscuelas menores 
de Salamanca) o de armaduras mudé] ares (^Colegio de San Gregorio en 
Valladolid), menos las caj:)illas, generalmente abovedadas (Colegio de 
San Nicolás en Burgos) ' 5 . El lujo mayor se manifiesta en los patios, 
suntuosísimos en su mayoría (Colegio de Eouseca en Salamanca, de San 
Luis en Tortosa, del Patriarca en Valencia), y en las escaleras (Universi- 
dad de Salamanca, San Gregorio de Valladolid, etc.). 

Las fachadas fueron siempre magníficas, ya en totalidad, ya en 
el cuerpo central, donde acumulábanse escudos, santos protectores, 

^ Las Partidas (20, título XXXI, ley I-IV), ])i'cscnhcn ([ue los maestros leerán 
el texto a los escolares «faciéndoselo entender lo mejor qne ellos jnidieren». El conapto 
de la enseñanza ]>or la lectura está claro en el Privilegio dado jiorSan Fernando, en 1243, 
a la Lniversidad de Salamanca: «E mando c]ue todos aquellos qne hi quisieren venir a 
leer cpie venga, seguramente.» Fas cátedras se llamalian lectorías, y este sisti ma re’gía 
hasta para la enseñanza de las ciencias ex]ierimcntales ; el Dr. Amk;ukt, citado ya. jni- 
blicó un libro de Medicina, con el título i^Lcctura /cta...». Luego no eanjileaba otro método 
que el de su lectura. 

- El de «Ea Asunta» de Ecrida se instaló en la Zuda o Castillo; jiero, en gene'ral. el 
fundamento de los colegios particulares no comienza hasta epie podían instalarse ya de- 
finitivamente. Así el de San Bartolomé de Salamanca, jiensado en 1401, no cominiza sino 
en 1417; el de Mendc)za, consentido ]x>r Bula de 1471), no se puebla hasta 14S4. 

^ La Universidad de Alcalá, 3' el Colegio dt' (\Iaese Rodrigo, en Sevilla, las tienen 
con armaduras mndéjares. 


143 


V. Lampérez y Romea 


divisas nobiliarias, cartelas con inscripciones dedicatorias, pináculos, 
columnas y grandes partidos de arquitectura. Recuérdense las fachadas 
de las Universidades de Salamanca, x\lcalá y Oñate, y los Colegios de 
Fonseca en Salamanca, San Gregorio de Valladolid, Santa Cruz de Men- 
doza en la misma ciudad, etc., etc. Eran aquellas fachadas prospectos 
donde se anunciaba el poder, la magnificencia y la vanidad, de los Cisneros, 
Mendoza, Fonseca, IMcrcado y tantos otros. En ellas se agotaban a veces 
los recursos de los fundadores: el continente absorbía el contenido. 
Y así el Colegio de Sancti-Spiritus de Oñate, fundado en 1540 y construido 
a todo lujo, no tenía, cien años después, sino 8.000 reales por toda renta 
para mantener los enseñanzas. Más prudente el gran Cisneros, levantó 
su Colegio de Alcalá de madera y tapial, en espera de que el saher lo 
hiciese rico y célebre, y con ello pudiese ostentar fachada y patios pétreos 
y esculpidos, como en efecto sucedió. 

Conforme avanzaron los tiempos, aquel programa se complicó con- 
siderablemente: la Lhiiversidad de Alcalá tiene dos patios grandes; el 
Colegio de Calatrava en Salamanca, y otros, hicieron iglesia pública 
y casi independiente, con fachada y entrada a la calle; la Universidad 
de Valencia creó, en 1567, un jardín botánico (el primero de España), 
como complemento de la escuela de Medicina; y, en fin, la instalación 
de uno de esos «Estudios Generales» llegó a ser enorme y múltiple, y se dió 
el caso de la fundación de Cisneros en Alcalá, que comprendía, según 
el pensamiento del autor, nada menos que esto: el Colegio Mayor de 
San Ildefonso, siete colegios menores de él dependientes para distintos 
estudios (dos de ellos para niñas); tres granjas de recreo para solaz e 
higiene de los estudiantes y maestros ; un hospital de estudiantes, magní- 
ficamente provisto, y calles enteras y casas en ellas, para alquilarlas 
a las familias de los escolares, o a pupileros y hospedadores. ¿No parece 
esto un anticipo de esas modernísimas Universidades Norte-Americanas ? 

Accesorio, aunque imj^ortantísimo, de los establecimientos de en- 
señanza, eran las bibliotecas. Género escaso y raro fueron los libros antes 
de la invención de la imprenta. Hasta el siglo XII, los particulares, por 
encíimhrados que fuesen, tenían pocos. Alfonso el Casto poseía 50, y esto 
se cita como cosa extraordinaria’; el P. Elórez dice que el insigne 
Gehnírez no tenía más que 15 volúmenes-. Tan escasos eran, sobre 
todo en Castilla, (jue los Cabildos alquilaban a los particulares los que 
tenían, en subasta, llevándoselos quien más daba. En el siglo X\’’ ya 
hubo algunas bibliotecas particulares muy surtidas, con bibliotecarios 
y escribas: se citan las del Marqués de Santillana, en su Castillo del Real 


’ Navas; Nolicias... cit. en el I. B. 

2 PÉREZ DE Guzm.-vn: Lihi'0... cit. en el L B. 


144 


Arquitectura civil española 


de Manzanares, con Martín de Avila como jeíe; la del Conde de Bena- 
vente, en su palacio de esta ciudad, con Rodríguez de Sevilla ; la de Don 
Juan I de Aragón, en Zaragoza, con Mosén Per Arlés; la del Marqués 
de Villena, que dejó al morir «dos carretadas de libros». La serie la 
cierra, brillantísimamente, la colección de El Escorial, compuesta de 
33.900 volúmenes, muchos de ellos de altísimo valor bibliográfico 



Q().- POIILKT (T.\RR.\(.0X.\). 

P)Ii:riOTK( A DEL ^lO.X.VSTl'RlO. 

Mus. 


Las cor])oraciones monásticas v catedralicias fueron, desde la Alta 
Edad Media, las más entusiastas creadoras de bibliotecas. Cítanse la mo- 
zárabe de la iglesia de San Acisclo, en Córdoba; el Scvi piorimn del Monas- 
terio de Ripoll (siglo XI); el Armariinn del de Silos (siglo XII); la biblio- 
teca del de Poblet (siglo XI\’;, vías catedralicias de (lerona (siglo XIV) 
y de Toledo (siglo X\" . 

^ \id. Antolíx (Ti); Discurso de recepción... cit. ni eI I. It. 


10 


'45 


V. Lampérez y Romea 



loo. -Salamanca. I’niviíksidad. Portada. 

Dibujo de Moiniuis. Arquií. de España. 


146 



Arquitectura civil española 


Respecto a los cdificios-hihliotecas, no parece que los hubo expresa- 
mente construidos en la España cristiana de la Edad Media. Embebidos 
en monasterios y palacios, liabía salones destinados a contener los libros, 
de los cuales tenemos nn ejemplar hermosísimo en Poblet: magnífica 
biblioteca de arquitectura ojival, dividida por pilares en dos grandes 
naves, que cubren bóvedas de crucería. 



loi. — Salamanca. ITniversidad. Planta. 

Plano de Lampérez. 


En la mayoría de los casos, bastaban unos armarios colocados en 
algún ala del claustro. Aun estaba así nna de las colecciones de Poblet, 
en el siglo XVI, al decir del viajero CooKb El título de armavinm 
dado a la biblioteca de Silos es expresivo de estob Eas de las catedrales 
estaban asimismo en salas; pero la considta de los libros se hacía también 
en el coro. Los libros estaban sujetos a las j^aredes o a los puj)itres, por 
cadenas, para prevenir su robo. Aun alcanzó a verlos así el P. Vúlla- 

^ Libros viejos había hartos en derredor del claustro. Tb'u/c, cit. en el I. P>. 

^ Ferotín: Histoire , cit. en el 1 . P)., pág. 47. 


10» 


147 


V. Lampérez y Romea 


NUEVA, en la Catedral de Gerona U Las Universidades tuvieron desde, 
sus comienzos, estacionarios o libreros con tienda, en las que estaban los 
libros «de texto y de glosa», para akjuilarlos a los estudiantes 

Pertenece el tránsito del período que aquí se estudia a^ siguiente, 
el curioso intento de edificación de una Biblioteca nacional y pública. 
Filé el cronista del Emperador, Páez de Castro, el que, hacia 1559, 
dirigió a Felijie II un Memorial sobre el asunto. Pin él se contiene 
un programa (|ue nos sirve para conocer cómo se concebía un edificio 
para biblioteca en a(]uel tiemjio. Según el plan de Páez de Castro, la 

construcción había de levantarse en 
Valladolid, j)or ser residencia fre- 
cuente del Rey, y constante de 
muchos centros culturales y de varias 
«naciones». F 1 edificio había de ser 
firme y «proveído» contra los casos 
de incendio; tendría altas y grandes 
ventanas, al mediodía, para que to- 
dos viesen el Cielo, «jiorque ésta es la 
señal de la luz principal». Poseería 
tres salas destinadas a biblioteca, 
museo V archivo resjiectivamente. 
Decoraríanlas retratos de los Santos 
Doctores y de los princijiales sabios ; 
V, en el sitio principal, una pintura 
rejiresentando a Jesús, enseñando 
a los doctores en el temjilo V 

La U niversidad de Salamanca. 
Para alojar en edificio propio el 
«Estudio General» fundado jior Al- 
fonso IX de León, la reina Doña 
Catalina de Lancaster daba, en 1413, 
unos terrenos. A ]ioco, en 1418, se 
compraban unas casas para el desarrollo del plan, y otras más, en 
1428. Las obras se habían comenzado en 1415, y se concluían en 1433, 
según decía una inscripción en el piso de la antigua capilla^; El 
Tostado (acaso en el período de 1438-1440 de su preponderancia en 
la ciudad) concluyó el edificio, y lo aisló de los inmediatos. Pero aun 
faltaba alguna parte, cpie se hizo, al comenzar el siglo X\’I, con los 

1 ViLL.iNUEVA: Viaje... cit. en el 1. B. 

2 Partidas: 2-'.. ley X, título XXXI. 

Vid. Axtolín (R. P. G.): Discurso... cit. en el I. B. 

' I.a vió y jinñlicó (,'h.\cón en sn Historia de la Universidad. 

■ — 148 — 



102.- -Salamanca. 

Un I V E RSI D.M ) . E se AL ERA. 

Fot. de X. 


Arquitectura civil española 


favores de los Reyes Católicos. De los maestros que labraron el monu- 
mento conocemos a Alonso Rodríguez Carpintero, porque lo nombra 
aquella inscripción, y pretendemos conocer a otro, por la paternidad 
que algunos autores quieren dar a Enrique Egas, de la fachada de 
poniente. Correspondería a aquel maestro, y al primer tercio del siglo XV, 
la parte principal de la obra; y a éste, y a los primeros años del XVI, la 
citada fachada. 

El edificio es, en conjunto, cuadrangular, con dos fachadas: la de las 
Cadenas (hacia la catedral), moderna, insignificante; y la de la plaza de 
las Escuelas. El núcleo de la disposición interior es un patio, sensible- 
mente cuadrado, hoy cou galerías de doble piso, y primitivamente de 
uno solo, salvo en la de poniente, que siempre tuvo dos. Una escalera 
claustral, uua iglesita y distintas cátedras se agrupan alrededor del 
patio, aunque no ])or crujías uniformes, sino con cierta libertad dis- 
puestas. 

Xotemos los elementos estructurales. Por el exterior, un muro al- 
menado, muy bajo, cerca el edificio. Ea j)ortada de la plaza de las Es- 
cuelas es el trozo más insigne, como arte, del monumento. Es un enorme 
plano, meramente ornamental, trazado a modo de retablo, sin más hueco 
(pie el doble de las puertas, de arcos rebajados. Dos pilastrones laterales, 
y cuatro pilastras intermedias, y cuatro líneas horizontales de impostas 
y cornisas, forman una cuadrícula, bastante monótona, cuyos netos 
llenan escudos, medallones (el central con las efigies de los Reyes Católi- 
cos), atributos y hojarascas sin fin. Ea coronación es una crestería con 
pináculos, no menos profusa. El estilo es de un «Renacimiento» único, 
aun poco españolizado en el detalle, aunque en el conjunto «de retablo» 
lo sea mucho. ¿Obra de Enrique Egas? Tal creyó Ouai)kado\, y 
casi afirma P)ERTauX“, sin fundamentar el sujiuesto. Sería jircciso com- 
pararla detenidamente con otras obras conocidas del aripiitecto de los 
Reyes Cat(jlicos. Retirada del jdano de esta portada, aparece la verdadera 
fachada del edificio: gran lienzo de sillarejo, que la subdivide en sentido 
vertical; contra-fuertes con jiináculos, tratados con todas las galas del 
gótico florido. Entre ellos hav ventanas rasgadas: las de la biblioteca. 

\’eamos el interior. Hay dos vestíbulos: el del lado de la catedral 
conserva, de su hechura primitiva, un friso de vesería de lazo, mudéjar; 
el del lado contrario se cubre con bóvedas de comjilicada crucería, cou 
lujosas claves. El jiatio es de arcadas sobre columnas; los arcos son mix- 
tilíneos, de esa forma ([uebrada, cajuichosa, tan usada j>or los maes- 
tros cs]:)añoles desde el final del siglo XV. La escalera se hace notar 

’ Ou.\i)K.\Do: Salamanca... cit. en el I. P>., pág. lic 

- Michhi. (.\.): Histoire .. cit. eii el I.F>. 


149 


V. Lampérez y Romea 





103. — Salamanca. Colegios Menores. Planta. 

Croquis de Lampérez. 


150 


Arquitectura civil española 



104.- -Salamanca. Colegios Menores (ahora Instituto). 


— 151 — 


Fot. Gonihait. 


V. Lam Pérez y Romea 


por el antepecho, profusamente labrado con «historias» de caza y luchas 
de toros, entre mil «grutescos», todo de ejecución plana y recortada. 
Las estancias: la de la derecha del vestíbulo íué capilla de San Jerónimo, 
y tuvo, según una descripción del siglo XVI, bóveda en la que estaban 
piuladas y «labradas» de oro, sobre fondo azul, «las 48 imágenes de la 
octava esfera, los vientos, y casi toda la fábrica y cosas de la astrología»; 
la biblioteca, con suntuosa })uerta y reja «Renacimiento», reformada 
interiormente j)or Churriguera; las cátedras, de las que subsiste en su 
disposición y menaje ¡uámitivos la que oyó el «Decíamos ayer» de Fray 
Luis de León ; tipo interesantísimo de todas las de su época, con 
techumbre de arcos y maderamen, sencilla tribuna, rudos bancos y 
altas ventanas, que derraman una luz ejue debía ser cansadísima para 
leer los libros de texto, base de la enseñanza. 

Tratemos de concordar ahora los datos históricos con los carac- 
teres arquitectónicos. ¿Podrá admitirse que sea del período 1415 hasta 
1433 el patio, cuyos arcos son de una forma que sólo se ven en 
obras mucho más avanzadas y de un decadentismo evidente? ¿Y los 
contrafuertes (y por lo tanto, las estancias a que corresponden] 
hermanos de los de las catedrales e iglesias del tránsito de los siglos 
XV al XVI? De la escalera, artesonado del claustro, bóvedas del 
vestíbulo y puerta de la biblioteca, nada hav que decir: su data, de 
la primera década del siglo X\T, es clara. ¿Qué es, pues, loque se 
hizo de 1415 a 1433? ¿Xo resultará, a la postre, que los Reyes 
Católicos rehicieron todo el edificio? 

La Ihnversidad de Salamanca es un monumento, si no capital, sí 
bastante interesante, por cuanto a través de las reformas e inclusiones, 
da el tipo de un «Ifstudio» de la época : con la adición de alguna parte 
da gran portada) de positivas belleza e importancia. 

Escuelas Menores de Salamanca. Es, en mi concepto, un edificio 
interesantísimo, más que el de la Ihnversidad, porque conserva casi 
íntegra su disposición primitiva. 

Lo anuncia una fachadita «plateresca», hija, como lo es la Escuela, 
de la Lhiiversidad : igual puerta doble; análoga cuadricula pero con un 
solo orden)-, iguales escudos en los netos; análoga crestería. La diferencia 
se observa en un mayor españolismo en ésta que en aquélla : más declara- 
da energía, más claro-oscuro, más elemento fantástico. Por la hermosa 
portada se })cnetra en un vestíbulo, semi-descubierto, y de él, en un patio 
hermosísimo, amplio. Cohmmas con basas y capiteles muy subdivididos, 
con molduras todavía góticas; arcos mixtilíneos, caprichosos; cornisa 
clásica; pináculos «])laterescos» (hoy abrumados por una balaustrada 
«siglo XVII»). Otro ingreso, comidetamente análogo al principal, pero 
más modesto, comnnica con el exterior. 


152 


Arquitectura 


civil española 






Í53 — 


V. Lampérez y Romea 


El edificio todo, como el patio, no tuvo más que uu piso^ Lo 
forman diversos aposentos y estancias alrededor de aquél: pero no 
en crujías uniformes, sino en forma libérrima, pedida por el destino 
o por las condiciones del solar. Esta disposición es interesantísima e 
inusitada: por eso la cito expresamente. Las techumbres son de grandes 



lob. -Valladolid. Colegio de San (jREOorao. Fachada. 

Fot. Laureiit. 


vigas paralelas, o, más frecuentemente, de armaduras mudéjares, de 
artesón, sencillas, con tirante y cuadrales. Un gran salón, cuyo destino 
primitivo ignoro y se cubre con dos de esas armaduras, sobre un amplio 
y doble arco, que apean columnas con bellos capiteles «platerescos». 

1 Parte, tiene lioy otro, modernísimo. 

“ Hoy es Museo del Instituto (leneral y Técnico, que ocupa el edificio. 


154 


Arquitectura civil española 



El monumento, es, en su sencillez, hermosísimo y típico ejem])lar: 
rebosante, además, de aire, luz y alegría. 

El Colegio de San Gregorio de Valladolid. I). Alonso de Burgos, que 
si perseveró en el servicio de Isabel la Católica, recibió de ella grandes 
beneficios, fundó en la ciudad del Pisuerga un Colegio de leología 
para religiosos de la Orden de Predicadores, con advocación de San 
Gregorio. Dícese que las obras se hicieron desde 1488 al 1496: corto 
plazo para tan fastuoso y grande edificio. Por su importancia desde 
el punto de vista artístico, ha dado lugar a estudios y discusiones sobre 


107. — \'allai)oi ID. Colegio de San (iKegokio. Tatio. 

Foi. Laurcnt. 

SU autor, hasta ahora, en realidad, ignorado. Ihié CeAn BekmÚDEZ el 
que lo atribuyó a un AIacías Carpintero, muerto trágicamente en 1490 ; 
y ha sido, modernamente, un anpieólogo vallisoletano' (piien ha negado 
la atribución, con la jirueba de cpie un maestro de a([iiel nombre v de 
aquel oficio subsistía en Valladolid seis años desjniés del siqniesto sui- 
cidio, y de (pie a lo sumo haría los artesonados. Por concomitancias de 
estilo, entiende (pie el anpiitecto acaso sería Enrique Egas, aiimiuc 
auxiliado por artistas burgaleses, ]>ues muchos detalles son de la manera 
de los de esta ciudad, Diego de la Cruz v Guillén, rpie se sabe hicieron 
el desaparecido retablo. 

^ .\gapito V Ki'Vii.l.v: Guia de ulladoUd . cit. en el I. IL. pá(í. 155. 


CV=5 


V. Lampérez y Romea 


Aun dentro de la disjx)sición palaciana del patio central, la del Colegio 
de San Gregorio es singnlar. Penetrase en él indirectamente: pasada la 
j:>nerta, se llega a nn pequeño patio, que hace oficios de vestíbulo, en enyo 
fondo está la capilla ; y hay que dirigirse a la derecha para llegar al otro 
patio, centro del edificio. En él está la escalera, y, circundando los pór- 
ticos de planta baja y las galerías de la principal, están las aulas y la 
biblioteca. El edificio, enorme, reúne multitud de dependencias. 

Ea concepción artística del monumento es extraordinaria. La escalera 
V algunas portadas interiores son de un gótico, aunejue florido, todavía puro. 

Los artesonados de la biblioteca, 
magníficos, también tienen pureza 
mudéjar. Pero la enorme portada 
y el gran j)atio son del más abi- 
garrado y barroco estilo «Isabel», y 
aun dentro de éste, de una manera 
naturalista, tan rara y exuberante, 
que hace pensar en un prolegómeno o 
antecedente del «manuelino» por- 
tugués. 

La portada, más para vista en 
la adjunta fotografía que para des- 
crita, tiene, aparte de los motivos 
generales del arte gótico decadente, 

' doseletes, agujas, angrelados, creste- 
rías, etc., etc.), extrañas formas de 
troncos de árbol, ramas, cintas, hom- 
bres salvajes y peludos, y, por fondo, 
una imitación del entretejido de la 
cestería. El motivo central es una 
fuente : del pilón surge un árbol cu- 
vos /rufos son dos leones, tenantes 
del escudo de los Reyes Católicos. 
No menos fantástico es el patio, de retorcidas columnas en la planta 
baja y extravagantes huecos en la principal, cuyo intercolumnio se 
llena con una ventana gemela, con tímpano cuajado de haces de 
cintas, bordados y niños trepantes. La cornisa contiene los emblemas 
de Eernando e Isabel, con repetición alternada. 

hd ánimo descansa en la escalera, en las ricas ]X)rtadas interiores, de 
nn gótico <]ue, a pesar de su exuberancia «florida», parece tranquilo 
después de ver la ¡)ortada y el patio. 

El Colegio de San Gregorio es un monumento capital en el arte cua- 
trocentista es]>añol. Sn ricpieza arquitectónica prueba la esplendidez 

— 156 — 



108. — V.‘\LLADUL 1 D. 

( OLCGio DE S.\x Gregorio. Detalle. 


Fot. Pi icio. 


Arquitectura civil española 



loc). — \’ allal)Olid. Colegio de San (íregokio. 

I>ETALLE DE LA l’ORTADA. 


- 157 - 


Fot. Laurcut. 


V. Lampérez y Romea 


con que en el siglo se hacían en España las ínndaciones culturales; su 
estilo es una página extraordinaria en la historia de la Arquitectura 
peninsular ’ . 

El Colegio de Infantes, en Guadalupe (Cáceves). Fue Colegio-Seminario 
del monasterio insigne, fundado, hacia 1509, por el P. Juan de Azpeitia. 
El edificio, qu(‘ se conserva, es un interesante ejemplar del arte mudéjar 
guadalupense. Si en la disjiosición no tiene nada de notable Aipo dé 
patio con galerías), sí en la arcpiitectura de su bellísimo patio, todo de 
ladrillo, de dos pisos de galerías, con pilares y arcos de medio punto 
abajo, \Mlobles arcos de herradura túmida, de acertadísimas proporciones, 
arriba. Los avvaháes y los pilares chaflanados, tan propios del arte del 
ladrillo guadalupeño ; las portaditas y ventanas, los artesonados, y la 
poesía del j^atio, j)onen este monumento de la enseñanza en la lista de 
los más típicos españoles, ya (jue no entre los más suntuosos. 

El Colegio de Santa Cruz, en V alladolid . La gran institución del Car- 
denal Mendoza pregona mny alto la magnificencia del fundador, y ofrece 
un subido interés desde el doble punto de vista social y arquitectónico. 
Pasma que la obra, grande en lo material y en lo docente, fuese fundada 
para sólo 22 alumnos, y que para este reducido número se proveyese al 
Colegio de tan lujosas v numerosas cámaras y de tan copiosa librería; 
admira la espléndida dotación de mil castellanos anuales que le asignó; 
extraña la comodidad y libertad de qne los escolares gozaban en sus 
estancias y salidas; sorprende cpie en a(|uellos tiempos, esencialmente 
literarios, se estableciesen allí enseñanzas de Física, Medicina y otras 
ciencias; y entusiasma la idea del Cardenal, anticipada a ciertas teorías 
modernísimas, de que, en los tiempos de carestía, el Colegio se des- 
prendiese de sns fondos de trigo, vendiéndose a los pobres a sn justo 
])recio, regularizando así el del mercado. 

En lo material, el Colegio es un enorme edificio. La obra se comenzó 
en 1480, y se acabó en 1492, si hemos de creer al cronista del CardenaP, 
aunque la cosa inspira dudas, jmesto que un Cronicón de Valladolid dice 
(|ue hasta 1486 no se demolieron las casas cpie ocupaban el lugar, y 
en una cartela qne hay en el vestíbulo se dice que la construcción fué 
en 1491, y lo confirma el escudo de la fachada, donde no está todavía 
la granada simbólica. 

El edificio, del tipo común cuadrangular, con galerías, patio central, 
capilla a un lado del vestíbulo, grandes salones, fué comenzado en estilo 
gótico, al cual })ertencce el concej)to estructural de los contrafuertes 

^ Con intejición empleo el adjetivo, en el que englobo a Portugal. Véase mi estudio 
Una evolución y una revolución de la Arquitectura Española, cit. en el I. B. 

2 Salazar de Mendoza: Oln cit. en I. B. 

— 158 - 


Arquitectura civil española 



'59 


V. Lampérez y Romea 


resaltados en fachada, sus huecos' y los detalles, todos artísticos, del patio, 
de la capilla y de aquellos contrafuertes. Súbitamente aparece cortado el 
estilo para dar paso, sin transición, al del «Renacimiento», del que son los 
remates de los contrafuertes, la portada, el cornisamento y alguna puerta 
en las fachadas secundarias. Una de estas ])artes (la portada; es, evidente- 
mente, un i^ostizo, (|ue no entró en el jdan originario. Pero aun así, el 



II 1.— A’alladoliu. Colegio de Santa Cruz. 


Patio. 


Fot. de X. 


cambio de estilo es e\ddente. Debió ocurrir esto entre 1491 y 1494, pues el 
Cardenal, en su testamento (1494), demuestra, por una manda del 
retablo, (pie conocía el estilo «a la antigua». 

Ello es, de todos modos, cpie el Colegio de Santa Cruz es un monu- 
mento, (pie si tiene gran imjiortancia para el estudio social de las 
instituciones en Es{iaña, lo tiene capital en el de la Historia del Arte, 
como jalón en el camino del «Renacimiento». 

' Los actuales son de una reforma del sif^lo XVIIl. Los antiguos se ven en un re- 
trato del Cardenal, que se conserva en el Museo vallisoletano. 

— 160 — 


Arquitectura civil española 


Quién fuera su arquitecto, está sin fijar. A Enrique Egas se atribuyó 
siempre; en el testamento citado aparece el nombre de un Eorenzo 
VÁZQUEZ, a quien encarga el retablo, llamándole «maestro de nuestras 
obras»; y aunque no dice que lo fuese de las del edificio, bien pudiera 
haberlo sido, en su parte del «Renacimiento» b 

Colegio del Arzobispo, o de Santiago, en Salamanca. En eminente 
emplazamiento que lo ennoblece y dignifica, álzase el edificio (¡ue fundó 
el Arzobispo de Santiago, y luego de Toledo, I). Alfonso de Eonseca, de 
alto abolengo en lo aristocrático, en lo eclesiástico y en lo artístico. 
Comenzóse la obra en 1521, y en ella colaboraron varios de los más 
notables artistas de la época: Pedro de Ibarra, de quien es lo jirincipal, 
Alonso de Covarrubias, autor de la portada; Alonso Berruguete, 
que labró el retablo. Con tal 
fundador y con tales artistas, 
el edificio hubo de surgir mag- 
nífico, sin par entre los de en- 
señanza españoles. Centro de 
la fachada es la ])uerta, de 
orden jónico, sobre cuyo enta- 
blamento, un medallón con 
la imagen de Santiago entre 
dos grandes volutas, y los es- 
cudos del fundador, ronquen 
la servidad clásica })retendida 
por Covarrubias. La dis- 
posición interior es la con- 
sagrada : a la derecha tlel 
vestíbulo, la ca})illa ; luego, el 
patio, porticado, con escaleras claustrales y crujías alrededor. Lo (.pie es 
inusitado es el tamaño v el esplendor arquitectónico de la fábrica. La 
capilla tiene honores de iglesia, por la am])litud de su cruz y la altura de 
la linterna; todo de estilo gótico decadente, pero suntuoso. VA patio, 
«plateresco», es uno de los más insignes de Esjiaña. Las arcadas (¡ue lo 
circundan son de arcos de medio punto, la baja, y columnas corintias 
resaltadas, con una nobleza de com])osición digna del más purista patio 
italiano; y de arcos de tres centros, la alta, con columnas abalaustra- 
das y antejiecho donde cam])ea el escudo estrellado de los h'onseca ; 
todo de un jugoso y rico «plateresco» ('S])añolismo. 

¿Y qué decir de los numerosos medallones de las enjutas, con cabe- 
zas de nobles, guerreros y damas, prodigiosos de vida, de \'ariedad y 

1 Véanse, sobre este monumento: Tormo: Kl tiróle... L.\mpkrkz: Los Mendoza del 
siglo cits. en el I. P>. 

1 1 



112.- S.\LA.M-\NC.\. Colegio del .Vkzübispo. 

I‘.\CH.\PA. Fot. Laureni. 


161 


V. Lampcrez y Romea 

de elegancia ? ¿Y (jué de los pináculos qne rematan airosamente la 
composición ? 

Hecho el edificio a todo coste, pusiéronle no ima, sino dos y suntuosas 
escaleras. Y no fueron menores las amplitudes y número de estancias, 
refectorios y aulas. 

Universidad de Alcalá de Henares. La institución del «Colegio de San 
Ildefonso», creada por el Cardenal Cisneros en 1508, con la amplitud 
que ya se dijo ipág. 135), tuvo un edificio princij)al, levantado por el 
arquitecto Pedro Gumiel, en un estilo híbrido gótico-mudéjar-renaci- 
miento, v con los materiales propios de esta región : el ladrillo, el yeso. 



II3. — SAL.^:\I.\^X.\. ('OLEGIO DEL ARZOBISPO. PATIO. 

Fot. Lauvent. 


la madera. Queda de ello la capilla y el paraninfo. La capilla es un 
salón rectangular ; los muros ostentan profusa ornamentación de yesería, 
muy mezclada de aquellos estilos, y una armadura mudéjar de lacería. 
Cobijó un hermoso retablo (desaparecido), una gran reja «Renacimiento» 
(hoy en Carabanchel), el estupendo sepulcro de Cisneros (ahora en la 
Magistral), y los enterramientos de Valles y de Glaiiel. No hace falta 
ponderar lo que sería la capilla con todas estas jovas; hoy produce un 
raro efecto de desamparo v frialdad. El paraninfo, chillonamente ]:>intado, 
tiene curiosa ornamentación de estuco, obra de Bartolomé ACxUILAR 
v Hernando de Sahacíitn, de 1518 y 1510, v un buen techo mudéjar. 
Fué éste el recinto donde se oyeron las \'oces de los más preclaros 
ingenios españoles de los siglos XVI y XVI I. 

Próximo a mediar aipiél, el edificio sufrió enorme transformación. 
Fueron surgiendo la fachada v tres jiatios, de arquitectura «Renaci- 


162 


A r q II i 1 e c t II r a civil española 



- i6- 


114.— Alcalá de Henares (Madrid). La Universidad. Fachada. 



V. Latnpérez y Romea 


miento» cada vez más aclasicada ; de rico material pétreo^ como Cisneros 
soñara. Hízose primero la fachada, entre 1543 y 1583; celebérrima obra 



115. - Alcalá de Henares (Madrid). Universidad. 

Primer patio. Fot. de x. 


del arquitecto Rodrigo de Hontañón del escultor Pedro de la 
Colera, tenida como una de las joyas del Arte quiniestista castellano, 



116. — OS ATE (Guipúzcoa). Universidad. Fot. <íLux». 


conocida y admirada en el mundo entero. La composición es de lo más 
tíjáco esjiañol, por los grandes macizos, los peíjueños huecos y la galería 
terminal los detalles de jiilastras, las rejas (acaso de Nicol.vs de \’er- 

— 1Ó4 - 



Arquitectura civil española 


gara) y las guarniciones de los huecos, son museo y repertorio de la 
ornamentación nacional. 

De los patios (uno destruido), el llamado trilingüe (de Pedro de la 
Colera, 1557) es de bello arte «plateresco». El otro, obra de José So- 
peña (1662), es pretenciosamente clásico, y no muy recomendable, por 
su amaneramiento y su pobre inspiración herreriana. 

Todas estas fábricas del «Renacimiento» han relegado a segundo lugar, 
y hasta hecho olvidar, las primitivas de la fundación cisneriana; muy 
iii] listamente, pues éstas 
son de una modalidad del 
estilo «Isabel», interesantí- 
sima en nuestro Arte na- 
cional. 

La Universidad de Oñate 
'Gíiipúzcoa). Raro brote 
del gran arte «plateresco», 
en país donde escasea, es 
el edificio que alojó un 
tiempo el Colegio de Sancti- 
Spíritu, creado a mediados 
de] siglo XVI por el Obispo 
de Avila 1 ). Rodrigo Sán- 
chez de Mercado y Zua- 
zola, en la ciudad de Oñate. 

Si por la disposición general 
es uno de tantos de España, 
por la conqiosición arqui- u p. r f i ^ 

tectónica del exterior y del 117. - Oñ.ite ((íuifúzcoa). I'niveksidau. 
patio es de los más sobre- Planta. ¡vauo de x. 

salientes. 

Ea fachada principal, con torres, tiene sabor de viejo abolengo español. 
En fuerte contraste con los muros, construidos cou tosco sillarejo, destaca 
el cuerpo central, prodigioso de composición y de detalle. Por tradición 
gótica avanzan dos recios contrafuertes, decorados a modo de templetes, 
con dos Ordenes corintios sobre lujoso zócalo, y rematados maravillosa- 
mente ])or grandes candeleros. Xo es jiara descrita la riqueza de estatuas, 
grutescos y repisas que llenan los espacios, sin ocultar, no obstante, la 
ar<juitectura. En el centro se abre la jiortada con un Orden análogo: 
sobre él, un nicho con la estatua orante del fundador, y encima, el escudo 
aguileño de Carlos V. r)tros dos contrafuertes, todavía más lujosos y 
bellos que los descritos, refuerzan los ángulos de la fachada, y, cutre ellos 
y la rica cornisa, queda encuadrada la sencilla fachada. 



— 165 


IlS. -(^NATE ((lUlPÚZCOA). TnIVERSIDAD. PORTADA. I'ot. Reames. 


V, 


Lampérez 


V 


Romea 



— 1 66 — 


Arquitectura civil española 



- 167 — 


119.— OÑATE ((lUiPÚzcoA). Universidad. Patio. Resines. 


V. La m Pérez y Romea 


La disposición interior es la tantas veces descrita: vestíbulo; a la 
derecha, la capilla (con bóveda de crucería y nn buen retablo «plate- 
resco»); el patio; la escalera claustral, y las aulas y dependencias. El 
patio es un magnífico ejemplar, del tipo de columnas aisladas, arcos 
finamente moldurados, capiteles y medallones de puro «Renacimiento». 
La escalera (acusada al exterior por la torre de la derecha, que es su 
linterna) es notable por la techumbre cupuliforme, sobre trompas, de 
encasetonado triangular. Otros techos hay en el edificio dignos de mención : 
entre ellos, el del vestíbulo, de raro trazado. En este local, bajo el escudo 
de Mercado, una inscripción data y fecha la obra: 1545. 



120. — Torios A ( T akk agón a ) . 
Colegio de Carlos V. Portada. 

Fot . López Otero . 


121 . — Tortosa (Tarragona). 
Colegio de Carlos Patio. 

Fni . López Otero . 


El arquitecto del edificio fué el francés Pedro Picard. Dada su 
nacionalidad, ¿ habrá que buscar en el arte tolosano, más que en el español, 
la inspiración de sn bella obra? Es tema interesante, no para des- 
arrollarlo aquí. 

Colegio de San Iritis en Tortosa ' Tarragona). Con el título de «Real 
Colegio de San (Matías» fundó, en 1544, el Emperador Carlos V ese 
Colegio para educar a los jóvenes moriscos recién convertidos. 

Es un hermoso edificio, en el ipie se admira, especialmente, el patio, 
con arcadas, y bustos de los soberanos catalanes desde Ramón Berenguer, 
hasta el furulador : todo en estilo del «Renacimiento». La portada, de igual 
arte, es obra estimable, de menos energía y valor artístico que el patio. 


168 


Arquitectura civil española 


El Colegio del Patriarca, en Valencia. Debe cerrar la lista de los 
edificios pedagógicos de este período ( aunque en realidad está ya fuera 
de su cronología), notables por su arquitectura, el que levantó en la 
ciudad del Turia, para la enseñanza de. Teología y Cánones, aquel hombre 
extraordinario que se llamó Juan de Rivera, arzobispo ("1567-1611} 
y virrey de Valencia, Patriarca de Alejandría, místico ardiente y 
fervoroso, ordenancista severo, personalidad, en fin, que empareja 
por modo notable con su Rey Felij^e II. Y, tal como fué el hombre, 
fué el edificio: magnífico y severo. 

El 30 de octubre de 1586 comenzaba la construcción; en 1604 
se inauguraba el culto; en 1610 terminaban las obras. Al comenzar 
el año siguiente moría el Patriarca, como si, cumjdida la fundación, nada 



122.-- Valenxia. Colegio del Patriarca. 

Patio. Fot. Lanrcut. 


le restara que hacer en el mundo. Fueron los arquitectos del edifi ció: 
Antón del Rey, el de la iglesia; Guillen del Rey, el del maguo patio. 
Ilu la severidad y ordenamiento concurrieron, acaso por igual, la ins- 
piración del creador y la influencia escurialense. Al exterior tiene una 
gran fachada lisa, de ladrillo, tan sólo animada por una portadita clásica, 
con alguna licencia, y por la galería de arcos que la corona, según el 
tipo regional. Al interior, la dis]iosición se ajusta al patrón jialaciano: mas 
la extraordinaria de\’oción de Juan de Ri\x'ra se ve en el local del culto, 
que es, no ya una cajúlla jirivada, como era uso en los Colegios, sino una 
gran iglesia, a todos abierta. La arquitectura de ella es la de su tii'uqw: 
cruz latina en la forma, y, en los alzados, un Orden corintio apilastraclo, 
plano, frío y sin claro-oscuro, en contraste con los jiolicromados ornatos; 
altares dorados, frescos murales, |)intiiras, mármoles, jaspes y azulejos. 


169 


V. Lampérez y Romea 


El patio o claustro mereció siempre las mayores alabanzas, con razón 
fundada. Acertadísimo de proporciones, esbelto y ligero por las columnas 
aisladas y los arcos finamente moldurados, parece inspirado en el alca- 
zareño toledano de VillalPx\ndo, mucho más que en el escurialense de 
Herrera, con el que, a pesar de lo escrito j)or muchos, ningún parentesco 
tiene, como no sea en el insignificante y amanerado detalle de las bolas 
y los obeliscos del remate. Llaman la atención los pedestales en (pie 
apoyan las columnas de la galería baja, elemento intruso y feo que no 
se ve en ninguno de los patios del «Renacimiento» español de este tipo. 
Lo pidió, sin ninguna duda, el hecho (fe (jue las columnas eran cortas, 
pues fueron compradas de ocasión, labradas ya en Italia para otra obra; 
un palacio de los Duques de Pastrana. 

El clasicismo del patio, la gran escalera, y las severas aulas, biblioteca 
y oficinas, contrastan abiertamente con la brillante azule] ería que cuaja 
los z(3calos, cual concesión a las tradiciones locales, todas brillo y color 
orientales. 

A pesar de esta nota, el insigne edificio valenciano habla más al 
respeto cpie al sentimiento, según acertadamente aprecia el ilustre 
Llórente ó 


4 ° . -C I V I LI Z AC I ON M AHOM EX ANA 

(sicr.os VI n al xa') 

GENERALIDADES 

Con justo título figura la España mahometana, la Califal especial- 
mente, como uno de los factores de la civilización europea de la Edad 
Media. Las escuelas, academias, universidades y bibliotecas de Córdoba 
y Toledo, atraían a los sabios y estudiantes de todos los países. 

Para explicarse la carencia de edificios hispano-mahometanos de- 
dicados a la enseñanza, hay cpie conocer la organización de ésta. 

Durante varias centurias, hasta la XIII, el Estado no tuvo ninguna 
intervención en la enseñanza-, pues no constituyen casos de funda- 
ción ni intervencionismo las conferencias privadas que algunos sabios 
dieron en las mezciuitas de Córdoba y de Medina Azzahara, y en Medina 
Azzahira, protegidos por los Califas; como tampoco el hecho de que 
Alhakan 11 fundase, j)or iniciativa particular, algunas escuelas en Córdoba. 

1 Valencia, tomo I, pág. 675. 

- Conde y Dozy lo suponen ; Riher.v lo contradice, asegurando que sus opiniones 
no están fundadas. Véanse las obras de estos autores, citadas en la Bibliografía. 


170 


Arquitectura civil española 


La enseñanza, pues, era función ])iiramente privada ó Y, por raro 
caso, digno de llamar la atención, el primer centro de enseñanza mahome- 
tano, fundado e intervenido por el Estado, se debe a un Rey cristiano. 
Filé Alfonso X el que levantó en Murcia un edificio especial para 
colegio musulmán, poniendo a su frente al sabio Abu-Becpier. El hecho 
debió avergonzar justamente a los Reyes mahometanos, y uno de ellos, 
el segundo de la dinastía de los Nasaríes, atrajo a Granada a Abu-Beipier 
v creó una Escuela pública de filosofía y ciencias. Desde entonces siguió 
el Estado interviniendo en la enseñanza. 

Los Edificios. Era ésta primaria y superior; y en ambas, gratuita 
en principio, y retribuida después-. Pero como no era oficial basta 
la éjioca dicha, no hay, en ninguna de las dos clases, edificio propio 
que la encierre: todos son allegadizos, privados o públicos. 

Las enseñanzas, lo mismo la jirimaria que la secundaria, se dan 
donde al maestro le conviene y a los discíjmlos les agrada. El huerto, 
mientras el maestro lo culti\’a para ganarse un sustento que la enseñanza 
no le da; una tienda, donde ejerce una industria a los mismos fines; 
la habitación de su casa, son los locales ]iri vados donde se dan las ex- 
plicaciones. Unos son humildísimos; otros, suntuosos. Ben-Caustar de 
Toledo tenía cátedra en un salón de su casa, con paredes tapizadas 
de fieltro, alfombras de lana, diiaines, y, en invierno, calefacción^. 
He aquí, pues, un tipo de escuela jirivada. 

La pública eran las naves y las galerías de las mezquitas. xAllí, en las 
naves, diversos maestros reunían en corros a sus discíjiulos, y les daban 
las enseñanzas superiores, principalmente las religiosas. En las galerías 
del patio de las abluciones, los pedagogos de la enseñanza primaria 
tenían escuelas de niños, ó’ si había concurso de sabios que daban con- 
ferencias o lecturas, también eran aquellas naves las academias. Las 
mezquitas, como las catedrales cristianas, abrían sus brazos a maestros 
y estudiantes. 

Por excejición en este cuadro, aparecen unas escuelas con local |)rojúo 
que acaso no fueran las casas de los maestros. Albakan II fundó, }ior 
un voto religioso, 27 escuelas en C órdoba, tres en los alrc-dedores de la 
Aljama, y las otras en los diferentes barrios de la ciudad*. 

La ])rimera Universidad con carácter oficial, aquella (¡ue el Sultán 
nazarita fundó en el siglo XIII en Granada, jioniendo al frente al sabio 
Abu-Be(|ucr, tuvo también edificio })ropio, aumiue no construido ex- 

* Ribera: La enseñanza... cit. en el I. B. 

- Son curiosísimas algunas discusiones sostenidas entre los maestros musulmanes', 
sobre ,si era lícito y digno cobrar por la enseñanza. 

® Y. además, tras darles la enseñanza gratuita, ¡convidaba a comer a los alumnos! 
(Ribera: loe. cit. pág. 73.) 

■* Dozy: Histoire. tomo III, pág. loq. cit. en el 1 . B. 

- - 171 


V. Lampérez y Romea 


profeso. El Sultán la estableció en nna de sus magníficas cpiintas de los 
alrededores de la ciudad b 

Se tiene noticia de otra universidad fundada en Zaragoza por los 
mndéjares. Estaba en la Morería; pero no sabemos cómo era el edificio. 
Tampoco el de la escuela para moriscos, (pie estableció Carlos V, en 1545, 
en Valencia b 

Algo más conocemos de la madraza (Colegio imiversitarioj de 
Granada establecida por Ynsnf I, en 1349, para enseñanza de Eilosofía, 
Derecho, Ciencias y Medicina. Tuvo edificio propio, (]ne existió hasta 
el siglo XVIII, en que fné derribado para construir el Cabildo Viejo, 
frente a la Capilla Real. Tenía nna sola planta; nn jiatio con alberca 
y galerías circundantes, y crujías detrás; en el testero había nna sala 
principal nniy decorada, con nn mihrah. La portada era de mármol 
blanco, con arco de herradura. La ornamentación interior era de lo más 
notable de Granada'*. Los datos indican nn edificio de tipo común 
y corriente, sin disposiciones esjieciales a sn destino. 

Por concomitancias, más arquitectónicas (]ne sociales, pnede tratarse 
ácpñ de los edificios de enseñanza de los judíos españoles. 

Tuvieron éstos importantes centros de enseñanza en España desde 
mny antiguo: en Toledo se citan en los tiempos visigodos. En los del 
Califato, frieron famosas las academias de Córdoba, en competencia con 
las de los mahometanos^. Alfonso X las trasladó a Toledo, consti- 
tuyéndose, con la de protección del Rey Sabio, uno de los focos de cul- 
tura más intensos y brillantes de Europa, en el cpie se enseñaba Eilosofía, 
Teología, Matemáticas, Astronomía, Tísica y Literatura. 

Eos locales para las enseñanzas estuvieron siempre en las sinagogas; 
mas, segim parece, no eran las sinagogas mismas (como entre los maho- 
metanos eran las mezcjuitas), sino departamentos especiales anejos a 
ellas: entre los conocidos están los de una escuela en Córdoba 'h y otra 
en Barcelona**. A estas casas de estudios llámaselas, en hebreo, het- 
ham-midrás. 

Algo más (|ue noticias literarias tenemos de las de Toledo. En las dos 
sinagogas, conocidas hoy por los nombres de «La Blanca» y «El Trán- 
sito», (pieda bastante de las escuelas adjuntas b 

No es mucho, ni nos sirve para reconstituir la disposición arqui- 
tectónica de la primera. Contigua a ella hay un local (pie fué su dependencia, 

^ Dozy; Ribera: o 1 )s. cit. en el I. B. 

“ Li.okente; V alcudia cit. en el 1 . B. 

^ (lóMEZ Moreno: Guía de Granada, cit. en el I. B. 

^ Amador de eos Ríos (J): Estudios históricos, cit. en el 1 . B.. pág. 38. 

* Fita: Estudios, cit. en el 1 . B., pág. 393. 

® PuK, y Cadafalch: El Palau, cit. en el I. B., pág. 8. 

^ Amador de eos Ríos (R): La «Elcf-EIam-Midrds», cit. en el I. B. 


172 


Arquitectura civil española 


hoy es casa aparte: la número 3 del callejón de Jacinto. Restos de 
arquitectura mahometana en las paredes y una ruinosa galería, con 
maderas talladas en igual estilo: eso es todo. 

La del «Tránsito» está más completa. Al mediodía de la sinagoga 
hay un cuerpo adosado, compuesto de dos plantas: la baja debió ser para 
portería y dependencias; en la principal hay un gran salón de 70 metros 
superficiales, que no pudo tener otro destino que el de «academia» o 
escuela, donde los sabios hebreos darían las lecturas y comentarios. 
Una tribuna abre sobre la sinagoga, lín las paredes hay ricos frisos con 
arabescos, y una inscripción hebrea, no descifrada hasta ahora. Este 
salón ha sido considerado de muy distinta manera : como tribuna para 
las mujeres, como tribuna especial de Samuel Leví, etc., etc. Con razones 
que parecen fundadas, el historiador citado opina que no pudo ser sino 
la «bet-ham-midrás» de la sinagoga toledana. Es, por lo tanto, ejemplar 
único e interesantísimo. 

Bibliotecas. Las bibliotecas y gabinetes de lectura para doctos y estu- 
diantes abundaron grandemente en la España hispano-mahometana. 
En Córdoba, en la época del Califato, fueron numerosísimas. En general 
estaban establecidas en las mezquitas y en los palacios; de modo, que 
tampoco tenían edificios propios. He aquí, sin embargo, la noticia, de 
gran interés jmra nosotros, de uno especial. 

Un gran señor de Córdoba, en el siglo XI, llamado Aben-Totais, era 
un bibliófilo entusiasta. Reunió una colección de libros, cuya imj)or- 
tancia lo prueba el que, vendida más tarde en pésimas condiciones, 
produjo una cantidad equivalente a 4.000.000 de pesetas. Para guardar 
y consultar estos libros mandó construir un edificio es]:>ecial, «hecho 
con tal arte, que desde cualquier ])unto podían verse todas las estan- 
terías. K\ elegante vestíbulo, techos, ])aredes, terraza y ricos almohadones 
y alfombras es verde, color simbólico de la nobleza. Allí se ven trabajando 
constantemente seis copistas... Un literato, de los más entendidos de la 
ciudad, es su bibliotecario» h 

He aquí unos datos, que nos ])ernúten reconstituir mentalmente un 
tipo de edificio-biblioteca en el siglo XI. IH sistema es el hoy llamado 
panóctico-. un vestíbulo ju'ecedc al salón central, (pie sería «el de lectura», 
desde el cual se veían todas las demás salas colocadas en sentido radial, 
y cjiie eran «los dejiósitos de libros», jmesto cpie en ellas estaban las estan- 
terías. Algunas otias salas servirían de seviptorinm jiara los copistas. 

Dánse, ])ara terminar, las noticias referentes a la l)iblioteca cpie tenía 
en Córdoba Alhackm, hermano de Mohamad, (¡ue es tanto como dar la 
de la existencia de un cdificio-hihliotcca, aumpie ignoremos cómo era. 
lenía 400.000 volúmenes amontonados ])or el suelo, por insuficiencia 

^ Ribek.c: Bihliójitos... cit. en el I. It. 


<73 


V. Lampérez y Romea 


del local, por lo que hubo (|ue mudarla a otro (siu duda hecho ad-hoc); 
en ella había talleres de iluminadores, copistas y encuadernadores; 
un bibliotecario estaba encargado del índice h 


5 ° C I V 1 LI Z AC I ÜN i\IOD E RN A 

(SI-CxUXDA MITAD DEL SIGLO XVI AI, XVJII) 

IrL MEDIO SOCIAL. Corrcspoiicle al siglo XVII y a los principios del 
X\dII nn aparente incremento de las enseñanzas universitarias; el 



123. — Sevilla. Colec.io de San Telmo. 
Detalle de la Portada. 

Fot. de X. 


número aumenta, \’a cpie no la extensión de la doctrina. Surgen nuevos 
centros de estudios generales: Sigüenza, Santiago, Mallorca, Valencia, 
Sevilla, Osuna, l'oledo, iMurcia, CeiATra-; o se reforman las antiguas: 
Alcalá, Huesca... 

La luayoría llevaban vida precaria, alisorbidos })or los Colegios 
M ayores y Menores (de los que había seis de aipiéllos v \MÍntiuno de 

' Navas (Conde de las): liihlioiccas... cit. 01 el I. B. 

- En éste se refundieron todas las universidades aragonesas y catalanas. 


174 


Arquitectura civil española 

éstos\ desnaturalizada su fundación, monopolizados por las familias 
nobles, constifuidos en plantel de donde salían todos los grandes 
personajes del Estado y de la Iglesia, y, a más, en hospederías de 
antiguos alumnos, por abusiva costumbre. 

Los Reyes de la Casa de Borbón pusieron mano en materia de 
enseñanza. Sería ofender al lecfor defallar el cuadro cultural de España 
en los reinado'^ de Eelipe V, Ornando VI y Carlos III. Como simple 



124. -BaEZ.V (j.VKN). 

Anticu.v Universidap 
(A iioR.v Instituto). Fot . </<■ A'. 


recuerdo necesario a mi objeto, irán aijuí las citas de las novedades 
de la enseñanza, como fueron la reforma y casi anulación de los 
Colegios Mayores (i/// , con el consiguiente jiredominio de las Uni- 
versidades; la creación de los Seminarios de Nobles, centros educati^aTS 
de las altas clases, en materias hasta entonces no acostumbradas (idiomas, 
dibujo, baile, ecpñtación, esgrima, etc., etc.); el favorecimiento de los 
colegios con pupilaje; la institución de los Seminarios ]xira Sacerdotes; 
y (la más inpiortante) la creación o total transformación de las ense- 
ñanzas científicas de Ingeniería, Medicina, Veterinaria, minas, artes y 
oficios. Ciencias naturales y Astronomía. 

Los Edificios. El auge del os (V)legios en el siglo X\dl, y las grandes 
reformas de la enseñanza en el X\ III, trajeron consigo la construcción 


175 


V. Lampérez y Romea 


de nuevos y numerosos edificios. Bastantes de los levantados desaparecie- 
ron ya, como el Seminario de Nobles de Madrid b la Escuela de veteri- 
naria-, y otros; alguno, muy importante, no se llegó a construir (el 
Colegio de San Ildefonso, en Alcalá de Henares) 

Los conservados, que más adelante se anotarán, son edificios grandes, 
espléndidos en general. Perdura en ellos, con contadas excepciones, el 
tipo palaciano de los de épocas anteriores: conjunto cuadrangular, patio 
central con galerías, escalera claustral, capilla o iglesia adjunta, aulas 
y dependencias en las crujías del ])erímetro exterior. Los componentes 
de las fachadas tam])ocf) variaron : muros laterales sencillos, y cuerpo 



125.- Osuna (Sevilla). Universidad antigua. 

Fot. de X. 


central muy decorado. Análogamente, los patios conservaron su impor- 
tancia aniuitectónica en arcadas de dos o tres pisos. El estilo es el que 
varió: barroco en los edificios del siglo XVII o primera mitad del XVIII, 
como son el Colegio de Calatrava en Salamanca, el de Navegantes de 
San Telmo, en Sevilla, la LTniversidad de Valladolid, la de Orihuela; 
neo-clásico en los de los tienqios de Carlos III, como el Colegio de San 
Bartolomé en Salamanca y la LTniversidad de Santiago. Alguna excepción 

1 Estaba en la calle de la Princesa; lo ínndó Felipe \’. en 1727. FEa nn edificio cna- 
drangnlar, con portadas chnrrignerescas. 

- Estuvo en el paseo de Recoletos, donde se levanta la Ritilioteca Nacional. Se 
construyó en tiempos de Carlos IIT. 

3 Proyectado j)or 1 ). Wntuka Rodríguez, en 1762. Eos jdaiios originales se conser- 
van en la Ifililioteca de la Escuela de Arcinitectnra de iMadrid. 


176 



Arquitectura civil española 




hay en aquella dis]:)0sición general, aunque 
la variante es sólo en el detalle: la Univer- 
sidad (hoy Instituto) de Huesca, que tiene 
patio octogonal. 

Párrafo y mención aparte exige la 
aparición, en la segunda mitad del siglo 
XVIII, de tipos de edificios de plan no- 
vísimo. El hecho de romj)er la rutina y 
estudiar la disj)Osición de los edificios con 
arreglo al programa especial de cada uno, 
debe de señalarse como un inmenso paso 
dado en la marcha de la Arípiitectura 
})ública española. h)l nombre del ar(]uitecto 
a quien se debe ])rinci})almente ha de 
consignarse con es])ecialidad. Fue I). Juan 
\ hLLANUEVA el quc, en el Museo de Cien- 
cias Naturales (hoy de Pintura y Eseul 


126.-- Orihuela (Alicante). 
Escalera PKiNcii’.m de la 

ANTIGUA ITnIVERSIDAD 
(lIOVrOLEGU) DE JESUÍTAS). 

Fot. de X. 


127. Orihuela (Alicante). 

Patio de la antk.ua I’niversidad 
(HOY Colegio de Jesuítas). 

I-ut. LíW) pérez. 


tura ), y en el Observatorio iVstro- 
nómico, marcó con trazo genial 
este lógico camino. Ha sido la 
primera etapa del ipie ha seguido 
la anpiitectura contenqioránea 
])ara llegar a las disjiosiciones 
privativas de cada clase. 

Anotaré ahora los más no- 
tables ejemplares del grupo y 
época f|ue aipií se estudian. 

Universidad de Huesca. El 
Rey I't'lipe III cedía, en ibii, 
cuanto se había reservado dc‘ 
aipiel palacio de los Reyes de 
Aragón, ya citado, ]>ara ampliar 
la Uni\’ersidad. Proyectóse un 
muvo edificio, modesto en las 
aulas, suntuoso eii la fachada 
reñía como m'icleo un ]iatio octo- 
gonal, rodeado de galerías de nn 


12 


•77 



V. Lampérez y Romea 


solo piso, con arcos sobre columnas. La fachada tuvo dos cuerpos, con 
ocho columnas cada uno; estatuas de sabios en los intercolumnios, 
y otra, a caballo, de Sertorio, en la coronación b Subsiste el patio 
y las aulas (hoy del Instituto de 2^. Enseñanza), y, por felicísimo suceso, 
la cripta y sala del antiguo palacio, llamadas «la campana de 
Huesca», y «Salón de l)a. Petronila», res])ectivamente, ya citadas en 
el tomo I de este libro. 



12S. — \’AirAnoLiD. Universidad. Fot. Laurent. 


V nivcvsidad de }\tlIadolid . El «estudio» de esta ciudad, elevado a 
Universidad por el Papa Clemente VI a jietición de Alfonso XI, en 1346, 
gozó de casa propia en la segunda mitad del siglo XV, por la generosi- 
dad del Almirante de Castilla 1 ). Alfonso Enríquez, que cedió la saya 
de la calle de la Librería. En tiempo de los Reyes Católicos se constru- 
yeron en ellas capilla, cátedra y claustro, constituyéndose con ello un 
edificio decoroso y cómodo, aunque modesto. Restos de él existían 
hasta hace contadísimos años: un muro de la capilla, con el escudo de 
los Reyes Católicos; un claustro, alguna puerta, y otros... Lateralmente 
al «estudio» del siglo XV, se levantó otro edificio universitario, en 1715, 
con claustro y fachada. Todo, a excepción de ésta, ha sido derribado 


* I.AEUENTE. ob. cit. en el 1. B. 


178 ^ 


Arquitectura civil española 


ahora para construir una nueva Universidad. Aquella construcción 
del siglo XVIII es la que aquí debe reseñarse. Era de tipo palaciano 
general: patio con galerías, crujías circundantes, fachada con cuerpo 
central muy decorado. Fué el arquitecto de ella el carmelita descalzo 
Fr. Pedro de S., y las esculturas y adornos los labraron Narciso Tomé 
(el más tarde famosísimo autor del transparente de Toledo - y su hermano 
Diego Tomé. Conservada con buen acuerdo, en la obra nueva, podemos 
estudiarla como vivo ejemplar típico de la arquitectura barroca españolad 



129. — Salam.\nca. Colegio pe Calatkava. Foi. de x. 


C otegio de Cataírava, en Satanianca . Fue uno de los instituidos en la 
ciudad, al mediar el siglo XVI, jior las Órdenes Militares, c'u coiujietencia 
con los llamados mayores, v el único <[ne se libró de la ruina. Elevado 
sobre una jilataforma con escalinatas y lialaustradas, luce con dignidad 
su masa torreada. Era un ejenqilar del más desenfrenado chnrriguerismo, 
cuando la «reforma» de los estatutos (que inspeccionó Jo\'ELLANOS, según 
da minuciosa cuenta en sus Diarios) alcanzó igualmente a lo material. 
La fachada (juedó lilire de hojarascas y garambainas, a excejición de las 
portadas, (pie obtuvieron clemencia de los «jiurilicadores» del churri- 
guerismo. Por ellas tiene el Colegio de Calatra\'a lugar princijial entre 
los grandes edificios de enseñanza, barrocos, de España. 


^ A(,apit(.) V Revilla (J): Iü edificio ciiiliguo. cit. en el I. P». 


12» 


179 


V. Lampérez y Romea 


lui el interior tiene gran iglesia, y buenos patio y escalera. 

Colegio de San Telnio, en Sevilla. Por raro caso en la general dejación 
española de los días de Carlos II, íné este Rey el qne fundó, en i68i, el 
Seminario de San Telmo, para enseñanza de «las artes de la navegación». 
Ifl edificio se comenzó en 1682, y en 1734 estaba terminado en lo prin- 
cipal. Fueron los artistas de la obra Antonio Rodríguez y los Figueroa. 

F 1 edificio es rectangular, torneado al exterior, con dos grandes 
patios. Las fachadas, de ladrillo, tienen linéeos rectangulares. Fn ellos 
es ])ieza famosa la portada: la diseñó Leonardo Matías de Figueroa, 
y la construyó sn nieto Antonio Matías en 1734. Merece estudiarse 
esta obra como una de las más tíjiicas del arte barroco andaluz. Fstá 
tratatlo a modo de arco de triunfo, pues la parte principal es un 
gran arco entre columnas, y arriba sobresale de la fachada un ático 
o «peineta» calado en el centro por un gran hueco, en el que se destaca 
la imagen de San Telmo. Tiene buenas líneas; pero desaparecen, 
cubiertas por profusión de molduras, volutas, flores, medallones y 
estatuas ejue todo lo ciñeren y complican. 

Fn el interior del edificio sobresalen : el patio principal, con arquerías 
de medio jiunto de ladrillo; la capilla (1724), de una nave, de Orden co- 
rintio, y la escalera, de mármol rojo. ¡Suntuoso palacio, en verdad, 
impropio de su destino! 

Colegio de San Barlolomé, en Salamanca. Llamábasele «el Viejo», por 
estar en ejercicio desde 1417. El arquitecto Don José FIermosilla (1776) 
filé el autor del reedificado edificio que hoy vemos, frente a la Catedral 
salmantina. Tiene alta e imponente fachada, en la que campea un soberbio 
pórtico de estilo jónico, y a la que sin duda pesa demasiado un ático. Es 
muy digno de consideración el patio, con dos Ordenes, y la escalera, 
imperial, realmente grandiosa. El edificio es una de las más bellas obras 
del neo-clasicismo español. 

U niversidad de Cervera. El ii de mayo de 1717 daba Felipe V un Real 
Decreto reuniendo todas las Universidades catalanas y aragonesas en una 
sola, qne había de situarse en Cervera (Lérida). La obra material, dirigida 
por el ingeniero I). Luis Curiel, comenzó en 1718, v concluyó en 1740. 
No menos cpie esos 22 años, y 40 millones de reales, se necesitaron para 
levantar acpiel edificio, de 112 metros de fachada jior 90 de fondo. La 
enorme masa tiene cuatro cuerjios elevados en los ángulos, y, en la 
fachada jirincijial, uno central, con portada barroca, con jiretencioso remate 
de escudo de armas. El patio, suntuoso, luce un gran frontis delante 
de la escalera de honor, con columnas, frontón y dos torres. La capilla 
servía también de ])araninfo: es de tres naves. El edificio, no obstante 
los defectos barrocos, es nn magnífico ejemplo del impulso (]ue, en los 
de enseñanza, dieron los Borbones en España. 

- 180 — 


Arquitectura civil española 



130. — Sl'.VII.LA. ('(Jl IJ.K) I>!-; ^I.\I-'H.\XTI'S DI', SaX Thl.MO. 

I’OKIAIIA. l-ut. Lmiimt. 


iSi 



Salamanca. Colegio de San Bartolomé. Fachada. Fot . Gombau . 


V. Lampérez y Romea 



182 



Arquitectura civil española 


Universidad de Santiago de Conipostela. Edificio comenzado en 1781 
por el arquitecto Ferro, seguido por Pérez Machado, Prado y Caveiro, 
y adicionado con un ático, en i88g, por Velázquez. Tiene facliada de 
tres pisos (moderno el último), con huecos todavía abarrocados y pórtico 
de cuatro columnas jónicas, sobre el 4ue hubo un grupo escultórico del 



132. — Salamanca. Colegio de San Bartolomé. 

Patio. ^'ot. de X. 


escultor gallego PiiRRiíYRtn líl jtatio es hermoso, anmpie también lleno 
de detalles aun barrocos. 

Observatorio Astronóniieo, eiiMadrid. Edificio es éste (jue hace honor 
a la Arquitectura es])añola del siglo XVIII, en sn griij)o de Instrucción 
pública. Como idea, j)ertenece al gnnx) (pie jiara la reforma y auge de las 
Ciencias había concebido Carlos III en 1744, agrujxindo, (‘ii el Prado 
^ iejo de Madrid, el Museo de Ciencias Naturales, el jardín Potánico y el 
Observatorio Astronómico. Como edificio ha dt' señalarse, según dicho 
queda, como uno de los jirimcros en los cjue se roinjMÓ la rutina de la dis- 
]:iosición jialaciana ])ara todo y jior todo; \' si i'l jirobliMua no oblma) 


183 - 



Madrid. Observatorio Asironómico. Fot. Laurent. 



— 1S4 — 




Arquitectura civil española 


solución completa, es, por lo menos, nn avance notabilísimo. Y como 
arte, es una maravilla de sencillez y buen gusto, en el cpie la frialdad 
neo-clásica reinante se aminora con soluciones amables y graciosas. 

Mucho debió preocupar esta obra a Villanueva, (pie es su autor, desde 
que recibió el encargo, hasta que en 1785 la levantó. Poseo, j)or feliz ca- 
sualidad, no menos que tres proyectos originales, el último de los cuales 
es el ejecutado*. A lo que veo, se basaban todos en la construcción, 
en el alto cerro de San Blas, de nna gran ])lataforma donde se 
emplazaba el edificio ])rincipal. Delante de ella, en el nivel bajo, había 
dos edificios para oficinas v habitaciones, con un pórtico, v una cátedra 



134. — Madkiu. Ke.a,l Observatorio Astroníjmico. Fachada general. 

I’huw prop. lid Obscivatoi-io. 


O paraninfo entre ellos. Acjuel edificio principal fue tres veces variado. 
Aunque la planta es en los tres cruciforme, sobre la base de un salón 
cenfral circular, origen de la alta columnata, circular tambicÍHi, fue Villa- 
nueva modificando y reduciendo la idea dispositiva, y en ella, la de 
los alzados, como se ve comparando los jilanos, hasta llegar a los sen- 
cillos ejecutados. El proyectado edificio de abajo no se llego a consfruir. 
De haberse hecho, fuera aipiel conjuufo, como se ve en el jilano original, 
soberanamente sereno y hermoso. 

Museo de Pintura y Escultura , cu ^Madrid. Fundaba Carlos II l, jior 
Real Decreto de 1785, un IMuseo de Ciencias Naturales y uua Academia 
de Ciencias; y encargado el ar([uitecto Villanueva de! ]iroyecto y 
dirección de las obras, dió forma a otra de sus grandes creaciones, 
lambién en ella se sejiaró del patrón rutinario. Hizo un edificio de 

*■ Pertenecen al Archivo del Observatorio, qne amalrleinente me lia jiennitido sn 
reproducción. 


ó 



Madrid. Real Observatorio Astronómico. 


V. Lampérez y Romea 



— i86 — 


Arquitectura civil española 



I "" I I 


187 — 


136. — ]íIadrid. Real Observatorio Astronómico. Planta general. 

Plano prop. del Observatorio. 



V. Lampérez y Romea 



i8S 



Arquitectura civil española 



138.- Mapkid. Musik) nrii Picado. Fachada lateral. 

Fot. Moteno. 



139, .Madrid. Museo del Prado. F.-\chada principal. 

Fot. Moreno. 


189 


V. Lampérez y Romea 


desarrollo exclusivamente longitudinal, sin más (}iie nn pequeño espacio 
sin la importancia de centro de composición. Grandes salones, nn pre- 
cioso vestíbulo circular, y nn cuerpo elíptico, resaltado, posterior, forman 
la distribución. Los alzados son notabilísimos: el del lado Norte tiene 
nn pórtico de Orden dórico, entre dos cuerpos laterales mny macizos; 
en el del Prado, dos extensas colnmnatas se desarrollan entre 
aquéllos, con nn enorme pórtico central; el del Snr lo ocnpa una 
portada y nn balcón entre columnas corintias. Los defectos de pe- 



140. — Madrid. Puerta del Jardín Bot. 4 nico. 

Fot. Liado. 


sadez en el ático y en algunos detalles, y la excesi\’a simplicidad en 
las cnbiertas, son dispensables ante las bellezas del conjunto. 

Ifn el pasado siglo y en el presente, el edificio ha snfrido 
algunas modificaciones. Una es la escalinata del jiórtico del Norte, 
(pie hizo con gran acierto y composición con lo antiguo el arquitecto 
J ARENO; otras, en la jiarte de detrás, en ejecución actualmente, 
no pueden aun ser juzgadas eu cuanto a su armonía con la obra de 
ViLLANUEVA. 

El edificio, como todo el mundo sabe, fué destinado por Fernando 
VII para alojar las Reales colecciones de Pintura y Escultura. No son, 
por tanto, imjnitables a Villanueva, las malas condiciones de ilumina- 
ción (jue, para su nuevo destino, tienen muchas salas. 

190 


Arquitectura civil española 


El Jardín Botánico de Madrid. Merece una mención, en cnanto a 
ejemplar arquitectónico, por la verja y las portadas que hizo Villanueva, 
en 1781, para cerrar la creación científica de Carlos III, que, en 1774, tras- 
ladara al Prado Viejo, el que Fernando VI había hecho (1755) en la Real 
Quinta del Pardo. La portada principal tiene tres huecos; el central, 
muy armónico y bello, es de arco, entre un Orden dórico, con 
frontón. Modelo de epigrafía es la leyenda (dictada por Iriarte) cpie luce 
en el friso y dice : 

CAROLVS P. P. BOTANICES INSTAVRATOK, 

CIVIUM SALVTI ET OBLhXTAMENTO. 

ANNO MDCCEXXXE 


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.- Así 



F. E 1) I F I C I O 8 
DE COMERCIO 



140.- ZakaítOza. i. a Lonja. 

DeI ALI.K DK I..V F.VCHADA. 

/■()/. Míis {('oler. (hl Itisl. ilr ]{st. C (ilahnics). 


13 



I 


1 


1°.— CIVILIZACION ROMANA 


(SIGLOS 1 AL IV) 

Si sabemos que los romanos establecieron gran comercio en España, 
favoreciéndolo con la construcción de caminos y puertos, emporios y 
basílicas, apenas si podemos aportar algunas noticias sobre las cons- 
trucciones propias de este tráfico. 

Los autores latinos (Vitrubio especialmente) nos dan a conocer 
diversas clases de edificios dedicados al comercio y a la industria: basílicas, 
tiendas, emporios, almacenes, atarazanas, aduanas, casas gremiales 
y otras. De todos hubo, necesariamente, en España. ¿ Qué queda ? 

Del más típico e importante de los edificios mercantiles, la basí- 
lica, sólo conocíamos, hasta hace poco, la cita de Ceán BermúdezA, 
del foro de comercio, con una basílica, en Córdoba. Recientemente, 
investigando las ruinas de Termes (Soria) y de Climia (Burgos), han 
aparecido cimientos y restos que los eruditos excavadores tienen como 
pertenecientes a sendas basílicas romanas. I.os de la primera son tan 
inexpresivos que nada permiten decir, en orden a disposiciones arcpñ- 
tectónicasC Los de Clunia son muros, difíciles de investigar bien, 
por estar enclavados en una ermita ; cerca hay cimientos de varias estan- 
cias cuadradas, de unos tres metros de extensión, colocados en línea 
recta a uno y otro lado de un muro corrido, con la misma disposición 
que tienen hoy día los puestos o tiendas de nuestras ferias o mercados 

Algo más, no mucho, conocemos de un emporio, en una isleta del 
(luadiana, frente a Mé riela. Por el río llegaban a él los barcos fenicios 
y griegos : por tierra, las dos ramas (hoy unidas) del famoso puente 
le daban acceso. Era una gran plaza, cercada jior muros, muelles y es- 
calinatas que la defendían del río. Subsiste la isla y jiartes de esas de- 
fensas, formadas por una arquería ciega, delante de un recio muro. En 
el siglo VI aun estaba en servicio el emporio romano, constituyendo 
un lazo de unión comercial e intelectual con Grecia y con x\sia, según 
se lee en los interesantes relatos de los Padres Emeritenses. 

^ Ce.4n Bermúdez: Aniigiiedades... cit. en el J. B. 

“ Kom.^nones (C.de): Las ruinas... cit. en el 1. B. 

® C.\i.vo (J.); Excavaciones... cit. en el I. B. 


13 * 


'9.S 


V. Lampérez y Romea 


A la industria pesquera pertenecen los viveros de pescado en Calpe 
(Valencia, junto al cabo de San Antonio), (}ue estudió LABóRDEb 
Son unos estanques rectangulares, abiertos en la roca, en comunicación 
con el mar por dos canales, uno de entrada del agua y otro de salida. 
Cerca se veían muchos restos de construcciones. Debió ser, pues, un 
establecimiento de cría y acaso conserva de pescados. 

Como de un edificio comercial romano se dan también los muros 
hallados en Sierra del Castillo de Locubín (Jaén,). Marcan una cons- 
trucción rectangular, de 15 metros de fondo, por 4,33 de fachada, dividida 
en cuatro locales desiguales. Entre los restos carbonizados que los llenaban 
se encontraron pesos, medidas y monedas imperiales: de lo que le vino 
la atribución como edificio de comercio romano-. Difícil es detallar 
a qué clase, entre ellos, perteneció. 


1 De Laborde: Voyage... cit. en el I. B. 

^ I). Lope de Sosa: Jaén 1914-1915, págs. 142 y 216. 


1.12. — Valkncia. La Lonja. El Latió. 

Fot. (le X. 


2°. y 3 °.— CIVILIZACIÓN CRISTIANA. LA ALTA EDAD MEDIA 

(SIGLOS V AL XI) 

Y LA BAJA EDAD :\IEDIA Y EL PRINCIPIO DE LA MODERNA 

(SIGLOS XII A LA PRIMERA MITAD Dl-IL XVI) 
GENERALIDADES 



lÍL Comercio. Esjiaña fue siempre, por su situación geográfica, 
mercado abierto a todos los pueblos traficantes. 

Lm la éjioca de la dominación visigoda hacíase gran comercio con 
el Oriente. San Isidoro nombra en sus libros a los griegos y a los rodios 
como importadores de ju'oductos ; el Fuero Juzgo trata de los uegoeiautes 
transmarinos \ y se sabe (]ue en Mérida, Rosas, Am]un ias y Elche, habi- 
taban muchos mercaderes griegos y sirios. 

Desde el siglo VIH al NI, el comercio aumenta, sobre todo por la 
costa de Levante. lín los IX y X los armenios, sirios y griegos, frecuenta- 
ban los jHiertos de Cataluña, entre los cuales Barcelona obtenía pingües 
rendimientos con los derechos de Aduanas'. 

' Capmany: Memorias... cit. cu el I. B. 

— UJ7 — 


V. Lampcrez y Romea 


Para los siglos subsiguientes poseemos abundancia de datos sobre 
el comercio español. A dos fines tendía éste: al abastecimiento del propio 
territorio y al tránsito para otros países. 

La fundación del nuevo Imperio hizo de Constantinopla el emporio 
de todas las mercancías de Oriente. Buscaban éstas la expansión hacia 
el Norte de Europa; mas como el estrecho de Gibraltar estaba cerrado 
por la piratería africana, los comerciantes adoptaron las vías fluviales 
para transportar sus mercancías, y una de ellas fué la del Ebro, navegable 
en el siglo XII hasta Logroño, desde donde, por tierra, las llevaban 
a embarcar a los puertos del Cantábrico (Castro, Laredo, Santander, 
San Vicente de la Barc|uera). Existía comercio de estos puntos con Elan- 
des, Inglaterra y Erancia, ya reglamentado en el siglo XII, puesto que 
Alfonso VIII les dió, en ii8o, un fuero de mar^, y tan potente en los 
XIII y XIV, que exigió en el siguiente la constitución, en 1494, del 
Consulado de Burgos, como institución reguladora del comercio de Castilla 
con Elandes, Inglaterra, La Rochela, Nantes, Londres, Montpelier, 
etc., etc. 

Sábese también de la corriente comercial que la peregrinación a 
Santiago de Compostela impuso, sostenida principalmente por sirios, 
armenios y caldeos, que en la plaza del Paraíso de aquella ciudad tenían 
sus tiendas®. 

En los siglos XIV y XV, el comercio español alcanza su apogeo, 
por ambas costas: la catalana y la cantábrica. Cataluña lo tenía tan 
potente que hubo de establecer cónsules o representantes en las prin- 
cipales ciudades marítimas de Italia, Sicilia, Rodas, Bizancio y Siria C 
Por su parte, los mercaderes castellanos y vizcaínos alcanzaron privi- 
legios de xLlfonso XI (1331 ) y del Conde de Elandes (1339), y llegaron 
a levantar en Brujas casa y capilla propias ( 1414) ® y a poseer estableci- 
mientos de banca en el extranjero, como el muy importante del burgalés 
Polanco, en Elorencia. 

Al finalizar el siglo XV y comenzar el XVI, el comercio español 
tenía por centro, tierra adentro, las famosísimas ferias de Medina del 
Campo, a las que concurrían mercaderes de todo el mundo, que sostenían 
el tráfico por los procedimientos más adelantados : ventas, banca, giros, 
etc., etc. 

En la ])rimera mitad del siglo XVI, el comercio esj)añol cambia de 
rumbo y de caj^italidad. Las Indias, recién descubiertas, atraen al Océano 

^ FERN.4.NDEZ DE Navarrete (M) : 1 )isciiación ... cit. en el I. B. 

® García de Ouevedo (E): Ordenanzas... cit. en el I. B. 

® López Ferreiro (A): Historia... cit. en el I. B. 

‘ Capmany: (ib. cit. 

® García j>e Ouevedo: oh. cit. 

Espejo (C) y Paz (j): Las antiguas... cit. en el L B. 

1 (^8 


Arquitectura civil española 

las naves; y Sevilla, derrotando a Barcelona y a las «villas» del Cantá- 
brico, toma el cetro, haciéndose el emporio de los tratos mercantiles. 

La Industria. El medio social industrial de la España de la Baja 
Edad Media (que es de la que hay noticias) no aparece muy claro. Se 
tienen datos, por una parte, de la carencia de industrias, y hasta de la 
escasa aptitud de los españoles para tales faenas h Capmany, gran autori- 
dad en la materia, cita- los escritos de Balducci (1340), de LTzano 
(1440) y Honder (1545), de los que se deduce que España no daba más 
que primeras materias, e importaba todos los productos fabricados; 
y saca análoga consecuencia de los acuerdos de las Cortes de Toro en 
1386, de las de Madrid en 1419, y de las de 1548 y 1593, así como de las 
Ordenanzas de Menestrales de I). Pedro I (1351), de las de I). Juan II 
(1442), de las de tasas de manufacturas en Castilla (1442) y de las de 
fletes, de 1511. Mas por otra parte no faltan datos en contrario; y así, 
el mismo Capmany cita el Reglamento dado en Barcelona, en 1442, 
para las fábricas de paños •*, lo (]ue presupone su importancia, que se 
confirma, en Castilla, con las citas de muchas clases de ellos ([ue se hacían 
en la región, en las mentadas Ordenanzas de I). Juan II. Y son famosas 
las sederías de Granada, tan alabadas por los viajeros, así como las de 
igual materia en Toledo; las de lana de Sego\áa; los curtidos de Valencia 
y Córdoba, y las cerámicas de Valencia y Mallorca. 

Habrá que deducir, de tan opuestos datos, (|ue en España no había, 
en efecto, industrias en grande, y eran precisas las importaciones: pero 
que abundaban las ])e(pieñas y populares, hechas por y ]:>ara el j^aís, 
especialmente las de paños, muebles y loza, bordados y cueros la- 
brados. 

Los elementos parciales (pie responden a las distintas funciones mer- 
cantiles son de tres clases: los referentes a los tratos o ventas, privados 
u oficiales ; a las altas instituciones para el auge y defensa de los infereses 
de la clase; a la intervención gubernativa v social en el comercio. A cada 
una de estas funciones corresponden edificios esjieciales: tiendas, al- 
mudíes y otros análogos, a la jirimera; casas gremiales, lonjas y con- 
sulados, a la segunda; contrastes, pósitos y aduanas, a la tercera. De todos 
posee Esjiaña ejemjilarcs, algunos verdaderamente magníficos. 

bm cnanto a la industria, es el taller privado 11 oficial el edificio ([ue 
la encarna. 

Los lÍDiFicios. Las tiendas. Son los lugares de venta de géneros 
al por menor. En general eran jiarticnlares; mas como la sociedad, en 

^ N.-U'ACíeko (ol). cit.) ])onclera lo jioco industriales (|ue eran los es])añolcs de jnin- 
cipios del siglo XVI. 

“ Ob. cit., tomo III, pág. 335 y siguiente. 

® üb. cit., tomo I, pág. 243. 


'99 


V. Lampérez y Romea 



formación, necesitaba numerosas tiendas, también las establecían las 
corporaciones (consejos, cabildos, universidades, etc., etc.). 

Las tiendas particulares estaban, como es lógico, en las plantas bajas 
de las casas burguesas. Eran modestísimas de portadas. En irnos casos, 
el despacho se hacía por el portal de la casa, 3^ a la fachada sólo había 
un escaparate-ventana (ej., la casa de Vitoria, tomo I, pág. 100); en 
otros el hueco de fachada se cerraba con un tablero, que, al abrirse, 
formaba mostrador, al que se acercaban los compradores (ej., casa 
de la calle de Algabia, en Santiago;. Las miniaturas del códice de 

las Cantigas de Alfonso el Sabio ^ y 
las del Libro de los juegos de ajedrez, 
dados y tablas, dan curiosos datos 
sobre tiendas, con detalles del menage 
interior. En unas aparece la emboca- 
dura de la tienda con una arquería; 
el mostrador avanza sobre la fachada ; 
detrás está el vendedor, y delante el 
cliente; en el fondo se ven anaque- 
lerías- y los enseres del comercio 
(un pellejo de vino, un embudo y 
una medida, en una taberna; botes 
y redomas, en la botica de un alfaquí 
judío; un peso y una caja de caudales, 
en otra de tráfico que no se adivina,. 
Por cierto que en esta última se prac- 
ticaba el feminismo: las mujeres 
despachaban, lo mismo que en los 
grandes «almacenes» modernos. 

Las tiendas de cada oficio o indus- 
tria estaban distribuidas jior barrios 
y calles (véase el capítulo «Ciudades»). Otros productos (especialmente 
los comestibles) se vendían en plazas a cada uno de ellos destinada, 
constituyendo mercados: así, sabemos de la plaza de la Eruta, en Valencia ; 


143- 


-Santiago (Coruña). 

IVa tienda. 

Fot. Balsa de la J'ei’a. 


'' Alfonso el Sabio: Cantigas LA'A'A'1777, XCIII, C'I7//. Libro de los juegos. 
iolin 23. 

“ El ti]X) de anaquelerías que .se reju'esenta debió ser corriente. Eran de madera 
y de estilo mndéjar. Se conserva, por suerte, un ejemplar en el «South Kensington Museum», 
de Londres, que jrerteneció a la casa llamada de «La Lama», en Toledo. Estaba (hasta 
i8b8) en el fondo de una jiequeña estancia, en el patio, que formalxi, a lo que se cree, la 
botica, de una hospedería (?). La embocadura es un arco angrelado, con enjutas de vege- 
tales enrollados, y un arraliá donde se lee: S : AVTEM : TRAXSIES : PER : ME : 

DIÜM : lEOREM : ... E ... MENEE ... Dentro está la estantería, de dos jiisos de nichos, 
separados por una taja donde se lee: DIOS : TE : SALVE : ESTRELLA : DE : EA : IMAN- 
NANA : MELECINA : DE : LOS : PECADORES : REINA : .. 


200 


Arquitectura civil española 


de las Gallinas, en la misma; de la Paja, en Madrid; de la Azabachería, 
en Santiago; de las Caballerías, en Toledo; de la Lana, del Vino, del Trigo, 
del Aceite y de los Cerdos, en Barcelona. .T. Los vendedores tenían 
puestos, de cuya constitución arquitectónica tenemos algunas, pocas, 
noticias. Los de los carniceros de Toledo los llaman las Ordenanzas^ 
tajones, y eran de madera, pues se prescribe que tengan cubierta de este 
material, y puerta con cerradura y llave. Los puestos de los azabacheros 
de Santiago aun se conservan : son unas pequeñas tiendas alineadas, 
bajo un desnivel del terreno de la plaza, con guarniciones de piedra y 
puertas de madera. 

Parece probable que hubiese también mercados construidos en con- 
junto. Acaso algunos del siglo XVII, de que se tratará en su lugar, sirvan 
para deducir cuál fuera su disposición. 

Las tiendas oficiales respondían 
en la Edad Media a lo que hoy 
llamaríamos municipalización de ser- 
vicios : eran, principalmente, carni- 
cerías, panaderías y pescaderías. 

Su establecimiento constituía un 
privilegio de la Corona, la cual, siu 
embargo, lo traspasaba a ciertas 
corporaciones (que tenían así lo que 
ahora se denomina una cooperativa) 
o a algún individuo. Sabemos que 
los Reyes Católicos, al autorizar la 
carnicería municipal de Salamanca, 
establecieron que era sin quitar las 
que tenían, propias, la Universidad 
y el Cabildo. En Barcelona había 
cinco carnicerías oficiales, y, además, 
otra para los eclesiásticos, y otra 
especial de los judíos La pescadería de la misma ciudad pertenecía, 
en el siglo XII, a un ] '¡articular llamado En Grangi En Toledo cono- 
cemos la existencia de una carnicería, en el mismo siglo, situada en el 
«fondac del Rey» q y, en el XV, la de una «red del pescado», situada 


’ Es interesante conocer que las Ordenanzas prohihen la venta de los productos 
fuera de los sitios a ello destinados, como medio de fiscalizar .sus condiciones, pesos y 
precios. 

“ Título 42 de las OrdenaJizas. 

® C.^KRERAS Y Candi: pág. 3S3 de la ob. cit. en el I. E>. 

Carrer.as y Candi: ¡¡ág. 647 de la f)b. cit. en el I. B. 

® Amador de los Ríos (R): Toledo en el siglo XII, cit. en el I. P>. 



144. — CaS.\ tienda de un JUDÍí.) 
ALFAQUÍ del siglo XIII. j\IlNI.\TURA DEL 
CÓDICE DE LAS (iÁNTIGAS. Bilí. DEL 

Escorial. Foí. de x. 


201 


V. Lampcrcz y Romea 


«cerca de la carnicería, y en la calle que dicen de la Alcaydía», donde 
había obligación de depositar los pescados y la caza'. 

Veamos lo <pie puede saberse sobre la constitución arquitectónica 
de estas tiendas oficiales. 

1.a carnicería Mayor de Toledo, en el siglo XVI, era un edificio de 
dos pisos. En el jirincipal había una caj)illa con ventana 3 ^ puertas a 
la i>laza : en aquélla, 3 / con éstas abiertas, se decía misa para (jue los 
mercaderes y ]utblico pudiesen oirla «sin abandonar sus tratos de compra 



145. — ANAnUELKF.I.V MUDEJAR PROCEDENTE DE TOLEDO 

(hov en Londres), 

’ Loí. de A. 

y venta»- ¡Curioso modo de imificar la obligación con la devoción! 
Seguramente ésta no brillaría jwr lo mística v eiemjdar. 

I,a carnicería de \ alenda, en el siglo XI\q tenía dos corralones 
donde se degollaban y desollaban las reses y se vendían los desperdicios, 
y ocho tablas (inesas de des])acho) para la venta de la carne". 

1 )e la de Barcelona , sabemos (pie era un edificio abovedado, pues 
se descubiieron \arios tramos al hacer, en iqii, los derribos jiara la 

' Ordenanzas, tit. 41. 

“ Pisa: Toledo, cit. <11 el I. IL 

" Sanchíz Su’era: J.a iglesia, cit. en el T. H., j)áo;. 264. 


202 


Arquitectura civil española 




1^6. — Medina del Campo (Valladolid). 
Las Carnicerías. Planta. 

Plano de Rcvilln. 


apertura de la Vía LayetanaL 
El matadero de la misma 
ciudad, en el siglo XVI, lo re- 
presenta un dibujo-, del que se 
deduce que lo formaba un cuerpo 
alargado, interrumpido por un 
frontón indicador de una gran 
nave transversal, a la que abre 
ancha puerta coronada por el 
escudo de la ciudad. El edificio 
estaba adosado a la muralla. 


de la c|ue es la torre que, 
detrás, aparece en el di- 
bujo. 

Ejemplar completo 
de una carnicería oficial 
es la de Medina del 
Campo (V alladolid ) . Fonz 
la calificó de «la mej or y 
más cómoda que hay en 
España en su clase». Es 
un edificio rectangular, 
de una sola planta. 
Las fachadas esfuvieron 
abiertas por numerosos 





147.- Medina del Cajipo (Valladolid). 

Las Carnicerías. Vista exterior. 

Pol. A'^apito y Rcvilla. 



° I t 3 ü s (. 


148.— Medina 


DEL Campo (Valladolid). 
S(’cci(.)ne s. 


Las Carnickrí.\s. 


l'laiios de Rcvilla. 


huecos, lo (|ue le 
daría comodidad y 
carácter. Tres puer- 
tas, de arquitectura 
bastante notable, 
le prestan imjioi'- 
tancia monumental. 
Su composición es 
análoga : un «Orden» 
de columnas o de pi- 
lastras recuadrando 
un arco; encima. 


’ Carreras y Candi; oh. cit. en el I. ?>. 
^ Carreras y Candi: oh. cit., pág. 640. 


203 


V. Lampérez y Romea 


un frontón o remate, con el escudo Real. El estilo es el del «Renacimiento», 
muy decadente. Los datos históricos los dice una larga inscripción 
en la puerta principal : cpie lo hicieron los señores de Medina, reinando 





h'eli])e 11 , y siendo Corregidor 1 ). Pedro de Vivero; año 1562. La dis- 
])osición interior es de tres nacTs jiaralelas, divididas ])or columnas, y 
arcos de medio jnmto, a])oyando muros calados con c^entanas, (pie sopor- 
tan la cubierta, a dos 
aguas. Diríase la dis- 
posición y estructura de 
una basílica romana, 
o, por tradición, la de 
una iglesia del siglo X 
u XD. Como edificio 
singular, típico y com- 
pleto, debe señalarse 
especialmente la car 
nicería medinense'C 
Relacionado con el 
grupo de las tiendas ofi- 
ciales, V acaso más con 
el siguiente de las lon- 
jas, hay c[ue estudiar 
un edificio mercantil español muy importante, general y característico: 
el alnnuli, alholi, alhóndiga o alfondega (del árabe al-fhondac, hostería;. 
No fué, en su origen, más (pie una casa de contratación de trigo; 

* Sin sacar consecuencia ninguna, haré notar otra imitación análoga, en otro edificio 
de Medina del Camjto: la Casa Blanca, tomo I, j>ág. 51). 

- Ac„\pito y Itiivii.LA (J.): Las Cai'uicci'ias... cit. en el I. B. 



204 



Arquitectura civil española 

pero se hizo costumbre convertirlo en depósito de esa y otras semillas, 
de vino, de sal {alfolí) y de toda clase de mercancías. El establecimiento 
de una allióndiga fué obligatorio para todos los Concejos, según las 
Ordenanzas de Castilla. 

Ejemplar notabilísimo de ellos es el almudí de Valeíicia. Existía, 
por lo menos, desde la reconquistad aunejue no en el mismo sitio. 
Al que hoy ocupa fué trasladado en 1379. Sobre su construcción no tene- 
mos datos seguros: dícese (jue es obra de 1417, lo que no desmienten 
los caracteres del edificio. Ofrece la curiosidad de conservar la dis- 
posición de la basílica romana : una nave central rectangular de mayor 
anchura y altura que las laterales que la rodean por sns cuatro lados. 
Sencillos pilares con arcos de medio }:>unto separan las naves; ventanas 
altas dan luces a la central ; la techumbre es de madera, insignificante, 
seguramente varias veces rehecha. Ifl exterior es hoy más (jne sencillo: 
pobre y sin carácter. No es, por lo tanto, este almudí un monumento de 
arte; pero tiene verdadera im})ortancia, como ejemplar típico y raro 
de un estado social desaparecido -. 

Barcelona, tuvo en el siglo XV, edificios-almacenes de trigo en Hospi- 
talet, Elix y Bañóles, construidos por el Municij)io: ])ero nada ([ueda 
de ellos 

De época más avanzada (siglo XVI) se conservan algunos edificios 
del mismo género. El de Priego (Córdoba) tiene gran ])órtico })ara la 
contratación, y encima una galería (acaso mirador municipal). Ea fa- 
chada, con grandes machos almohadillados que encuadran ambas galerías, 
es muy característica. 

Al tipo de edificios-de])ósitos de mercancías })erteneció también 
la casa de la Ala (de Halla, en flamenco, mercado) de Barcelona, cons- 
truida en 1444 a expensas de la ciudad, para el depósito y venta de 
paños. Pereció en un incendio en 1608 '. 

Edificicjs sociales de los mercaderes. Desde muy antiguo, la 
im¡)ortancia del comercio rcxpiirió la constitución de corporaciones de 
mercaderes para el auge y defensa de sus intereses; y, consecuentemente, 
la de los tribunales mercantiles, siguiendo las costumbres de la é})oca, de 
que cada entidad tuviese sus jueces privativos. Eas Corporaciones 
gremiales y los Consulados de mar rejiresentan a ambas instituciones. 

h.,n nn })rinci])io, las necesidades de las corporaciones mercantiles 
están confundidas en unos mismos edificios, y éstos son casas ])arti- 
culares, o, lo (pie es más interesante, las na\’es o atrios de las ('atedrales, 

' Cruii.les (M. ])]•;): Guía... cit. en el I.JL 

- Hoy es Museo Paleontolc'ifíico. 

^ C.\RKEK.\S V ( ,\Ni)l: oh. eit. en el I. H.. ]>ágs. 052 y hy). 

^ C.-VRRER.^S Y C.XN'DI. oh. dt. ell el I. l’>. 

205 - - 


V. Lampcrez y Romea 


edificios maternales, abiertos, como ya hemos visto, a todas las manifesta- 
ciones sociales de la Edad Media. Tenemos noticias de estas curiosas 
costumbres en multitud de documentos: de casa particular puede citarse 
la que ocupaban en Palma de Mallorca los comerciantes genoveses e 
ingleses'; de reuniones en las catedrales nos da cuenta el conocido 
documento de 1582 relativo a los mercaderes de Sevilla, en el que el 
Arzobispo protesta de tal costumbre p y una escritura de concordia, 
extendida en Burgos en 1453, en la que los comerciantes y cónsules de 
la ciudad dicen: «ayuntados... dentro de la Iglesia de Santa María la 
Catedral» 3. 

No })odían satisfacer, tan impropios y ajenos locales, a la vida, cada 
vez más intensa, del comercio, y bien pronto se impuso la construcción 
de edificios propios, surgiendo las Casas gremiales, las Lonjas y los Con- 
sulados. 

Las Casas gremiales. Desde la constitución de los gremios de comer- 
ciantes, artífices y menestrales, debió haber domicilios, en cierto modo 
])rivados, donde reunirse. Deberemos suponer qne, en los comienzos, 
fueron las casas de los maestros los lugares de reunión : j»ero qne, si los 
romanos tuvieron casas gremiales ])roj)ias, no habían de ser menos los 
de la Edad Aledia. 

De Barcelona, donde este asunto se ha estudiado más, tenemos 
noticias del siglo XIV, en el (jue ya tenían casa propia el arte mayor 
de la seda, los caldereros, los plateros, los sastres y otros muchos más. 
Las reformas urbanas han demolido, no hace aún media siglo, dos de 
estos edificios, aumpie dejando algunos recuerdos gráficos. 

La casa gremial de los sastres estaba en la esquina de la Plaza del 
Angel y la calle de Tapinería. La disposición, qne debió ser la general 
de estas casas, era nna gran sala de reunión, con una antesala. Se subía 
|)or una escalera que, por caso singular, estaba en fachada, al exterior 
})or consiguiente *. De esa fachada nada sabemos. 

De la casa de los plateros se conserva mía reproducción dibujada, 
(pie muestra un cuerpo alto, con ventanales de estilo gótico (siglo XIV), 
\’ la noticia de «pie tenía el salón gremial irnos hermosos artesonadosL 

Los caldereros tuvieron casa suntuosa, juzgando de ella por la portada 
(pie se salvó, y <pie, rehecha, luce hoy en la plaza de Lesseps. Es obra 
del «Renacimiento» Domo r, j)ág. 142). 

' |ovKLLAN(js: Carla... cit. eii el I. B. 

“ Llaouno: ob. cit. en el 1. B. 

** ('.AKCÍA DK ÜUEVKDO: (ti), cit. en el I. Ib 

■* Carreras y ('andi: La Vía... cit. en el 1. Ib 
C.\RRERAS Y Candi: La B/'n... en la ](ág. 48 se reprndnce la lachada. 


206 


Arquitectura civil española 

Otra casa gremial que subsiste, completa, es la del arte de la seda 
(Velers); pero, por su fecha (1763) y por su arquitectura, pertenece al 
período siguiente. 

Las Lonjas. La lonja (del italiano loggia) es un edificio destinado a 
domicilio social de los mercaderes, donde éstos celebran sus reuniones 
y tratos; no son depósito de mercancías, y, si se aprovecharon para 
este objeto fné por caso abusivo, según nos prueba una Real Cédula 
de 1503, referente a la Lonja de Palma, tratando de poner correctivo a la 
costumbre de almacenar en ella trigos, mercancías y efectos de marinería’. 

La necesidad de la lonja como edificio construido ad Iioc, aparece 
en el siglo XIII. Ya en 1246 concedía jtermiso Jaime I jtara levantar 
la de Palma-, y dentro de la misma centuria, o al comenzar la siguiente, 
debió construirse la vieja de Valencia, de la (pie se trata en documentos 
de 1314^. Los edificios que se conservan no son, sin embargo, anteriores 
al siglo XIV : los más, del XV y XVL 

Si las vicisitudes de los tiem])os fueron cansas de cpie, de las medio- 
evales y del «Renacimienfo», sólo se conserven algunas lonjas, todas 
en las ciudades levantinas, no es cierto, como da a entender ('ampany^, 
que sean edificios privativos de esas regiones. He a([uí las pruebas- 
Hubo en Sevilla una lonja de catalanes, autorizada por cédula de 
S.A.NCHO IV, en I 2 C) 2 , en la cpie manda devolverles las casas, la lonja y el 
horno cpie les habían sido confiscados-’. De otra sabemos, en Burgos, 
por un documento de 1511, en rpie los comerciantes de la ciudad dicen: 
«estamos ayuntados c'n la casa de nuestro ayuntamiento... donde nos 
solemos é acostumbramos ayuntar»'’, cuyas j>alabras siqionen un 
domicilio social fijo y consuetudinario " ; y, en fin, de otra lonja mandada 
construir j)or los Reyes Católicos en (Medina del Cam})o, ])ara las necesidades 
de los mercaderes tpie acudían a las renombradas ferias 

(Mas ¿a (pié cansarse en acnmnlar noticias históricas, si las snbsistentes 
lonjas de Alcañiz, (íranada v Se\’illa, desmienten nialerialniente el aserto 
del ilustre historiador catalán (^ 


’ JovELL.\xos: ob. cit. til el T. H. 

“ JovEi.L.\NOS: ob. cit. en el I. H. 

” Llórente: Wdeiicia, cit. en el 1. 11 
* r.\MP.\NV: ob. cit. en el 1. P>. 

” C.\MP.\NV: ob. cit. en el 1. 11 
® (l.VRCÍ.V DE UUEVEDO; ob. cit. (TI cl 1. 11 

' .\nn i'xistía al comenzar el siglu XIX. pues lo \-ii') IIisakte, i[ne in ni J'iajc por 
Lsjiaña, al tratar de llirgos, describe así la ( asa del ('oiiMilado: «lín nna jilaznela qne 
llaman la Llana de ainera está la ( asa del ( onsnlado, cuya ])iu‘rta se adorna de nn cnerjio 
de arcjnitectnra corintia y sobre la cornisa, con dos buenas c'statnas (U' la jnsticia y la 
Paz. Entre las estatuas y nn balci'm se ven los esi ndos de las Armas Reales. En el Iriso 
se lee: Fntcttís jiis!iti,r pax.» 

” Espejo (('.): aniií^iuis... cit. en el 1. 11, jiág. ;r. 


207 


V. Lampérez y Romea 


Vengamos ahora al estudio arquitectónico de las casas de contra- 
tación, comenzando por el interesantísimo del tipo a que pertenecen. 

Desde luego encontramos dos grandes divisiones: la lonja abierta 
y la cerrada. La lonja abierta nace, naturalmente, de la imitación de los 
pórticos y claustros de las iglesias, donde en principio se reunían los 
mercaderes. Las de Barcelona (pórtico de San Antón), la de Alcañiz 
(Zaragoza) y la de Granada, son de este tipo. 

La lonja cerrada se presenta en tres formas; el almudí, de Valencia, 
tiene, como ya se ha dicho, la curiosísima persistencia dispositiva de la 
basílica romana-, las de Barcelona, Palma, Valencia y Zaragoza, responden 

todas al tipo de salón, de planta cua- 
drangular, dividido por serie de co- 
lumnas en naves, todas de igual al- 
tura, según una disposición típica de 
los salones civiles medioevales (biblio- 
tecas y salas capitulares de Pollet, 
Huerta, Huelgas, Fitero, etc., etc.), 
extendida luego a muchas iglesias. (La 
Seo de Zaragoza es el ejemplar más 
importante). Y en la lonja de Sevilla 
cambia por completo el tipo, copián- 
dose el del palacio con patio central, 
adoptado por el «Renacimiento» a 
toda clase de edificios, con ilógica 
unificación. 

En el conjunto de estas disposi- 
ciones, la mayor simplificación corres- 
ponde al almiidí valenciano, aunque 
la singularidad o rareza del ejemplar 
no permita sacar consecuencias gene- 
rales. Las lonjas levantinas, más 
complicadas, tuvieron, a más del salón, 
distintas de])endencias (capilla, prisiones, jardines, etc., etc.), de lo que 
nos hablan los documentos relativos a las de Palma y Barcelona, y que 
conserva la de Valencia; y la de Sevilla, por la enormidad de 
las necesidades inherentes a lo que fué emporio del comercio con 
las indias, tieiie múltij)les de})endencias de oficinas de tránsito y 
desahogo. 

En cuanto a los «Consulados de mar», por su institución eran tribunales 
mercantiles llamados a entender y juzgar en todas las cuestiones (]ue 
surgen de los tratos y contratos y proveer las necesidades públicas 
del comercio. Pos edificios que los cobijaron solieron estar unidos 

20(S - - 



Arquitectura civil española 

a las lonjas, como se ve aún en el ele Valencia. Sus nece- 
sidades eran las oficinas, la capilla y una prisión para comerciantes 
encausados por deudas. 

Lonjas abiertas. Las de Barcelona. Dicen los autores catalanes que 
el pórtico de tres crujías, de estilo gótico, que hay delante de la iglesia 
de San Antonio, sirvió de lugar de trato a los mercaderes; y que hubo 
otro, de igual destino, al lado del Avuntamientoh 



152. — Granada. La Lonja y la Capilla Re.a.l. Fot. Laurent. 


La de Alcañiz (Teruel). Es una cs}iaciosa loggia a la italiana, cuya 
fachada se compone de tres grandes, altos y esbeltísimos arcos de estilo 
gótico decadente, sobre los que hoy carga una galería, postiza en época 
muy posterior. No aparece muy definido si el local mercantil y adminis- 
trativo lo constituyó solamente la lonja, o ésta y el edificio que tuvo 
detrás, y se hundió por una voladura de ])óh’ora en 1840. Parece que en 
éste estaba la cárcel municipal, v un salón, (pie llamalian «la corte». 
Las abiertas y grandes dimensiones de a<|uélla autorizan a pensar que 
en la lonja se reunían los comerciantes y litigantes. De una magna junta 
hay tradición, al menos; la de los parlamentarios que prepararon el 

^ Lijo.tx (J); Historia... cit. en el I. H. 


14 


209 


V. Lampérez y Romea 




«Compromiso de Cas- 
pe», lo cual, de ser 
cierto, daria fecha an- 
terior a 1412 ])ara el 
monumento C 

La lonja de Gra- 
nada. La institución 
existía en la ciudad 
del 1 farro muchos 
años antes de tener 
edificio propio En 
1518 se trató de cons- 
truirlo, y que, al pro- 
pio destino, uniese el 
13 l’>ARCKLoxA. La Lonja. Fot. Mas. Banco del genovés 

histeban Centurión, y 

el de oficina j)ara el fiel del contraste j)úblico^. Levantóse en 
un ángulo de la ]:>la2o]eta anterior a la Capilla Real, v estaba terminado 
en 1522. El autor parece ser Pedro de ÍMorales, a lo menos en una parte. 
Poiapie sucedió que la Cajulla Real alegaba derechos al terreno, suscitando 
pleitos, cuyo arreglo final consistió en ([ue, sobre el único ]>iso (jue ne- 
cesitaba la lonja, se levan- 
tase otro, propiedad de la 
capilla, á’ ocurre })reguntar: 
cuo sería Enrique Egas, 
ejue es (juien hizo el piso 
superior, el autor del de 
abajo? 

La verdadera louja la 
forma un salón; en éste, la 
fachada es de esfilo gótico, 
en sus últimas manifesta- 
ciones: cuatro arcos eii el 
frente y dos en el costado, 
sobre columnas helicoidales, 
con cajúteles de hojarasca 


' Sancho (N): Pesad pcióu... 
cit. en el 1. B. 

“ I.AMi’ÉREZ (V): E¡ Castillo 
de la Calahorra, cit. en el I. B. 

^ Gómez Moreno: Guia de 
Gravada, cit. en el 1 . IL. ]>ág. 307. 154 . — Barcelona. La Lonja. Salón. Fot. Mas. 


210 


Arquitectura civil española 

y escudos de la ciudad en las enjutas. La portada, embebida en uno de 
los arcos, es «plateresca». YA piso suj^erior es una galería de arcos de 



. s /o is,iri 

' J / 


155. — ItARCELONA. l.A LONJA. Planta. Plano dr X. 

análogo arte que los inferiores, con rico ante])echo gótico y ancha cornisa ; 
V acaso tuvo coronación de crestería y pináculos. Interiormente, la lonja 



‘LJ. ^ ‘ f X Aj 

156. — Palma DE Mallorca (Paleares). Pa Lonja, l’lant.i. 

Plano de Reynés. 

contiene un amplio salón con techumbre cncasetonada. La galería se 
cubre con alfarje mudejar. 


14» 


21 I 


V, 


Lampérez y 


Romea 



E57.- -Palma de Mai.lorca (Baleares). La Lonja. Fachadas. 

Fot. Lacoste. 


212 


Arquitectura civil española 


En realidad, esta lonja no es un pórtico abierto \ pero tampoco puede 
incluirse en los tipos siguientes. 

Lonjas cerradas. Aparte de algunas de menos importancia de las que 
existen partes \ conserva España varios ejemplares verdaderamente 
monumentales, sin rivales en Europa; tales son: las de Barcelona, Palma, 
Valencia, Zaragoza y Sevilla. 

Lonja de Barcelona, llamada «del mar». La institución remonta a 
1344, pero el edificio es algunos años posterior. No aparecen muy fijas 
las fechas de su construcción: entre 1382 y 1398, la ponen algunos 



158. — Paoia de Mallorca (Baleares). La Lonja. 

\nSTA INTERIOR. Fot . Locaste . 

historiadores-; de 1357 a 1362, otros L En 1483, un gran temporal en el 
mar lo deterioró mucho, por lo ([ue se hicieron jirecisas grandes rejiara- 
ciones; y en 1772 fné derribada, a excepción del gran salón de contra- 
taciones. 

Bajo lina envoltura greco-romana, (pie edificó en 1772 el anjnitecfo 
Juan Soler, se conserva aquel salón, tle fípico esfilo gófico regional, 
con grandes arcadas de jiiedra, sosteniendo techos jilanos de viguería 
labrada. Encima estuvo «la sala del Consulado». Ni de ella, ni de la 
capilla, se ha conservado nada. 

^ Por ejemplo, la de Tortosa, siglo XIV. Conserva una fachada con muros ajime- 
zados de estilo catalán. (\’id. La Zuda, revista de Tortosa. 1915.) También en la Fres- 
neda (Feruel), la Casa de Ayuntamiento del siglo X\' tué lonja, según dicen en la localidad. 

^ Campana, Pifhrrer: obs. cits. en el I. B. 

^ Carreras y Candi: ob. cit. en el I. B. 


213 



Dibujo de Moiiuui. Aiquít. de España. 


V 


Lampérez 


y 


Romea 



214 


Arquitectura civil española 


La Lonja de Lhilma de Mallorca'^. Ya se trataba de su construcción 
en 1246 (y aun antes acaso), fecha de un edicto de Jaime I, concediendo 
terreno para edificar lonja y hospedería de mercaderes. El pensamiento 
no tuvo efectividad hasta mucho más tarde, pues es de 1426 el con- 
trato con el arquitecto Guillermo Sagrera para continuar y concluir 
la lonja en doce años, y por un tanto alzado. En 1449 estaba ya en uso, 
aunque no concluida : faltábanle las claraboyas ( tracerías de los ventanalesj, 
remates y coronas, cpie se contrataron en 1451 con otro maestro, Guillermo 
ViLASOLAR. Los detalles de todos estos contratos, y los del pleito inter- 
puesto por Sagrera por creerse lesionado en sus intereses, son del más 
grande valor para el estudio de la organización del trabajo de la Edad 
(Media. 

Demos de lado, no obstante, tales arideces, para extasiarnos ante 
la obra del insigne maestro mallorquín. 

La armonía, esa gran cualidad estética, brilla con intensidad en el 
monumento. Sobrio al exterior, donde una alternación de torretas re- 
saltadas y de grandes paños lisos establece una asombrosa euritmia 
de líneas y masas, variada con picante intención j)or las portadas y los 
ventanales; sobria igualmente al interior (a pesar de la inquietante 
torsión de las columnas) en el tpie la unidad de la planta domina, diríase 
que el monumento mallorquín tiene algo de la serenidad helénica, como 
si aquellos vientos que lle\’aron en la antigüedad las naves griegas a 
las islas Phituisas, oreasen aún la ciudad en los días del siglo XV, inspi- 
rando a Sagrera, a través de tan ojniestos credos artísticos, el concepto 
del arte clásico. 

La Lonja de ]\dencia'\ Ejemplar el más comjdeto de los exis- 
tentes, reúne, en conjunto original y pintoresco, la casa de contratación 
y el tribinial dcl consulado, y los estilos góticos y «Renacimiento». Su 
historia se sintetiza en dos fechas y un nombre: 1482 y 1498 son las 
que encierran el j^eríodo de su construcción: Pedro Comete fué el 
maestro, famoso ya cuando le encargaron la obra, v más después de con- 
cluirla, tan a satisfacción del Consulado, cpie mereció se le nombrase 
Alcaide ])erpetuo {conservador , diríamos hoy) del edificio. 

Compónese de dos jiartes principales, unidas j)or nn jardín: el salón, 
del tipo ya descrito, al que acom])aña una ca])illa ; una prisión para 
comerciantes quebrados, y algún otro accessorio; el Consulado, con dos 
pisos, alojando el salón del tribunal y las oficinas y dependencias. En 
la casa de contratación, de estilo gótico decadente, jx'ro con la sobriedad 
regional y con imitación visible de la obra de Sagrera, son de notar 
las altas columnas helicoidales, las bó\'edas sencillas y lujosas al par, 

^ JovELL.VNOS: ob. cit. Llaglino: ob. cit. en el I. B. 

“ Cruilles, Llórente, Ll.aguno, etc., etc.: obras citadas en el I. B. 


21 


l6o. -VaLKNCIA. 1.a I.ONJA. Sección. Dibujo de iM.muiii. 


V. Lampérez y Romea 



216 



Arquitectura civil española 



217 


i6i. — V alencia. La Lonja. Detalle de su coronación. Fot . Espiugas . 


Valencia. La Lonja. Fachada. 


V. Lampérez y Romea 



— 2lS — 


Arquitectura civil española 


y las fachadas severas y armónicas. Algo más hay. Compte era hombre 
sabio en el arte de la piedra , y aficionado a las complicaciones estereo- 
tómicas que ti ajera el «Renacimiento», y dejó en la escalerilla de la torre, 
\ más ann en la bóveda de la jirisión, muestras gallardísimas de sn sabi- 
duría. Ln el ciierjio del Consulado, si la distribución cambia, la compo- 
sición de las fachadas también, coronándose con una ar< pieria justamente 



163. - Zaragoza. La Lonja. L'achaha. 

Dibujo de Moya. 


famosa en el arte español, rematada a su xoz j>oi- una serie de merlones 
\ almenas, mezcla de crestería ornamental y de defensa guerrera, como 
mezcla son de estilo gótico y riel «Renacimiento» los pináculos y medallones 
que la decoran y magnifican. 

ha Lonja de ZarajjoziL . l'^s un soberbio salón, h.l exterior es típi- 
camente aragonés: muros de ladrillo con grandes huecos, terminados jior 
una aiqueiía con ida; coronación con Acolado alero tle madera labrada; 
todo en estilo de «Renacimiento regional». Ihi el interior, si los detalles 

’ Llaguo, Ounrado, Gascón de (Luor. etc., etc.; oLras citadas en el I. B. 

— 219 — 




V. Lampérez y Romea 


pertenecen a la misma arquitectura, la disposición y la estructura son 
las características de las lonjas levantinas ; tres naves de igual altura, 
separadas por columnas y cubiertas con bóvedas de crucería estrellada b 
El estilo viejo aparece sólo en las columnas, que pretenden ser clásicas, 
por tener capiteles jónicos, y en algunos detalles de decoración (guarni- 



i(j4.— Zaragoza. La Lonja. Planta. 

Plano de Lampérez. 


ciones de huecos, geniecillos y bichas que rodean los arranques de las 
bóvedas, etc., etc.). 

La magnífica lonja cesaraugustana fué mandada construir, en I54^) 
por el Arzobispo D . Fernando de Aragón, y se concluyóen 1551. Permanece 

1 La descripción que Llaguno hace es errónea, pues ni son dóricas las columnas 
ni hay linterna ni cimborio. No es menos equivocada la de PoNZ (Fm/c, tomo X\',^pág. 78), 
que dice que tiene columnas dóricas (son jónicas) en número de cincuenta (son 8 exentas 
3^ 16 adosadas). 


220 


Arquitectura civil española 


en el anónimo el maestro que la hizo ; los J nraclos de la ciudad, que es- 
tamparon sus poco interesantes nombres en la inscripción que rodea 
los muros, se olvidaron de consignar el del arquitecto. El hecho era (y 
es) frecuente. Mas ¡qué importa! ellos siguen y seguirán siempre 
insignificantes y desconocidos, y el del maestro, anónimo como es, 
será eternamente ensalzado. 

Intervenck)n gubernamental y socmal en el Comercio. Las 
Aduanas. Por su parte, el Estado hubo de intervenir en los tratos y con- 



165. — Zar.'VGOza. La Lonja. Exterior. 

Fot. Mas (Co/cc. dcl Iiist. de Est. Catalanes). 


tratos, |)rincipalmente jiara el cobro de derechos, de donde salieron las 
aduanas. Ea legal cobranza de derechos por la introducción de mercancías, 
o por su tránsito por las fronteras, ajiarece establecida v legislada desde los 
siglos IX y X. En el XIII, I'ERNando III la ordena según el modelo del 
ahnoxarifazgo mahometano, para los puertos secos y de mar. Eos Reyes 
Católicos, en 1431, dieron aranceles y ordenamientos completos: en 144b, 
para los puertos secos, y en 1430 ¡lara los demás, b'alta hacían, a juzgar 
por los pintorescos relatos de los viajeros, (¡ue citan las aduanas como 
una de las mayores vejaciones ipie ofrecían los viajes por Es])aña, pues 
las había en todas las fronteras de los distintos reinos; v como las tenían 


V. Lampérez y Romea 


arrendadas los judíos, no hay que ponderar con qué vigor cobrarían los 
derechos, si el viajero no llevaba cartas de recomendación h 

Otra exacción legal era la del almoxarifazgo, origen de los modernos 
derechos de consumos. La })agaban ciertos productos (vino, aceite...) 



i66.- Zar.\goz.\. La Lonja. Interior. 

I-'ot. Mas (Colee, del Inst. de Est. Catalanes). 


a su entrada en las ciudades; y se cobraba en las puertas o en los puentes. 
Las Ordenanzas de Toledo son las que contienen, entre sus análogas, más 
pormenores sobre esto. 

1 Cuenta Popielovo que eu Nielila, en 1484. los aduaneros le confiscaron todo, 
hasta un e,sclavo negro que le habían regalado en Portugal, al que no jnulo librar sino 
mediante el pago de tres ducados. I.ai.aing relata que en Valencia, el año 1502, le exigieron 
pagar hasta por los trajes de .su uso, sin tarifa ni arancel, sino según el capricho de los 
aduaneros. (Vid. las obras citailas en el I. H.) 


O -7 


Arquitectura civil española 


Escasísimos son los datos que lie podido recoger sobre los edificios 
destinados, en la Edad Media, al cobro de los derechos del fisco sobre 
las mercancías. Y los pocos que tengo se refieren todos a Barcelona, 
por ser Cataluña la región donde el estudio de la historia mercantil 
está mejor cultivado. 

Eas noticias más antiguas corresj^onden a las aduanas del trigo 
en Barcelona. Había dos: una j^ara los que llegaban ]>or tierra, y 
otra para los que se introducían por la marina. Aquél era el más 
antiguo, se dice, que se yeedificó en 1397 b cuya j)alabra supone otro 
edificio anterior. Nada sé de su constitución ai(}uitectónica. El otro se 
levanta en 1387, y sirvió hasta la segunda mitad del siglo XVI, en 
diva fecha fué trasladado su servicio a la «Hala deis Dra])s». Hay 
una nota antigua que dice (pie estaba lleno «de fustes y entrebanchs». 
¿ Podrá deducirse (jue consistía en un gran cobertizo de ]iies derechos 
y armaduras, todo de madera? 

En esa segunda mitad del siglo XVI, la aduana era dicha «Hala 
deis Draps», edificio ya analizado, y tpie estaba junto a la Lonja. A él 
se refiere, indudablemente, el viajero Cock, (pie relatando su visita 
a Barcelona, 0111585, dice; «Otra (casa) hay que llaman la Dnana, donde 
se pagan las alcabalas y tributos de todo lo que se vende en la ciudad». 

Esta aduana, en la que se habían juntado todos los servicios de su 
instituto, sirvió poco más tiempo, puesto cpie se incendió en 1608. La 
sustituyó otra, llamada deis Pallols , cpie en róqi sufrió igual siniestro. 

El Contraste. Otra forma de la inten^ención oficial en los tratos mercan- 
tiles era el contraste de las jiesas v medidas, jior funcionarios especiales, que 
conservaron (y aun conservan l el nombre arábigo de almotacén. Se conocen 
sobre este ramo; la intervención oficial de la ciudad de htarcelona, en 1375, 
sobre el peso de la harina, y diversas dis])osiciones de los Reves Católicos, 
relativas a los pesos pi'ih/icos de Salamanca (1494), Plasencia y otros 
puntos. I^a Amvísima Recopilación contiene órdenes haciendo obli- 
gatorio para todas las ciudades y villas del reino, el estaldecimiento del 
«Contraste», dadas por aquellos Reyes en (Iranada, a 10 de agosto de iqqí). 

Conocemos, ])or la misma Recopilación , las dis])osiciones referentes 
a que todas las ciudades v s’illas del reino tuviesen un edificio donde se 
estableciese el peso oficial. Su emplazamiento había de ser «en el lugar 
más ])úblico». 

A pesar de esa obligada abundancia de edificios de Contraste, son 
muy escasas las noticias de ellos, y menos los ejcm])lares. En Barcelona 
hubo, en 1375, una «casa del peso de la harina». De aciuel «peso público» 
en Salamanca, que autorizaron los Reyes Católicos en i4()4, (pieda algo: 

^ Carreras y C.andi: ob. cit., pág. 656. 


V. Lampérez y Romea 


SU escudo, entre el haz de flechas, y el yugo, eii una preciosa cartela, 
empotrada en el edificio del peso, que fué reedificado totalmente, con 
formas insignificantes, en el reinado de Felipe IV, según reza una larga 
inscripción que hay en el friso. 

Los pósitos. La acción social en los tratos agrícola-mercantiles tuvo 
su institución en los pósitos. Eran éstos graneros públicos para asegurar la 
provisión de los ])ueblos, regular los precios y librar a los labradores de 
la usura. La institución no parece ser en España anterior a los comienzos 
del siglo XVI, al decir del Le. Castillo de BobadillaC Se sabe que 
el Cardenal Cisneros, en 1512, fundó algunos en Toledo, xúlcalá y Torre- 
laguna, y que, al mediar el siglo, su utilidad estaba reconocida por las 
Cortes de Valladolid 1555 ;, <iue recomiendan se establezcan en todas las 
ciudades. La institución, cpie había sido realenga o eclesiástica, se con- 
virtió bien pronto en cooperativa y municipal. 

Xo quedan muchos edificios de esta clase. Sin que sea muy expli- 
cable la causa, desaparecieron los de las grandes ciudades, y sólo restan 
algunos de menor imjiortancia. En muchos ejemplares,' el edificio de 
pósito se unifica con el almudí. 

Los edificios industriales. El trabajo en la Edad Media era individual, 
familiar alo más; razón por la cual se ejercía en el taller privado, pequeño, 
íntimo, situado en la misma habitación del maestro. No obstante, debió 
haber algunos talleres colectivos para ciertas grandes industrias. Se citan, 
por ejemplo, en Liria, las casas-hornos; en Valencia, los obradores de 
jiellejeros, cereros y otros L y aquel citado «Reglamento», dado en 1422 en 
Barcelona sobre las fábricas de paños, presupone su existencia. IMas nada 
sabemos de la aR[uitectura de esos obradores y fábricas : hay que suponerlos 
compuestos de grandes naves, con arcos y maderamen, decorados al 
exterior con las armas del gremio, en las que ocupaba lugar principal 
el instrumento de cada oficio y la imagen del Santo Patrón. 

Un ramo especial de la industria es la fabricación de la moneda. Legal 
o abusivamente, fué una manufactura comjiartida entre el Estado y 
ciertas entidades poderosas (el Cabildo de Santiago, el Monasterio de 
Sahagún, por ejemplos) y hasta algunos particulares. Los Reyes Católicos 
])usieron término a tal anarcpiía, dando en 1497, en Medina del Campo, 
una orden j)rohibitiva de la fabricación particular. He aquí algunas 
noticias sobre las «casas de moneda», o zecas: 

En Mérida, durante la monarquía visigoda, hubo una oficina mone- 
taria, seguramente oficial. En la Baja Edad Media se establecían en locales 
privados de los castillos, j)alacios y monasterios, que gozaban tal privilegio, 
y c|ue no eran ]>ocos, pues en tiemj)os de hinrique IV había 150 autori- 

^ Coi.MEiRo: 1/isíoi'ici de la Economia Política en España, cit. en el 1. B. 

- I'ramoyekhs (L.) ; Inslitiiciones... cit. en el I. It. 


224 


Arquitectura 


1 española 


c i V i 



167. — Salamanxa. Escudo del Peso Público. 

Fot. do X. 


15 


W'- 


V. Lampérez y Romea 



i68 . — Málaga. ruEKi.v de las Atarazabas árabes 
(tioa’ ÁIercado). 


— 2 2 ó — 


Fot. <’.Photo-Hiill». 


Arquitectura civil española 


zadas oficialmente. Uno de estos locales que nos es conocido, puede servir 
de ejemplo: el llamado «torreón de la moneda», en la muralla de Jaca, 
donde se batían los sueldos y libras jaqueses. Decretada en 1497 la 
exclusiva del Estado, debió correr por su cuenta la construcción de las 
fábricas. En efecto, en el siglo siguiente se construyó la de Segovia, por 
Eelipe II, como se detallará en su lugar. 

Otro ramo de la industria, la construcción de barcos, debió tener 
siempre gran desarrollo en España, por exigirlo sus dilatadas costas. 
Los edificios que la encarnan son las atarazanas o arsenales. 

Las más antiguas de que tenemos noticias son de los tiempos visigodos. 
Relatando la concjuista de Itspaña el escritor árabe Ajbar-AIachuma, 
diceL «Aluza envió a uno de sus clientes, llamado Abu-Zora-Tarif... 
los cuales arribaron a una península, donde se encontraban los astilleros 
españoles». Trátase, pues, de un arsenal visigodo, al j^arecer, donde hoy 
se alza Tarifa. 

Después, hasta mediados del siglo XIII, la industria naval era ex- 
plotada por particulares. Recuérdese que el Almirante Boxifaz encargó 
a los astilleros de Vizcaya la construcción de la escuadra necesaria al 
forzamiento del Guadalquivir, en la compiista de Sevilla; y también 
(pie, al mediar este siglo, Alfonso X tenía contratadas, ])ara el servicio del 
Estado, diez galeras cpie se guardaban en aquella ciudad. Desde poco más 
tarde, los Reyes de Castilla tienen ya armadas propias C como lo prueba 
la construcción de las atarazanas de Sevilla; no obstante lo cual, 
subsistió el sistema de las contratas de navios para el servicio del Estado 'h 

Las atarazanas de Sevilla fueron construidas ])or Alfonso X, 
entre 1248 y 1252. La lápida conmemorativa dice, en caracteres mona- 
cales y en versos leoninos: «Séate conocida cosa, cpic esta casa y toda 
su fábrica hizo el sabio y claro eu sangre Don Alonso rey de los Españoles. 
Fué éste movido a reservar las galeras y naves de los suyos contra las 
fuerzas del viento austral, resplandeciendo con arte completo lo(]uc antes 
fué arsenal informe. En la Era de 1290 taño 1252)»^. 

Ortiz de Pined(» las describe ampliamente. Aun hay partes de ellas. 
Ocupaban el sitio (pie hoy es la Alaestranza, la Aduana la Caridad, 
y que, entonces, era orilla del (luadalquivir. En la jxlanta baja hay 
todavía cinco naves (tuvieron dieciséis), normales a la corriente del 
río, muy espaciosas, formadas por recios [lilares de ladrillo unidos j)or 
arcos y abovedadas. En el extremo de la central había (y se conserva) 
una pe(pieña cajiilla. 

^ Dozy; Investigaciones... cit. en el T. IL. tomo I, pág. 89. 

" C.-\ng.\-Argüelles : Diccionayio, cit. en el I. H., tomo ii, pág. qq. 

^ Fernández Duro (C): Armada, cit. en el I. F>., tomo I, pág. 329 3^ 332. 

Gestoso; ol). cit. (n el I. IL, tomo III, pág. 324. 


15 * 


V. Lampérez y Romea 


líl USO de los talleres sevillanos no fué largo. En 1534, Conde 
Hernando de Andrade, encargado de inspeccionarlos, informo que ya 
no contenían elemento alguno para construir galeras d Y siguiendo sin 
duda el abandono en 1587, Felipe II los transformó en taller de artillería. 
El destino se hizo definitivo en 1719, construyéndose entonces una 
insignificante fachada d 

Las atarazanas de Barcelona (llamadas hasta el siglo XV drecanes) 
existían ya en 1243. En 1255 se nombran en documentos «las atarazanas 
\’iejas». Debían ser particulares. Fas oficiales las comenzó Pedro II al 
lado de Mont juich. En 1378 las reconstruyó el Ceremonioso, contribuyendo 
a la obra la ciudad. Doce años más tarde se trataba de agrandarlas, 
construyendo también edificios y casas para que se pudiesen hacer en 
ellas 30 galeras, y al par habitaciones para los Reyes: un palacio que 
nunca se hizo^. La é])oca de mayor actividad la tuvieron en el reinado 
de Alfonso el de Xápoles: pero al finalizar el siglo estaban casi sin uso^. 
La piratería del XVI obligó a construir muchas galeras, por lo que los 
astilleros barceloneses renacieron. Al finalizar esa centuria fueron con- 
vertidas en cuartel; más tarde en lazareto; luego en maestranza de ar- 
tillería. 

En la é])oca de su \Trdadero uso, formaban grandes naves, con pilares 
y arcos de sillería, techadas de estaño, para los barcos, y además locales 
para oficinas, almacenes de aparejos, armas, etc. Un foso y una muralla 
lo circuía v defendía todo. 

Estas descripciones, y los restos de las atarazanas de Sevilla, prueban 
que ambas tenían disposición análoga, \’erdaderamente industrial y 
característica : grandes Jiaves paralelas, sej^aradas por pilares y arcos, 
dispuestas normalmente a la costa; seguramente unas con agua y otras 
en seco, para reparaciones y carenas. Los fosos y murallas de las de 
Barcelona indican un edificio militar y defendido, cosa muy lógica en 
un arsenal del listado. 

Parece que los Reyes de Castilla tuvieron también arsenales oficiales 
en el Cantábrico: en Santander y Castro Cordiales. Los Católicos acordaron 
su abandonos 


^ Fernández Duro: ob. cit. en el I. 1 >.. tomo I. pág. 323, nota. 

“ ('lESTOSO: ob. cit. 

3 Capmany, Carreras y Candi: obs. ints.. en el I. B. 

* Fernández Duro: ob. cit. en el L B., tomo I. pág. 324. 

® Fernández Duro: ob. cit. en el I. B., pág. 323. 


Arquitectura civil es ¡5 añola 


4 “.—CIVILIZACIÓN MAHOMETANA 

(SIGLO VIII AL XV) 

El medio social. Eos musulmanes españoles tuvieron importantísimas 
industrias y activo comercio. PorEnEDRisi y otros autores árabes conoce- 
mos las principales materias que España producía, exportaba e importaba : 
frutos de todas clases, vinos, aceites y azúcares, especialmente los de 
Murcia, Valencia y i\ndalucía: tejidos de seda, de los que eran famosos 
los de Murcia (al-g-uaxi) y Granada; tapices de lana, ([ue producía Cuenca 
y Chinchilla; armas de Córdoba y Toledo; cueros de Córdoba; papel de 
Játic^a; maderas de Tortosa; seda de Almería; loza de Málaga, Sevilla 
Valencia y Mallorca; vidrios de Almería; esteras de INIurcia; jnoductos 
mineros de mnclñsimos puntos, etc., etc. 

Desde los comienzos de la dominación, el comercio de los maho- 
metanos, con Oriente principalmente, fné importantísimo L Abderrah- 
man III hizo de Sevilla sn puerto ])rincipal, y sus aduanas daban 
pingües ingresos: el Califa Abdalá acrecentó el movimiento de esa ciudad; 
con los almorávides y los almohades, ese ])uerto comparte la imjiortancia 
con los de Almería, Málaga y Denia. Hacíase desde todos el comercio, 
o directamente ])or mar, con Italia y el Oriente, o })or mar a Africa, y de 
aquí, por caravanas, a Egi}ito y Siria, hhi el siglo NH, algunos reyes 
musulmanes hicieron tratados de comercio con Genova y Pisa. 

Tan activo comercio fné decayendo conforme el territorio ]>asó a 
manos cristianas. No obstante, una ]>arte se conservó en las de los mudé- 
jares. Sevilla, en los siglos XIII y NIV, conservaba la y\lcaicería rejileta 
de los jirodnetos de los tejedores, y en el NV (y aun desjiués de la recon- 
quista) los moriscos de Granada sostenían brillantemente la fabricación 
y comercio de las sederías-. 

Eos Edificios mercantiles. Para los tratos y contratos de todas estas 
mercancías, tuvieron los mahometanos esjiañoles (y los judíos, en cierto 
modo sus socios), bazares, alcaicerías, almudícs, abolís, etc. Veamos loque 
todos estos edificios eran. 

Almudíes. Eueron, como se dijo ya al tratar de los de las ciudades 
cristianas (jue de éstas tomaron nombre, casas de contratación y alma- 
cenes de jiroductos; distintos en esto de la lonja cristiana, que era sólo 
lo jirimero. hhi general, la mercancía (jne en ellos se trataba y guardaba 
era el trigo; jiero también se admitían otras: \ino, aceite, sal (al-folí'). 

1 .\l-M.\cc.'\ki , Analectos, lü. Edrisi , 1i5.\-Said . citados por K. Am.voor de 
LOS RÍOS: Alniería, cit. en el I. R. 

- Lal.aing dice (jue los comerciantes coinpral)an en Granada las sedas qne se llevaban 
a Italia. Ob. cit. en el ]. ]->. 


— 229 — 


V. Lampéréz y Romea 


No sabemos cuál era la disposición, pues no queda ninguno, des- 
cartada la Casa del Carbón, en Granada, que es a todas luces un fondac 
(posada) de la que se tratará en su lugar. 

Acaso el que retrata más el tipo de almudi mahometano es el cristiano 
de Valencia, cuyo análisis ya queda hecho. 

Bazares. Los mahometanos forman un barrio cercado y aislado 
del resto de la población : a veces se subdivide en bazares o barrios par- 
ciales para cada mercancía, aislados, por puertas y guardas, del vecino. 
Hay diversas calles cubiertas por toldos o esteras, tejados de madera 
(en el Mogreb) o bóvedas (en Persia); los bordean las tiendas, pequeñas 
generalmente (2 ó 3 metros de lado i, en cuyo fondo están las mercancías. 
Durante el día, los bazares son sitios de gran animación; por la noche 
se cierran y quedan bajo la vigilancia de guardianes y perros 

El Edrisi menciona muchos bazares en España, algunos con es- 
peciales encomios, como el de Tala vera (Toledo j, «que es digno de verse», 
lo cual, para un viajero que conocía todos los países musulmanes, es 
bastante expresivo. De la disposición arquitectónica no dice nada. 
Tampoco detalla lo que eran los bazares-alquerías que vió en Orihuela, 
y que, a falta de datos, nos figuraremos como esas posadas-comercios 
que hay modernamente en puntos estratégicos de las carreteras, en 
regiones de población muy diseminada (Asturias, Galicia, Vascongadas). 

Ya que no edificios, tenemos noticias de bazares del tipo del Oriente 
musulmán que se acaban de describir. 

En Toledo había uno en el siglo XIII ; pero su constitución y existencia 
era muy anterior a los tiempos mahometanos-. Era un bazar de judíos; 
en los documentos mozarábigos se le nombra alcaná. Estaba donde hoy 
el claustro de la Catedral. Consistía en un pequeño barrio, amurallado, 
formado por ^^arios zocos, una alcaicería y una sinagoga : una pequeña 
judería, con fin puramente comercial y aparte de la otra grande que 
había en Toledo. No obstante la reconquista, la alcaná subsistió, aunque 
en decadencia: en 1467 había quedado reducida a una calle con tiendas; 
hacia 1491 desap^arecióC 

En Valencia, en el siglo XIV, había otro bazar análogo, también de 
judíos, en su barrio. Se le nombraba el Cocli. Era un paraje cerrado, acaso 
cubierto, con tiendas a los lados, ocupadas por obradores de joyeros 
y otros comerciantes. En 1386 había 17 a cada lado. En el siglo XV 
tenía habitaciones encima^. 


^ Sal.'XDÍN : Manuel d’ Archéologie Arabe, cit. en el I. B. 

- Amador de los Ríos (R.): La Alcaná, cit. en el I. B. 

^ El Sr. Amador de los Ríos dice que natía justifica la afirmación de Clemencín, 
de que subsistía en 1500, cercada y con alcaide ¡iropio. 

‘ Rodrigo Partag.4s (J.): La Judería, cit. en el I. R, apéndice F. 


230 


Arquitectura civil española 

Los bazares especiales de sederías se conocen en España con el nombre 
de alcaicerias, nombre que quiere traerse de «Casa del César», porque 
fué el Emperador Justino el que dió a los árabes semitas el privilegio 
de trabajar la seda. 

La de Sevilla estaba entre la mezquita mayor (después la Catedral) 
y lo que hoy es plaza de San Eranciscob Aun existía en el siglo XVI: 
«Es un barrio de por sí — dice Morcado — lleno de tiendas de plateros, 
y escultores, sederos y traperos, con toda la inmensa ricjueza que se vela 
de noche, con sus puertas y alcaide, que también de noche las cierra 
con llave». 

La alcaiccría de Toledo duraba en el siglo XIII: estaba en el arrabal 
de Erancos, la parte principal de la ciudad, y tenía muchas tiendas^. 

La alcaicería de Granada se incendió en 1843, y desapareció por 
completo^. Tenía anchas tiendas pequeñas y de mezquina construc- 
ción, una aduana, y una mezquita De aquélla subsistió algo hasta 
el pasado siglo: una sala, con dos alhamías (alcobas) y techo de viguería, 
todo muy reducido. De lo demás nos quedan las descripciones de La- 
LAiNG, de Marineo Siculo y de Xav acero, que la vieron en el primer 
tercio del siglo XVI. Dice LalaingD «Granada es muy mercantil, 
principalmente en sedas... El lugar donde se venden se llama el Zacatín. 
Cerca hay una plaza (stej llamada la Alcaiccría, donde se venden las telas 
de seda trabajadas a la morisca... Estos son los dos más grandes y fre- 
cuentados mercados de Granada». De Navagero es esto'b «Es un 
sitio cerrado entre dos puertas y con muchas callejas, llenas por todas 
partes de tiendas en donde se ven moriscos vendiendo sedas...» Más 
datos arquitectónicos tiene la descripción de Marineo Siculo: «Llay 
casi doscientas tiendas... y esta casa, que se puede decir pequeña ciudad, 
tiene muchas callejuelas y diez jmertas, en las cuales están atravesadas 
cadenas de hierro que impiden (pie ])ucdan entrar cabalgando; y el (pie 
tiene cuidado de la guarda de ella, cerradas las puertas, tiene sus guardas 
de noche y perros (pie la velan, y en nombre del Rey cobra la renta y 
tributo de cada tienda »b ÍMucho más modernamente, hacia 1840, vió 
la alcaicería de Granada, antes del incendio, Girault de Prangev, (pie 
dice (pie se ])arecía mucho al bazar de Eez *. 

^ B.xllesteros : Sevilla e>i el siglo XIII. cit. en el I. B. 

“ Toledo en los siglos XII y XIII, ya citado (Amador de los Ríos [R]). 

® La reconstitución que se hizo de.'^pués no tiene relación con hj antiguo. 

Gómez Moreno: Guia de Granada, cit. en el I. B. 

Viaje, cit. en el I. B. 

® \'iaje, cit. en el I. B. 

■ Marineo Siculo, ob. cit. en el I. B. 

® tiiR.-\ULT de I’r.^ngey: Essai sur 1 Architecturc, cit. en el I. B. 

— ^31 — 


V. Lampérez y Romea 


Por todas estas descripciones se ve la hermandad de las alcaicerías 
de Sevilla, Toledo y Granada, y también su completa semejanza con el 
tipo de los bazares musulmanes. 

Tuvieron éstos tanrbién, análogamente a los cristianos, carnecerías, 
pescaderías y gallinerías oficiales, sí así se las puede llamar. Las de Granada 
estaban entre el Zacatín y el Darrob 

De aduana musulmana, conocemos la descripción de la de la seda 
que había en la alcaicería de Granada. «Aun existe (1892;... la y\duana 
de la Seda, que es la casa número 5 de la calle del Tinte, en la cual ha 
descubierto 1 ). Indalecio Ventura el arco de la Sala alta, decorado por 
ambas caras con jirimorosos adornos arábigos de mediados del siglo XIV... 
Los techos del comedor inmediato y de una alcoba situada a mano iz- 
(piierda de la Sala son de viguetas con recortes en las tablas, como de 
ordinario h>... Esta aduana no parece haberse diferenciado mucho de 
una casa pri^^ada. 

Edificios industriales. Citados cpiedan los productos industriales 
que jiroducía la España musulmana : tejidos de seda de Murcia y Granada, 
tapices de Cuenca y Chinchilla, cueros de Córdoba, armas de Toledo, 
papel de Játiva, loza de Málaga, Valencia y Mallorca, vidrios de Almería, 
etc., etc. Necesarios fueron obradores, talleres y fábricas. No creo que se 
tenga noticia alguna sobre estos edificios. 

Otra industria fué importante: la construcción de navios. En un 
país cuyas costas eran tan dilatadas y tan necesitadas de defensa, y 
cu\/o comercio era tan activo, debieron ser muchas las atarazanas. Cono- 
cimiento de una de ellas, en el siglo IX, con categoría de arsenal oficial, 
la da el escritor Ibu-al-Cutia, del X®. Historiando la invasión de los 
normandos, dice que el Emir Abderrahman, para precaverse, construyó 
una armada, y al efecto «hizo edificar nn arsenal en Sevilla». El hecho 
hubo de ser antes del año 858, que es la fecha de la invasión temida por 
el Emir. 

El Edrisi cita las atarazanas de Tortosa, Denia, Huelva y otras. 
Las primeras eran importantes, por las circunstancias de haber muy 
cerca hermosos pinares, que suministraban grandes piezas para los 
mástiles de los barcos. 

La disposición arcpiitectónica de las atarazanas, donde el taller 
fuese algo más que la j)laya misma, sería parecida a la de las cristianas, 
que quedan descritas : naves paralelas, separadas por arcos, con techumbre, 
V acaso nn muro de recinto, encerrando todos los talleres. Resto único 

’ (lüMEZ Moreno: (ritía. cit. en el I. B., pág. 315. 

- (iÓMEZ Moreno: Giíía, cit. en el I. B., pág. 315. 

^ Dozy: Investigaciones, cit. en el 1 . B., tomo 11 , pág. 333. 


Arquitectura civil española 


de una de ellas es la hermosa portada de piedra, que fué de las atara- 
zanas de Málaga, y se conserva aún, utilizada en un moderno mercado. 
Es de arco túmido apuntado, recuadrado con fajas verticales y dintel. 
En las enjutas hay sendos escudos, con inscripciones árabes que dicen : 
«Dios solo es poderoso», «Dios solo es grande». La obra parece ser de 
arte naserita del siglo XIV. 


5°.— CIVILIZACIÓN MODERNA 

(SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI, AL XVIII) 
GENERALIDADES 


El cuadro del desarrollo mercantil, industrial y agrícola en la España 
del siglo XVII, corre parejas con el político y administrativo. De tumbo en 
tumbo, la vida económica del país fué cayendo en la más espantosa decaden- 



iGq.— - Priego (Cúkdob.a). L.v Aluóndig.v. 

Fot. do X. 


cia. Las Indias no imjiortaban más que oro y plata amonedados o amone- 
dables; y en cambio se llevaban los brazos y la sangre de los españoles, 
despoblando el suelo de las gentes ([ue la exjiulsión de los moriscos y las 
guerras no habían ya arrancado. La agricultura, sin brazos, cargada 
de impuestos y tasas, y abandonada de los señores, vivía misérrima. 
La industria, ni aun eso: moría. Los jiocos (jue a ella se dedicaban eran 


OJ 


V. Lampérez y Romea 


considerados como «villanos» por aquellos gobernantes suicidas; con lo 
que los españoles, que siempre tuvieron el «punto de honra» muy en alto, 
preferían ser «covachuelistas » pobres, a industriales ricos. Todo era de 
manufactura extranjera ; ni papel se hacía en España, al decir de un 
autor de principios del siglo. Y el mal acreció en su transcurso de tal 
modo, que las Cortes de Barcelona de 1706, ordenaban que todo estran- 
jero que fuese a Cataluña a «establecer alguna industria, fuese recibido 
y tratado benignamente, como otro vasallo »C En cuanto al comercio. 



170. — Sevilla. La Lonja. Fachada. Fot. de x. 


no era mejor la situación. Sin productos propios, la exportación era nula ; 
y en cuanto a la importación, como el Duque de Olivares prohibió comer- 
ciar con las naciones con que estábamos en guerra, y éstas eran todas las 
de Europa, sobrevino el aislamiento y la paralización. 

La Monarquía Borbónica hizo cambiar totalmente el aspecto eco- 
nómico de España. Pecó ciertamente de exceso de legislación ; no todas sus 
medidas fueron acertadas ni eficaces, y algunas se hicieron notar por 
lo regalistas : mas el espíritu informativo es alabable, y el resultado 
notabilisímo. Para el asunto que aquí interesa deben citarse : el ennoble- 
cimiento de los industriales, eximiéndoles de aquella «villanía» odiosa 


1 Taemany: ob. cit. en el I. B., tomo III, pá^j. 324 y siguientes. 


234 


Arquitectura civil espaííola 


del anterior siglo; el fomento de la agricultura con las medidas sobre 
cultivos de terrenos baldíos; la construcción de canales, pantanos y 
caminos, y otras mil disposiciones; el decreto sobre el libre comercio de 
Indias, antes privativo de Cádiz; la creación de la Compañía de Filipinas 
y del Banco de San Carlos; la supresión de las aduanas interiores del 



i/i. — Sevili A. La I a'xja. ILvno. 

Fot. Lam [^érez. 


Reino y el consiguiente aumento de las fronterizas y cf)steras; la \ igori- 
zación de las rentas de Tabacos; la creación de las fábricas Reales, como 
la de algodones en Avila, la de cristales en San Ildefonso, la de ])orcelana 
en el Retiro, la de j)años en Guadalajara, la de sedas en Tala vera, la de 
tapices en Madrid, etc., etc., con la consiguiente importación de arte- 
factos y maestros extranjeros. 

lodo decayó al finalizar el siglo XVHI y comenzar el XIX, })or los 
pro])ios desaciertos de los españoles y los desafueros de nuestros enemigos 
los franceses y de nuestros «amigos» los ingleses. 


oo o oo oo o o o o oo oo o oo 


V. L a m p é I e z y Romea 



172. — Sevilia. La Lonja. Planta. 


Plano de X 


Oo o 00 00 POPO 00 00 o 00 



Arquitectura civil española 


Los Edificios. Diríase que por la «velocidad adquirida» en los días 
del Emperador, aun quedaron arranques en los de su hijo Eelipe II 
para levantar algún edificio de importancia arquitectónica destinado al 
comercio e industria. Valgan como muestra dos de hechura y entidad 
muy distinta: La Lonja de Sevilla y el Ingenio de la Moneda de Segovia. 

La Lonja de Sevilla es, como se dijo ya, la representación, 
en forma palaciana, de aquellos salones medioevales levantados j)ara 
los tratos y contratos. Ante la protesta del Arzobispo de Sevilla I). Cristó- 
bal de Sandoval y Rojas, que encontrara ocasión de repetir la escena 
evangélica con los mercaderes que, irreverentemente, hacían del templo 
hispalense lugar para su tráfico, se estipuló, en 1572, la construcción de 
una Casa Lonja b Los planos de Juan de Herrera fueron ejecutados 
por Juan de 1\Iinjarf:s, durando las obras de 1583 a 1598. En la lonja 
sevillana, el tipo cambia por completo en relación con los reseñados. 
Pertenece, como dicho queda, al del })alacio de dos pisos, sobre la 
base de un gran patio central rodeado de ])órticos, grandes vestíbulos 
y escalera claustral. Iin cuanto al estilo arquitectónico, diríase (jue 
la severidad del arquitecto escurialense se había dulcificado por el sol 
andaluz: de tal modo es amable a(|uella ar(pútectura, que tiene más de 
brama ntesca cpie de vignolcsca , sobre todo en el patio, com])uesto con 
iguales motivos que el de «los Evangelistas» del Escorial, y, sin embargo, 
mucho menos adusto. La disposición de la planta baja, con grandes y 
calados vestíbulos 3" magnífica escalera, tiene una ligereza desacostum- 
brada en el autor y en el estilo. Vuelven }»or éste las fachadas, con el 
dominio de la masa sobre el hneco, y el constante uso de las pilastras con 
exclusión de las cohmmas. No obstante, el conjunto es de verdadera 
monumentalidad. 

Ll Ingenio de la Moneda de Segovia, ])or el contrario, tiene mo- 
destia industrial: ]»ero es tíj)ico edificio, en lo social, del celo de Eelipe II 
por cuanto significaba mejoras nacionales, 3" en lo arcpiitectónico, de la 
manera «Casa de Austria», a todo ajdicado j)or los h'ehpes. Deseando 
aquél implantar en Esj)aña los })rogresos de la acuñación, alcanzados 
en Alemania, trajo en 1582 artífices, que, uo encontrando apropiadas 
las condiciones de IMadrid, y sí las de Segovia, aconsejaron situar en ésta 
el Ingenio. Al año siguiente ya se trataba de la construcción, (pie dirigió 
hasta su final, en 1598, el arcpiitecto Francisco de ÍNLikaC Sin atender 
a una inútil simetría, el edificio se des])liega en dos alas: una, la alta, 
contiene las oficinas; otra, la baja, los talleres. La severidad ck' las líneas, 
3’ el peralte de las empizarradas techumbres, dan carácter íntegro a esta 


^ (iESTOSO: Sevilla , cit. en el 1. I^>. 

“ Rivero (C.\.sto 31.“'' DEL): El Ingenio .... cit. en el I. B. 


V. Lampérez y Romea 


fábrica; v sello pintoresco, las escalinatas, muros y puentes del patio. 
¡ Lástima que la portada neo-clásica (hecha en 1828) ponga una nota de 
frialdad y pretensión, fuera de lugar ! 

Ya en el siglo XVII, ¿habrá que decir que acjuellos comercio e industria 
moribundos o muertos, no daban objeto para la erección de edificios de 
importancia a ellos dedicados ? Cítanse en las historias algunos : la fábrica 
de tabacos de Sevilla, establecida en 1620’- y reformada en 1670, como 
consecuencia algo tardía del monopolio, por la Corona, de la renta de 
Tabacos q la Aduana de Valencia instituida en 1626, por las Cortes 
de Monzón, y establecida en la Casa de las Armas 3 ; algunos Pósitos; 
el «Peso público» de Salamanca, reedificado por Felipe IV ; la Casa de la 



ijy — S egovia. Casa de la Moneda. Planta. 

Croquis de Lampérez. 


Moneda de Cuenca, que hacían, entre 1664 y 1669, José de Arroyo y 
Luis de Arriaga, y la de Sevilla, cuyo poco importante edificio aun 
existe cerca de la puerta de Jerez C 

También se levantan todavía, auncpie en otros oficios, el Almudí 
V el Contraste de Murcia, ambos del siglo XVII. Aquél es un edificio 
cuya base dispositiva es una planta baja completamente diáfana, con 
columnas, destinada a depósito y contratación, y una planta principal, 
a oficinas. El Contraste es una sencilla y grande construcción de piedra, 

’ Gestoso: Sevilla, cit. en el 1. B. 

- Canga Argüelles; Diccionario, cit. en el 1 . B., págs. 205 y 588. 

3 Llórente: Valencia, cit. en el 1 . B. 

^ Felipe V rednio todas las casas de la Moneda a tres: Madrid, Sevilla y Segovia. 
En 1856 se rennieron en la de la Corte, disponiéndose la construcción de un edificio, que 
es el que existe. 


Arquitectura civil española 


con portada apilastrada, con formas del «Renacimiento» y grandes 
muros que animan escudos y cartelas. En ima de éstas se historia el 



edificio, con la fecha de i6oi ; en otra se contienen disjiosiciones sobre 
ser los miércoles, jueves y viernes días de mercado franco y libres de 



175 — ( iRANOLLEKS ( llXKCEI UNA). MeRCADU. 


Fot. Mas. 


penalidad los deudores, «aunque sea a su iMaj estad», lín el interior, 
de dos pisos, hay sendos salones, que ocupan toda el área del edificio. 


^39 


V. Lampérez y Romea 


x\lgiinos mercados subsistentes nos dan ejemplos de disposición, ya 
que no de primores arquitectónicos. Uno, en Granollers, fué construido, 
en 1635, por el maestro de casas de Barcelona, Bartomeu Rufat, con el 
concurso de Bertrán Delmas, senador francés, Arnau Freneser, 
hostalcr, y Pera Serra, rajoler^. Consiste en un amplio espacio cubierto, 
sobre columnas, completamente diáfano. Recuerda las loggias mercan- 
tiles italianas. Fs nn buen ejemplar. 



o /o icj zo Z'i m 

I I ■ M . I 1 1 1 + 1 1 1 1 / 

176. -^Madrid. La Aduana (hoy ^Ministerio de 
Hacienda). Planta. 

Plano del Iiist. Geog. y Estad. 

Otro mercado, en Álurcia, tiene (o tenía, pues ignoro si subsiste' 
una nave rectangular cubierta, con paso central y puestos laterales; 
y algunos más a los lados, exteriormente. Trae a la memoria las 
tiendas de la Clunia romana. 

Fn cambio, el siglo XVIÍI vió elevarse multitud de grandes 
construcciones comerciales, industriales y de intervención del Estado. 
Fas hubo particulares: mas consecuentemente con el dominio del 

^ Datos de la Comisión de Conservncióni y Catalogación de Monumentos de Cataluña. 


240 



Arquitéctura civil española 



177. — Madkid. La Aduana 


(hoy Ministerio de Hacienda). 


Fot. Laurent. 


— 241 - 


16 


V. Lampérez y Romea 


giibernamentalismo de la época, fueron las oficiales los que mayores 
vuelos alcanzaron : aduanas y fábricas del Estado. 

Forman aquéllas un grupo importante. Pertenecen todas al estilo 
neo-clásico, sobre un patrón casi invariable, que tiene muchos puntos 
de semejanza con el de las casas de Ayuntamiento, que ya se describió, 
y por ende, con aspecto j)alaciano, que nada dice en orden al carácter 
del edificio. 

La Aduana de Valencia, comenzada j)or Fernando VI (1758), aunque 
no terminada sino en 1760, reinando ya Carlos III, la proyectó el arqui- 
tecto I). Felipe Rubio, y la concluyó su cuñado I). Antonio Gilabert. 
Fs un imponente edificio rectangular, tle fachadas apilastradas, huecos 
con frontones, cuerpo central anguloso y graciosísima coronación de 
lucarnas, balaustradas y pináculos. 

La de Madrid (hoy Ministerio de Hacienda) la construyó Francisco 
Sabatini (1769). El italianismo del estilo denuncia la nacionalidad del 
autor. Un gran basamento almohadillado sustenta dos pisos con series 
de ventanas, con guardapolvos, de frontón los de la principal. Un 
notabilísimo balcón sirve de motivo culminante de la fachada, que se 
corona con una cornisa tratada a modo de ático. Fa falta de relieve 
de esta obra, por la carencia de cuerpos salientes, se compensa con 
la nobleza de proporciones, verdaderamente magistral. El interior es de 
tres grandes patios y enorme escalera. 

Copia bastante empobrecida de la Aduana de Madrid, es la de 
Málaga. Es, sin embargo, muy apreciable. 

La Aduana de Barcelona . Fa antigua se quemó en 1691, siendo 
sustituida por otra, situada hacia Santa María del Mar. 

Escasa debía ser sn entidad arquitectónica, puesto que en 1712 fué 
renovada. Tampoco ésta satisfizo las necesidades del tráfico: y siendo 
ministro de Hacienda el Conde de Roncali, en 1783, se comenzó la que 
hoy subsiste (oc qiada por el Gobierno Civil de la provincia), durando 
las obras hasta 1792. Su arquitectura exterior jiertenece a ese estilo 
anodino afrancesado, plano e inexpresivo, que sólo se recomienda por 
algún bello detalle de nn «Luis XV» inocente. 

Vuelve por los fueros del neo-clasicismo otro edificio mercantil de 
Barcelona: la Lonja. Respetando el viejo salón gótico, y envolviéndolo, 
construyó Juan Soler, en 1772, un edificio que se señala, ante todo, 
por la bella disposición del patio y la escalera; y luego por las 
fachadas. La princijial está dentro del patrón, que señalado queda, del 
cuerjio central con Ordenes gigantes, algo desproporcionado con relación 
al total de la fachada (fig. 152). 

El monopolio por el Estado de la fabricación y venta del tabaco, 
hecho en el siglo XVI 11 , lleva en el siguiente a la necesidad de edificios 


242 


Arquitectura civil española 


que la encarnen. lín Madrid, como centro burocrático, se estableció la 
Casa del Estanco del Tabaco (hoy Real Academia de San Fernando). 
La sencilla fachada que ahora ostenta, ccn la fría j'iortada neo-clásica. 



178.— Málaga. La Aduana. Pot. de x. 

sustituyó, por obra de una reforma, a la composición barroca de José 
ChurrigueraL Consérvase, en la Sala de dibujos de la Real Aca- 



179. Barcelona. La Aduana. Pot- Mas. 

demia, el jdano levantado ])ara la reforma ]>or el arcjuitecto I). Dikgo 
V iLLANUEVA, que nos la muestra. Ifa })ortada tenía a los lados pilas- 
tras invertidas, rematadas por cabezas de ángeles, y gruesa moldura 

1 Mensonekü Romanos dice que era de I). Pedro Rikeka {FA Antigno Madrid, 
cit. en el I. IL). 


16 » 


243 


V. Lampérez y Romea 


con gran retorcimiento de líneas. El basamento imitaba peñascos 
naturales. Los balcones del piso segundo eran curvos. Nada de esto 
justifica la frase de Ponz de que <aio había cosa que tanto se celebrase 
como la fachada del Estanco del Tabaco». Lo (|ue todos alaban, muy 
justamente, es la escalera de hermoso trazado y sobria arquitectura h 
La elaboración de los tabacos tiene una Incida representación ar- 
quitectónica en la fábrica de Sevilla, edificio de una suntuosidad nada 



industrial, como es su destino. Ciento ochenta y cinco metros de largo 
por ciento cincuenta y siete de fondo; veinte y cuatro patios, tres de 
ellos de gran extensión; enormes crujías abovedadas; foso para que, 
desde el río, entrasen las barcas portadoras del tabaco; capilla especial 
y cárcel j)ropia (como proj)ia era sn jurisdicción): tales son los elementos 
de que consta, demostraciones de su magnitud e importancia. En cuanto 
al estilo, es barroco, de grandísima exhnberancia y retorcimiento, no 
obstante ciertas pretensiones de purismo clásico; por ello, y con la luz 
sevillana, la fábrica de tabacos resulta de un efecto jiintoresco notabilísimo. 
Proyectóla I). Juan Wóvnderborch, y se construyó entre 1728 y 17570 

^ Tengo para mí que esta solrriedad es el fruto de un picado general de detalles 
Ixirrocos, hecha cuaiuht la reforma de Vii.lanueva. 

- (If.stoso; Sevilla, cit. en el I. If. 


244 


Arquitectura civil española 


Abundantes fueron los edificios industriales elevados en ese siglo : 
los más carecen de valor arquitectónico. Alguno, sin embargo, lo tiene : 
he aquí la Real fábrica de vidrio de San Ildefonso (La Granja), cuya crujía 
principal aloja los hornos, muy bien acusados en fachada, por sendos 
cuerpos salientes, y en las cubiertas por aguj as elevadas. Las líneas gene- 
rales y los detalles decorativos, de bello estilo «rococó», producen un buen 
conjunto. 

Los pósitos, de cuyos principios ya se trató, no tienen hoy subsistentes 
ninguno de los grandes edificios que los alojaron. En cambio se conservan 
en muchos pueblos pec}ueñas y pintorescas construcciones que a ese 



i8i. — La Granja (Segovia). Re.\l fábrica de cristales. 

Fot. Cabello. 


destino se dedicaron. La disposición suele ser la misma o análoga: una 
gran sala (almacén) abajo, con pórtico al exterior; arriba, otras salas 
(oficinas) y galerías o balcones corridos. Sirvan de ejemjdo los de Priego 
y Alcalá de Guadaira ; aquél, de últimos del siglo XVI, y éste, de mediados 
del XVI, muy pintoresco, con una fachadita en la que se ve la lucha del 
neo-clasicismo con el estilo local. 

El grupo de los edificios de comercio del siglo XVI 1 1 , particulares, tiene 
curiosos c interesantes ejemplos en las Casas gremiales. Citaré alguno. 

En Málaga subsiste, en la plaza de la Constitución, el Monte l^ío de 
Viñadores y Cosecheros. Su fecha es la de 1776. Tiene jDortada con columnas, 
y una medalla encima; patio y escalera claustral, y en aiiuél, una cancela 
de hierro barroca, con el escudo de Esjiaña, muy notable. Con no ser 
suntuoso el edificio, debe notarse como tipo social. 


245 


V. Lampérez y Romea 



182. — Barcelona. Casa «del Veleks». 


Fot. Mas. 


246 


Arquitectura civil española 


En Barcelona, la Casa gremial del Arte Mayor de la Seda (Casa del 
Velers) representa hermosamente el grupo. Autorizada la constitución 
del gremio por Carlos V ( 1533), y concedido el permiso Real en el siglo 
XVIII para levantar casa propia, en 1763 se edificó ésta. Es un cuerpo 
rectangular, con dos fachadas en ángulo. Las componen una puerta con 
molduras y una arciuería en planta baja; un gran balcón y una capillita 
con la Santa Patrona en la esquina, en la })rincipal, y ventanas en la se- 
gunda. El muro está cuajado de esgrafiados, con cariátides, columnatas, 
niños, guirnaldas y adornos varios, siendo en esto uno de los más notables 
ejemplares existentes en Barcelona, hhi el interior, la distribución tiene 
como base el pórtico abierto en el piso bajo y el gran salón de juntas en 
el principal. La arquitectura de esta casa es de transición del estilo barroco 
hispano-francés al neo-clásico, con elementos que lo avaloran grande- 
mente, como son la bella capillita de la Santa Patrona y los esgrafiados 
ornamentales. 


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G. E I) I F I C I O S I) E 
B E N E F I C E N C I A 



183. — (íerona. La ]’ía Alimoina. 

Fot. Mas. 





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i84---Málaga. Hospital Militar. Patio. 

Fot. de A'. 


2°. y 3°.— CIVILIZACION CRISTIANA: LA ALTA EDAD MEDIA 

(SIGLOS V Al. XI) 

LA RAJA L:DAD MIlDIA Y EL PRINCIPIO DE LA MODERNA 

(SIGLOS XII LA IMOMLRA MITAD DIH. XVI) 
GENERALIDADES 


Pertenece al Cristianismo, como tantas otras instituciones, la acción 
de la Caridad sobre los pobres desvalidos, sanos o enfermos. Sólo corres- 
ponde aquí tratar, en orden a la beneficencia pública, de lo qne a 
España se refiere. 

Sus instituciones nos son conocidas desde los tienqros vusigodos. 
Masona edificó en Mérida nn xcnodoquio jiara jieregrinos y enfermos, 
sin distinción de libres o esclavos, cristianos o indios. Surgen aipií ya 
las características de la beneficencia medioeval ('S])añola : los dos tipos 
del hospital y el hospicio; el esjiíritu de caridad cristiana, igualitaria y 
tolerante. 

Desjniés, tras un largo tiemjio en cpie la caridad no estuvo ociosa, 
como veremos en los lugares resjiectivos, encontramos multiplicadas 


I 


V. Lampérez y Romea 


a(¡uellas dos instituciones, por modo prodigioso. Fueron las peregrina- 
ciones motivo poderoso para ello. Era, en efecto, el culto a las Santas 
l^eliquias una de las más fundamentales y arraigadas costumbres de la 
Jídad Media, y, en España, Compostela y Oviedo atraían gentes de toda 
Europa, que, trashumantes por caminos y veredas, con larguísimos 
y horribles viajes, enfermaban y morían. Para acudir al socorro de la 
necesidad, todos los monasterios de los caminos seguidos por las pere- 
grinaciones constituyéronse en hospitales y en hospicios; pero, además, 
extendióse la fundación de otros especiales, cuya existencia, ya a prin- 
ci})ios del siglo XII, nos es conocida. 

Aparte de aquella necesidad devota, la general de la caridad mul- 
tiplicó los hospitales, manicomios , hospicios, albergues y casas de limosna. 
\ tantos fueron en el siglo XV, y tanto y tan abusivamente se diversi- 
ficaron, que los Reyes Católicos decretaron la unificación de los de cada 
localidad. 

Necesario complemento de estas generalidades será decir algo del fun- 
cionamiento de la beneficencia española en la Edad ÍMedia. 

En lo que a la parte médica e higiénica se refiere, habremos de suponer 
que no se diferenciaría gran cosa de lo fjue era comim y corriente en Europa, 
aunque hayamos de creer «pie los famosísimos médicos árabes y judíos 
que ilustraron la ciencia española influirían grandemente en mejorar 
los ])rocedimientos al uso en el extranjero. Algo nos dice, a tal respecto, 
el que, al finalizar el siglo XV, en el Hospital Real de Santiago sólo se 
permitía que en cada lecho hubiese, cuando más, dos enfermos; lo que, 
si hov nos parece monstruoso, resulta consolador en parangón con 
a<piellos lechos de dos otres pisos, en cada uno de los cuales se colocaban 
tres o cuatro enfermos en horrenda promiscuidad de enfermedades, 
sexos, muertos y vivos, que nos pinta la hospitalización del resto de 
Europa. 

lín lo relativo a la asistencia, el cuadro es por completo halagador 
para nuestro patriotismo. Estatutos, historias y relatos de viajeros 
y de enfermos, abundan en ordenaciones, detalles y referencias que 
retratan la asiduidad, el cariño y la esplendidez con que eran tratados 
los enfermos y los asilados, en un plano de igualdad y de facilidades 
(pie no fiene la Beneficencia moderna, i Y (]ué decir de la abnegación 
de acpiellos monjes y caballeros jirofesos, dedicados a cuidar leprosos; 
o de los adinerados señores de AYlencia, consagrados a defender a los 
locos de los atarpies del jiopulacho? ¿No es prueba de la más alta caridad 
la inocente pretensión de estos mismos señores, de curar la demencia 
de sus acogidos por medio de reflexiones morales 

^ Balaguer y riKONi: Alginuis cnusideraciones... cit. en el I. B. 


^ 3 ^ 


Arquitectura civil española 


Veamos ahora algunos detalles de la asistencia. Uno, conmovedor. 
Al fundar, en 1096, Alfonso VI el hospital de Oviedo, ordena que se siembre 
el huerto de rosas, salvia y arrayanes, para lavar con agua aromatizada 
los pies de los peregrinos cansados h 

Alfonso X, al tratar en su «Estoria de Espanna»- del hospital 
fundado por su bisabuelo, en Burgos, dice «... que todos los romeros 
que pasen... que ninguno non sea refusado dende mas todos rezebidos, 
et que ayan y todas las cosas (pie mester les fuese de comer et de beber 
et de albergue, en todas las horas del dia et de la noche cuando quier 
que lleguen : et a todos los que y quisieren albergar, cpie les sean dados 
buenos lechos et cumplimiento de ropa»... «Et al que viene enfermo o 
enferma o que enfermare, y danle mugieres et varones (pie piensen del 
y, den guisadas et prestas todas las cosas (jue fueren mester, fasta cpie 
sane o muera». ¡ Qué amplio y cumplido espíritu de caridad cristiana, 
sin trabas burocráticas, informaciones de origen ni limitaciones de horario 
oficial! ¡Qué admirablemente retrata ese esjiíritu ac[uella laciinica 
frase cpie los Reyes Catéilicos colocaron sobre la jmerta del hospital de 
Zaragoza! Urbi et orbe, decía; y aun dice, juies se conserva. 

También es muy interesante el relato del (’iajero alemán Tetzel, 
que visité), en 1465, el monasterio de Guadahqie, y nos dejó esta curiosa 
y encomiástica descripci( 3 n del hospital-hospedería-*... «Hay allí un 
magnífico hospital en el cual se observa el orden siguiente: cuando un 
Rey, l)iK]ue, Conde, Señor o ('aballero, escudero, pobre o rico, está en- 
fermo y es admitido en él, tiene, según su estado, su guardia y servidumbre, 
en habitaci( 3 n separada, escudero y doncella, dos médicos jurados y su 
botica y todo con arreglo a su enfermedad; así pobres como ricos son 
visitados diariamente ])or los médicos, y en la botica y en la cocina se 
cuida de separarles lo cpie sirve ])ara su cura... Cuando el enfermo llega 
a sanar, se le devuelve lo (]ue ha traído; si no tiene recursos, se le socorre, 
y nada tiene (|ue pagar». 


HOSITTATKS Y MANICOMIOS 

Las iNSTEiuciONES. Recordemos, como el más venerable de nuestros 
hos})itales, acpiel xenodoqnio (pie Masona edificara eu Mérida, en los días 
de la dominaciem visigoda. 

Del jieríodo siguiente hay datos y fechas de numerosas instituciones 
hos])italarias. Las más remotas son las del de Oviedo, j)or Allonso el 
Casto, en 802; la del de Barcelona, contemporáneo, restaurado en 1045 

* Sei.g.vs (E): Monumaüos ovetenses, til. en el I.]!., jnig. 106. 

“ ( it. en el I. H., cap. 1007. 

^ Iktzkl: T’iá/Vs... cit. en el I. B., pág. 179. 

— 253 — 


V. Lampérez y Romea 


por En Guiíart; la leprosería de Falencia, en 1067, por el Cid; otro 
en Oviedo, en 1096, en el Palacio Regio de Alfonso el Magno, cedido con 
ese objeto por el VI; y el de San Pedro, en Burgos, de este último Rey. 

Para los peregrinos a Compostela levantábase el Domus Dei, en Porto- 
marín, existente ya en 1126; el de Santiago, ampliado en 1129 por Gel- 
mírez (lo que supone existencia anterior); el de ingleses, en Cebrero 
(Galicia), y muchos másh 

En los siglos XII y XIII está ya documentada la fundación de varios 
hospitales : el del Rey, en Burgos, al morir aquella centuria ; el de Colom 
o Santa Cruz, en Barcelona (1229); el de Valencia, a poco de la reconquista 
de 1238. Viene luego un pugilato en la creación de hospitales, en la 
que rivalizan Monarcas, Prelados y grandes señores. El apogeo pertenece 
a los Reyes Católicos, con sus numerosas y magníficas creaciones de 
Toledo, Santiago, Zaragoza, Granada y tantas más. 

En esa gran serie española los hay con caracteres privativos, cuyo 
conocimiento es interesante para el estudio del medio social de la 
época. He aquí algunos: de estudiantes pobres, de los que es ejemplo 
el de Salamanca, fundado y dotado en 1493 por Juan IR; el de Pesca- 
dores, llamado de En Bau, edificado en 1399, y el de Confraternitas 
Paiipernm Studencium (1540)=*, ambos en Valencia; el de Sacerdotes 
pobres de la misma ciudad (1495 ); el especial para heridos en la Alhambra, 
creado por los Reyes Católicos ; el lazareto para navios infestados, llamado 
morbería, en Mallorca, hacia 1411; los de niños expósitos, que existían 
ya en 1495 en Valencia, y más tarde en Santiago y Toledo; los de cam- 
paña para «los feridos, e los dolientes» establecidos en seis tiendas durante 
las guerras de Granada; y el especial para moriscos, en esta ciudad, que 
subsistió hasta la rebelión de 1569'*. 

Hospitales especiales fueron también las leproserías. La advocación 
era siempre la de San Lázaro; la situación variaba diametralmente: 
unas, las más, en bajo, a la margen de un río, por ser creencia que la 
humedad favorecía la curación del terrible mal; otras (en Asturias, 
por ejemplo), en lo alto de los montes; siempre fuera de poblado, para 
prevenir el contagio. Citada queda la leprosería de Falencia, fundación 
del Cid, en 1067. En el siglo XII las tenían todas las ciudades de alguna 
importancia. 

De cómo eran considerados y tratados los dementes en la Edad 
Media dan perfecta y lastimosa idea las palabras de Fr. Juan Gilabert 

^ El Cabildo Compo^telano sostenía tamb’én hospitales en el extranjero: As:en y 
Audi, en Francia ; Vercelli, Cremona y Ferrara, en Italia. (Vid. López Ferreiro : Historia... 
cit. en el I. B., tomo IV, pá?. 145.) 

2 Memorias de la Universidad de Salamanca, 1883-1884, cit. en el I. B. 

^ Llórente: Valencia... cit. en el I. B. 

^ Gómez Moreno: Guía... cit. en el I. B., pág. 434. 

— 254 - 


Arquitectura civil española 


JoFRÉ en el famoso sermón predicado en la Catedral de Valencia el 24 de 
febrero de 1409. Con cálidas frases pintaba el jñadoso mercenario a 
«los pobres inocentes o furiosos» vagando por las calles de la Ciudad, 
padeciendo hambres, injurias, afrentas y golpes, y hasta la muerte, 
por las desalmadas turbas, que «no tenían a Dios delante de los ojos 
de su conciencia» C Al concluir su relato, pidió a la caridad de los valen- 
cianos la constitución de un hospital o casa donde los dementes fueran 
recogidos; y allí mismo, un piadoso mercader, Lorenzo Salou, reunió 
diez amigos que se comprometieron a llevar a la práctica los deseos del 
predicador. Así nació, para gloria de España, el año 1409, el primer 
manicomio cristiano del mundo: y al par la cofradía de cien sacerdotes, 
trescientos hombres y otras tantas mujeres, encargados de defender a 
los locos por las calles, recogerlos en un hospital y cuidarlos y atenderlos-. 

La institución valenciana tuvo prontas imitaciones en España. 
Zaragoza creaba manicomio en 1425, en el Hospital de Nuestra Señora de 
Gracia. En Sevilla, Marcos Sánchez de Contreras compraba casa para 
dementes, en 1436. Barcelona los admitía en su hosj^ital, en 1481; y en 
Toledo, el Canónigo 1 ). Er.^ncisco Ortiz cedía para esa caridad su propia 
casa, en 1483. 

A la unificdción decretada j')or los Reyes Católicos corresj)onde 
la extinción de muchos de esos hosjátales especiales, por su englobamiento 
en otros. Así el de Valencia juntó, en 1512 (aunque el pensamiento era 
de 30 años antes), el de Santa María, el de dementes y cuatro más, incluso 
el de leprosos; el de Granada incorporaba, en 1522, el especial de heridos 
de la Alhambra y el de locos, al general de enfermos jiobres y peregrinos ; 
el de Santiago era, en 1520, hospital general, albergue de peregrinos, 
casa de expósitos y estancia de jiresos enfermos. 

Veamos ahora los edificios. 

Los Edificios. En la ma^mría de los casos, la institución antecedía al 
edificio: es decir, que fundado y dotado nn hospital, jiensábasc en su 
funcionamiento inmediato, habilitando unas casas, mientras se construía 
un gran edificio exprofeso. Esto hemos ^’isto jiraticado en los hos])itales v 

1 I.LOKENTE: Valencia... cit. en el I. B. tomo I, pág. 627. 

- Kn los países musulmanes halúa manicomios, según se dice, desile el siglo Vil 
(Bagdad y Fez). En la España musulmana, en (Fañada, hubo uno, fundado por Mohamed V. 
entre i,;65 y igfjy, que se detallará más adelante. En la Europa cristiana, la institución 
era tan desconocida, que el de Valencia llamó grandemente la atención ccuuo cosa notable 
y no acostumbrada, al vi.sitarla en 1502 el e.xtranjero Antonio de I.alaing y otro com- 
pañero. «El sábado — dice en su Viajeya citado — fueron... a visitar una casa ])crteneciente 
a la ciudad donde se alojan locos y locas y gentes sin sentido. Había muchos. Allí hay 
personas para cuidarlos en todas sus necesidades, ]>or cuenta de la ciiulad.» 

líl primer manicomio creado en Europa fue el de Bethlam (Inglaterra), en 1547; 
ciento treinta y ocho años, jior lo tanto, des]>ués (|ue el de Valencia, y cuando lísjiaña tenía 
ya cinco. 


255 


V. Lampérez y Romea 



185.' — ^Iadrid. Hospitai. de i, a Launa. Portada. Fot . Laurent . 


256 - 



Arquitectura civil española 



l8G. — CüKDOKA. ruI'KTA DK LA InXLUSA. 


Fot. Laurcut. 


— 257 — 


17 



V. Lampé rcz y Romea 


manicomios de Salamanca, Valencia, Sevilla y Toledo. Claro es que estos 
hospitales j)ro\’isionales no tendrían disposición adecuada y especial. Ni la 
tendrían tampoco otra clase de hospitales: los habilitados para tales por el 
imperio de las circunstancias (grandes concursos de gentes o intensas epi- 
demias), como el instalado en las naves de la Catedral de Santiago, para 
los peregrinos enfermos, según nos cuentan las historias compostelanas. 

V en fin, de igual inadaptación, aunque atenuada, adolecerían los 
hospitales instalados en palacios, como el fundado por Alfonso VI 
en el del Magno, en Oviedo; o el de heridos, en la Alhambra, por los 
Reyes Católicos. 

Vengamos ya a tratar de los edificios propios, a los hospitales cons- 
truidos de nueva planta con ese objeto. Los pocos autores españoles 
que los describen 1 lo hacen sobre un tipo que toman de los libros ex- 
tranjeros, y no del estudio directo de ningún ejemplar español, segura- 
mente por ignorar su existencia. Sin embargo, en España tenemos 
ejemplares de grandísimo interés y un programa hospitalario 
curiosísimo. Comenzaré por éste. 

Se conoce el que en 1499 bieron los Reyes Católicos para la construcción 
del gran hospital de Santiago-. El documento participa de programa 
y de pliego de condiciones : en éste se incluyen preceptos sobre cómo se 
han de adquirir los solares, procedimientos de destajo, calidad de los 
materiales, etc., etc. El programa, que es lo aquí interesante, comprende 
varios extremos relativos a la disposición, a la higiene, a la construcción 
y al ornato. Prescribe que el hospital ha de ser capaz para doscientas 
camas, distribuidas en ochenta o cien camas (lo cual da dos enfermos por 
cama'b; que contenga aposentos (enfermerías), cámaras para capellanes, 
capilla principal, capillas (sin duda las pequeñas que se colocaban en 
las cabeceras de las enfermerías), cocinas, letrinas, despensa, graneros, 
botillería, patios, corrales, huertos o vergeles y cementerio ; que el edificio 
tenga dos pisos de un mismo marco Añedida): que el bajo esté elevado 
sobre la calle cinco o seis escalones, «porque esto face la casa más alegre 
e más sana», y solado con buena madera de roble, «porque sea más guar- 
dado de la humedad»; que las ventanas y puertas estén muy bien labradas 

V juntas, «como en Aragón», para que no entre el aire por ellas; que el agua 
venga a las fuentes de los patios, y de éstas vaya a las cocinas y a las 
letrinas; cpie las chimeneas sean numerosas y talmente dispuestas que 
con su fuego se pueda guisar en otros apartamientos, «como lo fazen en 

1 Entre ellos, el Dr. Fiírn.ández C.aro, en su folleto Hospitalización, cit. en el I. B. 

- Vii.la-Amil, oh. cit. en el I. B. ■ , > . ■ 

^ No era mucho, dadas las costumbres de la época, que en otra págijja se señalaron. 
.'\deniás, acaso se trataba de camas de dos piscas en cuyo ca.'o gana el concepto de la 
higinie de este programa. 


- 258 - 


Arquitectura civil española 


Guadalupe e eu el Hospital del Rey» (el de Burgos). En cuanto a 
la construcción, se previene que la delantera (fachada) principal sea de 
canto picado y sillería «bien puesta», y que las otras sean de mani- 
postería, buenas, recias \/ bien cimentadas; los maderamientos de los 
desvanes (armaduras de cubierta) «recios e firmes»; los tejados, guarnecidos 
y fortalecidos de cal o de betún; los maderamientos (pisos) bien labrados 
y recios, «todo blanco»; los jiavimentos, de losas bien labradas. En cuanto 
a los ornatos, las portadas habrán de ser «muy gentiles» ; en sitios determi- 
nados se colocarán las armas Reales, inscripciones en alabanzas de Dios, 
de la Virgen y de Santiago, y en memoria de los fundadores; los techos 
de las capillas irán pintados y dorados. He acpií, en síntesis, el programa 
de un gran hospital en el siglo XV : en él hay preceptos sabios que no 
desdeña la higiene moderna. De cómo fué cumplido se verá en los párrafos 
monográficos del monumento. 

Claro es que ese programa no es sino el producto de tres siglos de 
hospitalización ; no eran tan completos los antiguos hospitales. Posee- 
mos algún ejemplar del XHI, (¡ue, con los del XV y XVI, nos permiten 
apreciar los tij^os dispositivos de estos edificios. Son tres; que llamaré 
basilicap cruciforme y palaciano. 

Tipo hasilical. Ee llamo así por la analogía de su disposición con la 
de una iglesia. Procede de la ]>iadosa costumbre medioeval de acomodar 
los grandes edificios civiles a las formas consagradas para el culto. Eos 
autores españoles lo describen, pero, como he dicho, tomando los datos 
de los extranjeros. «Un gran edificio de piedra, dicen, extensas naves 
abovedadas sostenidas por macizas columnas; estrechas ventanas; 
galería claustral, circundante; en el fondo, una capilla; gran chimenea 
en el otro frente; en las paredes, al lado de las camas, nichos para lám- 
paras y otros a modos de mesas de noche.» Tal es, en términos generales, 
la descripción literaria de un hosjútal en la Edad Media. Cotejándola 
con lo que aun hemos conocido del del Rey en Burgos, se establece la 
analogía y se rehace el tipo, (pie no es otro (pie el de una iglesia; una 
nave central, alta; dos laterales, más bajas; bóvedas en todas o madera- 
men en la central; ventanas en los muros laterales; en el fondo, plano, 
sin ábsides; un altar para que vean los oficios los enfermos desde las 
camas; a un lado de las naves, nn claustro para convalecientes, oficinas, 
etc. De este tipo no ha llegado a nosotros (y ya no existej) más que el citado, 
pero debió haber muchos en estas centurias. 

Hospital del Rey en Burgos. Era una de las estaciones o paradas del 
camino francés seguido por los peregrinos a Comjiostela. Es muy cono- 
cida su fundación, por Alfonso \d H, a poco de levantar el vecino monasterio 
de I -as Huelgas. Su fecha, ])or lo tanto, es de los últimos años del siglo XIP 


V. Lampérez 


Romea 


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260 


Arquitectura civil española 



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— 261 — 


MADAS EN EL XIV Y DEMOLIDAS EN EL XX. SECCIÓN TRANSVERSAL. 

Plano de Moya. 


V. Lampérez y Romea 


De la magnificencia de la fundación nos habla el Rey Sabio en su 
Estoria de Espanna'^, «et fizolo granel a maravilla e muy noble de casas 
e de palacios» (salas). De la amplitud de miras de la dotación dicen las 
frases que ya se copiaron. 

El conjunto del hospital es muy caótico, por las enormes y constantes 
variaciones y reformas sufridas, algunas bellísimas, como las fachadas 



loQ. -Burgos. Hospital df.l Ri;y. 

ItUINAS DE LAS N.WES DE L.VS ENFERMERÍAS. 

Fot. Laiidia. 


y })órticos «platerescos» del patio «de romeros»; las más, insignificantes 
como arqnitectura. Algo ipiedaba, muy importante, hace tres o cuatro 
años; demolido después ])or ruinoso, desapareció también. Los planos y 
fotografías felizmente obtenidas y conservadas, permiten analizar la 
parte capital del edificio-. 

^ Cit. en el I. B., cap. 1007. 

- Lo> (lel)o a la ainal)ilida<l del di^tin'?uidí^imo arquitecto del Real Patrimonio, 
D. Ju^D .Moya. 


262 


Arquitectura civil española 

Entrando por la puerta de romeros en el patio de este nombre, todavía 
veremos, llamándonos la atención, una puerta abocinada de estilo ro- 
mánico de «transición»), con columnas laterales y archivoltas con dientes 
de sierra; y, al fondo, otra puerta hermana de ésta. Aquélla da entrada 
a la actual iglesia; ésta, a la vieja de Alfonso VIII, dicen los autoresh 
El asunto '"merece discusión. 

.-I 

No hay razón para (|ue hubiese contemporáneas dos iglesias, y, sin 
embargo, hay dos jniertas idénticas; Inego sólo el local adonde abre una 



igo.- Burgos. Hospital del I\ev. 

I'N pilar en las naves de las ENEI'RMERÍAS. 

Fot. Laiidui. 


de ellas fué la iglesia del hos])ital. Lo lógico (y frecuente) es ([ue, al re- 
construir en el siglo XVI la ca])illa o iglesia, lo hiciesen utilizando los 
cimientos de la demolida. En efecto, la actual iglesia tiene una planta 
característica: cruz latina con una sola nave. Ea otra ]nierta románica 
conduce a un gran edificio (jue, dentro del tipo basilical, no tiene carac- 
teres de templo. Planta rectangular muy alargada ; tres naves sc]:»aradas 
por j:)ilares octogonales; cabecera ]ilana (sin ábsides); en las naves bajas, 
restos de bóvedas de crucería; en la alta, arcos fajones atirantados jior 
sendas vigas, (pie en su nacimiento debieron sostener techos planos 

^ .\UAD0R DE LOS RÍOS (R): Burgos... cit. en el I. R>., páu 758. 

Rodríguez López (A): Et Real Monasterio... cit. en d 1 B., tomolí, ]iá;;. 2S4. 


263 — 


V. Lampérez y Romea 


encasetonados, de los cuales uno se conservaba; en el frente de la nave 
central, un altar con pequeña ornacina para una imagen. Son los elementos 
inconfundibles de un hospital del siglo XIII: las naves laterales para 
los lechos; la alta nave central para la aereación; el altar del fondo 
para decir la Misa que los enfermos veían desde las camas. 

Lo ruinoso del edificio y las mil modificaciones sufridas no permiten 
apreciar los detalles de ventanas, nichos y chimeneas b Pero algunos 
existen aún, dignos de notarse. Los pilares octogonales son de piedra, 
con capitel liso; sobre él se pusieron í acaso en el siglo XIV) unas lujosas 
composiciones de estuco, con castillos y leones entre una flora complicadí- 
sima, de marcado sabor mudéjar. Cabalgaban en estos capiteles unas 
grandes bichas, también de yesos, y sobre ellas había unos segundos pila- 
res, apoyo a su vez de cabezas de animales cuyas bocas mordían los 
tirantes del arco, cpie eran de madera, moldurados con yeso. Tiene todo 
esto un carácter marcadísimo de arquitectura civil, innegable. 

Creo, pues, con creencia firme, que el recinto llamado «arcos de la 
Magdalena», demolido por ruinoso hace tres o cuatro años, era el más 
auténtico resto del hospital del siglo XIII. Fueron esas naves aquellos 
«palacios» (salas) muy nobles de que habla el Rey Sabio. Muchos más 
existirían para albergue de peregrinos, cocinas, roperos y casa del prior 
y de los trece Freires que comandaban el hospitaP. 

He ahí, pues, un edificio hospitalario del tipo hasilical. 

Tipo cruciforme. Su característica es que la disposición capital con- 
siste en dos grandes crujías de igual longitud, que forman una cruz 
griega, con dos pisos; en el encuentro de los brazos hay un crucero con 
la altura de ambos, coronado por una linterna. Los brazos de la cruz 
abrazan cuatro patios cuyo perímetro se cierra con crujías que contienen 
los servicios. El edificio, en totalidad, tiene planta cuadrada. La capilla 
indispensable se colocaba en el crucero (ej . Santiago), o en el extremo 
del brazo de la cabecera (ej. Toledo). Los enfermos, desde las camas, 
o asomándose a las balaustradas (los convalecientes), presenciaban los 
oficios divinos. El tipo cruciforme, con más o menos variantes, aparece 
como característico de los hospitales construidos por Enrique Egas: 
el de Santiago, comenzado en 1501 ; el de Toledo, en 1504; el de Granada, 
en 1511. De igual forma es el de Valencia, comenzado después de 1512 h 
de autor desconocido; y el de Sevilla, de 1546, probablemente obra de 
GainzaU 

1 Det)ían .ser curiosísimas por el sistema de enriar el calor a los aposentos a la vez. 
Recuérdese lo cpie consigna el programa dado en 1499 por los Reyes Católicos para cons- 
truir el Hos])ital de Santiago. 

- Rodríguez López, oln cit. en el I. B. 

^ Llórente: Valencia... cit. en el I. B. 

(jESTOSO: Sevilla... cit. en el I. B. 


— 264 — 




Arquitectura civil española 



191. - Santiago de Compostela (Cokuña). Hospital del Ivey. Planta. 

l’laiio existente en la Real Biblioteca y reproducido con especial penniun 


- 265 - 


V. Lampérez y Romea 



ic)2 .— Santiago de Compostela (Coruña). Hospital del Rey. 

Fachada. 

Fot. Mas (Colee, del Iiist. de Est. Catalanes). 


266 


Arquitectura civil española 


¿Cuál puede ser el origen y razón de la planta cruciforme? ¿Simbolis- 
mo religioso? ¿Higiene? ¿Facilidad de vigilancia y asistencia? Sim- 
bolismo religioso se ha creído comúnmente, razonándolo porque Egas 
se inspiró en el título de la Santa Cruz de Jerusalén, que era el (jue 
llevaba el toledano fundado por Mendoza. La teoría es sospechosa de 
falsedad, por ser el de Santiago anterior al de Toledo, y no fundación 
del gran Cardenal. 



U) ]. — S.\NTI.\-GO DE COMPOSTF.L.V (COKUN.V). 

Hospit.\l del 1\ey. P.\tio. 

Mas. 


Ello es que los hosj)itales cruciformes son especialísimos de Esj^aña, 
y a tal disposición corresponden los más insignes monumentos 
que de su destino y época tenemos. 

L¡ Hospital Real de Santiago de Conipostela K La magna organiza- 
ción hospitalaria (pie el Cabildo hiciera en ía\a>r de los j^eregrinos, 
tenía su cabeza en el hosj)ital ([ue el Arzobis}>o ('iclmírez había en- 
sanchado en 1129, y que estaba situado frente a la puerta del Norte 

^ Vid. Ferreiro, obras ya citada'-. 


— 267 


V. Lampérez y Romea 


Azabachería de la catedral. Cerca de tres siglos después, en 1490, se 
emprendieron obras de reforma y ampliación, a pesar de las cuales 
faltaba sitio ]:>ara los peregrinos enfermos, (pie se acogían a las 
naves de la gran Basílica. Ante la necesidad, los Reyes Católicos de- 
cidieron, en 1499, levantar a su costa v dotar ampliamente un hospital. 

Kn 1499 se daba el curioso programa que queda reseñado; en 1501 
comenzaban las obras, y, auinjue en 1509 estuvo en disposición de recibir 



ICq. — S.\NTI.\GO DE COWPOSTELA (CORUÑ.C). 
HoSPIT.JiL del Rey. r)ET.\LI.E de L.\ PORT.\D.\. 
Fot. Mas (Colee, del Iiisl. de Esl. Catalanes). 


enfermos, hasta 1511 no se concluyó, y aun esto jiarciahnente. Fué 
el autor Enrique Iígas; pero ocupado de multitud de obras y de recono- 
cimientos en todaEs])aña, no fné a Santiago más que tres veces: en 1505, 
en 1510 y en 1517. El magno plan de Egas no fué ejecutado por el pronto 
más cpie parcialmente: tres brazos de la cruz con los dos primeros patios 
y las crujías adyacentes. El resto esperó al siglo XVIII para ser com- 
plementado. 


268 


Arquitectura civil española 



195. — Santiago de Compostela (Cokuña). I Iospital del Rey. 
Puerta en el interior. 


it. <h> X. 


V. Lampérez y Romea 


Pertenece al tipo cruciforme. No se conserva la traza que enviaron 
al mismo tiempo que el programa; por eso no puede comprobarse lo 
que yo sospecho: que en el plan de Egas, la iglesia no cortaba la dis- 
tribución, como luego se hizo, sino que se situaba en el crucero o al fondo, 
como en el de Santa Cruz de Toledo; pero coartado en el desarrollo del 
proyecto, e imposibilitado de hacer los cuatro patios, varió el plan, 
colocando la iglesia en lo que por entonces quedó como cabecera. 

Consta la iglesia de una cruz latina, con muy bien entendida dis- 
posición: el brazo largo es para el público, empleados de la casa, pe- 
regrinos, etc.; los dos brazos laterales, para los enfermos convalecientes, 
hombres en uno y muieres en otro; la cabecera, para sacristía; el crucero 
se eleva los dos pisos (y aun los sobrepasa una linterna), y en él estaba 
el curioso altar proyectado por Egas, muy levantado sobre el pavimento, 
para que pudieran ver la misa los enfermos desde las tribunas del 
piso principal. 

Desde el momento qne se impuso aquella limitación del plan cruci- 
forme, hubo que cambiar su esencia, que consiste en colocar las princi- 
pales enfermerías en los brazos de la cruz, como en el de Toledo. En 
Santiago no es así. Por lo demás, consérvase la disposición general: 
vestíbulo, patios con galerías, escaleras claustrales, crucero central, al 
que se asoman los aposentos del piso principal, etc., etc. 

En el siglo XVI II se completó la obra con el otro brazo de la cruz, 
los otros dos patios fuño chaflanado, por raro caso;, y con una gran 
escalera en aquél, tan inusitada en los planos de Egas que hay que car- 
gársela por completo a la cuenta del arquitecto barroco. 

En cuanto a la instalación hospitalaria, de ella se habló en el pro- 
grama. A más, sabemos que en 1520 se habían establecido albergues 
para peregrinos (ya citados), botica, comedores para capellanes; aposentos 
para niños expósitos y para su madre (encargada), botica, comedores 
para capellanes, cárcel (aposentos para presos enfermos). Finalmente 
conocemos un dato muy interesante; un autor del siglo XVD dice: «las 
enfermerías son a pedazos, y tienen cama los dolientes en unas alcobas 
de yeso. No se determinó el peregrino a preguntar si esto era por el frío 
o por el atavío». Es, por demás, curiosa, e indica un extremado refina- 
miento, esa subdivisión de las enfermerías por tabiques (eso (juiere 
decir el Peregrino curioso). 

Como arte, el hospital Real de Santiago pertenece a un estilo gótico 
florido, «transitivo», de escuela toledana, exótico en Compostela, como 
cosa aristocrática cpie era, impuesta y llevada allí por un capricho Real 
y ])or un aiajuitecto nada sabedor de las tradiciones del país. La iglesia, 

1 El Peregrino eiirioso... cit. en 1 1 I. ]>.. pág. 399. 


270 


Arquitectura civil española 

sobre todo en los cuatro magníficos pilares torales, las bóvedas estrelladas 
del crucero, y lo externo de la linterna, es ejemplar de la más ca- 
racterizada escuela castellana. 

La fachada fué un largo muro abierto con pequeñas ventanas, co- 
ronado por gran cornisón, en una de cuyas escocias se aloja el simbólico 
cordón franciscano. La portada, de estilo gótico, demasiado minuciosa, 
pero «muy gentil e bien obrada», y los dos enormes escudos Real e Imperial, 
colocados a ambos lados, daban un aire de extremada nobleza a la 
fachada. Por desgracia, la eclipsaron los dobles balcones sobre 
grotescas ménsulas y los grandes huecos con guarniciones de hojarasca 
barroquísima, que en el siglo XVIII se añadieron a la obra de Egas. 

Los dos primeros patios son de «Renacimiento», aunque más en los 
detalles y en ciertos elementos que en el conjunto, ([ue sabe a gótico. 
Y son de este estilo las portadas de las escaleras y aposentos, de un re- 
torcimiento tal, que bien pueden llamarse pvoto-manuelinos, recordando 
el arte portugués del Rey Manuel de Vizeu, al (pie se anteponen crono- 
lógicamente. 

Los otros dos patios, de estilo seudo-clásico abarrocado, no son 
nada despreciables. 

El Hospital Real de Santiago es un magnífico monumento. Como 
arte, señaladas quedan sus características; como establecimiento hospita- 
lario, mereció siempre los mayores encomios de cronistas y viajeros, 
que, admirados de su inusitada grandeza, lo jiroclamaron «sin igual 
sobre la tierra * * y rival de los más primorosos de la cristiandad» -. 
La fortuna de haberse encontrado la documentación histórica y tener 
historiadores concienzudos, acrecentó la imjiortancia del monumento, 
haciéndolo ejemplar, en el que jmeden seguirse todos los procedimientos 
hospitalarios del siglo XV. 

El Hospital de Santa Cruz de Mendoza, en Toledo. La fundación del 
Gran Cardenal de España es monumento conocidísimo, cuya descripción 
anda en todos los libros (jiie de arquitectura española tratan. Débelo, 
más que a su consideración como hospital, a su belleza artística, que es 
muy grande, y a cpie fué considerado en nn tiem]»o como el ])rimer edificio 
español donde se implantaron las formas del «Renacimiento»-*. 

En 1494 daba el Papa Alejandro VI la bula para crear en Toledo 
un hospital de expósitos, solicitada por el insigne Mendoza. Muerto al 


* Tetzel: ol). cit. en el. I. B., páj. iGo. 

- SoBiEski: ol). cit. en el I. B., pág. 247. 

* K 1 asunto, ini¡)ortantisimo desde el ])unto de vista de la Historia del Arte, no es 
para tratado aqvn. \’éase mi discurro: Los Mendoza del siglo XV, cit. en el I. B. 


271 


igO . — Toledo. Hospital de Santa Cruz. Fot . Moreno . 


V, 


Lampérez y 


Romea 



Arquitectura civil española 



IH 


273 


V. Lampérez y Romea 


siguiente año, cúpole a la Reina Católica la gloria de llevar a cabo la 
voluntad del Purpurado, comenzando en 1504 las obras, que no termi- 
naron hasta 1514. El autor fué Enrique Egas; el monumento es la más 
auténtica y completa de sus creaciones, y, al par, la más característica 
en su género. 

Salazar de Mendoza, el cronista del Gran Cardenal, que escribía 
cien años después de la construcción, y que, por lo tanto, lo vió tal como 
Egas lo levantara, hace una larga descripción ^ que conviene poner 
acpií, si bien en extracto. Dice que la planta es una Cruz de Jerusalén, 
de 309 pies de lado por 36 de ancho en sus brazos; a Septentrión tiene 
ca])illa y altares; en medio de la Cruz, un cimborrio; los techos son de 
artesón, hechos con la primera madera que navegó por el Tajo; el pavi- 
mento era de losas blancas y negras de mármol, en el centro, y de ladrillo a 
los lados. Encima del crucero hay cuatro salas con puertas al cimborrio, y 
la que da a la capilla tiene allí tribuna para que los enfermos oigan la Misa. 
I.a fachada es de piedra berroqueña ; la portada, de mármol y piedra blanca, 
«es de obra gótica con muchos talla y escultura, y así lo son las ventanas, 
con muy buenas rejas». Hay un primer patio con columnas de mármol 
y escalera de piedra almohadillada, y techo de artesón. En el centro, 
un jardín cercado con verja v columnas. Al Norte hav otro patio. En 
él nació una cruz de grama igual a ¡a forma dcl hospital, que nunca pudo 
quitarse. Más al fondo, el pradillo o cementerio. El edificio tiene grandes 
bodegas (sótanos) 3^ muchas salas, ajiosentos v oficinas. Las salas 
altas eran las destinadas a toda clase de enfermos (no contagiosos) 
y heridos. En 1625 (cuando escribía Salazar 3 se había suspendido la 
hospitalización por falta de fondos; sólo se conservaba la acogida de 
ex])ósitos en número de unos 500 al año. A su efecto tenía en la Catedral, 
en un pilar frente a la cajúlla de San Pedro, un cajón de madera, «con 
alguna rojia», donde los dejaban, v allí los recogían los sirvientes de la 
Catedral. 

Necesario es añadir algo a la descripción del cronista que, naturalmente, 
no podía alcanzar ciertos desenvolvimientos de tan importante edificio. 

Ifn efecto, la Cruz es la (]ue da la base de la disposición, esplén- 
didamente manifestada. Por la famosa ]iuerta se entra en un \’es- 
tíbulo abovedado con tres ingresos, artísticamente guarnecidos. El 
central introduce en la Cruz. La forman dos enormes crujías con doble 
planta cada una: la baja se cubre con armadura de casetones formando 
artesón] la princij)al, con armadura mudéjar de lazo, también de artesón. 

1 S.'\L.‘\z.\K or ME.\noz.‘\: Crónica, cit. en el I. B.. pág. jSq. 


274 


española 


Arquitectura 


civil 



iq8 - Toledo. 


Hospital de. Santa Cruz. 


1\SCALERA. 

Fot. Claveria. 




O 


75 


Romea 


V. Lampérez y 



276 



Arquitectura civil española 


El doble piso se interrumpe en el crucero, formándose un solo cuerpo 
coronado por una linterna. Cuatro pilares de lujosa molduración gótico- 
florida hay en los ángulos; sendos arcos rebajados se tienden sobre las 
acometidas de las crujías, con coronación de imposta pretendidamente 
«clásica»; arriba cierra la linterna una bóveda de crucería gótico-mudéjar. 
Son las crujías los aposentos o enfermerías ] el crucero debió ser la iglesia 
(como en el hospital de Santiago), j)ara todos los enfermos visible. Pronfo 
se debió abandonar para el culto, pues al extremo del brazo de la cabe- 
cera de la Cruz se hizo una capilla, también de doble altura. Quedó 
entonces el crucero como centro del servicio, y, sin pretenderlo segura- 
mente, resultó una verdadera chimenea de ventilación, de grandísima 
importancia higiénica para la llamada y extracción del aire viciado. 
Notóse también como esas techumbres de perfil de artesón ((pie tam- 
bién tuvo el hospital de Santiago) dan la silueta <pie la higiene moderna 
ha preconizado como la mejor para los techos de enfermerías. ¡Curiosas 
coincidencias artístico-médicas ! 

Dos pafios en el lado derecho de la Cruz, con galerías y crujías al- 
rededor, complefan la planta. El jirincipal, grande y desjiejado, es un 
hermoso ejemplar de arcpiítectura de «Renacimiento», lo mismo <]ne la 
escalera, claustral de disjiosición, suntuosa de oi'uamentación. 

En la fachada, (pie corona una enorme cornisa de un «clasicismo» 
inocente, en cuyo friso campea repetidamente la Cruz de Mendoza, luce 
la famosísima ]:>ortada, gótica por la disposición, abocinada, con dintel 
y tímpano, «Renacimiento» por los detalles; y, sobre ella, dos ventanas 
admirablemente bellas. Arriba levántase, a modo de ático, un intercolumnio 
que quiere ser «juirista», y (]ue, si no lo consigue, indica de todos modos 
en su autor (yo no creo (pie sea Egas) nn avance considerable en la 
comprensión del arte clásico. 

Como detalles interesantes deben notarse, en el interior, unas cornisas 
de ladrillos con los cpie se forman modillones y corona, de una mezcla 
curiosa mudéjar-clásica, del más grande interés artístico. 

El Hospital de Santa Cruz de Mendoza es, caí suma, un monumento 
capitalísimo para el estudio de la Arcpiitectura civil csjiañola en sus dos 
aspectos utilitario y artístico. 

Hospital Real de Granada. Amupie la fundación, ]>or la Reina Doña 
Isabel 1, es de 1504, el edificio no se comenzó hasta 1311, siguiendo 
diversas alternativas en la lenta jn'osecución de los trabajos, no ter- 
minados sino en tiempos del hhnperador, y aun no del todo. 

Ea traza es la cruciforme, por lo cual, y ])or otras razones, se 
atribuye a Enkkjoe IÍGAS. Eueron maestros de la obra, desjniés. 


277 


V. Lampérez y Romea 


Juan García de Pradas y el carpintero Juan de Plasencia. El 
estilo es el «plateresco» en la fachada, patio, escalera y crucero; morisco 
en algunas armaduras ; gótico en ciertos detalles, y clásico en la portada 
principal (1632) y retablos. 

El cuerpo del hospital es una cruz de brazos iguales, con dos 
pisos; las dependencias se agrupan en crujías que dejan entre aquéllos y 
éstas cuatro patios. ¥A crucero, destinado a capilla para que los 
enfermos viesen los Sagrados Oficios, tiene bóveda de crucería en el 
piso bajo, y techo cupuliforme encasetonado de madera, en el prin- 
cipal. De los patios, uno solo está terminado (en 1536 según una ins- 
cripción en él esculpida) : es de galerías con columnas dóricas y 
corintias y arcos. De haberse terminado los cuatro patios, sería el 
hospital granadino soberbio y completo ejemplar. 


Hospital general de Valencia. Data de 1482 el pensamiento de convertir 
en hospital general el de locos que se había creado 73 años antes a 
impulsos de la caridad de Fr. Juan (ulabert Jofré. En 1493 daba 
Fernando el Católico Real Cédula aprobatoria de la idea, y dos años 
después se compraban casas y se comenzaba la obra. Poco adelantaba, 
por escasez de recursos; y, para impulsarla, se abordó con los patronos y 
con la ciudad la magna empresa de unificar todos los hospitales de 
á'alencia. Eué esto en 1512, desde cuya fecha la construcción continuó 
con grandes vuelos, hasta terminar. Un horrible incendio, en 1545, 
destrozó mucha jiarte y exigió grandes reparaciones. Mucho después, 
en 1664, la esplendidez de un j^articular duplicó el edificio con otro 
cuerpo. He aípñ la historia del hospital valenciano: 

Lo anuncia una portada de estilo gótico regional, con finas jambas 
baquetonadas, liso tímpano y arco conopial, todo cobijado por muy 
saliente tejaroz de madera. Si no es resto del hospital de locos, es obra 
de los comienzos de aquél de 1495. Traspuesto un patio, se halla el cuerpo 
princij)al de dos j)isos en forma de cruz griega y tres naves en cada brazo, 
separadas j)or columnas de mármol ; crucero central que alcanza a ambos 
pisos y aun sobresale con calada linterna. Las naves tuvieron techo de 
madera, al decir de Llórente, y se embo^"edaron después, ])or el incendio 
de 1545. El estilo es del «Renacimiento», muy neo-clásico en las columnas 
dóricas y jóiñcas del conjunto, y más «plateresco» en los detalles (mén- 
sulas, medallones, etc.) del crucero. Por ello puede conjeturarse que la 
obra alcanzó años bastantes j)osteriorcs al de 1512, en que los docu- 
mentos fijan los comienzos. 

Análoga disposición tiene el otro cuerpo, cuya cruz está incompleta. 


-78 


Arquitectura civil española 



20(1. - -\'ai,enxia. Hospital PROviNxrAi,. I’okiwha. 


— ^79 


Uot. Garchi. 


V, 


Lampérez y 


Romea 



201.— Valencia. Hospital Provincial. Enfermerías (o crucero) principales. 

Fot. García. 


280 


Arquitectura civil española 


La disposición general es de gran moniimentalidad ; diríase que es un 
compromiso entre los tipos cruciforme (en el conjunto) y el hasilical (en 
cada nave)d 

Hospital de la Sangre o de las Cinco higas en Sevilla. Como en 
tantos otros, la fundación es anterior al edificio. Hízola la Condesa 
de los Molares, Doña Catalina de Rivera, en 1500; éste no salió de 
cimientos hasta 1546. Tan largo intermedio gastóse en trámites, de 
los cuales, los más interesantes a nuestro objeto son viajes de estudio 
a los más famosos hospitales y concurso de trazas, a cpie concurrieron 
muchos de los más nombrados Arcpiitectos de la é])oca. hdigióse una, 
de autor no conocido, aunque presumiblemente fué Martín Gainza 
(aparejador primero y luego maestro de la Catedral), director también 
de las obras, aunque por más tiempo lo fué Fernán Ruiz, el joven, 
con intervención de Machuca, según algún historiador del «Renacimiento 
andaluz»‘h En 1559 ya pudo habilitarse en parte. Sin embargo, la 
iglesia, no comenzada hasta esta época, se cubría en 1591 ; es decir, 
que la obra de Fernán Ruiz (de quien es) es muy posterior a la del 
cuerpo del edificio. Conviene consignarlo. 

El conjunto del hosjiital sevillano es rectangular, con cuatro ])atios 
principales, en uno de los cuales está la iglesia. lAro estudiada la planta, 
se ve bien (jue la traza original es la cruz, en cuyos brazos están las en- 
fermerías, según el sistema de Egas. Las demás crujías, el frente y de- 
más, son las oficinas, agru])adas como accesorios de la cruz-, y más 
accesoria es la iglesia, (jne no ata con la comjiosición general; lo cual, 
y la época muy posterior al resto de su fábrica, dicen (pie el ])lan ])rimero 
era completamente el de los hospitales de Santiago y de Toledo, ([ue 
contienen la iglesia en la misma cruz. 

Como arte, el sevillano de la Sangre está en la transición del «jilate- 
resco» al purismo greco-romano: con detalles de acpiél en la fachada 
exterior del cuerjio de ingreso, y con mayores tendencias clasicistas en 
la portada de ésta, en la de la iglesia y en el interior; todo ello muy 
apreciable, pero sin cpie brillen cualidades sobresalientes, ni por las 
fantasías del primer estilo, ni por la grandiosida(,l del segundo^. 

Tipo Palaciano. El origen de esta forma es manifiesto; la unifica- 
ción, tantas veces mentada en estas páginas, de las ])lantas gótica y del 
«Renacimiento», cualqui('ra (pie sea el destino del edificio. La dispo- 

' Teixidor (Fk. J.): Antigüedades... cit. en el I. IT 
JmÉNHZ Valdivieso: El Hospital... cit. en el I. I’.. 

Llórente; Valencia. X. II, cit. en el I. B. 

- Gómez Moreno (M): El Renacimiento, cit. en el I. B. núin. 3, pág. 14. 

^ Gestoso (J.); Sevilla... cit. en el I. B. 


281 


202. — Sevilla. Hospital de las Cinco Liagas. Planta. 

Plano de G. MiUán. 


V. Lampérez y Romea 


rrrFf 

I k¿k ¿3 9- 4 1 a ¿ ^ fe-- ‘ \ f\ m. mu, cu. ^ 





.XLommziLi^ 


o o 


Arquitectura civil española 



203.^ Montblancii (Tarragona). Hos- 

PÍTAL. 1 g\CHAI)A. 

Fot. Ribera {Colee, del Inst. de Est. Catalanes). 


sición es laya sabida: conjunto cua- 
drado o rectangular, cuyo núcleo 
es un patio (ej. el de Montblancii, 
Tarragona) o dos (ej. el de Javera, 
en Toledo), con variantes en la co- 
locación de la iglesia, qnc es, natural- 
mente, elemento obligado; en el 
fondo del patio (ej. el de Santiago 
de Ubeda) o en un lado (ej. el de 
Medina del Campo), bd tipo admite 
reducciones; unas veces la iglesia no 
es sino una cajiilla ([ue se abre a un 
lado del vestíbulo (ej. el de Estu- 
diantes de Salamanca) ; otras, la esca- 
lera está en el vestíbulo (ej. el de la 
Latina, en áladrid, ya demolido). 

Hospital de Santa María, en 
Lérida. Como en tantas otras ciu- 
dades, en ésta se refundieron, 
en el siglo XV, varias Institu- 



204. MoNTIU .\NCIi (Tarr.vgona). Hospitai.. 

Fot. h’il>eya (Colee, i/e! Inst. de F.st. Catalanes). 



V. Lampérez y Romea 


ciones liospitalarias, creán- 
dose uno «general». El edificio 
es de esa centuria, de estilo 
gótico y planta cnadrangnlar, 
con patio central cuadrado y la 
iglesia en el lado derecho. La 
fachada, de sillarejo, conserva 
nna sencilla j)ortada de medio 
})imto, con enorme dovelaje; 
encima dos escudos, con el 
emblema de la ciudad (tres 
flores de lis) y una hornacina 
con doselcte, guareciendo a una 
bellísima imagen de la Virgen 
titular. En el interior es de 
notar el patio; sobre grandes 
ménsidas, avanza una galería 
de estilo gótico regional, con 
delgadas columnas y capiteles, 
del tipo característico en el 
país, y arcos apuntados ; en un 
ladoestála escalera, sobre arcos 
(hoy tapiados). Es, en con- 
junto, interesantísimo ejemj)lar 
de arquitectura hos]:)italaria 
gótica cou las características del 
estilo catalán. Los escritores 
regionales dicen (pie su autor 
fue el Arcpiitccto Andrés Pí. 

Hospital de Santa Cruz, en 
FJareelona. Tiene su nota en 
estas páginas, poixpie conser\’a 
las enfermerías de la época 
gótica, de la (jue son buenos 
ejeinjilares. 

fui (lisj)osición general es 
la de dos cueiqios de edificio, 
sejiarados jior un jiatio-jiasaje 
entre las dos calles, a las ipie 
tiene fachadas. En una de ellas 
luce la jiortada de estilo «Reua- 




206. — Lérida. Hospital. Fachada. 

Fot. Mas. 


— 284 — 



Arquitectura civil española 


cimiento», con pilastras, cornisa, arquitrabe, tímpano con nn escudo 
tenido por ángeles, y remate con la Santa Cruz titular del 



20/.— Lériua. Hospital. Patio. Fot. ñlas. 


Hosjiital. Las enfermerías citadas son largas salas, con luces laterales 
y estructura de arcos aj^nntados y techo enmaderado. Como jiartes 
antiguas deben citarse algunos locales hoy farmacia), escalera v 

jiortal. Son, en general, obras del siglo X\’, 
según dice la historia del edificio, ann(|ue el 
comienzo fuese el 14 de febrero de 1301* y 
se siguiese con gran celeridad por el celo y 
la obra con ipie la adminisfraron el Consejo 
de Cienfo y el Cabildo Cafcdral, cuando so- 
bre la base del Hospital tle San Colom, 
fundado en 1229, se refundieron en él lo> 
de Sanfa Margarita, Kn \dlar, Santa 
Marta, Santa ludalia del Campo y otros. 

Hospital de estudiantes, en Salamanca . 
De la piadosa v social institución (.'xist(.‘u 
restos muy apreciables. Kn la clásica 
plaza de las Kscuelas hice una bella jior- 

^ Itso (licc lina inM'i'ii'ción en rclivVL, colocada 
.sobre la ]werta del Norte. Ibi diversos autores so 
leen otras ícadias; 17 de abril de 1401 es una d<' 
ellas. 

- 283 - 



208.— P>AKCELONA. HoSPITAI. Dli 
Santa Ckcz. Puerta. 

Fot. de X. 


V. Lampérez y Romea 


tadita. Compónese de doble jjiierta, bajo im arco de medio punto muy 
moldurado; ancho friso en el que una moldura trilobulada cobija a 
tres escudos (el regio en medio); el conjunto se recuadra con la misma 
moldura a modo de an'abá, y se corona por complicada crestería. Efigies 
de Santo Tomás, de la Virgen y del Arcángel ocupan los tímpanos. 
A la izcpiierda de la portada hay un muro calado por ventanas de medio 
punto y balcones (modernos) y coronado por crestería. Todo es de estilo 
gótico, con atisbos de «plateresco». 

Interiormente nos encontramos con un vestíbulo a cuyo lado iz- 
quierdo está la antigua capilla, y, al fondo, la escalera. Más adentro, un 
modesto patio, crujías y locales modernizados. Imposible es deducir 
la disposición inicial hospitalaria. Adivínase, en la escalera vestibular 
y en el patio reducido, algo de familiar en aquel refugio de estu- 
diantes pobres y enfermos; muy distinto de la grandeza de los 
hos]'»itales Reales contemporáneos. 

h'ué éste, pensamiento de la Reina Doña Catalina de Lancaster, 
que, desde 1413, compró y donó con ese objeto las Casas de los 
Judíos, los corrales adyacentes y la casa de midra (casa de oración) 
que allí había. Ta obra, sin embargo, no es de esa fecha; el estilo 
indica otra, ochenta o no\'enta años posterior. 

Hospital de Santiago, cu Ubeda {Jaén;. Ta familia de Cobos, favorecida 
por Carlos V, llenó Ubeda y su comarca de monumentos, en la época de 
su privanza. El Obispo de Jaén, Don Diego de los Cobos, fundó el hospital 
de Santiago, más «grande» (jue artístico. La fachada es un enorme pare- 
dón, flampieado por recias torres cuadrangulares; el interior se desarrolla 
sobre la base de un sencillo patio con galerías de columnas y arcos de 
medio punto, en cuyas enjutas campean escudos. La iglesia forma un 
cuerjjo saliente en lo posterior del edificio. Se abre en el fondo del patio, 
por tri]de hueco, con hermosa reja. Es lo más arquitectónico del edificio: 
rara planta de cruz con doble crucero, embovedada y pintada, con 
magnífico retablo: obra toda del siglo X\T, de un «Renacimiento» severo. 
Si salió de mano de Andrés de Vandaelvira, el aríjuitecto-escultor de 
los Cobos, es de lo más sencillo v seco de su arte, aunque el «concepto» 
sea realmente grandioso. 

Hospital de T avera, en Toledo. Magno edificio sería, de haberse com- 
pletado el pensamiento inicial del Prelado fundador, Juan de Tavera, y del 
arquitecto Bartolomé de Bustamante: área rectangular, con cuatro 
patios, la iglesia entre los dos posteriores. Incompleto, es, sin embargo, 
el más grandioso de los hospitales españoles del «Renacimiento», en el 
tipo palaciano. Sobresale el partido, único en España, de los dos patios, 
más bien uno solo, pues no los separa sino un abierto pórtico; su arte 


2S6 


Arquitectura civil española 



^7 


209.- -Barceloxa. Hospital de Santa Cruz. Iina enfermería. Fot. de 


V. Lampérez y Romea 



288 


Arquitectura civil española 


es ya clasicista. La iglesia es grande y fría, de arquitectura herreviana 
apilastrada: bajo ella hay una gran cripta con cúpula de atrevida 
construcción. Nada corresponde decir aquí de las famosas obras de arte 
que contiene: el sepulcro del fundador, por Berruguete, y las pinturas 
del Greco. Las enfermerías y oficinas están en las crujías que] forman 
el perímetro. 

Las fechas del monumento son: 1541-1579 para el grueso de la cons- 
trucción; 1567-1624 para la iglesia. 



211. - ÜBEi).\ (Jaén). Hospital de Santiago. 

Fot. de X. 


Hospital de Medina del Campo (p\'djlladolid). Podemos considerarlo como 
el último de la serie de grandes hosjtitales del siglo XVI, con el que se 
transita al siguiente. Su tipo es el palaciano, c\\ su más completo desarrollo. 

búmdólo el comerciante Simón Ruiz Lmbito, en 1591 ; en 1597 se 
acababa la iglesia; y, en, 1619, el edificio. L 1 anpútecto fue el jesuíta 
Fr. Juan de Torosa; el estilo es el más jmro herreviano. La planta es 
cuadrada, con gran patio central, con arcos, y la iglesia ocupando el 
ala de la derecha. La escalera es claustral. Las eufcrmerías son largas 
y rectangulares, divididas en celdas, y con altar en el centro. 


19 


— 280 


V L a m p é r e z y Romea 



2 [2. — Toledo. Hospital de San Juan Bautista 
(vulgo de Afuera). Planta. 

Dibujo de Momtiu. Arquit. de España. 


290 


Arquitectura civil española 





— 291 — 


Toledo. Hospital de San Juan Bautista (vulgo de Afuera.) Fachada. 


214- Toledo. Hosplial de Javera. Los patios. i - ot . de 


V. Lampérez y Romea 



— 292 — 


Arquitectura civil española 



215. — Medina del Campo (\’alladoi id). El Hosimial. Planta. 

l’hiuo í/c Pouz. 


293 



V. Lampérez y Romea 


HOSPICIOS, HOSPEDERIAS Y AEBERGUES 

Eas Instituciones. Constituyen la otra forma de la beneficencia 
oficial de la Edad Media. Peregrinos, pobres y desamparados (y aun 
los ricos, en muchos casos), transeúntes por desiertos e indefensos campos 
y montañas, no tenían otro refugio ni otro alojamiento que los que 
preparaba la caridad cristiana. 

Desde luego, todos los hospitales y monasterios tenían un «hermano 
hospitalario» dedicado a la asistencia de los peregrinos y viajeros que 
llamaban a sus puertas. Eos hospitales contaban esa asistencia como 
uno de sus fines. Además, los monasterios ricos sostenían, a título de 
caridad, el privilegio de establecer paradas en determinados sitios de las 
rutas más frecuentadas. No faltaban tampoco particulares que las edi- 
ficaban y sostenían ]ior su cuenta, como la establecida en 965 por el 
Conde de Cerdaña, en nn paso del Pirineo, entre Cataluña y Rosellónp; 
o que consagraban sn vida al personal servicio de un albergue, como 
San Juan de Ortega, a principios del siglo Xll, en la comarca burgalesa, 
hd camino francés estaba bordeado por muchísimos albergues y paradas 
de esas clases. La importancia de algunas llegó a ser tanta, que, 
a su vez, constituyeron base de otros monasterios, como el del citado 
Santo, al pie de los montes de Oca, y el de Arbás, en el puerto de Pajares, 
entre León y Asturias. 

No abundaban, sin duda, tanto los hospicios con carácter de asilos 
|)ermanentes. Existieron, sin embargo; lo prueba la curiosísima inscrip- 
ción contenida en una lájiida, en la Cámara Santa de Oviedo, estudiada 
por sabios epigrafistas-. Dice así: «El Príncipe egregio, Vulfila, hizo 
este hos])icio. Su eximia fábrica ostenta esta gran portada: éste es el 
aula (pie alberga a los valientes marinos (pie suelen morar en el hundoso 
])iélago del Océano, y volver a este sitio después de haber surcado su 
inmensa llanura». Supónese (jue el Príncijie citado sería un personaje 
del siglo IX; y ([iie el hospicio para marinos estaba en el mismo Oviedo, 
y filé demolido hacia la Xll PC centuria. 

Otra institución medioeval de caridad, fué la limosna. Consistía en el 
re})arto de comida, no sólo sufragada, sino servida personalmente por 
los cajátnlares, monjes y grandes señores, jirevias ciertas devociones. 
La obra ajiarece constituida, por lo menos, desde el siglo XI, en Bar- 
celona. La estableció en loog un acaudalado señor Roberto. Al año 
siguiente se hizo cargo de ella el Cabildo catedralicio, y se escribió un 
libro especial para sn reglamentación ’C Correspondiendo a la institu- 

' I’uiG Y Cadai'AI.ch : ol). cit. en el I. B., pág. 440. 

- Selgas (F.): Mouuincntüs... cit. en el I. H., ]>ág. 60. 

Madrazo (B.): Piiiinra... cit. en el l.B. 


294 


Arquitectura 


civil española 



Toledo. El Hospicio. Patio. 


Uot. Clava ia. 


295 


V. Lampérez y Romea 


ción, hubo edificios especiales. Se conservan algunos en Levante, donde 
se los denomina «La Almoyna»: Barcelona, Gerona, Palma de Mallorca. 

Los Edificios. Son jiocos e imprecisos los datos que tenemos sobre 
estos edificios. 

Los monasterios tenían una sala ( palacio la llamaban en el de Silos, 
Burgos) para huéspedes o peregrinos, que era un local amplio, abovedado, 
en la planta baja del edificio monástico (así, en el citado de Silos), o un 
cuerpo aparte situado antes de la entrada del recinto, como estuvo en 
Poblet, cuyas ruinas aun vemos. 

Los hospitales cpie tenían hospedería la alojaban en sus salas, o en 
edificio aparte. El Real de Santiago contaba, en 1520, con dos dormi- 
torios para hombres, uno para mujeres y un comedor h 

Los albergues o paradas levantados exprofeso en los bordes de los 
caminos, se componían de un hospicio y una iglesita, según nos enseña 
el que hizo el año 965 el Conde de Cerdeña en el Pirineo. Lo mismo tenía, 
aunque con amplitud y magnificencia mayores, el de Arbás, en el puerto 
de Pajares, ya antes de Eernanclo I, preparado para albergue y refugio 
de los peregrinos que iban a Oviedo en adoración de la «caja de las reli- 
quias», depositada en San Salvador. La iglesia, notable obra románica de 
iransición, se conserva en su forma del XII el hospicio es hoy un 
conjunto de casas relativamente modernas, sin carácter ni belleza. 

Del hospicio de marinos, levantado en Oviedo en el siglo IX, no conoce- 
mos más que el pomposo ditirambo de la lápida, que arriba se copió; 
a creerlo, se trata de un edificio importante (eximio á\ce) con portada. 

La hospedería de nobles, en Guadalupe (Cáceres)^. En el famoso 
monasterio, frontero a él, se conserva la hospedería de nobles, edificio 
con gran patio porticado, hecho entre 1498 y 1501, por el P. Pedro de 
Bidavia: amplias habitaciones y completas dependencias. 

La hospedería de romeros, en Burgos. El Hospital del Rey, en Burgos, 
conserva la hospedería de romeros. En el patio de ingreso se ve un 
cueiqio de edificio cuadrangular, con bella fachada «plateresca», en la 
que una leyenda, en una cartela, reza la fecha de la reconstrucción : 

A. I). MDXLIX. 

0 sea 1549. 

El interior está muy alterado: hay un vestíbulo del que arranca la 
escalera; una gran sala, con chimenea, en la planta baja, y otro encima, 

1 Vii.LAMiL Y Castro: El Gran Hospital... cit. en I. B. 

- Lawphrez: Historia de la Arquitectura Cristiana... cit. en el I. B., tomo I, pág. 466. 

^ Acemel (J) y ]\UMO (G): Guia... cit. en el I. B. 

— 296 — 


Arquitectura civil española 



^97 --- 


217. — Burgos. Hospedería de romeros en el Hospital del Rey. Fot . Lauvcnt . 


2i8.- León. Convento de San Marcos (hoy Museo). F.vchada principal. Fot . Lacostc . 


V. Lampérez y Romea 



:98 


Arquitectura civil española 

en la principal. Seguramente fueron los dormitorios de hombres y de 
mujeres. Cocina y dependencias menores completan el servicio. Como 
era edificio con tres o cuatro fachadas, no necesitó patio. 

Hospicio y Casa prioral de San Marcos, en León. No puede ser 
exacta y precisa la clasificación de este edificio entre los de beneficencia, 
y hasta se sale del grupo para entrar en el de los monasterios, puesto 
que fué hospicio y hospital para los peregrinos de Compostela, y casa 
prioral de los Freires Caballeros de Santiago. Como establecimiento bené- 
fico sucedió en las funciones de asilo de romeros, en el camino francés, 
al viejo hospital que el Cabildo catedralicio tenía y cedió, al finalizar 
el siglo XII, a la Orden ; como monasterio, fué el primado de ella en 
el reino de León. 

Nada queda del edificio medioeval. El que existe, joya sin igual del 
«Renacimiento español», lo mandó construir Fernando el Católico, en 1517. 
Del mandato a la realización mediaron dos Reyes y más de veinte años, 
puesto que la fachada se hacía en 1537, y la sacristía en 1549. Fertenecen 
a esta época: el claustro principal con sus crujías, la iglesia, la sacristía 
y otras partes. El resto del edificio no se prosiguió hasta el siglo XVII 
(en 1679 se concluía el claustro), ni se concluyó hasta el XVIII, por el 
ala que da al río, el torreón del ángulo, y la parte izquierda de la fachada, 
con el cuerpo principal. No obstante esos 180 años, es de admirar en el 
monumento la unidad de estilo, que conservó el «plateresco», salvando el 
«herreriano», hasta penetrar en el «churriguerismo» . Los autores son cono- 
cidos en parte : Juan de Orozco (que era maestro de la Catedral en 1515); 
JUx\N DE Badajoz, hijo, (pie firma la sacristía en la fecha ya anotada; 
y, tras un gran lapso de tiempo, Martín de Suinaga, que hacía la parte 
del Sur entre 1711 y 1719. 

La disposición del edificio es rectangular, con dos patios, y la iglesia 
ocupando todo el lado de Oriente. El departamento prioral, las celdas, 
enfermerías y dependencias, ocupan las crujías jierimetrales. La fachada, 
célebre en la historia monumental de Esjiaña, es un enorme lienzo de 
dos pisos, apilastrado el bajo, y de columnas abalaustradas el principal, 
con huecos, minúsculos en comparación de los grandes macizos, cuajado 
de medallones, repisas, grutescos, frisos, guirnaldas, etc., etc., etc. En 
ella se destaca el gran arco de ingreso de la iglesia, con profusión de con- 
chas simbólicas, y la portada, cpie corona alta peineta, de estilo «churri- 
gueresco» notablemente adoptado al «plateresco» de lo ])rimitivo. 

La iglesia es de estilo gótico, ]>or deliberado pensamiento tradicional. 
La sacristía, gótica de estructura, y de un «plateresco» jugoso y movido, 
afirma la manera ])ersonalísima del arte de Juan de Badajoz; la 


299 


3ig.- -B arcelona. La Almoyna. Pot . Mas . 


V. Lampérez y Romea 



300 — 


Arquitectura civil española 


escalera^ tiene lugar de honor entre las obras similares españolas: 
el claustro es noble y al par gracioso, y la gran sala prioral ostenta 
soberbia techumbre de alfarje «Renacimiento mudéjar». 

¡Notable monumento en el que el destino prioral arrastró al bené- 
fico, más modesto, haciendo un hospicio sin par por su magnificencia 
artística! 

La casa de la «Almoyna» (limosna), en Barcelona. Desgraciadamente 
está muy incompleta y alterada. Habitaban los canónigos de la Catedral 
en un edificio adjunto, haciendo vida regular. El P. Villanueva com- 
probó que, en 1335, todavía subsistía la Regla canónica-, que duró 
hasta 1369. Ya antes funcionaba la Almoyna en casa especial; pero al 
cesar la canóniga, se trasladó al edificio de ella, utilizándose el refectorio^. 
En 1400 el Cabildo acordó tirar el antiguo dormitorio y parte de la 
muralla romana contigua, edificando allí mismo una nueva «casa de la 
Almoyna»^, que es la que llegó a nosotros. 

¿Llegó? Tan sólo la fachada y algún pequeño resto. Aquélla tiene 
run cuerpo apiñonado sencillo, con puerta adovelada. En el interior 
aun vieron, Piferrer y Madrazo, una escalera y un gran salón, en cuyo 
testero había un altar y nn coro para las devociones, y en nno de cuyos 
muros estaba pintada la escena de la comida de los pobres, sentados 
a la mesa y servidos por los señores : pintura que debió tener sus com- 
pañeras en los otros muros de la estancia. Eran obras del siglo XV. Sólo 
queda hoy, de ese interior, parte de la escalera, sin importancia. 

Dedúcese que estas «casas de la limosna» consistían en un amplio 
refectorio con un altar en el fondo; y, en los pisos superiores, algunas 
habitaciones y dependencias. La arquitectura exterior era sencilla, cual 
corresponde al objeto. 


Casa de la Almoyna, en I^alnia de Mallorca. Más peípieña que la 
de Barcelona, pero más lujosa de aspecto, es este edificio un bonitísimo 
ejemplar, por su fachadita con puerta de arco apuntado, gran balcón, 
los tres huecos, con dinteles, de estilo gótico florido, y el voladísimo 
alero. En el interior contiene nna capillita en planta baja, y un salón 
en la principal. El estilo indica su construcción al final del siglo XV. 

^ Ou.ADK.\DO dice que se hacía en 1615; así será, pero su csiiío es el de Ju.an dk 
P)ADAJOZ. 

“ T'irt/e literario... cit. en el T. B., tomo XVII. pág. 135. 

® Carreras y Candi: oh. cit. en el I. IV, ]>ág. 405. 

■* Carreras y Candi: oh. cit. eu el I. B., )>ág. 372. 


301 


V. Lampérez y Romea 


4°.— CIVILIZACION MAHOMETANA 

(SIGLOS VIII AL XV) 

Afirman las historias que las funciones benéficas fueron muy aten- 
didas por los mahometanos de todos los países: hospitales, hospicios, 
manicomios, figuran en las relaciones de escritores y viajeros. Las institu- 
ciones, hechas a imitación de las cristianas, se multiplicaron en Oriente 
yen el Norte de Africa, desde el siglo VUlL A veces, los destinos aparecen 
confundidos: así el hospital de Kalaum, en el Cairo (siglo XlIIy es tam- 
bién manicomio; en otros ejemplares, el hospital es, al par, asilo de pobres, 
o de viajeros ( car avanserr alio). 

En la España musulmana, las noticias concretas de edificios e insti- 
tuciones benéficas son muy escasas. 

Afírmase que en España no hubo hospitales musulmanes-, lo cual 
no es cierto, si lo son las noticias de uno en Córdoba, en el siglo VIII, 
muy célebre en aquellos tiempos^; otro en Algeciras, en el XII y, 
positivamente, conocemos el de Granada, de que luego se tratará. 

En la época en que el Califato de Occidente se aproximaba a su 
ruina, en los días de Hixem II (siglo X;, se fundaron algunas zawiyas 
u hospicios para pobres de profesión y y dar-as-sadacas o «cámaras 
de la limosna». Ninguna noticia hay de cómo fueron estos edificios®. 

El moristán de Granada . Porsingular fortuna conocemos, circunstancial 
y arquitectónicamente, un monumento de la beneficencia hispano-maho- 
metana: es el moristán (hospital) de Granada. Eué derribado por 
ruinoso en 1844; mas antes del derribo, un arquitecto de Granada, el 
Si'.Enríquez, dibujó los planos^ a la vista de una acuarela del señor 
Rada y Delgado, hízose más tarde una reproducción de la portada, 
que figura en el Museo Arqueológico de Madrid; y se salvó la 
lápida con larga inscripción que estuvo en la puerta, y está ahora 
en una de las casas de la Alhambra. Con todo esto, puede decirse que 
conocemos el hospital granadino casi con tanto detalle como si 
subsistiera. 

1 Sai.adín: oh. cit. 

2 Kibeka; Discurso... cit. en el 1 . B. 

^ Fernández Caro: Hospitalización... cit. en el I. B. 

'* Kiber.\ (loe. cit.) menciona este dato, tomado de la Histoire de la Médecine Avahe. 

® Conde: Historia... cit. en el 1 . B.. pág. 520. 

® La «cámara de la limosna» de la mezquita de Córdoba no nos da luces sobre ellos, 
¡)ues no es .sino una dependencia de aquélla. 

^ Los publicó, con memoria descrijrtiva, J. (j.ui.11 \baud, en el libro cit. en el I. B . 
tomo III. 


302 


Arquitectura civil española 


La historia de la fundación la dice acjuella larga y enfática leyenda, 
de la cual sólo se copia y traduce aquí la parte interesante : «Alabanza a 
Dios. Mandó construir este hospital, amplia misericordia para los débiles 
enfermos musulmanes y sitio de pronto remedio... el sultán... 



220.- (jR.\NADA. HOSPITAL ÁRAHL. Planta. 


Dibujo de la Arquit. de GniUiahaud. 


Algani-Billah-Abu-Abdallah-áIohamed... se comenzó a edificar en la 
segunda decena del mes de Moharrem, año 767. Se acabó, según se había 
propuesto el Califa, y fue dotado de rentas con cpie alimentarse, en la 
segunda decena del mes de Xawal, año 768...». O sea, en datos escuetos, 
que Mohamed V hizo y dotó este hospital de musulmanes, comenzándolo 
en 1365 de nuestra cronología, y acabándolo en 1367. 


303 


V. Lampérez y Romea 


Estaba situado en el arrabal llamado Haxariz fel Placer) b V siempre 
se le llamó «Casa de locos o de inocentes»; lo cual es posible, pues, como 
dicho queda, no es rara la fusión de este destino con el de hospital C 

Era un edificio de planta rectangular, de dos pisos, con la fachada 
principal en uno de los lados menores. Ea disposición era sencilla; un 
]5atio central con pórticos en los cuatro lados, y sendas crujías detrás 
(la del lado de fachada más amplia), un vestíbulo recto de ingreso, cuatro 
escaleras, y cuatro salas en los ángulos. El piso superior tenía idéntica 
disposición. Las crujías eran las enfermerías; los pórticos y galerías, 
paseos y estancias de convalecientes; las salas de los ángulos, acaso para 
médicos, almacenes, etc., etc. En el centro del patio, un gran estanque 
servía de recreo, y hasta puede ser que de baño, a los enfermos : el agua 
salía de las bocas de dos leones ( hoy están frente a la torre de las Damas, 
en la Alhambra), ejemplares de gran interés arqueológico. 

Hay un detalle de disposición, que no sé haya excitado la curiosidad 
de nadie. En la crujía contigua a la fachada había, a lo largo del trasdós 
de ésta, una serie de espolones, que dejaban entre sí espacios a modo 
de pequeñas celdas. ¿ Qué objeto tuvieron? Constructivo no es: luego 
fué dispositivo. ¿Serían celdillas para locos? No creo descaminada la supo- 
sición: en el moristán de Kalaum, del Cairo, el manicomio está consti- 
tuido por una galería, con celdas a los lados®. 

La estructura era sencillísima: muros y pilares de ladrillo; viguería 
y armaduras «de lazo», de madera; algunos arcos túmido-apuntados; 
tejas esmaltadas blancas y azules. Las enfermerías recibían aire y Inz 
del interior, por ventanas gemelas a los pórticos, de arcos, con avvahá; 
al exterior no abrían más huecos que los de la fachada principal. 

Ené ésta de magnífica fábrica de ladrillo: lisa abajo, con ventanitas 
gemelas arriba, y una cornisa muy decorada; en los ángulos, sendos 
chaflanes con trompas, y, en el centro, una magnífica portada, obra 
maestra de albañilería, cuya composición indica la adjunta reproducción. 
La inscri})ción votiva ocupaba el hueco central. 

JH moristán de Mohamed V estaba considerado como una obra mo- 
delo en sn género. Lhi escritor árabe. Abala Algiazami, mencionado 
])or el autor de la memoria que acompaña los dibujosy decía de él: 
«Es un monumento extraordinario por su magnificencia y por todas 
las comodidades que j^uede proporcionar un sabio arquitecto, basado 

' Conde: cit. en el I. B., tomo III, 1O5. 

- He ser cierta la existencia de ese manicomio, avanza en medio siglo al de Valencia. 
))riinero de luiropa. 

® Véase la planta en Saladín, ob. cit. en el I. B. 


304 


Arquitectura civil española 



— ^o: 


20 


Dibujo de la Aiquit. de Gailhabattd. 


V. Lampérez y Romea 


sobre las liberalidades de un príncipe... empleo de mármoles pulimentados, 
elegancia de las fuentes... espléndida alberca, cosas todas apropósito 
])ara distraer a los enfermos.» 

Unico ejemplar en la España musulmana, no permite hacer gene- 
ralidades sobre cuál fue la arquitectura hosj)italaria de esta civilización. 
La comparación con otro hospital mahometano, el de Kalaum, en el 
Cairo, da dos tij)os en absoluto distintos. Mas si comparamos el español 
con otros edificios públicos granadinos (El Fondac o «casa del carbón'>, 
la madraza de Yusuf 1 1 , vemos una dis¡)osición análoga, confirmando 
el hecho ya apuntado, a saber: que entre los hisj^ano-mahometanos, 
como entre los hispano-cristianos, el tipo del edificio ¡)úblico no existe, 
sino que sienq:>re se adapta el del j^rivado. 


5°. -CIVILIZACIÓN MODERNA 

(SEGUND.V IMITAD DEL SIGLO XVI AL XVIII) 

El medio social. El cuadro de la beneficencia colectiva española 
en el siglo XVI 1 no es menos pintoresco (|ue los demás de la vida nacional. 
El movimiento caritativo iniciado al finalizar el siglo XV y desbordado 
en el XVI, llegó al extremo en el reinado de los dos últimos Austrias. 
Las fundaciones de hospitales jior particulares piadosos eran numerosí- 
simas. Las hubo para determinadas familias; para los enfermos de una 
nación o de un pueblo; para dolencias especiales; para individuos de 
un estado social. ¡Dónde habían quedado aipiellos principios cristiana- 
mente igualitarios que informaran las fundaciones benéficas del siglo XIII ! 
Con tan equivocadas orientaciones, era frecuente cpie en una misma 
población sobraban liospitales, mientras faltaban en otras; que los 
había ahitos de enfermos, mientras que permanecían vacíos muchos. 
En cuanto a la administración de fondos, los vicios eran viejos. Ya el 
Concilio de Trento había tomado cartas en el asunto, y Eelipe II pensó 
en una íinificación , haciendo desaparecer los «mal fundados». Xada se 
hizo, y así llegó el caos existente en el reinado de Carlos II. 

Lhi el siglo XVIII se introdujeron en esto, como en todo, saludables 
reformas. Felipe V, y, más aún, Carlos III, encauzaron aquel desbara- 
juste, creando los hospitales generales, y declarándolos de jiatronato Real. 

Surge en este siglo XVIII una nueva institución de caridad: los 
hospicios jiermanentes. Eué Eelipe V el que, asustado ante aquella can- 
tidad de pobres de oficio, vagos de jirofesión y desamparados efecti\ms, 
que había sido una de las jilagas del siglo anterior, creó el primer hospicio, 

1 Vid. el libro de (iAILIiabaud, cit. en el I. B. 

— 306 — 


Arquitectura civil española 



222.- .Madrid. Hospicio I’kovin'ci.m.. 


l'i’t. Mniriio. 


20 * 


307 



V. Lampérez y Romea 


en Madrid, con sus limosnas particulares y las del pueblo todo. A su 
ejemplo, se crearon los de Zaragoza, Valencia, Oviedo y casi todas las 
poblaciones importantes. La legislación sobre ellos no tardó, regulari- 
zando su construcción y reglamentación. Y así nació un nuevo tipo 
de arquitectura benéfica. 

Los Edificios. En el año 1797 había en España, según Canga- 
AkgüellesL 2262 hospitales y loi hospicios. Claro es que en tan pro- 
digiosa serie entraban los subsistentes de los siglos anteriores al XVII; 
mas también los había de éste y del XVIII. Todas las ciudades importantes 
tenían un hospital general, a más de los particulares y especiales. Entre 
éstos deben citarse, como fundaciones curiosas, los de extranjeros: como 
el de Italianos, de 1598; el de Flamencos, de 1606; el de San Luis de los 
h'ranceses, de 1615; el de San Patricio de Irlandeses, de 1629, y el de 
Convalecientes, unidos con el de Barcelona, en 1629. 

La importancia arquitectónica era muy variable, desde la modestísima 
casa particular de nn pueblo, hasta los enormes edificios de Zaragoza, 
Valladolid, Murcia y tantas poblaciones más. El tipo es siempre el mismo: 
el cuadrangular, con gran patio central, y otros más secundarios, e iglesia 
pública, adyacente. Los exteriores, monótonos y sin arte, nada tienen 
de característico ni de atractivo. Alguno, como el del Burgo de Osma 
(Soria), se sale de ese tipo por la importancia que le dan las torres 
angulares con flechas empizarradas y la «peineta» barroca p en con- 
junto, es un ejemplar de la arquitectura general palaciana, municipal, 
etc., etc., del estilo «Casa de Austria», sin disposiciones hospitalarias 
especiales. Y lo mismo le ocurría al ya demolido, de Monserrat, en 
Madrid, notable por sn portada barroca, del tipo de las palacianas ya 
citadas L y al subsistente, por fortuna, de convalecientes, en Barcelona, 
austero al exterior, en el que sólo una portada y una capillita seudo- 
barrocas dan notas artísticas; pero magnífico el interior, por el patio 
porticado de estilo herreriano-barroco, el jardín en planta principal, 
las enfermerías en ángulos donde está la capilla, y el lujo de azulejería 
y pintura de varias dependencias^. 

Ejemplar que caracteriza la renovación hosjiitalaria de Carlos III 
es el Hospital General de Madrid. Como fundación, procede de aquella 
unión cpie h'eli]»e II hizo de todos los «mal fundados» en la Corte, instalado 

’ Dicciomv'io de Hacieiidct, cit. en el !.]->. ’ Y 

“ Constando en 1O82 por el Obispo Fray Seliastián de Arévalo y Torres ¡xir planos 
y dirección de los maestros Ignacio Moncaleón y Pedro Pórtelas. 

^ Construido desjmés de 1652, en (¡ue fné instalado en la plaza de Antón Martín. 

* Fundado en 1029 por los administradores del de Santa Cruz; proseguido, después 
de 1638, por la generosidad del Caballero Don Pablo Ferrán, y concluido en 1680. Se ignora 
el maestro <]ue lo hizo: su])ónese que no lué uno solo. (t'id. Bassegou.c: La rn.sn... citada 
en el I. B.) 

— 308 — 




Arquitectura civil española 



— 309 — 


■Barceloxa. Hospital de Convalecientes. Patio. Fot . Baiicii . 



V. Lampérez y Romea 


primero donde hoy está la calle de Santa Catalina, y en 1603 donde ahora 
se levanta el edificio. Es éste obra del ingeniero Don José Hermosilla, 
hasta 1776, en que falleció, continuada, aunque inconclusa al fin, por 
D. Francisco Sabatini. Tal como está, el plan es un rectángulo de 
enormes y altísimos cuerpos, sobre la base de un grande y único patio 
central. Las fachadas, monótonas, tienen innumerables huecos rectan- 
gulares, con guardapolvos rectos, en ese estilo neo-clásico amanerado, 
típico del final del siglo XVIIL El plan primitivo era enorme. He aquí 
cómo lo describe PoNZ', contemporáneo de las obras: «Es un cuadro 
de 700 pies de largo y 600 de ancho, en medio del cual se ha de construir 
la iglesia, y forma seis jiatios muy espaciosos, con otros dos más pe- 
queños. lín las entradas que hace la fábrica, después de este cuadro, ha 
de haber otro patio de 300 jiies de largo y 190 de ancho, y todo el fondo 
será con poca diferencia de 970 pies. La fachada principal, que corres- 
ponde a la calle de Atocha, tiene los 600 que se ha dicho.» Tan magno 
edificio quedó inconcluso. El ])lan descrito, y la jiartc ejecutada, dan 
idea de la que sobre la arquitectura hospitalaria se tenía en aquel tiempo: 
iumenso edificio único sobre base de patios cerrados, distribuidos en nume- 
rosos pisos. Lo contrario, precisamente, de lo que hoy prescribe la higiene. 

Los hospicios fueron, como se ha dicho, creaciones de Felipe V, 
que, al hacer la institución, tuvo que dar forma al edificio. El primero 
erigido fué el de Madrid. Luego surgieron muchos. Para su construcción, 
no podía faltar una disposición Real, en época tan reglamentista. Cono- 
cemos una, de tiempos de Carlos Til, que es, en realidad, un programa 
oficial de hospicio, curioso, porque sirve para conocer el criterio de la 
arcpiitectura hospiciana de la época. I.a disposición, fechada a 21 de julio 
de 1780-, previene ejue la cabida ha de ser proporcionada a la impor- 
tancia de la región; los materiales, los del país; y que ha de contener 
dormitorios, laboratorios (sic) y oficinas para cada sexo, sin comuni- 
cación entre sí, y, a ser posible, con separación por edades; oficinas, 
almacenes, capilla, huerta, fuentes y cauces. Una nueva disiiosición 
añade que habrá, además, escuelas y talleres. 

Los grandes hospicios de esa éjioea, (jue subsisten, prueban que ese 
})rograma se cumplió, dentro del eterno tipo arquitectónico de la época: 
el edificio de planta cuadrangular cerrada, con patios interiores, porti- 
cados, y la iglesia en el eje. T^odrá tener un solo patio, dos o cuatro. 
La monotonía del tipo se conserva. 


^ PoNz; Viaje... cit. en el I. Jt., tomo V, pág. 33. 

- Novísima Recopilación: J.ey IV, título XXXVIll, libro \ñl. 
^ Novísima Recopilaciehi: id. id. id. 


310 


Arquitectura civil española 



I 


Oviedo. Hospicio. Fachada. Fot . ie 


V. Lampérez y Romea 



12 — 


Arquitectura civil española 


El hospicio de Madrid, instituido por Felipe V, tuvo por primer 
domicilio las casas de la Casa de Socorro del Santo Nombre de María, 
en la calle de Fuencarral. Fa construcción del nuevo edificio duró desde 
1722 a 1799, y se hizo por trazas del famoso arquitecto Pedro de Ri- 
bera, que dejó allí su más notable y discutida obra. Fa planta, irregular, 
es del sistema de crujías alrededor de patíos grandes: uno, princijxd, 
rectangular, y otros varios, sin simetría. 1.a fachada, de bastante longitud, 
tiene dos pisos, con huecos cjue campean bien en extensos macizos. 
Fos guarnecen jambas y dinteles de jiiedra, con guardapolvos de retor- 
cidas conchas. Fa portada (celebérrima en la historia del «barroco» 
español), es resumen de la fantasía concejitista de Ribera: un hueco de 
arco mixtilíneo con dos ojos de buey en las enjutas, y pilastras in- 
vertidas a los lados; una hornacina encima, con el santo Rey h'ernando, 
titular del edificio, a la que hacen dosel jiaños, guirnaldas y volutas; 
un remate de frontón curvo y partido. Ifl resto es indescribible; vale 
más verlo y admirarlo. Admirarlo, sí : por(|ue cual([uiera (pie sea el 
juicio (pie se forme sobre esfa obra, no excluye el reconocimieufo de 
sus méritos, dentro del criterio (jue informó el arfe «barroco». 

El hospicio de Oviedo. Ofro edificio notable en la clase de hosiiicios, 
es el de Oviedo. Fo fundó el regenfe de la Audiencia 1 ). Teodoro Gil 
de Jaz, que le daba constifucióii y reglamcnfo en 1752. Ocupa un 
gran recfángulo, con fachada de unos 23 metros, más otros cuerpos 
laterales: tiene dos patios principales, sucesivos, y, al fondo del segundo, 
una iglesia ocfogonal, cpie trazó D. Ventura Rodríguez, en 1768, y 
se construyó en 1770. Fa fachada fienc jiilasfrones laterales almoha- 
dillados, amplio ])órtico con arcadas y gran balconaje central, coronado 
por el más estupendo escudo <pie ])udo crear el «barro([uismo». Toda la 
obra de este hospicio la ])royectó e hizo I). Ih'.DRO Menéndez, maestro 
mip' acreditado en Asturias en el promedio del siglo XVIII. 



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H. EDIFICIOS DE RECREO PUBLICO 



226.— Ronda (Málaga). 
Entrada 

DE LA Plaza de Toros. 


Fot. de X. 




i". -CIVILIZACION ROMANA 

(Sí(;rx)s I Al, IV) 

Teatros, anfiteatros y circos son las edificaciones destinadas a es- 
pectáculos públicos, que los romanos hicieron en Es]>aña, como en todos 
los países de sn dominación’. Cií.án BekmÚdez, en el tantas veces 
citado Sumario, cuenta trece teatros, nueve anfiteatros y siete circos; 
algunos más, recientemente descubiertos (ej. en Tiermes yen Arcóbriga), 
pudieran agregarse^ De la lista, dedúcese <pie sólo las grandes ciudades, 
como Tarragona y Mérida, ]>ndieron darse el Injo de poseer las tres 
clases de edificios; y también, (jne el teatro fné el más prodigado, basta 
en poblaciones de ])equeña im])ortancia 

Es del dominio de todos el conocimiento dc'l género de es])Cctácnlo 
que en cada uno de estos edificio se daban, así como el de la constitución 

’ VriRLiHio dice cjne los romanos no constrnyeron juilestras (campos de jnegos 
atléticos) en sus dominios. 

“ Chán incluye, además, dos nanmaqnias. No está probado ese destino en los la-stos 
que da cf)mo tales. 

^ Por eso llama la atención que Itálica no lo tuviese. 

— 317 - 


V. Lampérez y Romea 


general respectiva, pues 
de todos los monumentos 
romanos, son éstos los 
más estudiados. Entre los 
españoles subsisten, en 
mayor integridad, los anfi- 
teatros de Itálica y Mérida 
(recientemente desente- 
rrado;, y los teatros de 
Mérida, Sagunto y Ronda. 
Los circos están mu}=' des- 
truidos, quedando restos 
y noticias de los de 
Sagunto, Tarragona y 
Mérida. Van a continuación los análisis de los más principales ejemplares. 

El anfiteatro de Itálica'^ tiene, en conjunto, la forma de un cilindro 
elíptico, de 156,5 por 134,00 metros de ejes, por 22,00 de altura; la arena, de 
igual forma, tiene de ejes 75,50 ])or 49,00. En el sentido de la altura tuvo 
tres cuerpos o graderías (canea ima, media y suninia ) separadas por pasos 
prescinciones); encima de la última cavea, corría una gran terraza 
donde estaban los mástiles ejue sostenían el toldo (velar ium¡ para resguar- 
dar del sol las graderías. Alrededor de la arena hay un alto muro que la 
circunda 'podinm). Debajo de las graderías circulan anchos pasos, 
de los que se sale a ellas por escaleras (vomitorios), dejando entre éstos 
zonas de fácil acceso (ennei). En la planta primera, bajo la prescinción, 
hay diversos locales para el alojamiento y servicio de gladiadores, fieras 
útiles, etc., etc. La arena no está a nivel, sino formando nna concavidad, 
de 1,00 metro próximamente de desnivel desde el podinm hasta el 
centro, donde hay una plataforma. En ésta, semi-soterrada, se ven 
mnchos cimientos y muros, de dependencias cuyo uso todavía no se ha 
puesto en claro: acaso foso ])ara tramoyas teatrales de ciertas representa- 
ciones (pie en el anfiteatro se daban; fosa bestiario, según otras y más 
autorizadas opiniones. 

hd público, en número de 21.300 espectadores, se distribuía por clases: 
detrás del podinm, en un rango de sillas, estaban los personajes de mayor 
categoría; en las ]irimeras gradas (cavea ima), el público más escogido; 
en la segunda {cavea media), los soldados y el pueblo; en la tercera (cavea 
snmma), las mujeres y niños. La terraza la ocuparían los marineros del 
Betis, encargados del manejo de los toldos. 



^ Vid. l\íos; El anfiteatro... cit. en el I. B. 


Arquitectura civil española 


Del exterior nada se sabía, pues estaba completamente oculto 
por los terrenos colindantes : presunciones eran las de qne tuvo fachadas 
cerradas, con decoración de Ordenes apilastrados. Recientemente b 
algunas excavaciones han hecho ver que en los extremos del eje mayor 
de la planta hubo fachadas, compuestas de huecos en arco, y, entre 
ellos, columnas adosadas: todo precedido de grandes escalinatas. En 
lo demás, presúmese (]ue no tuvo fachadas por estar soterrado; a lo más 
la tendría de un solo piso (el último), único que sobresalía del terreno. 
Puntos son éstos que quedan dudosos hasta que los esclarezcan más 
completas investigaciones, que al presente se j)ractican. 

La construcción es de clase varia : hasta el segundo cuerpo, de 
hormigón y ladrillo, con revestimientos de piedra; el otro es ya de 
sillería labrada en muchas de sus partes. Aparecen, pues, dos épocas 
de edificación: la primera es algo posterior a Augusto, puesto (jue, hasta 
su tiempo, los anfiteatros eran de madera; la segunda debe ser la de 
Trajano, qne es la del arte aparatoso y monumental. 

Aun con las consiguientes distancias con los de Roma, Nimes y Verona, 
el anfiteatro de Itálica puede clasificarse como im])ortantísimo y notable. 
En el siglo XVII aun se conservaba considerablemente; hoy, sólo en 
los núcleos o macizos. El docto investigador de Itálica hizo de él los ad- 
juntos planos, con el supuesto de lo que falta. Aunque las modernas 
investigaciones modifican en alguna parte lo imaginado, sienq^re (piedan 
como base cierta de estudio del famoso monumento-. 

hd anfiteatro de Mérida sale ahora a la admiración de las gentes, por 
los recientísimos trabajos de excavación h Sirvo a los lectores, mejor 
que con palabras })ro])ias, con las escritas por el descubridor, que lo des- 
cribe así: «El anfiteatro emeritense es, como todos, de traza elí})tíca, 
de 126,30 ])or 102,65 metros en total, y su arena, de 64,50 por 41,15 
metros. Es j)oco menor cpie el de Itálica, del (pie se diferencia, como 
del Coliseo de Roma y los demás construidos de planta, en cpie éste lo 
filé en buena jiarte a|)rovechando las ^’ertientes y cavidad abierta en 
una colina, la cual fué tallada v cortada })ara abrir las dieciséis entradas 
o vomitorios que tiene en forma radial, de las que sólo tres se prolongan 
hasta la arena, conduciendo las demás derechamente a la gradería desti- 
nada a los caballeros, y todas, jior escaleras laterales, a las graderías 
media y alta (pie ociqiaban los ciudadanos libres v los esclavos. No hay, 
])ues, en este anfiteatro galerías interiores como en a(piellos otros. Por 
todo lo expuesto, es éste un curioso ejemjúar. 

’ \'1(1. Am.vdoR D1-: LOS Ríos (R): Kxcavacinnes... rit. en el I. H. 

“ Son recientísimos (enero de i()2i) algunos nuevos descnhninienlos : la entrada 
principal, la galería ¡pie servía para el desagüe de la ]>ista, otra galería, varias losas con 
íignras grabadas de leones, venados y otios animales. 

^ Dirigidos por el eminente aiapieólogo I). José Iv. MÉi.id.a 

— 3 1 9 - 


22g. — Itálica (Sevilla). El anfiteatro. Planta. 


V. Lampérez y 


Romea 



320 



Arquitectura civil española 



— 321 — 


21 


230. — Itálica (Sevilla). El anfiteatro. Fot. Lampérez. 


Itálica (Sevilla). El anfiteatro. Fragmento de la fachada exterior. Fot . Lampére 


V. Lampére z y Romea 



Arquitectura civil española 



232. -Mékida (Badajoz). Anfiteatro romano. Planta. 

l^líWO di' Mtdida. 


!"> T — ^ 


2 \* 


V. Lampérez y Romea 


Queda dicho que la disposicióu y división de graderías para las dis- 
tintas clases sociales era idéntica que en el teatro, y la cabida mayor, 
para 15.000 es})cctadores. Para los del orden ecuestre se cuentan once 
filas de asientos, y diez en cada una de las otras dos graderías. De análogo 
modo que en el teatro, liabía aquí una primera fila ]>ara las autoridades, 
sobre el zócalo o poduim, alto de 2,30 metros, que las separaba de la arena, 
faltando el antepecho y los ].)inchos de hierro u otra defensa de las fieras 
que se soltaban en la annra. Hay, además, dos tribunas en el eje menor 



233.- ;\IÉRmA (Badajoz). Vomitorio del anfiteairo. 

Fot. de X. 


de la elipse, una frente a otra, al occidente la mayor o presidencial, y 
al oriente la de quien costeara los juegos. 

líl dicho zócalo, de granito, conserva restos del revestimiento que 
tuvo, de mármol, frn él se abren dos jieqneños recintos que, imo a lo 
menos, ])udo servir jiara fieras, y a los lados de las dos jmertas situadas 
en el eje mayor, jiara salida de los gladiadores, se abren también, a cada 
lado de ellas, una habitación, de cuyas bów““das quedan restos. 

hhi medio de la arena, y en toda la longitud de ella, ábrese la fosa, 
como en todos los anfiteatros, perfilada en sentido longitudinal desde 
sus arrampies y cuadrada en el centro, con galerías, escaleras y paredes 
enlucidas, jirofimda de 1,50 metros y hasta 4,80 metros en el centro. 
i\llí se guardaban las fieras, estuvo el spoliariinn y se disponían los 
elementos escenográficos de los juegos wnatorios. Ihi tablado cubría 
la fosa. 


3^4 


Arquitectura civil española 



234.— Mérida (Badajoz). Teatro romano. Fot. Boccoví. 


V. Lampérez y Romea 


Como en el teatro, también aquí se han encontrado inscripciones co- 
rrespondientes a los antepechos de las tribunas. Hállase, por desgracia, 
incom])leto, el texto de ambos epígrafes; pero de lo que se lee deduzco 
que el Emperador a que se refieren es Domiciano, y que cuando 
éste disfrutaba la tribunicia ])otcstad j)or décimasexta vez, o sea el año g6, 
que fué por cierto el de su muerte, debió ser acabada la construcción 
del anfiteatro emeritenseb» 

El teatro de Mérida es hoy, después de los recientes descubrimientos, 
el más comj)leto, si no el más grandioso, de los conocidos, y uno de los 
más interesantes monumentos romanos del mundo. 

Es sabido que los teatros de esta época tienen todos igual dis- 
posición ; una gradería en semicírculo donde se colocaban los especta- 
dores, y un edificio situado en el sentido del diámetro, que era el es- 
cenario. Si el terreno ofrecía una disposición apropiada, se utilizaba 
para el a]:»oyo de las graderías ¡modo griego ¡, como, en Esjiaña, el de 
Bílbilis; en caso contrario, éstas se construían totalmente (modo romano , 
como el de Ronda. Algunas veces el sistema es mixto, como sucede en 
los de Sagunto y Mérida; otras, en teatros modestos, las graderías eran 
de madera, de lo que es ejemplo el de Regina (Badajoz). 

Eas inscri])ciones que ha\’ sobre las puertas laterales del teatro de 
Mérida Ó, dicen su historia: M. AGRIPA. L. E. COS. III. TRIB. POT. III. 
O sea, que lo hizo Mario Agripa, cuando fué por tercera vez cónsul y 
tribuno (año 27 antes de J. C.). En tiemj)o de Adriano hacia 135) debió 
ser restaurado. En el siglo XVII se apro\'echó la j)iedra del revestimiento 
de fachadas y gradas para reparar el ])uente sobre el Guadiana, quedando 
sólo los núcleos de hormigón. Sin embargo, como ya por entonces estaba 
semi-enterrado, se sapearon todas las partes inferiores, que son las que, 
ahora descubierfas, han j^ermitido el conocimiento del monumento. 

Es del sistema mixto. La parte semicircular, de 88,50 metros de 
diámetro, se compone de las siguientes partes: el plano semicircular 
inferior { orclicstra), destinado a las autoridades'*, alrededor del cual 
hay tres gradas de mármol; gradería inferior (cavea ima), con un ancho 
paso circulante ( prcpci iictio), solado de granito; un muro, alto de dos 
metros {haltensi, desde cuya cima comienza la cavca media] y, después, 
la cavea samma, con igual disposición. Se supone que el edificio terminaba 
con una galería general, a modo de pórtico, aun(|ue nada se ha hallado 
de sns restos. 

* Vid. MÉrm.v (J.): El anjiteatro... cit. en el I. B. 

“ yid. ÍUklid.v (j.); El teatro... cit. en el 1. It. 

^ Kn los teatros griegos, tenían allí lugar ciertas jiartes del espectáculo. 

- - 32Ó -- 


Arquitectura civil es ¡) anola 


A ambos lados de la orchestra penetran sendas galerías abovedadas, 
abiertas al exterior con arcos semicirculares. Encima hay unas plata- 





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formas, qne debieron formar como ])alcos ])roscenios: en realidad 

se ignora lo ([iic a([iiello fné. 

La cal)ida general se calcula en irnos 5.500 esiiectadores. 

— 3^7 — 


V. Lampérez y Romea 



236. — Mékida (Badajoz). 
Teatro romano. Un Capitel. 

Fot. M elida. 



237.- .Mérida (Badajoz). Teatro romano. 
Ingreso l.vteral. 


Fot. Metida. 




Arquitectura civil española 

Las fachadas de la parte semicircular corresponden al último piso, 
único cpie sobresalía del terreno. Son de gran aparejo, con sillares al- 
mohadillados; en ellas se abren las puertas de los vomitorios que conducían 
a las graderías. Una calle pavimentada rodeaba por esta parte el teatro. 

El escenario es lo descubierto recientemente. Se compone de una me- 
seta, larga de 53,00 metros y ancha de 6,00 (prosceniiun), elevada solare 
la orchestra por un múrete (pitlpitum), del que se destacan 

dos escalinatas: a los lados, 
sendas puertas, }:»ara los coros, 
las procesiones y comitivas 
de los espectáculos; y en el 
fondo, un gran muro, tpie 
tm'o las tres puertas consa- 
bidas (valvas), la del centro 
[regia) más imjtortante y de- 
corada. Esta escena debió 
estar magníficamente com- 
])uesta, a modo de una fachada 
monumental, con dos órdenes, 
uno de ellos corintio, cuyos 
restos (molduras, caj^iteles de 
columnas, Instes, placas de 
mármol, etc.) se han hallado. 

Detrás de las puertas late- 
rales hay linos vestíbulos en 
comunicación con unas salas 
de coros (choragi umi); detrás 
del muro de fondo había nn 
jiórtico (posf-scena), con co- 
lumnas, basas y demás elemen- 
tos, de manipostería ysillarejo, 
revestidos de estuco v vi\ai- 
mente jiolicromados. Toda la 
escena está bien conservada, relativamente, en una altura de 3 ó 4 midros. 

lá)r lo comjileto del conjunto, y j)or el sinnúmero de restos decorativos 
encontrados (estatuas, molduras, fragmentos de capiteles, etc., etc.), 
el monumento emeritense es de una imjiortancia e.xce|)cional ’. 

Los circos son, entre los edificios de cs|)Cctácnlos jiúblicos, los más 
destruido.-,. De los siete que cita Ce.vn Dermi'tdez, no (jueda nada en ('ala- 

^ Lo tienen también, entre lo,s similares, el de Sagnnto y el de Ronda, i nyos aná- 
Irsis pueden verse en la.s obras de C.ibret y de Ce-ín Hekmúdez. citadas en el I. IL 



238. — Mérid.i (ItADAjoz). Teatro romano. 

La LsCEN.'V. Fot. Lanipérez. 


329 



V. Lampérez y Romea 


horra, Cardona y Cádiz; simples frogones de hormigón, aislados, y alguna 
bóveda, en Toledo y Tarragona, y un trozo de mnro en Sagunto. Tan 
sólo en Mérida subsiste el conjunto, ]:>ero desmantelado y desnudo, so- 
terrado aún en gran ])arte. 

El P. h'LÓREZ, y modernamente otros autores, han intentado un 
estudio del circo de Tarragona; Cabket, del de Sagunto; Amador de 
LOS Ríos, del de Toledo, y Macías, del de Mérida. Faltan, sin embargo, 
excavaciones e investigaciones que, en el último })rincipahnente, darían 
resultados ]:>ositivos. 

La constitución de los circos era en todos semejante: nna pista (arena) 
de forma rectangular muy alargada, rodeada de la gradería (meniana) 
sostenida j)or bóvedas de cañón en bajada, normales a la arena; uno 
de los extremos se terminaba por un semicírculo, donde estaba la puerta 



23C). — Sagunto (\S\lexcia). Circo romano. tUanta. 

Plano de Cabret. 


triiíufalis, por donde salía el carro vencedor; el otro, curvo y oblicuo, 
contenía las cocheras (cárceres), y, encima, el jialco presidencial ; a lo largo 
de la arena, nn alto muro (espina) muy decorado, con obeliscos, estatuas, 
edículos, etc., etc., y en cuyo extremo estaba la señal del término de la 
carrera (meta), hd mosaico famoso de Gerona representa todo esto 
con bastante fidelidad; y, más parcialmente, el del Museo de Santa 
iVgueda, en Barcelona. 

Del circo de Mérida se conserva bien el hormigón de casi toda la gra- 
dería, y el de la espina, liasta el ¡lunto de jioderse reconstituir perfecta 
y totalmente la j^lanta. Tiene 444 jior 115 metros, y fné cajmz jiara 
2Ó.000 espectadores ú 

F 1 de Tarragona tmm 360 por iio metros, y estaba admirablemente 
construido con piedra y mármoles del país. La meniana se coronaba 
})or una jilataforma (visoriitm), con nna galería o jiórtico con cohnnnas. 

L 1 de Sagunto era más pequeño: 2Óo ]ior 65 metros. Como particulari- 
dades, se citan la de haber tenido la gradería de madera y la de los 
comluctos de agua y de desagüe descubiertos en la arena, y ([iie indican 
la utilización del circo para naumaquia, en algunas ocasiones. L 1 trozo 

I Joi la actualidad (año de iQ2i) se están jiracticando excavaciones que, muy en 
breve, jrennitirán nn estudio detallado del niomnnento. 


3.30 


Arquitectura civil española 


más importante, conservado, es ima parte del muro exterior lateral, 
compuesto de grandes sillares, con nna ])uerta rectangular. 

El estudio moderno y fundamentado de los circos hispano-romanos 
está por hacer, y tiene que cjuedar en suspenso mientras no se concluyan 
las investigaciones al presente practicadas en el de Mérida, que, por 
ser el menos destruido, se presta a resultados provechosos. 


2°. y 3°.— CIVILIZACIÓN CRISTIANA: LA ALTA EDAD MEDIA 

(STGI.(.)S V AL XI) 

LA RAJA EDAD MEDIA V EL PRINCIITO DE LA MODERNA 

(SIGI.OS XII A L\ PRIMERA MITAD DEL XVI) 
(.EXERALIDADES 


Eueron las luchas personales en la Alta Edad Media jirocedimientos 
justificativos de la inocencia, jiretendida manifestación de la voluntad 
Divina, o medios dirimentes de cuestiones ])ersonales: juicios de Dios, 
pruebas, reptos, desafíos.. d 

Desde la jirimera mitad del siglo NIV, algo suavizadas las costumbres, 
aquellas pequeñas guerras personales se convierten en dejiorte de caballeros, 
(jue se dan al ])ueblo en esjiectáculo lucidísimo y atrayente jior el lujo 
de la presentación en vestimentas, jiaramentos, armas y arneses; justas 
y torneos. Y avanzando más en el sentido festivo, se hacen incruentas 
y meranarnte recreativas en los juegos de hofordo, cañas, sortija, escara- 
muzas, carreras de parejas v otros de e(|uitación a la gineta. 

De otr ' clase fueron los recreos de toros, de (jne hablan ya las Partidas 
del Rey Scmio : luchas del hombre con la fiera, jiracticada j)or nobles, 
caballeros y plebeyos, con toda ocasión y motivo. 

Nótese e^ marcado carácter de contienda personal, o de alarde de 
fuerza, valor y destreza, ([ue todos esos recreos conservan, como hijos 
de a<|ucllas barbaras pruebas de la .Vita hidad Media. 

Al lado de estos es])ectácnlos, ¡(pie pobres, inocentes y oscuros 
aparecen los recreos ])úblicos de carácter intelectual! El teatro, (|ue los 
encarna, no es, hasta el siglo NVl, sino uno de tantos ejercicios piadosos, 
por clérigos sustentado, o nn tímido ensayo jiopular, sin arraigo en el 
público, obsesionado ])or las habilidades jisendo-gnerreras de torneos, 
toros y cañas. 

1 \’.M.ER.\ (Mosén Diego de): Trufado... cit.cn el I. B. Partida 1. tít. \\ lc\- I.VII. 


V. Lampérez y Romea 


He aquí, pues, sintetizados los recreos públicos de esta época: los 
ejercicios de los caballeros, que se daban al pueblo en espectáculo; los 
balbuceos del teatro, con vistas a la ejemplaridad- y a la devoción. 

Pertenece al final de esta época (siglo XVI) el cambio absoluto del 
cuadro : la desa])arición de las fiestas caballerescas, cuyas últimas cele- 
braciones presenció Carlos V, y el avance del teatro, por caminos que 
no se detendrán liasta Lope de Wga, Tirso y Calderón. Un solo espec- 
táculo })ersistió a través de cambios y mudanzas: los toros, más brillante 
que nunca durante el siglo XVI I. 


JUSTAS, TORNEOS Y JUbXOS 

Las Instituciones. Las luchas caballerescas, que desde el siglo XIV se 
convirtieron en vistoso esj^ectáculo, fueron de dos clases: justas se llama- 
ban las de uno contra uno; torneos las de muchos contra muchosC Eran 
alartles de valor y destreza, y al par de lujo y vanidad, en los que, como 
dice Clemencín -, en el deleite de unas horas, gastábanse lo que bastaría 
a asegurar la subsistencia perpetua de mil familias. Las fiestas que los 
acompañaban, tenidas en tiendas aderezadas con tal objeto, o en los 
castillos ])róximos al lugar de la lucha, y las damas asistiendo como 
espectadoras y otorgadoras de las recompensas, daban inusitado es- 
})lendor al espectáculo. ¿Motivos de celebrarse? Cual([uiera: el agasajo 
a un Rey, como los torneos jireparados en Escalona por 1 ). Alvaro de 
Luna con ocasión de la visita de Juan lU; la celebración de una boda, 
como el de Guadalajara, en la de I). Beltrán de la Cueva p la rivalidad 
de dos caballeros; el deseo de lucimiento... A veces, ni eso, con ser ya 
bastante frívolo: alguna sutil y quintaesenciada razón galante, como 
la que motivó (?) el «Paso» de Suero de Quiñones, de que luego se 
tratará. 

En España, fué el siglo XIV la época en cpie las justas y torneos se 
constituyen como cosa consagrada. Alfonso XI legisló sobre el modo de 
efectuarse, con reglas en que brilla la más perfecta caballerosidad y 
galantería. El aj)ogeo fué en el siglo XV; en el siguiente decayeron, hasta 
desaparecer; pero aun se celebraron con esplendor en ocasiones solemnes, 
tal como la entrada de Carlos V en Valladolid, en 1506, festejada con 
un torneo del que se hicieron lenguas los cronistas de la época ñ 

^ De ciento contra ciento hubo nno en Zaragoza, con motivo de la coronación de 
D. Fernando de Antequera. 

- Elogio de la Reina Católica 306), cit. en el I. B. 

^ Anónimo: Crónica de D. Alvaro de Luna, cit. en el 1. It. 

Castillo (K.): Crónica... cit. en el I. B. 

■'> yANDENESSL (J.): lUnéraire... cit. en el 1 . B. 


JO- 


Arquitectura civil española 


Les jueges picpios de la épcca, y que antes se citaron, eran la sortija, 
de que trata, entre otras obras, la Crónica de Enrique IV'; las cañas, 
especie de torneo incruento, de gran visualidad y a})arato; diversos 
ejercicios de equitación, a la gineta, como las escaramuzas y ¡as carreras 
de parejas; y el ¡)ojordo o pequeña lanza arrojadiza, disparada contra 
castilletes de madera, por diestros jinetes a todo correr de sus caballos L 

Los Edificios. Las lizas. Acpiellos juicios de Dios, pruebas, rieptos 
y desajios verdaderos y cruentos, primero, y las justas y torneos, en epie a 
modo de espectáculos se convirtieron después, tuvieron por edijicios (si así 
puede llamarse) las lizas. Eran edificaciones levantadas en los canqios o 
en las jilazas, siempre con carácter provisional, al modo de las modernas 
instalaciones de ferias, concursos bíjiieos, batallas de flores, efe., etc. Pol- 
lo tanto, filé la madera el principal elemento constructivo, y las 
telas vistosas, las banderolas y los trofeos, etc., etc., los decorativos. El 
nombre de liza corresponde al conjunto de las construcciones. Inútil 
es decir que no hay ni restos de ellas: pero sí descripciones en los tra- 
tados de la materia y en los cronistas de la época, y miniaturas en los 
libros, epie las representan. 

He aquí una descripción, aumiue somera, interesante, de lo que era 
una liza para un riepto-'. «Las lizas manda facer el Rey de ochenta 
pasos de largo, e sesenta de ancho e altura acostumbrada de un codo. 
A la una jiarte de la liza se hace un gran cadahalso (tribuna) de tres 
ordenes: en la primera más baja están los oficiales de armas, en la 
segunda el Condestable e los Mariscales y en la tercera está el Rey e 
con él los Ducpics, Condes e Barones e Caballeros. Tiene la liza dos puertas 
la una a Oriente la otra a Occidente... asimismo vos manda el dicho 
Condestable que todo ombre se asiente en tierra so ])ena de la merced 
del Rey, porque todos jiuedan ver la batalla...» 

Corresponde muy ajrroximadamente con esta descripción, la liza 
representada en el curioso Libro de los linajes de Cataluña '. Cierra 
un terreno cuadrado una em}>aliza(la, que tiene dos puertas en lados 
opuestos. Dentro hay dos tiendas de canqiaña. En el frente se ve un 
cadahalso con un dosel cpie cobija un altar. Obsérvese que ni de éste, 
ni de las tiendas, dice nada la reseña de Dikgo de Valeka. Al ])ie del 
dibujo (le la liza hay una nota escrita en lemosín, (pie dice asi: «Las lizas 
de combate a pie, han de tener en total cuarenta jiasos; las de caballo^ 

' C.lSTii.Lo (E.); Crónica... ya citada. 

“ S.lLV.v (.\.): Cosas... cit. en el l.P. 

^ \dd. la pág. 252 del liliro de Mnsén Dikgo ue \',\lek.\, ya citado. 

Ms. de la Real Biblioteca. íolio 22. Se rcjiroduce aquí por ¡reniiiro especial de la 
Intendencia de la Real Casa y l’atrinionio. 

— 33.1 — 


V. Lampérez y Romea 



Les ít>JeS Jt’o>yrf-hl*yt'Afeu Ijmi aeot oOrp^' -^(ios íeS ác QmaJi Lj^tC Liííc 

£/f’£;|w'^píe ¿jtííUvf'Ijaw'íc Q^xy 8r 

ci. 


240. — Una liza. Mini.'Vtura L)el siglo xv. 


Fot Moreno. 


Arquitectura civil española 


ochenta; las de torneo de cuatro por cuatro, han de tener ciento veinte 
pasos; las de ocho por ocho o doce por doce, ciento cincuenta ^». 

Para los grandes torneos, la liza se coinjdicaba bastante, con otros 
elementos que no están mencionados ni figurados en lo anterior. Posee- 
mos datos muy completos, que dan, especialmente, las crónicas del Paso 
honroso, de Suero de Quiñones q y del Paso de I). Beltrán de la Cueva 

La liza se componía de dos partes; la ida y los cadahalsos. Aparte, 
y como complemento, estaban la Sala y las tiendas. 

r 

La tela o campo del torneo se emplazó, en el Orbigo, en una floresta, 

0 bosque, en el lugar citado. Se deduce que era cuadrada, de 146 pasos 

1 100 metros aproximadamente ) de lado; estaba rodeada de una emj^alizada 
de altura «fasta una lanza de armas», o sea, a lo cpie entiendo, de 5 metros, 
que es lo que tenían las de torneo, hhi medio de la tela había una rende ' 
de maderos hincados en tierra, con otros horizontales encima, formando 
una valla o barrera cjue, a modo de la espina de los circos romanos, 
dividía en dos campos la tela-’. «Cabe la tela estaba un arco de madera, 
bien entallado», donde ])endían letras de oro (pie servían de divisas a 
los justadores'’’. 

Los cadahalsos eran las tribunas, y estaban colocados a los lados 
de la liza o emjializada (pie rodeaba la tela. En el «Paso» del Pardo fueron 
fres: uno ]iara los Reves, ofro para el Embajador q, y otro para los 
jueces; en el de Orbigo eran siete: uno jiara Suero de Quiñones y su 
acomjiañamiento; dos para los caballeros extranjeros ejue tomaban 
parte en el torneo; uno jiara los jueces, reyes de armas, farautes y trom- 
peteros; otro para los caballeros espectadores del torneo, v dos jiara 
los de menor alcurnia y ]>ara ios servidores. 

L 1 ]»erímetro de la liza se cerraba iior los frentes donde no habia 
cadahalsos, con sendas ])uertas, (pie serían a modo de arcos de triunfo, 

' Colmenares describe la liza de Segovia. en el torneo en honor ded caballero 
alemán Micer Roberto, señor de Halse: «Mandcjel Rey poner la tela en lo bajo del Alcázar... 
Fabricáronse dos cadalsos: uno para el Rey. príncipe y .señores; otro para la Reina v 
sus damas; y, a los extremos de las telas, dos tiendas para los instadores». Se ve la coin- 
cidencia de las tres descñjx'iones, menos en la del altar, del Lilu’o de /o.s' //i/a/Vs. 

“ Lo mantuvo junto al puente solire el Orbigo (León) en los meses de julio v agosto 
de 1434. Lo describió el notario actuante Peuro Rodríguez Dehesa, y tiene, jior Ío tanto, 
com¡;leta autenticidad. (Vid. el 1 . M.) 

^ Se celebró en el camino del Pardo, cerca de Madrid. ia> descrilie Enrkjue del 
Castillo en la Crótiica de Enrique IV. ya pitada. 

Rende la llama la Crónica de I>. Alvaro de Luna (cap. 8). 

■’ Los franceses justaban de otro modo: «...sin tela, a manera de guerra ]>or el topar». 
(Pág. i2f) de la Crónica de I). Pedro Niño. Conde de P>uklna.) Edición Llaguno, 
cit. en el 1. H. 

En la del Paso de I). P>eltrán de la Cue\’a. 

’ El Duque de Bretaña. 


335 


V. Lampéréz y Roméa 

decorados con banderas^ escudos y armas de los nobles sostenedores 
del torneo. 

La instalación de la liza del Orbigo se com])letó con una sala y vein- 
tidós tiendas, en el bosque cercano. Sirvieron éstas para alojamiento 
y vestuario de Suero de Quiñones y de los caballeros lizadores, y para 
habitaciones y talleres de los carpinteros, armeros, bordadores, herreros, 
escuderos y servidores de varias clases, (}ue el acto exigía. En medio 
de las tiendas había nna sala de madera, rectangular, de 30X10 pasos 
(20x7 metros próximamente), toda colgada «de varios paños franceses» 
(tapices), con dos largas mesas y un grande y suntuoso aj)arador en uno 
de los testeros: estaba destinada a los baiupietes y fiestas con que el 
espléndido Suero de Quiñones obsequió a sus huéspedes. 

Detalle curioso. A la salida del puente de San Marcos, en León, se puso 
una estatua de mármol sobre una columna, representando nn faraute 
(pregonero) con nna mano en el costado, y otra extendida señalando el 
camino, con nn letrero cpie decía: Por ay van al Paso. La estatua fué 
obra de Nicolás Francés, maestro a la sazón de las obras de la CatedraL. 

Los juegos V fiestas del bofordo, las sortijas, las cañas y los toros 
(como también las justas y torneos algunas veces), se daban en las 
plazas de las poblaciones. El edificio del es])ectáculo lo formaban todas 
las casas del perímetro, cuyos balcones y ventanas se utilizaban al efecto. 
Los Reyes y las Corporaciones tenían en las plazas balcones })reminentes, 
y en ocasiones edificios construidos ad hoc, que se llaman miraderos. 
Así, la Universidad de Salamanca tuvo, en la plaza Mayor, una casa 
para presenciar las fiestas y toros-; el cabildo de Ronda la conserva 
aún, y los Ayuntamientos construían las delanteras de sus casas muni- 
cipales con grandes galerías, como se ve aún en muchos ])ueblos, o 
levantaban miraderos c[ue, alguna vez, constituyeron monumentos 
arquitectónicos de importancia, y siempre curiosos y característicos, 
ííay noticias de varios, y algunos subsisten. 

fhi Jaén, el noble 1 ). Cristóbal de Vilches construyó, en el siglo XVI, 
un edificio con balcones y ventanas para })resenciar las fiestas. Además, 
tenía un patio dispuesto expresamente para justas y juegos^. 

Ifn la plaza de Ihbarrambla, de Granada, levantó la ciudad, en 
i5-|o, para asistir en Corporación a las fiestas que en ella se celebraban, 

^ Por cierto que el tal maestro no figura eu ninguna de las listas de arquitectos y 
e.''Cultores de la Sede leonesa, eu esa época. Algo posterior a 1434, al que pertenece la 
estatua mencionada, ludio en la catedral un jrintor Nicolás (1450-1468). Ni jior la fecha, 
ni por el arte, ni j)or la nacionalidad (se le tiene por italiano) concuerda con el Nicolás 
Francés. 

- La Fuente (V.): Ilisioria de las Universidades, cit. en el T. B., pág. 104. 

^ Vid. la revista D. Lope de Sosa (Jaén, iqao.) 

— O 


Arquitectura civil española 

un edificio por traza de Diego de Siloe. Era de mármol de Elvira y cons- 
taba de tres pisos: el bajo tenía cinco arcos sobre pilastras, y los otros 
dos igual número, sobre columnas jónicas en el principal, y corintias 
en el segundo. Sobre el cornisamento general había un ático de diez 
arquillos, un gran escudo imperial y remates. Toda la composición 
estaba encuadrada entre dos pilastrones, con templetes y estatuas. 
En el interior del edificio había grandes salones: uno de ellos con techo 
artesonado de talla, otro con armadura mudéjar. El monumento (que 
fué, a lo que parece, una de las mejores obras de Siloe), pereció en un 
incendio, en 1879, y la fachada, que subsistía, fué bárbaramente de- 
molida L 

Eo que fuera este edificio en sus líneas generales, nos lo muestra otro, 
subsistente en Ubeda, quizá elevado a su imitación. De él me ociqiaré 
en el capítulo correspondiente al siglo XV If, al (pie pertenece. 


TOROS 

Al pueblo ibero, nada menos, parece remontarse la afición española 
a la lidia de toros. Dejando tan dudosos liechos y tan lejanos tiempos 
por otros más cercanos, nos encontraremos con la cita de las Partidas, 
que, al legislar sobre la materia, afirma la costumbre-. Después, en 
los siglos XIV V XV, no hay acontecimiento ni fiesta donde no haya 
toros, ya como deporte noble y caballeresco, ya como recreo plebeyo: 
nacimientos, coronaciones, bodas, estancias, visitas Reales, victorias, 
obsecpiios a príncipes, etc., etc. Ea cuenta y relato de todas estas lidias 
es uno de los capítulos más «})intorescos» de la Historia de lrs]iaña, y 
ha sido ya hecho jior escritores doctísimos 'L 

Eos Edificios. J.as fiestas de toros diéronse al jirincipio en campos 
talgunos destinados a este fin expresamente) o en las plazas públicas. 
Sabemos del lugar de Altona, en los alrededores de Zamora, fijado por 
su Fuero para correr toros*; y del «campo cerrado» delante de la 
Alfajería de Zaragoza®. 

Más frecuente fué destinar las jilazas de las ciudades y ]nieblos para 
el espectáculo, pues por ser fácilmente cerrables, v tener los miraderos 

1 (lÓMEZ Moreno; Guía. cit. en el I. B., pág. 245. A raíz del incendio .se ])ublicó 
un dibujo en la <dlustración Española y Americana» (tomo de 1880. pág. 28). .\unque 
muy defectuoso, da idea de la disposición general. 

2 l’artida la., tít. M, lev lA’TI. 

® Xav.\s (Conde de): 7:7 espectáculo... cit. en el I. B. 

‘* Fern.\ndez Duro (('.): Memorias, cit. en el X. B.. t. IM. pág. 312. 

® ZuRiT.\ (].): Altales, cit. en el I. B.. liliro V’ll, cap. I, í. 87. 


22 


337 


V. Lampérez y Romea 


concejiles, y abundancia de ventanas y balcones, reunían excelentes 
condiciones. Una cita histórica que lo prueba, es la Crónica de Pedro 
López de Ayala, relatando los toros habidos en la plaza del Sarmental, 
en Burgos, cuando la coronación de Juan I, en 1379b Por su parte, 
las Ordenanzas de Toledo consignan preceptos relativos al aderezo de 
la plaza jmra esos casos, (pie deben citarse aquí por lo que tienen de 
técnicos b <d.os muy ilustres señores Corregidor y Toledo mandan a 
todos los maestros y oficiales y otras personas que hicieren tablados 
en Zocodover para los toros, que ninguno sea osado de hacer ningún 
tablado, ni cerrar barrera, así en puertas como en portales, y ni cpie 
dejen jior toda la delantera... pies de cpiartones recios que tengan de hueco 
tanto sitio de pie a pie, (pie pueda un hombre entrar y guarecerse en pie, 
sin que se haya de abaxar: por manera que se puedan guarecer entrando 
y saliendo las personas que ansí anduvieren por la plaza... Así que los 
carpinteros (}iie han de cerrar las calles cierren las dichas barreras por 
detrás con sus tablas fuertes y muy bien clavadas, por manera que no 
haya claridad... Así que los dichos carpinteros tengan fechas e cerradas 
las barreras e puestas sus puertas donde las hubiere de haber... Así 
que las puertas que en la dicha plaza de Zocodover hay de que no se 
suele hacer tablado delante de ellas, los dueños de las dichas casas las 
tengan abiertas e puestos pies de quartones delante dellas para que allí 
se puedan guarecer las personas que anduvieren en el coso... Asi mandan 
que no lleven por cada ventana de los suelos baxos primeros más precio 
de medio ducado, e por los segundos cuatro reales y los terceros y 
demás altos a tres reales por cada una...» 

Sobre cuál fué la primera plaza de toros hecha exprofeso, las noticias 
que encuentro son poco precisas. ÍMoratín da las siguientes, sin decir 
de dónde las toma'b «Entonces (en tiempos del Rey I). Juan II se 
cree (jue se empezaron a componer las Plazas y se fabricó la antigua 
de IMadrid, y se hizo grangería de este trato, habiendo Arrendatarios 
para ello, (]ue sin duda serían Indios». Y más adelante: «Antiguamente 
hubo también en Madrid Plaza de Toros junto a la casa del Duque de 
Terina, hoy de Medina-Celi y también acia la Plazuela de Antón 
Martín». «Pero desjiués se hizo la Plaza redonda en el Soto Buzón, y luego 
donde ahora está». Con las ^^agas frases «se cree», «antiguamente», «des- 
pués», y con el silencio sobre las fuentes donde bebió las noticias, no es 
fácil creer en su veracidad, ni sacar consecuencias. Xo obstante, otro 
autor lo da como probado, reuniendo los dispersos datos y afirmando 

’ S.'UA’Á (.A..): Costil... cit fii el I. B., págs. 144 y 147. 

- Título 133 (jiág. 206 de la edición de 1858, cit. en el I. B.). 

^ .MoR.vrÍN (X. F. ur): Carta... cit. en el I, B. 




Arquitectura civil española 

que en tiempos de I). Juan II se hizo en Madrid la primera Plaza de 
Toros, frente al Palacio de Medinacelih 

El caso es inverosímil, pues en los siglos XVI y XVI esas fiestas se 
daban siempre en sitios públicos; y además, se sabe que a principios 
del XVI, los toros lidiados en Madrid, con ocasión de la venida de Felipe 
el Hermoso (29 marzo 1502), lo fueron en la explanada del Alcázar-, 
También hace sospechosa la noticia de Moratín aquello de los toros con 
empresario, sabido que hasta los días de Felipe V, esas funciones fueron 
exclusivamente tenidas como ejercicios caballerescos y de gentes nobles. 
Es lástima, en fin, que el autor no fijase a qué é])oca se refiere con lo de 
la plaza de Soto Euzón, pues al decir que «era redonda» parece que qui- 
so expresar que las anteriores no lo eran; y esto constituiría un dato de 
cierta importancia. 

Fas plazas de toros, como edificios propios y con valor arquitectónico, 
pertenecen al período siguiente. 


Th: ATROS 

Existe una considerable distancia entre los cjue sostienen que las 
representaciones teatrales de la Edad Media son la continuación de las 
fiestas análogas de griegos y romanos, y los (pie afirman que, por el 
contrario, muertas por el Cristianismo, no volvieron a surgir, y que 
son los autos y representaciones jiiadosas en las Catedrales, cosa com- 
pletamente original y nacida al calor de la fe religiosa. Xo sería perti- 
nente entrar aqui en semejante discusión: cumplo con dejar consignado 
que la existencia de representaciones teatrales en la lulad Media es cono- 
cida desde el siglo XIII, pues las Partidas del Rey Sabio condenan su 
celebración en las iglesias: «Xin deben otro si estas cosas facer en las 
iglesias, antes decimos (pie las deben echar dellas desonradamentc». 
Se exceptuaban las rcjiresentaciones religiosas hechas con fin jnadoso, 
}>ero nunca de lucro: «Xin por ganar dinero con ellas» -C Autorizadas 
quedaron con estas condiciones ; y dos siglos después, era común v corriente 
celebrarlas en las Catedrales, y, además, en jilazas ]n'iblicas y t‘u otros 
lugares, siem])re con carácter religioso. 

Taralelamcnte, aim(|ue algo retrasado, nació v se desarrolló el arte 
dramático profano. Ihi el siglo XIV, a los comienzos, ya liiibo atisbos 
en Cataluña, y a los jiromedios, en ('astilla; y en el X\’ las r('))rescnta- 

1 ('astell.vnos (H. S.): Del Origen... cit. en el 1 . H., t. IV, págs. 37(1-181. 

- Vid. L.^l.mxCx: Toyííges, ya citados pág. 171. 

® Partida I'''., ley 34, título "\'I. 


2 "> *■ 


339 


V. Lampérez y Romea 


ciones escénicas se iban formando. Mas no tenían sino carácter aristo- 
crático, hechas siempre en los palacios de los Reyes o de los nobles, y por 
trovadores o recitadores de ocasión. Fué en tiempo de los Reyes Católicos 
cuando el teatro pasó al pueblo, formándose entonces compañías de 
cómicos de oficio C 

l^or fin, en el siglo XVI, vemos el teatro ya constituido, con represen- 
taciones en cierto modo periódicas y por temporadas, como diríamos 
hoy. La Pragmática del tercer Felipe, en 1598, prohibió indefinida- 
mente las represeiitaciones teatrales, por los escándalos, burlas e im- 
piedades (}ue se cometían. IMas quedándose los hospitales, que eran los 
que poseían y explotaban los teatros, sin los pingües ingresos que les 
producían, reclamaron qnejosamente y con tanta fuerza, que el mismo 
Rey tuvo que volver sobre su acuerdo, autorizando de nuevo las rej)resen- 
taciones, aunque con ciertas cortajnsas. 

Los Edificios. Queda dicho que era la iglesia el local donde se cele- 
braban las representaciones en el siglo XIII, con «villanías y desaposturas», 
como dice Alfonso X, por lo cual las prohibió. Tenemos, pues, un primer 
teatro en las catedrales e iglesias. Lo formaba «un tablado muy bien 
aderezado», según nos dicen las memorias de los festejos ([ue vió Toledo 
con ocasión de la entrega del capelo al Cardenal Silíceo; y «con muchas 
luces», que enumera la relación de las representaciones de 1534 en la 
Catedral de Gerona. El emplazamiento variaba: en aquella Catedral 
se colocó «entre coros», o sea en el crucero, y otras veces en la capilla 
mozárabe o en la baja del claustro; en la de Gerona, para la escena de 
«las Tres Marías», junto al altar mayor; en la de Zaragoza, para las 
representaciones de Semana Santa de 1487, el tablado estuvo «no lejos 
del monumento». Es decir, que estos teatros eclesiásticos consistían 
en un alto tablado, con muchas luminarias, en el interior de las naves, 
y, alguna vez, en el claustro. 

Luí tránsito del teatro, que pudiera llamarse catedralicio al profano, 
es el cadahalso o tablado, en una jilaza pública, pero inmediato a la 
Catedral, y en sus muros apoyado, como el (¡ue hacía el Cabildo de Pla- 
sencia para las fiestas del Corpus, o el armado fuera de la puerta del 
Lerdón, en la catedral de Toledo h 

El teatro profano tiene también por edificio, en sus comienzos, un 
cadahalso levantado en las calles o plazas. Luio de éstos, suntuosamente 
cubierto de tapices y telas de oro, plata y sedas, fué el lugar de las re- 
])resentaciones en los festejos con que Barcelona celebró, en 1500, la 
entrada del Diupie de Feria. 

1 Véanse: Jovellanos, Mokatíx, Schack, etc., etc. 

“ Vid. las olvas de Schack y de C.\ñete, cit. en el I. B. 


.340 


Arquitectura civil española 


]\luchas veces servían de teatros locales de ocasión. En el mesón de la 
fruta de Toledo se daban, en 1576, comedias y autos para que los ciu- 
dadanos se «desenfaden y olviden de otros cuidados penosos» b No 
nos dice el cronista cómo era ese teatro allegadizo : acaso era el patio 
o corral del mesón. 

Fueron, en efecto, estos corrales lugares muy apropósito para disponer 
el teatro. Conocemos muchos: el de la «Casa del Carbón», en Granada; 
el de las Comedias, de Valencia, en el patio de un bodegón, en el barrio 
de la Olivera, hacia 1566; el corral del Sol, el del Príncipe y el de la 
Pacheca, en Madrid, en ese mismo siglo, y muchos más. 

Los corrales de comedias eran patios traseros de las casas: en el 
fondo estaba el escenario, en un tablado, alto algunos pies sobre el suelo, 
sin telón, ni más decoraciones que una cortina o tapiz en el fondo. El 
público ocupaba el patio a cielo abierto : las localidades de preferencia 
eran las ventanas de la casa y las de las inmediatas cpie daban al j^atio. 
Como las representaciones eran de día, holgaba la iluminación artificial. 
Tales fueron los sencillísimos edificios teatrales del promedio del siglo XVI. 

A creer a Pedraza, el Corral del Carbón, en Granada, fué el pri- 
mero que, a fines de ese siglo, tuvo los bancos cubiertos, para defenderlos 
del sol y el agua, pero abiertos para la luz, «como estaba el anfiteatro 
de Roma»'C 

Estas comodidades (\) se hicieron generales, y aun se ampliaron, 
poco después. Cítase como el iniciador a Camasa, director de una com- 
pañía italiana, (jue vino a actuar en el corral de la Pacheca de ñladrid, 
en 1574, y encontrándolo deficientísimo, pidió y obtuvo licencia ]'>ara 
mejorarlo. Aun le siq^eró el corral de la Cruz, fundado a fines de 1579. 
Este y el del Príncipe eran los únicos que quedaban en Madrid, en 1582. 
He aquí su disposición, modelo seguramente de todos los de provincias: 

El escenario estaba en el fondo del patio, con las mismas condiciones 
citadas, aunque algo mejorado en cuanto a las decoraciones, pues ya 
se ponían casas y árboles de cartón, y aun, en ciertas comedias, algo 
de tramoya o magia. R\ patio se dividía en una sección al descubierto, 
destinada a la clase más ínfima de los es})ectadores (los llamados «mos- 
queteros»), que estaban de ])ie; una serie de asientos en semicírculo, 
junto a las ]:>aredes cpie limitaban el ])atio, llamados gradas, cubiertos 
por unos techos, cobertizos o toldos. En las paredes, las ventanas de los 
dos pisos, provistas de rejas y celosías, eran los palcos, llamados «apo- 
sentos» los bajos, y «desvanes» los altos. En el siglo XVII, esta dis])o- 
sición se amplía con un de])artamento situado en el fondo del ))atio, 
destinado exclusivamente a las mujeres de clase baja: llamósele «cazuela». 

^ Pis.\; Descripción de Toledo, cit. en el I. B. 

“ Pei)K,\za: Historia, cit. en el I. B. 


341 


V. Lampérez y Romea 


]in cuanto a otros locales que se citan frecuentemente en los escritores 
de los siglos XVI y XVII, llamados barandilla, corr edor cilio , degolladero 
y alojero, no quedan bastante explicados. Paréceme que los dos primeros 
debieron ser las galerías que algunos patios tenían, frecuentes en las 
casas de esos siglos, y que había en algunos teatros de provincias, como 
ahora veremos. El alojero se refiere sin duda alguna a un local donde 
se vendían dulces y refrescos: el nombre está tomado de la bebida aloja, 
mezcla de agua y miel. Cítase también un j)alco que se hizo más tarde, 
sobre la «cazuela», para el alcalde’. 

Los corrales fueron, pues, no edificios hechos ad hoc, sino locales 
adaptados al nso teatral. Mas notemos, antes de pasar adelante, que 
aun así, el corral contenía, en síntesis y esbozo, todas las localidades de 
los teatros modernos, y en análoga disposición : asientos de proscenio, 
gradas, palcos bajos y princij^ales, anfiteatro en el fondo, palco para las 
autoridades, butacas de balcón, y el café o bar. 

¿Cuáles y cómo fueron los primeros teatros construidos expresamente 
con tal objeto? 

Atribúyese a Rodrigo Caro la afirmación de que, así que fué ganada 
Sevilla, se hicieron en la ciudad seis teatros de majestuosa grandeza. 
Tan estupenda noticia ha sido considerada como inverosímil, pues, en 
efecto, resulta poco creíble, dadas la época y las condiciones de la re- 
conquista. Lo imico que afirma Rodrigo Caro, es que en su tiempo 
(ibqbj existían en Sevilla dos teatros, aparte de otros cuatro que él 
había conocido : todo lo cual es muy distinto de lo supuesto, pues ni 
fija época de construcción, ni dice nada en orden a que fuesen edificios 
propios, ni menos de «majestuosa grandeza». 

Si son ciertas las noticias de Pedraza, puede asegurarse que el más 
antiguo teatro de España fué el de Granada. Estaba en la Puerta Real, 
y fué construido a principios del siglo XVE «El Coliseo... es un patio 
cuadrado con dos pares de corredores que estriban sobre columnas de 
mármol pardo, y debajo gradas para el residuo del público. Está cubierto 
el teatro con un cielo volado; la entrada ornada de una portada de mármol 
blanco y pardo, con un escudo de las armas de Granada» -. Las pala- 
bras de Pedraza indican que, bien fuese edificio construido expresa- 
mente, bien fuese sólo adaptación de otro (que es lo más probable, a 
pesar de las afirmaciones del autor), no era el coliseo granadino, en su 
disposición, más (jue nn corral: es decir, el patio de una casa, con sus 
característicos dos pisos de galerías circundantes sobre columnas, y las 
gradas debajo. 


’ Conde de Schack. ob. cit. en el I. B. 
- Pedraza, ob. cit. en el I. B. 


34 ^ 


Arquitectura civil española 


Igual disposición tendría seguramente otro teatro construido con 
tal destino: el de Valencia, llamado Casa de las representaciones y farsas, 
que sustituyó, en 1584, al corral del bodegón de la Olivera, antes citado b 
Y la misma, según se colige de los escritores de la época, todos los otros 
corrales hechos en distintos puntos de España. 

Confirma todo esto un edificio subsistente, aunque muy desfigurado: 
el Patio de las Comedias, en Jaén. Según los historiadores locales, su 
construcción es anterior a la portada, fechada en 1674; ])or lo que podrá 
suponérsele de principios del siglo XVII. No es un corral aju'ovechado, 
sino un edificio construido para su objeto. La fachada, muy sencilla, 
tiene la portada dicha, de «Renacimiento» muy decadente. Dentro hay 
un patio con galerías de tres pisos alrededor, sostenidas por columnas en 
planta baja y postes de madera y barandas de lo mismo en los demás. 
En ellas estaban los aposentos: uno, más lujoso, era para la Señoría. 
El tablado para las representaciones se colocaba en medio del patio. 
Como se ve, responde al patrón de la éj)oca-. 

Para encontrar un teatro hecho en distintas condiciones hay que 
esperar al siglo XVI II, e ir al del Buen Retiro. Quédase para ser tratado 
más adelante. 


4°.— CIVILIZACION MAHOMETANA 

(SIGI.OS \ III .\L XV) 

De las poquísimas noticias (jue he ])odido encontrar sobre esto, se 
halla la de (pie, al igual que entre los cristianos, los espectáculos ])re- 
dilectos de los musulmanes españoles fueron los bofordos, los foros, 
las sortijas y las cañas. Una noticia de los primeros está en la cita de 
Ben Ahmed Alcatib, historiador granadino del siglo XIV, que cuenta 
que un sultán de Granada ; probablemente Mahomed V ¡, para celebrar la 
circuncisión de un hijo suyo, mandó hacer a sus caballeros juegos de 
bofordos, y lidiar toros ■* *. El juego de las cañas era de origen musulmán; 
lo confirma el ([uc fué costumbre entre los cristianos vestir a la morisca 
para ejecutarlo; costumbre tan arraigada, cpie subsistía en el reinado de 
Felipe II, ]uies Cook describe el ejercicio celebrado en Zaragoza, con 
motivo de la boda de la hija dcl Rev con el Duque de Parma, en cpie los 
caballeros estaban vestidos a la morisca b Son conocidos también las 

^ I-LORExte: ]'alcttcia, cit. en el I. B. 

- D. Lope de Sosa. (Jaén, 1920). 

^ Eguil.\z (L.): Reseña, cit. en el I. B., pác;. 10. 

* Cook: cit. en el I. Ib. pá". 60. 


343 


V. Lampérez y Romea 


justas y torneos entre moros, y entre moros y cristianos, con alardes 
de caballerosidad y galantería. 

En cuanto a los toros, se pretende que ya los había en la Sevilla 
musulmana a principios del siglo XI b De épocas posteriores se sabe, 
positivamente, y mencionada queda la cita de Ben Ahmed íVecatib, 
sobre una lidia celebrada en Granada en el siglo XIV. 

En lo que respecta al teatro, dícese que los musulmanes españoles 
no lo tuvieron nunca: lo afirma el eminente historiador de la España 
mahometana D. José Antonio Conde, que escribe su carencia de 
noticias sobre ello, a pesar de conocer todas las historias de los musul- 
manes españoles-. 

Los Edificios. También al igual que entre los cristianos, los lugares 
de justas, torneos, juegos y toros, fueron los campos o las plazas de las 
ciudades. En aquéllos, el edificio consistiría en empalizadas, tablados, 
arcos, ramajes, telas y banderas; en éstas, lo eran las casas. 

i En el texto citado de F)EN Ahmed Alcatib, se dice que los espec- 
táculos públicos en Granada se celebraban en un campo llamado Asahica, 
que estuvo delante de la puerta de la Alhambra, llamada de Algodor 
o de los estanques, que es la puerta cerrada que hay sobre la torre de los 
Siete Suelos. 

La plaza de Bibarrambla, en Granada, sirvic) de lugar para todos los 
festejos piiblicos. En la novela histórica de Ginés Pérez de Hita: Las 
guerras civiles de Granada^ se describen unas grandes fiestas celebra- 
das en tiempos del Rey Mulhazem {2^ . mitad del siglo XV). Para ellas 
se pnso la plaza «como verdaderamente convenía», y el Rey, con muchos 
caballeros, ocupó «los miraderos reales que ])ara aquellas fiestas estaban 
diputados», y la Reina, con muchas damas, se puso en otros miraderos: 
todas las ventanas de las casas estaban ocupadas ])or bellísimas damas. 
El novelista historiador Pérez de Hita escribía, en el promedio del 
siglo XVI en cuya época estaban ya construidos «los miraderos» 
de que se ha tratado ya; posible es, por lo tanto, que reconstruyese el 
cuadro de los festejos mahometanos sobre el que presenciaba en los 
cristianos de su tiempo. Xo obstante, no parece inverosímil que el edificio 
de las fiestas granadinas (y el de todas partes) fuese así : una plaza muy 
adornada de mástiles, empalizadas, tapices y banderolas, con tablados 
para las gentes, y «miraderos» ])ermanentes, o provisionales, para las de 
distinción. 

1 Gó.mez Quintana (J.); Apuntes, cit. en el I. B. 

2 Véa.se la ya mencionada obra de Conde, y la de IMoK.vrÍN (L. F. de): Orígenes, 
cit. en el I. B. 

^ Cit. en el 1 . B., pág. 525. 

^ La primera edición de sn olira es de 1505. 


— 344 


Arquitectura civil española 


5 CIVILIZACION MODERNA 

(SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI AI, XVI II) 

Las Costumbres. Las fiestas y diversiones jiáblicas en los siglos 
XVII y XVIII fueron experimentando las variaciones inherentes al cambio 
social. Festejos varios callejeros, toros v teatros, son los espectáculos en 
que vemos solazarse a la sociedad esjiañola de la época. 

Entre los primeros figuran aún, al finalizar el siglo XVI, los torneos 
y juegos de cañas. Pero en el XVII, los torneos habían caído en desuso, 
según dice Lope de Vega en Los torneos de Aragón. Los juegos de cañas 
se practicaron durante algún tiempo. 

Cabalgatas y procesiones histórico-mitológico-fantásticas se \'eri- 
ficaban con ocasión de acontecimientos Reales, canonizaciones de santos 
y otros sucesos, exigiendo construcciones especiales. Son ejemjilos los 
grandes festejos habidos en Madrid para celebrar las carnestolendas del 
año 1637 '. 

En el siglo XVI 1 , los toros gozaron del favor aristocrático y pojnilar, 
juntamente. Cualquier fiesta era jiretcxto jiara correrlos: ¡hasta las 
canonizaciones! Treinta corridas hubo en España cuando la d(' Santa 
Teresa- en 1622; veintiocho toros se lidiaron en nn día, en Alcalá 
de Henares, para las fiestas de la Immacnlada uibiq). El reinado de 
Felipe IV vio el ajiogeo, con a(piellas lidias de tan acentuado carácter 
caballeresco y nobiliario, que son muy conocidas por las crónicas del Rey 
galante. Con Carlos II decayó mucho la afición: sólo se celebraron al- 
gunas corridas señoriales. 

El advenimiento de la Casa de Borbón señala nn cambio total en 
el carácter de las fiestas de toros. Aborrecidas ]'>or Eelijie V, dejaron 
de ser alardes de caballería ejercitados jior nobles'*: con lo «pie, aban- 
donadas en manos del ])iieblo, vinieron a dar en lo (jne hoy vemos : 
fiestas j)ojmlares, de jiago, ejercidas por gentes de oficio. La inter- 
vención de la Nobleza quedó recluida a una cierta j)rotección (pie a 
las lidias de reses bravas jirestaron las Reales ^Maestranzas de Caballería 
de Ronda y de Sevilla, constituidas para conservar la afición a los 
deportes ecuestres v caballerescos. 

Respecto al teatro, el siglo XVII comienza con la pragmática 
de Felipe III, rpie va se citó, volviendo sobre su acuerdo jirohibitorio 

1 Rodríguez Vii.l.v: La Corte... cit en el 1. H. 

- San Joseph (Fk. I). de): Compendio, dt. en el 1 . 11 . 

® Sin embargo, aun se dió el curioso caso de la concesión del Hábito de una Orden 
Militar, al Sr. I). Antonio de la Serna F,s])ínola. por haber rejoneado en una corrida Real 
(págs. 291 y 320 del libro del Conde de las Navas, cit. en el L B.). 


345 


V. Lampérez y Romea 


y permitiendo las representaciones teatrales. Después^ ellas cons- 
tituyen lina necesidad en la sociedad española. Sería pueril detallar 
en estas páginas lo ([iie es bien conocido como la más pura gloria de 
la literatura española: el teatro en el siglo de Lope, Tirso y Calderón. 

En el XVIII continuó el teatro, si no con igual auge literario, sí con 
la misma importancia social. Moratín no alcanza a Lope: pero al 
renovación completa de los edificios teatrales prueba lo imperioso 
de la necesidad. Y ha de añadirse que la aumentó la aparición de un 



241 . — Ronda (Málaga). Santa ÁIaría la 
AYOR Y Miradero del Cabildo. 

Fot. Reyes. 


nuevo factor: la ópera italiana. Desde el siglo X\T, excursioneaban por 
España compañías de artistas italianos, que representaban farsas cantadas. 
Kn el XVII habían decaído, por la absorción del arte dramático nacional. 
Eué Eelijie V el que las resucitó, concediendo los lavaderos de los Caños 
del Peral a una compañía de ópera italiana, que dió representaciones, 
con varia fortuna, entre 1705 y 1716. Tres años desjiués, una mejor 
comjiañía, bajo la superintendencia tlel Marcpiés de Scoti, Embajador 
de Parma, fue la verdadera implantadora de a([uel espectáculo, cou la 
novedad de hacer ya consuetudinarias las funciones ¡:)or la noche. Dá- 
banse en el featro de los Caños del Peral, en el del Buen Retiro y en \’arios 
particulares. Earinelli, el famoso cantante y amigo de Eernando VI, 
hizo de la ópera italiana la diversión exclusiva de la Corte, desjilegando 


34Ó — 


Arquitectura civil española 


un lujo inusitado en sn representación. El género se propagó a las pro- 
vincias, donde, fuera de Barcelona, tuvo poco éxito d 

Los Edificios. Festejos Públicos. Tablados y tribunas, arcos de triun- 
fo, mástiles y gallardetes fueron edificios, digámoslo así, obligados en 
esos festejos; todos, claro está, levantados con carácter provisional. De uno 
de aquéllos tenemos noticias interesantes. En febrero de 1637, hubo en 
Madrid grandes fiestas Reales. Se celebraron en el Prado Alto, donde 
se allanó una plaza cuadrada, de 200 pies de lado (56 metros) más que 
la Mayor, de cuyo dato se deduce su magnitud. Rodeábanla edificaciones 
de madera de dos jiisos, divididos en «aposentos»; y, por bajo de ellos, 
unos tablados. En lo alto había blandones y hachas. Para la Reina 
se dispuso un «aposento» cerrado todo de «cristalinas» y pintado interior- 
mente con adornos y grutescos, teniendo delante palenques (vallas) 
y estafermos (figura de guerrero) giratorios b 

Muestra típica de lo que fueron los arcos de triunfo edificados con 
motivo de los festejos públicos, es el que Alonso Cano j^royectó y erigió 
en la Puerta de Guadalajara, en el año 1649, ^on motivo de la entrada 
y recibimiento de la Reina D^. Mariana de Austria, segunda mujer de 
Eelipe IV. He aiph la descripción de Palomino «Obra de tan nuevo 
gusto — dice — en los miembros y proporciones de la Arqnitectura, que 
admiró a todos los Artífices: porque se aj^artó de la manera que hasta 
acjuellos tiempos avían seguido los Antiguos». Con no ser mny expresiva 
la descripción, sirve para colegir que debió constituir una desenfadada 
«máquina». Ella y otras similares levantadas en varios puntos de la Corte, 
con aquel motivo, tenían por argumento nna complicadísima fábula mito- 
lógica, desarrollada en diversos arcos. 

Otro asjiecto de tales «decoraciones públicas» nos presentan las hechas 
en Madrid, con motivo de la ]:»roclamación de Carlos IV (1789). Tms 
Grandes íMedinaceli, Liria, x^ltamira...) rivalizaron en vestir las fachadas 
de sus ])alacios con «decoraciones» simulando arquitecturas fastuosas... 
¡tle lienzo y cartón! con todas las juTtensiones «clasicistas» de la época. 
Y tan notables ])arecieron, fjue se rejirodujeron en láminas grabadas, 
que hoy figuran, como datos curiosos, en los archivos y museos. 

Mas no sólo se levantaron edificaciones provisionales con ocasión 
de los festejos })úblicos. Aquellos miraderos municipales, de los cjne hemos 
visto ejemplares en el siglo XVI, se construían igualmente en los siguientes. 
Unos no tienen otro objeto <|ue el de irit)iina municipal] en otros, 
éste se confunde algo con el de casa municipal accesoria. 

1 Castellanos (ILS.): Discur.'io.s, rit. en el I. P>. 

“ Relaciones, de Rodríguez \’illa. citadas en el I. H. 

^ r.\LOMiNO (A.): ob. cit. en el I. IL. páe;. 380. 


347 


V. Lampérez y Romea 


Hay en Andalucía uno de los primeros, que es un bello edificio. 
Como ya dije, parece haberse hecho a imitación del de Granada. En 
Ubeda Qaén) había un edificio municipal, que lleva una fecha: 1604. 
Adosado a éste, y con fachada a la plaza, se levantó, en 1680, un mirador 
compuesto de doble galería. Entre dos recios pilastrones hay tres arcos 
sobre columnas gemelas en planta baja; y, en la de arriba, seis arquillos 
con columnas jónicas, entre los pilastrones, decorados éstos con tem- 
pletes y estatuas. Un gran cornisamento remata el edificio. 



242. — Úbeda (Jaén). Miradero 

Municipal. Fot . Lampérez . 


En el grupo siguiente entran las casas municipales (accesorias en 
muchos casos) construidas con el pie forzado de contener en sus 
fachadas unos grandes balcones, para miraderos Reales, o muni- 
cipales. La casa llamada «Panadería», en la plaza Mayor de Madrid, 
y la de la de León, son ejem]»lares de ello. 

La Casa «Panadería» de Madrid, en la Plaza Mayor, entró en el plan 
general trazado por el arquitecto Juan Gómez de Moka, en 1617. Tuvo 
el despacho de la venta municipalizada de pan, en la planta baja; pero 
su verdadero destino fué el de mirador jiara (pie los Reyes jiresenciaran 
las fiestas públicas, con salones para que los regidores pudieran recibirlos 
y agasajarlos, d'iene en fachada una planta baja de arquerías, y en Orden 
dórico, tres jdantas más, y dos torrecillas con chapiteles empizarrados. 


348 — 


Arquitectura civil española 



349 


243. — Madrid. Plaza Mayor. Fot. Lacoste. 



V. Lampérez y Romea 


En el centro, nn gran escudo de armas. El incendio general de la plaza, 
en 1672, destruyó casi todo el edificio; la reconstrucción corrió a cargo 
de Don José Donoso, (pie, sobre la planta baja de Mora, rehizo el 
edificio, con análogos elementos (pie los destruidos, aunque con detalles 
de su especial gusto. Era digno de notarse el tipo nada usado en Madrid, 
de estar la fachada pintada al fresco, con figuras y detalles que trazó 
Claudio CoELLO y pintó Luis Gonz.élez VelázquezC De aquel 
pintor, y de Donoso, eran las pinturas interiores. Sobre el gran balcón 
(pie ociqiaban los Reyes, destaca el escudo de armas de España. Arriba, 
un letrero de hierro dorado dice: «Reinando Carlos II, Gobernando 
Doña Mariana, su madre, 1674». Es la fecha de la reconstrucción. 

Tenian los regidores de León, desde 1585, su casa municipal junto 
a San iMarcelo. No fué, pues, el deseo de una nueva residencia, sino el de 
presenciar con comodidad y dignidad los festejos públicos, el que les 
hizo levantar en la plaza Mayor, o del Mercado, el edificio que aun se 
conserva. La obra, de típico estilo «casa de Austria», se terminaba en 
1677. Bien caracterizaron éste las torrecillas laterales, terminadas en 
agudos chapiteles de jiizarra; y aquel su destino, los enormes balcones 
corridos que ocupan, en dos pisos, toda la fachada, y avanzan en las 
torres. Una no fea portada con escudo de armas, balaustrada y estatuas, 
decoran la fachada. El poco fondo del edificio y su apretada distribución, 
dicen claramente su oficio de mirador. 

Plazas de Toros. Mientras en el siglo XVII las fiestas de toros con- 
servaron el carácter de deporte (como hoy diríamos) en (Madrid, no hubo 
edificios especiales para ellas. Las más nobiliarias y privadas tenían 
lugar en la plaza del Palacio del Buen Retiro; las generales, en la Mayor. 
Esta, y las de muchas ciudades de España (Valladolid, León...), se cons- 
truían pensando en su destino de circo público, con casas de muchos 
])isos y grandes balconajes, y uno principal, para el Rey o la primera 
autoridad. Pesaba sobre las casas la servidumbre de la cesión por sus 
habitantes, de ventanas y balcones jiara los esjiectadores, sin poderse re- 
servar ni uno sólo. En Madrid, era el Consejo de Castilla nada menos, 
el que hacía el reparto de los balcones, disponiendo de todos, menos 
de los de la casa de la Panadería, cuyo principal ocupaba el Rey, como 
hemos visto, (piedando \’acío el resto, para cumplir con la etiqueta. 
Todo esto estaba legislado, digámoslo así, ])or el más severo formalismo, 
a cuyo fin el Consejo disponía una plantilla previa C En la planta baja 
de la plaza, y avanzando sobre la fachada, se construían tablados, su- 

’ Una restauración de 18S1 sustituyó estas pinturas jior otras de Martínez Cu- 
BEi.LS y de Mki.ida. 

“ Roí iRÍr.UEZ Villa incluye una en su citado lilrro. 


350 


Arquitectura civil española 


jetos a dimensiones, piezas y detalles técnicos, que se consignaron en las 
Ordenanzas de Madrid^. El saliente no podía pasar de 24 pies (6, 72 me- 
tros), la madera había de ser de «corazón», escuadría de vigueta, madero 
de a 8 y de a 10, con piezas enzapatadas y engatilladas, y otros muchos 
preceptos, entre los que los hay relativos a las bocacalles, a la previa 
inspección de los balcones y de las «guardillas», para que nadie saliese 
a los tejados, y otras muy curiosas. 

Donde no se disponía de estas grandes plazas ciudadanas, se cons- 
truían corvos con madera, provisionales, según sabemos de Valencia 
y Sevilla V 

Tenemos datos del de Sevilla, perteneciente a la Real Maestranza, 
y hecho en el Arenal, apoyado en el muro de un convento. Era de madera, 
rectangular, de 37i\ó varas (353 metros) de largo y tenía halconage y 
antepecho, toril y dos caballerizas. Se construyó en 1707, y sirvió 
hasta 1733 h 

Desde esta época, convertida la fiesta de toros de caballeresca en 
popular, y de pago, se elevan ya las plazas como verdaderos edificios 
de espectáculos, hechos exprofeso. 

Aquella misma Corporación sevillana, y en el año citado de 1733, 
levantó, en el sitio llamado el Baratillo, una plaza de toros de madera, 
de mucho mejores condiciones, con la novedad de ser circular^. 
Conocemos los nombres y clases de las localidades: balcones, caxones, 
tarimón y gradillage. Las tres j)rimeras estaban nnmcradas; la cuarta 
no. Había también halcón principal para la Autoridad. El programa es 
el mismo (pie el de las plazas públicas aderezadas para festejos y toros: 
los balcones o localidades superiores sustituían a los balcones o aposentos 
de las casas; los caxoncs, tarinión (cpic no se deduce bien lo que fueron), 
y el gradillage, eran los tablados armados delante de las casas. Por 
otra parte, el grabado ([ue representa la plaza sevillana ’ hace ver que 
ella es, a su vez, el modelo de las (pie luego se hicieron, va de fábrica. 
El autor de la de Se\’illa fué el carpintero Luis de Bakna. 

La plaza de toros de Madrid (i74()-i754) se hizo a costa del R(‘y 
Fernando \T, que la regaló a la Real junta de Hospitales. Era de madera; 


^ Akdkm.ws: (h'deiunizas. cit. en el . 1 . P>., pág. iio de la edición de 1830. qne es 
reimpresión de la de 17K). 

“ Llórente: ^'a¡cncia. TiESTOSo; Sevilla, cit. en 1 . lí. 

^ Rojas Soi.ís; Anales, cit. en I. B. 

^ Novedad relativa, si fuese cierta acpiella }>laza redonda del soto de Lnzon. de (jue 
tan vagamente habla Mor.míx. 

® Página 144-145 de la ol>ra de Rojas Soi.ís, cit. en el I. B. 

— os' ^ 


244- — Sevilla. Plaza de Toros. Fot. González. 


V. Lampérez y Romea 





Arquitectura civil española 


después se hizo de fábrica. Todavía la hemos conocido muchos de los 
que aun vivimos, listaba en las cercanías de la Puerta'de Alcalá, en el 
pentágono que ahora limitan las calles de Serrano, Conde de Aranda, 
Claudio Coello, xTlcalá y Plaza de la Independencia. Era un feísimo 
edificio, sin ninguna importancia arquitectónica. La disposición fiié 
la (}iie queda señalada, como adaptación de las antiguas, y cjue ya se 
ha hecho única. 

ÍMayor monumentalidad alcanzaron otras dos plazas de toros: la de 
Sevilla 3^ la de Ronda. 

La de Sevilla se hizo en 1761, para sustituir a la de madera, cuya 
conservación le resultaba costosísima a la Real Maestranza. La proyectó 
el arquitecto Don Vicente Martín o San Martín C Ln 1777 se cons- 
truía aún gran parte de ella, y en 1793 experimentó ampliaciones y re- 
formas. He aquí cómo la describe un cronista de la ciudad-: «Ll diá- 
metro son 202 varas castellanas, girando su circunferencia 606, y, además, 
lo que ocupan sus obras anexas y el reducto de la Puerta principal (pie 
llaman del Príncipe. Tiene ésta 7 varas de alto, con adornos de Orden 
jónico, y 4 varas de luz, la (pie da principio a un cañón de igual cajiacidad 
y 24 de largo, que conduce al circo. La fachada interior es de orden tos- 
cano; alza 8 varas, y la corona un decoroso balcón... Sobre tan cómoda 
andanada que circunda la plaza, se elevan los balcones, divididos por 
columnas y frontispicios curvilíneos de gallardo aspecto, dando unos 
y otros cabida a 14.000 personas...» Por mi jiarte añadiré (pie la jiortada 
exterior, barroca, con ciertas tendencias neo-clásicas, y el interior, con 
la aripieria de los balcones fqialcos) de estilo se\állano, no carecen de 
«sabor» y de encantos pintorescos. 

La plaza de toros de Ronda se construyó por acuerdo de la Real 
Maestranza de Ronda de 1769. Se inauguró en 1783 o 1784 (ambas 
fechas se citan); jiero hubo (pie reconstruir parte, en 1785. Ll interior, 
de 180 metros de circunferencia, es severo y hermoso, ]>or su construcción 
de columnas y arcos de piedra. Ln el exterior ha de notarse la jiortada 
barroca, con columnas y un balcón «pintoresco^), en cuyo ante])echo se 
representa, en chapa de hierro recortada, cabezas de toros y la suerte de 
la })ica. Contiguo a la jilaza está el picadero, base de la institución". 

Tos Teatros. Parece (pie a la inqiortancia literaria de las obras 
de Lope, Tirso \) Calderiín, debiera haber correspondido, en el siglo 

' yid. I'toj.vs SoLÍs y (Destoso, obras citadas en el I. H. 

- ÍUatute, ol). cit. en el 1. F>. 

^ Eoz.ano (duiiÉKRHZ: Historia... cit. en el I. P>. Ordenanzas de ¡a Real 

Maestranza de la M. N. y L. ciudad de Ronda, cit. en el T. B. 


23 


353 


243- — Ronda (Málaga). Plaza de Toros. Pot . Reyes . 


V 


Lampérez y Romea 



354 



Arquitectura civil española 


XVII, un notable mejoramiento sobre la pobre arcpiitectnra de los 
«corrales» del XVI. No filé así; en general, el continente no estuvo 
ciertamente a la altura del contenido. La mayoría de las ciudades con- 
tinuaron con sus míseros teatros, aunque algunos se reformaron o elevaron 
de nuevo: el de SanfaCruz de Barcelona, en 1580; el de la Cruz en Madrid, 
en 1579; Príncipe, también en la Corte, en 1582; el de Bibarrambla, 

en Granada, en 1594; el de Valencia (la «casa de las comedias»), en 1618. 

No hay noticias de grandes novedades en la arquitectura de teatros, 
que debieron continuar, con ligeras variantes, teniendo la de los del 
siglo XVI, con las mejoras de detalle últimamente introducidas. 

Una cierta novedad aparece en el teatro de la Montería, inaugurado 
en Sevilla el 25 de mayo de 1625, Y llamado })or estar en el j)atio de 
ese nombre, en el Alcázar. Contra lo general en los corrales al uso, (*1 
sevillano era ovalado. A su alrededor había tres filas de asientos; las 
dos inferiores disfribuidas en (iposeiitos o palcos; la superior, era la cazuela. 
Pereció por un incendio en 1691'. 

Antes de pasar más adelante, creo cmioso consignar un hecho. L 1 
«Teatro de la naturaleza», tenido como una compiista estética ultra- 
moderna, tiene un jirecedente en Lsjiaña, en el siglo XVII. Ku 1615, 
con motivo del viaje de h'elipe III a herma, acompañando, camino de 
ú'rancia, a la Infanta Doña Ana de Austria, el Diupie hizo grandes 
fiestas. Una consistió en rcjiresentar una comedia de Lope de Vecía, 
al aire libre, siendo el escenario un prado, a la orilla del Arlanza, (|ue, 
por desarrollarse la acción dramática a la margen de un río, pres- 
tábase grandemente. Tablados cnbiertos con toldos eran las localidades-. 

Otras representaciones análogas hubo en octubre d(.‘ 1617, con mo- 
tivo de la consagración de la Iglesia Colegial, celebrada por el I)ii(|ue 
de herma, con lujo inusitado 

Continuemos con el examen de los teatros cubiertos. Famoso es, en 
las historias de la literatura y de las costumbres españolas, el Real del 
Raen Retiro, levantado })or L'eli))e IV. No es éste lugar oportuno para 
la reseña de las grandes fiestas en él celebiadas. De la hechura anjm- 
iecíónica tenemos muchas noticias, siendo las de Mad. D’Aulnov las 
más descriptivash F1 teatro era un gran salón, todo ornado de relie\’i's, 
esculturas, jiiuturas y dorados; en el parterre había bancos, y a los lados 
palcos, «muchos como cámaras», ca]>aces })ara (piince j)ersonas, ricamente' 
adornados y con celosías. L 1 del Rc'y era magnííiro. L 1 escenaiio estaba 

’ (iESTOSü; Sevilla, cit. en el I. B. 

- Castro (A. de): Discurso... cit. en el I. B. Inma la nntieia de la nina La 

silva de lección varia, de Fray Ign.icio de l.\ Bukieicacióx. 

^ Albareelos (].): Efemérides, cit. en el I. B. 

^ Aulnoy (Mad. d’): Viaje, cit. en el I. B. 

5 5 


23 


V. Lampérez y Romea 


provisto de grandes decoraciones y juegos de tramoya, que idearon y 
pintaron Cossimo Lotti (1628), Baccio Bianco ^1654) y Ricci. También 
hubo teatros Reales en el Alcázar viejo de Madrid íobra de Ricci j y 
en el Palacete de la Zarzuela (entre Madrid y el Pardo). 

De la pequeñez y deficiencia de los teatros públicos, al comenzar el 
siglo XVlll, dice mucho el hecho siguiente: Al venir a Madrid, en 1705, 
una regular compañía de ópera italiana, no encontró local apropósito 
donde instalarse. Felipe V, entonces, les concedió el lavadero de los Caños 
del Peral, con la condición de c[ue no destruyesen dichos lavaderos. Y 
en tan impropio local, y con las deficiencias de instalación que son de 
presumir, se dieron las representaciones hasta 1719, en que se comenzó, 
en el mismo sitio, la construcción de uno de nueva planta, por iniciativa 
del Mar(|ués de Scoti, concluido en 1738 j)or el Marqués de Montealto, 
corregidor, y Don Antonio Palomares, rico ¡propietario. 

De esos comienzos del siglo XVIII data, jpues, la renovación de la 
arquitectura teatral española; el teatro de Valencia (1718;, el de Bar- 
celona (1728), el de la Cruz (1707)1 y el del Príncijpe '^1745; en Madrid. 
Al final del siglo, Cádiz, Vitoria y otras muchas poblaciones construyeron 
los suyos, algunos de los cuales aun sirven. 

Por la iníhiencia de franceses e italianos, los teatros españoles toma- 
ion la disposición (]ue, mejorada inmensamente en los detalles, es la 
misma actual. Las salas eran semiovales, o semicirculares, y la ocu- 
paban las lunetas y el patio (éste sólo para hombres). Las demás locali- 
dades eran: una galería, enya parte central se destinaba sólo a mujeres 
(¡a cazuda), y las laterales se llamaban gradas-, encima, uno o dos pisos 
de aposentos (¡palcos;, en algunos teatros volados a modo de balcón; 
en lo más alto otra galería, <¡ne tenía el nombre de tertulia Al actual 
«¡paraíso»;. En ¡pilares, antepechos, embocaduras y techumbre, había 
ya pinturas, relieves y dorados. El teatro del Príncipe, en Madrid, era 
el mejor, y, al decir de Ponz-, satisfacía en su distribución las exigen- 
cias de la é¡poca, aunque aun se deseaban reformas. «La enmienda, dice, 
debería consistir sólo en mejorar como se pueda las proporciones y alturas 
de las partes y en dar nso más cómodo, así a ellas como a las entradas»^. 
No hay (¡ue decir que, en telones y tramoyas, avanzóse grandemente 
sobre las inocentes del siglo de Calipercpn. 

Hubo en esteXVIIl gran afición a los teatros particulares (así se llama- 
ban', en ¡palacios, jardines y conventos. Ya en el anterior habían existido, 

' rroyectado por el íanioso arejuitecto liarroco Don Pedro de Ribera; derribado 
liacia 1870. 

2 Viaje, cit. en el I. B.. t. V, pág. 293. 

La descripción se reiiere al construido en 1745, y qne íné demolido en 1806 jpara 
levantarse el actual, por planos de Vile.vnueva. 


— 35Ó — 


Arquitectura civil española 


hasta el punto de exigir un auto para su funcionamiento, que se dió 
en 1644. Los del siglo XVIII fueron suntuosos. Saint-Simon describe 
uno: «La duquesa viuda de Osuna tenía en su Palacio (de Madrid) una 
sala de ópera completa, un poco más pequeña, pero más hermosa (jue 
la de París, y muy cómoda, por las comunicaciones de los jtalcos de an- 
fiteatro y del parterre» h lira esto en el reinado de Felipe V. 

En el de Fernando VI, hubo en el Buen Retiro otro suntuosísimo, 
en que se representaban grandes óperas, con lujosa presentación de tra- 
moyas, magias y decoraciones, que dirigía el celebre cantante Farinelli. 
Es por extremo curiosa la organización de estas re])resentaciones, (|ue 
dejó escrita el cantor de los Reyes, en un manuscrito que conserva la 
Real Biblioteca de Madrid b 

Como detalle muy interesante de la arquitectura teatral, debe con- 
signarse el que, en este Real Teatro, el testero estaba abierto ])or com- 
pleto, de modo qne se podían representar cacerías, desfiles de tropas, 
etc. con fondo de paisaje natural. Así lo describe, en tiempos de Carlos 111 , 
un Embajador francés'*. 

Como muestra de aíjucllos teatros Reales, puede citarse el ([ue hay 
en el Palacio del Pardo; amplia sala cuadrada, en cuyo fondo se abre 
y eleva una gran tribuna jiara la Real familia; y, frente, el escenario. 
La decoración, de estilo «lmj)erio», indica ser obra de Carlos VI o de 
Fernando VIL 


* Saint-Simon: Manoires... cit. en el I. B., t. 18, pág. 226. 
^ Fakineli: Descripción... dt. en el l.B. 

^ Bourgoing: Tabican, cit. en el I. B. 



I 





L MONUMENTOS 



24O. — La Cruz de Sobrakbe. (Huesca). 

Fot. L. Bn'ct. 







i 



A 


r 




247- — Caparra (Cáceres). Arco romano. Detalle- 

Fot. Prieto. 


(n^]XERALII) ADEB 

Bajo la denominación de monumentos lia de comjirenderse, para 
mi objeto, todas aquellas edificaciones de alto \ailor artístico, levantadas 
con nn fin ])iiramente esjiiritnal ; princijialmente con el de conmemorar 
iin suceso, jiersona o idea; y también con el simplemente decorativo. 
Por e.xtensión, debe entenderse estar dentro de este f^nqio algunas edifi- 
caciones qne, ann teniendo im fin utilitario, es muy pequeño, en cambio 
de nna gran importancia artística. 

— 361 — 


V. Lampérez y Romea 


I -CIVILIZACION HISPANO-ROMANA 

(SIGLOS 1 AL IV) 

I^'ué el pueblo romano pretencioso de la inmortalidad, y jior no 
estar en lo humano conseguirla, esforzóse en perpetuar la memoria de 
los hombres y de los hechos. Por eso fué pródigo en monumentos con- 
memorativos, de los que quedan varios en España. 



-’4S. — .M..\rtorhll (B.vrcelona). Arco romano. 

Fot. Mus. 


No así de los sinq)lemente decorativos. Escalinatas, columnatas 
exedras, bancos y otros, llenaron seguramente foros, calles, \illas y 
jardines. Nada <pieda. 

Los Monu.mlntos. ('onocemos la existencia de tres clases de monu- 
mentos conmemorativos his]iano-romanos : i°. Estatuas. 2°. Arcos de 
Lriunfo. 5". Columnas v edificaciones análogas. 

1°. La estatua, glorificación de un personaje, es de tradición griega, 
adoj)tada por los romanos. One las hubo en España, lo prueban esa in- 
Imidad de figuras de enqieradores y personajes, (pie llenan los museos 
de Mérida, Sevilla, Tarragona y otros. Son monumentos (pie se salen 
de nuestro cuadro, pues poco o nada tienen de anpñtectónicos. 


,02 


Arquitectura civil española 


2 — El arco de triunfo es el característico monumento conmemorativo 
romano. Puertas efectivas de las murallas, en su origen, decoradas para 
el paso del héroe, siguieron elevándose en los lugares donde era lógica 
su existencia, aun cuando ya no tuvieran más razón que la honorífica : 
en las entradas de las ciudades, de los puentes y en los caminos. Así 
los de Martorell y Alcántara están en puentes; los de Pará y (abanes, 
en caminos; el de Caparra, en el cruce de dos; los de Mérida y Medinaceli, 
en ingreso de ciudades, o en sus calles. 



T.\rk.\('.()N.v. .\kco romano he 1>.\k.\. 

l'oi. yl/(ís'. 


Ck.\n HermÚI)]<:z cita i<S en España. Ihieron o son modestos los arcos 
hisjiano-romanos. La cf)inposición ('s análoga (‘n casi todos; la puerta 
cc)n arco de medio punto, (mcuadrada ])or un Orden de pilastras, st'ncillo 
en los de Martorell, v doble (‘ii el de Bc¡rd: un entablamento. h\ ultimo, 
acaso tm'o un ático domk' estaba la inscri))ción, <|iie decía <)ue fué erigide^ 
por una disposición testamentaria, en memoria de L. Lucini Scira, genei al 
de Trajano'. El arco de Medinaceli, más importante, tiene dos cueijios 
laterales, algo extendidos, con doble apilastrado, y, entre' ellos, huecos 
simulados, con frontones; de los de ('al)anés v Martoiell sólo (¡iiedan 
las jambas y los arcos; lo demás es hi])otético. El de Mérida, de'l (jue 

1 X°. 4282 <lel Corpus, ele Hühnek, tunin II. 

■ ■ .C>8 


V. Lampérez y Romea 


existen también los mismos elementos, no admite más que suposiciones 
sobre su antigua forma, 3^ hasta la duda de si fué monumento in- 
dependiente o perteneció a nn gran edificio. 

hl arco de Caparra (Plasencia, Ifxtremadura) merece mención 
especial, ])or su singularidad. Se comjione de cuatro gruesos pilares, 
con columnas de Orden comjniesto, colocados en el cruce de dos 
caminos; sobre acinéllos voltean arcos, y el espacio central se cierra con 
lina bóveda de arista. Debió tener estatuas y un remate piramidal. 
La construcción y labra son toscas. No se conocen más ejemplares de 



250. — Mfdinaceli (Soria). Arco romano. 

Fot. de X. 


esta clase de arcos cpie, a modo de baldaipiinos, parecen hechos para 
cobijar una estatua, nn sarcófago, o un lugar memorable. 

3 °. La columna conmemorafiva es también monumento muy 
característico de la civilización romana. La adopción de este elemento, 
lluramente constructivo, al oficio de pedestal de una estatua o de un 
trofeo, será 111113/ discutible; pero los romanos, medianos teorizadores 
de y\rte, demostraron especial predilección por este tipo. Acaso en 
Ls]iafia estuvieron en altas columnas, en los foros, algunas de las 
estatuas votivas (pie conservamos. La espina de circo, representada 
en el mosaico del Museo de Barcelona (Santa Agueefa ), contiene dos 
columnas con estatuas de victorias. Es lo único (pie tenemos de estos 
monumentos. 


364 - 


Arquitectura civil española 



251. — Caparra (Cáceres). Arco romano. 

Fot. Prieto. 



252. — Cáceres. Arco romano di-: Ca- 
parra. IManta. 

Plano de Prieto. 


— 365 


V. Lampérez y Romea 



233. — Zalamea la Serena (Badajoz). ^Monumento 

ROMANO. Fot . Mélida . 

- 36Ó - 



Arquitectura civil española 


Subsiste uno, que es la extensión del tipo, llamado de Trajatio, 
en Zalamea de la Serena (Badajoz). Tiene un basamento de planta 
rectangular, con zócalo de gruesas j)iedras almohadilladas, neto con 
diez pilastras estriadas y cornisamento moldurado... Encima se alzan 
dos grandes columnas dóricas, (|ue sostuvieron un entablamento, (pie 
ya no existe, como tampoco el cuerpo de coronación jiiramidal ; mas 
probablemente (])or la forma rectangular déla jilanta) estatua ecuestre. 
La inscrijición dedicatoria decia (jue habia sido levantado el año 
103 por el municipio lulipense, en honor de Trajano. 

VA monumento es notabilísimo, jior su singularidad cu lfs])aña, y 
acaso en todo el mundo romano. 


2°.— (TVTLIZACION CRISTIANA: LA ALTA EDAD MEDIA 

(SKit.OS V AI. XI) 

3°.- LA BAJA EDAD MEDIA Y EL PRINCIPIO DE LA MODERNA 

(SIGLOS XIl A LA PKIMLKA :\ILrAD I)i:i. XVI) 

El medio SOCIAL. No entraba en las ideas de la Edad Media la 
vanidosa dedicación de monumentos a la memoria de los hombre y j)or 
insignes que fuesen. Dios, la Virgen y los Santos eran los únicos merece- 
dores de tal honor. Sólo algunos grandes sucesos, o ciertos acontecimientos 
señaladísimos, se consideraron dignos (.le ser perpetuados en jiiedras. Mas 
fue la fundación de un tenqilo o de un monasterio el modo de hacerlo : 
en él, una lápida contaba el suceso. En tales fundaciones aparecen, es 
cierto, las estatuas icónicas de Reyes, Reinas o infantes, obispos o aba- 
des; pero no en monumento especial, ostentoso y aislado, sino formando 
parte de un conjunto arcpntectónico. 

Tamjioeo ])arece frecuente el uso de monumentos simplemente de- 
corativos: fuentes, arcos, columnas. Algo liay, sin embargo, (pie a ello 
se ajiroxima, aumpie siempre jiresenta un carácter de piedad o de utili- 
tarismo, o de ambas cosas juntas. 'I'ales son las cruces de término v juris- 
dicción, y los rollos. 

hd «Renacimiento» cambió las costumbres, con el resurgimiento de 
la civilización clásica. La vanidad buscó su satisfacción ; el lujo v el jilacer, 
sus manifestaciones. Las estatuas personales o alegóricas y los arcos de 
triunfo reajiarecieron ; fuentes inúliles y otras decoraciones se levantaron. 

Los Moxumi-:nt(js. i\.(piellas fundaciones medioe\’ales a (pie antes 
se ha hecho referencia, por ser verdaderos edificios útiles, sólo merecen 
a(]uí una cita, considerados como conmemorativos: desde la iglesia 

de San Juan de Baños ' Palencia;, (]iie lo liié de la curación dc' Reces- 


— 367 


V. Lampérez y Romea 



254. — Columna de Zukbano (hoy en el Instiiulo 
DE Vitoria). - Fot . de X . 

~ 368 - 


Arquitectura civil española 

vinto en el siglo VII, hasta la de San Jerónimo en Madrid, erigida 
en el XV, para recordar cosa tan frívola y mundana como el «paso» 
de Don Beltrán de la Cueva. 

Tampoco exigen mención tantas y tantas estatuas que en portadas, 
retablos y galerías, constituyen monítmentos conmemorativos en el sen- 
tido ya dicho, como la de San Isidoro, en su Basílica de León, y las 
infinitas de Santiago matamoros , recordatorias de victorias sobre los 
infieles; como la de San Fernando y los infantes sus nietos, en la 
Catedral de Burgos, conmemorativas de la fundación de sus fábricas, 
y mil más en toda España. 

Pasemos al examen de algunas construcciones que tienen ya más 
marcado carácter de monumentos. 

¿Lo es, y en caso afirmativo, cómo clasificar la columna de Zur- 
bano (Álava) Es nn conjunto de dos columnas acojoladas, en 
cuyos fustes hay, esculpidas, escenas de ju- 
glares. El estilo es un románico muy avanzado. 

¿No será un resto de un edificio civil, des- 
jorovisto, joor lo tanto, de carácter de monu- 
mento por sí mismo, que le asignan algunos 
escritores locales? 

hd rollo. El nombre joroviene del latino 
rótulo, cilindro. Es nn hito o mojón indicador 
de jurisdicción mnnicijoal, realenga, señorial o 
abacial, hecho con carácter de monumento 
conmemorativo y exj)resivo de ella; y tam- 
bién de término o límite de territorio. Dícese 
que es construcción exclusivamente esj)añola, 
más aún, castellana. Ifn ambas Castilla, en 
efecto, consérvanse los más numerosos y no- 
tables cjemjdarcs. Su fecha más antigua cono- 
cida es el siglo X\"; el de Villalón es de 1434'“. 

¿ Podrá darse al rollo, como origen, la 
columna miliai'ia de la (jue j)ro\'ino el filo 
medioeval? Probablemente sí, en cuanto al 
oficio. Y en cuanto a la forma, atrevida j)arece 
la sosj)echa de que lo fuese la columna rostral 
romana, ólás cercana al rollo, está la j)icota, y 
sus elementos constitutivos son, evidcntcnu'nte, 
los mismos, con las variantes (iiie se dirán. 

255. Pl'ÑAK.\NI)A 

Cuadrado: Valladolid, cit. en el I. B. I’ukro (BuKr.cs). tu, 

- Hoy está en el patio del Instituto de t’itoria. Rollo. Fnf. Vndi”n. 



24 


3Ó9 - 




V. Lampérez y Romea 



370 


Arquitectura civil española 


Los rollos tienen un basamento; un poste o columna, con escudos, 
y a cierta altura, cuatro figuras salientes a modo de gárgolas; una 
coronación simulando capitel, y otro elemento, como remate. Veamos 
las variantes. 

En los rollos góticos, el poste tiene baquetones delgados, y entre ellos, 
frondas o series de grumos; a veces es fasciculado. A cierta altura hay 
escudos de armas, expresivos de la jurisdicción que representan. Las 
figuras salientes son bichos fantásticos o leoncetes, de piedra general- 
mente; otras, hierros a modo de garfios, lo que da que jrensar sobre que 
sean éstos, de las picotas, el origen de esos raros elementos h Viene luego 
el collarino o capitel, y, sobre él, el remate, en una de estas dos formas: 
o de pirámide, con escamas y cardinas, o de temjdete, (pie sugiere la idea 
de si se hizo para cobijar una imagen o una luz. En muchos, una jiecpieña 
cruz de hierro suple el remate. En los rollos del «Renacimiento» el poste 
es una columna clásica, con capitel, dórico, jónico o corintio; subsisten 
los demás elementos, y el remate es, en algún ejemjdar, una bola de 
estilo herreriano. 

Consérvase en Esjiaña grandísimo número de rollos, góticos y del 
«Renacimiento». Célebre ])or una copla popular es el de Villalón (Vallado- 
lid). Notables son los de Peñaranda (Burgos) y Ocaña (Toledo), góticos; 
y el de Almorox (Toledo), del «Renacimiento» ‘C 

Las cruces de término son, en mi concepto, monnmentos religiosos, 
cuyo origen, en el oficio y en la forma, es el rollo. Es aquél, en efecto, 
vía cnicis, acotar un terreno, marcando sn jiosesión para uso jñadoso: 
monasterio, ermita, cementerio, etc., etc. En cuanto a la forma, es la del 
rollo, con la variante de rematar en una cruz, lo cpie no tiene tampoco 
sino novedad relativa, ]mes ya vimos su existencia, de hierro, en muchos 
de aquéllos. Góticas o del «Renacimiento», las cruces de término, o 
cruceros (como también se las nombra), abundan en toda España. En 
algunas partes están en serie, formando un vía criicis, (pie termina en 
una iglesia o ermita. 

Son de piedra, excepcionales las (jue tienen el pilar de jiiedra, y la 
cruz de hierro. Si las hubo de madera, o de hierro totalmente, o de bronce, 
ninguna (<pie yo sepaj se conserva. Las góticas tienen un delgado jalar 
sencillo u ornamentado; un nudo con imágenes, escudos o adornos, v 


^ Desechada, ])or atrevida, la iflea de que lo fuesen las proas de los navios de las 
columnas rostrales. 

“ Sobre los rollos se ha escrito ])oco. Lo más sustancioso es td estudio del Conde 
DE Cedillo. cit. en el I. L>. Ln La Picota, de ItKKN.VLDn de (dciKcts, también citada, lia\- 
alguna nota aprovechable. 


24 *^ 


371 


V. Lampérez y Romea 



257. - Tarragona. Cruz de San Antonio. 

Fot. Lanrevt. 


— 372 — 


Arquitectura civil española 



25, S. ( KUZ DK FOlXÁ ((.I-KONA). 

'-) “7 

A/ J 




V. Lampérez y Romea 



Fot. González. 


25<). — Skvilla. i. a Cruz uel Campo. 


374 


Arquitectura civil española 


la cruz, ya sola, ya flanqueada de las estatuitas de la Virgen y San Juan. 
En las del «Renacimiento», el pilar se transforma en una columna clásica, 
y el nudo adquiere gran importancia (como en la de Tarragona, que 
se ve adjunta). Algún ejemplar se sale de estos tipos: es famoso entre 
ellos la cruz de Durango (Vizcaya), arcaizante, más que antigua (proba- 
blemente del siglo XV), en la c[ue se ha querido representar todo un 
ciclo religioso: la caída del hombre, el apostolado, la crucifixión con 
sus escenas luctuosas y glorificadoras. 

Las cruces consideradas como monumentos tienen otra variedad que 
les da mayor importancia : el humilladero, como estación final de los vía- 
crucis, colocándose la cruz bajo un baldaquino o templete’, del (pie es her- 
moso ejemplo la Cruz del Campo, en los alrededores de Sevilla. Fué cons- 
truido en 1482, por el Asistente Diego de (Merlo; es de estilo mudéjar, 
y consiste en un templete abierto por los cuatro lados, de pilares y arcos 
apuntados de ladrillo, con ciqmla octogonal, sobre trompas (semi-bóveda 
de arista). Una inscripción gótica, en la base de la bóveda, dice: «Esta 
cruz e... obra mandó facer e acabar el mucho honrrado caballero diego 
de merlo guarda mayor del rey e reyna nuestros señores de su consejo 
e su asistente de esta ciudad de Sevilla e su tierra e alcaide de los sus 
alcázares e atarazanas de ella la cual se acabo a primero de... del ano 
del nacimiento de nuestro salvador iesucristo de mil e (piatrocientos e 
ochenta y dos años reinando en castilla los muy altos e sicmjire 
augustos rey y reyna nuestros señores don femando y doña isabel». 
Cobijada por el templete hay una cruz, de estilo del siglo XVI, con 
las imágenes del Señor y de la Virgen. 

Al mismo tipo pertenecen las ipie llaman en algunas partes cruces 
cubiertas. En las cercanías de Valencia hay cuatro, en los caminos 
que \'an a Barcelona, a Murviedro, a las Cabrillas y a Játiva. Pertenecen 
al siglo XV; son baldaquinos conqniestos de cuatro júlares, con cubierta 
piramidal, tejas policromadas o doradas, y veleta; cobijan sendas y muy 
bellas cruces de piedra. 

Edículos de éstos, había también en sitios desde donde las jiere- 
grinaciones div isaban los santuarios, objetos de sus piadosas andanzas. 
De esta clase es el notable de Guadahqie ^Cáceres). Está tratado a modo 
de ermita, y fné construido en los jirimeros años dt'l siglo XV, en el sitio 
donde se apeaban los peregrinos y romeros, al ver el monasterio. Pi'r- 


^ Es, en cierto modo, un monumento análogo, como idea, a los ('alvavios tan notables 
en Xormandía. y de los que no conozco ningún ejenqdar en Esjiaña. (Mi lU-sconocimicnto 
no quiere decir que no los haya. 


375 


V. Lampérez y Romea 


tenece al estilo gótico giiadalirpensc (ele ladrillo revestido de mortero), y es 
cuadrada, con contrafuertes en los ángulos, y huecos con hermosas tracerías. 


Los iii'cos de triunfo pertenecen al «Renacimiento», como renacimiento, 
a su vez, del tipo romano. No ha de confundirse con las puertas monu- 
mentales de las ciudades, puesto que éstas, en general, no tienen objeto 
honorífico, sino simplemente decorativo. No obstante, en algunos ejem- 
plares ambos oficios se unifican. 

En el principio, no es un monumento especial. Como en la Antigüedad, 
se concreta a dar carácter artístico a una puerta de la ciudad ( hasta aquí 
puramente defensiva', j)ero conservándola ciertos elementos guerreros. 
Sirva de ejemj)lo de esta transición la puerta nueva de Bisagra, en 
Toledo, que más adelante se describirá. Veamos ahora los verdaderos 
arcos de triunfo. 

Escaso es su niimero en Jrspaña; por lo mismo, son más intere- 
santes. El primero no pasó de intento, mas indica que ya germinaba 
la idea. Me refiero a la puerta monumental aislada, que trató de 
elevar el Concejo de Burgos, en 1535, a la entrada del fuerte de 
Santa María; es decir, un verdadero arco de triunfo al modo romano. 
Cambiado el pensamiento, se hizo adosada a la torre de la muralla, 
constituyéndose así una puerta monumental de ciudad. Como tal, será 
tratada más adelante. 

Es ya verdadero arco de triunfo el que Burgos erigió, en 1592, en el 
solar del famoso Conde Fernán González, o, si en este punto hay error, 
en memoria del caudillo castellano. Es, a lo que creo, el único ejemplar 
español, elevado en el siglo NVI, de este género de monumentos; y aunque 
por su fecha se sale del límite del jjeríodo cpie aquí se estudia, entra en 
él por su estilo arquitectónico, que es el del «Renacimiento» clásico. 
Tiene un hueco con arco de medio punto entre columnas clásicas pareadas, 
entablamento, y un ático o remate con agujas piramidales a los lados. 
La inscripción conmemorativa dice: «Ano 1592. Fernando Gonsalvi 
Castellae Assertoris sicre etatis prestantísimo diici magnorum regum 
genitori sino civi ni eius domus area suptu publico ad illius nominis et 
urdís glorias memoria sempiterna». A pesar de tan pomposa dedicatoria, 
el monumento no ]>asa de la categoría de mediocre. Vale más en él la 
idea inspiradora cpie su realización pétrea. 


Arquitectura civil española 



260. — l',UR(,oS. Arco de FeKNÁX GoNZAi EZ Fot. Laurail 


37 


V. Lampérez y Romea 


5 CI VI LIZACION MODE RXA 

(SKGT'NDA MITAD DEL SIGLO XVI AL XX'III) 


El medio SOCIAL, 
líxtraña y llama la 
atención la carencia 
de monumentos con- 
memorativos o sim- 
plemente decorativos 
en la España de los 
l^'elijie 111 y IV y de 
Carlos II. No serán 
la humildad y la }>o- 
breza cristianas, \ár- 
tndes, las que nos cx- 
plicpien el hecho, si 
observamos (pié can- 
tidades de dinero y 
de ingenio gastaban 
aquellas gentes en las 
aparatosas fiestas de 
entradas y bodas 
Reales, de canoniza- 


ciones de santos y de 
conmemoraciones de- 
votas. ¿ Por cpié una 
sociedad tan pródiga 
en arcos de triunfo 
y escenografías calle- 
jeras de cartón y 
lienzo, por demás 
efímeras, nunca los 
erigió de modo perma- 
nente ? ¿ Por la inútil 
frivolidad de su \áda ? 

Apenas si se ex- 
ceptúan de la penuria 
monumental algunas 
estatuas de Reyes y 
algunos monumentos 
de carácter religioso, 
propios de tan de- 
vota época. 


261. — Liérganes (Sant.\nder). 
Cruz de Kub.\lcaba. 

Fot. de X. 



Ea sociedad del siglo XVIII, especialmente en los reinados de Eer- 
nando VI y Carlos III, extendió la monumentalidad española. Mas nótese 
también un raro aspecto de los monumentos borbónicos. Natural parece 
que en aquellos reinados, pomposos y ricos, se hubiesen erigido muchos 
monumentos de vida propia, si vale la frase. Pues no es así; en general 
están unidos a edificaciones utilitarias o formando nn conjunto; con- 
memoraciones unidas a puertas de ciudad lej. la de Alcalá, en áladrid , 
estatuas de santos y héroes, como decoración de puentes (ej. el de San 
Fernando, en la carretera de la Corte a Galicia), pretenciosas deificaciones 
mitológicas, (pie no son sino jiretexto para fuentes de uso público 
(ej. la Cibeles, en el Prado de Matlrid). Diríase cpie aquella sociedad no 
supo prescindir de la reorganización nacional, ni en las más altas y apa- 
i'atosas manifestaciones del Arte jniro. 


— 378 — 


Arquitectura civil española 


Así y todo, hay que señalar en ellos el amor a esos grandes conjuntos 
monumentales, nunca hasta entonces sentidos en España^, y de que 
son ejemplos: el Prado de Madrid, las avenidas de Aranjnez, la Granja, 
el magnífico acceso proyectado al Palacio Real, desde la calle de Sego- 
via, etc., etc. 

Los Edificios. Monunientos de carácter religioso. Lo tienen la mayoría 
de los levantados en ])lazas y calles, en los siglos XVII y XVIII : cruces 
y triunfos. 

Las cruces prosiguen la costumbre medioeval de señalar, con el signo 
de la redención, los términos y los lugares santificados por algún hecho, 
o por la devoción. Si abundaron en los siglos medios, más en éstos-, 
hasta el punto de que el Corregidor de Madrid, Marquina, apenado j)or las 
profanaciones de que eran objeto, hizo desaparecer casi todas las de la 
Corte en una noche del comienzo del siglo XIX, con lo que prodújose 
grave escándalo. 

Como tipo arquitectónico subsistía el humilladero, templete barroco 
o seudo-clásico, cobijando la cruz, y ésta sim])lemente enhiesta sobre 
un pedestal, aunque con la diferencia, respecto a las de la Edad Media, 
de ser ahora más jiequeño éste, y enorme el árbol. Xo faltan algunos 
otros tipos, como la bellamente esculjiida de Puerta Cerrada, en Madrid, 
de muy determinado estilo <d^orbónico». 

Llámase triunfo, en Andalucía, especialmente, a un monumento 
público dedicado a la Virgen o a un Santo. Consiste en un so]:>orte más 
o menos complicado, en cuya cúspide se yergue la imagen. Los hay en 
los que aquél es de tan grande importancia que jiarecen inspirados en las 
columnas honoríficas romanas; tal es el triunfo de San Rafael, en Córdoba. 
Sobre un basamento rococó, en el que se sientan las estatuas de Santa 
Bárbara y Santa Victoria, se eleva un pedestal cilindrico, que sostiene 
una columna de Orden compuesto, sustentáculo, a su vez, de la estatua 
del Santo Arcángel, patrón de la ciiulad. Ifstatuas, escudos e iuscrijiciones 
adornan distintas jiartes del conjunto, barroquismo de estilo, fechado a 
mitad del siglo XVII 1. 

Otros, más modestos, tiene la imagen bajo un templete, sobre un 
soporte, en forma que recuerda los rollos de la Edad Media ; tal es el 
triunfo de Sevilla, elevado en la plaza de su nombre, biene j)cdestal 


^ Prueba bien esta falta de scniimicnto la iinjilantación del Escorial. Por obediencia 
a reglas, ya caídas en desuso, se coloccr con la fachada ju'incipal hacia el Norte. ¿Que no 
fuera implantado al contrario, la fachada hacia Madrid, ascendiéndose a la lonja por 
enormes rampas y escalinatas cpie le hubieran dado pedestal noble y elevado? 

^ Más de dieciocho se rep>resentan en el jrlano de iMadrid. de Texiuka. 


379 


V. Lampérez y Romea 




sr\ 


262.— CÓRDOBA. El, TRIUNFO DE SaN RaFAEL. 

— 380 — 


Fot. Lampérez. 


Arquitectura civil española 



V. Lampérez y Romea 


con cartelas, fuste con volutas, y una capillita cnadrangular que 
cobija una linda estatuita de la Virgen. 

Monumentos de carácter civil. Consideraremos las estatuas, las puer- 
tas triunfales, los momimentos conmemorativos y los grandes conjuntos 
monumentales. 

Estatuas. Monumento a Felipe III , en la Casa de Campo de Madrid. 
Ejemplar fué del monumento que pudiéramos llamar privado, por estar 
en sitio particidar, no en ambiente público y para todos. Consistía 
en una estatua ecuestre, en bronce, del Rey devoto, hecha en Italia 
por Juan de Bolonia y Pedro Taca, sobre un retrato de Panto ja de 
LA Cruz. Desde i6i6 se levantaba frente al palacio de la Casa de 
Campo. En el plano de Texeira se la representa apoyada directa- 
mente en el suelo; sin embargo, Lope de Vega, en una poesía al 
monumento dedicada, en La Mañana de San Juan en Madrid, 
habla de un jiedestal «de pórfido luciente» h Entre ambas noticias 
nos quedamos sin saber cómo era el monumento ó 

El monumento a Felipe IV , en el Palacio del Buen Retiro. Sería inútil 
tarea detallar aquí la conocida historia de los diseños, modelos y fundición 
de la magnífica estatua ecuestre del Rey poeta, en los que colaboraron 
Velázquez, Montañés, Tacca y Galileo. Sólo como monumento cabe 
aquí la cita. ¿Pero cuál? Porque la estatua en cuestión, esculpida a 
voluntad del Rey, no se hizo para formar un monumento independiente 
o con vida propia, sino como grupo terminal de la fachada del Palacio 
del Buen Retiro, donde estuvo hasta que Don Juan de Austria, 
gobernador del Reino, la hizo bajar, constituyendo con ella un 
monumento, en una plaza interior del Real Palacio del Retiro (detrás 
de San Jerónimo). Allí la vió Mad. d’AulnoY'Ó que dice: «Se ve al 
borde de la terraza (la del teatro) la estatua de Eelipe IV sobre un 
caballo de bronce». En el plano de Madrid, de Texeira ¿1656), está 
representado el monumento, que no puede ser más modesto: una plata- 
forma con los ángulos redondeados y nn pedestal sencillo (por cierto 
pequeñísimo para la gran mole que sustenta). 

' (. Y allí estuvo hasta fecha que desconozco, en la que pasó al Parterre, 
y de allí, en 1843, a la Plaza de Oriente, en el grandioso monumento que 
hoy vemos y (pie no ha de describirse aquí por salirse su erección de los 
límites cronólógicos <pie comprende este libro. 


^ Biblioteca de .Intorcs F.s[>añoles. tomo XXXVIII. 

- En 1847, la estatua fué trasladada a la plaza )\Iayot' y levantada sobre uu pedestal 
nuevo, con jiermiso de la Reina Isabel II. 

•'* Viaje, cit. en el 1 . H. 

- 382 - 


Arquitectura civil española 



264. — Madrid. Monumento a Fei ipe IV. 


b'oi. Lauieiit. 


383 


V. Lampérez y Romea 



2(>5. ISuRGOs. Monumento en el solar del Cid. Fot . VndHio . 


384 


Arquitectura civil española 


Alguna otra estatua (regia, naturalmente), puede señalarse entre 
este tipo de monumentos: por ejemplo, la de Cavíos III, en Burgos, 
elevada en 1784 por iniciativa del rico industrial Don Antonio Tomé, 
obra del académico Don Alfonso Bergaz, fundida por Don Domingo 
Urquiza'. Consiste en nn basamento de peldaños, un pedestal «clá- 
sico», y la estatua, de pie, excesivamente movida. Cualquiera que sea 
el mérito artístico del monumento, tiene el de ser el único que l'Aitaña 
ha elevado en honor de un Rey, a quien tanto debe. 

Los monumentos conmemorativos. Prueba expresiva de lo cpie se 
dijo en las generalidades sobre la gran pobreza de los monumentos, 
propiamente tales, en la época que aquí se reseña, es la escasez y 
humildad de los conmemorativos. Pom])osas inscripciones no faltan en 
las ciudades; pero hay que rastrear curiosamente para encontrar monu- 
mentos de aquel destino, y aun encontrados, ¡qué mal se compaginan 
con el aparato en otras obras desplegado! Veamos, como prueba, dos 
ejemplares. 

El monumento a la Cruz de Sobrarbe, cerca de Ainsa ( Huesca ), es un 
pequeño temj)lete con zócalo circular, ocho columnas toscanas, entabla- 
miento y cubierta piramidal, (pie cobijan una representación jiétrea y con- 
vencional del árbol y de la cruz históricas, y un altar. El monumento había 
sido erigido en el siglo XVH; una tempestad lo destruyó en 1765, y 
Carlos ni mandó la inmediata reedificación en forma análoga a la cpie 
tuvo, pero más reducido C En realidad, la forma del monumento 
es la de un humilladero de la éjioca. 

El monumento del solar del Cid, en Burgos. Modestísimo testimonio 
de un ])iadoso recuerdo a la memoria del héroe castellano, es este hacina- 
miento de unas cuantas piedras, (]ue se jiretende fueron de la Casa del 
Cid, situada, no muy seguramente, en las afueras de la ciudad, hacia la 
parte de San Martín. Con ellas se hizo un basamento; encima se levantaron 
dos obeliscos con sendos escudos (el de Burgos y el de los Rodrigo Díazj ?]) 
entre los (pie una inscri])ción dice: «En este sitio estma) la casa, y nació 
el año loob, Rodrigo Díaz de Vivar, llamado el Cid Camjieador. Murió 
en Valenria, en 1099, y fué trasladado su cuei})o al Monasterio de San 
lAdro de Cardeña, cerca desta ciudad. La cpie jiara per])etua memoria 
de tan esclarecido solar de un hijo suyo y héroe burgalés, erigió sobre las 
antiguas ruinas este monumento el año 1784, reinando Carlos 111 ». 
Proyectó la obra el arcpiitecto Don Manuel Campillo, y se acabó en 
1791. JH coste fué de 3.970 reales, j Poco dinero ]>ara tan grande ])ersonaje! 

Ejemplo de la unificación de dos objetos, y netamente tíj)ico, ])or 
lo tanto, en su género, es el (]ue la Corte conseixai felizmente, salvado 

' .\lbakellos; Efemérides... cit. en el I. B. 

- López (S.) : Historia de Harbasfro... cit. en el I. B. 


25 


385 


266. — M.vdkid. Puerta de Alcalá. Fot . Lacoste . 


V. L a m p é r e z y Romea 



lS6 


Arquitectura civil española 


de la racha destructora que derribó las puertas de Atocha y Recoletos, 
y, muy recientemente, la hermosa de San Vicente. La de Alcalá tuvo dos 
antecesoras que sucesivamcute ocujtaron lugares jtróximos al de la ac- 
tual b La Villa de Madrid la ideó para conmemorar la entrada de Car- 
los III el 13 de julio de 1760, colocándola en la cerca (|ue limitalra la 
Corte, y en la entrada del camino de Aragón. \i\ proyecto lo trazó 
I). Francisco Sabatini; las estatuas y relieves los labraron 1 ). b'RAN- 
cisco Gutiérrez y Don Roberto Michel. La inscrij^ción con- 
memorativa dice: «Rege Carolo III anno MDCCLXXVGIl». Com])ónese 
de un arco central, flanqueado por otros, más irnos huecos cuadraugulares : 
columnas jónicas y un ático. Xoble y grandiosa, (juizá un poco pesada 
de masas, la obra de Sabatini merece los elogios que siempre se le tributa- 
ron, aunque fuera de alabar mayor dominio de las dimensiones del arco 
central sobre los laterales. Tal como es, refleja bien un pensamiento 
y una época. Conservada Iioy, ya sin efecto útil, se ostenta como lo (pie 
realmente fue: uu arco de triunfo. 

Los grandes conjuntos nioniimeidalcs. Futre los (]ue, como (jurda 
dicho, retratan una concepción tan característica de la Irspaña de 
Carlos III, es el más interesante y grandioso el del Prado de Madrid. 

hhi la jiarte oriental de la Corte, limitándolo, había, j)or natural dis- 
posición topográfica, una (kqiresióu o barranco, en la dirección casi 
meridiana de Xorte a Sur, ])or cuyo tah'er corrían las aguas buscando 
la salida al Manzanares. vSoleado en imáerno, y de húmenla frescura en 
verano, hubo de ser natural paseo de los madrileños, los cuales, ya al 
finalizar el siglo XVI, algo habían modificado y adicionado a la naturaleza 
jiara hacer de aquel valle un lugar ameno, relativamente. Cuantío L(')PEZ 
DE Hoyos ( 1569), el anónimo del Ifscorial (1594) que cita en su (¡nía 
Fern.ández de los Ríos, y otros autores, lo descrilien, tenía dos calles 
de álamos en la jiarte llamada «Ih'ado de San Jerónimo>> (entre Alcalá y 
la Carrera:, y una en el resto (entre la Carrera y la hoy Puerta de Atocha), 
bordeadas ])or huertas y por uu cauce al descubierto, fangoso e infecto. 
Cinco fuentes y un abrevadero, con jiilont'S de jiit'dra berro([ueña, le 
daban frescura: una de ellas tenía como surtidores un delfín y una cuk'bra ; 
otra echaba el agua, «como si lloviera», por cincuenta caños, lín la segunda 

’ Para recil)ir a la Reina Doña .Margarita, esposa de Felipe 111, .se levantó, en I5e)g, 
un arco de triunfo, de jriedra berrf>(|ueña, con torrecillas en los lados y colosales estatuas. 
¿Por ([ué causa tan sólida fábrica fué derribada a poco, ])iiesto que en ió',() se hizo otra, 
al decir de un autor, que la descrilre como de ladrillo, con tres huecos y otro sobre el central, 
y en él la imagen de laYirgen? Fu el plano deTrxEiRA hay dibujada una ])uerta, que ])or 
la fecha es esa misma, tístá situada, no donde la actual, sino pró.ximamente entre las 
modernas calles de la Concordia v de la Reina Mercedes, líl dibujo conviene con a(iuella 
descripción, añadidas dos torres laterales, con cupulines. Yéanse, sobre i’stas puertas, 
las obras de .\m.\dor uk i.os Ríos y R.U).\ v Delo.ido {Ilisluria de tu \'iUa y Corte de 
Madrid), y de í.v.ARi z 'i' P>.\en.\ (Compendio...) citadas en el 1. P. 


25 ' 


387 


L a m p é r e z y Romea 


mitad del siglo XVII, el plano de Teixeira (1656) representa bien todo 
esto. El Prado de San Jerónimo es el ancho, con dos grandes avenidas 
entre arboledas (])or una de las cuales corre el arroyo) y diez fuentes de 
nn tipo común (dos tazas y nn surtidor); el Prado de los Recoletos no 
aparece más (jiie con una alameda ; el prado de Atocha comienza con un 
puente sobre el arroyo, la «torreta» para la música (pie amenizaba el 
paseo, y la fuente «del caño dorado» (donde hoy la de Neptimo, próxi- 
mamente), y sigue en nn camino bordeado jior el cauce, sin la arboleda de 
(pie tratan a([uellos autores. Tal era el lugar cpie nuestros escritores del 
siglo XVII consideraban como amenísimo, y la sociedad encojietada de 
la Corte, como escenario de fiestas, «mas» y jolgorios de toda especie. 

A nuevos tiempos, nuevas costumbres. Carlos III y el Conde de Aramia 
comj)rendieron el gran partido (pie podían obtener de aipiella avenida, 
larga de más de media legua, jiara el emplazamiento de nn gran paseo; 
y confiando la obra a 1). José Hermosilla y a I). Ventura Rodríguez, 
comenzó la enorme de encaiizaniiento y cubrición del arroyo, terraple- 
nado y desmontado de terrenos, regularización de alineaciones y rasantes, 
y ensanchamiento del paseo, con edificios, jiórticos, verjas y fuentes. 
Comenzó en 1775 con la construcción de la gran cloaca; en 1782 aun se 
trabajaba en las fuentes. Corta fecha, en verdad, la de siete años, para 
tan gran empresa. 

Filé base de la composición monumental nn salón (400 x 55 metros 
})róximamente), entre dos grandes plazas semicirculares, con sendos 
])aseos de carruajes a los lados. En el centro, y en las plazas, se emplazaron 
fuentes monumentales, conpinestas con un plan general: en el centro, la 
de A])olo y las Musas, de traza longitudinal hacia ambos lados; en las 
plazas, las de Cibeles y Neptimo, mirando respectivamente hacia el centro, 
h'rente a éste, y jiaramentando el elevado cerro (pie entonces había, se 
edificaría nn jieristilo o jiórtico con galerías para jiaseo cubierto, salones 
para «botillería» y recreos, y terraza para la misma. El conjunto hubiera 
sido magnífico; jiero desglosado el peristilo o pórtico, con sus jiartes adya- 
centes (j)royectado por Rodríguez en 1777 y modificado en 1783 h 
])or ]>recisar la autorización del Consejo de Castilla, surgieron, sin duda, 
dificultades (pie inpiidieron sii realización, y sólo se ejecutó el salón y 
sus fuentes C 


' Dcitris suministrados ])or el arcliivero municipal Sr. Socí.\s. 

- Se consignan en todas las (iuías los autores de estos edificios. El «pcírtico» (único 
hecho) y las fuentes, bancos, etc., son de I). ^^E^'TUR.\ Rodríguez; las estatuas de Ajiolo 
y las Musas, de 1 ). M.vnuel Álvarez: la Cibeles, de I). Francesco Gutiérrez: los leones, 
del). Roberto Michel; Neptimo, del), Juan Pascu.u, de Mena; las figuras de las fuen- 
tes de la Alcachofa, de I). Alfonso ]->ergaz. í.a fuente de Cibeles se hizo jiara uso de 
aguadores y vecinos, y sirviií para ello hasta 1842: la de Neptimo daba el agua para regar 
el Prado. La de .'\]iolo se liluó del utilitarismo. 

- 38S -- 


A r c| u i t c c 1 11 r a civil española 


Jü cual filé des])ucs ]:>rolongado en ambos sentidos opuestos, hacién- 
dose los paseos de «Recoletos» hacia el Norte, y el del «llotánico» hacia 
el Sur, con })lazoletas y fuentes, es))ceialmente en éste (las cuatro fuentes, 
la tle la Alcachofa). Bancos y balaustradas, árboles y farolas, completa- 
ban la idea. 

¡Aun goza Madrid del pensamiento del Conde de Aramia! La a\'cnida 
del Prado, prolongada des])iiés ])or la Castellana, sirvié) de eje a la más 
hermosa cáa de la Corte, digna hoy de j)arangonarse con cnalcpiiera de 
las más notables de Europa. Y fuéralo más, si a su creación hubiéranse 
im])uesto ciertas ser\ádumbres, entonces ])osibles, en las edificaciones 
privadas de los costados. 


iPPPIiippippM 


) 

i 


I. f:i)ifici()s de ui ieidad 
PÚ BLIC/V 


t 






207- — Mojón de la 
Media legua, ('arre - 

II'RA DE AdANERO A 
GlJüX. Fút. de X 


l’UEHTAS J) K 


CIUDADES 


(tENKRALIDADES 


No piidicndo existir, hasta imiy entrado el siglo XVI, las eiudades 
abiertas, la muralla es indisjiensable; jiero ésta ]le\ai consigo, inelu- 
diblemente, la puerta. Es, por lo tanto, nn elemento de pura utilidad, 
cuyo carácter se aumenta ])or la obligada necesidad defensiva, (¡ne hace 
añadir, al vano abierto en el muro, las torres llainpieadas, los adarves, 
las almenas y demás medios disjniestos ])or la ciencia militar d(' cada 
época. Por todo ello, las jmertas de las ciudades no son, en geni'ral, cons- 
trucciones de \’alor monumental ; mas en algunas, laagnipación de cuerpos 
por una jiarte, y ])or otra la jiiedad o el deseo innato (m el homlire de em- 
bellecer todas sus obras, liaam (ine las puertas ad(|uieran, acaso sin 
])retenderlo , imixirtancia an|nitectónica , basta alcanzar en ciertas 
é])ocas, y en algunos ejemjilares, categoría de \'erdader()S arcos de triunlo. 
Séilo flesde ese jmnto de vista monnmental fiemen aquí cabida, excluyendo 
el militar, (|ue únicamente será mentado im ocasiones contadas y por 
circunstancias especiales, sin pretcnsión ningnua d(' estudio eastramental. 


393 


1 CIVILIZACION niSLANO-ROMANA 


(SIGU.)S 1 AL IV) 

Las entradas a las ciudades liis]Lino-roiiianas debieron })ertenecer 
a \arios tipos. Por algunos ejemplares nmv incoiu])letos ([ue se con- 
seiA’an, se conoce el más usual, cuya disposición era un hueco entre dos 
torres ílau(|ueautes, y encima una galería o adaiA’e (jne las unía l ej. Bar- 
celona, Lugo, Carmona). Otro tij)o debió haber, con dos huecos gemelos, 
muy lógico y razonado, para establecer con comodidad la doble circu- 
lación de entrada y salida. Autorizan esta creencia el ser forma nuiy 
usada por los romanos de las (lalias (ej. Aiitum) y el conseiA’arse algunos 
eieiu|)lares de éjiocas inmediatamente ])osteriores, como veremos en se- 
guida, indicadoras de una tradición. En cuanto a la decoración arípii- 
tectónica, jiarece (|ue, en algunas, debió ser muy análoga a la de los arcos 
ti'innfales cpie se conservan (Bará, Medinaceli, Martorell). 

De las más Aáarcelona y Lugo princij)almente) sólo (|uedau las 
torres ílanqueantes, alteradas: poco o nada de la parte intermedia. 
1 )e la ([ue después se llamó «de la villa», en Merida, queda la noticia de un 
resto, hoy enterrado, consistente, en parte, de «dos dinteles de piedra de 
sillería, llevando, adosadas a ellos, fragmentos de grandes fustes graní- 
ticos, de su})erficies estriadas»’. 

Ejemjdar insigne, avalorado por su misma rareza, es la puerta llamada 
de Sevilla, en Carmona (Sevilla). Tal como hoy se halla, es una imj)onente 
construcción romano-árabe, (}ue se alza en el recinto murado de la ciudad, 
contiguo al alcázar. Saliendo hacia el cauq)o, se encuentra nn primer 
])aso, cubierto con bóveda de medio cañón, en cuyas dos bocas hay 
sendas puertas de arco semicircular, con archivolta c inq»ostilla. Se 
halla des])ués nn patio de defensa trapezoidal, cuyo muro de la derecha 
(([ue es el del alcázar) tiene a])arejo almohadillado, con sillares de 1,30 
de largo |)or 0,50 de alto. Se entra des])ués en nn segundo y largo paso, 
abovedado con medio cañón, con una jañinera jnierta de arco de medio 
punto, idéntica a la frontera del patio, romana como ésta, con una se- 
gunda (|ue contiene el peine en medio, y una tercera, de arco de medio 
plinto. Avanzado sobre ésta, formando el frente, jior la jiarte del camjio, 
hay un arco de ojiva tñmida, (pie sostiene una serie de ladroneras, 3’ una 
más en lo alto, volada sobre el paramento. 

’ Mací.as: Má'iítd Munumcnlal y Arlística, cit. en el I. JL, pág. 30. 


394 


Arquitectura civil 


española 



395 


2GS,--Carmoxa (Sfa'illa). Puerta de Seviila. Planta. 


V. L a m p é r e z j’ R o m e a 


Cumo se coiiij)reiide por la descripción, 
parte romana, (pie es la del primer jiaso, el 



269. — CaRMONA (SkVILI.A). J^TERIA DE SeVILI.A. 

Bousor. 


hay en el monumento una 
])atio, y la jirimera ])iierta 
del segundo paso: y en 
éste se \'erifica la comjiene- 
tración de lo romano con 
lo árabe. Son jiertinentes 
\'arias observaciones sobre 
la parte romana de este 
estupendo monumento. El 
mnro almohadillado del 
])atio tiénese por una de 
las más antiguas construc- 
ciones romanas de España, 
contem])oránea acaso de la 
segunda guerra púnica 
(siglo 111 antes de J. C.) 
Eos pasos y puertas ro- 
manas son muy posteriores ; 
acaso de los días de Tra- 
janob J.a disposición de 
éstos prueba el uso, en la 
ciencia castramental roma- 
na, del patio intermedio de 
defensa, defendido por las 
murallas laterales : sistema 
(pie prosigue en toda la 
Edad Media, y cuyo iiltimo 
ejemplar, ya del siglo XVI, 
tenemos en la Puerta 
Bisagra de Toledo. 


2°. -CIVILIZACIOX CKISTIAXA; LA ALTA EDAD MEDIA 

(SIGLOS \’ .\I. XI) 

3°.- LA BAJA IfDAD MEDIA V LIE PRIXCIPIO DE LA MODERNA 

(SKU.OS XII .\ l..\ PRIMERA MITAD DIA. XVII) 

En el ])eríodo \'isig()do, las disposiciones tradicionales romanas sub- 
sistieron. Lo jirueban dos ejemjilares conservados, si no monumentales, 
muy interesantes ])or su rareza. 

' Datos suministrados por el ilustre aiapieólogo D. Jorge Bonsok, a quien se deben, 
romo es sal)ido, los descul)rimieutos y estudif)s, sin ]>ar en Enrojia, de las X^ee'rópolis de 
Óannona. 

— — 



Arquitectura civil española 


En Mévida, en el interior de un corral, hay una construcción seini- 
arruinada, con dos huecos gemelos al modo romano, con arco de herra- 
dura, de traza visiblemente visigoda. Un moderno analizador de los 
monumentos emeritenses' ha demostrado cjue esta ruina está en la 
línea que ocupó el antiguo recinto murado de la ciudad. 

La puerta de Sevilla, en Córdoba, es más importante. Pertenece al 
mismo tipo de entradas gemelas y arcos de herradura. Los jtaramentos 
de los muros son de sillares almohadillados. Las dos torres de flamjueo 
: acaso reformadas), estaban unidas })or un adarve, (pie hoy falta. Los 



270.' -CÓRDOB.V. PCEIMA DK SkVII.L.X. /•'<)/. ¡.,1 ni péne. 


elementos arquitectónicos hacen difícil clasificar fijamente la puerta 
en cuestión; eruditos aripieólogos la consideran como xásigoda. 

Puede ser de la misma éjioca, o romana, conseiuaida, la puerta del 
puente, en Córdoba, de cpie tenemos noticias muy sucintas. Ln el relato 
de la compiista de líspaña })or los árabes, hecho por Ajiuak ALvchitma-, 
se cuenta (pie Moghit y sus trojias, llegados frente a acpiella ciudad, fiu'ron 
informados })or un pastor de (pie había una brecha en la muralla, «encima 
de la Puerta de las Estatuas». El nombrt' indica una puerta con cierto 
carácter monumental. 


' M.-\cí.\s, ol). cit. en el I. I!. 

- Citado }ior Dozv: luvcstipaciniies, rit. en el I. P>.. turno I, pág. ()4- 


,t97 


V. Lampérez }' Romea 


Del período siguiente al visigodo (siglos VIII al XI), no conozco 
puerta ninguna existente en España, ni noticias descriptivas. Conjeturo 
c]ue en esta ruda época, imponiéndose la necesidad defensiva, no tendrían 
ningún carácter monumental ni artístico. 

Perdida en ese j)eríodo, a lo que puede creerse, toda idea de monu- 
mentalidad en las puertas, las del siguiente, ya en la Baja Edad Media 
ísiglos XII), son robustas, fuertes, j)oco artísticas. Su disposiciém general 
es la romana: el hueco flan(|ueado jior dos torres salientes, (pie se comuni- 
can por un adarve. Ea puerta (una sola) suele ser peijueña; las defensas 
se aumenfan; las forres avanzan mucho para esfablecer un largo jiaso, 
difícil de salvar a los asalf antes; los adarves tienen garitones sobre mata- 
canes; el ingreso es enfilado, o sea directo: los cierres, generalmente fo- 
i rados, se duplican, siendo uno de peine (con mo\ámento vertical), y otro, 
de hojas, con trancas interiores. Si estas puertas carecen de detalles artís- 
ticos, su masa y sus elementos defensi\x)s les dan aspectos monumentales b 

Zamora, Avila, y algunas otras ciudades esjiañolas, conservan puertas 
de este período y de este tipo. Sin duda las más notables son las del 
Alcázar y la de San ]^ieentc, en Avila. Pertenecen al amurallamiento 
general de la ciudad, obra de Raimundo de Borgoña. Tiene salientes 
torres cilindricas de flampieo, unidas a gran altura j)or jiuentes de comnni- 
caciém, (pie harían, al ])ar, de puntos de ataípie vertical a los asaltantes. 
El conjunto es nido e imjionente. 

Desde el siglo XI V(, las jniertas se hacen más amplias, pero más y 
más defendidas, y, al ]iar, comienzan a ser decoradas. La disposiciiín 
conserva las torres laterales de defensa del hueco ; éste se hace mayor ; 
los elementos defensivos superiores se aumentan, y el interior de las 
torres es ya liahitahle. Los cierres, dobles, están muy separados, con lo 
<pie entre ambos se forma un portal mny defendido })or medios superiores 
y laterales (ej. la de Serranos, en Wnlencia). Otro tipo consiste en edificar 
dos puertas, en el sentido del ingreso, uniéndolas lateralmente por cuerpos 
o murallas con adarve, con lo ([ue entre ellas (pieda un patio. Son ver- 
daderos castillos avanzados (ej. la Bisagra moderna, en Toledo'). La 
parte artística consiste en escudos, tracerías, estatuas, lápidas conmemo- 
rativas. Con ellas, las formas poligonales de las torres y los adarves 
avanzados, las escaragnaítas, las almenas, etc., etc., las puertas toman 
verdadero carácter monumental. 

Desde que se establece la doble puerta en el sentido del ingreso, se 
ven ado])tados dos sistemas: o el de enfilada, cristiano, en (pie ambas 
están afrontadas, o el de recodo, oriental, en (pie cada una está en un 

' Algunas ¡mriias, más sencillas, carta'cn (U‘ torres llan([neantes. Un adarve con 
matacanes, hasta. 

^ - 


Arquitectura civil española 

eje distinto, necesitándose trasponer, de una a otra, nn paso en forma 
de codo, con objeto de dificultar el acceso. Atjnél es casi general a las 
ciudades y recintos góticos (ej. monastcvio de Pohiet), éste, a las mahome- 
tanas (ej. la Jiidiciarin de ¡a Alhamhra, las de Niebla y la del Alcázar de 
Badajoz). 

El mejor ejemplar, el más completo y monumental de puerta ciu- 
dadana, es la de Serranos, en }^alcncia, con las circunstancias, (pie la 
avaloran, de conservarse en perfecto estado y tener liistoria documentada 
y conocida. Trátase de un monumento (pie, a su obligado oficio militar, 
reunía el de ser el magno ingreso a la ciudad, en el (pie los Concejos 



271. Avila. I’ukkta de San \'iriiNrE. 

/■'ii/. I.aiiiriil. 


recibían a los Reyes y comenzaban los festejos jiúblicos; de a(]uí la 
importancia monumental (pie se le dió. Ihi ij()2, los Jurados de la 
ciudad encargaron al Maestro IhiDiU) BalA(;uer el \isitar las más no- 
tables jmertas de ciudades y de recintos de Cataluña, efectuado lo cual, 
el 6 de abril de I3()2, comeuzaroii los trabajos. La obra, fioy aislada, 
constituía un fuerte reducto unido a la muralla, con un foso defensi\’o. 
Se compone de dos torres ])oligonales' y un cuerpo intc'rmedio ; acpiéllas, 
divididas en dos pisos, están embo\’edadas (crucerías); el cuerpo tm’o 
abajo peine y juiertas, y un hueco sobre el rastrillo (buhedei'a), jiara su 
defensa; y arriba, terrazas con escaleras de acceso a los adarves y tones, 
Lor el lado del río (exterior) decoran la pmata los ('sendos de la ciudad-, 

' Díce.se ([ue esta forma i's de tradirii'm mahometana. 

- Labrados por Enkique .\i,km.\n (Vid. (d esln<lio del Sr. Sim.vncas, eit. en el I. I!.). 

.V)n 


V 


. Lampérez y 


Romea 



400 


Arquitéctura civil española 



una arquería ciega (evidente traducción de las que ostentan las puertas 
mudé] ares, como la del Sol, de Toledo), y los remates de las almenas, que 
fueron (antes de la restauración de 1893) coronas condales estilizadas. 
Por el lado de la ciudad, el cuerpo intermedio está al descubierto, según 
un sistema llamado en fortificación «abierto por la gola» y del que en 
España no hay más que este ejemplar, bina amplia escalera exterior 

(acaso añadida) da acceso 
al cuerpo intermedio. La 
obra es magnífica por su 
conjunto y sus detalles, v 
j)or ello, y por su valor po- 
liorcético, es un ejemjílar 
típico y sobresaliente (figu- 
ras 71 a 74). 


Madrigal de las Altas 
Torres (A\ála) conseiA^a, en 
su rara muralla circular, 
273.— \-.u.ENciA. PUHKIA DE CuARTE. muy uotablcs puertas. La 

(]ue a(juí se reproduce, 
de arco apuntado (jue un 
adarve defiende, es interesante j)oi‘ el sistema de torres de defensa, 
asimétricas, y una, poligonal y avanzadísima. Como todas las obras 
militares de esta región castellana, es de ladrillo v hormigón, v tiene de- 
talles que la filian como semi-mudéjar. 

Al «Renacimiento» j)ertenece, por la fecha de su construcción (1550', 
j)ero a época anterior por su as]>ecto, la puerta de Sau Set)astiáii, en 
Medina de Rioscco (á’alladolid). Su fábrica almenada, común v corriente*. 


Ta puerta de Citarte, 
en la misma ciudad, es del 
mismo conjunto, aunque 
más sencilla. Ta de Daroca, 
(Zaragoza) se abre entre 
dos torres cuadradas, y so- 
bre un arco con una gale- 
ría. La de Alcudia (Balea- 
res) es, con análoga com- 
posición, más sencilla. To- 
das son del siglo XV. 


1 Por ser ajeno a mi propePito. sólo cabe aquí lo dicho solire esta (li^]iosici6n, <]ue 
se razona ])oi' descraríianzas hacia los ocrqiantcs qiuc si se hacían fuertes en ella', j'iodían 
ser batidos desde la ciudad. 


26 


401 


274- — Daroca (Zaragoza). í^ueria baja. Fot . Mas , 


V. Lampérez y Romea 



40: 


Arquitectura civil española 



62 * 


403 


275.— Madrigal de las Altas Torres (Ávila). Puerta de la Muralla (interior). Moreno , 


V. Lampérez y Romea 


no merecería nota especial a no ser por la disposición de los huecos de in- 
greso, que son dos, como en las romanas y visigodas que se citaron. 
Raro caso de atavismo, si no es final de una serie cuyos ejemplares 
intermedios desconocemos. 


Ingreso doble es también, 
pero a posteriori, el grupo de 
las dos puertas de Jaén, en 
Baeza (Jaén). La una es la 
antigua entrada; la otra 
tiene categoría de arco de 
triunfo conmemorativo del 
de Villalar. Porque habiendo 
sido los baezanos grandes 
partidarios de las Comuni- 
dades, al vencimiento de és- 
tas, el Concejo de la ciudad 
levantó esa j)uerta, en acto 
de desagravio*. Las armas 
del Emperador triunfan sobre 
el apuntado arco, que rema- 
tan almenas puramente deco- 
rativas (fig. 69). 

Otra rama de las puertas 
de ciudad con aspecto monu- 
mental, en la Baja Edad 
IMedia, es la de las perte- 
necientes, como estilo, al 
mudéjar. Será obvio sentar 
que corresponde al tipo de- 
fensivo ; mas este carácter no 
excluye que, en algunas, se 
haya adicionado el artístico, 
bien deliberadamente (ej. la 
del Sol, en Toledo:, bien fortuitamente por el transcurso del tiempo 
y de la historia (ej. San Esteban, en Burgos). 



2yb.- 


Tolf.do. Puerta del Sol. Plantas. 

Dibujo de Tova!. 


La puerta del Sol, en Toledo, es, dentro de las mudéjares, la más bella 
y monumental de Esiiaña. ó' además, admirablemente restaurada, se 
conserva en un estado de integridad asombroso. Su historia es desconocida: 

* «D. Ta)pe de Sosa»: Jaén, 1014-15 (pág. 2S1). 


404 


Arquitectura civil española 

SU nombre originario, «puerta baja de la herreria», no suena antes del 
siglo XIV; el del «Sol», en el XVIII. Por ese silencio, y por sns rasgos 
arqueológicos, se la clasifica hoy como obra mudéjar, erigida acaso en 
los días del arzobispo Don Pedro Tenorio ; mas la opinión es moderna, 
V no unánime, pues Girault de Prangey la tuvo por mahometana pura, 
del siglo V de la Regirá; IMariategui la clasificó como del XII; y el 
Vizconde de Palazuelos la determinó, dentro de éste, como del reinado 
de Alfonso VIL 

Era el ingreso al recinto par- 
ticular de la Almedina. Como 
sistema dispositivo, corresponde 
al musulmán de enfilada en nn 
torreón, defendido de flanco por 
una parte del recinto C Fné 
construida como adición de nn 
torreón cuadrado de la cerca 
general, que quedó encerrado en 
ella. La planta es alargada, con 
terminación en semicírculo. En 
el ingreso, en enfilada, hubo una 
buhedera : nna puerta y un peine, 
y encima nn recinto con diver- 
sas salidas a tres ladroneras o 
garitones y a la terraza , con 
adarves almenados. La obra , 
de cantería, mampostería y 
ladrillo, es nna verdadera jo- 
ya artística. Igualando en ello 
a las mahometanas (como la 
Bih-Sahla), tiene un gran arco, 
sobre columnas, avanzando sobre el wrdadero de la ]uierta; acpiel, 
túmido apuntado, y éste, de herradura. Encuadrándolo, se forma la ca- 
racterística composición de las portadas mudéjares; dos altos elementos 
verticales, terminados en zapatones salientes que tlejan campo a una 
bellísima doble aiapiería ciega. Las ladroneras, ventanitas y almenas, 
ayudan al efecto de animación y claro-oscnro que el monumento 
atesora. Curiosísimas son, y dignas de estudio, las bóvedas de ladrillo 
que, en diversas combinaciones, cid»ren las escalerillas, ])asos y \’entanas; 

^ El Sr. González Simancas cree cpie pudo ser una torre alharrana (avanzada), 
sin más comunicación con el recinto murado que puentes c> pasos svilUerráneos. 

— 405 — 



277. — Toledo. Tuerta del Sol. 

Fot. Luuyeut. 


V. Lampérez y Romea 


y, como detalles parciales^ unos relieves en ella empotrados : uno, posible- 
mente de un sepulcro del siglo IV ; otro (un medallón de San Ildefonso), 
gótico del XV. 

Análoga, aunque más sencilla y menos artística, es la puerta de 
Toledo, en Ciudad Real. Los elementos componentes lo expresan los 
adjuntos grabados. Su estilo es gótico mudéjar Los datos históricos son 
estos: erigióla Alfonso XI, en 1328, según dice una inscripción en ella 



278. — ( lUDAD Real. Puerta de Toledo. Planta. 

Plano de T. Sánchez. 


colocada, aunque por el dato de que el Rey Sabio, eu 1262, mandaba 
construir las murallas, jtuede creerse algo anterior, no obstante lo escrito 
en aquella epigrafía P 

La puerta de San Esteban, en Burgos, es otro buen ejemplar, de tipo 
distinto al de la toledana. Hacia el exterior avanza el cuerpo del ingreso 
sobre los torreones flanqueantes, al contrario de lo que es general. Se 
destacan éstos hacia el interior, cual si estuviesen preparados para un 
ataque de los propios borgaleses. L 1 ingreso, recto, quedaba defendido 
por el peine y la puerta, y el aproche por el frente, por una galería que 
la corona, y (jue, seguramente, tuvo encima adarve con almenas. El 

1 Fernández Casanov.l (Adolfo): Inlornie para la declaración de Monumento 
Nacional-, Ramírez de Arellano (Rafael): Ciudad Real .[rtística, etc., etc. 


406 — 


Arquitectura civil española 



407 


270. --Ciudad Real. Puerta de Toledo. F.-\chada y sección. Pianos de '¡'. Sánchez . 


Burgos. Puerta de San Esteb.\.n. Fot . 


V. Lampérez y Romea 



-- 40S — 


Arquitectura civil española 



409 


281.— Toledo. Puerta Bisagra (nueva). fot. Lacoste. 


V. Lampérez y Romea 


arco de herradura semicircular de la puerta, le da aspecto de gran anti- 
güedad; quizá en el siglo XIII esté la fecha de su erección. 

Pasados, desde el siglo XVI, los tiempos de luchas constantes, las 
puertas ciudadanas van transformándose de defensivas en decorativas, 
con ostentaciones monumentales que cuentan las grandezas de la ciudad, 
y sus gestas heroicas, con la bella Arquitectura del «Renacimiento». 
Algunas, pertenecientes a la primera mitad del siglo, conservan aún 
mucho de la disposición 3’ asj)ecto guerreros (ej. la Bisagra nueva, de 



282. — Toledo. Pueria Bisagr.a (nueva). 

Planta. Croquis del autor. 


Toledo)-, otras atenúan lo militar y aumentan lo decorativo (ej. la de 
Santa María, en Burgos). Después sólo queda lo monumental. 

La puerta nueva de Bisagra, en Toledo, es aún de rudo aspecto. Se 
compone de dos cueiqtos, separados por un patio defensivo. Al exterior 
])rescnta dos recios torreones, entre los (jue se abre el ingreso, con arco 
almohadillado, sobre el que campea colosal y valentísimo escudo Imperial, 
coronado por un frontón, en cuyo vértice se alza el ángel custodio de 
la ciudad. Pásase al patio defensivo, con muros laterales almenados. 
En su testero está la otra puerta, con torreones cuadrados, a los que 


410 


Arquitectura civil española 



2(S3. \’ivi;k() (l.ur,o). 1 ‘ui'KlA. 


/'A/, fmúa. 


4' I 


V. Lampérez y Romea 


linas ventanas civiles y unos chapiteles con tejas policromadas quitan 
todo aspecto militar y antiguo. Siu embargo, el paso, de arco de herra- 
dura, bóvedas y cajas para las hojas y el jieine, indican obra vieja, 
refrentada por otra más moderna'. El monumento, en totalidad, repre- 
senta bien la arquitectura cívico-militar de los días de Carlos V. En 1550, 
lo comenzó el Corregidor Don Pedro de Córdoba. Eo dice la inscripción 
del arco interior: «Iinj). Carolo V Ciesare Aug. Hisp. rege catholico, 
senatus Toletanus Via: Sacra; portam vetustate collapsam instauravit, 
Petro a Córdoba urbis el. j)ra;fecto, anuo salutis MDE»-. En el exterior 
se lee: «Anuo MDE Sereniss Joanna, Carolo, Philippo, Carolo; matre, 
filio, nepote, pronepote, dinturnam rei publiae tranquillitatem pro- 
mittentibus». Del arquitecto, autor del monumento, nada dice la Historia. 

De mayor carácter monumental es la puerta de Santa María , en Burgos. 
Historiada ya en las páginas que en este libro se han destinado a los 
edificios áo Administración y Gol)ierno, y citada en las de los Monumentos, 
sólo resta aquí recordar cpie, acordada la construcción de una portada 
monumental en la torre de Santa María, en 1535-', duraron las obras 
hasta 1540, aunque faltaba colocar las estatuas; y que figuran como 
autores, en colaboración harto confusa, maestre Eelipe VigaraY;, el 
canónigo Castro, Andino, los Colonia, Vallejo y Ochoa. Vaya ahora 
la descripción de esta portada monumental . Compuesta por zonas hori- 
zontales, subdiiádidas a su vez en cuadros, jior columnillas, no es, en 
sustancia, sino un remedo de los retablos de la época. Se separa de ellos, 
naturalmente, en la zona baja, abierta por un gran hueco con arco de 
medio punto; en lo demás, jiarecería bien en una capilla señorial, con 
sólo sustituir las estatuas de los Jueces castellanos por las de los Santos 
predilectos de la familia, y la de Carlos V por la del jiatrón. Arriba, el 
ángel custodio de la ciudad, bajo uu arco avanzado, entre dos garitones; 
y, más alta aún, una cajiillita con la imagen de la Virgen, entre las almenas, 
completa esta monumentalísima y conocidísima concepción cívico- 
militar-religioso-conmemorativa, si extraordinariamente notable desde 
el punto de vista del arte, más, mucho más aún, desde el expresivo de 
esa época de transición entre lo guerrero y caballeresco medioeval, y lo 
ci\ál y pretendidamente clásico del «Renacimiento» (fig. 41 a 44). 

Más modesto el arco o puerta de Vivero (Coruña), se abre en un 
lienzo de muro, ])ara dar ingreso a la población; y si aun tiene algunos 

^ Entre otros estudios, puede consultarse el del Sr. Castaños, cit. en el I. B. 

* Dice OuADRADO {Castilla la Nueva... cit. en el f. B.) que la inscripción contiene 
la inexactitud de suponer que alli hubo otra puerta. La oKservación, ya consignada, de 
que el segundo cuerpo tiene un núcleo antiguo, hace ver la certeza de lo epigraíiado. 

3 Repetidamente se ha escrito que el pensamiento del Concejo íué desagraviar al 
Emperador, por el comportamiento de Burgos en el pleito de las Comunidades. No resulta 
así de las actas. 


412 


Arquitectura civil española 


elementos que, muy inocentemente, quieren recordar las defensas medio- 
evales, no es, en realidad, sino una puerta conmemorativa de algún 
hecho de los tiempos del Emperador, que desconozco, por no haber podido 
obtener interpretación de la epigrafía que una cartela contiene. Su 
estilo, <<plateresco», se señala en la composición que encuadra el escudo 
con el águila bicéfala, en las de los dos escudos locales, y en los medallones 
con bustos de héroes clásicos, que decoran lo alto del muro. 


4 CIVILIZACION MAHOMETANA 

(SIGLOS VIII AL XV) 

Los ejemplares subsistentes presentan variada disposición. Hay 
un grupo de puertas, con torres flanqueantes y con el ingreso en enfilada, 
o directo, según el sistema cristiano; y dentro de él, en unas, las dos 
puertas están seguidas (ej. la de Almocárabe, en Ronda), y en otras, 
separadas por un patio de defensa (ej. la puerta de Elvira, en Granada, 
en su disposición primitiva . Otro grupo es el de la puerta, situada en 
ángulo entrante del recinto, defendido por una torre al costado derecho 
del asaltante’ (ej. la Bisagra antigua, en Toledo). Otro grupo se ca- 
racteriza })or el ingreso en recodo, al modo oriental, ya simjilemente 
abierto en una torre (ej. las de Niebla), ya en un paso largo y com])licado 
(ejemplos la Judiciaria , en la Allianibra ■, la del Alcázar de Badajoz). 

Desde el punto de \ústa decorati\'o, las puertas ciudadanas árabe- 
españolas son sencillas; las más, antiguas; algunas arcadas ciegas, arrabáes 
y zapatas. En las más modernas, hay claves labradas, columnas, y enjutas 
de cerámica. 

Una miniatura del Poema del Cid, manuscrito {procedente del 
[Monasterio de Silos (hov en la «Hisjpanic Society of America»), rejpresenta 
una jpuerta mahometana de ciudad, con arco de herradura, torres cua- 
drangulares flanqueantes, y adarve con almenas v merlones, del tipo 
escalonado. 

Ihitre las existentes aún, son las más notables, desde el {Plinto de 
vista del conjunto monumental, la de Bisagra antigua, cu 'Toledo-, la de 
Sevilla, en Carmona, y la J iidiciana , cu la Alliambra de (iranada. Son 
ejem{)lares de tres é{Pocas v tres estilos: el caliíal, el almohade \' el 
granadino. 

’ K1 Sr. ( 1 ONZ.Ú.EZ SiM.\xc.\s afirma que este sistema es ]iri\'ativn de los mahnme- 
t.inos españoles. (\dd. «La puerta de Serranos, en Td/ZíP/rér», yi\ citado.) 


413 


V. Lampérez y Romea 


La puerta antigua de Bisagra, o de la Campiña (Bib-Sahda), en Toledo, 
está situada en iin recodo de la muralla. No tiene torreones flanqnean- 



284. — Puerta de Ciudad española. 
De un M. S. visigótico. 

Dibujo de Bosch. 


tes; sus defensas están en ella misma, auxiliadas por una torre lateral, 
en el recinto murado. En el estado actual, se compone de un cuerpo 



285. -Toledo. Puerta antigua de Bisagra. 

Fot. Lacostc. 


CLiadrangular que cala, en la parte baja, un ingreso enfilado, con cuatro 
arcos en resalto, uno de los cuales alojaba el peine. Un hueco hacia la 


414 


Arquitectura civil española 



286.— Niebla (Huelva). Puerta y murallas. 


-- 415 


Fot. Cnlle. 


V. Lampéréz y Romea 


derecha, da acceso y salida desde el recinto interior. Encima de estos 
ingresos hay una estancia desde la que se podía defender, por una 
buhedera, la primera puerta, y desde la que se echaba o levantaba el 



287. — Toledo. Puerta Bis.vgka. 
Planta v S e c c i ó n . 

Planos de X. 


]>eine; más arriba tiene una galería de defensa, con ventanas hacia el 
exterior, y, encima, un adarve con almenas y merlones. La fábrica es 
de mam])ostei‘ía, ladrillo y ])iedra granítica. El asjiecto exterior es muy 
movido y artístico; un primer arco de herradura, muv elevado, cobija 


416 


Arquitectura civil española 


otro, sobre el que se abre la buhedera] lateralmente al gran arco hay 
otros dos, túmido-apimtados, sobre columnas de piedra; más alto, las 



288. —Toledo. Puert.\ .\nik,u.\ de P)IS.\(,k.\. J^'.\chad,\ prixcii’.u,. 

Dibujo de Mor.Kuf^ An^ de Esf^ai'i:!. 


ventanas y las alntenas. Por el interior, zona de hts adar\a'S, a distintas 
alturas las puertas y ventanas con arvnbáes, v las lilas de ukí'Ioiu'S, 
dan un conjunto muv |>intoresco. 


27 


417 




V. Lampérez y Romea 



289.- Gkanada. La Ai.hambka. Puerta Judiciaria. 


— 418 — 


Fot. Lanreut. 


Arquitectura civil española 



2QO— Toledo. Puerta Bisagra. 


Fot. Cliiih i III. 


27 


419 


V. Lampérez y Romea 


No son de este lugar los problemas militares que la puerta Bisagra 
plantea; sólo cabe el de la cronología. En este sentido, es un enigma 
arqueológico. Sillares romanos en el basamento, un arco de herradura 



2C)I.- C.XRMOXA (SeVILL.A). PueRT.\ DE SeVILL.A. 

Fot. Bonsor. 


semicircular, columnas v dinteles de tipo cordobés, todo ello del siglo 
XI , al })arecer; aiaiihllos tnmido-apuntados, ju'obablcmente del XIII; 
aspilleras y merlones, ann más modernos; tales son los elementos 


420 


Arquitectura civil española 


principales. ¿A qué época pertenece, jnies, la })uerta Bisagra? La opinión 
hoy más acreditada, es la de que el núcleo constructivo fue obra del 
siglo XI, mahometana por lo tanto; y en los XII y XIII, restaurada y 
laterada, en los arquillos y partes laterales, y nuevamente, en el XIV, 
al (jue pertenecen los adarves. En resumen: es un monumento mahome- 
tano-español, con adiciones mudé] ares. 

La puerta de Sevilla, en Carmona (Sevilla), cuya jtarte romana ya 
ha sido tratada en páginas anteriores, es un imponente monumento, 
no por los detalles decorativos, de que carece, sino j)or la grandiosidad 
del conjunto. Tiénese por obra almohade, del siglo XI 1. Delante de la 
puerta romana añadieron los mahometanos un largo cuerpo, abierto 
abajo por un paso abovedado, con tres arcos resaltados, })ara la j)iierta 
y el peine. Al exterior hay un gran arco túmido-apuntado, cuyas dovelas 
tienen redientes; entre él y el primero de a(]uéllos, nna buhedera superior 
defendía el paso, ya ])rotegido j)or el frente por nna ladronera avanzada 
sobre ménsulas, curiosamente decorada con almenas ciegas escalonadas. 
IXta puerta, semi-romana y semi-árabe, con el inq)onente alcázar 
inmediato, es un insigne monnmento de la ar(]uitectura cívico-militar 
mahometana. 

La puerta J udiciaria, en el recinto de la xúlhambra de Granada, 
es la más rica y decorativa de sus similares, en el arte mahometano 
español. Como disposición, engloba varias de las citadas. 'I'iene, en 
efecto, una })rimera puerta, tras la cual se extiende nn esj)acio des- 
cubierto, o })atio defensivo; después un largo jxiso con dos recodos 
abovedados, y, al final, otra puerta. Como elementos decorativos, se 
hacen notar arcos túmido-aj)nntados, columnas y capiteles de ])iedra, 
enjutas de barro cocido y esmaltado, claves de mármol (con la mano 
y la llave simbólicas esculjiidas). Lhia inscrijKión en el segundo dintel 
relata la historia del monnmento: «Mandó construir esta })uerta, lla- 
mada Puerta de la Ley (ayude Dios en ella la Ley del Islam, ya ([ue 
la ha levantado j^ara glorificarle por largo tiem])o), nuestro señor el emir 
de los muslines, el sultán guerrero y justo Al)ul-I lachad) ñ'usul, hijo 
de nuestro señor el sultán guerrero y santo Abul-Walid, ben Nazar; 
premie Dios en el Islam sus acciones jnirificadoias y acepte sus hechos 
de armas. I'ué levantado en el mes Mulud, el engrandecido año 
setecientos cuarenta y nueve’. llágala Dios una j)otencia defensora y 
escríbala entre las acciones buenas e inmortales» (t. i, pág. óoq). 


— 421 - 


1 1348 <le J. ('. 


V. Lampérez y Romea 


5°.— CIVILIZACION MODERNA 

(SEGUNDA IMITAD DEL SKiLO XVI AL XVIII) 

Desde el final del siglo XVI, las antiguas murallas de las ciudades, 
no teniendo razón de ser, fueron aportilladas, vendidas o derribadas. 
Las puertas militares, inútiles en su aparato de cubos, adarves, buhederas 
y merlones, se trausformarou en portadas puramente decorativas. Cierto 
(^ue algunas ciudades fronterizas o costeras vieron rehacerse las murallas, 
en el siglo XVIII, por los sistemas de Vanbam; mas sus ¡mertas conser- 
^■aron aipiel aspecto decorativo. 



— CÓRDOBA. Puerta del Puente. 

Fot. Laiu'ciit. 


Este era muy aparatoso, con composición que (juiere recordar los 
arcos triunfales romanos: un gran hueco en arco o adintelado entre co- 
hnnnas o pilastras; un alto remate; un escudo de armas. Los detalles son 
los (]iie varían : «herrerianos» al finalizar el siglo XVI, «barrocos» en el 
XVI 1, «neo-clásicos» en el XVIII. 

Ejemjilo de portada de ese tijio, en la manera «herreriana», es la 
llamada del Puente, en Córdoba. Grandiosa en su sencillez comjiositiva, 
no desdice del lápiz de Herrera, a quien generalmente se atribuye. 
Es de Orden dórico, con columnas jiareadas y entablamento con tríglifos, 
(pie encuadran un hueco adintelado. Sobre (í‘l hay una cartela, ([ue dice 
escuetamente: «Reinando la Suma Católica magostad del Rey D. Eelijie, 
nuestro señor, segundo de este nombre». Un gran escudo de España 
la remata ; dos relieves, entre las columnas, atenúan la se^"eridad escu- 


422 



Arquitectura c'vil española 



293. — Durango (Vizcaya). Puerta. 


l'nt. <!.Lll\». 


4- j 


V. Lampérez y Romea 


rialcnsc de esta típica puerta ciudadana. Hízose hacia 1517, por trazas 
atribuidas a Fern.vn Ruiz, como lo son a Torkigiano los dos 
relieves. 



2()p— (hxRMON.v (Sevilla). Puerta de Córdoba. 

Fot. de A'. 

Un ]>aso más en el tiempo v en la decadencia de la Arquitectura 
del «Renacimiento» clásico, marca la puerta de_ Córdoba, en Carmona 
(Sevilla), elevada en 1608. 



295.- Madrid. Puert.c de Hierro. Foi. Liado. 

.Más abundante de jiretensiones cpie de aciertos, es plana su compo- 
sición, de un Orden dórico, con columnas jiareadas, y pasado el ático. 


4^4 



Arquitectura civil española 



2fj(). ( ÁinZ. PUEKTA Dli TlKKKA. 


Fot. <h- X. 



V. Lampérez y Romea 



42O 


Arquitectura civil española 


con una inmotivada ventana. Pero, en conjunto, es atendible, pues no 
abundan las puertas monumentales de esta época. 

Sigue la de las barrocas. Desaparecidas las muy curiosas de las 
murallas sevillanas y las madrileñas de Recoletos y Atocha, ([uedan 
algunas secundarias, como la del Puente de Alcántara , en Toledo, la 
de Madrid, en Segovia, y varias más, todas de mezquina concepción. 

En el afrancesamipiito de nuestro arte del siglo XVIII, la puerta 
<.'de Hierro» de Madrid es un buen ejem])lar, gracioso y elegante; trans- 
misión al aparatoso neo-elásieo de Carlos III, tan aj)to para esta clase 
de monumentos. 

Los representaron en Madrid: la puerta de Alcalá, ya descrita, y la 
de San Vicente, irracionalmente derribada hace poco tiempo. vSu traza 
era de Sabatini. 

Diríase que volvíamos a la de las puertas semi-militares y semi- 
ei viles de los días de Carlos V, en la eomposición aiapiitectónica de la 
puerta de tierra, en Cádiz, trazada por el arcpiitecto Cayón de la Vega 
(1727-1784). Constituyen un artístico conjunto, la portada severamente 
clásica (inspirada sin duda alguna en la del Puente, en Córdoba), y su 
más movido y escultórico ático, destacándose en la recia y lisa muralla 
(|uc corona la torre con cscaraguaitas de sabor medioe\’al. 

Bien remata la serie de tijios de puertas monumentales la del Carinen 
en Zaragoza, si no ])or su ar(]uitectura, humilde y j^obre, ]x>r su historia. 
Nada sabemos de la artística, más (pie su factura, del siglo XVI 1 o XVlll, 
pero mucho de la heroica, corno testigo herido 3" maltrecho de los gloriosos 
sitios de 1808. 





.4 








'I 


P U E N T E S 



298. -Martorku, (P)Arcelüna). Puente. 


büt. Alas. 



1 


Arquitectura civil española 


1°.- CIVILIZACION ROMANA 

(SIGLO ! AI. IV) 

Parte integrante de la gran red de caminos que, ampliada ])or Angusto, 
cubría la Península, son los puentes, tan numerosos y tan bien colo- 
cados que, varias veces rehechos, fueron y aun son base de todos los 
posteriores planos de carreteras y de accesos urbanos. 



2 <)(). — Alcántara (('áceres). Puente romanar 

I'ot. Líiui'ciit. 


Más de treinta grandes jnientes romanos son conocidos: muchos, 
como los de Toledo, Alcántara, Mérida, Salamanca, Alcolea, Segovia, 
Orense y Córdoba, fueron o son verdaderamente notables. Basta su mok* 
arquitectónica par darles imjiortancia ; en algunos se acrece con arcos 
de triunfo y edículos en los frentes, como los de Alcántaya v Martovcll. 

L1 más íntegrf), atrevido e imjiortante de los conseiA’ados, es el de 
Alcántara ^ sobre el Tajo, en L.xtremadnra. k'né construido el año lo) 
de nuestra era, ])or el ar(|iñtecto Cayo |ui,io Lácek, y dedicado al em- 
perador Nerva. Tiene 190 metros de largo, y 43 de alto sobre el nivel 
del río. Se compone de seis grandes arcos, de desigual diámetro (30 
metros en los centrales). Como se ve, las dimensiones son extraordinarias. 


431 


V. Lampérez y Romea 


El material es el granito, en graneles sillares sentados sin argamasa. 
Rasgo singular del monumento es tener en el punto medio de la longitud 
un arco de triunfo, de sillares almohadillados, con entablamento y al- 
menas (acaso, éstas, adicionadas en una restauración de 1543,'. Al frente 
de una de las entradas se alza un ¡pequeño templo in antis, de Orden 
dórico, con frontón: obra de igual época y del núsmo arcpiitecto, dedicada 
también a Nerva Trajano. 



3oa.--,MKKii)A (H.\i)ajo74. Puente romano. 

Fot. l.anyent. 


Kl puente de Mérida, sobre el Guadiana, tiene una accidentadísima 
historia: pretendida o cierta construcción en un siglo anterior al Im- 
perio; restauración por Trajano; adición por el Rey visigodo Ervigio; 
reconstrucción parcial en el siglo XVII; demolición, también parcial, 
en la guerra najooleónica; arrasamiento, de una })arte, por una riada 
de 1860, y por otra, de 1876, y reparación total siete años después. 

Xo menos (jue muy cerca de un kilómetro tiene hoy de largo, con 6-| 
arcos. Pertenece, en la parte romana, al sistema de anclias pilas, caladas 
sobre los tajamares por huecos en arco, ]>ara disminuir la masa y para 
dar ])aso fácil a las aguas en las grandes a\'enidas: sistema muy em- 
])leado j)or los romanos. La construcción es de sillares almohadillados. 
VA tdecto de conjunto es admirable, pues no se aprecian, a la sim])le ob- 
servación, las grandes vallantes de ajiarejos y formas. 

ILm'o el puente de Mérida no fné hecho por los romanos en la actual 
dis])Osición. Id Guadiana forma allí dos brazos, dejando nna isla en medio 

■ -^ 3 - “ 


Arquitectura civil española 


(el emporio de que se ha tratado) : inútil era hacer una sola tirada de 
puente, cuando la naturaleza daba un apoyo intermedio. Además, la 
conveniencia de dar acceso a la isla aconsejaba no hacer nn puente, 
sino dos. Y eso hicieron los romanos. El examen de la obra lo confirma: 
los arcos van disminuyendo de altura, y la imposta desciende, para 
obtener, no un piso horizontal, sino nno de bajada a la isla. Traspuesta, 
nace inversamente el segundo puente b 

Los otros grandes puentes de Salamanca, Córdoba, Toledo, Alcolea 
y Orense, conservan poco de la obra romana: sillares en las pilas y 
estribos y algún arco. Otro, sobre el Tajo, conocido con el nombre de ¡a 
puente M antible tiene la rareza de un arco rebajado, singnlar en las 
construcciones del Imperio. Está casi destruido. Más comj)leto está 
el de Segura, también sobre el Tajo, hoy en nso (internacional). 

En Cataluña no hubo grandes ])uentes. Eo comj)ensa la im])ortancia 
del de Martorcll. Del pro])iamente romano (pieda j)oco: lo interesante 
es la colocación, a la entrada, de un arco de triunfo, que tu\'o su pareja 
a la salida. No subsiste más que el arco, sobre basamento de sillares 
almohadillados: faltan las jálastras y entablamento que lo recuadraban. 
La identidad del puente de Martorell con el de Saint Chamas, en la 
Provenza, es dato curioso-. 


2°.— CIVILIZACION CRISTIANA: LA ALTA EDAD MlfDIA 

(SIGLOS AL XI) 

3°. LA RAJA EDAD MEDIA Y EL PRINCIPIO DE LA MODERNA 

(STGLCJ XII A LA PKIMl-ILA MITAD DI'.L XVI) 


«Apostura c nobleza es 
mantener... las calcadas c 
los j)uentes... de las villas, 
de manera cpie non se 
derriben nin se desfagan.» 
Al establecerlo así el Rey 

^ Me sugirió esto la obser- 
vación directa del monumento: 
luego he visto que ya lo indicó 
el Sr. Díaz y Pérez, en su libro 
Extremad uní, cit. en el I. IL 

- La ha hecho notar el .Señor 
l’uiG Y Cauae.uxh. en el hiño 
tantas veces citado {Arqiiitcctuya 
románica...). 



301. - PjEsalú (Gerona). Pur N ir:. 


28 


— 


V. Lampérez y Romea 


Sabio en las Partidas'^, elevó a la categoría de obra social la de 
los puentes. Como tal, sn construcción, y, aun más, su conser- 
vación, corrían a cargo de los Municipios, los cuales arbitraban recursos 
para ello, cobrando ciertos derechos y aplicando parte de las multas 
con que se castigaban las infracciones a las Ordenanzas". Tenían, además, 
empleados y técnicos encargados de la inspección y de las obras: los 
«veedores» y los «maestros» de puentes, que ya se han citado. 

También se consideraba como empresa religiosa la construcción 
y conservación de los puentes, por lo que facilitaban las peregrinaciones. 
Irn este concepto (además de sn piedad) la Iglesia elevó a los altares a los 
monjes-anphtectos Domingo de la Calzada y Juan de Ortega, por 
haber construido los puentes de Logroño, la Calzada y Nájera, en el 
camino francés seguido por los peregrinos a Compostela. 

Los Edificios. No obstante los caracteres social y religioso, y la 
importancia que los puentes tienen en el desarrollo de la vida de un 
país, no filé abundante la construcción de ellos en la Edad Media. Utili- 
záronse, desde luego, los romanos, con recomposiciones y modificaciones 
(ej. el de Mérida), e hiciéronse otros, aunque sólo los indispensables, 
sobre los grandes ríos. En los pequeños, y en los arroyos, eran los vados 
naturales los que servían, con peligros y molestias sin cuento, de que nos 
dan abundantes noticias los relatos de los viajeros Komistal, Lalaing 
y Vital, tantas veces citados en estas páginas Y aun en muchos de 
aquellos grandes ríos, fueron los puentes de barcas los que prestaban 
el servicio, de lo que es ejemplo aquel de Sevilla, (]ue heredaron los cristia- 
nos de los mahometanos al hacer la reconquista de la ciudad, ¡y sirvió 
hasta 1845! 

Eos puentes de la Edad Media, por constituir nn paso, tenían im- 
])ortancia militar; y jior ser nn peligro, debían estar consagrados a Dios 
o a sus Santos. He aquí, pues, las razones de los elementos constitutivos 
de todo puente importante medioeval: el tramo o puente propiamente 
dicho; en las cabezas, o en el medio, sendas torres de defensa; en ellas, 
o en nn punto del tramo, una capillita o nn simulacro sagrado F 

Eos puentes construidos totalmente en la Edad Media (no aprove- 
chando los romanos) son estrechos, compensándose la angostura con 
apartaderos sobre los machones, o volados sobre canecillos (ej. el de 
Befar). Son generalmente alomados, es decir, con cuestas de subida y bajada, 

' Partida 111, títul(j XXVI 1, ley XX. 

- OrdeiKiiizas de Toledo (tít. LXXVIll), Ordenanzas de Zaragoza) (pág. 50 -); 
Provincias... de 1 ). C. PciiJíGARAY, pág. 281 ; etc., etc., etc. 

Veáse, ademas, el lilrro de Alzóla, cit. en el I. B, 

■* Todo ello pudiera tomarse taml)ién como la prosecución de acpiellos elementos 
(K- los puentes romanos que se citaron; los arcos de triunfo en las calx’zas (tlartorell) 
o en el medio (Alcántara); el pequeño tem])lo en el frente (Alcántara). 


434 


Arquitectura civil española 



debido al uso general del arco apuntado, por ejercer mínimos empujes 
y exigir para su construcción menores cimbras. Los ejemplos de estos 
puentes son numerosísimos. Que el alomado no era sistema irreflexivo 
y rutinario lo prueba el que, cuando el río va muy profundo, ofreciendo 
las orillas fuerte apoyo y contrarresto al arco, no emplearon el apunta- 
do, sino el semi-circular (ej. el de 
Puente-Viesgo, Santander), o, aun 
empleándolo, el tramo era horizon- 
tal (ej. el de Alcántara, en Toledo). 

Las pilas tienen tajamares, y 
las enjutas, en muchos casos, están 
caladas con vanos en arco, o en 
ojo de buey (ej. de los primeros, 
el de Besalú, Gerona), y de los se- 
gundos el de Puente -Viesgo, ya 
mencionado ), para aligerar la masa 
y facilitar el desagüe en caso de 
grandes avenidas, según el sistema 
romano, que ya se mencionó en los 
de M crida, Pollensa, etc., etc. 

Las construcciones defensivas 
de los puentes medioevales tienen 
diversas disposiciones e importancia. 

Son, en los casos más comunes, 
torres eu ambas cabezas (ej. los 
de Toledo), o en la cabeza y el 
centro (ej. el de Besalú), o en el 
centro sólo (ej. el de Frías). En -Jüíj.vk (Sal.\manx.\). Puenth. 

casos especiales, delante de las Fot. de x. 

torres hay pequeños reciutos mu- 
rados, con otra torre avanzada 

(ej. el de Santa ¡María, de Burgos)'' en alguno, una de las torres 
de calveza constituye un jxqueño castillo, con dos cuerjios y un 
patio en medio (como ciertas entradas de ciudad ([ue ya se citarou\ y 
así era la del puente de piedra de Zaragoza El de Zamora añadía 
a las torres defensiv'as pretiles almenados en toda su longitud. 


' S.VLV.'t: Cosas... cit. en el I. B. 

2 Dice Herr.uz y laín (C.) en .su Fábrica... cit. en cb 1. B., (jue en el 1401 st‘ 

construyó una cal)eza compuesta de dos iovixs abovedadas, yun «bello portal»entre ambas, 
con arqueras de piedra, noreznos, saeteras 3' peine, consti1u\'endo un edilicio que hermoseaba 
grandemente la población. Tamlrién .Abizand.-v (M.), en sus Documentos... cit. en el 1. B.. 
da noticia sobre esto. 


2S'^ 


435 


V. Lampérez y Romea 


La mayoría de los puentes medioevales fueron colocados bajo el 
patrocinio de Dios, de la Virgen o de los Santos, como se ha dicho. Por 
ello, sus efigies figuraban, ya en las torres (ej. /os de Toledo), o en ca- 
pillitas levantadas expresamente sobre los estribos. 

Accesorios de muchos puentes eran los molinos. Como la iiriica 
fuerza utilizable en los siglos medios era la de las aguas, estos artefactos 
i lo mismo (|ue las ferrerías, batanes y otros) eran muy numerosos : tanto, 
que a ellos y a sus obras ])rej)aratorias (diques, presas, etc., etc.) se atribuye 
el (|ue nuestros grandes ríos, que fueron navegables en largos trayectos. 



303. - PUENTK-VlESGO (S.\NT.\N I >ER). PUENTE. 

Fot. de X. 


quedaran inutilizados para el tráfico desde el siglo XI II. Los molinos 
tuvieron relación estrecha con los })uentes; porque como las obras hidráu- 
licas son muy costosas, utilizábanse las pilas de aquellas edificaciones 
j)ara establecer los molinos, sobre todo en los grandes ríos. Es prueba 
documental la «condición>> contenida en el pliego para construir el 
puente de Zaragoza, que dispone (pie en los zagueros (machos) se harán 
fundamentos firmes sobre los cuales puedan construirse «molinos farineros, 
segunt son feytos en el puente de Lúdela» P 

(Merecen esjiecial mención, por su singularidad, algunos puentes 
es])añoles de la Edad Media, de cpie dan noticias libros y documentos 
antiguos. El Edkisi describe el (pie había eu Cesiircs, a la salida de la 
ría de Padrón (Galicia), couqniesto de cinco arcos, «tan considerables 
y tan altos (pie pueden ]iasar jior debajo los biujiies sin abatir los palos» ’. 

' Vid. la olí. de Herraiz, ya cit. 

“ ’l'iadiK'eiún de E. S.a.wíídka, i'it. en el I. 1>. 

— 43 ^' — 


Arquitectura civil española 


P'n el siglo XIV hubo en San Sebastián un puente (pie tenía un fyanio 
giratorio, sin duda para el paso de barcos de altas arboladuras b Sobre 
el río Sil, en Paradela (Orense), había en el siglo XVI un puente compuesto 
de dos torres de piedra, hechas en las orillas sobre sendas jieñas y «de 
una a otra va en el ayre un edificio de madera (]ue tiene 120 pies de largo 
(33.60 metros) y para pasar a cada una torre de estas va otro jniente 
de madera, con su chajiitel en cada una, es cosa de admirar» b ¿No 
parece esto nn antecedente de los modernos jmentes colgantes? De 
otro, no sobre ningún río, sino sobre una calle llena de fango, nos da 
cuenta el cronista del viaje de Carlos V a Valladolid. Para (pie el Em- 
perador Iludiera visitar a su abuela ])olítica doña (iermana, sin pisar la 
calle, se hizo entre las respectivas residencias un puente de madera, 
como una galería, «cjiie cuanta más carga tenía más seguro estaba»-* ** . 

Los luientes de madera y los de barcas fueron abundantes en la 
Edad Media, por reunir condiciones de coste reducido, ligereza y ser 
fácilmente destruibles en caso de ataipie. Son muy citados: el de Sevilla, 
(|ue, como (pieda dicho, heredaron de los moros los recompiistadores, 
y sirvió hasta el pasado siglo; el de Zaragoza, (pie tenía, en el XIV, maestros 
especiales, con el título de «maestro del puente mayor de la fiista»^, y 
(|ue subsistió hasta 1437'' ; el de Fortosa, y otros. 

Como ejem|)lares típicos, entre los llegados a nosotros, de puentes 
medioevales o de la |)rimera época del «Renacimiento», tienen aipií 
mención especial los siguientes; 

Puente de Pinos (Granada). El único arcpieólogo (|ue de este monu- 
mento se ha ocupado'*, duda sobre su exacta clasificación, por tener 
caracteres (pie hacen posible igualmente su pertenencia a los tiempos 
N’isigodos, o a los primitivos del mahometismo español. Más parece lo 
segundo, por algunos rasgos; por lo (¡ue su análisis irá en las páginas 
a esta civilización dedicadas. Pero conste aipií su mención por las po- 
sibles contingencias de un nueva) estudio. 

líl Puente de Bésala (Ceroiia;. — AuiKpie mutilada e incompleta, sub- 
siste esta obra, (pie los historiadores locales fechan en los principios 
del siglo XII '. Presenta la singular disposición d(' tener su trazado 
en ángulo, lo (pie se ha exph('ado por razones estratégicas, y más veio- 
símiles, por las de a|)rovx‘char apoyos naturales para las pihis. Tiene 

* Alzol.v. (il). rit. en (-1 1. P>. 

“ ( ita (le .MdLlN.V, en el articnln de Aiu.VS S.VNjlTKjo, lata cxan'sián ... eit. en el 1. l’>. 

** L.vukent \'nAL. ol). eit., páe;. i()o. 

' Serr.vno S.vnz (M.): 1 )nntmculos... eit. ('n el I. l’>. 

^ Murili.o (I).): Itxcclciicias... eit. en el I. I!. 

^ K1 Sr. ( n'iMiíz Moreno: ('diiferettctas dadas en (d .'Mcned de Madrid, en mii. 

‘ M0NTS.VLV.VTJE (F.) : Nolícías... eit. en el l.B. 


437 


V. Lampérez y 


Romea 




43S — 


Arquitectura civil española 



439 


305. — Toledo. Puente de Alcántara. Fot. Moi-eno. 


V. Lampérez y Romea 


ocho arcos : los cuatro juámcros Tciue constituyen la fábrica más antigua) 
sustentados en grandes j)ilas con tajamares, caladas por huecos también 
en arco, con el objeto ya dicho. Sus sistemas de defensa fueron una 
puerta, flanqueada j)or dos torres, en la cabeza, unidas a la muralla de 
la población, y, en el centro, otra torre montada sobre el tránsito del 
puente, inmediata a la cual hay un pecpieño arco que une las dos 
j'iai tes del trazado, fácilmente destruible, si el enemigo se hacía dueño 
de la torre. Ih^r todas estas circunstancias, el puente de Besalú es 
aún un interesante ejemplar, a ])esar de faltarle varios de sus elementos 
pri mordíales h i\Ias hay noticias y datos indubitables de ellos, con los 
cuales el «Centro de Catalogación de los Monumentos Catalanes» ha 
trazado bellísima reconstitución, que acjuí se reproduce. 

Los puentes de Toledo . — Son dos; el de Alcántara y el de San Martín, 
in de Alcántara tiene fundamento romano. I'teparado o reconstruido 
])or los árabes, según se dirá en su lugar, sirvió a los reconquistadores 
hasta el siglo XÍI, en el que repetidas avenidas del Tajo lo arruinaron. 
Kn i2ii,hubo una, enorme, y «cayó la puente», según dicen \os Anales tole- 
danos. Nuevas rei)araciones y nuevos desastres se suceden; y, al fin, 
en el año 1259, se terminó la reconstrucción del que hoy vemos, como 
extensamente relata la epigrafía de las tres piedras que están empotradas 
en la torre de cabeza. Las reparaciones sucesivas (una, importante, en 
días de los Reves Católicos) no alteraron ya la fisonomía del monumento, 
salvo la del siglo XVfíI, (jue destruyó una de las torres defensivas, sus- 
tituvéndola por un ])retencioso arco triunfal, de arte barroco. IB puente 
de Alcántara es, por tanto, una obra del siglo XIII, de arcjuitectura 
gótica con elementos mndéjares, como todas las toledanas-. Compónese 
de un gran estribo cpie ocupa la escarpa por el lado frontero a la ciudad; 
dos arcos ligeiamente apuntados, con una pila intermedia, salvan el 
ancho del río. Las defensas fueron poderosas: sendas torres en las cabezas, 
peqvieñas plazas o recintos fortificados delante de ellas, y, seguramente, 
pretiles almenados. Queda una de acpiéllas, recio cuerjx) torreado, con 
doble jmerta y adarves, y muros con merlones, limitando los recintos, 
en todo lo cual se agotaron los conocimientos militares de la época, 
según los es}>ecialistas : ornada en el siglo XV con el escudo de los Reyes 
Católicos, en un frente, y con el simulacro de la Descensión, en el otro, 
('11 el XVI. De los jiretiles almenados es señal subsistente las ladroneras 
sobre matacanes dioy con oficio de apartaderos para los ]>catones), 
dis])iu'st()s [lara defender el aproche al esfribo-ú 

' l)ANHs Y Toras ([.): Kl Poní... cit. ¡.‘ii d I. B. 

- Hay opiniones (]ue so.stieneii la persistencia, en el actual, de la construcciiin árabe. 

^ Tardamente detallan el nioinimento y .su hi,storia todos los autores cpie de Tídedo 
tratan. J.os resnnie y critica notablemente el Sr. A.mador de LOS Kíos (R.), eu el 'I oíalo, 
cit. en el I. H. 


4-fo — 


Arquitectura civil española 


El otro puente toledano, nombrado de San Martín, sustituyó con 
evidentes ventajas, al final del siglo XIII, al de barcas que siempre 
hubo al occidente de la ciudad, de que fué cabeza defendida el 
torreón llamado Baño de la Cava. Compónese de cinco arcos con 
tortísimas pilas. El central, de 39 metros de luz, ])or más 
de 26 de altura, es atrevido y notable. En las cabezas, dos torres 
lo defienden, y, como en el de Alcántara, ladroneras sobre mata- 
canes están prevenidas contra los intentos de aproches a las ])ilas. 
Ea torre del lado de la ciudad es obra del siglo XVI, y, a lo que 
parece, no había allí otra anterior: la del lado del canqx) es un 



;<)(). — ToLIÍDO. PUKNTIi DIÍ S.\N M.\K1ÍN. 

¡•'o!. Clava ¡a. 


verdadero castillete, de ])lanta ])oligonal, con varios tramos en el in- 
terior del ]^aso, arcos de herradura y lá})itlas y simulacros religiosos. 
Obra es contemporánea del jniente, y éste, y a(piélla sufrieron enornu's 
deterioros en el siglo XIV, con motiva) dc' las contiendas entre los 
])artidarios del de 'brastamara y los de I). Pedro, (pie cuenta al de- 
talle la Crónica de Jj'ípkz dk Avala. Reparados fueron j)or el ArzobisjH) 
Tenorio (ig/ó-igqc)), y en otras dos ocasioiu's, imi los días del 
Ifnqierador v c‘n los de Carlos 11 , el ])uente experimc'ntó adiciones y 
enmiendas. 

hd puente de C'rías {Burgos) es olira del siglo X\C Modesto y sencillo, 
ofrece un conjunto conqvleto del jmente medioi'val, de arcos ajamtados 
y torre central, cortando el paso, calada por una puerta ([uc defiemk'u, en 


441 


V. Lampérez y Romea 


lo altOj ladroneras. Fáltale hoy el adarve coronado de merlones y 
almenas. 

El puente de Almaraz (Extremadura ) . — Cerca de la villa de este nombre 



307. Frías (Burgos). 

l’URNriG Fut. Liiiidiii. 


salva el Tajo, por dos soberbios arcos levemente apuntados^ que levantan 
el tramo de tránsito a 36 metros de altura y en ima longitud de 80. Toda 
la obra, de muy buena sillería, es, según Ponz, comparable a las mejores 



308.- -Ai.maraz (Cáceres). Puente. 

Fo(. Melida. 


romanas. Fn la pila central están ])uestos los escudos de Plasencia y 
el del Fmj)erador, bajo el cual se lee: «Este ¡cuente hizo la ciudad de 
IMasencia, año 1552, reynando en Fs])aña la Mayestad Cesárea de Carlos V 
Emperador. Fue Maestro Pedro de Uría». 


442 



Arquitectura civil española 


4 CIVILIZACION MAHOMETANA 

(SIGLOS VIII AL XV) 

Podría repetirse aquí todo lo dicho al tratar de los puentes cristianos, 
relativo a su oficio social, forma, aprestos militares, etc., etc. 

La abundancia de citas de viajeros y cronistas respecto a los puentes 
de barcas, y los admiraticios encomios qne les merecen los de fábrica, 
dan que pensar qne estos serían poco numerosos. «Ofreciéronse a los 
árabes, dice Conde, en esta marcha (la de Muza a Toledo), maravillosos 
puentes, obras de los antiguos jonios, que nunca habían visto edificios 
de igual magnificencia..., sobre todo les comjdacía la elegancia y comodi- 
dad de los puentes del Tajo y del Guadiana...»’. Al-Makkari cita 
también el puente de Toledo, comparándolo con los romanos de Mérida 
y de Alcántara. El Edrisi lo califica de «fábrica admirable», y el mismo 
viajero alaba los de Córdoba y Zaragoza, como extraordinarios. Abun- 
daban los de barcas; y ciudades tau importantes como Sevilla y Valencia, 
no tenían otros. 

Los Edificios. El puente de Pinos (Granada) ha sido ya citado como 
dudoso entre visigodo y árabe de la jirimera época de la dominación 
en España de los mahometanos; con mayor tendencia hacia lo último h 
Se compone de tres arcos de herradura, sobre grandes pilas. El dovelage 
de arpiéllos es con redientes, al modo oriental; el desjáezo de las pilas 
y partes de enjutas, a soga y tizón, es también indicio del mayor interés; 
y, por fin, la imposta tiene perfil de niaccla, de tipo mahometano’. 
Por todos estos rasgos, se sale de lo romano jiara entrar en lo medioe\'al, 
de abolengo orientalista. A darlo determinadamente como mahometano 
primitivísimo se opone lo im^erosímil de que en los primeros años de la 
invasión pudiera acometerse obra tan importante. De todos modos, 
el puente de Pinos es un monumento de enorme interés arqueológico. 

El de Córdoba era ])ositivamente mahometano, como reconstruido 
en el año 720. El Edrisi alaba mucho su as]>ecto imponente, con sus 
17 arcos. Las grandes re])araciones sufridas no jiermiten saber cómo 
era en los tiempos del Califato: dicen «ejue tenía asj)ecto distinto de los 
romanos», sin que sepamos en qué consistía esa distinción. Debió ser 
fortísimo en sus dos embocaduras: la torre «la Calahorra», aunc]ue es 

’ Conde: Ilisloria... cit. en el I. IL 

“ ('orno se ha diclio, el Sr. Gómez .AIoreno lo analizó en sns conferencias del Ateneo 
de Madrid, de 1911. 

’ La torre que tiene sol>re la ])ila central es muy posterior. 


443 


309.-“ Pinos (Granada). Puente. Fot . Gcm : Mouuo . 


V. Lampérez y Romea 



444 


Arquitectura civil española 

obra cristiana, indica, por su árabigo nombre, que siempre hubo allí 
defensa. 

No es para olvidado, y debe consignarse en este lugar, que en la 
Córdoba califal había arquitectos especialistas en puentes, si bien el 
dato conocido se refiere a un mozárabe. Llamábase Zacarías, y fué, mediado 
el siglo X, a Coimbra (Porfugal), a hacer obras de unos puentes (aparte 
de otras en el monasterio de Lamegojh 

«Tiene Toledo, dice El Edrisi, sobre el Tajo, un puente de admirable 
fábrica y de un solo arco, y el agua corre por debajo de él cou la vio- 
lencia de un fórrente». Se refiere al de Alcántara. Todos los autores maho- 
metanos lo citan como obra maravillosa-, hecha, a lo (jue parece, 
en el año 997, en los días de Almanzor. No es el que hoy vemos, según 
ya se dijo: mas, por tener los fundamentos romanos, y })or acjuella des- 
cripción de líL Edrisi, puede colegirse que el jmeute árabe tenía la 
misma contextura que el actual, con enorme arco central. También 
parece haber tenido siempre torres defensivas en ambos extremos: 
la mención contenida en una lápida, de que la actual (la más cercana 
a la ciudad) fué reconstruida en la era 1255 (íiño 1217), indica (pie antes 
había otra, y puede suponerse (pie era la árabe. 

Los puentes mahometanos de Granada, algunos del siglo XII, no 
tuvieron importancia. 

Dicho cpieda que son conocidos muchos jnientes de barcas, entre 
ellos el de Valencia y el de Sevilla. La crónica del Cid cuenta que el 
héroe castellano mandó quemar, en Valencia, «las barcas del río», jiara 
privar de socorro a los moros de la ciudad. El de Sevilla existía ya en 
1171; es aipiel importante paso sobre el Guadalquivir, (pie cuando el 
sitio de la ciudad por Eernaiido III (1248), rompió valientemente con 
sus naves el almirante Bonifaz L 

El Edrisi menciona también puentes de barcas eii Orihuela, Murcia 
y otros puntos. 

lambién da una noticia curiosísima: la existencia de molinos trashu- 
mantes sobre barcas, (pie se trasladaban de lugar, navegando por los 
ríos, adonde sus servicios eran necesarios. Los había en Murcia, sobre 
el Segura, y en Zaragoza, sobre el Ebro. 

^ SiMONET, oh. cit. en el I. B.. ])ág. Cjj. También lo cita .\ur.uSTO SnioES, en 
el folleto Iglesias romátiicas de l’ortugal. 

“ Amaixjk de los Ríos (R.): Toledo... cit. en el I. B. 

^ Se me ha asegurado. ])or ¡personas conocedoras del terreno, (jue en las márgenes 
del tiuadakiniv'ir, aguas abaju de Se\’illa, casi frente a ( nria, se lian encontradn jiilotajes. 
cadenas y maderos que dan qne jiensar acerca de f|ue el jmente roto jmr el marima bur- 
galés no fue el de Iriana. sino otro allí situado, bien paia seiudcio piiblico. o bien ^ólo 
como obstáculo defensa del pa-o del l ío, camino hacia Sevilla. 


445 


V. Lampérez y Romea 


5 CIVILIZACIÓN MODERNA 

(SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI, AL XVII I) 

Por lo costosas, no son las obras de los puentes de las que pueden 
renovarse a cada siglo. Sólo los grandes aumentos de regiones y ciudades, 
y los cambios de los medios de transportes, exigiendo imperativamente 
mejoras en los caminos, son las causas de las construcciones o reformas 
de los puentes. Y dado el aniquilamiento de la industria, del comercio 
y de la agricultura en el siglo XVII, ninguno de aquellos motivos se pre- 
sentaba. Por lo que bastaron, a la España de esta época, los puentes de 
la Edad Media. ¿ Qué mucho, si aun hoy los utilizamos en bastantes 
caminos y carreteras? 

Como en tantos otros ramos de la administración pública, experi- 
mentó el país un cambio profundo en el siglo XVIII, al advenir la domi- 
nación borbónica. La construcción de caminos exigió la construcción 
de nuevos puentes y la reforma de los antiguos. Jovellanos, en sus 
Diarios, cita lo defectuosos de éstos y las modificaciones que eran precisas. 
Al finalizar el siglo se habían conseguido grandes adelantos. Según 
una estadística que consigna Canga-Argüelles’^, había en España 
84 puentes principales, entre los cuales tan sólo cuatro eran de barcas 
Aranjuez, sobre el Tajo; Sevilla, sobre el Guadalquivir; Puerto-Real 
y Puerto de Santa María, sobre el Guadalete). 

Los Edificios. Por las causas citadas, pocos fueron los puentes 
de importancia cuya construcción pueda señalarse en el siglo XVII, 
y ésos eran para el servicio de las grandes ciudades, Madrid principal- 
mente. Al XVIII corresponden muchos, ya nuevos, ya reforma de los 
antiguos, que les dieron carácter de modernidad. Conviene fijar los 
rasgos arquitectónicos. 

Desde luego desaparece en ellos el alomado o cuesta de los de la 
Edad Media: el uso del arco rebajado permite la gran ventaja del tramo 
horizontal, cuando la elevación de las márgenes no lo consiente fácil- 
mente. Hechas innecesarias las torres de defensa en los centros o en 
las cabezas, desa4)arecen también; pero, en algunos, queda el recuerdo 
histórico, en forma de arco de triunfo, volviendo con ello inconscien- 
temente a la tradición romana (ej. el de Alcántara, en Toledo), o, todavía 
más desvanecido, al de monumentos en las cabezas (ej. el de Toledo, en 
Madrid). Subsistieron muy frecuentemente las capillitas dedicadas a los 

1 Dic. cil. en el tomo IT, pág. 471. 


446 


Arquitectura civil española 



310. — Madrid. Puente de Toledo. Templete de San Isidro. 

Fot. Lladó. 


447 


V. Lampérez y Romea 


Santos patronos de las comarcas, que vimos en los puentes de la Edad Me- 
dia, convertidos en los pintorescos casilicios de los de Valencia, o en los 
retablos churriguerescos del de Toledo, en Madrid. Se abren los accesos 
al puente con ramj^as y caminos a las márgenes del río (cosa cuidadosa- 
mente evitada en la Edad Media), lo que permite anq:>liíicar y dar gran- 
diosidades arquitectónicas en las cabezas (ej. el de Segovia, en Madrid). 

Eos ejemplares más notables de estos puentes ciudadanos, en los siglos 
que aquí se reseñan, son los de Segovia y Toledo, en Madrid, y el de 
Ronda (Málaga). 



3IT. - V.\LKNCI.\. CyVSlMClO EN ET. 

PUENTr;. Fot. Je X. 


El puente de Segovia no tiene ni fecha ni autor conocidos. Todos los 
historiadores lo dan por obra de J uan de Herrera, y los caracteres lo confir- 
man: pero no conozco documento ninguno que lo pruebe. Ifs una recia 
construcción, tratada toda como basamental, por el sistema de almo- 
hadillados. Tiene arcos de medio punto, tajamares cónicos y pretil con 
las típicas bolas herrerianas. Cegados parte de los arcos por las arenas, 
y s\d)ido el nivel de las aguas por igual causa, hoy aparece enterrado y 
sin las buenas j)roporciones que tendría en su primera hechura. 

El puente de Toledo, en Madrid, es el más monumental y arqui- 
tectónico de todos los españoles, ])uesto que reúne, en conjunto y en 
detalle, mnllitud de elementos para los cuales ninguna idea de utilidad 


44S 


Arquitectura civil española 


intervino. Fué el arte quien los inspiró. ¿Que son de un arte defectuoso, 
criticable ? ¿ Qué importa eso para el concepto de la obra ? 

Lo encabezan grandes plazoletas circulares con fuentes, la del lado 
de Madrid, y obeliscos (?), la del contrario. Grandes rampas descienden 
a las orillas del río. El puente tiene g arcos de medio punto, separados 



312. — .M.vnRii). PuENTF. DE TOLEDO. Planta. 

Plano de Prast. 

por estribos cilindricos, (pie dan robusto asjiecto a la obra exterior, 
y apartaderos muy útiles para el tránsito. En el centro, y a ambos lados, 
se alzan sendos templetes, que cobijan las estatuas de San Isidro y Santa 
María de la Cabeza, listos, y los obeliscos de la cabeza, son concejiciones 
notabilísimas y tíjiicas del arte barroco madrileño. Mascarones y vasos 
del mismo arte decoran el jiuente. Todo él está labrado en granito. 

La obra tuvo un proceso largo y accidentado, que, en algunos puntos, 
no está muy claro, a pesar de lo cercano, relativamente, de su fecha. 


29 


449 


Madrid. Puente de Toledo. Lampérc 


V. Lampérez y Romea 



450 


Arquitectura civil española 



314. — Madrid. Puente de Toledo. Obeliscíis en la entrada. 

Fo!. Law/-icicz. 


451 


V. Lampérez y Romea 



J15. -- Roxha (Málaga). Puente en el Tajo. f d. ihyes. 


45 


Arquitectura civil española 

Llaguno, en su conocido libro, inserta abundante documentación, de- 
mostrativa de que, en 1682, la villa de Madrid mandó a su maestro mayor 
hacer trazas para un nuevo puente, que sustituyese al viejo arruinado. 
Comenzóse la obra, mas surgieron grandes cuestiones, que seguían en 1692, 
año al que alcanza la documentación. De ella dedúcese que se estaba 
todavía en las fundaciones. Así quedó durante mucho tiempo. En 1718, 
el Corregidor Marqués de Vadillo acomete la reedificación del puente, 
para acabar con la «indecencia» (según dice) del de madera que prestaba 
el servicioC Hay que suponer que para la nueva obra se utilizarían 
aquellas fundaciones tan fatigosamente ejecutadas el siglo anterior. 
PoNZ dice que el puente se construía «por los años de 1735». Quizás 
ésta es la fecha de conclusión. 

En cuanto a los autores principales, no se citan con entera seguridad. 
Del primitivo (no ejecutado) acaso lo fué Teodoro Ardemans, si era 
maestro mayor de la villa en 1682, lo que parece cierto (a pesar de lo 
dicho por Llaguno), puesto que en 1670 hacía las portadas de la Casa 
de la Villa Del puente que hoy vemos, ni Ponz ni Llaguno nombran 
al autor; pero Schubert da por cosa averiguada que lo fué el celebérrimo 
Pedro Ribera, con la colaboración de J uan Ron, en la talla de las esta- 
tuas de San Isidro 3/ de Santa María de la Cabeza h El estilo de los 
detalles autoriza a creerlo, y las fechas de la biografía de Ribera no 
se oponen. 

El puente de Ronda (Málaga) es obra singular y extraordinaria. No 
atraviesa un río de mansa corriente y fáciles márgenes, sino que salva 
el famoso tajo, imponente cortadura de 88 metros de alto, por cuyo 
fondo se precipita el río Guadalevín, en una cascada de otros 14 metros. 
Para alcanzar tan prodigiosa altura, construyéronse en la parte inferior, 
en las peñas del tajo, dos estribos, sobre los que voltea un arco, y 
más arriba, donde el tajo ensancha, otra zona de tres arcos, más elevado 
el central que los laterales. Si la obra, como concepto, no tiene nada de 
particular y parece inspirada en los acueductos romanos de doble ar- 
quería, como ejecución material admira, por las dificultades y peligros 
que lleva consigo. Tanto, que de ellos fué víctima el autor, que al prac- 
ticar un reconocimiento durante las obras, cayó al fondo del tajo, pere- 
ciendo horrorosamente. Era el arcjuitecto aragonés I). J uan Martín 
DE LA Aldehuela, y lo proyectó en 1751. La ejecución (1755-1793) 
corrió a cargo de D. Juan A. J. Díaz MachucaP 

^ Rincón Lázaro: Historia... c'ú. en el I. B. 

“ POLENTINOS; Las casas... cit. en el I. B. 

® Schubert (O.): Gcschichte... cit. en el 1. B., i>ág. 186. 

^ Aparicio Vázquez: Ronda... dt. en el 1. B. — Lozano (Iutihrrez: Historia... 
cit. en el I. B. 


453 



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316. — ('ALDAS DE MaLABELI.A (('jEKONA). l’iSCIXA ROMANA. 

Fot. Faygiioti. 




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1°.— CIVILIZACIÓN ROMANA 

(SIGLUS I AL IV) 

En Roma y en las graneles ciudades del Imperio, fueron las termas 
edificios de enorme extensión y lujo, por cuanto reunían, además de los 
baños, cátedras y palestras, y eran lugares de estancia prolongada de 
los ciudadanos. No podían, en España, alcanzar tan considerable impor- 
tancia; algunos, sin embargo, llenaron cumplidamente el ]:>rograma. 

Cuarenta y siete termas cita Ceán Bermúdez como conocidas en 
España, en su tiempo. Las más, eran ya ruinas informes, inútiles para 
el estudio. Por descubrimientos posteriores, pueden agregarse otras; 
la de Calafell (Tarragona) y las de Itálica (Sevilla'), y varias medicinales, 
de que luego se tratará. Son las sevillanas las que se han estudiado más 
en detalle, en los concienzudos trabajos del Sk. D. Demetrio de los 
Ríos, inéditos por completo-. 

Dos establecimientos hubo en la ciudad hética, llamados por su 
descubridor termas mayores y termas menores. Aquéllas estuvieron, acaso, 
destinadas al público en general, y éstas a las clases elevadas. 

Las termas mayores ocupaban un rectángido de 75 por 62,50 metros, 
en cuyas dimensiones no se incluye el depósito de aguas adyacente. 
En la fachada lado menor del rectángulo) había un pórtico general, 
con siete puertas: las tres centrales abrían a un atrio o vestíbnlo; las 
dos siguientes, a sendas salas para espera y })ara desnudarse {apodvterinni), 
y las dos extremas a otros tantos vestuarios. Detrás se desarrollan los 
servicios para los dos sexos, más importante el de los hombres, (|ue era 
el de la derecha. 

Son estos servicios: el baño caliente (caldarinm), con dos pilas, cajiaees 
cada una para veinte personas: una sólo para baño de vapor, con tribuna 
para nn orador (sellóla), y gradería circundante: el baño traspirante 
(tepidarium)] salones para atenqierarse antes de jiasar al baño frío {frigi- 
darium), con una j)ila para cuarenta personas, suscej>tible de subdi- 
vidirse en veinte para cada dos, por medio de tablas metidas en ranuras, 
que se conservan perfectamente. Cerraba posteriormente el edificio 
otro pórtico. A la izquierda, se rej)iten los servicios, jiara las mujeres^. 

^ Vid. Boletín de la Real Academia de la Historia. 1885. 

^ (\I. S. citado en el I. B. 

^ E,sta duplicidad de servicios pnieba, .según el Sr. Ríos, (pie la construcción de 
las terinas es jiosterior a la ley de Adriano, que ordenó la separación de se.xos. 


457 


V. Lampérez y Romea 



Itálica. Las Tkkmas. Planta en sn estado actnal. 

Plano de 1). de los Ríos. 


458 




Arquitectura civil española 



z — = — 

318. - Itálica. Las Termas. Planta. 

Plano y icstauyación de l>. de los Ríos. 


459 



Plano de D. de los Ríos. 


V. Lampérez y Romea 


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— 4Ó0 — 


Arquitectura civil española 



— 461 — 


320. — Itálica. Las Termas. Planta. 

Plano y restauración de D. de los Ríos. 



V. Lampérez y Romea 


].a disposición es completa, sin que falte ningún servicio, aparte de 
la carencia de ciertos locales, como el coriceo, o lugar de ejercicios cor- 
porales, que el clima de la Bética baja hacía impracticables. La modestia 
de las dependencias es lo que separa estas termas provinciales de las 
de Roma. 

Por los restos encontrados, sábese que las fachadas de las termas 
mayores de Itálica tuvieron Ordenes dóricos. En el interior hubo estucos 
y pinturas. Para surtirlas de agua, había un importantísimo depósito 
de (pie se tratará en otro lugar. 

Las termas menores tenían análogos servicios, también separados 
por sexos. La construcción era muy sólida, y la decoración de mármoles 
mucho más suntuosa que en los baños mayores. 

Los de Tarragona, acaso más dentro del patrón romano, fueron al 
par verdaderos gymnasiiim. 

Los romanos explotaron en España las aguas medicinales, constru- 
yendo termas para su aplicación. El famoso «plato» de Otáñez, con relieves 
alusivos al uso de las aguas, a sus beneficios, y a la gratitud de los en- 
fermos, lo demuestra gráficamente p muchas epigrafías (Castrum, 
Colubi, Boñar, Tarragona...), lo dicen. Positivamente lo prueban los 
restos de construcciones balnearias, subsistentes en los lugares donde 
brotaron o brotan aún manantiales medicinales: en Tiermas (Huesca), 
Caldas de Montbuy, de Malavella (Barcelona), Zújar (Granada), Alange 
Badajoz) y Lugo. 

En el Castrum Coliibri (hoy Alange), y para utilizar el manantial, 
famoso ya entonces en la curación de las enfermedades mentales y 
nerviosas, construyeron los romanos unas grandes termas. Queda (y 
sigue en uso) uno de los cuerpos, formado por un gran edificio rec- 
tangular, de 45,40 por 12,50 metros, en planta, y 11,50 de alto, que 
contiene una escalera y un paso, y dos departamentos circulares de 
10,00 metros de diámetro, con nichos, cubiertos por bóvedas esféricas, 
abiertas en la parte superior (como el Panteón de Roma). En los 
centros hay sendas piscinas, con un paso circundante, y escalones de 
bajada: son los baños, uno de mujeres y otro de hombres. Los nichos 
servían ]'>ara desnudarse, para los ungüentos, etc., etc. En los muros 
se veíau, no hace mucho tiempo, restos de pinturas de flores y frutas. 
De las virtudes curativas de las aguas y de la fama " del balneario, 
depone una lápida, allí conservada, que dice: 

IVNONI KEGINAE/SACRVM/LIC. SERENINVS V. G/ET VARINIA ET ACCINIA C. 1/ 
PRO. SALVTE FIERA. SVAE/ VARINIAE SERENAE /DICAVERLTNT. 

^ Mélida (J. R.): El plato... cit. en el 1. B. 

— 462 — 


Arquitectura civil española 


lis el ex-voto de la familia Sereniano y Varinia, por la curación de 
su hija Varinia Serena. 



321.- .Al.'ínje (P)AI).-\joz). Baños rom.vnos. Planta. piano ¡ h - x. 

L ABORDE inserí (V un dibujo de las termas de Alange. El adjunto 
croquis está más ajustado a la realidad. 



322. — I. AN J E ( P) A L) A J OZ ). 

K.xtekior de los daños romanos. 

Fot . Itaraudica . 


Ils extraño (¡ue Ce.\x Bekmúdez no cite estas termas en su libro 
meiK'ionado. 

^ ]'oya<;e... cit. en el 1. P>. 


463 — 


V. Lampérez y Romea 


De las termas medicinales de Lugo queda una estancia cuadrada, 
construida con lajas de pizarra, según se usa en el país, con nichos en 



323. — Alan JE (Badajoz). Ingresí.) a los 

RANOS ROMANOS. Fot. Barnudica. 

las paredes y bóveda de arista, con otra, semi-cúpula, en un lado. Qué 
parte de los baños fué, no se deduce; por los nichos diríase c]ue el apo- 



324.- Al.vnje (Badajoz). Piscina romana. 

Fot. de X. 

dytcriíim o \"estuario, si atendemos a lo que enseña la análoga sub- 
sistente en Poinjieya. Las termas de Lugo siguieron utilizándose en 


— 464 



Arc|uitcctura civil española 

la Edad Media : y se lia escrito que fueron los Reyes Católicos los 
que las clausuraron. A mediados del siglo XVI ya estaban arruinadas b 



325. — Caldas de Malavella (Ge- 
rona). Piscina romana. 

Plano de Puig y Cadafalch. 



32C.- -Luí.o. Termas romanas. 

Fot. de la Comisión Regia del T misino. 

Veáse lo que dice Murgcía {Galicia... cit. en el I. IC), citando a Sanjurjo, el 
P. Risco Y Teijero. 


4^’S 


30 





V. Lampérez y Romea 


En MalaveUa ('Barcelona) eran conocidos, de muy antiguo, los restos 
de linas termas romanas. Casi desaparecieron las galerías, bóvedas y 
cañerías qne las integraban, aunque no sin dejar sn rastro en las des- 
cripciones de varios aiapieólogos. Mas, en IQ02, se descubrieron partes 
importantísimas de una gran piscina, calificada como el frigidarium 
de los antiguos baños. Es nn cuadrado casi perfecto (9,60 m. de lado;, que 
estuvo rodeado de galerías abovedadas, sobre pilastras, qne, tres por 
lado, formaban las de la piscina, entre las cuales corría una gradería. 
Iríi el fondo, una estancia alargada contenía cuatro piscinas pequeñas, 
o particulares. Alrededor estaban las demás dependencias, de las que 
restan arcos y muros. Toda la obra es de granito y liormigón enlucido. 
Muchas inscripciones en los muros, y alguna en nn jiedestal de estatua, 
muestran el agradecimiento de los enfermos curados por las aguas de la 
antigua Aqiui Vdiconins' . 

Iríi Montcmayor (Eos Baños), en la provincia de Cáceres, hubo ter- 
mas romanas, junto a la calzada, que, en parte, aun se conserva. Hay 
expuestas, en el moderno balneario, once pec[ueñas aras votivas, (jue lo 
prueban, con inscripciones de gratitud, como ésta: A la fuente 
ELIO VIKNIO NATURAL DE MERIDA C' CUMPLIO GUSTOSA Y MERECIDAMENTE 
EL VOTO QUE HABIA// HECHO POR LA SALUD DE COMODO; O esta Otra: 
A LAS NINFAS / / TITO VALERIO COSMO - / CUMPLIO GUSTOSAMENTE SU VOTO. 
Mas, ¿es romano el dejiartamento que subsiste, embebido en los baños 
más antiguos? Hay allí un recinto circular, cubierto por bóveda semi- 
esférica (8 metros jiróximamente de diámetro), con tres nichos de análoga 
forma, en los muros, conteniendo sendas tinas, y, en medio, una piscina, 
con gradas laterales. Totalmente encalado este recinto, no puede verse 
el aparejo, (jue projiorcionaría, seguramente, un dato importante. El de 
la disposición de este raro departamento da la posibilidad de que sea 
un resto de las termas cuyas aguas curaron a Cómodo, 'Fito Valerio Cosmo 
y otros muchos ciudadanos hispano-romanosC 

De las Termas mcdiciiiales de Montbuy, jioco o nada queda. De las 
de /lijar íiiranada ,, muros que se pretende pertenecieron al caldarinm'\ 
y de las de Calafell (que ignoro si fueron medicinales) el dibujo de la planta, 
en las Memorias de la Real Academia de la Historia. 

Para concluir con este tema citaré, con todas las reservas imagina- 
bles, el balneario de mar romano de Calpe, cerca de Denia, que estudió 
en el siglo XVI 11 I). Antonio E. Cavanilles, y que, no mucho des})ués, 

' yid. l’uiG Y Cadafalch: L'Arqiíifeclura... rit. en el I. H., jiág. 126. 

“ Todos estos datos están recogidos directamente por el antor. Ignoro si ha sido 
consignado ya en alginia ]>arte. 

•* Minagornk (P>.) Baños... cit. en el I. H. 


— 466 — 


Arquitectura civil española 


dibujó Laborde. Era un edificio rectangular, de Sopor 35 palmos, dividido 
en dos compartimentos, y cada uno de ellos, a su vez, en seis baños 
rectangulares, abiertos en la roca, a los que, por zanjas, entraba el 
agua del inmediato Mediterráneo. Ha de advertirse cpie, para algunos, 
no son tales baños de mar, sino viveros de pescado; a cuya opinión 
me asocio, por encontrar un tanto absurdo ese encajonamiento del agua, 
estando el mar libre al lado'. 


2°. CIVILIZACION CIHSTIANA: LA ALTA EDAD MEDIA 

(SIGLOS V AL XI) 

3°. LA BAJA EDAD MEDIA Y EL PRINCIPIO Dlt LA MODERNA 

(SIGLOS XII A LA PRIMERA MITAD DEL XVl) 

A los romanos, (jue hicieron del Iiaño una institución, v que dejaron 
en España numerosas termas, siguieron los visigodos, de los (pie nada 
sabemos en este orden de hechos, aiimpie ha de creerse cpie la continuaron, 
puesto (|ue sus sucesores, los cristianos de Pelayo, edificaban termas 
en sus ])alacios de Oviedo, según las descri})ciones <pie tenemos de los 
de Santullano \' de Naranco. Si, como parece, la tradición del baño 
se conservaba en la Península, las costumbres mahometanas no harían 
sino reforzarla. Es una j^rueba la existencia, en la Edad Media, y en las 
ciudades cristianas, de edificios de baños, en cantidad tal, (pie aun box- 
nos parece extraordinaria, jnies no los poseemos en nuestras ciudades 
modernas. Y no se saquen a jilaza los textos de ipie el baño era miiado 
como algo de orgía romana, y, }>or tanto pecaminoso, ni las conocidas 
lamentaciones prolñbitivas de Alfonso VI, temiendo la arat)izació¡i de 
sus gentes: jioiapie jiodrán rebatirse con el argumento de cpie la mayoría 
de los Fueros v Ordemimieiitos de la época contienen prece])tos y regias 
referentes a los baños, señal inecpuA’oca de (pie seguían siendo ('ostumbre 
pública. 

Los lüíeros dc' Zorita, Sejuilveda, ('áceres y Tortosa, y las Ordenanzas 
de Toledo y de Sex’illa, establecen turno jiara la asistencia a los baños 
de cristianos, moros y judíos, hombres o mujeres; obligaciones del dueño; 
tasa de los ] (recios y jienalidades jiara ciertos delitos. Es el ¡Otero de i'eruel 
el (jue con más e.xteusión trata de ello, con tan curiosos datos (jiu' hace 
interesante traducir y coyiiar algo del arfííailo De los haítos-: «Los 
varones vayan al baño común (ai martes, jue\-es y sábado. las muj(>res, 

' ('.\H.\N1LI.ES (.\. H.): Observaciones... cit. en el I. M. 

“ L.^bokdk, ob. cit. 
fuero,. di. en el I. IL pág. 1420. 


30 *- 


— 4Ó7 — 


V. Lampérez y Romea 


en lunes y miércoles. Y los judíos y sarracenos los viernes, y de ningún 
modo en cualquier otro día. Los domingos, por la reverencia debida a 
la Resurrección del Señor, no se caliente el baño’. Todo el que quiera 
bañarse, sea hombre o mujer, no deberá pagar por el servicio sino nn 
óbolo. Nada pagarán los sirvientes... y los niños. El dueño del baño 
proveerá convenientemente a los bañistas de todo lo necesario... como 
agua caliente y demás... El que robare algo de los utensilios del baño 
o de las cosas de los bañistas... sea desorejado...» 

Los baños {)úblicos eran de propiedad Realenga, a no ser que el 
Rey los cediese a algún particular, lo que sucedía muy frecuentemente. 
Lara ello se exigían muchas condiciones, de las cuales no podía excursarse, 
«ca el baño dice la Ordenanza de Toledo — non lo faze si non borne podero- 

so» ^ Cedido aun particular, el íisco cobraba derechos, que eran una de 
las fuentes de rentas públicas 

La costumbre del baño popular entre los cristianos seguía al final 
del siglo XV, a lo menos en las ciudades donde residían moriscos. Los 
Reyes Católicos mandaron reparar, ampliar y conservar, por un Orde- 
namiento de 1497, los baños llamados de Guadix, en Granada^. Sin 
embargo, no mucho después, los mismos Reyes y su nieto el Emperador 
comenzaron a dificultar la costumbre. No de otro modo se comprende 
las ventas y cesiones de casas de baños, hechas por alguno de aquellos 
Monarcas: los del Albaicín y la Zapatería, enajenados para comprar, 
con su im}>orte, mantos «a las cristianas nuevas»; el Mayor, demolido 
para hacer un cementerio; y el llamado Tix, cedido en 1501 por los Reyes 
Católicos a su zapatero "x No obstante, bien entrado el siglo XVI, aun 
había algunos: se citan en Sevilla, con servicio diurno para las mujeres, y 
nocturno para los hombres C 

Algún dato hay del uso de las aguas medicinales durante la Edad 
Media. De la Alta tenemos la ])rueba en las piscinas subsistentes aún 
en San Juan de Baños {Falencia), que utilizó Recesvinto. Los baños de 
Alan je y de Alhama de Granada debieron continuar en uso durante toda 
la Edad Media, puesto que se conservaron las piscinas romanas en el 
})rimero, y las mahometanas en el segundo, que aun hoy sirven. IGi 
la demarcación que los Reyes Católicos hicieron de los terrenos de la 
})rovincia de Granada, se nombran las yaguas de Benzalema», en la comarca 
de Baza, (pie son las de Zújar, (pie siguen utilizándose C 

' Es decir, que tetaba cerrado el estal)leciniitnto. 

Tít. XIV, cap. XVI II. 

” Cax(,a Argüellf.S: Diccionario, cit. ui el 1. H.. 1. I, i);!?. 129 . 

’ Gómez Moreno: Guia, cit. cu el 1. B. 

(¡ÓMEZ Moreno: Guia, cit. en el I. B. 

" Morgado: Historia de Sevilla, cit. en el 1. B>. 

' Vid. el estudio del .Sr. Minagorne, yai citado. 


.68 


Arquitectura civil española 


lí] \'iajero Cook vió y menciona ios baños de Aihama de Aragón, 
frecuentados por los enfermos del siglo XVI b 

Los Edificios. Son bastante numerosos los edificios de baños 
cjue tenemos en Esjiaña, aunque, jior razón natural, sn estado sea mny 
lamentable. La mayoría pertenecen a la arquitectura mahometana: 
los unos (los de Granada especialmente;, ])or haber sido hechos y utili- 
zados j)or los moros; los otros, pon[ue aun hechos y utilizados jior 
los cristianos, tienen disposiciones, fábricas y detalles comj)letamente 
orientales. 



327.— (lEROXA. Baños. Planta. 

Plano de Pnig y Cadajalch. 


Teníase por mny dudoso el (|uc hubiese en Es]iaña edificios de 
baños construidos jior cristianos. I.os de algunas ciudades (Barcelona, 
\Alencia... ), de jirobalile liechura ¡tosterior a las resjiectivas recon- 
quistas, podían ser un argumento en jiro. El reciente estudio v análisis 
de ¡os de Gerona no deja lugar a dudas. 

1 rátase de un monumento único en Eurojia. Auiujue embebido en 
el Com’ento de cajiuchinas, no ¡lasó nunca desajiercibido de los histo- 
riadores y anjueólogos. J.akokde, Piffkrfk y Pí y Makgall, Gikbal, 
Almela y Amador de los Ríos (R.), se ocujiaron de ellos, y, algunos, 
los dibujaron. Como baños árabes fué t(mido jior los más, aumjue con la 
extrañeza de tal origen en ciudad que no sufrió más (jiie de jiasada, y 
en éjioca remotísima, la dominación mahometana. No faltaba quien lo 
considerase como baptisterio cristiano del siglo XII o XIII, sin jiai'ar 
mientes en (jue había fjiie jirobar que eu ellos auu se bautizaba j)or in- 

^ Viaje, cit. en el 1 . B. 


— 4Ó9 — 


V. Lampérez y Romea 



',2<S. (ii'RuxA. Baños (en el Convento de Capuchinas). Uot . Mas . 

470 -- 



Arquitectura civil española 


mersión. x\mador de los Ríos ya afirmó' que eran baños cristianos, 
de estilo románico; y ha sido el Sr. Puig y Cadafalch quien ha hecho 
el estudio completo 

Los baños de Gerona funcionaban ya en 1194, que es la fecha de un 
documento en el que se dice que sus rentas las mandaba el Rey, de quien 
eran, a la iglesia de Santa María. En otro, de 1294, consta sucesión aun 
Ramón de Toylano «para que los rehaga». Dos años después estaban cons- 
truidos. En 1322 el Rey los traspasa a un Ramón Simó de Zoyla, heredero 
del primer propietario. En síntesis: que el edificio que hoy subsiste se 
construyó entre 1294 y 1296. 

La fachada es hoy un muro liso, sin más hueco que una puerta, que 
no es la primitiva. El coniunto ocupa un espacio rectangular. Primero 
se halla un vestíbulo, desde el que se }:>asa al princij^al flepartamento, 
cuadrado, con una piscina central, cobijada por un templete de columnas: 
era el baño frío (el antiguo frigidaviiim^. En uno de sus muros hay tres 
nichos, para el calzado de los bañistas; en otro, grandes ventanas (jue 
abrían a un jardín; en otro, un banco corrido, sobre pequeñas bovedillas, 
para reposar; en otro, una j)uerta. Por ésta se entraba en una sala rec- 
tangular, dividida en tres, j)or dos arcadas, formando dos alcobas: era 
el baño caliente (caldarium). Lhia sala contigua debió contener el baño 
de vapor y las calderas, cmya chimenea se conserva. A\ lado, otra sala 
rectangular, también con dos alcobas, serviría como dependencia. Otra, 
contigua al vestíbulo, debió emplearse para la higiene íntima, las fric- 
ciones: acaso era el verdadero vesfuario (el a-podyterium). 

La estructura del jngidariinn, parte la más interesante del edificio, 
es ésta : La piscina central forma un octógono, en cuyos vértices se asientan 
sendas columnas con capiteles de tij)o románico-catalán. Luego, sobre 
grandes ábacos, hay ocho arcos de medio punto, (pie sustentan una 
linterna, y, sobre ella, otras columnas y otros arcos (por donde jienetra 
la luz e.xterior), reciben una bóveda, cnjniliforme, de ocho ]iaños. El 
perímetro del local, cuadrado, se convierte en octógono })or cuatro arcos 
en los ángulos, v el espacio entre él y la piscina se culire con ocho trozos 
de bóveda cilindrica, calada por rosetones estrellados. I.as otras salas 
tienen bóvedas de medio cañón. El jrigidaviiníi tuvo las cubiertas jirimi- 
tivas de modo que vertían las aguas a la piscina. 

Toda la fábrica es de jiiedra: de sillares bien labrados v aparejados; 
las bóvedas, de sillarejo algo informe, están aparejadas }>or el jiroccdi- 
miento común de las ciipnlas románicas del })aís. 


' Los baños... cit. en el I. B. 

^ Puig y Cadafalch: Els banys, cit. en el I. P>. 


471 


V. Lampérez y Romea 


J)e igual estilo son los capiteles. Unos recuerdan los corintios romanos; 
otros tienen hojas y piñas; uno es de avecillas; otro tiene una águila. 
La labor es ruda, enérgica, con profundas estrías. 

Los baños de Gerona tienen una disposición completamente mahome- 
tana; esto es innegable. Pero los métodos constructivos y los detalles 
ornamentales, son cristianos: románico-catalanes, lis, pues, un monu- 
mento de gran valor arqueológico: único. 


4°. -CIVILIZACION MAHOMETANA 

(SKU.OS VIII AL XV) 

Civilización nacida en países cálidos, donde el baño es una necesidad, 
al trasplantarse a otros climas, siguió como costumbre lo que ya no 
era indisjiensable. Y así, aun en los inviernos de Zaragoza y de Toledo, 
nada suaves, los baños continuaron siendo algo inherente a la vida mu- 
sulmana. 

En Córdoba se contaban novecientos, según los historiadores: a este 
tenor, los hubo en todas las ciudades. El Edrisi nos da noticias circuns- 
tanciadas de las (]ue, en el siglo XII, los tenían, como dato que había 
([ue tener en cuenta para apreciar su mayor o menor habitabilidad L 

Los había públicos y privados. De éstos vimos un ejemplo en los de 
la Alhambra. De aquéllos hay noticias y edificios. Respecto a los turnos, 
prescripciones legales, etc., etc., relativas a su funcionamiento, etc., etcé- 
tera, })oco sé: alguna noticia contiene el documento aljamiado que, 
relacionado con la construcción de unos baños, en Córdoba, se copiará 
más adelante. Dícese en él que el servicio lo hacían muchachos; que era 
comj)letamente gratuito; que a los bañistas se les suministraban ropas 
mandiles), jierfumes, gleba, haleña y signac (corteza de nogal ])ara los 
dientes); ipie para la iluminación se usaban cirios y blandones de cera, 
y que en ciertos sitios liabía esteras (alhaceras). 

Lhi euanto a los turnos y prescripciones legales, debemos suponer, 
por buena lógica, (jue las relativas a los baños cristianos que quedan 
expuestos en otro lugar, deberían ser calcadas sobre las de los mahome- 
tanos, puesto (pie la institución fué trasplantada de éstos a aquéllos. 

lambién entre los mahometanos españoles hubo el baño medicinal 
en los lugares donde manaban aguas mineralizadas. Ld nombre de M/úm/ia, 
(pie aun conservan varios pueblos, es el puesto precisamente ]ior los 
árabes a (piellos lugares. El Edrisi cita «el gran balneario termal» de 

^ Viaje, cit. en el 1. H. 


4/2 


Arquitectura civil española 



329.- l’AI.MA 


DE .MaIJ.OKCA (P)AM:AKES). 


Panos árabiís. 


Fot. Mamíu 


473 



V. Lam Pérez y Romea 


Albania, en Andalucía, que es la Albania de Granada actual, donde se 
conserva el edificio mabonietano, que luego se describirá. 

Los Edificios. De la multitud de baños mabonietanos que bubo en 
España, quedan restos en Zaragoza, Toledo, Córdoba, Palma de Mallorca, 
Valencia, Murcia, Jaén y Granada. 

L'neron edificios hechos bajo un patrón o modelo conservado a través 
de los siglos, imitado, aunque pobremente, de las termas romanas: 
el vestíbulo, el lugar de desnudarse (análogo al apodyteriiim); el salón 
central, con templete sobre columnas, y la piscina en medio, destinada 
al baño frío (el frigidarium)-, otro departamento con alcobas (alhamias 
})ara el baño caliente (el caldariiim). En los de más importancia había 
otra estancia para baños de vapor. Completaban la instalación locales 
])ara los hornos y conductos subterráneos para aire caliente, copiados 
del hypocaustum romano. En la estructura, resjionden también a un 
modelo constante; la sala central, con temjilete sobre columnas, con 
bÓN'eda cupuliforme; las salas laterales, generalmente con alcobas, above- 
dadas con medio cañón. 

Confirma estas disjiosiciones, y nos da a conocer detalles del mayor 
interés sobre elementos desajiarecidos, el documento (pie antes se citó. 
Es un «]iliego de condiciones», como hoy diríamos, jxira la construcción 
de linos baños en Córdoba, 3^ existe inserto en un códice medioeval, 
escrito en aljamiado C 

El contrato se celebraba entre el dueño, de nombre Zarieb, y los 
maestros de obras rpie tomaban a su cargo la construcción. Dice así: 
«... y emáó (Zarieb) por menestrales de obras, (jue viniesen, ó' jilegáronse 
a él y díxoles: Yo quería fazer un baño con cuatro dejiartamentos, y 
(pie haya debaxo de la tierra cañerías de cobre y jilomo (pie entre el agua 
iría al departamento caliente, y que salga el agua caliente al dejiarta- 
mento frío. en somo de cada cañería, figuras con ojos de \’idrio bermejo 
y otras figuras de alafón, de aves, que lancen el agua fría por sus bocas, 
y otras figuras de \ádrio, que lancen el agua caliente por sus bocas, ó’ 
en las jiaredes, clavos de plata blanca. Y sea todo el baño con tinas de 
oro y plata, con escrijituras fermosas. Y (pie sean las piedras mármoles 
puestas macho con hembra; v (pie haya en medio del baño un alzihrich 
balsa o jieipieño estamjiie j con figuras de pavos y de gazelas y leones 
de cobre y de mármol colorado de color, (pie lancen el agua caliente 
dentro del alzihrich; y otros (pie lancen el agua fría y (]uc jmedan sacar 

' Fertcneció al erudito zaragozano D. Pablo (ul Y (iiL, y ahora está en la biblioteca 
de la <dunta de Amjrliiicación de Estudios históricos», de Madrid. Se han ocupado de él, 
y lo han coi>iado en ¡)arte o totalmente, los Sres. Gascón de Goior (Zaragoza, cit. en 
( I I. H.); yAi.LADAK {¡.a Alhambra, cit. en el 1. B.), y Ribera {El baTio, cit. en el L B.). 


474 


Arquitectura civil española 


agua sutilmente del alzihrich. Y los lugares de ralguadu (ablución, 
de vidrio colorado y los departamentos de ralguadu jtintados y dibujados 
con ladrillos y con oro y plata y azarem (minio) y clavos de arclien (plata) 
de manera que se trobe en el baño de todas figuras de animales del mundo, 
y que haya en el baño manzanas moldeadas de oro y de perlas preciosas 
y zafiros y esmeraldas. Y <pie haya allí un crucero de bóveda con estrellas 
archentadas (plateadas) y el campo (fondo) de aznl cárdeno. Y que haya 
una gran sala y muy alta con finestraches ( ventanas) de cuatro jtartes 
y con palacios (salas) y con grandes ])orchadas (galerías). 

Y dixeron los maestros: Nosotros lo tomaremos en la manera qtie 
has mandado, por veynte mil doblas de oro. 

Y fuese el mancebo (Zarieb) canfidad de nna hora y vino con toda 
la cantidad, y comenzaron a obrar todos los maestros de Córdoba. Y 
filé obrado el baño, de modo (jue no se (allí ' miraban, ni se (allí) dentraban 
sino maestros, o jiintores o piedra jiicpieros (canteros). Y eran los mayorales 
de la obra cuarenta ]iersonas; y obraron a jiorficha (porfía) míos por ofros, 
j)or veyer cual faría mechor obrache. 

Y desjiués de dos años la obra fné acabada, v dcnfró el mancebo 
(Zarieb^ a mirar el baño y maravillóse de la chentil (gentil, bella) obra, 
y tpiedó pasmado y cpiedo. Y mandó escobarlo y fregarlo con cal viva 
y serraduras y ramas de gavardera (?) : y fue alimpiado. Y metieron 
sus cirios y blandones de cera y alhaceras (esteras) y fizo a man derecha 
del baño tiendas y a man izquierda tiendas. 

jHiso sirvientes mo^os, <[ue no tenían barbas y ilí.xoles: ('uahpiiera 
(}ue y (a(juí) venga, dadle gleba y haleña v signac (corteza de nogal 
para los dientes) y aguarrós (agua de rosas?) y no toméis paga de ninguno ; 
sinó yo colgaré su cabeza a la puerta del baño, ñ' jiuso servidores tle man- 
diles y de ]>erfnmes y díxoles: ó'o vos daré a cada uno por mes cuatro 
adirhemes y servid y honrad a toda jiersona, v cuando a {Tabliazar (al 
anochecer) adobad el baño. 

Y fizo cridar i pregonar) por Córdoba: <''roda ]iersona (pie \'cnga al 
baño de Zarieb, y no jiague nada...» 

Aun desconfando todo lo (]ue haya de asignarse a la fantasía v estilo 
orientales, (|ueda sienqire el conocimiento de c(hno i’ran unos baños 
mahometano-es])añoles. Se ve bien la distribución: un vestíbulo o sitio 
de abluciones, con tiendas a los lados; cuatro dejiartamentos jiara las 
tinas; otro central, con alta bóv'cda y ventanas y galerías a los lados, 
en cuyo centro está la jiiscina, hecha de })lan('has de mármol machihem- 
bradas; bóvedas con estrellas caladas; conductos de agua fría y caliente. 
Si esto nos es conocido })or los edificios mismos, no así los detalles de 
un lujo, que recuerda los de Medina-Azahara : esa serie de re})resentacioues 


473 


V. Lampérez y Romea 


de animales, de mármol y cobre, de clavos de plata, de manzanas de 
oro, de lántnras con minio, de vidrios coloreados, i Y todo eso ])ara unos 
baños públicos de uso gratuito! 

Los edificios (jne cpiedan son sólo el escpieleto, desnudo, de tanto lujo. 
hn Zaragoza, en una casa de las Piedras del Coso, hay un sub- 
terráneo cuya disposición hace suponer (pie íué jiarte de unos baños 
mahometanos. Tiene escasa imjiortancia. 



3JU.- Palm.v de !\L\i.lokca (Baleares). Baños árabes. 
Planta y Sección. 

Plano de C. Maura. 


En Toledo subsistían, en el siglo XII, los baños del Ferro y los de 
Cavalid; y, en el XIII, los áo Ahen-Zavu o de los Caballeros, los del Arzo- 
bispo y los de la Alcudia, todos de construcción mahometana. Todavía 
liay restos muy interesantes de los de los Caballeros ('acaso eran los lla- 
mados antes de Aben-Zavn): cuatro estancias rectangulares, embove- 
dadas, con respiraderos h 

' .'\mador de los Ríos (R.): Toledo, cit. en el I. B., pág. io6. 


— 476 - 


Arquitectura civil española 


En Córdoba quedan (o quedaban hace poco tiempo) los restos, sote- 
rrados, de dos, en la calle de Céspedes y en la del Paño. Del más impor- 
tante había una cámara cuadrangular, que contuvo un estamjiie o pila, 
cubierto con bóveda con respiraderos sobre arcos de herradura y 
columnas de jaspe. 

Los baños de Palma de Mallorca quedan ahora comprendidos dentro 
de una casa particular C La estancia más importante es cuadrada: 
contiene un templete de doce columnas, formando otro cuadrado, que 
por cuatro trompas se convierte en un octógono, embovedado con una 
cúpula semicircular, con respiraderos. En las galerías circundantes 
hay bóvedas de cañón, y en los encuentros, de arista. Los capiteles 
son lisos, con grandes ábacos; los arcos, de herradura. Este baño es 
interesantísimo, por su ingeniosa disposición y construcción^ Se cree 
obra anterior al siglo XIII. 

Los baños llamados del Almirante , en Valencia, siguen destinados 
hoy a igual uso, lo cual dice las numerosas reformas (pie habrán sufrido, 
y lo desfigurada cpie estará la fábrica mahometana. L aborde los dibujó; 
un cronista moderno los describe •'* *. El departamento jirincipal es 
rectangular : por medio de dos arcjuerías, se forma un cuadrado 
central, cubierto con bóveda de ocho jiaños, con resjiiraderos. Las 
alcobas laterales contenían dos jiilas cada una. A los lados, sendas 
salas rectangulares, con bóvedas jierforadas, y pilas. Cerca, depen- 
dencias accesorias y de servicio. 

Los baños de JaciA, no bien estudiados todavía, están en los 
sótanos del edificio cpie hoy ocupa el Hospicio de Mujeres. Ocujian 
tres naves, <pie se dividen en varias estancias, }ior arcos de herra- 
dura, sobre columnas, con cajiiteles, (pie se ven mal jior estar casi 
soterrados. Todo está abovedado, y, en algunas estancias, las bóvedas 
tienen las características lucernas de ventilación. Diversas construc- 
ciones subterráneas parecen ser de comunicación entre los baños y 
el palacio de los Reyes moros de Jaén, (pie estuvo donde hoy el 
Convento de Santo Domingo. 

Los baños de Murcia son un pobre resto de unos jn'iblicos, y 
están tan alterados (pie ajienas dan idea de lo cpie fueron. Se admiran 
un vestíbulo y varias habitaciones de paso, hasta el dejiartamento 
}irincij)al, (pie es cuadrado, y tuvo un espacio central, cubierto cou 
bóveda esférica de ladrillo (hoy derruida), y cuatro galerías circun- 

^ Serra (P).); Baños... cit. en el I. P>. 

- Delafoy ([iiiere ver en la ilispo.sición nna varianíe directa del palacio de .Sar 
vi.stan. Ob. cit. en el I. lE 

® T. Llórente: \ddencia, tomo 1 . pág. 485, nota. Cit. T. H. 

* Vid. <d)ON Lope DE Sosa»: jaén, Diciembre i()i3. 


477 


V. Lampércz y Romea 


dantes^ separadas de acpiél por arcos de herradura, sostenidos por 
apoyos de piedra negra. Créese sea obra del siglo XIÍC 

Mahometanas de origen debían ser aún las dos casas de baños que 
había cu Sevilla, en el siglo XVI. Morcado dice «que tenían grandes 





3 O- “(iRANADA. 

10, HAÑUF.ro. Planta. 

I’hniií de X. 

salas, a las (]ue salían caños (|ue corren de agua caliente y también 
fría». Se ve (jue la instalación era de las de baño común, o sea una 
piscina grande para todos los bañistas. 

Los baños públicos más importantes y más completos son los de 
(iranada. Hasta hace algunos años, conservábanse los de la Puerta de 
Elvira H'asa de las ruml)asl, los del Alhaicíii, y los de la puerta de Guadix 

' .Amauor !)F, i.os Ríos (lO): Murcia y Albacete, cit. 1 . H., {)ág. 413. 


- 47 S — 


Arquitectura civil española 



479 


(íraxada. El BAÑUKLO. Fot. de 


V. Lampérez y 


Romea 



o ! i J 6 S S 


J/1 


333.— Granada. Baños árabes en la plaza de armas 
DE la Alcazaba. Planta. 

a. Ingreso. — fi. Sala de reposo - r. Retrete. — J. Cámara templada. — 
Í-. Cámara fría. - f. Cámara caliente. — ¡f. Depósito de agua caliente. — 
/j. Hogar para calentar el agua — /. Servicio. j. Escalera de servicio. 

Plano de Cendoya. 


480 


Arquitectura civil española 


(el BañiieloV. Destruido aquél (hacia 1904) y arruinado el segundo h 
sólo quedaba el tercero. Recientísimamente, las excavaciones de la 
Alcazaba permiten agregar la planta de otro. 

El Bañuelo es obra, a lo que se cree, del siglo XI o del XIII, y, por 
lo tanto, de las más antiguas que se conservan de la Granada musul- 
mana. El edificio ocupa una superficie rectangular. Entrase hoy por 
una renovada casa, cuya primera el relato aljamiado cita. Hay luego 
un patinillo que bien pudo ser el vestíbulo; al lado, unos pequeños cuartos, 
que fueron, sin duda, para el portero y servidores del baño. Se entra luego 
al departamento principal, cuya disposición es la común y característica 
de todos los baños musulmanes. Primero hay una sala rectangular, 
que tuvo en sus extremos sendas alcobas o alhamías con embocadura 
de columnas y arcos de herradura; su destino sería el de vestuario y 
descanso. Contiguo está el departamento princi])al, con galerías laterales, 
formadas con arcos de herradura sobre columnas, cubiertos, aquél, 
por bóvedas en rincón de claustro, y éstas por medios cañones. Eas colum- 
nas no tienen basas: los fustes j)arecen aprovechados, y los caj^iteles 
son de estilo mahometano, inspirados en el corintio y en el compuesto, 
y de gran antigüedad, dentro del estilo. Hay uno romano; otro tiene 
una inscripción cúfica, que dice: «En el nombre de Dios creyente y 
misericordioso: no hay fuerza sino en el nombre de Dios». Las paredes 
estiu’ieron revestidas de estuco, con ornamentación pintada, repre- 
sentando una fingida art|uería y motivos vegetales en las enjutas. 

Id j)avimento (ahora cubierto) es de baldosas; })osible y proba- 
blemente, bajo él están los conductos del agua caliente. 

Sigue otra estancia rectangular, con alcobas, como la primera. 
En el fondo hubo dos j:)e(|ueños de])artamentos rectangulares, (]ue 
contuvieron tinas j)ara baños calientes, según unos, y bañeras parti- 
culares, según otros. Idnbebidos en los muros, están los conductos 
de salida de los humos. Al fondo hay otro local (arruinado' donde 
estarían (piizá los hornos, aun(|ue algunos su])onen (|ue por allí tuvo 
el establecimiento la entrada principal. 

La fábrica es de argamasa, ladrillo y piedra en algunas partes. De 
ella, y por los caracteres de los arcos y de los capiteles, dedúcese la gran 
antigüedad, ya dicha, del edificio 

^ CONTKKKAS, Pí Y MAKGALL, ALMAflKO, ( iÓMEZ MOKENO, t'AIJ.ADAK: ohras ci- 
tadas en el I. P>. 

^ Tcran muy grandiosos: en el siglo X\'l aun se conser\’aba sobre la pueita una 
inscripción alusiva a la con\’eniencia de bañarse. 

^ \ can.se, sobre él, además de los autores citados en la nota anterior, los inlonnes 
de la Real Academia de la Historia y de Itellas .Artes (Itoletines respectivo^ de mayo 
de igií) y diciembre IQ18), ]iara la declaración de ('monumento nacional», ('initidos por 
lo.s Sres AIéi.ida V LampÉrkz. respectivamente. 


51 


481 - 


V. Lampérez y Romea 


Los baños de ¡a Alcazaba son, como se ha dicho, de recientísimo 
descubrimiento. Sólo la parte baja de los muros existe: bastante para 
ver la disposición de los locales. Para darse cuenta de ella, no precisan 
más explicaciones que la planta adjunta y la nota que consta a su pie. 
Probablemente son obra del siglo XIV (t. I, pág. 172). 

Por gran fortuna, queda algo muy importante de unos baños 
medicinales mahometanos: de los de Alhania de Granada. No será, 
ciertamente, el edificio que vió (y cita) El Edrisi en el siglo XII; pero 
sí es, indudablemente, construcción mora. La piscina, en las termas 



334. — Alh.vm.v ((íran.-vda). Baños árabes. 

Fot. Gitencn'. 


llamadas de Marios, es un edificio de planta cuadrada, con dos grandes 
arcos túmido-apuntados, en sendos frentes, y en ellos, otros pequeños 
que establecen pasos laterales. Por medio de cuatro trompas cónicas 
se pasa a la planta octógona. Una imposta general prepara el apoyo 
de la bóveda, apuntada, de ocho jdanos. Toda la obra es de perfectí- 
sima aparejada: cosa singular en obra mahometana. Y no es tam- 
poco frecuente, en los frigidariiim que se citaron, la disposición de 
la sala de Albania de x\ndalucía. Ignoro si quedan más cámaras o 
de]iartarnentos, así como si es conocida algo de la historia del edificio’. 


’ Los restos iiiahoinetaiios de los baños medicinales de Benzalema (Zújar) son in- 
significantes, según me dicen. 


— 482 - 



Arquitectura civil española 


5 “.—CIVILIZACION MODERNA 

(SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI AL XVIIl) 

Vimos que, muy entrado el siglo XVI, todavía existían baños públi- 
cos en algunas ciudades de España. 

Todo eso desapareció en el curso del XVII. Ni el pueblo ni las per- 
sonas de clase elevada se bañaban ya en los tiempos de Eelipe IV y 
Carlos II. LTn crítico de las costumbres cortesanas de entonces pide 
«que hayan baños y estufas... las personas (pie tienen necesidad de ellas 
para la limpieza y holganza, e introduzcan el uso..., y sean los más 
nobles los primeros en hacerlo para cpie los demás sigan el ejemplo de los 
mayores y haya limpieza para todos»’. Y si tal falta de aseo había 
entre las gentes de la Corte, ¡calcúlese lo cpie sucedería en las de jiro- 
vincias ! 


^ Traza para hacer una Corte. "M. s. M. Bilá. Nacional: citado en la pág. 68 del 
libro España en tiempo de Carlos II, por Jui-Ián Juderí.'\s, Madrid, 1912. 





I 

1 




R E L O J E S P IT B L I C O S 



J 


I 


I 


i^_CIVILIZACION CRISTIANA. LA BAJA EDAD MEDIA 
Y EL PRINCIPIO DE LA MODERNA 

(SIGLOS XII A LA PRIMERA MITAD DEL XVl) 

La conveniencia de regular las tareas cuotidianas de los ciudadanos, 
fué reconocida desde muy antiguo. De ella salió un edificio de la arqui- 
tectura civil, especialísimo : el reloj público. 

El ser^ácio existía antes del descubrimiento de los relojes mecánicos. 
Algunos Municipios pagaban a un hombre (jue hacía sonar una campana 
colocada en una torre, según las horas que marcaba un reloj de arena. 
He aquí varias noticias de esto : 

Lo consigna un autor local, respecto a TortosaC En Barcelona 
Don Juan I de Aragón había dispuesto cjue se diesen las horas según 
las indicaciones de unos grandes relojes de arena construidos al efecto 
por los cartógrafos mallorquines-. Las Ordenanzas de Zaragoza diceiD: 
«Que haya en la torre un menestral que compensando de metlio día 
a media noche, sepa las horas por pasamento de ampolletas, y según 
él, toque las campanas». 

Ifn el siglo NIII fueron inventados los relojes mecánicos. En España 
no conocemos su aplicación, hasta ahora, antes del NIV. Un historiador 
tortosino'* afirma que en 1378 se insfaló uno en Torfosa, por el mecánico 
«Johannes Alemanus, magister ojieris orlogiorum». Ifn Burgos, y en 
el año 1384, el Cabildo acordaba análoga insfalación, la (pie se verifi- 
caba en 1385 b Es de esfa fecha el acuerdo del (Irande y General 
Consejo de Palma de IMallorca, de tener reloj público, lo cpie era ejecutado 
al siguiente año®. Carlos el Noble de Navarra tenía, en 1393, un relojero 
llamado Juan Panecpiin, (pie le había construido un reloj «a muchas 
cam])anetas»b De la misma fecha es el colocado en las forres de la 
Catedral de P^arcelona, y de 1396 el de la de Sevilla. En las Ordenanzas 
de Zaragoza se trata de la conveniencia de distribuir los negocios ]>or 

1 Pastor y Mas ((i.); Kl Reloj... cit. en el 1. It. 

- LlabrÉs; El Reloj... cit. en el I. R. 

® Ordenanzas, cit. en el í. R. 

■* Pastor y Mas, ya citado. 

Dameto: Historia... cit. en el I. P). 

® Albarellos: Efemérides... cit. en el I. R. 

' Iturrai.de: El Real... cit. en el I. R. 


— 487 


V. Lampérez y Romea 


«tocament de reloje»; a cuyo fin, para el año siguiente había de hacerse 
uno. De 1424 es el de la Catedral de Huesca, aunque hubo otro anterior, 
cuya fecha se ignorad Los Reyes Católicos dieron orden, en 1495, 
para (pie se hiciese en Madrid un nuevo reloj público: cuyo adjetivo in- 
dica cpie no era el primero. Desde los comienzos del siglo XVI se generali- 
zaron en las Catedrales y Municipios, acompañados muchos de ingeniosos 
mecanismos de campanas, figuras de nacimiento, etc., etc., como el «Pa- 
pamoscas» de Burgos, los «Maragatos» de Astorga y tantos más. 

La contemporaneidad del establecimiento de los relojes mecánicos, 
con algunas de las citadas dis])Osiciones sobre el servicio de las campanadas 
de las horas, reguladas por los de arena, indica cjue los primeros me- 
cánicos andaban tan desconcertados con el sol que nadie se fiaba de 
ellos. En el siglo XVI progresaron grandemente los mecanismos; pero 
los detalles de la historia del reloj de la Torre Nueva de Zaragoza prueban 
que continuaba el desconcierto por los defectos de construcción h 

Los Edificios. Se instalaron en principio los relojes públicos en 
los campanarios de las Catedrales o iglesias, en las torres de las murallas, 
o en las de los Munici]áos. En algunos casos, como en el de Palma de 
Mallorca, que citado cpieda, la autoridad local compraba la torre de una 
iglesia con tal objeto: por donde se convertía en un edificio de Arqui- 
tectura civil. Por lo costoso de las obras, debió ser muy escasa la cons- 
trucción de torres especiales para la colocación de los relojes públicos: 
bastaban, para cumplir la necesidad, acpiellas otras torres. Por eso es 
más interesante (aparte de su belleza artística) la celebérrima Torre 
Nueva de Zaragoza, levantada aisladamente, en el centro de una plaza, 
con tal objeto: monumento, si no único en España, sí el más antiguo y 
el más hermoso de sus congéneres. 

La Torre Nueva de Zaragoza se construyó por acuerdo de los Jurados 
de la Ciudad, en 1504, para colocar un reloj por el que se gobernaran 
los tribunales, los enfermos y los vecinos; a cuyo fin debía levantarse 
en medio de la ciudad una torre mu}/ alta y suntuosa, donde se fijase 
un reloj liecho con gran maestría, con una campana muy grande que se 
oyese en toda la población. Y, en efecto, después de la tramitación 
propia del caso, fueron encargados de la obra los maestros Gabriel Gombao 
y Juan Sariñena, cristianos; Ince de Galí, hebreo; Ezmer Valladar y 
Monterriz, moros. El reloj se contrató con un especialista de Lérida, 
maestre J airne Eerrer. La obra, con sus distintas modificaciones, duró hasta 
1512: su coste filé de 2.129 libras (106.450 jiesetas^ sin contar el reloj. 

1 Llahrés, oIa cit. 

“ ('lASCÓN DE (iOTOR (A. Y P.) : La Torre Nueva, cit. en el I. B. 


488 


Arquitectura civil española 



335. — Zaragoza. Torre Nueva. 


Fot. Lnurent. 


489 


V. Lampérez y Romea 


No consta quién fuese el verdadero autor de la torre, ni el respectivo 
papel de cada socio, en aquella curiosa compañía: acaso los cristianos 
eran los aparejadores-directores, los moros los albañiles constructores, 
y el judío el socio capitalista*. 

Era la Torre-Nueva un esbeltísimo cuerpo de 55,60 metros de alto, 
totalmente de ladrillo, de planta estrellada, con un núcleo interior, entre 
el cual, y el exterior, 
se desarrollaba una 
escalera. Pertenecía al 
más característico es- 
tilo mndéjar aragonés, 
con una riqueza de 
detalles que son más 
para vistos en la ad- 
junta fotografía (jue 
para descritos con la 
pluma. Como obra de 
arte era prodigiosa- 
mente bella : como 

obra constructiva era 
tros, y que hizo más famosa la torre zaragozana, que por su misma 
belleza. Vino, como consecuencia, el consiguiente desequilibrio de pre- 
siones, y, al fin. un estado de ruina incipiente: por lo que fué 
demolida, algo prematuramente, en 1893-. 

Otras muchas torres de reloj hay en España. Como ejemplo, y en 
otro tipo a la de Zaragoza, puede citarse la de Ubeda (Jaén^, buen 
monumento del «Renacimiento», cuya fecha de construcción iTáóq: 
consta en una cartela. 


*■ Alnindantes detalles sobre el monumento contiene la obra de Gascón de Gotor, 
ya citada, y mi estudií.) La Torre Nueva, cit. en el I. B. 

“ Sobre la célebre inclinación de esta torre, se escribió y habló mucho. Era casi 
general la creencia de que se halu'a construido inclinada, por alarde de habilidad (véase, 
entre otros, el estudio de los Sres CiAscÓN DE Gotor, citado). Ni en las condiciones de la 
obra, dadas en 1504 por los Jurados de la Ciudad, ni en la relación del viajero CooK. que 
la vió en 1585 y la describe, ni en ningún documento anterior al .siglo XVII I, .se trata 
nada de la inclinación: señal cierta de que no existía. Fué jn'oducto de las circunstancias 
de la obra misma, paulatinamente ocasionado, hasta aquel siglo, en epie ya causó la 
alarma y ocasionó proyectos de reparación, (t'éase el eletalle ele todo esto en mi citado 
estudio.) 



336. — Zaractüza. 
Torre Nueva. Flauta. 

1‘lano del autor. 


deficientísima. Por su 
mala cimentación, por 
la reducida planta, pol- 
la falta de ligazón 
entre el cuerpo envol- 
vente y el núcleo in- 
terior, V por la enorme 
cantidad de tendeles 
de mortero, se produjo 
un asiento desigual en 
la fábrica, y, en defini- 
ti\^a, una inclinación 
hacia el Mediodía, que 
llegó a ser de 2,63 me- 


490 


Arquitectura civil española 

2 “.—CIVILIZACIÓN MAHOMETANA 

(SICrLOS VIII AL XV) 

Como complemento de las páginas que de ellos tratan, en las construc- 
ciones cristianas, y a título de curiosidad, no parecerá impertinente copiar 
aquí la descripción de un reloj de agua [hila o clepsidra), fabricado al 
mediodía de Toledo, por el astrónomo Az-Zarcal, con el fin de que «supiesen 
las gentes qué hora del día o de la noche, y pudieran calcular el día de 
la luna», es decir, reloj y calendario, en una pieza. La descripción es de 
un escritor arábigo, y dice, según traducción del Sr. Gayangos ’ : 
«Lo que hay de maravilloso y sorprendente en Toledo, ... son unas hilas 
que fabricó i\bú-el-Casim-Abdl-er-Rahman, conocido por Az-Zarcal. Cuen- 
tan que éste... determinó fabricar otro (artificio; en Toledo, y para ello 
hizo cavar dos grandes estanques en una casa a orillas del Tajo, ... ha- 
ciendo de suerte que se llenasen de agua o se vaciasen del todo, según 
la creciente y menguante de la luna... Su movimiento se regulaba de esta 
manera: no bien se dejaba ver la luna nueva, cuando })or conductos 
invisibles empezaba a correr el agua en los estan(]ues, de modo que al 
amanecer de aquel día estaban llenas cuatro séjitimas partes, y al anochecer 
había un séptimo justo de agua. Así iba aumentando el agua en los 
estanques... Venida la décimacuarta noche del mes, y cuando la luna 
empezaba a menguar, los estanques se iban \’aciando de la misma manera... 
hasta completarse los 2C) días del mes, hora en que (piedaban de todo 
punto vacíos...» 

Fantástico o real, el reloj de Toledo ha ([uedado como curiosidad 
extraordinaria, aunque sólo en los libros, pues dícese que, en tiempos 
de Alfonso VH, nn astrólogo judío que cpiiso ver cómo funcionaba lo 
inutilizó. 


3°.— CIVILIZACION MODERNA 

(SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI AL XVIIl) 

En esta éj:)Oca fué frecuentísima la instalación de relojes j)úblicos. 
Para ello se utiliza una torre de iglesia, de muralla o de casa municipal. 
Las kx’antadas expresamente escasean, las pocas (pie se hacen carecen 
de la imjiortancia y belleza ar<juitectónica <pie atesoraron las del siglo NVI. 
Sirva de ejemplo la de Liiarca (0\áedo), construida en 1705. 

^ Copiado en el Toledo, de .\m.\dor dk los 1\Íos (K.). cit. en el I. IL, ])á>í. 34d. 


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ALHERGUE8 Y POSADAS 



I CIVILIZACION ROMANA 

(SIGLOS I AL IV) 

Augusto, el gran promotor de instituciones de la civilización romana, 
creó los correos. Para su servicio, y j:>ara el de los ejércitos del Imperio, 
estableció en las ciudades y en el borde de las vías casas de refugio, 
que se llamaban: cividadcs, las que estaban en ])oblados, y tenían ser- 
vicios para 40 caballos; miitationes, los puntos de relevo en los caminos, 
con 20 caballos; y mansiones, los albergues, también en los caminos, 
provistos de alojamientos y toda clase de auxilios, como veterinarios, 
herradores, carpinteros de carros, forrajes, etc. 

Estos edificios fueron creados exclnsivamente j^ara los servicios 
militares: los civiles jx:>dían usar de ellos si estaban provistos de un per- 
miso especial (diploma tractorium'') y de una carta de posta, si habían 
de utilizar los caballos. Las mansiones y mntationes estaban situadas 
a las distancias marcadas en las etapas o jornadas L No jwsecmos no- 
ticias de su disposición arquitectónica. 

A ejemplo de las mansiones militares, se establecieron hospitium 
civiles, donde pudieran haber descanso los viajeros. Por las escasísimas 
noticias ([ue de ellos tenemos, dedúcese cpie eran algo análogos a nuestros 
paradores modernos. 


2°- y 3 “—CIVILIZACION CRISTIANA. LA ALTA EDAD MEDIA 

(SIGLOS V AL XI) 

LA PAJA EDAD MEDIA Y EL PRINCIPIO DE LA MODERNA 

(SIGLOS XII A LA PRIMERA MITAD DEL XVI) 

Las Costumbres. Los escritores de la Edad Media nos han dejado 
terribles relaciones de lo (¡ue era el viajar por Es]:>aña, aun en los días, 
bastante avanzados, del siglo X\h Cuando los viajeros ]X)dían utilizar 
los ríos, la empresa era relati^Tlmente fácil. El (luadahiuivir era na\’e- 
gable hasta Córdoba, el Ebro hasta Logroño, el Cmadiana hasta Mérida; 

^ Sa.avedra (E.): Las vías romanas... cit. en el I. P>. 


495 


V. Lampérez y Romea 


y estas vías fluviales fueron siempre preferidas a las terrestres. Una de 
ellas, el Ebro, constituía la gran arteria del comercio transmarino, 
utilizado por la Liga Anseática para el tráfico entre los puertos del 
Cantábrico y los de Mediterráneo C 

Cuando los viajes habían de hacerse por vías terrestres, las difi- 
cultades y molestias eran grandísimas. El transporte se hacía a caballo, 
o en milla, o, alguna vez, en litera conducida por dos caballerías. Los 
coches no se generalizaron hasta fin del siglo XVI, pues el traído en el 
XV por Margarita de Austria cuando vino a casarse con el Príncipe 
1). Juan, fué un caso aislado, que desapareció con su importadora. Los 
carros y carretas para el transporte de mercancías eran también escasos : las 
recuas cumplían la misión. Y como la función crea el órgano, los caminos 
cabdales o carreteras eran escasos, y los demás consistían en vías muertas, 
estrechas, incómodas, peligrosas y mal o nulamente pavimentadas, y 
sin más puentes que los grandes e indispensables, pues las arroyadas 
y badenes se atravesaban a pie, proporcionando frecuentes percances 
a los viajeros-. El lodo y el jiolvo eran señores de los caminos^, 
lin cuanto a su trazado, hacíanse según la natural topografía del país: 
así es que las cuestas arrit>a y las pendientes ahajo eran terribles y conti- 
nuas *. 

Aumentaban los peligros y molestias de los viajes las aduanas, de 
(pie ya se ha tratado; los múltiples cobradores de portazgos, peajes, 
hostalajes, rondas y castellerías; y, lo cpie era peor, las abundantes ban- 
das de malhechores aristocráticos en la i\.lta Edad Media, y plebeyos, 
en la Baja, como acpiellos colmeneros y golfines contra los que se levan- 
taron las Santas Hermandades municipales. 

Excepción relativa en este negro cuadro era el camino francés a 
Santiago, seguido })or los peregrinos de toda Europa, que entraban en 
España por Roncesvalles. Alfonso VI había mandado reconstruir o hacer 
los puentes desde Logroño a Compostela: el camino estaba pavimentado 
con grandes e irregulares piedras v Y los albergues, en monasterios 
y hospitales, eran frecuentes y pasables. 

Los Reyes Católicos hicieron muchas mejoras en caminos, puentes 
y hosjiederías. Y su reforma, o, mejor dicho, nueva creación de la Santa 
Hermandad, limjiió los caminos y las posadas de ladrones, rameras 
y tahúres. 

' WrjKNUZ (E.): ¡listoire... cit. en el I. H. 

- .\lzola: Las Obras Públicas... cit. en el I. B. 

^ Ai, ZOCA, olí. cit.; CoocK, Maje cit. 

'* Ai.zola, ()1). cit. 

^ Se conservan algunos trozos: he visto uno en la provincia de Palencia, entre 
Villasirga y ( arrión de los Condes. 


496 — 


Arquitectura civil española 


Los Edificios. Al borde de los caminos^ lo mismo en poblado que 
en despoblado, la caridad y el mercantilismo habían puesto albergues, 
hospederías, posadas y ventas. Ya vimos, al tratar de los edificios de 
beneficencia, lo que eran aquellas hospederías, sostenidas por los monas- 
terios en sus propias casas, o construidas ])or ellos expresamente en los 
despoblados. Recordemos que éstas se componían de un albergue y de 
una capilla, alcanzando alguna vez (ej. Arbás, en Asturias) la categoría 
de un hospicio y una iglesia. 

Había, aparte de esto, posadas y ventas de })ago para los \’ia¡eros 
y trajinantes pudientes, en las ciudades y en despoblado. 

Barcelona las tenía para toda clase de gentes; algunas, especiales 
para profesiones o nacionalidades, como la de la «Flor de Lis>>, frecuentada 
por franceses. Desde el siglo XIII, por lo menos, solo podían establecerse 
por concesión Real, y con ella se abrió, en u68, una junto al Palacio, 
y luego otras eu la Frenería, en San Cugat y en la calle de hhi (iamban. 

No conocemos la disposición arquitectónica: de ciertas noticias 
deduciremos (|ue algunas eran edificios mixtos de hosjiedaje y depósito 
de mercancías, de los negociantes que en ellas se alojaban; algo como 
los fondak de Oriente. Había ordenanzas cpie obligaban a ([ue tuviesen 
nombres susceptibles de ser representados eu enseñas llamatiwis: h'lor 
de Lis, el Sol, el Caballo, la Campana y otros análogos, tenían las d(‘l 
siglo XV C 

Fn las ciudades frecuentadas jior las peregrinaciones, tan comunes 
en la Edad Media, eran numerosas, y diferentes o esj)eciales para a([ué- 
llos, según se deduce de las Ordenanzas de Oviedo, de 1274C Tan 
numerosas debían ser que la competencia era terrible, como se ve por 
esas mismas Ordenanzas, cpie mandan a los jiosaderos permanecer en 
las puertas de sus casas sin «tirar» de las personas ni de las bestias ])ara 
hacerlas entrar en ellas, dejando que «el (pie (piisier pose a bona paz>u 
También nos da la curiosa noticia de la existencia de agentes cpie salian 
a esperar a los romeros a las afueras de la ciudad, ])ara atraérselos a 
sus resjiectivas posadas: lo mismo (pie los modernos "anchos en las 
estaciones de ferrocarriles. 

Tenemos bastantes y curiosas noticias de lo (pie t‘raii las \'(‘iitas en 

despoblado. «Venta, dice un \ iajero de la Edad Media, es una casa sola 

en medio del campo.» « Esas ])osadas, añade, están cada dos o tres leguas 
de distancia, y carecen d(' comodidades: no tienen camas, ni colchones, 
y es pR‘CÍso llevarlo todo consigo. El seixicio de aliimnitos tampoco S(* 
puede cominar: ([iiien (pñ('ia eonier, ti(.“ne (pie proN'eeise o\ mismo de los 

' ( .\RKKKAS Y ( anuí: nl>. (il. e]| el I. I’.,, [lág. ’,()(.). 

“ liiNerla-. en rl lihro di.' : ( ulciíiun... n(. cu <■! I. 1>. 


32 


-197 


V. Lampérez y Romea 



3 >7.--('iKANADA. ('ARAVANSHRRALLO MAHOMETANO. 
(Casa del Carp.ón.) IManta reconstituida. 

Plano de X. 


- 498 — 


Arquitectura civi 


española 



5 38. ^Granada. (' aravansekkai.li > maik )M1ítan< >. 
(Casa dkl Cartíón.) l’lanta en su estado actual. 

¡'laño de A. 


32 


499 


V. Lampérez y Romea 


alimentos.»^ líl cuadro es exacto al que pinta Navagero^, al tratar de la 
venta «el Palacio» en Despeñaperros (Sierra Morena ), hecha por los Reyes 
Católicos para comodidad de los trajinantes y viajeros. «Hay muchos 
y buenos ajDosentos, y una gran sala en medio: pero sin ajuar alguno, 
como sucede en las demás ventas de España, por lo que hav que llevarlo 
todo consigo.» Sintética como es, la descripción del embajador veneciano 
nos da conocimiento de la arquitectura de una posada importante en 
el siglo XV: un gran salón central (probablemente con un hogar de 
cocina y calefacción), con habitaciones indej»endientes alrededor. Segura- 
mente habría caballerizas en la j)lanta baja. El tipo })arcce tomado del de 
los caravanserrallos mahometanos (acaso del de Granada, que luego des- 
cribiré), con la sola diferencia de ser salc)n cubierto lo que en éstos es 
patio descubierto. 

Como en tantas otras necesidades de la época, fueron los monasterios 
los (|ue acudieron a proveerlas, estableciendo })osadas de j)ago (aparte de 
las (jue tenían con fines benéficos). Rosmital se alojó en Madridejos 
en unos magníficos edificios, j)ropicdad del monasterio de Guadalupe, 
«que aventajaban a los demás... Suelen j)osar en ellos caballeros que 
pagan su gasto, y tienen caballerizas, en las (jue caben más de cien ca- 
ballos, porque esta liosj:)edería es casi regia»'*. 

Regia del todo era, y tand3Íén de Guadalupe, la cjue el P. Er. Ñuño 
de Arévalo hizo junto al ^Monasterio, en 1486, j)>ara los Reyes Católicos. 
Nada subsiste. 

V también es fundación de Guadalu[)e la Hospedería de Nobles, 
(jue aun se ve frente al Monasterio. Se hizo entre 1498 y 1501, y es un 
hermoso edificio de amplias estancias, con un patio con galerías, de 
estilo mudéjar guadahqiense. 


4°. CIVILIZACION MAHOMETANA 

(SIGLOS Mil AL -XV) 

Las Costumbres, l.os viajeros por la Esj)aña mahometana marcan 
las eta])as juincij^ales de los trayectos, y fijan los jiuntos donde había 
a/hergites, ?nansioues, jondaks o caravanserrallos. El Edrisi cita muchí- 
simas. De cómo eran estas mansiones, nada dice: sin duda se ])arecían 
en lo ])ol)res y faltas de comodidades, a las cristianas (|ue (juedan des- 
critas. La mención t‘S|)ecial (¡ue liace de una, prueba que no era común 

' SoiiiESKiii: ol). nt. en el I. I>., jiáy;. ZS-- 
- ( >1). cil., pág. gm. 

■* ( )l>. c il . en el I. I>., pág. 125. 


i;oo 


A r (| u i l c c ( 11 r a civil española 


y corriente en las demás lo que de ella dice: en Mondéjar hay una posada 
para viajeros «donde se puede comprar pan, pescado y frutas»’. 

Los Edificios. Los fondak de los países mahometanos corresponden 
a un tipo que describe así un historiador de sn Arquitectura-: «Los 
fondak que bordean los caminos son poco importantes; tienen nn ]:>atio 
rodeado de cuadras, y encima un j)iso dividido en j^eijueñas habitaciones. 
Los de las ciudades son lo mismo, ])ero más grandes. Algunos tienen 
galerías en los patios... Nada de confort... Hay fondak (]ue tienen baños 
y tiendas.» 

Con esta descri])ción del tif)o como guía, jmede afirmarse ipie el 
edificio, milagrosamente llegado a nosotros, con el nombre de Corral 
del carbón, en Granada, fué levantado para ])osada o fondak. 
Pedraza, escritor del siglo XVI í, le asignó un fantástico destino de 
Cuartel de caballería mora. Ifu una cédula Real de iqqb se la 
llama alhóndiga gedida (nueva). En 1513, en carta del Conde de 
Tendilla, se dice (pie es una casa de morada (])osada). Diezciocho 
años más tarde, ya era «del carbón», ])or el tráfico a que 
se la destinaba. Más tarde sirvió de casa de comedias, de lo cual 
hay muchas referencias. Ohádado su jirimitiAa) destino, lo atisbó 
sagazmente (iIRAULT df: Prangey'’, calificándola de fondak, lo cpie 
confirmó Gé)MEZ IMoreno (hijo) ’, sejiarándose en esto de su padre, 
que en la Guía de Granada se suma a la opinión de Eguilaz, de que 
había sido alhóndiga. Algunos otros autores granadinos'^ unen 
ambos destinos, insistiendo mucho en el de casa de comedias, lo 
que ninguna importancia tiene en la discusión. Y, en fin, en el informe 
que muy recientemente fian emitido los Sres Repullés y Mélida, 
se hace \’cr rpie la disposición del edificio no es la ]iropia de nn gran 
almacén de granos, y sí la de nna posada”. 

El fondak de Granada es obra del primer tercio del siglo XIV, y del 
más característico estilo granadino. Tiene planta cnadrangular (casi 
cuadrada), hoy incoinjileta, sobre la base de un patio, con galerías y 
crujías en sus cuatro frentes. El exterior es sencillísimo, con paredes 
de ladrillo lisas y gran alero de madera, fhuco lujo es el ciieiqio de la 
portada, (pie avanza formando un e^estíbulo; a(iuélla ('s nn extenso 
arco de herradura, festoueado en el intradós, con enjutas de hojas, le- 
yendas, a modo de Iriso, balcón y dos wmtanas encima. Dos pilastras 

’ I’ág. 40 de la traducción de Iti.ÁZQUi'Z : cit. en el 1 . P. 

- Sal.\dín: ob. cit. cu el I. P. 

” ( )h. cit. en el I. 1 >. 

' Gontercncias sobre Arte .Irube, dadas en K)ir, en el .Meneo de iMadrid. 

Seco de I.ucena {Guia de Granada). tó\i,i,.\DAR {La Alhamhra). 

” t'eánse los Boletines de la Real Academia de la Historia (jnlio de djD)). ele la 
de Bellas Artes de San Fernando (marzo de i(jig). 


501 


V. Lampérez y Romea 



502 


Arquitectura civil española 



7,40. - GkAX ADA. ('asa T'l'l ( AKi:(')X. PoiM ADA. 


— ;o 




/. <1111, 11/. 



V. Lampérez y Romea 


la flanquean, yendo a sostener im muy ornado alero de madera. El 
vestíbulo tiene preciosa techumbre de mocárabes y arcos de yesería, 
y el zaguán, zapatas y artesonado de muy prolija labor. 

Contrasta este lujo con la sencillez del interior: pilastras de ladrillo 
con zapatas y carreras recortadas: muros y tabiques encalados. Las 
crujías de la j)lanta baja serían cuadras y almacenes de mercancías. 
Una escalera claustral en un lado (Cayana Murphy y Gómez Moreno 
suponen dos) asciende a los dos pisos altos, divididos en pequeñas ha- 
bitaciones. En el centro del })atio hay una pila con dos caños. 

Nótese el valor de este edificio, notabilísimo no sólo por la belleza 
de la portada y del vestíbulo, del mejor estilo granadino, sino por el 
carácter, inconfundible, de su destino. A lo cual se une el ser ejemplar 
único de su é])oca. 


5°. CIVILIZACION MODERNA 

(SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI AL XVH) 

El medio social. Toda la literatura del siglo XVII está llena de des- 
cripciones de la vida y costa ¡ubres de la sociedad viajera española, con 
su carga obligada de incomodidades, aventuras y peligros. Sólo los 
grandes señores que tenían estados y aposentador se libraban de tales 
molestias. 

Las posadas, ventas y mesones, en pueblos y caminos, eran detesta- 
bles, ya en las casas, ya en el trato. El viajero Sobieski ( i6ii) dice^ 
que «carecían de comodidades». De la limpieza y moralidad deponen 
aquellos versos de Tirso de Molina en Desde Toledo a Madrid : 

D. Alonso 

me recato 

de camas que a tantos son 
comunes. 

D. Felipe 
Camas y lodos 
Déjanse pisar de todos 
Como mozas de mesón. 

Mas yo siempre me prevengo 
De sálianas y ahnohatlas 
Caseras, jior las posadas. 


— 504 -- 


' Ob. cit. en ol 1. H. 


Arquitectura civil española 



505 


341 .— 1 OLEDO. Posada de la Sangre. Patio. Fot . de 




34-- — Il I-ESCAS (Toledo). PoSAD.\. Fot. Cánovas. 


V, 


Lampérez y Romea 



- - 506 


Arquitectura civil española 

En el Viaje de Mad. d’Aulnoy se contienen detalles de los alber- 
gues pueblerinos del tiempo de Carlos II. Y no habían mej orado mucho 
iin siglo más tarde, pues Laborde, en su Itinéraire Descriptif de l'Es- 
pagne^, consigna que los mesones eran malos y estaban desprovistos 
de todo, con excepción de los de las provincias Vascongadas, Cataluña 
y Valencia, que tenían mej ores abastecimientos. 

En las grandes ciudades, el cuadro presentaba más amables pers- 
pectivas. En Sevilla, a fines del siglo XVI, había un alojamiento en la 
calle de Bayona, en el que «paraban los príncipes», al decir de un romance 
de aquel tiempo, donde había «lindos aposentos» con camas colgadas, 
adornadas de tapices y damascos, y servicios de mesa, y tocador de plata. 
Demasiado lujo parece todo esto ; verdad es que, según el romance, el 
posadero se lo hacía pagar de una manera escandalosa 

En los siglos XVII y XVIII, en Madrid, Cádiz y otras grandes ciu- 
dades, había buenas posadas, tenidas por franceses o italianos. Mad a me 
d’Aülnoy encontró en Madrid dos excelentes : en una, se comía a la fran- 
cesa. Ambas eran pequeñas, y estaban siempre llenas. 

Los Edificios. El tipo de acjiiella posada de Des})eñaj)erros, que arriba 
se describió, subsistía en todo el siglo XVI y XVII, pues no otro es el 
tan donosamente descrito por nuestros escritores, y el que todavía nos 
muestran ejemplares tan castizos como el mesón del Scvil/ano en 
Toledo, donde Cervantes escribió La Ilustre Fregona y el de lll escás, 
en el que Tirso de Molina supone acaecidas las escenas de Desde Toledo 
a Madrid. Ea posada es esto : un portalón abierto entre la calle y el 
patio, que sirve de apeadero a viajeros y trajinantes, acpiél rodeado 
de galerías sobre postes de madera, o columnas de jiiedra; en las crujías 
de alrededor, en planta baja, gran cocina, cuadras y los cuartos de los 
posaderos y mozos; y en la alta, los aposentos para los huéspedes. La 
fachada era sencilla, humilde, generalmente entramada, con pisos volados. 

En cuanto a los alojamientos de lujo de las ciudades, estaban en 
casas particulares, sin ninguna disposición característica. 

^ Cit. en el I. B. 

“ Trato de las posadas de Sevilla y lo que en ellas pasa... (Sevilla. Franci.sco Pérez, 
1596). Citado por el Sr. Rodrícíuez íMarín, en la jiáj. i -;() de la edición crítica de Riii- 
conete y Cortadillo (Sevilla 1905). 



i 


!¡l'' 


-'V'- 


ACUEDUCTOS, FUENTES, FAROS, 
HIDRÁULICAS, etc., etc. 


FABRICAS 



\’ivi:k (('asi ki.L(')N i>1'; i a Pi aña). 1’'ukniI'. 

/'!>/. Mii\ {(dlfí. ili'l I lis/, i/r ¡Ss/. Cii/a/ii lU's). 



; 




1 


I 

í 

i 


GENERALIDADES 


Amique estas obras suelen tener más de ingeniería qne de Arqui- 
tectura, merecen citarse, pues, en ocasiones, j)oseen condiciones de belleza 
verdadera, no ya por los detalles decorativos, de que suelen carecer, sino 
por la grandiosidad de la disposición y del conjunto, cpie las hacen 
monumentales, como sucede en los acueductos romanos y en los algibes 
mahometanos. Algunas otras son, ]x)r caso contrario, verdaderas obras 
de arte, en las <]uc éste sujjera a la satisfacción de la necesidad. ¿ Quién 
no verá en el Pilar de Carlos T", en Granada, una fina concepción 
escultórica, como monumento decorativo pensada, más (pie un simple 
surtidor para el abastecimiento de los vecinos? 


I °. C 1 VI IdZACI ON ROMANA 


(SICxLOS I AL IV) 

Acuedltctos. 1G problema de conducir las aguas a las ciudades fué 
cajiital para los romanos, (pie, ])ara dotarlas de ese elemento, nunca 
escasearon esfuerzos, hhi las conducciones ofrecíase frecueutemeute el 
caso de tener (jue atravesar un valle. VA sifón (pie lo resuelve era 
conocido de ellos, jniesto (jue usaban el ni\'el de agua, eu la misma teoría 
fundado'. Pero no tenían modo de construir cafuaías bastante resistentes 
y elásticas para sojiortar la carga, no obstante saber hacer conducciones 
de hormigón. El acueducto resolvía el problema. He a(]uí el origen 
obligado de esas obras, las más importantes en su género, (pie nos 
dejó la civilización romana. 

\A acueducto es sienqire un conducto sostenido a la altura necesaria, 
por una serie de arcos. Son cxca.'pcionales algunos casos: ])or ejenqvlo, 
el de Itálica, sostenido jior un muro cerrado, y el de 'riermas, cavanlo 
en el flanco de un cerro. 

Los tres acueductos de más inqiortaiicia rpie conserva España son 
monumentos conocidísimos, famosos: el de 'Carragona , el de Segovia y 
el de Mérida. Pos dos primeros continúan sirviendo hoy para el objeto 
que motiv'ó su construcción. 


' Vé;vse X’itkubio: ol). ci(. 


344' — Segovia. Acueducto romano. Fot . Laiueut . 


Romea 


V. Lampérez y 



51 




Arquitectura civil española 


Los de Segovia y Tarragona pertenecen al sistema de dos órdenes 
de arcos, formando dos arquerías independientes, superpuestas, hasta 
obtener el nivel necesario. En el de Segovia, los arcos son de poca luz, 
pero las pilas son elevadas, atrevidísimas; en el de Tarragona, la valentía 
va más en el ancho de los arcos, que tienen 7,46 de luz. En ambos, e\ 
material es. la piedra, en sillares sentados sin argamasa; los arcos son 
de medio punto. Lo conocidísimos que son estos acueductos hace inne- 
cesario más análisis. 

El llamado de los Milagros, en Mérida (827 m. de longitud', es de un 
sistema constructivo diferente. Eos pilares son únicos en toda su altura 
(23111. eii el fondo del valle), mas, como con tal elevación, el sostenimiento 
vertical sería imposible, no obstante el grueso de la planta (3 metros 
de lado), el equilibrio se ha conseguido ])or tres órdenes de arcos, ([ue 
acodalan entre sí los pilares h Además, debe señalarse la existencia, en 
éstos, de contrafuertes laterales. El material es el hormigón, con 
hiladas o cadenas de piedra y ladrillo. 

Otro acueducto romano de cierta importancia, del (jue se con- 
servan considerables partes, es el de Ahniiñécar [Granada). No posee 
la belleza arquitectónica que los tres anteriores, pues es obra de 
manipostería de pizarra; tiene varios tramos de un solo orden de 
arcos, uno de dos, uno en túnel, uno de canal abovedado, con torres 
circulares, para la aeración de las aguas. Al final, ludio un gran 
depósito para éstas, y grandes aljibes, (pie vió aún y cita El Edkisi. 

Otros varios acueductos de menos interés hay aún en Ifsjiaña : el 
de Sevilla (los Caños de Cannona), el de San Lázaro de Mérida... 

I)ep()SITOS de agua. Base, en unos casos, de las grandes conducciones 
de las cpie los acueductos forman ]iarte, y abastecedores en otras, de 
las termas, fueron esos depósitos partes integrantes de los sistemas 
hidráulicos de los romanos. 

A la clase de acpiéllos pertenece el gran dique de ('arija, llamado 
comúnmente de (dh'osciqána», en las cercanías de Mérida. Ene construido 
para contener las aguas (pie habían de ser conducidas ))or el acueducto, 
ya descrito, de \o?, M ilagros. Las de los contornos, dirigidas por |)e<pieños 
muros, se embalsan eu un gran lago. 

* En (livci'so... e.stu(liu.s ha .sido mencionado e.ste .sisíeina conslnictivo. como motlelo 
seguido por lo.s ar(|nitectos (seguramente visigodo^) (|ne levantaron la part(> de la mez- 
quita de ('(jrdoha, ejecutado j)or .Ahdl-er-Ralnr.an I. Por mi ])arte, notaré también <d 
sistema de los contrafuertes laterales, como medio (h' contrarre.sto y eipnlibrio de masas 
verticales, anterior al de la )\b zqnita dicha y al de las iglesias asturianas del siglo \'IIf \- 
de! IX. 


— 5'3 — 


31 


V. Lampérez y Romea 



',43. 1'akkagona. AcuiíiircTO romana >. 


Mas. 


— 514 




Arquitectura civil española 



Mkrida (IjAdajoz). Acueducto de los Milagros. F << t . Lam - ent . 


V. Lampérez y Romea 



,*,47- Mékida ( 1 :,\:x\J()z). Acueducto romano de San Lázaro. 

Fot. Boccoui. 


— - 


Arquitectura civil española 


Tiene no menos de 426 metros de longitud en línea quebrada, 6 de 
grueso y 8 de altura por el lado de las aguas; está hecho con hormigón 
y enormes sillares de piedra granítica, reforzado por contrafuertes cua- 
drangulares, y en talud. Por la parte opuesta al agua hay dos grandes 
torres cuadradas, situadas donde la línea del dique se tpiíebra : una 
tiene 20 metros de profundidad ])or 6 de lado, con escalera interior ; 
en el fondo estaban las lla\TS de desagüe. Aunque estas torres son obra 
del siglo XVI 1 , ofrecen gran interés, pues fueron reconstruidas sobrc' 
las romanas, y, en general, son su reproducción. El pantano puede contener 
10.000.000 de m. cúl). El dique es una colosal obra de ingeniería, menos 
conocida y apreciada de lo (|ue debiera, no sólo ]^or la obra misma, 
sino como dato de la potencia de la ci\álización hispano-romana. 

If n la misma Mérida hay restos de otra construcción análoga : el 
dique de Cornalén. Ifs curvo, escalonado al interior p delante hay 
una gran torre cuadrada de piedra, almohadillada, de 17 metros de 
])rofundidad. Estuvo en comunicación con el di(pie j)or un ])uente- 
cillo. Numerosas galerías subterráneas, de uso no muy aclarado, 
comj)letan esta curiosa obra hidráulica. 

De depósito de aguas para el abastecimiento de unas termas, es 
ejemplar el de Itálica. Servía a las llamadas niavorcs, o de uso general 
público. La })lanta es un rectángulo de 12,27 1^,34 nietros, sin contar 

los muros. Por cuatro grandes ])ilares de ladrillo se subdivide en nue\a‘ 
com])artimientos, abovedados con bóvedas de arista, de hormigón. Por 
dos ])uertas se comunicaba con una galería, también abovedada, con- 
tigua a las termas, hd edificio se conseiu'a en regular estado. 

ú'uENTES. El tipo más general de las romanas, es el ninfea, consistente 
en una })e<pieña construcción vaciada con un nicho, dentro del cual está 
la pila, y el caño. Lhi frontón remata el conjunto. Las había de gran lujo 
decorati^x), y también sencillísimas, en ])oblados y caminos. 

Una de éstas se conserva, por caso verdaderamente extraordinario, 
en Ifspaña, de ser exacta la atiibución de un ilustre investigador de las 
\n'as romanas ’. Está en Qnintanapalla (Ihirgos), no lejos de la caj)ital 
de la })ro\áncia. Huelga la descripción, ])ues es exactamente la hecha. 

PimKTCjs. Trata VrrKUBio de los j)uertos romanos: su constitución 
la formaban los muelles, naturales o artificiales, sobre los que se 
levantaban ))órticos para la comodidad de los traficantes. En los extre- 
mos, sendas torres servían de defensa, v entre ellas se tendía una cadena 
para cerrar la bf)ca o entrada. 

^ Esto hizo (jue se le tuviese j)or gradería de una uaunia(|uia. 

- P>L.\ZQUEZ (A.): FE;.'; romanas... cit. cu el L H. 

- 517 - 


V. Lampérez y Romea 


Habremos de suponer que así fueran los de la España romana: no 
quedan de ellos más que trozos de escasa importancia arquitectónica; 
en Burum (Coruñai (escollera de grandes sillares, acaso púnica^, 
en Ampurias, en Mérida (sobre el Guadiana), Itálica (sobre el Guadal- 
(piivir ’, y no sé si algún otro. 

Faros. Las flotas, no escasas, de los romanos, en las costas mediterránea 
y oceánica de España, exigían las señales luminosas nocturnas. Los medios 
materiales no j)ermitían, sin embargo, la multiplicación ni la potencia 
de los faros. Así es cpie, a lo ([ue se sabe, fueron pocos y elementalísimos. 

Como (|ueda dicho, la mayoría de los puertos tenían, en la boca de 
entrada, torres, con cadenas de una a otra, que lo cerraban. Colocando 
fogatas y grandes antorchas en esas torres, se obtuvieron faros. 

No faltaron, sin embargo, los levantados exj)resamente : de tres 
tenemos noticias. 

En Cádiz liabía uno, acaso de origen fenicio, (]ue subsistió hasta el 
siglo XVII. Era una torre de planta circular. 

En las bocas dcl Betis hubo otro, levantado en el siglo TI })or Quinto 
Servilio Copión, en el lugar donde hoy está Chipiona. Lo mencionan 
Estkab(')N y IV)MPONio Mela. 

El faro romano de la Coriiña subsiste toda\áa, auiujue enfundado 
en una envoltura del siglo XVIII. Eué y es tan importante, que mereció 
eruditos estudios, entre los cuales sobresale el de CornideC Dice 
el insigne arqueólogo ([ue fué monumento famoso en la antigüedad, 
considerándosele en Roma como extraordinario, v habiendo sido citado 
])or Istro yVetluco, cosmógrafo del siglo IV. Sobre su origen descartadas 
las atribuciones fantástico-mitológicas), varían las opiniones, desde 
la que le supone fenicio o da a julio César j))or su constructor, hasta la 
(|ue lo asigna a uno de los emperadores de los siglos I o II, Trajano 
])>robablemente. Una inscripción hallada al pie, delante de una estatua, 
nombra al aiapiitecto G.wo Serbio Lupo, natural de Aguas Elavias 
(Chaves), o de otro lugar, en la Lusitania. ¿Eué el autor del faro o el de 
la erección de la estatua.^ Se ignora. 

El faro romano era una torre cuadrada, de 3b i)ics de lado (10, oS 
metro.s), y 124 (34,72) de altura, compuesta de un núcleo central y una 
ram))a exterior de acceso, bien sobre una escocia muy volada, bien 
sobre una arquería, ])ues desajiarecida desde el siglo XVI, no se ha podido 
averiguar de cierto cuál era su constitución. El núcleo central tenía 
tres ¡lisos de cuatro conqiartimientos abo\'edados. Sobre la ¡ilatafoma 

’ MACiÑriKA (J.): Bnniiii... cit.cn el I. I>. 

“ CoKNiDE (J.): lin’cstigacioucs... cit. en el I. ü. 

^ 318 - 


Arquitectura civil española 


final habría una torrecilla en la c]ue se encendería lumbre, o se 
colocaría un gran fanal b La construcción es de hormigón y sillería 
de granito. Diversas modificaciones sufridas desde el siglo XV al 
XVIIT fde las que en otro lugar se tratará), convirtieron la torre de 
Hércules en el faro actual. 



348. — {'OKUÑ.V. F.\R0 LL.\M.\nO ToKRE 
DE lIlÍRCULES. KsTADO PRniITIVO. 

Reconstitución de Cornide. 


De otros faros gallegos, i'omanos, son acaso los recios muros l)a- 
samentales de una torre, (|ue aun se ven en la terrible ])laya de 
La Lanzada < Pontevedra), entre las rías de Arosa y de Marín; y las lla- 
madas torres del Oeste, y los restos de la de Loheira, en la ría 
de Arosa. 

^ Fué célebre, en lo.s escritores de la Antigüedad y de la Fdad Media, un .supuesto 
espejo, que análogamente al famoso de Alejandría, tenía el taro briganlino o coruñés. 
Fa cosa no pasa de la categoría de conseja sin fundamento, a lo cpie parece. 


5IP — 


V. Lampérez y Romea 


2°. y 3 °. -CIVILIZACION CRISTIANA: LA ALTA EDAD MEDIA 

(SIGLOS V AL XI) 

J.A LAJA EDA!) MlíDIA Y EL PRINCIPIO DE LA MODERNA 

(SIGLOS XII A LA PRIMERA MITAD DEL XVI) 

Acuedlictos y P'Abricas hidráulicas. Los cristianos y los mahome- 
tanos es])añoles debieron utilizar la mayoría de aquellas magnas obras 
i'omanas mientras estuvieron servibles. Las guerras, la incuria y la 



34().~.Mokkll.\ (C.vstei.lón). Acueducto. 

l'ot. Tramóyeles. 

l)arbarie, darían al traste con muchas de ellas, como sucedió con el 
iicucditcio de Segoviu, grandemente deteriorado, hasta dejarlo inservible, 
en T071 , por Al-Memon, Rey de Toledo h 

La dificultad y el coste de las obras hidráulicas debieron ser 
causas tle (|ue en los azarosos siglos medios no fuesen muy numerosas 
ni muy im})ortantes las ejecutadas por los cristianos españoles. Los 
acueductos y las fuentes son las más conocidas. 

Acueductos. Ejem¡)lar muy interesante de acueducto de estas 
épocas, es el (pie se conseiA’a en Mordía (Castellón v parece obra del 
comienzo del siglo NV. La fábrica, ])oco cuidada, es de sillarejo y mam- 

^ Detalles de e.ste suce.*-. o ciTenta el Sk. Colok.ado Laca, en s\i guía Scgovui. citada 
ni el 1. IL 


5-0 


Arquitectura civil española 



— ^21 


35O.--TERUFX. \'lADUCTO-ACUEDUCTO (LOS ARCOS). Uricl. 


V. Lampérez y Romea 


postería: la altura j:>ara la conducción del agua se alcanza por un muro 
cargado sobre una serie de grandes arcos apuntados. Uno de igual clase 
perfora el muro para dar jmso a un camino, y sobre él hay indicios de 
haber tenido una obra defensiva, algo como una ladronera con matacanes. 

Otra obra semi-hidráulica, notabilísima, es el puente-acueducto de 
Teruel, llamado Los Arcos, cpie dirigió el maestro francés Fierre 
V riDEL, con toda la traída de aguas correspondiente, de 1537 a 1558. 
La disposición general consiste en unas pilas muy anchas, (pie sustentan, 
abajo, los arcos de un jiuente o viaducto, y arriba, a gran altura, otros 
pertenecientes al acueducto. F,1 tránsito de las personas se hace por 
huecos (]ue atraviesan las pilas, las cuales se ensanchan, una vez salvados 
acpiéllos. La disjiosición de conjunto y de detalles es ingeniosísima, 
bella y verdaderamente arquitectónica, no obstante la severidad que 
tan bien armoniza con el destino y con el paisaje’. 

Otro acueducto del siglo XVI, menos notable, se conservaba en Oviedo 
(llamado de los Pilares), hasta hace poquísimo tiempo. 

.\i.jiBES o 1 )ep(')SITOS de AGUA. Por necesidades de abastecimiento 
debieron hacerse muchos, públicos y privados. Yo no conozco ninguno 
de los jirimeros. Los segundos existen bajo casi todas las plazas de armas 
y en el fondo de algunos torreones de los castillos y de los patios de los 
palacios. 

Los conocidos son recintos relativamente ])e(pieños, por lo que su 
embovedamiento no exigía apoyos intermedios. Más atrevidos los cons- 
tructores cristianos, cpie los mahometanos, lanzaron las bóvedas (cupuli- 
formes, baidas, cilindricas) de un solo ancho. Las aguas, recogidas en las 
azoteas o jiatios, se vertían en los aljibes por tuberías. Ventanas venti- 
ladoras higienizaban las aguas y toldos tendidos sobre ellas las defendían 
del ensuciamiento. Conocemos estos detalles por las memorias del Cas- 
tillo Real de Olite 

h'uENTES. Por ley de su absoluta precisión, nació su multiplicidad. 
Como la más antigua de las existentes en la España cristiana, y acaso 
decaua de las medioevales de Europa, hay que mencionar la c^ue en Baños 
de Cerraio "Falencia) recoge las aguas (pie curaron, según es tradición, 
al Rey Recesvinto, del mal de jiiedra. Es del tipo de los ninfeos romanos: 
un estampie o piscina, cubierto por una construcción en forma de edículo, 

1 El mismo maestro hizo en Daroca otra obra notable, annqne nada arquitectónica : 
una mina o túnel, a través de nn monte, para desviar las aguas de una rambla que inundaba 
frecuentemente la ciudad, 

2 Iturralde: Monografía, cit, en el I. R. 


Arquitectura civil española 



■Oviedo. La Fuente de Fonxaeada. i ^ ot . Hauscr y Menet . 


V. Lampérez y Romea 


cuyo arco de cabeza es de herradura. Parece ser la misma construcción, 
por lo menos en el conjunto, que hizo el Rey godo; por lo tanto, del 
siglo VIL No puede, sin embargo, afirmarse esto con certeza. 

Más auténtica, y también notabilísima por su antigüedad (siglo IX;, 
es la de Foncalada, en Oviedo. Llamábasela «Ponte callata», de donde 
vino, ¡)or corrupción, su nombre actual, hd agua brota en el suelo, y es 
recogida en una piscina; la cubre un cuerpo de sillería, con arco y bóveda 



J52.- JÁTiv.v (Valenci.v). Fuente. 

Fot. Sclgas. 


de medio j)imto, coronado ])or un frontón, en cuyo vértice campea, en 
relieve, la cruz de la Victoria, de la que penden la alfa y la omega. Diversas 
inscripciones, ininteligibles en sn mayoría, hay en los sillares. La obra 
])arece ser de los tiempos de Alfonso el Magno h Debe señalarse la 
persisfencia del fipo del ninfeo romano, sobre la base de la piscina o esfan- 
<pie cnbierfo. 

De éj)oca más avanzada, en la (pie dominaba el esfilo gótico, no se 
conservan muchas fuentes de imjiortancia monumental en España h 
Persistieron indudablemente los dos tipos consabidos: el del ninfeo 

’ .SKLf,.\s (F. !)]•); Monumentos... cit. en el L B. 

“ Aymekico: cita una tuente en Santiago de Compostela. 


5-4 


Arquitectura civil es parióla 


romano, simplificado y convertido en fuente adosada a un muro, y 
el de pilón aislado, con un elemento central, más o menos deco- 
rado, de donde emergen los caños. Un ejemplo de éstas es la de Játiva 
(Valencia), cuyo pilar tiene nna cabeza con relieves geométricos de 
traza gótica, y remate en flecha con crochets. Debe ser obra del 
final del siglo XV. 

Hechura más singular tiene la notable fuente de Blanes (Gerona), 
de igual época. El cuerpo central es poligonal, macizo (acaso contiene 
una arca de agua), con decoración de estatuas (hoy faltan) y motivos 
heráldicos. La corona una cornisa con gárgolas, una crestería y agujas, 
y la cubre una }:>irámide rematada por una estatua. El agua sale al jiilón 
que circuye ese cuerpo, por carátulas. IH estilo es gótico florido. 

IH «Renacimiento» fué ])ródigo en dar carácter artístico a las fuentes, 
y en multiplicarlas en ]>atios, ciudades y jardines. Los tipos continuaron 
siendo los mismos citados, con aumentos y desarrollos \airiadísimos y 
empleo abundante de la estatuaria. 

lyjemplar magnífico de las adosadas es la (|ue, con la denominación 
de pilar de Carlos T" se admira en la sid»ida de la Alhambra de Granada. 
Le da fondo un muro apilastrado cou medallones en los netos, 
cuya composición, severa y unida, hace destacar bien la fuente, esplén- 
dida y finamente ornamentada, lina larga ])ila, un frente con cariá- 
tides y medallones: un copete (pie contiene una cartela con la ins- 
cripción dedicatoria, y las armas del Emj^erador. La traza la hizo 
Ledro Machuca, en 1545, por encargo del Conde de Tendilla; la labra 
es de X ICOLO da Corte. 

Con el avance del «Renacimiento» hacia el clasicismo, surge otro 
tipo de fuente: el cpie simula una fachada, con todo el aparato de 
huecos, cohmmatas y entablamento, del ipie es ejemjilar má.ximo la 
de Trevi en Roma. En Granada existió una de ese género, iideliz- 
mente destruida. l£n la jirovincia de jaén se conservan dos bellas 
fuentes de este tipo. La de Marios es \T‘rdaderamente monnmental. 
riene un fondo con hueco simulado central, y machos laterales, 
robustamente almohadillados, con remate de frontón y jiirámides; 
sobre él destácase una enorme águila (.pie sostiene una cartela con (‘1 
escudo de Ifsjiaña, otra debajo con inscripción, v la h'cha de 15S4. L 1 
pilón es curvo. 

La de La Guardia está adosada a un testero de la jilaza y la encuadra 
un «Orden jónico», con columnas, entablamento y frontón, en cuyo 
tínqiano hay un relieve de la Virgen. Conchas, en nichos, cobijan los 


525 


V. Lampérez y Romea 



Arquitectura civil española 



527 


Gkaxada. Fuente («pilar») de Carlos i - aunut . 


V. Lampérez y Romea 


caños: encima, un tarjetón dice que se hizo en 1566, y un escudo, sujeto 
por lebreles, dan ejecutoria al monumento b 

La Alameda de Málaga da hoy sitio a una fuente del «Renacimiento», 
italiano en sn manera aislada, cuya procedencia ignoro. Mr. Bertaux 
dice que íné labrada en 1560 ^... Tiene im bellísimo cuerpo central, 
con dos tazas, en serie, sostenidas por nn pilar de tres cuerpos, pro- 



355. — Marios (Jaén). Fuente. 

Fot. F.spasa. 


digiosamente decorado con figuras de ninfas, niños y cisnes. Ks una 
joya de finura y elegancia. 

I )e nn género raro es la facute que se alza en la Plaza de Santa 
María, en Baeza (jaén). ¡Singular concepción la de nn arco de 
triunfo a la romana (lue baña sus ])ies en el agua! El pilón es cuatri- 
lobulado: dentro, se levanta el arco, conqniesto de un hueco central y 

> «D. Lupe ue Sosa»; Jaén, 1914, pág. 210. 

“ lispíiguc ((lUÍa Jo.\nne). 

- 528 - 


Arquitectura 


civil española 



,51 


529 


336. — Baeza (Jaén). Fuente de la Plaza de Santa María. 



V. Lampérez y Romea 


dos laterales, con arco de medio punto aquél y dinteles éstos, apeados 
por pilares con columnas dóricas. Cuatro figuras sostienen el entabla- 
mento: entre ellas hay cartelas con la inscripción, que dice que se 
hizo en 1564 ])or el Corregidor Manrique de Cabrera y el maestro 
CriNÉs Martínez. Un ático con frontón corona el arco-, campea en 
el centro el escudo Real de los Austrias, entre dos heraldos o reyes 
de armas, con las de la ciudad. La obra fué renovada en 1670; luego 
era anterior, y el estilo de las partes más antiguas lo dice. ¿ Habrá 
que cargar a la renovación el aditamento de los pilares, con lo que el 
arco adquirió una jíesadez de proporciones impropia de la época de 
la edificación? 

Faros. Pocas son las noticias sobre faros de la Edad Media, y menos 
los ejemplares. 

Posible es, y lógico, que se utilizasen como faros las torres de los 
castillos y alcazabas de las ciudades costeras. La disposición y construc- 
ción serían, en esos casos, las generales de las torres. 

Los únicos datos positivos que conozco de un faro español, en la 
Edad Media, se refieren a la torre de H érenles de la Coruña, ya rese- 
ñada. Durante la Alta siguió ejerciendo su oficio, quizás sin modifica- 
ciones ningunas: Sebasti.4n de Salamanca, tratando en su Cronicón 
de las invasiones normandas del siglo IX, cita el lugar de Farnm Bri- 
gantinm, con ([ue se conocía; en los X, XI y XII, la comarca se llamaba 
Castillo del Faro, según El Edrlsi; I). Rodrigo, en el siglo XIII, habla 
del Faro de Galicia; y en la Crónica del Rey Sabio menciónase el faro 
en cuestión, y el celebérrimo espejo. Cornide, en su citado estudio, 
afirma que siguió en su oficio Iiasta el siglo XV ; apagado entonces, fué 
considerado como simple torre, y destruida hacia 1470. En 1549 
no tenía la rampa externa de acceso, por lo c[ue, inservible, fué abandonada. 

así continúa hasta el siglo XVII, en que se rehabilitó, como diré más 
adelante. 

Del siglo XVI conocemos dos faros, hd clérigo Antón del Rusto ob- 
tuvo licencia Real para instalar un farol (sic) en el puerto de Guetaria 
(Gui])úzcoa)'. Los Reyes Católicos dieron, en 1500, un permiso jiara 
hacer un farol en la torre de San Sebastián, de Cádiz, ]iara guía de los 
navegantes, y poco desjmés otro, para aumentar la altura de dicha torre 
y sostener los gastos de entretenimiento de la Inz, a los cuales acudían 
los navieros ])agando un maravedí por tonelada-. 

* Ai.zola: uIi. ril. ( ii el I. H. 

- ( I hMl'NCÍN (h'loí^in de la Reina ('aiáliea): ril. en el J.IL 

— ,s30 — 


Arquitectura civil española 


4 “.—CIVILIZACION MAHOMETANA 

(SIGLOS VIII AL XV) 

Obras hidráulicas. Los árabes, para quienes los baños, las fuentes 
y las ñores eran necesidades capitalísimas, ingeniáronse en la construcción 
de canales, acequias y fábricas hidráulicas notabilísimas L 

Aun alcanzó a ver El Edrisi una famosa máquina elevatoria para 
subir las aguas del Tajo, en Toledo, la cual describe así; «se ve allí un 
acueducto muy curioso, compuesto de un solo arco, por debajo del cual 
las aguas corren con gran violencia y hacen mover, en la extremidad 
del acueducto, una máquina hidráulica cjue hace subir las aguas a qo esta- 
dales de altura ‘L llegadas a lo alto del acueducto, siguen en la misma 
dirección y penetran desjmcs en la ciudad». Ha sido creencia bastante 
general la de (pie este artificio estaba unido al puente de Alcántara, 
constituyendo un ])uente-acueducto : hoy jiarece aclarado que eran 
fábricas distintas^. 

También vió en Córdoba, acpiel viajero, un dique de las aguas del 
riuadal(]uivir, cuya construcción no se comprende bien por sus palabras: 
«antes del puente, y a través del río, hay un chipie construido con piedras 
de las llamadas egipcias (.^J, ([ue se ajioyan en gruesos pilares de mármol». 
El dicpie servía de asiento «a tres edificios con cuatro molinos cada uno». 
Aun se ven restos de todas estas obras. 

¿Sería de tiemjios mahometanos o será de los primeros de la recon- 
(piista cristiana (siglo NHI), el aljibe del conventual de Mérida? Es 
una notabilísima construcción semi-subterránea : recios muros hechos 
con sillares romanos circundan el rectángulo jierimetral ; otro muro lo 
subdivide; un labrado pilar \ásigodo, coronado jior enorme capitel co- 
rintio, limita ese muro; gruesísimos dinteles sirven de techo; dos anchas 
escaleras descienden hasta las aguas (pie entran del ('luadiana, allí 
inmediato; arrilia, un malacate moderno eleva hoy el agua hasta las 
regueras de la huerta (pie fué de la casa conventual de los h'reires de 
Santiago. 

Los aljibes mahometanos nos son más conocidos (pie los cristianos: 
unos, ])úblicos (como los de I rillo y las á'omasas en (iranada), \’ierten sus 

^ IP liliro ilel Sr . .\lzol.\ Las Obras lU'ihlictis en Iisfaiña, cnnticnc nmchos datos 
sobre ranales y riegos. 

" Irl estadal es hiña medida siijierficial. No se comiirende lo (|ue inii(a'e decir esa 
medida a]>licada a una longitud. 

^ -Amador dk ros Ríos (R.): Toledo, cit. en el I. B. 

-- 5o' - 


3 (» 


V. Lampérez y Romea 




157- — CÁCEKES. Aljibe mahometano en kl Palacio de las Veletas. 

Planos de MéliJa. 


532 


Arquitectura civil española 


aguas en fuentes de uso comunal; otros, privados (como los de la Al- 
hambra y Cáceres), están bajo los patios de alcazabas o palacios. La 
disposición y construcción es idéntica a la de las cisternas bizantinas 
la Acadiana, la de «las mil y una columnas», la de Teodosio, la Basilical, 
etc., etc.); un depósito rectangular, cubierto por bóvedas distribuidas en 
naves paralelas, con apoyos de jalares o columnas, y arcos de medio 
punto o de herradura. Son conocidos los aljibes de la Meztjuita de 
Córdoba, cuadrado de 14,45 metros de lado, con jalares, arcos semicircu- 
lares y bóveda de arista; el del Rey, la Alcazaba, las Tomasas y de la 
Lluvia, en Granada, con bóvedas de medio cañón; el de la Alcazaba de 
Loja íAiranadaf, con arcos ajamtados; el del castillo de Pinar (Ciranadaj, 





I"" 




Plano de MéJida. 


(limeña de la ñ'rontera (Cádiz ¡, Omanes ((Málaga), éste con arcos de 
herradura; y los de las Wdetas cu Cáceres, y castillos de Trujillo y 
de Montánchez, en la misma j>rovincia'. Por haber sido estudiado 
gráficamente se dan aejuí detalles sobre el de Cáceres. lístá en c-l 
centro del j)alacio de las Veletas, construido en el mismo lugar (lue 
la alcazaba mora. Ls un gran local rectangular (de 13,40 j)oi' (),()o 
metrosj, dividido eu cinco naves j)or una serie de columnas y arcos 
de herradura, sobre los (jue se aj)oyan bóvaalas de medio cañón. Las 
columnas son romanas, aj)rovechadas; algunos caj)iteles son visigodos, 
muv deteriorados; otros sólo son toscos sillares. L 1 constructor evitó 
las lunetas cargando las bóvedas sc)bre el estrado de los arc'os. Aun 
existen algunos de los orificios de ventilación, en las bóvedas, (jue 
j)erforan el j»avimento del j)atio. Parece obra del siglo XI; a\-en- 
turado sería fijarlo netamente, como se ha j)retendido, a mediados 

* Mklid.v (J.): Xoíida^ dcl Aljibe... cit. eii el 1. 1>. 


r 


V. Lampérez y Romea 


del siglo XII, ya al Rey moro Alahel-Gamid, constructor de la 
Alcazaba, ya al Rey moro de Coria Zeth. 

A propósito de los aljibes mahometanos, es curiosa una cita de las 
Ordenanzas de Granada, de los Reyes Católicos, (]ue prueba el cuidado 
con que los moros los hacían y conservaban. Dicen fen el folio 4°. vuelto) 
que se tengan «como cuando la ciudad era de moros». 

Fuentes. El tipo general de las mahometanas es el del ninfeo\ las 
aguas salen al exterior por un caño, cobijado por un arco. El conjunto 



35Q. — Granada. .ArjiuE de Tríelo. 

Fot. Sonta Cruz. 

es bellísimo y muy arquitectónico. La de Trillo, en Granada, es nn buen 
ejenqilar de este tipo. 

¿A cuál j:>ertenecería la fuente cpie en Córdoba, reinando el Califa 
Hixem, era tan admirada? «Por agradar al Califa, y jior su orden, labró 
en este tiempo Earkid-ben-Aun-el-Aduain, natural de Córdoba, la bella 
fuente llamada de su nombre Ain-P'arkid, que era de las obras más 
hermosas de la Ciudad»'. 

La conocida dcscrijieión de la fuente de Medina Azahara, v la de Los 
Leones, en el patio de la Alhambra, ])rueba (jue también hubo fuentes 
de las llamadas de jiilón exento y surtidores centrales; ¡iiies si ambas 

1 Conde; oIe cit. en el I. IT, pág. 113. 


534 


Arquitectura civil española 

son de arquitectura privada, suponen que también se harían análogas 
para la ])ública. 

Faiíos. No tengo más ([ue noticias muy generales sobre los faros 
mahometanos. El nombre de Gibralfaro c[ue llevaba (y conserva) el castillo 
de Málaga, es expresivo de que en aquella eminencia había un faro. 

El lÍDRisi dice que lo tenía el puerto de Almería, mas no cuenta cómo 
era. Probablemente una torre de la Alcazaba, con una lámpara u hoguera 
en lo alto. 


5 CIVILIZACIÓN MODERNA 

(SEC;UNDA MITAD DEL SIGLO XVI AL XVHl) 

Obras hidráulicas. Con excepción de las fuentes (que adoptan 
desde el siglo XVII marcadas tendencias monumentales), las obras hidráu- 
licas de la época moderna tomaron carccteres francos de utilitarismo e 
ingeniería, h'ué su ajtogeo cuando las grandes empresas de reconstitución 
nacional de Ecrnando VI y Carlos III. Eos ingenieros italianos, franceses 
y holandeses que vinieron a Esjtaña, y no ¡tocos nacionales, emprendieron, 
como es sabido, la construcción de canales como el de Aragón’, ¡tantanos 
como el de Orihuela, ¡tuertos como el de Barcelona, etc., etc., etc. 

El estudio técnico de estas (tbras, concebidas ya con la sabitluría 
y la técnica ¡tro¡tias de la ciencia moderna, está ¡lor com¡tleto fuera del 
objeto de este librct. A otrits muy eruditos y esjtecialistas ¡tuede dirigir 
su atención el lector curiitso. 

Euentes. Como arriba se dice, son las fuentes obras (|ue se salen de este 
cuadro iugenicril y \'an al artístico. Dijérasc <¡ue, como nunca, se consideraba 
el agua, ¡tor lo necesaria y beneficiosa, como algxt sagrado, hasta el ¡tuntit 
de consagrar un nntnumenttt a cada manantial o surtiditr. V si el ¡treciosit 
lí(¡uido se destinaba a embellecer con sus juegos jardines y partpies, 
entonces todos los lujos y esplendores, todas las conce¡tci(tnes aiíjuitec- 
tónicas y escultóricas eran ¡termitidas y em¡tleadas. Ims ¡tar(¡ues Reales 
del Retiro, Avanjuez y El Prado, en el siglo XVII, y el de La Granja, en 
el XVIII, llenos están con fuentes de todas las formas y heclnu'as en 
el género decorativo. V las ¡irinci¡)ales ciudades de Es¡)aña conservan, 
o han consentido, en sus ¡dazas y calles, ejenqilares de las de aquel 
ti¡)0 utilitario: si las más desa¡)arecieron, débese a la modernísima 
introducción del agua a domicilio, (|ue las hizo inútiles y estorbosas 
en las \’ías ¡)úblicas. 

No siendo estas jiáginas imv'ntario de monumentos, bastará citar 
en ellas algunas fuentes, como tipos de las distintas clases arijuitectó- 
nicas o escultóricas, adosadas o e.xentas, urbanas o jardiiieriles. 

’ Este lo hal)ía comenzado Carlos \'. 


.S35 


V. Lampérez y Romea 


Tipos arquitectónicos. Exprésase en esta denominación acjiiellas 
fuentes en cuyo conjunto domina la arcputectura ; si liay estatuaria 
es como accesorio, sin valor propio. Salga a ]daza en })rimer lugar, 
por su misma modestia, un tipo de fuente, prodigado en nuestros 
caminos carreteros, sobre todo, desde la reconstitución de los más 
importantes, en tiemj)os de Carlos III. Al margen de ellos, formando 
una plazoleta para el apartamiento y descanso de los viandantes, se 



— C'akketer.v de Oviedo a 
( iilóN. Fuente de Manzaneka. 

l-nt. de X. 


curwi una serie de bancos o canapés, en cuyo centro perimetral está la 
fuente, compuesta de un })ilón y un frente aripiitectónico. Arboles 
umbrosos completan el conjunto. Muchas de estas fuentes, en los 
caminos de Andalucía, surgieron expoutáneamente, por el arte ])opular, 
pintorescamente cnjabelgadas y enladrilladas; otras, en las Castillas, 
en Asturias y en las Vascongadas, son ]>roducto del arte oficial, regla- 
mentado, «borbónico», por lo tanto, con pretensiones clásicas. 

luientes jmeblerinas, sencillamente utilitarias, hay de ti[)os análogos 
a estas rurales. ('ífrase el orgullo de muchas localidades, más que en su 
\alor artístico, c'ii el número de caños y en el caudal de sus aguas: jiero 
no carecen de gracia j)or los aditamentos de froutoucillos, escudos, imá- 
genes, y otros detalles. 

Elevando la importancia del tipo, encontraremos las fuentes trazadas 
a modo de grandes fachadas o arcos de triunfo, según acpiel italiano 
(¡ue ya se señaló, y las del «Renacimiento». Son de la clase de las ado- 
sadas, y, generalmente, jardineriles. Algunas completan su escenografía 


536 - 


Arquitectura civil española 



537 


Fot. Ribera. (Colee, del Iiist. de Est. Catalanes. ) 


;\IÁi.AGA. Fuente de Reding. 


V. Lampérez y 


Romea 





Arquitectura civil española 



en escalinatas, cascadas, 
etc., etc. Un bellísimo ejem- 
plo de ellas es la que aún 
se ve en el palacio de 
Boadilla (Madrid), trazada, 
a lo que creo, y el estilo 
indica, por I). Ventura 
Rodríguez. 

Otras fuentes de este 
grupo afectan formas de 
templetes o pequeños edi- 
ficios. Son también deco- 
rativas de jardines; res- 


363. — Boadilla (Madrid). Fuente del Palacio. 

]''ot. Lcnupcrcz. 


ponden al estilo «Imperio», con el gusto neo- 
griego convencional, propio suyo. Están 
compuestas para lucir sólo desde un punto 
de vista, sobre el fondo del paisaje. Véase, 
como ejemplo, la de Apolo en los jardines de 
Aran juez, reproducida en el tomo I de 
esta obra. 

Tipos arqiiitcctónico-escultóricos. Tienen 
en ellas, ambas artes, igual importancia. 


3 ( >4 . — Festona ( ti u i p ú z c o a ) . 
Fuente. Fot. c. de Poivutuwf. 


365- — Madrid. Fuente de la Plaza de Antón 
)\L\rtín (ahora en el Parque del Oeste). Detalle. 

Fot. Lampeyr-. 


No están compuestas ex- 
clusivamente ]iara la esta- 
tuaria ; pero si no la tu- 
\áesen, faltaría el conjunto. 
Generalmente son del gé- 
nero exento, y la base coin- 
jiositiva es, lo más frecuente, 
el cuerjio central con dos 
o tres tazas su])er])ucstas. 

En la é])oca barroca, 
falta de buenos estatuarios, 
domina la arquitectura con 
todas las fantasías y licen- 
cias pro])ias de la éjioea. 
La fuente (|ue estuvo en la 
plaza de Antón Martín (boy 




539 


V. Lam Pérez y Romea 


eii el Parque del Oeste, con í^ran pérdida de sus efectos) constituye 
un característico ejemplar del tipo y del estilo. La trazó Ribera, el 
celebérrimo arquitecto, y, a pesar del calificativo, sin atenuantes, de 
fea, (juc le asigna Ceán Bermúdez, no deja de ser interesante de 
composición y de detalles. Y conste que el calificativo no indica, en 
el ([ue esto escribe, devociones admirativas. 

El «Renacimiento» de la estatuaria en la época borbónica permitió 
el embellecimiento del tipo, conservando sus características, jiero con 
aumento de las estatuas. Una, notable, en Madrid, presenta gran equi- 
librio entre las dos artes: la bellísima de Apolo v lus Musas en el 
Prado, de graciosísimo trazado y airoso remate estatuario. Sabidísimo 
es que la diseñó, en 1775, el insigne D. Ventura Rodríguez, 
construyéndose dos años después, según dice la inscrijición, y que las 

r 

estatuas las labró 1). Manuel Alvarez, concluyendo la de Apolo 
I). .Alfonso Bergaz. 

Como ejemplar de fuente con tazas sujierpuestas, según la com- 
])osición cpie propagó el «Renacimiento» italiano, iiucde citarse la de 
La Alcachofa, levantada en la Glorieta de Atocha, en Madrid, y 
trasladada no hace muchos años (1880) al Retiro, donde hoy luce su 
armoniosa traza y sus acertadísimos perfiles, lis también obra de 
I). Ventura Rodríguez (1781-1782), con estatuas de Bergaz y 
de Primo. 

l'ipo escultórico. Grupo de figuras humanas, o de animales, emer- 
giendo del agua contenida en un pilón de brocal, simplicísimo como ar- 
quitectura : tal es la base del tipo. Son exentas generalmente, y jardineriles 
en su mayoría. El utilitarismo (que no se excluye) repugna al concepto 
eminentemente artístico de estas fuentes. Las de Cibeles y Ncptuno, en 
el Prado de Madrid, de historia conocidísima, unieron los dos oficios. 
Más libres, en el exclusivo de embellecimiento, son las de La Granja, 
la serie más típica e importante de España. ¿ Quién no conoce la historia 
de a([uel parcjue y los nombres de los escultores Eremin, Tiiierry y 
PiTUÉ? (t. I, pág. 634). 

Earos. La iluminación marítima de los })uertos fué uno de tantos 
ramos ([ue el siglo XVII esjiañol tuvo en olvido y abandono. Sólo en 
algunos ])uertos importantes había faros, de constitución muy modesta, 
(juc sólo lucían en noches de niebla o de borrasca. 

El grande im])ulso dado por los Borbones a toda la vida nacional 
alcanzó también a este ramo, aumpie no en gran escala. En el último 
cuarto del siglo XVI II sólo había faros en La Galea Bilbao'', Barcelona, 
Mallorca, Málaga, Cádiz, La Coruña, Cartagena y San Sebastián. Ln 
cambio sc' habían ado]:)tado los más adelantados sistemas de ilumina- 


540 


Arquitectura civil española 



3(>íi. Madrid. FuI'NIk dk i.a Plaza di-, AntíMn Makiín (iiov I'N m 

PARQUL: del OeSTL:). /■•,</. ¡.(uuf’n,.:. 


541 


]\Iadrii). Fuente de Apolo. 


V. 


Lampérez y 


Romea 



54 


Arquitectura civil española 



3í)S. -I.A CoRuÑA. Faro llamado «Torrk di- Iífrcules». 

I'ut. Cantillo. 


54S 


V. Lam Pérez y Roméa 

ción, compitiendo alguno (el de San Sebastián) con los mejores del 
extranjeros 

Desde esta época, los faros tuvieron ya carácter de creación científica, 
en la que dominan el radio útil, el sistema de iluminación, la óptica, 
etc., etc. La Arc]nitectura cede sus derechos a la Ingeniería. Sólo como 
curiosidad se citan a continuación dos faros del siglo XVIII. 

El Faro de San Sebastián. Por iniciativa del Consulado de la ciudad, 
se proyectó en 1774, por I). Julián Sánchkz Bort, ingeniero del puerto, 
una torre cuadrada, de 45 pies de elevación, con una torreta superior, 
ochavada, de madera y plomo, que había de contener 18 lámparas. El 
emplazamiento era la cima del monte Igueldo. 

La obra se hizo cuatro años desjniés, con modificaciones: ima torre 
cuadrada, que, al final, se convierte en octogonal, toda de piedra. El 
farol, con im alcance de 9 leguas, se consideró en a(}iiel tiempo como 
snjierior al que se había hecho en París por (‘ucargo de Rusia, para el 
faro de Riga-. 

El faro de la Coruña. Aquella torre de Hércules, casi legendaria, 
abandonada y apagada desde final del siglo XV, volvió a lucir en el 
XVII. Mandaba en (lalicia, en 1682, como Ca])itán General, el I)n([iie 
de LTceda, y })or su celo, y a sus órdenes, el arquitecto Amaro Antúnez 
hizo obras en la torre. Taladráronse las bóvedas de sus comjiar- 
timientos, para dar paso a una escalera interior de madera, que 
jiermitía la ascensión hasta lo alto, donde se pusieron dos torrecillas 
con sendos faroles. 

Un siglo después, inservible uno de ellos, jiodrida la escalera, el faro 
estaba de nuevo inútil. En 1783, Carlos III creó el Real Consulado Álarí- 
timo, cuya corporación acordó jioner remedio. Encargóse de las obras el 
ingeniero naval I). Eustaquio Giamini, y en 1791 se reparó totalmente 
la torre, dejándola tal como hoy subsiste. Construyóse un revestimiento 
exterior de cantería, en el (jne se conservó la indicación de la rampa 
antigua, por medio de una inqiosta inclinada; en la jdataforma supe- 
rior se levantó otro cnerj)0 rematado j)or el farol. Quedó dentro el 
muro romano, con la estrnetnra interior, cruciforme y abovedada. IMuy 
recientemente, todo esto í absolutamente tajiado por estucos y empa- 
j)elados) ha (piedado al descubierto, ]:>udiéndose así estudiar esta 
histórica e interesantísima construcción, que, tras dieciocho siglos 
de vicisitudes, sigue sir\áendo hoy para el mismo uso j)ara el <pie 
'Crajano la destinara 'b 

’ ArzoLA, ul). cit. en el I. IL, inRs. 251 y ,',33. 

- Akkkgui (B.): Et furo... cit. en el I. B. 

^ Thttamancy (iASTón (F.): La torre... cit. en el 1 . B. 


544 


Arquitectura civil española 



370. — CoRUÑA. Faro llamado «Torre de Hércules». 
Torres y plantas. Estado en el siglo XVIH. 

Planos de Cornide. 


369. — C oruña. 
Hércules». 


Faro llamado «Torre de 
Estado en el siglo XVE 

Reconstitución de Cornide. 


35 


545 







APENDICES 


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APÉNDICE A 


(Corresponde al ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO en general, y a la página 39, 

del tomo I, en particular.) 

Este libro se concluyó de escribir al final del año 1919, y su impresión 
ha durado desde mediados del siguiente hasta los comienzos del de 1922. 
En tan largo tiempo, la bibliografía española sobre las materias acpu 
tratadas tuvo considerable y notabilísimo aumento con obras que, por 
razón natural, ni pudieron ser consultadas por el autor, ni deben ser 
incluidas en el ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO; fuera de algimas, muy 
escasas, que alcanzaron la corrección de pruebas. 

Por excepción, he de citar aquí unas de aquéllas, por la trascendencia 
que tienen en un punto determinado. J\Ie refiero al folleto del Sr. D. LUIS 
DOálENECH Y MONTANER, titulado: Centccllcs, Baptistcri y CcUcb- 
yieniovicE de la Primitiva esglcsia Metropolitana de Tarragona (Barcelona, 
Junio 1921). En él, con la erudición que hace de su autor una de las 
más grandes autoridades en Aiajueología arquitectónica española, sostiene 
la tesis de que los restos de Centcellas pertenecen al edificio religioso 
que dice acjuel título, y no son, |)or tanto, de una villa romana. 

El estudio del Sr. DOMENECH a])orta co])iosas, nuevas y fuertes 
pruebas al litigio que sobre el asunto sostienen ya de antiguo los arqueó- 
logos catalanes. Siguiendo el partido de los unos, incluyó quien esto 
escribe, el monumento en cuestión en su Historia de la Arquitectura 
Cristiana Española en la Edad Media (t. I, ])ág. 99), aumpie con toda 
clase de reservas, e inclinándose no ])oco a la o])inión del civismo del 
edificio tarraconense. Des])ués, otro j>restigio de la Arcjueología española, 
el Sr. D. JOSÉ PUIG ñ’ CADAEALCH, en su libro Id Arquitectura 
románica a Catalunya (t. I, j)ág. 135), dió ])or fallado el jtleito, ase- 


- 549 — 


gurando el destino civil de Centcellas; y por ello yo, que vi tan robustecida 
mi vacilante opinión propia, lo incluí como tal en este libro (t. I, 
pág. 39). Ahora, ante el concienzudo estudio del Sr. DOMENECH, surge 
de nuevo la duda, si es que no la decisión definitiva. 

El autor de estas páginas se limita a descargar su conciencia, expli- 
cando el pecado de haber incluido un mismo monumento en dos libros 
de tema distinto. Y aprovecha el momento para llamar la atención del 
lector hacia el notabilísimo trabajo del ilustre DOMENECH. 


APÉNDICE B 

(Corresponde a la pág. 12 1 de! tomo I.) 

LA CASA ^ 

— ... Vamos, toquemos a la puerta con la campanilla. 

— ... Entrad. Oye, muchacho, tráeme las llaves de las puertas de 
casa. Primeramente, éste es el zaguán: de día siempre está abierto, sin 
portero, porque ni está adentro, ni tampoco fuera de casa: de noche se 
cierra. Mirad con atención qué portada tan suntuosa, las puertas de 
roble, guarnecidas de bronce: entrambos, lintel y umbral, de mármol 
blanco. Antiguamente solían poner en la portada de casa a Hércules: 
aquél no dejaba entrar males, ni malos: éste es Cristo, verdadero Dios, 
porque Hércules era hombre cruel y malhechor; defendiéndonos y guar- 
dándonos Cristo, no entrará en casa alguna cosa mala ... 

■ — ¿No usáis de quicios? 

- — Ya no se acostumbra en algunas naciones. Síguese la puerta del 
zaguán, el que guarda el criado de escalera arriba, el primero de la familia, 
como el de escalera abajo, el portero. Y recibimiento capaz para pasear, 
y en él hay muchas pinturas . . . 

— ¿Qué significa aípiella tablilla dibuxada con tanta variedad? 

— Es el dibuxo de este edificio ... 

— Subamos esta escalera de caracol, cada grada ancha como veis, y 
son de fuerte mármol de color de hierrro. En este cuarto })rimero habita 

^ De los Diálogos de Luis Vives cit. en el I. B. Copiaré aquí esta descripción de 
una casa del siglo XVI. por los curiosos detalles que contiene. Debe advertirse que los 
Diálogos se escribieron con el objeto docente de acumular nombres, para el estudio 
del latín, por lo que la descripción tendrá no poco de arbitraria. Mas, aun concedido 
esto, ha de suponerse lógicamente que e! autor buscaría su inspiración en lo que a la 
vista tenía, y que, por infiel que sea la copia, mucho tendrá del modelo. 


— 551 


el amo; este otro de arriba es para los huéspedes: no porque mi amo 
viva de alquilar los cuartos de casa, lo que Dios no quiera, sino que 
está prevenido para los huéspedes amigos, adornado, siempre aparejado 
y vacío, sino cuando hay huéspedes. Esta es la pieza de comer. 

— ¡ Jesús! ¡qué vidrieras, qué bien matizadas, qué colores, usan vivos! 
¡Qué tablas, (pié imágenes, qué entabladuras! ¿Qué historia es ésta 
de las vidrieras ? 

— La fábula de Grisehs, que Juan Docacio compuso... 


— ¿Hacia dónde miran las ventanas? 

— Estas salen al huerto, aquéllas al patio. Esta es la estancia, donde 
comemos de día: ved el aposento y retrete donde dormimos. Vedle enta- 
pizado, con el suelo de tablas, cubierto con esteras : mirad algunas imágenes 
de Santa María y de Cristo, nuestro Salvador. Acpiellas son de Narciso, 
Enriabo, Adonis y Polixena... 

— ¿ Qué hay escrito en el lintel de la puerta ? 

— Retírate al puerto de quietud de las pasiones. 


— ... En aquel aposento cerrado se guarda de ordinario las alhajas 
usuales de c[ue primero nos servimos. Este otro cuarto es de invierno: 
veslo todo obscuro y más abrigado: también la estufa. 

— Según me parece es más de lo que es menester para comer. 

— ¿No reparáis que el aposento de más adentro se calienta también 
con la misma estufa ? 

— Dicen que los aposentos donde hay chimenea están más calientes. 

— No snele haberlas en estas estufas. 

— ¿ Qué bóveda es aquella tan bien aríjueada ? 

— Capilla u oratorio: allí se dice misa. 

— ¿ En dónde está la secreta ? 

— Nosotros tenemos la secreta arriba en el granero, para que no huela 
mal: porque mi amo, en los apo.sentos nsa de servicios, bacines u orinales. 


— Aquellas torrecillas, pirámides y bolas, y las veletas de las torres, 
finalmente, todas las cosas ¡qué lindas y con qué admirable arte hechas! 

— Vamos abajo: ésta es la cocina, ésta la alacena, ésta la bodega, 
aquélla la despensa en donde los ladrones nos molestan mucho en sus 
robos. 

— ¿ Por dónde finalmente entran aquí los ladrones ? Todo lo veo 
bien cerrado, y las ventanas, con rejas de hierro ... 

— Aquélla es la puerta falsa de casa: siempre está cerrada con dos 
cerrojos, uno clavado y otro pendiente, sino cuando está el amo. 

— ¿Por qué esas ^nntanas no tienen celosías? 

— Porque se abren pocas veces: porque salen al callejón angosto y 
obscuro ... Por eso mi amo lia resuelto cerrarlas con rejas. 

— ¿Con qué rejas? 

— De madera quizá: aun no lo sé de cierto: entretanto, basta con 
esta tranca. 

— ¡Oh, qué suntuosas columnas y pórtico majestuoso! Mirad cómo 
aquellos Atlantes y Caryatides jiarecc que forcejean para sustentar el 
edificio para que no caiga, siendo así (jue no hacen cosa ... 








\ 





• 


tb. 




ÍNDICE DE MATERIAS 



I 


i 


Páginas 

GENERALIDADES 9 

C. — La Ciudad 15 

i.° — Civilización romana 17 

2-° y 3-° — Civilización cristiana 21 

4. °- — Civilización mahometana 41 

5. ° — Civilización moderna 43 

D. — Edificios de Administración y Gobierno 53 

1. ° — Civilización romana 55 

2. ° y 3.° — Civilización cristiana 57 

Gobernación General (Cortes) 58 

Administración General (Diputaciones) 60 

Administración Municipal (Ayuntamientos) 70 

Administración de Justicia (Tribunales, Cárceles, etc.) 93 

4. ° — Civilización mahometana 117 

5. ° — Civilización moderna 118 

E. — Edificios de Enseñanza 135 

1. ° — Civilización romana 137 

2. ° y 3.° — Civilización cristiana 137 

Las Universidades y los Colegios 139 

4. ° — Civilización mahometana 170 

5. ° — Civilización moderna 174 

F. — Edificios de Comercio 193 

i.° — Civilización romana 195 

2-° y 3-° — Civilización cristiana 197 

Las tiendas 19Q 

Los mercados 200 

Las almudís 204 

Las casas gremiales 206 

Las lonjas 207 

Las aduanas 221 

Los almoxarifazgos 222 

557 — 


Páginas 

Los contrastes y pesos pr'iblicos 223 

Los pósitos 224 

Edificios industriales 224 

4. ° — Civilización mahometana 229 

5. ° — Civilización moderna 233 

G. — Edificios de Beneficencia 249 

2.° y 3.° — Civilización cristiana 251 

Hospitales y Manicomios 253 

Hospicios, hospederías y albergues 294 

4. ° — Civilización mahometana 302 

5. — Civilización moderna 306 

LI. — Edificios de Recreo Público 315 

1. ° — Civilización romana 317 

2. ° y 3.° — Civilización cristiana 331 

Justas, torneos y juegos 332 

Toros 337 

Teatros 339 

4. ° — Civilización mahometana 343 

5. °— Civilización moderna 345 

I. — Monumentos 359 

i.° — Civilización hispano-romana 362 

2-° y 3-° — Civilización cristiana 367 

5.° — Civilización moderna 378 

J. — Edificios de Utilidad Pública 391 

Puertas de ciudades 393 

1. ° — Civilización hispano-romana 394 

2-° y 3.°— Civilización cristiana 396 

4. ° — Civilización mahometana 413 

5. — Civilización moderna 422 

Puentes 429 

iT — Civilización romana 431 

2. ° y 3T — Civilización cristiana 433 

4. ° — Civilización mahometana 443 

5. ° — Civilización moderna 44^ 

- 558 - 


Páginas 

Baños 455 

1. ° — Civilización romana 457 

2. ° y 3.° — Civilización cristiana 467 

4. ° — Civilización mahometana 472 

5. ° — Civilización moderna 483 

Relojes Públicos 485 

1. ° — Civilización cristiana 487 

2. ° — Civilización mahometana 491 

■3.° — Civilización moderna 491 

Albergues y Posadas 493 

1. °— Civilización romana 495 

2. ° y 3.° — Civilización cristiana 495 

4. ° — Civilización mahometana 500 

5. ° — Civilización moderna 504 

Acueductos, Fuentes, Faros, Fábricas Hidráulicas, etc., etc 509 

1. ° — Civilización romana 511 

2. ° y 3.° — -Civilización cristiana 520 

4-'^ — Civilización mahometana 331 

5.° — Civilización moderna 531 

Indice de Materias 535 

Indice Bibliográfico 361 

Indice Geográfico de Monumentos 385 






s 


í 

3 


ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO 



í 

-i 

\ 

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A 


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:-í 

i 

Y 


■ / 




INDICE GEOGRAFICO DE MONUMENTOS 

TOMO I 



i 




A 


Abadía: Casa de campo .... Pág. 51, 54 
(Fig. 18, 19) 

Aceca : Palacio Pág. 628 

Ador; Villa Pág. 39 

Ainsa: Casa Pág. 130 (Fig. 114) 

Ainsa; Castillo Pág. 30C 

Alacuás; Castillo Pág. 331-333^ 35^ 

(Fig. 368, 369, 395) 

Alance: Castillo Pág. 299 

Alaro: Castillo Pág. 336 

Albalat: Palacio de Sorell. Pág. 542, 543 
(Fig. 625, 62(1, 642) 

.Ai.balate del Arzobispo: Castillo. 

Pág. 306, 311 (Fig. 341) 

Alburquerque : Castillo Pág. 299 

Alcalá de Guadaira; Molinos. Pág. 92 
(Fig. 83) 

Alcalá de CtUadaira: Cortijo de Mateo 

de Pablo Pág. 97 (Fig. 85) 

Alc.llá de Guadaira: Castillo. 

Pág. 293. 294 (Fig. 317) 

Alcalá de Henares: Palacio Arzobisjial. 
I'ág. 348, 369, 371. 371, , 387, 4()b, 467, 
480 (Fig. 384. 434. 453, 55(). 557) 

AlcaÑiz: Palacio romano Pág. 198 

Alcañiz; Castillo Pág. 306. 308 

(Fig. 335, 336, 337) 

.Alced.'V: Palacio de Bnstamante. Pág. 658 
.Alceda: Palacio de Cebados.. I’ág. b5() 

.Alalla: Casa Carreras Pág- 184 

(Fig. 187) 

Alicante: Castillo Pág. 331 

Almansa; Castillo Pág. 239 

.Almans.l: Palacio del Conde de Girat. 
Pág. 644 (Fig. 723, 724) 

Almería: La Alcazaba Pág. 283 

Almerí.l: Palacio de Zahair .... Pág. 684 


Almodóvar: Castillo... Pág. 239 

(Fig. 314, 315) 

Alquezar: Castillo Pág. 306, 311 

Altamira : Castillo Pág. 302 

Ampuri.\s : Casas romanas . . Pág. 107, 108 
Andalucía; Casas populares .... Pág. 79 
(Fig. 40. 67) 

Andalucía: Las cuevas Pág. 85 

(Fig. 77, 78) 

Andújar: Palacios Pág. 486 

(Fig. 562, 563) 

Andujar: Una ])iierta Pág. 354 

(Fig. 3 bb) 

Apies: Palacio de los Pérez... Pág. D81 

Aragón: Galeria típica Pág. 158 

(Fig. 162) 

Aragón; Casas populares Pág. 75 

(Fig. 61) 

Aramprunya: Castillo Pág. 324 

Aranda de Duero . . Pág. 123 (Fig. 106) 

Aranjuez: Casa de placer Pág. 51 

Aranjuez; Palacio Real Pág. (>27, 

628, 632 (Fig. 703, 704. 705) 


Arbeca: Palacio del Diujue de Cardona. 
Pág. 208, 580 

Arciniec.ra; Torre . . Pág. 220 (Fig. 21 1) 
Arcos: Palacio de Núñez de Prado. 
Pág. 498 (Fig. 572) 

Arcusa: Palacio de los Hiiete . . . Pág. 554 
Arenas de San Pedro: Palacio del In- 
fante 1 ). Luis Pág. 634. b jí) 

(Fig. 7 LP 7 L 5 ) 

Arévalo: Palacio Real Pág. 420 

Armental: Palacio de Liene., . . . Pág. (>74 
Armen'iia: Casa de San Prudencio. 
Pág. 188 (lug. 194) 

Ariajon.V; Caslillí.) Pág. 3,13 


— 


Arteaga; Castillo Pág. 319,320 

(Fig. 350) 

Astudili.o; Casa de D.® ¡María de Pradilla. 


Pág. 160, 423 (Fig. 165) 

Asturias: Casas rurales Pág. 71 

(Fig. 154, 155, 156. 157, 158, 159) 

Asturias: Los hórreos Pág- ^0 

(Fig- 79 ) 

. 4 v.\los: Casa barroca Fág. 190 

(Fig. 198) 

Avalos: Palacio Pág. 640 (Fig. 71c)) 

Avila: Palacio de Verdugo Pág. 424 

Avila: Palacio de Aguilar Pág. 424 

Avila: Palacio de Velada Pág. 424 

Avila : Palacio de Poleutiuos ... Pág. 424, 
148 (Fig. 530, 531) 

Avila: Palacio de Jh'acamoute . . Pág. 424 
Avila: Palacio de Pedro Dávila . Pág. 424 
.\\tla: Palacio Episcopal. . . Pág. 424, 426 


Baeza: Casa Pág. 141 (Fig. 135) 

Baeza: Palacio de Ja\'alcpiinto. 

Pág. 215, 345, 487. 488 (Fig. 383) 

Baides: Castillo Pág. 271 

Balsareny: Castillo Pág. 324 

Barbastro: Alero de una casa. 

Pág. 152 (Fig. 15 1) 

Barbastro: Palacio de Argeusola. 

Pág. 555, 681 

Barbastro: Palacio de Artasona. 

Pág. 555, 681 

Barcelona: Casa. . Pág. 127 (Fig. 107) 
Barcelona: Casas pintadas . . . Pág. 184 
(Fig. 188) 

Barcelona: Casa de la calle de En Guu- 

Nas Pág. 129 (Fig. 112) 

Barcelona: Casa de la jtlaza del Pino. 
Pág. 184 


Avil.v: Palacio de los Guzmancs de Oñate 
o del Torreón .... Pág. 348, 349, 367, 
424, 441 (Fig. 385, 418, 520) 

ÁviL,\: Palacio de Gonzalo Dávila. 

Pág. 355 - 4^-2 (Fig. 400) 

Ávila: Una puerta . . Pág. 353 (Fig. 396) 

Aviles: Fd Alcázar Pág. 305 

Aviles : Casa de los Baragaña .. Pág. 133 
(Fig. 120) 

Aviles: Palacio de Camposagrado. 

Pág. 671 (Fig. 773) 

Ayerbe: Palacio de los Marqueses. 


Pág. 555 - 561 (Fig. 645) 

Ayllón : Palacio de Contreras . . Pág. 354, 
355, 422, 436 (Fig. 398. 514) 

Azagala: Castillo Pág. 299 

Azpeitlv: Torre de los Pérez de Loyola. 
Pág. 162, 225 (Fig. 223) 

Azpeitia: Casas de ladrillo Pág. 162 

(Fig. 168) 


B 

Barcelona: Casa del gremio de la seda. 
Pág. 184 (Fig. 188) 

Barcelona: Casa de los Caldereros. 

Pág. 14.5 (Fig. 142) 

Barcelona: Parque Real de Ballesquant. 
Pág. 41 1 

Barcelona: Parque Real de Valldaura. 
Pág. 41 1, 531 

]-)ARCELOna: Palacio o casa del Arcediano. 

Pág. 349. 531, 540 (Fig. 390, 618) 
Barcelona: Palacio de Dalmases. 

Pág. 379. 531 (Fig. 442) 

Barcelona : Palacio de Ataúlfo . Pág. 201 
Barcelona: Palacio Episcopal. Pág. 530, 


534 (Fig. 612) 

Barcelona: Palacio de Gralla . . Pág. 531 
Barcelona: Palacio del Marqués de Bar- 
berá Pág. 531 


- 588 - 


Barcelona: Palacio Real Menor. Pág. 532 
Barcelona: Palacio Real de la Rambla. 

Pág- 531 

Barcelona: Palacio de Serrallonga. 

Pág. 531 

Barcelona: Palacio Real Mayor. 

Pág. 403- 530. 534 (Pig-613. *'i 4 ) 
Barcelona: Palacio de Ramón Berengiu r 

el Viejo Pág. 204 

Barcelona: Palacio de los Gnelbes. 

Pág . 579 

]-)Arcelona: Palacio del Virrey. 

Pág. 379 - 393. 531. 541 (Pig. 019. 6^0) 
Barcelona: Palacio del Marqnés de 

Pág. 653 (Fig. 735, 73b) 

Barcelona: Palacio de N. Alaban. 
Pág. 653 

Barcelon.V: Palacio de Alarech. . Pág. 653 
B.\rcelon.\: Palacio de Carreras. Pág. 653 

Barcience: Castillo Pág. 271, 282 

(Fig. 297) 

Barreda: Palacio de Calderón de la 

Barca Pág. 658 

Bayona: Castillo Pág. 302 

B.vyon.l: Palacio de .Alendoza . . , Pág. 005 

BayrÉn: Castillo Pág. 331 

Béj.vk : Palacio del Itosqne Pág. (125 

(Fig. 697) 

P)KJAR: Palacio de los Diujncs. . Pág. 454, 
4 * >3 (Pig- 541) 

P)ELmonte: Castillo Pág. 229. 233, 

239. 240, 243, 271, 270, 359, 3()8, 38(), 
390, 39(1, 410 (Fig. 23T, 243, 244, 28()) 
Belves de Monroy: Castillo . . . Pág. 2()() 

ItELLCAiRE: Castillo Pág. 232. 324 

(Fig. 22(). 357) 

P)ELLVEr: Castillo Pág. 233, 33Ó, 

368. 410 (Fig. 232, 372, 373) 

Benabarre: Castillo Pág. 30(1 

P>EN.'\SQUE : Palacio de los Condes de Riba- 
gorza . . . Pág. 555, 55Ó (Fig. (,50. Ó51) 


Benavente: Castillo.. Pág. 264, 365, 407 


(Fig. 263) 

Benavente: Soto de Caza Pág. 419 

Bendin.lt: Castillo Pág. 336 

Benicadell: Castillo Pág. 331 

Benisanó: Castillo Pág. 331 

(1^'ig. 365, 3ÓÓ, 367) 


Bergondo : Palacio de IMariñán . Pág. ó()5 
Betanzos: Casa ... Pág. 136 (Fig. 126) 

Betanzos: Los liórreos Pág. 89. 

Biar: Castillo Pág. 331 

Bilb.vo: Palacio de Quintana . . . Pág. 688 
Bimanes: Palacio de Estrada . . . Pág. 671 
Boadilla: Palacio de los Duques de 
Chinchón .... Pág. 634, 639 (Fig. 712) 

Boiges: Villa de Alfon.so II Pág. 41 1 

Boiges: Palacio de Alfonso el Magno. 
Pág. 203. 

Bóveda: Palacio de Villaverde de Limia. 
Pág. 6(15 

Buitrago: Castillo Pág. 271, 281 

(Fig. 295, 296) 

BuÑol: Castillo Pág. 331 

Burgos: Las Huelgas (casa de ¡ilacer). 
Pág. 51 

Burgos: Castillo Pág. 243 

Burgos: Palacio de Castroluerte. 

lóig. 3^*7. 380 (Fig. 419) 

Burgos: Palacio del Condestalile. 

lólg. 346, 355. 3ÓÓ. 42^- 431 

(Fig. 38(1, 422, 51 r. 512) 

Burgos: Palacio de Fernán-( íonzález. 

lóig. 204. 339 

Burgos: Palacio o casa de Miranda. 

Pág. 3(10, 423, 438 (Fig. 426, 317, 318, 
510) 

BuRiais: Palacio Fpiscojial ... . Pág. 382. 

422. 426, 370 (1-ig. 447. 303) 

BURiais: Palacio Real de las Huelgas, 
]>ág. 428 


Burgos; Palacios de Fernando el Magno, 
de Alfonso VI y de Fernando III. 
Pág. 204, 214 

Burgos; Casa del Cid Pág. 151 

Burgos; Casas de la Calle Alta . . Pág. 144 
(Fig. 146, 147) 


Burgos; Casa de placer de Enrique III. 
Pág. 51, 52, 41 1 

Burgos; Chimenea abacial en la Cartuja. 
Pág. 399 (Fig. 471) 

Butrón ; Castillo Pág. 319, 320 

47 r) 


c 


C.áCERES; Casa de ladrillo ..... Pág. 161 
(Fig. 166) 

CÁCERES ; Palacio de Adanero . . Pág. 509, 
510 (Fig. 586) 

Cáceres; Palacio de los Godoy. 

Pig- 510, 511 

C.ácERES; Palacio de los Golfines. 

Pág. 34S, 349, 355, 510 (Fig. 392, 588) 
Cáceres; Palacio del C)l)ispo . . Pág. 510, 

311 

Cáceres ; Palacio de Ovando-SoUs. 

Pág. 509 (Fig. 585) 

CÁCERES; Palacio de Torres-l\Iayorazgo. 
Pág. 509 (Fig. 587) 

CÁCERES ; Palacio de las Veletas . Pág. 509 
Cadalso de los Vidrios; Casa. . Pág. 140 
(Fig- 93) 

Cadalso de los Vidrios; Palacio de los 
Diupresde Escalona . . . Pág. 382, 416, 
481 (Fig. 493, 494, 558, 559) 

Cádiz ; Palacio de las Cadenas : . . Pág. 680 
(Fig. 781) 

Calaeall; Villa Pág. 39 

Calatrava LA Nueva; Castillo. . Pág. 271 

Canena; Castillo Pág. 291, 488 

(Fig. 3T1, 312, 313) 

Canet de Mar; Casa Pág. 129 

(Fig. 108) 

Canee de .Mar; Torre Maciá .... Pág. 218 
Cangas de Tineo; Palacio de Toreno. 
Pág. 671 (Fig. 772, 773) 


Cantoira; Castillo Pág. 302 

Capdepera; Castillo Pág. 336 

Cardona; Castillo Pág. 228, 324 

Carmona; Casa con cerámica . . . Pág. 165 
(Fig. 174) 

Carmona; Castillo con Alcázar . Pág. 231 
233, 293, 294 (Fig. 319, 320) 


Carpió (El); Bodega Pág. 98 

(Fig. 88, 89) 

Cartabliey; Castillo Pág. 293 

Carracedo; Palacio Pág. 387 

(Fig. 387) 

Caspe ; Castillo Pág. 306 

Castel Rupsá; Casa. Pág. 127 (Fig. 99) 
Castilla ; Tipo de esgrafiado ... Pág. 164 
(Fig. 169) 

Castilla (la á’ieja y la Nueva); Casas 

populares Pág. 79. 

Castillo-Pedroso; Palacio de Villegas. 
Pág. 659 

Castro DEL Rey ; Castillo Pág. 302 

Castronuevo del Poblado; Palacio. 
Pág. 424 (Fig. 498) 


Castropol; Palacio de Navía de Osorio. 
Pág. 674 

Castropol; Palacio de Valledor . Pág. 674 

(Fig. 771) 

Castro-Urdiales ; Palacio de Alfonso VIII 
Pág. 342 (Fig. 375) 

Castrü-Urdiales ; Palacio Real. 

Fág. 357, 422 (Fig. 426) 


590 — 


Castroverde; Castillo Pág. 302 

Cataluña: Barracas de viñadores 
Pág. 83 (Fig. 71, 72, 73) 

Cataluña ; Masías Pág. 67. 

(Fig. 41, 42, 43, 44, 45, 46) 

Cati: Palacios Pág. 542 (Fig. 623) 

Cayamass : Castillo Pág. 325 

Cerreros: Las pallazas Pág. 84 

(Fig- 74- 75- 76) 

Centellas: Castillo Pág. 325 

Cestona: Palacio de Alercia .... Pág. 342, 
575 (Fig. 658, 659) 

C1RRIA: Castillo Pág. 302 

Ciudad-Rodrigo: Palacio de Montarco. 
Pág. 453 (Fig. 374) 

Ciudad-Rodrigo: Palacio de Esjiejo 

Pág. 454- 

Coca: Castillo Pág. 229, 269, 391 

(Fig. 278, 279) 

Cogolludo: Palacio de los Duques de 
IMediuaceli . . . Pág. 342, 345, 348, 353, 
371- 394- 466, 474 (Fig. 376, 431, 4(14, 
550, 551. 55^) 

Concentaina: Castillo .... Pág. 334, 644 
(Fig. 370) 

Constantí: Ceutcellas (villa de) . . Pág. ]!), 
68 (Fig. 3 y 4) 

CÓRDOB.-\: Cortijo de la Reina .... Pág. 97 
(Fig. 84) 


CÓRDOBA: La Alamiriya . . . Pág. 93, 412, 
582, 585, 587 (Fig. 669) 

CÓRDOBA: Palacio de Páez Pág. 498 

CÓRDOBA : Palacio romano Pág. 198 

Córdoba: l\Iedina-Azzahira ... Pág. 582, 


585 (Fig. 964, 665, h()b, Oby) 
CÓRDOBA: Palacio de Azzahira . . Pág. 584 
Córdoba: Palacio de Rusaíali . . Pág. 584 
CÓRDOBA: Palacio de Moqiieit . . Pág. 584 
CÓRDOBA: Palacio de IMeriván . . Pág. 584 
CÓRDOBA: Palacio de Dimisch . . Pág. 584 
CÓRDOBA: Palacio de Yangha . . . Pág. 584 

CORTANELLO: Castillo Pág. 243 

CoRVERA: Palacio de Trasona . . . Pág. (171 

Cortes: Castillo Pág. 313, 314, 5(19 

Costana: Casa torre Pág. 4(4 

(Fig. II, 12) 

CovARRUBiAS: Tone de Doña luraca. 
Pág. 221 (Fig. 214) 

CozuR : Castillo Pág. 313 (Fig. 343) 

CuÉLLAR: Castillo . . . Pág. 231, 243, 251, 
410 (Fig. 257, 258, 259) 

CuÉLLAR : Palacio de las bodas deD. Pedro. 
Pág. 422 

CuLTROCiES : Villa de Alfonso 1 r . Pág. 411 


Cullera: Castillo Pág. 331 

Cumbres Mayores: Castillo .... Pág. 243 

CuRiEL: Castillo Pág. 243, 250 

(Fig. 25b) 


CH 


Chiloeches: Palacio del l\Iar([ués. Chinchón: Jardín del lUarqués de IMoy.i. 

Pág. 465 (Fig. 542) Pág. 41ÍJ 

Chinchill.\: Castillo Pág. 271 


D 


Daragoleja: Villa Pág. 44 (Fig. 9 ) 

Darüca: Casas Pág. 130,554 

Denla: Castillo Pág. 331 


Doneos: Castillo Pág. 302 

Duranu.o: Palacio-caserío l’ág. 088 

(Fig. 799) 


E 


ÉcijA; Palacio (le Miraflores . . . Pág. 357, 
382, 498, 507 (Fig. 4(J4) 

Fcija; Palacio de los Condes de Valverde. 

Pág. 675 (Fig. 778. 779, 780) 

Fibar: Casa del Indiano o Palacio de 
Zuinarán .... Pág. 188, C88 (Fig. 193) 

El Carpió : ('astillo Pág. 293 

El Escorial: Cocina del Palacio. 

Pág. 408 (Eig. 485, 486) 

El Escorial: Palacio Real .... Pág. 627. 
628 (Fig. 698) 

El Pardo: Palacio Real Pág. 628 


Farnlrs: Castillo Pág. 325 

Eefinanes: Palacio de Sarmiento. 

Pág. 518, ()(i3 (Fig. 755, 756, 757. 758) 
Felanix : Castillo de Santueri .. Pág. 336 
Ferreira de IClntón: Castillo. . Pág. 302 

(Fig. 327) 

Fontecha: Castillo Pág. 319 

Fraga: Un palacio Pág. O36 

Frías: Castillo Pág. 240, 243, 248 

(Fig. 252, 253) 

Fuengirola: Castillo Pág. 283 

Fuensai.daña : Castillo .... Pág. 233, 243 

(Fig. 230) 


Gajano: Palacio de Riva-IIerrera. 

Fág. 42(» (Fig. 503) 

Gajano: IGlacio de Riva-Aguero. 

Fág. 658 (Fig. 739, 740) 

Gaucia : Casas rurales . . Pág. 75 (Fig. do) 


El Puerto: Castillo Pág. 293 

Elche: Castillo Pág. 331 

Elorrio: Ca.serío Pág. 72 (Eig. 51) 

Epila: Palacio de Ximénez de Urrea 
Pág. 387 (Fig. 451) 

Escalona: Castillo de D. Alvaro de Luna. 
Pág. 208, 231, 233, 240, 271, 272, 353, 
395, 400, 403, 580 

Estella: Palacio de los Diuiues de Gra- 
nada .... Pág. 214. 342, 357, 359. 569, 
570 (Fig. 377, 553) 


Fuenterrabía : Casa fuerte .... Pág. 130 
(Fig. 116) 

Fuenterrabía: Casas Pág. 124 

(Fig. 104) 

Fuenterrabía: Casas de madera. 

Fág. 153. 155 (Fig. 154, 156) 
Fuenterrabía: Castillo de Carlos V. 
Pág. 319, 321, 575 (Fig. 347, 351, 352, 
353 ) 

Fuente-Santa de Bruyeres de Naya: 
Casa-torre de «La Herrería». . Pág. 50, 
516, 674 (Fig. 14) 

Fuentes de Valdepero: Castillo. 

Pág. 239, 243 (Fig. 23(1) 


Galkt.\: Los hórreos, l’ág. 89 (Fig. 80. 81) 
C'jAlicia : LasPallazas. Pág.84(Fig.74,75.7()) 
G.vndí.v: Palacio de los Duques. 

Pág. 214, 368, 391, 542. 545, (>44 
(Fig. ()27, (128, (129. 722. 725, 72()) 


— .592 


Gauzín: Castillo Pág. 293 

Gauzón ; Castillo Pág. 305 


Gerticos : Villa de Recesvinto. Pág. 45, 202 
Gijón : Palacio de Revillagigedo o San 
Esteban Pág. 516 (Fig. 517) 


Gijón : Palacio de Valdés Pág. 348, 

516, 517 (Fig. 594) 

Gollano : Castillo Pág. 313 

Grajal de Campos: Castillo .... Pág. 243 
Grajal de Campos: Palacio del Marqués. 
Pág. 447 (Fig. 529) 

Gr.'\nad.\ : Alcázar-Xenil Pág. 412, 

584, 585, 607 


Granada: La Alhambra. Pág. 120 (nota) 
283, 412, 584, 585, 609 (Fig. 489, 683, 
684, 685, 686, 687, 688, 689, 690, 691, 
692, 693) 

Granada : El Generalife. Pág. 93, 412, 414, 
582, 585, 604 (Fig. 490, 491, 680, 681) 


Gr.\nada: Casa del Chapiz Pág. 171 

(Fig. 175, 176, 177, 178) 

Granada: Casa de la Cuesta de Santa 

Ana Pág. 17 1 

Granada: Casa de Pardo Pág. 172 

Granada: Casas inoras en la Alcazaba. 
Pág. 173 (Fig. 180, 181) 


Gr.vnad.v: Casas mahometanas y moriscas. 

Pág. 170, 171 (Fig. 179) 

Granada: Palacio de Fernández de Cór- 

Pág. 352, 377, 488, 492 

(Pig- 394) 

Granada: Palacio de Carlos V. 

Pág. 345, 348, 367, 368, 369, 385, 487, 
496 (Fig. 428. 561, 568, 569, 570) 


H.'Vro; Casas del Renacimiento . . Pág. 143 
(Fig. 140. 141) 

1 1 ECHO : Casas populares Pág. 75 (Fig. 61) 
Her.\S: Torre Pág. 224 


Granada: Palacio de Hernando de Zafra 

(Castril) Pág, 487, 491 (Fig. 566) 

Granada: Palacio de Campóte] ar (Casa 

de los Tiros) Pág. 492 (Fig. 567) 

Granada: Palacio de los Marqueses de 
Caicedo. Pág. 488 (Fig. 564) 
Granada: Palacio de los Abencerrajes. 
Pág. 584 

Granada: Palacio de Almanxarra. 

Pág. 585, 601 

Granada: Palacio de los Infantes de 

Almería Pág. 582, 585, 607 

Granada: Palacio de Daralhorra. 

Pág. 582, 585, 607 (Fig. 682) 
GUAD.A.LAJARA: Palacio del Infantado. 

Pág. 215, 343, 345, 369, 389, 390, 399, 
400, 401, 407, 466, 472 (Fig,. 423, 470, 
548, 549) 

Guadalajara: Palacio de Mendoza. 

Pág. 371 (Fig. 432, 433) 

Guadalupe: Granero del Monasterio. 

Pág. 88 

Guadamur: Castillo Pág. 240, 271, 

272 (Fig. 283) 

Guadix: Las cuevas de Santiago y de 

Renalde Pág. 86 (Fig. 77, 78) 

Guendulain: Castillo Pág. 313, 

314, 5 ^>9 

Guernica : Palacio de Allende . . . Pág. 689 
(Fig. 794) 

Guevara: Castillo Pág. 319 

Guimaraens: Villa de Atanagildo, 

Pág. 44, 202 


Hermua: Palacio de Valdespina. 

Pág. 689 (Fig. 789) 

Horcajo de las Torres: Palacio de 
Montijo Pág. 640 (Fig. 716) 


- ■ 503 — 


3.S 


Hoz DE Añero: Palacio ele Vega de Hoz. 
Pág. 425 (Fig. 502) 

Hoznayo: Palacio de Acebedo . . Pág. 659 

Huesca: Palacio Real .... Pág. 339, 385, 
554. 557 (Fig- 637- 638, Ó39) 


Ibiza: Palacio de Comasem Pág. 550 

Igueldo (Monte) : Casa del Marqués del 
Puerto. . . Pág. 180, 688 (Fig. 183, 184) 
Infiesto: Palacio de Villanes Pág. 516, 674 


Jadraque: Castillo Pág. 271 

Jaén: Palacio del Condestable . . Pág. 486 
Játiva: Casa popular . . . Pág. 78 (Fig. 68) 

JÁTIVA: Castillo Pág. 331 

J.Á.TIVA: Palacio de los Borja . . . Pág. 357, 
542 (Fig. 405) 


La Ab.'Vdía: Palacio del Duque de Alba. 
Pág. 417, 419 (Fig. 495, 496) 


La P>isbal : Castillo Pág. 356 

La Calahorra: Castillo Pág. 214, 


231. 240, 283, 334, 363, 369, 372, 379, 
403, 405, 409, 487 (Fig. 242, 299, 300, 
301. 302, 303, 304, 305, 488) 

La Granja. . Pág. 632, 634 (Fig. 706. 707) 

La Roca: Castillo Pág. 325 

Las Navas del Marques: Castillo. 

Pág. 271, 424 (Fig. 500) 

Payos: Castillo 


Huesca: Palacio de Montearagón. 
Pág. 355 

Huesca: Palacio de Lastanosa. 

Pág. 555, 681 

Huesca : Palacio de la Zuda .... Pág. 584 
Huesca: Palacio de Perena .... Pág. 681 


I 

It.álica: Casas romanas Pág. 107, 

108, 109 (Fig. 96) 

Izu-AJAR : Castillo Pág. 283 

J 

JÁTIVA: Palacio de Montortall . . . Pág. 379 
(Fig. 441) 

J.avier: Castillo Pág. 313, 315, 569 

(Fig. 334) 

Jerez: Palacio de Riquelme .... Pág. 498 

L 

L.azc.\no: Palacio de «Los Señores». 

Pág. 688 (Fig. 795) 

Lebrija: Castillo Pág. 293 

León : Palacio Real Pág. 385, 397 

León : Palacio Real de Doña Berenguela. 
Pág. 428 

León : Palacio Real de la Rosa . . Pág. 428 
León : Palacio Real de San Isidoro Pág. 428 
León: Palacio de los Giizmanes. 

Pág. 358. 425 (Fig. 410, 527. 528) 

León : Palacio de Luna Pág. 358. 424 

(Fig. 411) 


Pág. 271 


León ; Palacio de Ordoño I Pág. 203 

León ; Palacio románico. . . . Pág. 422, 426 
(Fig. 504) 

León : Puerta de una Granja .... Pág. 396 


(Fig. 467) 

Lérida; La Zuda Pág. 385, 530, 553, 

584 (Fig. 609, 610, 611) 


Lérida; Palacio Real Pág. 339 

Lerma; Palacio del Duque Pág. 423, 

627 (Fig. 699) 

Lesaca: Casa Pág. 130 

Leyre; Palacio Real Pág. 570 


Liérganes: Palacio de Zorrilla . . Pág. 658 
(Fig. 741, 742) 


Madrid; El Alcázar . . Pág. 271, 466, 467. 
(Fig. G28) 

Ma DRiD : Palacio de los Lujanes . Pág. 466 

ÍMadrid ; Casa barroca Pág. 190 

(Fig. 201) 

Madrid; Palacio de los Cisneros. 

Pág. 467, 483 (Fig. 560) 

Madrid : V'entana barroca Pág. 190 

(Fig. 203) 

Madrid: Palacio del Duque de Uceda. 
Pág. 627 

■Madrid: Palacio Real (de Oriente). 

l'ág. 635 (Fig. 708, 709, 710) 

Madrid ; Palacio de Liria . . . Pág. 634. 639 
(Fig. 711) 

Madrid ; Palacio de Altamira . . . Pág. 634 
(Fig. 714) 

Madrid: Palacio del Marqués de Lidie. 
Pág. 628, 629 

Madrid : Palacio del Almirante de Castilla. 
Pág. 629 

Madrid- Palacio de Castel-Rodrigo. 
Pág. 629 


Liérganes: Palacio de Centolla . Pág. 658 
Linares: Palacio de Taboada . . . Pág. 665 
Liria: Palacio de los Duques . . . Pág. 543 

Loarre: Castillo Pág. 204, 232, 240, 

306 (Fig. 227, 241, 331, 332, 333) 
Logroño: Palacio de Espartero . Pág. 640 


(Fig. 720) 

LojA; La Alcazaba Pág. 283 

Lorca: Palacio de Rocatull Pág. 644 

Llanes: Casade los Guiana Pág. 131 

(Fig- 94 ) 


Llorda: Castillo Pág. 228, 325, 327 

(Fig. 360) 


Madrid : Palacio de Lerma Pág. 629 

Madrid: Palacio de Malpica .... Pág. 629 
Madrid: Palacio Real del Buen Retiro. 
Pág. 629 

Madrid : Palacio de Oñate Pág. 632 

Madrid : Palacio de Miraflores . . Pág. 632 

Madrid ; Palacio de Perales Pág. 632 

Madrid : Palacio de la Torrecilla. 

Pág. 632 (Fig. 701) 


Madrigal : Palacio Pág. 424, 435 

(Fig. 499) 

M.\gacela: Castillo Pág. 299 

Mairena: Castillo Pág. 293 


M.ÑL.'VGA; l’alario del Conde de Luna. 
Pág. 488 

M.ílaga: Palacio Episcopal Pág. (180 

Manacor: Casa de Campo de los Re^^es. 
Fág. 52. 55 

Manzanares EL Real. Castillo. Pág. 1O3, 
231, 238, 271. 278. 345. 387 (Fig. 235, 
291. 292. 203. 294) 

l\lAgUED.\: Caslilln Pág. 271 

Marcilla: Caslillo Pag. 313. 369 


38 


- 595 


Marchena: Palacio de los Duques de 

Osuna Pág. 215, 345, 357, 498, 506 

(Fig. 402) 

Marchenilla: Castillo Pág. 297 

(Fig. 316) 

Marmella: Castillo Pág. 327 

Martín Muñoz: Palacio de Espinosa. 
Pág. 357, 424, 625 (Fig. 694, 695, 696) 

Masanet: Torre Pág. 209 

Masanet: Torre Pág. 218 (Fig. 354) 

Medellín: Castillo Pág. 299 

Medina del Campo: Casa Blanca. 

Pág. 51, 59. 161, 403 (Fig. 29, 30, 31, 
32 , 33) 

IMedina del Campo: Castillo de la Mota. 

Pág. 266 (Fig. 276, 277) 

Medina del Campo: Palacio de Dueñas. 


Pág. 397, 424, 442 (Fig. 521, 522) 
Medina del Campo: Palacio Real. 
Pág. 428 

Medina de Pomar: Castillo .... Pág. 243 
Mejorada (La) : Granja monacal . Pág. 64 

Melgarejo : Castillo Pág. 293 

Mellid: Castillo Pág. 302 

IMendoza: Castillo Pág. 319 

Mendoza: Torre Pág. 213 

Mens: Castillo Pág. 302 

Mérida: Atrio Episcopal Pág. 201 

Mérida: Atrios Ducal, Abacial y del 

Arce Pág. 201 

Mérida: Aula regia Pág. 201 

Mérida: Casa romana Pág. iio 

(Fig- 97) 


Mérida: Palacio de los Duques de la 

Roca Pág. 201, 509 (Fig. 584) 

Mirabel : Granja monacal . . . Pág. 54, 64 

(Fig. 17) 

Miranda de Euro: Casa de la Cadena. 
Pág. 138 (Fig. 127) 

Moeche : Castillo Pág. 302 


Molíns del Rey: Jardín del Gobernador. 


Pág. 416 

Mombeltrán : Castillo Pág. 243 

(Fig. 245) 

Mondáriz: Palacio de Pegullal . . Pág. 665 

Monleón : Castillo Pág. 243 

Monforte : Castillo Pág. 302 

Montalbán: Castillo Pág. 271 

Montánciiez: Castillo Pág. 299 

Monte.ada: Castillo Pág. 324 

Montealegre: Castillo Pág. 243 

Montearagón : Castillo Pág. 306 

Montemayor : Castillo Pág. 299 

(Fig. 321) 

Monterrey: Castillo Pág. 302, 304 

(Fig. 326) 

Montesa: Castillo Pág. 331 

Montiel: Castillo Pág. 271 

Montsorín : Castillo Pág. 324 

Monzón : Castillo Pág. 243, 306 

Moretea: Castillo Pág. 331 

Mormojón: Castillo Pág. 243 

Morón : Castillo Pág. 293 


Mosqueruela: Casa de Campo de Jaime I. 
Pág. 52, 531 

Motrico: Palacio de los Duques de 

Granada Pág. 684 (Fig. 792) 

Munguia: Caserío Pág. 71 (Fig. 52) 

Munjardín: Castillo Pág. 313 

Muniesa: Casa de ladrillo Pág. i6r 

Muñatones: Castillo . Pág. 319 (Fig. 348) 
Murcia: Palacio de Enrique III . Pág. 469 

Murcia: Palacio Episcopal Pág. 645 

(Fig. 727, 728) 

Muriedas: Palacio de Villapuente. 

Pág. 658 

Muros de Pravia: Castillo-Palacio de 

Miranda Pág. 305, 516 (Fig. 330) 

Muryiedro: Palacio mahometano. 

Pág. 583 


— 596 — 


N 


Nájera: Castillo Pág. 368, 402, 403 

Nájera: Palacio del Duque .... Pág. 208 

Narahío: Castillo Pág. 302 

Naranco : Palacio de Ramiro I . . Pág. 45, 
411 (Fig. 7, 8, 9, 10) 

Navatejera: Villa Pág. 39 (Fig. 5) 

Niebla: Castillo ' Pág. 293 

Nisano: Castillo Pág. 306 (Fig. 339) 


Oca: Palacio de Camarasa . . Pág. 518, 665 
(Fig. 759) 

Ocaña : Palacio de los Duques de Frías. 
Pág. 466 (Fig. 544) 

Olite: Castillo Pág. 239, 313, 317, 

365, 372, 380, 390, 391, 397, 403, 405, 
407, 409, 411,. 542, 569 (Fig. 237, 345, 
346) 

Olmillos: Castillo . . . Pág. 243 (Fig. 249) 

Olmos Albos: Torre. . Pág. 255 (Fig. 220) 

Ondarra: Torre Picona Pág. 220 

(Fig. 210) 

Onís: Casa Pág. 131 (Fig. 118) 

Onil: Castillo Pág. 331 

Oñate: Casa esgrafiada Pág. 164 

(Fig. 172) 

OÑATE: Palacio Lizárraga . . Pág. 575, 688 

Orense : Palacio Episcopal Pág- 5~7 

(Fig. 605, 606) 

Orgaz: Castillo Pág. 271 


Palaffolls: Castillo . . Pág. 232, 325, 328 
(Fig. 226, 361, 362) 

Palma de Mallorca: Palacio de Andreu. 
Fág. 653 


Nogales: Castillo Pág. 299 

Noreña: Palacio de Planes Pág. 674 


Noves: Castillo Pág. 271 (Fig. 280) 

Noya: pin molino Pág. 92 (Fig. 82) 

Noya: Casa Pág. 122 (Fig. 102) 

Numancia: Casas romanas . Pág. 107, 108 

(Fig. 95) 


Orihuela : Casa barroca Pág. 187 (Fig. 189) 


Orihuela: Castillo Pág. 331 

Oropesa: Castillo . . . Pág. 271 (Fig. 281) 

OsET EN Forcall : Palacio Pág. 543 

(Fig. 622) 

Osuna: Palacio del Sepulcro . . . Pág. 215, 
372, 498 (Fig. 439) 

OvACTAO : Villa de Fruela Pág. 411 

Oviedo: Casa barroca Pág. 199 

Oviedo: Casa de Santa Cruz .... Pág. 140 

(Fig. 134) 


Oviedo: Castillo de Alfonso IIP . Pág. 305 
Oviedo: Palacios de Alfonso el Casto. 
Pág. 202 

Oviedo: Palacio de Alfonso el Magno. 
Pág. 204, 339 

' Oviedo: Palacio de Froila Pág. 202 

Oviedo: Palacio de Camposagrado. 

Pág. 67 (Fig. 769) 

Oviedo: Palacio de los Duques del Parque. 
Pág. 674 (Fig. 770) 


Palma de Mallorca: Palacio de Aya- 

manos Pág. 550 

Palma de Mallorca: Palacio de Berga. 
Pág. 653 


597 — 


Palma de Mallorca: Palacio del Mar- 
qués de Sollerich Pág. 649 

(Fig. 731, 732, 733, 734) 

Palma de Mallorca: Palacio de Oleza. 
Pág. 550. 653 

Palma de Mallorca: Palacio de Palmer. 

Pág. 358, 550, 551 (Fig. 633, 635) 
Palma de Mallorca: Palacio de Surín. 
l'ág. 550 

Palma de Mallorca: Palacio de Villa- 

longa Pág. 550 

Palma de Mallorca: Palacio de Vivot. 
Pág. 653 (Fig. 735) 

Pamanes (Elsedo) ; Palacio de Torre 
Hermosa. Pág. 658, 659 (Fig. 743, 744) 
Pambre: Castillo. Pág. 302, 303 (Fig. 328) 
Pamplona; Cocina de la Catedral. 


Pág. 408 (Fig. 482) 

Parai )ILLA : Castillo Pág. 243 

Pardo (El) : Casa de placer Pág. 51 

Paréis del Valles : Masía Pág. 42 


Pedrosa del Páramo; Torre señorial. 
Pág. 217 (Fig. 207) 

Peñaeiel: Castillo . . . Pág. 232, 240. 243, 
246 (Fig. 225, 250, 251) 

Peñaranda de Duero: Castillo . Pág. 229 
(Fig. 224) 

Peñaranda de Duero: Palacio de los 


Condes de Miranda .... Pág. 214, 366, 
369, 380. 389, 390, 393, 397, 423, 437 
(Fig. 427, 455, 458, 469, 515, 51Ó) 

Perelada: Castillo Pág. 231, 325 

(Fig- 355) 

Piedra-Buena: Castillo . . . Pág. 29Q, 300 


P1EDRAHITA: Palacio de los Duques de 

Alba Pág. 643 (Fig. 721) 

Plasencia: Casa de La Calle. . . . Pág. 181 

(Fig- 185) 

Plasencia: Castillo Pág. 299 

Plasencia: Palacio del Deán . . . Pág. 510 
Plasencia: Palacio de Mirabel . . Pág. 510, 
512 (Fig. 590) 


PoBLET : Bodega del Monasterio . . Pág. 87 
(Fig. 78) 

PoBLET : Cocina del Monasterio . . Pág. 408 


(Fig. 481) 

Poblet: Palacio Real .... Pág. 214, 348, 
357. 3C6, 379, 387, 399, 403, 531, 538, 
580 (Fig. 408, 449, 615, 616, 617) 
PoLANCO: Casa de Pereda . . . Pág. 78, 654 
(Fig. 66) 

PoLLENSA: Castillo Pág. 336 

Poneerrada: Castillo .... Pág. 240, 243, 
263 (Fig. 240. 271, 272) 

Pontevedra: Casa barroca .... Pág. 188 
(Fig. 191) 

Pontevedra: Casa de los Churruchaos. 
Pág. 140 (Fig. 131) 


Pontevedra: Palacio de Mugartegui 

Pág. 752 

Portezuelo: Pág. 299 

Portillo; Castillo .... Pág. 239, 243, 249 
(Fig. 254, 255) 

Potes: Casa Pág. 131 

Potes : Torre del Infantado .... Pág. 222 
(Fig. 221) 

Potes; Una casa .... Pág. 179 (Fig. 182) 

Pravia: Palacio de Montas Pág. 671 

Priorato; Granja Pág. loi (Fig. 90) 

Priorio: Castillo Pág. 305 

Puebla de Caraminal; Palacio. 

Pág. 519, 528 (Fig. 607) 

Puebla de San abría: Castillo . . Pág. 243 
Puente-Agüero: Palacio de Trasato. 
Pag. 659 

Puente-Arce: Palacio de Santillán. 
Pág. 658 (Fig. 750) 

Puente-Arce: Palacio de Riva-Herrera. 
Pág. 659 

PuiG DE Cebollas : Villa romana . Pág. 39 
PuzoL; Villa romana Pág. 40 


— 598 — 


Q 


Quijas : Palacio de Bustamante 


Rada: Castillo Pág. 313 

Ramales: Palacio de Revillagigedo. 
Pág. 659 

Renedo: Casas Pág. 188 (Fig. 196) 

Renedo : Palacio de Bustamante. Pág. 658 
Renero de Valdetéjar: Palacio de 
Pi ado Pág. 640 (Fig. 717) 


Requena: Castillo Pág. 331 

Requeséns: Castillo Pág. 325 

Revenga: Casa de campo Pág. 51. 

R] al : Palacio de Aranda Pág. OÓ5 


Rinconada: Cortijo de Guzmán. . Pág. 98 
Rivadedeva: Palacio de Noriega. 

Pág. 516 


Sabiote: Castillo .... Pág. 283 (Fig. 298) 


SÁDABA : Castillo Pág. 306 

Sagunto: Castillo Pág. 331 

S.AGUNTO: Palacio Pág. 542 

Sajoyesti: Castillo Pág. 319 


Salamanca: Casa de la Concordia. 
Pág- 355 

S.A.LAM.VNCA: Casa de Doña María la Brava. 
Pág. 140 (Fig. 132) 

Sal.\manca: Casa de los Maldonado de 

blondo Pág. 143 (Fig. 137) 

S.'i-LAM.iNCA ; Casa de las Muertes . Pág. 143 
(Fig. 138) 

Salamanca: Casa de los Solí- ... Pág. 143 
(Fig. 144. 332) 


Pág. 658 


Rivadedeva: Palacio-torre de Noriega. 
Pág. 674 

Rivadesella : Casa de Cutre .... Pág. 143 
(Fig. 136) 

Roda: Casa abadía .... Pág. 138, 139, 554 
(Fig. 130) 

Ronda: Mirador Pág. 202 

Ronda: Palacio de Mondragón o Valen- 

zuela Pág. 272, 498, 507 

(Fig. 438, 460, 582) 

Ronda: Palacio de Salvatierra . . Pág. 680 

Rota: Castillo . . . Pág. 293, 298 (Fig. 318) 

Rubalcaba: Granja Pág. loi, 658 

(Fig. 91, 92) 

Rubi.anes: Palacio de Aranda. . . Pág. 665 


s 

Salam.\nc.\: Palacio de Álvarez Abarca. 
Pág. 357, 453, 454 

Salamanca: Palacio de Arias Corbelle. 
Pág. 454 

S.\LAMANC.\: Palacio de San Boal Pág. 454 
Salam.\NCA: Palacio de Fonseca. 

Pág. 342. 343, 358, 367, 368, 383, 454, 
461 (Fig. 409, 537, 538, 539, 769) 
Salam.vnca: Palacio de Maldonado (Casa 
de las Conchas) . . . Pág. 345, 359, 366, 
369- 454. 457 (Pig- 413- 424- 525- 534) 
Salamanca: Palacio de Maldonado y 

Amato Pág. 454 

Sal.\m.\nca: Palacio de Móntenle 

Pág. 348- 349> 393- 454- 458 (Fig. 3S7, 
459) 


— 509 — 


Salamanca: Palacio de Orellana. 

Pág. 454, 463 (Fig. 540) 

Salamanca: Torre del Clavero . Pág. 349, 
453> 454 (Fig- 39i) 

Salceda: Palacio de Picoña .... Pág. 665 
San Benito de Bages: Casa .... Pág. 109 
(Fig. 129) 

San Jaime de Castellín: Castillo. 
Pág. 324 

San Marsal de Cerdagnola: Castillo. 
Pág. 324 

San Martín de Valdeiglesias : Castillo. 
Pág. 271 

San Miguel de Neguera: Casa de los 
González de Sepúlveda Pág. 133 


(Fig. 121) 

Sanfelices : Castillo Pág. 243 

Sangüesa: Casa Pág. 130 


Sangüesa: Palacio de los Duques de 

Granada Pág. 569, 570 (Fig. 652) 

Sangüesa: Granja monacal Pág. 64. 

(Fig. 34) 

Sangüesa: Palacio de Alfonso I. 

Pág. 569, 570 

Sangüesa: Palacio de Villesantoro. 

Pág. 683 (Fig. 787) 

Sanlúcar: Castillo Pág. 293 

Santa Coloma de Gramanet: Torre 

Pallaresa Pág. 51, 55, 129 

(Fig. 20, 21, 22) 

Santa Cruz de Rivadulla: Palacio de 

Revillagigedo Pág. 665 

Santa Florentina: Castillo .. Pág. 325, 
328 (Fig. 363, 364) 

Santa María de Huerta: Cocina del 

Monasterio Pág. 408 (Fig. 483) 

Santander: Palacio Real de Alfonso VIH. 
Pág. 428 

Sant. 4 nder: Casas populares de La Mon- 
taña Pág. 77 

(Fig. 38, 62, 63, 64, 65, 66) 


S.ANTAS Creus: Palacio Real . . Pág. 369, 
531, 535 (Fig. 421) 

SantiáÑez: Villa de Silo Pág. 411 


Santiago de Compostela: Casa del Ca- 
bildo Pág. 188 (Fig. 190) 

Santl\go de Compostela: Cocina del 
Palacio de Friegue. Pág. 408 (Fig. 484) 
Santiago de Compostela: Palacio del 

Deán Pág. 668 (Fig. 764) 

Santiago de Compostela: Palacio Epis- 
copal Pág. 339, 363, 372, 385, 

394, 401, 402, 405, 518, 519 (Fig. 448, 
459, 480, 595, 598, 599, 600, 601, 602, 
603, 604 

Santiago de Compostela: Palacio de 
Monroy Pág. 519 (Fig. 597) 


Santl\go de Compostela: Palacio de 

Toral Pág. 763 

Santlvgo de Compostel.a: Un palacio 
gótico Pág. 596 


Santillana del Mar: Alero de una 

casa Pág. 152 (Fig. 150) 

Santillana del Mar: Casa de madera. 

Pág. 155 (Fig. 155, 157) 

Santillana del Mar: Casa en la calle 

de Las Lindas Pág. 131 

Santillana del Mar: Casa del Mar- 
qués Pág. 136 (Fig. 125) 

Santillan.adel Mar : Casa Tagle. (Fig. 195) 
Santillana del Mar: Casa-torre del 

Merino Pág. 138 (Fig. 128, 129) 

Santillana del Mar: La Terrona. 

Pág. 222 (Fig. 215, 216, 217, 218) 
Santillana del 3 Iar : Palacio de Velarde. 

Pág. 425, 446 (Fig. 525, 526) 

Santo Tomé: Palacio de Montesacro. 

Pág. 663, 665 (Fig. 753, 754) 
Santullano: Villa de Alfonso el Casto. 
Pág. 41 1 

Sarracín: Casa de Campo de Saldañiiela. 
Pág. 51, 56, 342, 403, 423 (Fig. 23, 24, 
25, 26, 27, 28) 


— 600 — 


Sarria: Castillo Pág. 302 

Segovia: Casa de madera de pisos. 

Pág. 156 (Fig. 160) 

Segovia: Casa de «Juan Bravo» . Pág. 140 

(Fig. 131) 

Segovia: Casa del Renacimiento. Pag. 144 
(Fig. 139) 

Segovia: El Alcázar Pág. 163, 214, 

231, 238, 240, 243, 254, 339, 365, 372, 
389. 393- 410 (Fig. 233, 261, 262, 263, 
264, 265, 266) 

Segovia: Palacio de Agnilar o de Lozoya. 
Pág. 349, 368, 422, 424, 444 (Fig. 389, 

523, 524) 

Segovia: Palacio de Alpnente o de Aspi- 

roz Pág. 163, 422 (Fig. 170) 

Segovia: Palacio de Enrique IV. 

Pág. 394- 423- 428 (Fig. 466) 

Segovia: Palacio de los Hozes (de los 

Reos) Pág. 345, 449 (Fig. 382) 

Segovia: Palacio del Marqués del Arco. 

Pág. 368, 371, 424 (Fig. 429) 

Segovia: Palacio Real de Don Juan II. 
Pág. 428 

Segovia: Torre de Arias Dávila. 

Pág. 344- 422 (Fig. 381) 

Segovia: Ventana Miidéjar .... Pág. 357 
(Fig. 406) 

Segovlv: Palacio del Marqués de Oiiin- 

tanar Pág. 640 (Fig. 718) 

Segura: Casas de madera Pág. 152 

(Fig. 153) 

Sestao: Torre Pág. 224 (Fig. 219) 

Sevilla : Alcázar Pág. 214. 344, 

354. 360, 367, 396, 400, 414, 415, 497, 
499 (Pig- 41F, 436, 475- 492, 57T 574- 
575- 576, 577) 

Sevilla: Alquería de Remia-Rebrira. 
Pág. 93 

Sevilla: Casa Pág. 190 (Fig. 200) 

Sevilla : Casa de los Abades .... Pág. 215 


Sevilla: Jardín del palacio Almohade. 
Pág. 412 

Sevilla: Palacio de los Duques de Tarifa 

(Casa de Pilatos) Pág. 215, 359, 

367, 392, 380, 498, 502 (Fig. 578, 579, 
580) 

Sevilla: Palacio del Duque de Alba 
(Casa de las Dueñas) . . Pág. 498, 504 

(Rg. 581) 

Sevilla: Palacio de Irureta-Goyena. 

Pág. 680 (Fig. 785) 

Sevilla: Palacio del Museo .... Pág. 775 
Sevilla : Palacio de los Pinelos . Pág. 498 
Sevilla: Palacio de Robaina . . . Pág. 584 
(Fig. 573) 

Sevilla: Palacio de Rodrigo de Xerez. 

Pág. 677 (Fig. 782, 783, 784) 

Sevilla: Palacio Arzobispal .... Pág. 677 

(Fig. 777) 

Sevilla: Palacio del Yeso .... Pág. 120, 
582, 584, 585, 599 (Fig. 678, 679) 
Sevilla: Torre de Don Fadrique. 

Pág. 454- 497- 498 

Sevilla la Nueva: Palacio .... Pág. 628 
S1ÉTAM0 : Castillo Pág. 30b, 309 

(Fig. 338) 

Sigüenza: Castillo . . . Pág. 271 (Fig. 282) 
Simancas: Castillo ... Pág. 231, 243, 2Ó5, 
386 (Fig. 274) 

SiNÉN : Casa de Campo de los Reyes. Pág. 52 
Sobremazas: Palacio de Cncto . . Pág. 658 
Solares : Palacio de Balbuena . . Pág. 658 
(Fig. 751) 

Soi.ivella: Ca.stillo Pág. 324, 325 (Fig. 358) 


Soria: Palacio de Gomara . Pág. 342, 425 
(Fig. 378) 

SoRT : Castillo Pág. 325 

SoTALBO: Castillo Pág. 240. 243, 

246, 397 - 409 (Fig. 239, 247, 248, 487) 
SoTOMAYOR : Castillo Pág. 302. 304 

(Fig. 329) 

Sliria: Ca.stillo Pág. 324 


- . 6oi — 


T 


Tafalla: Castillo Pág. 313, 317, 569 

Tafalla: Jardín Real Pág. 411 

Talayera de la Reina: Un Patio. 
Pág. 371 (Fig. 430) 

'I'arifa: Castillo Pág. 293 

Tarragona: Casa . . . Pág. 127 (Fig. 113) 
Tarragona: Palacio de Augusto. 

Pág. 198, 344 (Fig. 205) 

Tárrega: Casa. . Pág. 129 (Fig. iio, iii) 

Tejada: Castillo Pág. 243 

Teruel: Alero de la casa del Judío 
Pág. 152 (Fig. 149) 

Teruel: Palacio de Segura .... Pág. 380, 
555 (Fig. 445) 

Teverga: Palacio de Estrago . . . Pág. 671 

Tiesas: Castillo Pág. 313 

Tineo: Casa de los García de Tineo. 
Pág. 133 (Fig. 119) 

Toledo: Aula regia Pág. 201 

Toledo : El Alcázar Pág. 231, 366, 

367» 369, 379> 466, 477, 579> 627, 628 
(Fig. 425, 553, 554, 555) 

Toledo : Casa de Mesa Pág. 399, 465 

(Fig. 474) 

Toledo: Casa de Samuel I.eví .. Pág. 160 
(Fig. 164) 

Toledo: Castillo de San Servando. 
Pág. 271 

Toledo : Hojas de un balcón . . . Pág. 397 
(Fig. 468) 

Toledo: Palacio y jardín de Naora. 
Pág. 93, 412, 582, 585, 591 (Fig. 670, 
671, 672) 

Toledo: Palacios reales, el Alcázar, los 
Alcázares bajos, los de Galiana, el de 

Al-Hizem Pág. 204, 339, 584 

Toledo : Palacio de los Ayala . . Pág. 160, 
362, 466 (Fig. 417) 

Toledo: Palacio de Ayala (Taller del 
Moro) Pág. 214, 465 (Fig. 543) 


Toledo: Palacio de Doña Juana Enríquez 

de Aragón Pág. 165, 214, 371, 

400, 465, 469 (Fig. 476) 

Toledo: Palacio de los Condes de Fuen- 

salida Pág. 160, 368, 371, 394, 

469 (Fig. 435, 545, 546, 547) 

Toledo: Palacio de Trastamara (Corral 


de Don Diego) Pág. 465, 469 

Toledo : Palacio de Villena .... Pág. 466 
Toledo: Puerta del Palacio de los Ayalas. 
Pág. 354 (Fig. 401) 

Toledo: Una puerta Pág. 397 


Toledo: Palacio del Mariscal de España. 
Pág. 579 

Toledo: Palacio (o mezquita) de las 

Tornerías Pág. 593 (nota) 

Toranzo: Palacio de Bustamante. 

Pág. 659 

Tordesillas : Palacio Real .... Pág. 429 
Tordesillas: Palacio de Alfonso XI. 


Pág. 160, 214, 344, 360, 371, 389, 400, 
403. 405^ 423^ 429 (Fig- 415^ 437> 454. 
477> 478- 479> 497> 5o6, 507, 508, 509, 
510) 

Torija: Castillo Pág. 271 

Tortosa: Palacio Episcopal . . . Pág. 369, 
372, 531. 540 (Fig. 440, 621) 

Tórrela VEGA: Casa de pisos . . . Pág. 188 
(Fig. 197) 

Torrelobatón : Castillo Pág. 243 

Torreseca: Castillo . Pág. 306 (Fig. 340) 
Torrijos: Palacio de Altainira. . Pág. 406 

Trujillo: Castillo Pág. 299 

Trujillo: Palacio de Pizarro . . . Pág. 515 
(Fig. 592) 

Trujillo: Palacio del Duque de San 


Carlos Pág. 510, 511 (Fig. 599) 

Turégano: Castillo Pág. 243, 259 

(Fig. 267, 268) 

Tuy : Villa de Witiza Pág. 44, 202 


602 — 


u 


Úbeda: Casas «platerescas» Pág. 144 

(Fig. 143, 145) 

Úbeda: Palacio de Busano Pág. 488 

Úbeda: Palacio de Guadiana . . Pág. 349, 
488, 490 (Fig. 393) 

Úbeda: Palacio de Molina .... Pág. 487, 
490 (Fig. 565) 

Úbeda: Palacio de Montilla. . . . Pág. 382, 
488 (Fig. 446) 


Úbeda : Palacio de las Torres . . Pág. 348, 
487, 489 (Fig. 338) 

UcLÉs: Castillo Pág. 271 

Ugena: Palacio Pág. 628 (Fig. 700) 

Urbasa: Palacio .... Pág. 688 (Fig. 791) 

UsuRBELL: Palacio de Samaniego. 

Pág. 684 (Fig. 790) 

Utrera : Castillo Pág. 293 


V 


Valdefuentes : Casa de campo . Pág. 51, 
53 . 64 (Fig. 15, 16) 

Valdemorillo: Casa de placer de los 

Reyes Pág. 51 

Valdemosa: Palacio del Rey Don Martín. 
Pág. 550 

Valencia de Alcántara: Castillo. 

Pág. 299 

Valencia : Alquerías Pág. 65 

(Pig-35. 3^. 39) 

Valencia: Barracas Pág. 80 

(Fig. 69, 70) 

Valencia : Palacio de Alacuás . Pág. 367, 
390 (Fig. 420, 457) 

Valencia: Palacio de los Duques de 

Segorbe Pág. 208 

Valencia: Palacio de «El Real». 

Pág. 214, 416, 542, 543 

V.ALENCIA: Jardines Pág. 416 

Valencia: Palacio de Mandas. . . Pág. 543 
Valencia: Palacio de Mosén Sorell. 

Pág. 542 

V.XLENCIA: Palacio de Vich .... Pág. 543. 
548 (Fig. 630, 631. 632) 


Valencia: Palacio de Mobaree . . Pág. 583 
Valencia: Palacio Real de la Trinidad. 
Pág. 584 

Valencia : Palacio de Boatella . . Pág. 584 
Valencia: Palacio del Marqués de Dos 

Aguas Pág. 645 (Fig. 729, 730) 

Valencia de Don Juan: Castillo. 

Pág. 243 (Fig. 246) 

Valsaín : Casa de placer de los Reyes. 
Pág. 51, 628 

Val VERDE : Palacio rectoral .... Pág. 632 
(Fig. 702) 

Valladolid : Palacio de Lerma . Pág. 424 
Valladolid : Palacio de Sol o de Le- 

quizamo Pág. 358. 424, 445 

(Fig. 414) 

V.TLLADOLID: Palacio de Valverde. 


Pág. 424 (Fig. 501) 

Valldemosa: Casa de campo de los 

Reyes Pág. 52 

Vallgorquina: Casa-torre Pág, 49 

(Fig. 13) 

Vascas (Provincias): Caserías . . . Pág. 70 


(Fig. 37> 47 > 48, 40- 50. 51. 52. 53) 


603 — 


VÉLEZ Blanco : Castillo . . . Pág. 288, 487 
(Fig. 306, 307, 308, 309, 310) 
Vergara: Fachada esgrafiada . . Pág. 165 
Vergara: Palacio de Irazábal . . . Pág. 575 
(Fig. 173, 662) 

Vergara: Palacio de Monzón . . . Pág. 575 
Verg.'Xra: Palacio de Olazaeta . . Pág. 575 


Verg.^ra: Palacio de Arrese .... Pág. 575 
(Fig. 660) 

Vergara: Casa Pág. 130 

VlANO : Palacio de Mazo Pág. 658 


ViGO : Palacio de Santo Tome . . . Pág. 665 
(Fig. 766, 767, 768) 

ViLABERTRÁN : Palacio abacial .. Pág. 531 
(Fig. 608) 

ViLACARRiEDo: Palacio de Arce Pág. 658, 
659 (Fig- 745: 746, 747> 748, 749) 

Vilasar: Castillo Pág. 324, 325 

(Fig. 359) 

Villafranca: Palacio de Argiieso. 

Pág. 684 (Fig. 793) 

ViLLAGARCÍA: Palacio del Marqués. 

Pág. 518, 665 (Fig. 760, 761) 
ViLLALBA DE Alcor : Castillo . . . Pág. 243 
ViLLANUEVA DE Canedo: Castillo. 

Pág. 243, 261 (Fig. 269, 270) 


ViLLANUEVA DE LoRENZANA: Palacio Con- 
dal Pág. 665 (Fig. 765) 

ViLLARO: Fachada esgrafiada . . . Pág. 171 
Villaverde: Palacio de Mazarrasa. 
Pág. 658 

Villaviciosa: Casas Pág. 131, 155 

(Fig. 122, 158, 159) 

Villena: Castillo Pág. 331, 334 

(Fig. 371) 

V1MIANZ0: Castillo Pág. 302 

Viso (El): Palacio del Marqués de Santa 

Cruz Pág. 271, 484 

Vitoria: Casa de la calle de la Pinto- 

rería Pág. 188 (Fig. 192) 

Vitoria: Casa del Cordón . . Pág. 135, 573 
(Fig. 123) 

Vitoria: Casa de Comercio Pág. 100 

Vitoria: Casa de madera Pág. 153 

(Fig. 100) 

Vitoria: Casa de los Alavas . . . Pág. 136, 
573 (Fig. 124) 

Vitoria: Casa Pág. 105 

Vitoria: Palacio de Bendaña . . Pág. 380, 
573 (Fig. 444, 655, 657) 

Vitoria: Palacio de Ladrón de Guevara. 
Pág. 573 


Yuste: Palacio de Carlos V 


Y 

• Pág. 399, 510, 515 (Fig. 473, 583, 591, 593) 


z 


Zafra: Castillo Pág. 229, 299, 383 

(Fig. 322, 323, 324, 325) 

Zalduendo: Palacio Pág. 575 

(Fig. 661) 


Zamora : Palacio de Doña Urraca Pág. 204 
(Fig. 206) 

Zamora: Palacio del Marqués de la Con- 
quista Pág. 355 (Fig. 403) 


— 604 — 


Zamora: Palacio de Monsalve o de los 
Momos. . Pág. 453, 455, 510 (Fig. 533) 
Zamora : Casa de Villagodio .... Pág. 140 
Zaragoza: Casa de «Tudelilla» . Pág. 160, 
555 (Fig. 163) 

Zaragoza: Palacio de Zaporta . Pág. 348, 
555. 563 (Fig. 148, 643) 

Zaragoza: La Alfajería .... Pág. 93, 368, 
387. 39«> 393> 394. 400, 554. 560, 582, 
583, 585. 596 (Fig. 452, 456, 463. 640, 
641, 642, 643, 673, 674, 675, 676, 677) 
Zaragoza : Palacio de Luna .... Pág. 343, 
352, 354> 555, 564 (Fig. 380, 647) 


Zaragoza : Palacio de Pardo , . . Pág. 555, 
564 (Fig. 648, 649) 

Zaragoza : Palacio mahometano Pág. 584 
Zaragoza: Palacio de la Maestranza. 

Pág. 380, 393, 555 (Fig. 443) 
Zaragoz.-\ : Palacio de la Zuda . Pág. 560, 

584 

Zaragoza: Palacio del Conde de Argillo. 
Pág. 681 (Fig. 686) 

Zarauz: Casa Pág. 131 (Fig. 115) 

Zarauz : Palacio de los Duques de Granada. 
Pág. 575 (Fig. 663) 

ZuRBANO: Palacio de Ütazu Pág. 684 

(Fig. 788) 




ÍNDICE GEOGRÁFICO DE MONUMENTOS 

TOMO II 




A 

Alance: Baños romanos Pág.4G3 

(Fig. 321, 322, 323, 324) 

Alcalá de Henares: Universidad. 

Pág. 140. 143, 144. 162 (Fig. 114, 115) 


Alcánt.\k.\: Arco romano Pág. 3O3 

Alcántara: Puente romano ... Pág. 431 
(Flg. 2Q9) 


.ÁLCAÑiz: Lonja .... Pág. 20S (Fig. 15 1) 

.ÁLGECIR.VS: flospital mahometano, 

l^ág. 302 

.\lhama de Granada: Baños . . . Pág. 4S2 
(FiR- 334 ) 


Bad.\joz: Puerta del Alcázar. 

Pág. 399, 413 

B.Uiz.v: Antigua Universidad . . . td'ig. 140 

B.\Ez.r: Casa de Corregidores y Cárcel. 
Pág. 99 (Fig. 66. 67. 68) 

Baez.\: Casa de la Cofradía de 1 lijosdalgos. 
Pág. 100 (Fig. 69) 


Alicante: Casa Consistorial .... Pág. 130 
Alm.vraz: Puente .... Pág. 442 (Fig. 30S) 
Almorox: Rollo Pág. 371 (Fig. 256) 


AlmuÑecar: Acueducto Pág. 513 

Aranj HEZ : Fuentes Pág. 535 


Areas : Hosjiedería . . . Pág. 294, 296, 497 
Arcóbriga (Monreal de Ariza): Pre- 


tono Pág. 55 

Astorga: Casa Consistorial .... Pág. 122 

ÁviL.v: Puerta de San Vicente . . . Pág. 398 
(Fig. 271) 


B 


Baez.v: Casa Consistorial I’ág. 82 

(Fig. 50) 

PjAeza: Fuente de Santa Haría . . Pág. 528 
(Flg. 356) 


Baeza: Puerta de Jaén. Pág. 404 (Fig. 69) 
Barcelona: Aduana. Pág. 242 (Fig. 179) 
609 — 


39 


Barcelona: La Almoyna .. Pág.301,308 
(Fig. 219) 

Barcelona: Atarazanas Pág. 228 

Barcelona: Carneccrías Pág. 202 

Barcelona: Casa Consistorial .. Pág. 78, 
131 (Fig. 47, 48) 


Barcelona: Casa gremial del Arte Mayor 
de la Seda Pág. 247 (Fjg. 181) 

Barcelona: Casa gremial de los Caldr- 
reros Pág. 206 

Barcelona: Hospital de Santa Cruz. 
Pág. 284 (Fig. 208, 209) 

Barcelona: Lonja Pág. 209 

(Fig. 153, 154, 155) 

Barcelona: Lonja de San Antonio. 
Pág. 209 

Barcelon.a: Palacio de la Generalidad o 

de la Diputación Pág. 61 

(í^'ig- 30 , 3L 32 , 33) 

B.^rcelona: Teatro de Santa Cruz. 

I'ág. 355> 35'^ 

BÉJar : Puente Pág. 434 

(Fig. 302) 


Cabanes: Arco romano Pág. 3Ó3 

Cabeza DE Griego: Pretorio .... Pág. 55 

CÁCERES: Algibe de las Veletas . . Pág. 533 

(I^'g- 357> 358 ) 

CÁDIZ : Casa Consistorial Pág. 131 

Cádiz: Faro Pág. 530 

Cádiz: Puerta de Tierra Pág. 427 

(Fig. 296) 


Besalu: Puente Pág. 435 

(Fig. 301, 304) 

Blanes : Fuente Pág. 525 (Fig. 353) 

Boadilla: Fuente . . . Pág. 539 (Fig. 363) 

BoltaÑa : Casa Consistorial Pág. 89 

(Fig. 61) 

Burgos: Arco de Fernán-González. 


Pág. 376 (Fig. 260) 

Burgos : Arco de Santa María . . Pág. 76, 
376, 412 (Fig. 41, 42, 43, 44) 

Burgos: Casa CoiLsistorial Pág. 131 

Burgos: Colegio de San Nicolás . Pág. 143 

(Fig- 97) 


Burgos: Hospedería de romeros. 

Pág. 296 (Fig. 217) 

Burgos : Hospital del Rey .... Pág. 254, 
259 (F'ig. 187, 188, 189. 190) 

Burgos: Monumento a Carlos III. Pág. 385 

Burgos: Monumento en el solar del Cid. 
Pág. 385 (Fig. 265) 

Burgos: Puente de Santa María. Pág. 435 

Burgos: Puerta de San Esteban. 

Pág. 406 (Fig. 280) 

c 

Calafell: Baños romanos Pág. 456 

Caldas de M.\lavell.\: Termas. 

Pág. 462, 466 (Fig. 316, 325) 

Calpe: Baños de mar romanos (?) 

Pág. 466 

Canet de Mar: Torre consistorial. 

Pág. 73 (Fig. 40) 

Caparra: Arco romano .... Pág. 363, 364 
(Fig. 247, 251, 252) 


— 610 


Carmona; Puerta de Córdoba .. Pág. 424 
(Fig. 294) 

Carmona; Puerta de Sevilla . . . Pág. 394, 
421 (Fig. 268, 269, 291) 

Castillo de Locubin: Edificio romano 


de comercio (?) Pág. 196 

Cati : Casa Consistorial Pág. 77 

Cervera: Universidad Pág. 180 

Ceslires : Puente Pág. 436 


Ciudad-Rodrigo: Casa Consistorial. 
Pág. 92 (Fig. 63) 

Ciudad-Real; Puerta de Toledo. 

Pág. 406 (Fig. 278, 279) 

Cluni.v: Basílica Pág. 195 


Daroca: Puerta baja Pág. 401 

(Fig. 274) 


E 

ÉiBAR ; Casa Consistorial Pág. 130 

El Pardo : La liza Pág. 335 


Foix.U Cruz Pág. 373 (Fig. 258) 


Gerona : La Almoyna Pág. 296 

(Fi'-. 183) 

Geron.\: Eos baños I'ág.469 

(Fig. 327, 328) 


Córdoba : El Puente Pág. 443 

CÓRDOBA : Puerta de Sevilla Pág. 397 

(Fig. 270) 

CÓRDOBA; Hospital musulmán . . Pág. 302 


CÓRDOBA: El triunfo de San Rafael. 


Pág. 379 (Fig. 262) 

CÓRDOBA: Baños árabes Pág. 477 

CÓRDOBA; Cárcel romana Pág. 55 

CÓRDOBA: Puerta del Puente . . Pág. 397, 
422 (Fig. 292) 


CoRUÑA: La torre de Hércnles (faro). 
Pág. 318, 530, 344 (Fig. 342, 368, 369, 

370) 

CovARRUBiAS: Ai cluvo de pleitos. Pág. 100 
(Fig. 70) 


Despeñaferros : «El palacio» (posada). 
Pág. 300 

Durango:Ciuz Pág. 373 


El Pardo: Teatro del IR^al Palacio. 
I’ág. 337 


Frías: Puente .. Pág. 433. 441 (Fig. 307) 


Granada : Miradero Pág. 33Ó 

CiRANAda : La Alcaicería Pá p 232 

Granada : Madraza Fá':;. lyz 


Granad.'V: Cuartel de Bibatambin. Pág. 132 


lo 


— 6it — 


Granada: Algibe de Trillo .... Pág. 531 
(Fig- 359) 

Granada: Asabira Pág. 344 

Granada: Baños árabes de la Alcazaba. 
Pág. 482 (Fig. 333) 

Granada: Baños de Guadix .... Pág. 478 
(Fig. 331, 332) 

Granada: Cabildo Viejo Pág. 129 

Gran.ada: Caravanserrallo Pág. 501 

(Fig. 337^ 338. 339> 34») 

Granada: Chanci Hería 3' cárcel .. Pág. 96 
(Fig. 65) 

Granada: Fuente de Carlos V . . . Pág. 525 
(Fig. 354) 

Granada: Fíospital Real Pág. 277 

Granada: Lonja .... Pág. 210 (Fig. 152) 


Granada: El Maristan (hospital). 

Pág. 302 (Fig. 220, 221) 

H 

Huesca: Casa Consistorial . . . Pág. 89, 95 
(Fig. 59, 64) 

I 

I BIZA : La Curia Pág. 95 

Ili.escas: Posada. . . . Pág. 507 (Fig. 342) 

Itálica: Anfiteatro Pág. 319 

(Fig. 229, 230, 231) 


Granada: Plaza de Bibarrambla. Pág. 344 


Granada: Puerta de Elvira Pág. 413 

Gr.\nada: Puerta judi ciaría . . . Pág. 399, 
413, 421 (Fig. 289) 


Granada: Teatro de Bibarrambla. 

Fág. 355 

Granada: Teatro de la casa del Carbón. 
Pág. 341 

Granollers: Mercado Pág. 240 

(Fig. 175) 

Guadalupe: Colegio de Infantes. 

Pág. 158 

Guadalupe: Hospedería de Nobles. 


Pág. 296, 500 

Guadalupe: Humilladero Pág. 375 

Guernica: Casa íoral Pág. 70. 133 

(Fig. 96) 

Guetaria: Faro Pág. 530 


Huesca: Universidad Pág. 174 


Itálica: Baños romanos Pág. 437 

(Fig. 317, 318, 319, 320) 

Itálica: Dejiósito de aguas romano. 

Fág. 517 

Itálica: Pretorio Pág. 55 


J 


J AÉN : Baños árabes Pág. 477 

Jaén: Edificio para fiestas Pág. 336 

Jaén : Patio de las comedias .... Pág. 343 


JÁTIVA: Fuente Pág, 525 (Fig. 352) 

J EREZ DE LA FRONTERA: Casa Consistorial. 

Pág. 88 (Fig. 37, 38) 


L 


La Bastida: Casa Consistorial .. Pág. 130 

La Granja: Fuentes Pág. 540 

León : Casa Consistorial . . . Pág. 122, 34S 
León : Hospicio de San Marcos . . Pág. 299 
(Fig. 218) 

León : Tribunal de apelación .... Pág. 94 

Lérida: Casa Consistorial Pág. 78 

(Fig. 45, 46) 


LÉRIDA: Hospital de Santa María. 
Pág. 283 (Fig. 205, 206, 207) 


Luarca: Reloj público Pág. 491 

Lugo: Casa Consistorial Pág. 130 

Lugo: Termas romanas Pág. 464 

(Fig. 326) 


M 


Madrid: Arco de triunfo (1649) . Pág. 348 


Madrid: Cárcel de Corte Pág. 125 

(Fig. 88, 89) 

Madrid: Casa Consistorial Pág. 122 

(Fig. 86, 87) 


Madrid: Casa del Estanco de Tabaco. 


Pág. 243 

Madrid: Casa Panadería Pág. 348 

(Fig. 243) 

.Al adrid: Casa de Postas Pág. 131 

(Fig- 94) 


.AIadrid: Corral (teatro) de la Cruz. 
Fág. 34T 355> 356 

AIadrid: Corral (teatro) de la Pachcca. 
Pág. 341 

AL^drid: Corral (teatro) del Piíncipe. 
Pág. 341, 355 

ALvdrid: Corral (teatro) del Sol . Pág. 341 

AIadrid: Cruz de Puerta Cerrada. 

Pág. 379 

AIadrid: Cuartel del Conde Duque. 

Pág. 132 (Fig. 95) 

AIadrid: Fuente de .úntón Alartín. 

Pág. 539 (Fig- 365- 366) 


AIadrid: Fuente de Cibeles Pág. 378 

AIadrid: Fuente de Apolo Pág. 540 

(Fig. 367) 

Madrid: El Hospicio Pág. 310 

(Fig. 222) 

AIadrid: El Prado Pág. 387 

AIadrid: Hospital General Pág. 308 


AIadrid: Hospital de la Latina . . Pág. 283 
(Fig. 185) 


Madrid: Jardín Botánico Pág. 191 

(Fig. 140) 

Madrid: La Aduana Pág. 242 


(Fig. 176, 177) 

Madrid: Alonumento a Felipe III. 

Pág. 382 

AIadrid: Alonumento a Felipe IV. 

Pág. 382 (Fig. 264) 

AIadrid: Aluseo del Prado Pág. 185 

(Fig. 137, 138. 139) 

AIadrid: Observatorio Astronómico. 


Pág. 183 (Fig. 133, 134, 135, 136) 
AIadrid: Plaza del Prado Alto . . I’ág. 347 
AIadrid: Idaza de Toros Pág. 351 


61,1 — 


Vá-y. 114 


Madrid; Plaza de Toros de Soto Luzón. 
Pá^. 338 

Madrid; Puente de San Fernando. 


Pág. 378 

IMadrid; Puente de Segovia .... Pág. 448 

IMadrid; Puente de Toledo .... Pág. 448 
(Fig. 310, 312, 313, 314) 

Madrid; Puerta de Alcalá .... Pág. 378, 
387 (Fig. 266) 

M.adrid; Puerta de Hierro Pág. 427 

(Fig- 295) 

Madrid; Puerta de San Vicente. Pág. 427 


M.adrid; Teatro del Buen Retiro. 

Fág. 355, 357 

IM.'VDRID; Teatro de 0.suna Pág. 357 

Madrid; Teatro de los Caños del Peral. 
Pág. 356 

Madrigal de las Altas Torres; Puerta. 
Pág. 401 (Fig. 275) 

JIÁlaga; Fuente de la Alameda. Pág. 528 


M.xlaga; Fuente de Reding .... Pág. 538 
(Fig. 362) 

Málaga; Hospital Militar Pág. 251 

(Fig. 184) 

Málaga; La Aduana Pág. 242 

(Fig. 178) 

Mál.aga; Las Atarazanas Pág. 233 

(Fig. 168) 


Málaga; Monte Pío de Viñadores. 


Fág. 245 

Martorell; Arco romano Pág. 363 

(Fig. 248) 

Martorell; Puente .... . Pág. 433 

Martos; Fuente Pág. 525 

(Fig. 355) 


Mareos; La Cárcel 
(Fig. 79) 

Medina del Campo; Carnicerías. 

Pág. 203 (Fig. 146, 147, 148) 

Medina del Campo; Casa Con.sistorial. 
Pág. 119 (Fig. 81) 

Medina del Campo; Hospital. . Pág. 283, 
289 (Fig. 215) 

Medina de Rioseco; Puerta de San Se- 


bastián Pág. 401 

Medinaceli; Arco romano Pág. 363 

(Fig. 250) 


Mendoza; La Picota . . Pág. 115 (Fig. 80) 

Mérida; Acueducto de San Lázaro. 

Pág. 513 (Fig. 347) 

Mérida; Acueducto de los Milagros. 


Pág. 513 (Fig. 346) 

Mérida; Algibe Conventual .... Pág. 531 

MÉRIDA; Arco romano Pág. 363 

Mérida; Anfiteatro Pág. 319 

(Fig. 232, 233) 

Mérida; Circo romano Pág. 330 

Mérida; Dique de Cari ja Pág. 513 

Mérida; Diquede Cornalén .... Pág. 517 

Mérida; Emporio Pág. 195 

Mérida; Puente romano Pág. 432 

(Fig. 300) 

Mérida; Puerta visigoda Pág. 397 

Mérida; Teatro romano Pág. 326 

(Fig. 234, 235, 236, 237, 238) 

Montblancii; Hospital Pág. 283 

(Fig. 203, 204) 

Montbuy; Termas romanas .... Pág. 466 
614 — 


Montemayor : Termas romanas . Pág. 466 


Morella : Acueducto Pág. 520 

(Fig. 349) 

Murcia: Casa Consistorial Pág. 131 


Murcia: ElAlmudí Pág. 238 

Murcia: El Contraste Pág. 238 

(Fig. 174) 

Murcia: El Mercado Pág. 240 


Niebla: Puertas árabes 


Pág. 399, 413 (Fig. 286) 


Ocaña: El rollo 

Pág. 371 

OÑate: Casa Consistorial 

Pág. 130 

OÑ.ate: Universidad 

Pág. 165 

(Fig. 116, 117, 118, 119) 


Órbigo: La Liza 

Pág . 335 
Pág. 176 

Orihuela: Universidad 

(Fig. 126, 127) 


Osuna: Universidad 

Pág. 140 

Palma de Mallorca: Casa Consistorial. 

(Pág. 129 (Fig. 91) 


Palma de Mallorca: Baños 

árabes. 

Pág. 477 (Fig. 329. 330) 


Palma de Mallorca: La Almoyna. 

Pág. 296, 301 


Palma de Mallorca: Lonja . . . 

Pág. 215 

(Fig. 156, 157, 158) 


Pamplona: Casa Consistorial . . 

Pág. 130 

Paralela: Puente 

Pág . 437 

Peñaranda de Duero : El rollo. 

Pág. 371 

(Fig. 255) 



Oviedo: El Hospicio Pág. 313 

(Fig. 224, 225) 

Oviedo: Hospicio de marinos .. Pág. 294, 


296 

Oviedo: Fuente de Manzanera. . Pág. 336 
(Fig. 360) 


Oviedo: La Foncalada Pág. 524 

(Fig. 351) 

Oviedo: «Los Pilares» Pág. 522 


Pinos: Puente Pág. 437, 443 

(Fig. 30Q) 

Poblet: Bililioteca Pág. 145 

(Fig. 99 ) 

Poblet : Puerta de la muralla . . . Pág. 399 

Priego: Albóndiga Pág. 205 

(Fig. 169) 

Puente de San Miguel: Casa Consisto- 
rial Pág. 78 

PuENTE-ViESGO : Puente Pág. 435 

(Fig. 303) 


— 615 


Q 

Quintanapalla: Fuente romana Pág. 517 

R 


Ronda: Plaza de Toros Pág. 353 

(Fig. 226, 245) 

Roni 3 A: Puente del taj o Pág - 353 

(Fig- 315) 


Sagunto: Circo romano Pág. 330 

(Fig- 239) 

Sagunto: Teatro romano Pág. 318 

(Fig. 228) 


Salamanca: Casas Consistoriales. 

Pág. 130 (Fig. 23) 

Salamanca: Colegio del Arzobispo. 

Pág. 143, 161 (Fig. 112, 113) 

Salamanca: Colegio de Calatrava. 

Pág. 144, 179 (Fig. 129) 

Salamanca: Colegio de S. Bartolomé. 
Pág. 180 (Fig. 131, 132) 

Salamanca: Escuelas menores. Pág. 143, 
144, 152 (Fig. 103, 104) 

Salamanca: Hospital de Estudiantes. 


Pág. 285 (Fig. 210) 

Sala^ianca: Peso Público Pág. 223 

(Fig. 187) 

Salamanca: Univensidad Pág. 143, 

144, 148, 152 (Fig. 100. loi. 102) 

S.'VN Juan di-: Baños: Baños .... Pág. 468 

San Juan de Baños: l'uente . . . Pág. 522 


Ronda: Puerta de Almocárabe. . Pág. 413 

Ronda: Teatro romano Pág. 318 

(Fig. 228) 


San Juan de Ortega: Albergue. 

Pág. 294 

San Mateo: Casa Consistorial ... Pág. 77 
San Sebastián: Casa Consistorial. 


Pág. 131 

San Sebastián : Faro Pág. 544 

San Sebastián : Puente Pág. 437 


Santa Coloma de Oueralt: Fuente del 
Conde Pág. 537 (Fig. 361) 

Santiago de Compostela: Casa Con- 
sistorial Pág. 131 (Fig. 93) 

Santiago de Compostela: Hospital Real. 
Pág. 254. 267 (Fig. 191, 192, 193, 194, 

195) 

Santiago de Compostela: Una tienda. 
Pág. 201 (Fig. 143) 

Santl\go de Compostela: Universidad. 


Pág. 183 

Segovia: Acueducto Pág. 511 

(Fig. 344) 

Segovia: Casa Consistorial Pág. 122 

(Fig. 84) 


6i6 — 


Segovia: Casa de la Moneda. . . . Pág. 237 

(Fig- 173) 

Segura; Puente romano Pág. 433 

Sevii.la: Cárcel Real Pág. 95, 112 

Sevilla: Casa Consistorial Pág. 83 


(Fig. 51, 52, 53, 54, 55, 56) 

Sevilla: Colegio de San Telmo. . Pág. 180 
(Fig. 123, 130) 

Sevilla: Cruz del Campo Pág. 375 

(Fig. 259) 

Sevilla: El Triunfo Pág. 379 

(Fig. 263) 

Sevilla; Fábrica de Tabacos . . . Pág. 244 


Sevilla: Flospital de la Sangre. . Pág. 281 
(Fig. 202) 

Sevilla; La Lonja Pág. 237 

(Fig. 170, 171, 172) 

Sevilla: Las Atarazanas Pág. 227 

Sevilla: Los caños de Carmona . Pág. 513 
Sevilla; Plaza de Toros . . . Pág. 351, 353 
(Fig. 244) 

Sevii.l.\; Teatro de la Montería . . Pág. 355 


Sigüenza; Casa Consistorial Pág. 91 

(Fig. 60) 

Sobrarle : La Cruz Pág. 385 

(Fig. 246) 


Tar.'\zo\.\: Casa Consistorial .... Pág. 92 
(Fig. 62) 

Tarragona: Acueducto uag. 513 

(Fig. 345) 

Tarragona : Arco de Bará Pág. 363 

(Fig. 249) 

Tarragona: Baños romanos ... Pág. 462 
Tarragona: Circo romano Pág. 330 


Tarragona; Cruz de San Antonio. 

Fág. 375 (Fig. 257) 

T.\RRAG0NA: ITetorio Pág. 55 

Termes: Basílica Pág. 195 

Teruel: «Los Arcos» Pág. 522 

(Fig. 350) 

Toledo; Anarpielería mudéjar . . Pág. 202 

(Fig. 145) 

Toledo: Ifaños árabes Pág. 476 

Tcoledo; Cárcel Real Pág. ((5112, 


Toledo: Carnicería Mayor Pág. 202 

Toledo: Casa Consistorial Pág. 119 

(Fig. 82, 83) 

Toledo: Colegio de Doncellas .. Pág. 1 38 
(Fig. 98) 


Toledo: Colegio judío del Tránsito. 

Pág. 172 

Toledo: Hospital de Santa Cruz de Men- 


doza l*ág. 271 

(Fig. 19b, 197, 198, 199) 

Toledo: Hospital de Tavera ... Pág. 286 
(Fig. 212, 213, 214) 

Toledo : Posada de la Sangre . . . Pág. 507 
(Fig. 341) 


Toledo: Puente de Alcántara . . Pág. 435, 

44 f>, 445 (Fig. 305) 

Toledo : Puente de San álartín . . Pág. 440 
(Fig. 30b) 


— 617 


Toledo: Cárcel de la Hermandad. 
Pág. 95, 107 (Fig. 75. 70, 77, 78) 


Toledo; Puerta en el puente de .Vlcán- 
tara Pág. 427 


Toledo : Reloj de agua árabe . . . Pág. 491 


Toledo: Puerta antigua de Bisagra. 

Pág. 413, 414 (Fig. 285, 287, 288, 
290) 

Toledo: Puerta nueva de Bisagra. 

Pág. 396, 410 (Fig. 281, 282) 

Toledo: Puerta del Sol Pág. 404 

(Fig. 276, 277) 


Torla: Casa Consistorial Pág. 77 

Tortosa: Colegio de San Luis . . , Pág. 143, 
168 (Fig. 120, 121) 

Trigueros: Casa Consistorial ... Pág. 77 


u 


Úbeda: Hospital de Santiago .. Pág. 283, 
286 (Fig. 211) 

Úbeda: Miradero Pág. 348 

(Fig. 242) 


Úbeda: Reloj público Pág. 490 

L 1 nc.-\.stillo : Casa Consistorial. . . Pág. 53 
(Fig. 29) 


V 


V'alencia: Baños árabes Pág. 477 

Valencia: Casa Consistorial .... Pág. 81 

(Fig- 49) 


V'alencia: Corral de las Comedias. 


Pág. 34L 355, 35^ 

Valencia: Cruces cubiertas .... Pág. 575 
Valencia: Carnecería Pág. 202 


Valencia: Colegio del Patriarca. 


Pág. 143, 169 (Fig. 122) 

Valencia: El Alinudí Pág. 205 

(Fig. 149, 150) 

Valencia: Hospital General ... Pág. 278 
(Fig. 200, 201) 

Valencia: La Aduana Pág. 242 

Valencia: Lonja Pág. 215 


(P'ig. 142, 159, 160, 161, 162) 

V.\lencia: Palacio de la Diputación. 
Pág. 66 (Fig. 36, 37, 38, 39) 

Valencia: Puentes 

(Fig. 311) 


Valencia: Puerta de Cuarte . . . Pág. 401 
(Fig. 273) 

Valencia: Torre de Serranos .. Pág. 103, 
398, 399 (Fig. 71, 72, 73, 74, 272) 

Valencia: Tribunal de las Aguas. Pág. 94 

Valencia de Alcántara: Casa Con- 
sistorial Pág. 1 19 

Valladolid: Colegio de Santa Cruz. 
Pág. 143, 158 (Fig. iro, III) 

Valladolid: Colegio de San Gregorio. 
Pág. 143, 144, 155 (Fig. 105, 106, 107, 


108, 109) 

\’alladolid: Universidad Pág. 178 

(Fig. 128) 

Vergara: Casa Consistorial .... Pág. 130 
(Fig. 92) 

ViLLALÓN : Rollo Pág. 369 

Vitoria: Casa Consistorial Pág. 131 

Pág. 412 


Pág. 448 


618 


\'iVERO : Puerta 
(Fig. 283) 


z 


Zalamea: Monumento romano. . Páj. 367 
(Fig. 253) 

Zamora: Puente Pág. 435 

Zaragoza: Baños árabes Pág. 476 

Zaragoza: La Torre Nueva .... Pág. 488 

(Fig. 335. 336) 

Zar.agoza: Lonja Pág. 219 


(Fig. 140, 163, 164, 1C5, 166) 


Zaragoza: Palacio de la Diputación. 

Pág. 64 (Fig. 34, 35) 

Zaragoza: Puente de Piedra. . . Pág. 435, 

437 

Zaragoza: Puerta del Carmen .. Pág. 426 
(Fig. 297) 

ZÚJAR Pág. 466, 468 

ZuRBANO: Columna Pág. 365 

(Fig. 254) 




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